De Peculiares

Sexo después del parto: dificultades, preguntas y dudas

Sexo después del parto: dificultades, preguntas y dudas

1 de julio de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

Hay un desconocimiento general de cómo es la sexualidad femenina tras dar a luz. Hablaremos de mujeres ya que todavía la mayor parte de la población que vive un embarazo y da a luz son de género femenino, hay algún caso de varones trans que gestan y da a luz pero aún son casos muy esporádicos. Lo que sí es cierto para todxs es que la llegada de un bebe cambia la vida en todos los sentidos y el sexual no es una excepción.

Una de las primeras cosas relacionadas con la salud sexual en las madres recientes es la falta de deseo, alrededor de la mitad de ellas continua sin deseo al año de haber parido. Muchas mujeres se preguntan si esta pérdida de la libido es normal. Hay mucha desinformación sobre la sexualidad en el posparto y es porque en las clases de preparación no se hace educación sexual, se suelen limitar a impartir conocimientos de cómo cuidar del bebé, la fisiología del parto y los protocolos para ir al hospital. Es por ello que las molestias varias como la pérdida de deseo, el dolor durante las relaciones cóitales y la falta de lubricación sorprende a muchas mujeres tras dar a luz.

Lo que no saben, por ejemplo, y deberían saber es que durante el llamado puerperio o periodo de recuperación tras el parto, se desaconseja el coito, ya que el útero ha de volver a su tamaño, la vagina se debe de recuperar del traumatismo del parto si ha habido desgarro o episiotomía, y es necesario que cicatrice y cese el sagrado posparto (loquios). Lo cual no es sinónimo abstinencia sexual, es un momento de redescubrir los cuerpos mediante los besos y caricias, aunque sigue muy presente la presión para que las mujeres regresen a las relaciones con penetración cuanto antes. Pero es posible, y muy normal, que la mujer rechace la penetración y que tampoco desee que le toquen los pechos ya que los relaciona con la comida de su hijo, en el caso de haber optado por la lactancia materna.

Por este motivo es tan necesario hacer una buena educación y asesoramiento en temas de sexualidad en esta etapa, hay que educar a las mujeres y también a los hombres que la sexualidad es mucho más que genitales y pechos y se puede y debe explorar otros puntos del cuerpo, a veces un suave masaje en los pies o en la espalda es suficiente para no perder esa conexión con la pareja que en estos momentos se hace tan necesaria.

¿Qué se puede hacer si se pierde el deseo? El deseo es algo que tiene mucho que ver los con los factores externos y en el caso de las madres recientes hay una situación nueva en su vida, menor intimidad, mayor preocupación por el bebe y más agotamiento. Además no debemos de olvidar el factor hormonal, tras el parto aumenta la prolactina, esta es la hormona productora de leche y disminuyen los estrógenos y con ello el deseo. Según un estudio llevado por varios centros sanitarios de Barcelona y publicado por la revista Matronas (Matronas Prof. 2010; 11 (2) : 45-52), las mujeres que dan el pecho presentan menor libido que las que no. Es importante trabajar con ellas el factor psicológico  y los cambios que conlleva la maternidad.

Otro inconveniente del que no se habla es la sequedad vaginal tras el parto, esto pasa debido a que la lactancia materna impide la ovulación y esto a su vez lleva a niveles bajos de estrógenos que conllevará un epitelio vaginal más frágil lo que conllevará molestias en las prácticas con penetración. Si se desea penetración la solución es darle tiempo a que lubrique de manera natural y si es necesario se puede recurrir a un buen lubricante.

Otro aspecto que no se tiene en cuenta en este periodo es el papel de la pareja. Con la pareja es importante organizarse para poder disfrutar de espacios de intimidad, abrazarse y conectar. Así mismo es fundamental que la madre tenga su propio espacio de autocuidado, que pueda dedicase un tiempo sin el bebe, aunque sea unos minutos al día, tomarse un té, tener una charla relajada con una amistad por teléfono. Sólo desde el auitocuidado podemos disfrutar de una sexualidad más plena y consciente.

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El 28J NO es el otro orgullo

El 28J NO es el otro orgullo
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28 de junio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Queridas, querides y queridos compas en la lucha por el cultivo, la promoción y la visibilización de la diversidad sexual, creo que va siendo hora de que hablemos con propiedad y sepamos que el 28 de junio es EL ORGULLO. Así, con mayúsculas, y punto.

Quienes me conocéis sabéis que vengo con extra de hate. No sé si me caí en la marmita de bilis y odio de mi pueblo cuando era pequeña o si los gametos de mi fecundación además de potentes genéticamente también lo eran hateticamente, pero es así.

Procuro hacerlo de forma educada y reconducir mi odio para ser constructiva, pero no siempre puedo. Hoy  creo que va a ser uno de esos días que me quedo a medias.

Resulta que me flipa ver como mucha gente, cada día más, incluso siendo profesionales de la sexología, sexbloggers, personas del colectivo LGTBI+… no es ya que no sepan cuando es “El orgullo”, sino que sólo conocen el mercantilizado jolgorio fruto del pinkwashing. Y a mí me llevan los demonios.

Por eso, remember remember the 28th of june, please… aunque no rime. Este año se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall. Os cuento.

New York, 1969, la revolución sexual se nota en el ambiente y hay bares donde personas del colectivo LGTBI pueden expresarse libremente, conocerse, liarse… ¡genial! Sin embargo, el odio hacia este colectivo y la violencia institucional siguen siendo tan comunes como los sándwiches de mantequilla de cacahuete en EEUU, por lo que no es raro que llegue la policía a realizar redadas.

Es más, la revolución sexual sigue haciéndose bastante de tapadillo, dentro de los bares, cuando no, dentro de las casas. Salir a la calle como persona LGTBI y vivirse de forma abierta es im-pen-sa-ble.

Pero, todas las narices tienen su límite de ser tocadas y ese límite llegó el 28 de junio de 1969 cuando la policía realizó otra de sus redadas y el colectivo LGTBI en el barrio reaccionó. Manifestándose, enfrentándose y encarando a la policía. ¿Acaso no era bastante vulneración de sus derechos la situación que además debían permitir esas redadas llenas de violencia directa e indirecta hacia personas del colectivo? Un año después de los disturbios, ciudades como New York y Los Ángeles se sumaban a las conmemoraciones.

El 28 de Junio es un día para recordar la lucha y el trabajo de generaciones anteriores. Un día para conmemorar los pasos que dieron valientes que hacen que hoy hasta el partido más pestuzo no quiera perder su lugar en un sarao que se monta para hacer pasta e ir de progres. Porque no os engañéis, que sin quienes lucharon y se enfrentaron a la violencia estructural de la época, aún seguiríamos sin dar muchos pasos.

Llegamos este año a las bodas de oro de un suceso tan necesario en la historia de occidente como importante y que debemos agradecer en especial a mujeres trans como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, que fueron las pioneras en las revueltas y que serán este año conmemoradas en New York mediante un monumento en su memoria.

Por eso, aunque no os mole parte del tono de la manifestación que os pille más cerca, aunque os venga un poco mal levantaos del sofá, aunque prefiráis estar de birreo; os pido que apoyéis, no también este, sino el ORGULLO.

 

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¿Cómo gestionar el rechazo?

¿Cómo gestionar el rechazo?

21 de junio de 2019

Colab. Melanie Quintana y Xandra Garcia 

Muchas veces cuando nos metemos en la aventura de conocer a alguien y queremos hablar con él o ella, nos surgen miedos y dudas sobre si seremos o no aceptadxs por la otra persona. En ocasiones, la tentativa de recibir un NO nos paraliza y nos bloquea y no nos permite vivir esa experiencia. Nos olvidamos del juego y nos centramos en el resultado, olvidamos que lleve a lo que nos lleve esa iniciativa, es decir, una noche de sexo, una pareja estable, una amistad o que se quede en ese momento; conocer al otro, es divertido en sí mismo.

Sin embargo, si sabemos cómo actuar ante el rechazo podemos romper esas barreras que nos impiden vivir la experiencia de entrarle a alguien o ligar. Hay que tener en cuenta que cuando nos dicen NO, ese NO, puede tener muchos matices. Con la campaña NO es NO, se está consiguiendo que se respete a las mujeres cuando su decisión ante alguna situación es una negativa a la proposición recibida (sobre todo a nivel erótico). Pero un NO también nos los puede dar un hombre, ellos también tienen derecho a decidir si les apetece hacer algo o dejar de hacerlo, y a veces se nos olvidan que ellos también deciden.

Este mensaje, también les ha robado la posibilidad a las mujeres de decidir decir SÍ a alguna proposición, porque ¿cómo van a decir SÍ a algo y que no se les tache de guarras o de promiscuas? O la posibilidad de decir un SÍ a algo y un NO a otra cosa. No tiene que porque ser un NO a todo. Igual les apetece hablar contigo y ya está, o besarse y que no les metas mano, o bailar contigo y sentir tu cuerpo, pero no apetecerles llegar a más…

De hecho, muchas veces un NO, puede significar un NO AQUÍ, porque no le parece el lugar apropiado, porque están sus amigxs y no quiere que le vean…; un NO ASÍ, porque la forma en la que le estás entrando no le gusta, o la forma en la que le estás tocando, o dando por hecho que quiere algo…; un NO AHORA, porque no es el momento, o, simplemente, un NO A TI, porque tú no le gustas, porque se había fijado en otrx, porque no eres su estilo...

Puede ser muchas cosas, y tener implícitos muchos matices, lo importante sería aprender a ligar y no quedarnos solo con esa idea de victimismo que hemos adoptado las mujeres con la campaña NO es NO. Aprender que a veces podemos decir SÍ. Y sobre todo respetar. RESPETARNOS. Respetar que puedo cambiar de padecer, de apetecer o de opinión durante el propio juego por muchos motivos. Que el juego siempre es de dos y que nadie debe llevar la batuta o el control sobre el otro, a menos que estéis jugando a BDSM, en tal caso, el juego de roles estaría pactado y estaríamos hablando de ceder el control.

Pero volviendo al tema, si decides aventurarte a romper esas barreras del miedo, y te animas a conocer a otra persona, desde el respeto, estas son algunas claves que puedes utilizar para gestionar el rechazo o la negativa por su parte.

1.Échale humor al asunto: No te dejes llevar por un comentario negativo. En un primer momento puede ser que te respondan con un NO, porque no es el sitio, no es lugar o no eres la persona que esperaba, como hemos comentado antes. Ten en cuenta que esa persona no te esperaba a ti. Un comentario gracioso y no ofensivo o borde ante su respuesta puede darte más tiempo o una segunda oportunidad de conseguir una nueva impresión.

2. Pregúntate si el rechazo es hacia ti: Hay que tener en cuenta que es un primer contacto con esa persona, no te conoce y solo te está juzgando por tu imagen, por tu forma de entrar o por tu forma de hablar. No te preocupes si te suelta un NO sin ni siquiera abrir la boca. Puede que esa no sea la persona que tengas que conocer esa noche o puedes utilizarlo como una oportunidad para demostrar tus encantos. Por ejemplo: puedes demostrar que eres una persona con humor y empezar con alguna frase que le desmonte su rechazo y dejarle ver esas facetas que no se ven a primera vista.

3. No pierdas de vista el objetivo: No te dejes llevar por una mala respuesta, que no te arrastre la mala energía, recuerda que fuiste a ligar, a conocer a otra persona y a pasar un buen rato. Una mala contestación solo puede hacer que os distanciéis o entréis en una dinámica de mal rollo. Por el contrario, una respuesta ingeniosa reducirá el nivel de tensión que se puede generar entre los dos, y si no genera una segunda oportunidad, siempre podrás quedar bien y demostrar que se puede ligar con educación.

4. No olvides que ligar es un juego de dos: No solamente el que entra puede ser rechazado, la responsabilidad de que eso funcione o no es de los dos. Una vez que uno ha roto el hielo a los dos les incumbe llevar a hacia un lado o hacia otro la situación. No solamente es responsabilidad de la persona que entra, la otra persona también tiene que hacer algo para mantener el juego y los roles se pueden intercambiar. Ten en cuenta que si inicias un acercamiento también puedes acabarlo en el momento que quieras. Pero recuerda hacerlo siempre con educación y empatía hacia el otro. Por ejemplo: Si ves que en algún momento la cosa está atascada, deja de resultarte divertido, interesante o estimulante, siempre puedes decir aquello de:

  • Ha sido un placer conocerte, me voy que me esperan mis amigxs.

5. Si la cosa no cuaja, retírate con elegancia: No te dejes llevar por el orgullo ni por el ego, al fin y al cabo, solo va a hacer que te sientas peor. Evita entrar en una espiral de insultos o reproches, siempre puede ser un buen momento para disculparse y pedir un Gin Tonic. O soltar alguna frase como:

  • Disculpa no quería molestarte, solo quería conocerte.
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Convivencia de parejas lésbicas

Convivencia lésbica

19 de junio de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Un caos, así es como muchos se imaginan que es la convivencia entre mujeres. ¿Acaso no habéis oído alguna vez esa frase de? “Estarás contento viviendo con tantas mujeres, te tendrán loco”, sobra aclarar que proviene de un hombre y se dirige a otro. Se me salen los ojos de las órbitas cada vez que escucho esta frase. Y es que, además de los mitos sobre la sexualidad de las mujeres lesbianas, también corren otros de cómo es su convivencia. Pero hoy tengo una nueva misión, enseñar lo maravillosa, y a veces desastrosa, que es la vida en pareja (de lesbianas).

Cuando me he puesto a pensar en las escenas de convivencia de parejas lésbicas no he podido evitar acordarme de Unas lesbianas de cuidado, una obra maestra dibujada por Alison Bechdel. Bechdel es un referente, más allá de su famoso test aplicado al lenguaje audiovisual, sabe sacar lo mejor y lo peor de las situaciones cotidianas siempre con mucho humor. Odio las generalizaciones y los estereotipos, eso de meternos a todas en el mismo saco y crear un prototipo de lesbiana, no me parece correcto ni acertado, porque, aunque a veces la gente se sorprenda cuando digo esto, las lesbianas somos personas, y como cualquier otra persona, cada una de nosotras tenemos una manera de vivir, sentir y expresarnos, así que eso de que para certificar si eres lesbiana o no tienes que cumplir con ciertos parámetros mejor lo vamos olvidando. Sin embargo, a veces nos sorprendemos cuando muchas de esas situaciones estereotipadas empiezan a cumplirse en nuestras vidas diarias. Aquí Bechdel se ríe largo y tendido de estos impuestos y a veces auto-impuestos que sin darnos cuenta, asumimos y representamos en más de una ocasión.

Juntas, revueltas pero no iguales

La convivencia es esa gran palabra que parece no decir mucho pero que re-significa todo. Para algunas un drama para otras un gran paso y es que ¿qué ocurre cuando comenzamos a vivir juntas? Algo tan sencillo como aprender a compartir espacios y sobre todo decisiones. Tenemos claro que aunque la vida en pareja necesita de espacios personales, no podemos evitar que en muchos aspectos de la vida nos acerquemos la una a la otra y empecemos a coincidir demasiado.

La mimetización es irremediable. ¿Cómo? Si eres lesbiana y estás leyendo esto dime por favor que te han dicho eso de “cada vez os parecéis más”. Tras la expresión de ojos en blanco os he de decir que aunque dos mujeres pasen mucho tiempo juntas, aunque tengan tantos encuentros eróticos que a veces se crean una, no, no van a hacerse gemelas. Estoy pensando en muchas parejas heterosexuales que acaban pareciendo uno el clon de la otra y no se nos ocurre decirles que parecen gemelos, y todo porque presuponemos que tienen genitales diferentes. Vivir juntas, compartir espacios, tomar decisiones de vida en conjunto e incluso apoyarnos en cambios de estilos, no significa que vayamos a pasar a ser una sola.

Lesbianismo, veganismo y todos los ismos

Eres lesbiana y eres vegana o vegetariana, es una de las imágenes más estereotipadas sobre las figuras lésbicas. No me preguntéis el por qué pero parece que por tener una orientación sexual eso implica que tu estilo de vida cambia. Bechdel presenta frecuentemente a sus personajes en la Coop. un supermercado cooperativo donde se impulsa el consumo sostenible y responsable. Además, las protagonistas de sus cómics promueven este estilo de vida veggiefriendly. Cuando te haces vegetariana o vegana, te das cuenta de que no has pisado un supermercado tradicional en meses, tu historial del ordenador está repleto de las visitas a webs sobre nutrición ecológica, vegetariana y el impacto medioambiental, te das cuenta de que ya no eres tú, eres uno de sus personajes. Acabas de sumar un número al estereotipo, pero con orgullo y mucho humor.

Pero esto no es un imperativo, ¿acaso no hay lesbianas carnívoras y que no tienen interés por estos temas? Es lo que tiene ser personas, que somos tan diversas como las demás.

Pero no solo son ismos en estilos de vida y alimentación, sino también políticamente. Aunque qué queréis que os diga, con los tiempos que corren no muy a favor de la igualdad y los derechos de las mujeres no estamos como para dejar el ismo a un lado.

Sexo, bragas y confusiones

 Ya sabemos que la convivencia requiere organización y reparto de tareas y que con el ritmo de vida que llevamos no siempre nos da tiempo a tener todo en su sitio y qué pasa entonces... que llega uno de los momentos más divertidos que va encabezado por un: ¿son tuyas o mías éstas bragas?. Esto sí que es una decisión seria, atribuirle un cuerpo a esas bragas que las pobres han quedado olvidadas en el cesto de la colada y que tras noches y mañanas de pasión ya no saben de dónde vienen. Si las tallas o los gustos son muy diferentes, os perderéis esta escena lésbica que suele ocurrir al menos una vez por semana. Pero si tenéis una talla similar, compartís calcetines o alguna otra prenda de uso rutinario sin pertenencia clara, será una constante en vuestras vidas.

“Este era tuyo y este mío, ¿y ahora?”. ¿Sabéis a qué me refiero? Sí a ese juguete sexual que te gustaba tanto cuando no vivíais juntas. Ha llegado un punto en el que el cajón de los artículos eróticos se ha mezclado tanto que hay que etiquetarlos para saber su procedencia. Vida nueva juguetes nuevos, pero te da pena deshacerte de ese que tanto placer te dio en tu vida de soltera, así que lo unes al nuevo armamento del placer y el batiburrillo sexual que ahí se crea ya no tiene solución. Mirándolo por el lado bueno, por fin tienes en tus manos eso que ella usaba cuando la visitabas y que tanto te gustaba. Ahora tienes la oportunidad de mezclarlo como quien no quiere la cosa.

Que la menstruación de dos mujeres que viven juntas se sincroniza no está probado científicamente, tras esto hay muchas creencias y teorías, pero lo que aquí nos importa es la realidad. Y la realidad es que el día que coincide es una fiesta de copas menstruales. Una de las imágenes que últimamente hemos visto en las redes sociales y que me ha encantado es la de dos copas menstruales hirviendo a la vez en un cazo. Eso es amor puro. Esto todavía no lo he visto en los trabajos de Bechdel, pero que se ponga las pilas, porque es una escena lésbica digna de retratar.

Escenas de parejas lésbicas hay muchas, puedes o no entrar dentro del estereotipo, pero lo que sí debes hacer es reírte, reírte mucho. Sobre todo, cuando te paras, miras a tu alrededor y te das cuenta de cuánto hay en ti de estas imágenes o en otras que no han cabido aquí.

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¿Se pude usar la literatura erótica en terapia?

El uso de la literatura erótica en terapia

16 de junio de 2019

María Mas Vidal, María Mas Sexología

La literatura en sí misma ya es un arte maravilloso y muy saludable para nuestra mente. Nos aporta numerosos beneficios que son innegables. En general, leer mantiene nuestro cerebro en forma, por lo que la literatura es el gimnasio de nuestra mente.

Pues bien, si entramos a hablar de los beneficios que tiene la literatura erótica más concretamente, estos parecen infinitos. Teniendo en cuenta que el cerebro es la zona erógena más importante que tenemos, es innegable el poder que las palabras de la literatura erótica ejercen sobre nuestra vida sexual. Estas son algunas de las ‘virtudes’ que este arte tiene para nosotros:

  • Erotiza nuestra mente.
  • Nos ayuda a derribar mitos y tabúes.
  • Incrementa el deseo.
  • Nos invita a descubrir y conocer nuevas prácticas.
  • Estimula la imaginación y la creatividad en el plano erótico.
  • Nos aporta nuevas fantasías.
  • Previene el deterioro cognitivo. ¡Ojo al dato con esto!

Hace algunos años, el psiquiatra Rafael Alarcón, afirmó que el uso terapéutico de la literatura erótica en pacientes de geriatría podía ser tan efectivos (o más) que los antidepresivos. En su experiencia clínica puso en marcha un taller de literatura y concluyó que existen algunas razones de gran peso para leer literatura erótica especialmente en la población adulta:

  1. Estimula los sentidos y mantiene las reacciones corporales.
  2. Estimula las funciones cognitivas.
  3. Evita el avance del deterioro cognitivo.
  4. Mantiene la motivación y las ganas de vivir, disminuyendo ansiedad y depresión.
  5. Aceptación de la muerte.

Estos efectos se deben en gran parte a que este tipo de literatura estimula de una forma potente las emociones. Ahora bien, ¿se usa la literatura erótica en otros contextos terapéuticos? Por supuesto que SÍ.

Desde la Psicosexología utilizamos este recurso a menudo. Por ejemplo, en el tratamiento de algunas disfunciones sexuales. Así es en el caso del Trastorno por Deseo Sexual Hipoactivo, en el que los pacientes padecen una falta persistente de libido y/o fantasías sexuales, así como de interés por cualquier actividad sexual. El objetivo principal de su tratamiento es el de recuperar las fantasías eróticas y aumentar la motivación para el sexo. Bien, pues para ello, una de las herramientas que empleamos los psicólogos-sexólogos es la ‘Biblioterapia’ con Literatura Erótica.

De igual modo, en algunas etapas del tratamiento de la disfunción eréctil, también se utiliza este recurso para incrementar el nivel de deseo y que el repertorio imaginario erótico del paciente sea más rico de lo que ya era.

En el tratamiento del vaginismo y de la anorgasmia, uno de los objetivos primarios del tratamiento es el de potenciar la erotofilia, es decir, la actitud positiva hacia el erotismo y las relaciones sexuales. Para ello, solemos recomendar tanto lectura de carácter educativo como lecturas eróticas que despierten los sentidos y la imaginación.

En terapia de pareja también empleamos la biblioterapia, sobre todo cuando el problema de pareja afecta al plano sexual. Cuando existe un problema de monotonía severa en el sexo, cuando no hay comunicación asertiva sexual, tras un cambio vital importante (nacimiento de un hijo/a, pérdida de un ser querido, cambio de vivienda, etc.), cuando hay una disminución del deseo, etc.

¿Hay más? Sí, por supuesto. Dados sus beneficios, utilizamos la literatura erótica en el asesoramiento sexológico o crecimiento erótico. Es un servicio en el que asesoramos a las personas que lo desean a mejorar la calidad de sus relaciones eróticas, a llevar a cabo nuevas prácticas, a descubrir(se), iniciarse en algún grupo de prácticas, etc.

En este caso, la literatura erótica es un recurso muy útil para que las personas se auto-conozcan, descubran prácticas o situaciones que les excitan y para el perfeccionamiento de las técnicas de masturbación y autoerotismo.

¿Todavía no te ha convencido? Léete un buen poema erótico, o una novela erótica y nos cuentas si no ha mejorado tu vida aunque solo fuera un poquito.

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No a la victimización, Sí al reconocimiento

No a la victimización, sí al reconocimiento

31 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Escribí hace tiempo un artículo que hablaba sobre la victimización. En él reflexionaba acerca de si la victimización era la mejor herramienta para el reconocimiento de nuestro dolor. Contestaba que no y he estado dándole muchas vueltas a esta cuestión. Decía que el empoderamiento es la herramienta más constructiva si queremos dar poder (adjetivo) a todas aquellas que se van a encontrar con las dificultades que este sistema pone en marcha para mantenernos a ralla. No contenta con mis reflexiones, he decido dedicarle otro espacio a esto que me importa.

Los daños causados por las innumerables represiones deben ser curados si queremos cambiar nuestro presente y mirar hacia delante. Curar a través del reconocimiento colectivo, no desde la profesionalidad médica, no estamos enfermas, estamos dolidas. El reconocimiento de que efectivamente no todas vivimos con las mismas facilidades, que algunas viven una realidad mucho más difícil de llevar dignamente, que no todos los deseos han sido aceptados, ni todos los cuerpos, ni todas las identidades, ni todas las prácticas... y podría seguir. Admitir este punto aliviaría muchos dolores y permitiría construir las bases de otro panorama donde el objetivo principal sea la felicidad y no la productividad.

Algunos colectivos ya se habían dado cuenta de esto hace mucho y no se han cansado de decírnoslo. Al parecer, las responsables de llevar este mensaje somos aquellas que nos hemos sentido fuera de la norma y por tanto las que nos hemos sentido víctimas de este sistema. Es lógico que sea así, al fin y acabo las que se quejan son aquellas que lo padecen. Pero también sabemos ir más allá y a través de lo que llamamos empatía (valor en peligro de extinción) y otras por simpatía (la mayoría)  sumarnos a otras luchas. Este punto resulta interesante ya que el mensaje se difunde y las realidades se hacen visibles. Creo que es necesario para cualquier lucha sumar empatizantes y simpatizantes.

En esto de buscar aliadas de esta lucha que busca romper esta normalidad que nos ahoga nos estamos encontrando con dificultades. Algunos no se suman porque se sienten amenazados, otros porque no les dejamos entrar, otras porque están en una zona de confort... Inquietada por este tema estuve hablando con unos amigos míos que se reconocen como hombres. Me decían que para ellos era muy complicado acompañarnos en este proceso de lucha, porque ellos quieren pero no tienen ni idea de cómo acompañarnos. Les contesté que hasta ahora nadie los había señalado ni cuestionado, todo lo que hacían era legítimo por el hecho de ser hombres blancos pero que ahora esto estaba cambiando. Ahora de repente se sienten cómplices e incluso culpables del heteropatriarcado. Otros ni siquiera se lo plantean. Y claro... ¿y ahora? ¿qué haces cuando no quieres ser parte de este circo pero irremediablemente eres protagonista?

Se trata como si de repente para algunas personas alguien les hubiera puesto un espejo delante y ahora han visto el reflejo de aquello que hasta ahora estaba oculto. Esta sensación puede ser muy fuerte, los espejos que nos ofrecen las demás puede causar efectos devastadores. Ante este suceso que hoy día está ocurriendo, cada vez hay más espejos, las reacciones de los que se ven en ellos puede ser muy variada. Como les pasa a mis amigos puedes no saber reaccionar, puedes enfadarte, rechazar lo que ves, negarlo, combatirlo... Muchas reacciones que a su vez tienen influencia en las portadoras de espejos, aquellas que dan el síntoma y dicen hasta aquí hemos llegado. Creo que la reacción que más puede aliviar el dolor y promover la colaboración es el del reconocimiento. Reconocer que aquello que ves es real, que el sufrimiento es real y que todas tenemos algo que ver en esto, que no es cosa de cuatro locas que salen con pelos en el sobaco a gritar. Porque somos seres interdependientes aunque nos joda.

Reconocernos y vernos es necesario si queremos pasar del enfado y comenzar a construir. El enfado es necesario porque nos moviliza y nos da energía y porque motivos no nos faltan. Pero si queremos vivir donde cada personas tenga un sitio para ser, necesitamos pasar de capítulo y comenzar a construir. Para ello, el reconocimiento colectivo es imprescindible.

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Las primeras caricias de amor propio de un grupo de sexólogas

Las primeras caricias de amor propio de un grupo de sexólogas

19 de mayo de 2019

Laura Marcilla

Es posible que ya hayáis leído en redes sociales u otros medios que en mayo se celebra el mes de la masturbación. Es una práctica sana, común y muy positiva, que sin embargo ha estado (y a menudo sigue estando) bastante estigmatizada. Hay quien, aún a día de hoy, tiende a pensar que es una práctica solo para personas solteras o un sustituto del ‘sexo de verdad’. Nada más lejos de la realidad.

Sin embargo, pese a los muchos beneficios que presenta el juego erótico con uno mismo, nos hemos preguntado… ¿Cómo han vivido estos primeros acercamientos las mujeres que ahora se dedican a la sexología? Cuando estas personas aún no sabían que iban a acabas haciendo del sexo su profesión, ¿qué tal fueron sus primeras experiencias sexuales en solitario?

Y para ello os traemos unas pinceladas de lo que ellas mismas nos han contado al respecto.

 

Norma J. Brau

Mi historia con la masturbación ha sido la de un acercamiento poco a poco. Recuerdo que empecé joven, muy joven. Seguramente "alarmantemente" joven si algún adulto lo hubiese sabido; ya que aún estaba en primaria.

Supongo que lo descubrí de la forma más ingenua y me dedicaba a ese rocecito que tanto me gustaba cada vez que podía. Con los años, mi técnica, mi acercamiento al propio cuerpo (que, al principio, ni me tocaba directamente y luego ya atreverme a masturbarme por encima de las bragas fue todo un paso), el descubrimiento de cómo poder tener más orgasmos... ha sido todo un viaje. Creo que a día de hoy podría decir que me conozco bastante, pero aún sigo explorando con nuevas formas de estimulación, nuevos juguetes... ¡no es nada aburrido quedarse sola y sin tener qué hacer!

 

Yaiza Morales

A los ocho años, recuerdo una noche que volvíamos en coche para casa, el coche era uno de esos viejos que traquetean mucho, la vibración que aquello me producía me dio mucho gusto y allí que me quedé rozándome.

Creo que ese fue el primer recuerdo consciente que tengo relacionado con la masturbación. A partir de ahí, me exploraba, jugaba conmigo, me toqueteaba por todos lados muy curiosa, como quien ha descubierto un juguete nuevo y quiere averiguar cómo funciona. Cuando estaba en el sofá de casa viendo una peli y, de repente, aparecía una escena subida de tono me encendía muy fácilmente y gozaba del calorcito que me daba en la entrepierna pero a la vez me sentía culpable sin saber muy bien porqué.

Nadie me había explicado qué era aquello ni por qué pasaba. Recuerdo que me ponía un cojín encima y lo apretaba fuerte con las manos contra mí, pero eso no hacía que la sensación desapareciera. Miraba a mis padres o a quien hubiera presente buscando indicios de que se hubieran dado cuenta de lo que le estaba pasando pero no parecía advertir nada y eso me tranquilizaba y me inquietaba a partes iguales.

Disfrutaba de aquellos momentos y los ansiaba sin saber cuándo iba a llegar el siguiente. A partir de ahí, no tuve muchos momentos de intimidad para seguir la exploración, pues compartía habitación con mi hermana pequeña y tenía que ideármelas para poder disfrutar de un rato completamente a solas. En el baño o durante la ducha solía ser el momento.

Pese a considerarme una persona ya bastante activa sexualmente, masturbarme a menudo y disfrutar de ello, sentía que había algo malo en mí y que no podía decirle aquello a nadie porque iban a pensar que era de guarra para arriba y me daba pavor la idea. Con los años, y viendo lo que me aportaba, lo fui normalizando y cada vez me daba más igual lo que la gente pudiera pensar al respecto. De hecho, es una cosa que la gente que me conoce sabe bien que hablo muy naturalmente e incluso me gustaba provocar sacando el tema.

 

Maitena Usabiaga

Me acuerdo de cuando tenía 12-13 años comentábamos en nuestro grupo de amigas que notábamos un “kili kili” en el coño, lo llamábamos así. Notábamos ese cosquilleo andando en bici, con el chorro de la ducha, viendo una peli donde aparecían escenas eróticas... En ese momento no apreciaba la riqueza de aquellas conversaciones y con los años me he dado cuenta que desgraciadamente no han sido muy comunes en grupos de mujeres. Y yo sí las he tenido, menos mal.

El roce y los ojos fueron mis primeras herramientas para acercarme al gran desconocido clítoris. Pero ponerme a tocarme el clítoris con total empeño vino mucho más tarde. Mis primeras experiencias eróticas con mi genital han sido acompañadas, creo haber experimentado otras prácticas mucho antes que mi primer orgasmo masturbándome sola.

Había una parte del protocolo que decía que lo más importante era realizar el coito para perder la ‘virginidad’ y ya ‘liberarme de esa carga’. Así fue, coité y después de aquello comencé a explorar más mi cuerpo, pero tampoco os creáis que fue un cambio inmediato. Me acuerdo que tenía una colega que me decía que cuando se masturbaba tenía 10 orgasmos. Yo flipaba en colores y pensaba que yo quería saber lo que era tener tantos, incluso me atrevo a decir que no sé si tuve algún orgasmo hasta entonces, y ya llevaba años teniendo mis aventuras... Muy triste.

Así que viendo que mis compis que me tocaban no me facilitaban orgasmar, me empeñé en dedicarle tiempo y profundicé en la técnica. Al final sí, orgasmé solita y después me compré un juguete al que me aficioné tremendamente. Tenía orgasmos mucho mejores que muchas de las prácticas que compartía, así que a tope.

 

Iria Ferrari

En mi caso, me descubrí el clítoris con apenas 12 años y, al principio, como no tenía a quién preguntar, ya que mi madre es muy ‘antigua’ para eso, pues me restregaba cojines o peluches a escondidas, hasta que mi madre me pilló, y me echó tal bronca que me sentí súper sucia y mala hija.

Pero seguía con la inquietud de saber qué era aquello y por qué me provocaba placer... Y de ahí pasaron los años, y me masturbaba con la ducha como si el agua fuera a borrar la culpabilidad. Mi primer juguete fue con 21 años, aunque disfrutar realmente de ellos ha sido algo más reciente, hace escasos diez años, después de mi divorcio.

 

Isilla LM

No tengo recuerdo de cuándo empecé a masturbarme. Era lo bastante pequeña como para no saber que eso que hacía tenía un nombre. Cuando creces, entiendes que en verdad todo eso de tocarte el clítoris, es un acto que da placer, da "gustito", y por eso te tocas, no por ser plenamente consciente de hacerlo. En casa nunca han sido represores de la sexualidad, se hablaba abiertamente aunque fuese en tono de humor, que es como mejor se tratan los asuntos.

Recuerdo una anécdota: a veces mis hermanos grababan pelis porno en VHS, y mi padre en una comida simplemente dijo que se pusiera el título o un aviso en la carátula, ya que había gente más joven que podía confundirse. Lo dijo guiñando un ojo y mirándome de soslayo.

Nunca he concebido la masturbación como algo nocivo, ni me ha creado sentimiento de culpa. No es algo que haya descartado por tener pareja. Sí es curioso cómo, según el momento de vida en el que te encuentres, te apetece más o menos, te apetece de una forma u otra. Pero es una práctica más de mi erótica.

Siempre me pareció curioso el tabú que había entorno a este tema si eras chica. Pero por suerte, nunca tuve ni yo ni mis amigas, dificultades de hablar sobre onanismo con los amigos. Es más, a veces éramos nosotras más ‘brutas’ que ellos. Siempre digo que el orgasmo empieza por el cerebro, ya no sólo por las sustancias y hormonas que segregamos, sino porque cuanto más equilibrio tengo en mi vida, más me apetece jugar conmigo misma.

 

Melanie Quintana

Tengo recuerdo de haber empezado a masturbarme a los 9 o 10 años. Fue con una amiga, una almohada y con el roce de la misma. Ahora me parecen curiosas las tres cosas por separado y en conjunto, pero por aquel entonces fue de lo más natural. De hecho, tales fueron las sensaciones que empecé a rozarme yo sola en la intimidad. La almohada se me quedaba corta y busqué algo parecido a lo que había visto en alguna revista: un objeto que vibrara (ni siquiera sabía que se llamaba vibrador).

La primera vez que disfruté con la estimulación piel con piel de mi clítoris no fue con mi mano, sino con la de un chico con el que por aquel entonces ‘salía’. Nunca nadie me explicó qué era, ni cómo hacerlo, ni siquiera se hablaba del tema, al menos no como ahora, de lo único que me arrepiento es de no haber tenido más información al alcance de mi mano, y nunca mejor dicho…

 

María Mas Vidal

En mi 18 cumpleaños recibí un regalo muy especial: mi primer vibrador. En aquel entonces yo todavía lo llamaba CONSOLADOR. Imagina el poco conocimiento que tenía de juguetería erótica. Todavía me fustigo a mí misma, el cambio de lenguaje ha sido muy reciente.

Yo ya me masturbaba, pero era algo extremadamente secreto. Me sentía sucia por hacerlo. En aquel momento, comprendí que para mis amigos era natural que yo me tocara (si no, ¿para qué me regalaban un vibrador?). Y además, comprendí que la ‘energía’ sexual que yo sentía en mí misma, los demás también la veían.

Aun así, tardé dos años en atreverme a tener un encuentro con mi vibrador maravilloso. No era capaz, tenía tantos prejuicios que no sabía cómo gestionarlos. La primera vez lo limpié, le puse las pilas, y empecé a experimentar las diferentes formas de vibración. Fue muy divertido, aunque mis dedos conocían mucho mejor mi anatomía y siempre terminaba acariciándome yo.

Al final, cuando me fui de erasmus, mi gusanito (así le llamo aún) se vino conmigo y comenzamos a tener una relación maravillosa que todavía no ha acabado del todo. Ahí está, en el cajón, celoso de mis otros juguetes. Pero siempre será el primero, el que tiene una cara sonriente que no terminaba de excitarme, pero aun así, me dio muchísimo placer.

 

Laura Marcilla

No sabría decir una edad exacta a la que empecé a masturbarme, quizá sobre los 10 u 11 años. Tengo recuerdos borrosos de estar jugando con una amiga a las ‘Barbies’, y ponerlas debajo de una manta desnudas junto con un muñeco ‘Ken’. De alguna manera, ese juego acabó derivando en mirarnos bajo la ropa interior nosotras mismas a ver “qué teníamos ahí”. No fue algo erótico, a pesar del componente sexual. Fue una forma de explorar, de conocer una parte de nuestro cuerpo que nos daba curiosidad. Creo que después de eso, ambas nos sentimos incómodas, porque nunca más volvimos a hablar del tema.

Pero más o menos por esa época empecé yo también a rozarme por mi cuenta, para obtener placer. Me sentía mal al hacerlo, así que me tocaba por encima de la ropa interior, porque la idea de estar en contacto directo con mi vulva me parecía algo ‘sucio’. Tardé muchos años en explorar mi cuerpo de una manera más directa, y mucho más tiempo aún en hablar de ello abiertamente.

En el instituto, todos los chicos hablaban de la masturbación como algo natural, pero todas las chicas negaban hacerlo, y yo no me atrevía a ser la única que nadara contracorriente.

Una vez le confesé un amigo íntimo que lo hacía, y me empezó a agobiar con preguntas al respecto. Una de esas preguntas fue que “cuántos dedos me metía”. Todos parecían asumir que la masturbación implicaba “meterse los dedos”, porque es lo que todos veíamos en el porno. Y yo, que me quedaba siempre en el clítoris por aquella época, pensé que se iba a reír de mí si le decía la verdad, como si mi forma de masturbarme fuera menos válida. Así que le mentí, y le dije que usaba dos dedos. Ahora, se me hace triste pensar la de mentiras que tuve que decir a lo largo de mi adolescencia y mi juventud para no ser juzgada por algo tan bonito y tan positivo como es disfrutar de mi sexualidad.

 

Como veis, la sexualidad es tan diversa, que incluso mujeres de una edad parecida y que se dedican a la misma profesión, han tenido inicios y experiencias muy variados. No son pocas las que refieren sentimientos como culpabilidad o malestar debido a algo tan natural como la masturbación.

Ellas son solo una muestra de las muchísimas personas que han tenido que trabajar conscientemente para superar estas barreras que nos impone la sociedad y poder disfrutar plenamente de su sexualidad. Por eso es importante escribir y hablar sobre la masturbación. Sacarla de la mesita de noche, de debajo de las sábanas, de la ducha, y hacer de ella un tema de conversación más, sin vergüenza ni miedo, para que ninguna otra niña tenga que sentir que tocar su propio cuerpo es algo reprobable.

De Peculiares

Masturbación consciente

Masturbación consciente @somospeculiares

17 de mayo de 2019

Yaiza Morales, Universopornico

Para la mayoría de mujeres, la masturbación es o ha sido en algún momento de sus vidas un tema delicado. La imagen de la mujer que tenemos es algo así como un torbellino de actividad, y ese “multitasking” nos ha hecho olvidarnos de nuestra capacidad de disfrute o restarle importancia relegándola a un plano apenas importante o necesario en nuestras vidas.

Cuando las mujeres reconectamos con nuestra naturaleza, dejamos salir de algún modo la figura de la observadora interna, un ser intuitivo y conocedor del propio cuerpo y la psique. Esta reconexión nos apela entre otras a la necesidad de una masturbación consciente. Después de darle muchas vueltas a esta cuestión nos animamos a investigar sobre ello; a hablar con todas las mujeres que nos fuera posible y con ello sacar conclusiones que de alguna manera nos acercaran a la realidad circundante a la masturbación femenina.

La relación de cada mujer con sus genitales y su sexo

Hay muchas mujeres que consideran que no tienen una relación ni sana ni insana con sus genitales y/o su masturbación. El conocimiento de una misma nos lleva a poder saber con mayor precisión cuál es la mejor forma de estimularnos y darnos placer. Una gran mayoría de mujeres admiten no auto-explorarse e incluso no poder describir la forma de su vulva ya que nunca se la han mirado de cerca, ya sea con un espejo o haciéndose una foto.

 

“Envidio a las personas que están horas examinándose, probando, conociéndose y disfrutan de todo el proceso. Pocas veces concibo yo ese momento para mi. Me resulta un poco embarazoso expresarme así porqué quisiera conocerme mejor o darle más importancia, ya que considero el tema como algo sano y hermoso.” (Cita de una mujer)

 

La masturbación es algo inevitable para la mayoría de seres humanos aunque aún existe mucha culpa y condena sobre el sexo por la castración emocional y sexual que acarreamos y que aún vivimos y por la desinformación evidente acerca del tema.

Autoconocimiento y consciencia

Tengamos pareja o no, lo primordial es sentirnos bien con nosotras mismas y para ello cabe construir un espacio de intimidad dentro del cual, la sexualidad juega un papel importante. ¿Por qué si el sexo ocupa una parcela importante en nuestras vidas, la comunicación al respecto es en muchos casos tan pobre?

Muchas de nosotras consideramos el sexo en pareja de algún modo como un acto de comunicación y de compartir pero a la hora de comunicar y compartir con una misma se nos olvida y si no logramos un fin, puede llegar a frustrarnos.

 

“En mi historia de masturbación el correrme ha sido muy importante ya que si no, lo vivo como que no me siento tan.. llena. Si estoy follando con otra persona y no me corro siento que me quedo con la experiencia de haber compartido algo pero cuando me pasa a mi sola tengo una historia de: Yo estaba haciendo esto para algo y me molesta no correrme.” (Cita de una mujer)

 

Aunque la masturbación es necesaria, no basta con la persecución del orgasmo; sino que con la masturbación deberíamos buscar conocernos más y mejor. Ya sea físicamente (palpar, reconocer nuestras formas, saber qué cosa hay en cada sitio..) o sensorial y psicológicamente (cómo nos gustan las caricias, dónde poner más énfasis, que es lo que más nos llena, en qué momentos lo necesitamos más o nos sienta mejor…).

 

”Siempre acabo deseando el orgasmo y terminando rápido, como quien hace un trámite. He llegado a pensar que es por pereza, por falta de ganas reales, e incluso por sentirme mal conmigo” (Cita de una mujer)

 

La búsqueda del orgasmo no debe ser un fin, sino un camino de exploración, conocimiento y disfrute

La sexualidad es inherente al ser humano y la comunicación también así que intentemos que ésta última sea natural y en términos positivos. Las mujeres, en lo que al sexo concierne, estamos acostumbradas a dar más importancia al dar que al recibir, y el hecho de que vivamos en una sociedad falocéntrica, ha contribuido en gran medida a reforzar la imagen (errónea) de que la sexualidad de la mujer, debe girar en torno a la de su pareja.

Escucharnos a nosotras mismas y darnos lo que el cuerpo nos pide siempre ayudará en el proceso de crecimiento personal y este proceso incluye por supuesto nuestra sexualidad.

 

“Cuando lo hago lo disfruto y me siento cómoda porque forma parte de conocerse a una misma y por muy bien que me lo haga mi pareja que no tengo mijita de queja, el tocarte a ti misma siempre va a ser distinto y cuanto más te tocas más cosas descubres y más cosas puedes compartir con él o ella.” (Cita de una mujer)

 

Nuestro sexo no es solo una zona de placer si no de consciencia

Asiduidad

El tiempo libre del que disponemos, nuestro entorno, las cargas emocionales y sociales que acarreamos, pero sobre todo, el estado anímico, juegan un papel de suma importancia en lo que a la masturbación se refiere. Así, cuando nos sentimos bien con nosotras mismas y todo está más o menos en orden tendemos a masturbarnos más y a la inversa.

 

“Hay temporadas que me tiro 6 meses que me masturbo de una a cuatro veces diarias y luego paso un par de años que no me hace falta y lo hago de higos a peras. Luego paso una época que me masturbo a diario pero solo una vez y si no me acuerdo no pasa nada. Ha ido variando mucho dependiendo de mi momento vital de cómo estoy yo si estoy bien o no. También depende de si me gusta alguien o no, si estoy recién emparejada o no, si estoy teniendo sexo o no… ósea que hay muchas cosas ahí juntas haciendo trabajos” (Cita de una mujer)

 

Tratar de escuchar tu cuerpo y lo que éste te pida en el momento que te lo pida puede ser una buena guía; ya que el cuerpo es sabio, reacciona y demanda en base a lo que necesita, lo que estás viviendo y cómo en este momento determinado de tu vida. Uno de los factores (junto con el estado anímico) determinantes a la hora de masturbarnos y de la asiduidad con la que lo hacemos, es que muchas mujeres conciben aún la masturbación como un acto a realizar única y exclusivamente en pareja.

Es más, lo ven como precalentamiento o juego preliminar a la penetración y no como un acto sexual en sí. Aunque hay bastante cuórum en el hecho de que los orgasmos a solas no tienen mucho que ver con los orgasmos en pareja; si lo hacen solas es en contadas ocasiones o cuando están solteras y no tienen sexo en pareja. Y el motivo es más para liberar tensión, como un mecanismo para des estresarse y por lo tanto no se exploran toda su capacidad orgásmica, si no que se quedan con la parte más física que tiene que ver con la liberación hormonal.

 

“Ahora lo hago poco, unas 2 veces al mes si puedo pero mas que nada porque también lo hago con mi pareja” (Cita de una mujer)

 

Inicios

Es prácticamente imposible hablar de masturbación y que no nos dé por pensar en cuándo empezó todo. ¿Con qué edad empecé a masturbarme conscientemente? ¿Será una edad demasiado temprana la mía? O tal vez no lo descubrí hasta hace poco en mi vida? Cómo lo vivía entonces y como lo vivo ahora? Nos consta que una mayoría empezó a masturbarse entre los 7 y los 12 años aunque como en todo, hay casos más tempranos y más tardíos. Para la mayoría de las que empezamos de más pequeñas, en muchas ocasiones coincide que fue un hecho “accidental” durante la autoexploración y la curiosidad que conlleva la niñez.

Y decimos accidental porque en muchos de los casos no se buscaba o no se tenía constancia del placer que aquello podía provocar, si no que es algo que se fue deduciendo sobre la marcha. Cuánto más mayor hayas empezado a masturbarte, la experiencia habrá sido más conscientemente buscada y el fin de hacerlo tendrá más relación con la búsqueda del orgasmo y la satisfacción personal.

 

“Es una experiencia bastante increíble la primera vez. Creo que ahora se dice más pero en mi época era muy raro hablar de esto y te sentías como medio mal, como si fueras una guarra. Yo tenía esa sensación pero seguí haciéndolo porque lo disfrutaba mucho.” (Cita de una mujer)

 

“De más pequeña me exploré cosas pero era más como una exploración que un disfrute en sí.” (Cita de una mujer)

 

Casi siempre tendemos a masturbarnos de la misma manera, en la misma pose con los mismos movimientos y con fantasías recurrentes y aunque me consta que tiramos mucho de la imaginación para excitarnos, otras muchas también vemos porno y en menor medida fotos. La mayoría dice llegar al orgasmo en la masturbación solo acariciándose el clítoris y sin necesidad de penetración.

Es un orgasmo rápido y fácil, corto e intenso y no necesita de gran exploración interna. Está demostrado que el clítoris es el originador del placer sexual en las mujeres y, debido a sus dimensiones, con la penetración se puede llegar a estimular también y hacer llegar al orgasmo; pero la forma más directa de llegar es con la estimulación del glande clitorial.

Existe una malentendida realidad que divide los orgasmos en clitoriales y vaginales y que de algún modo, siempre ha dado más importancia o validez a los segundos. Como si existieran categorías y ránkings en los orgasmos debido a cómo llegamos a ellos. Éste ha sido otro de los condicionantes para que muchas mujeres se sientan “menos capacitadas” para tener orgasmos ya que si no consiguen tener orgasmos vaginales, se consideran que de algún modo no están bien o les falla algo.

Hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad falocéntrica en la que la sexualidad de la mujer ha estado y aún está muy subeditada a satisfacer la del hombre; así que si con la penetración no se llegaba al orgasmo, una mujer podría ser considerada “defectuosa”.

 

“Cuando me masturbaba con el pene de plástico nunca me lo metía, eso no me daba placer, siempre me corro cuando estimulo el clítoris, es lo único que toco y lo que más me gusta.” (Cita de una mujer)

 

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De Peculiares

Lo que no sabías sobre el deseo, la excitación, la masturbación y el orgasmo

deseo, excitación, masturbación, orgasmo @somospeculiares

15 de mayo de 2019

Xandra Garcia, Sensa

El orgasmo es el gran comedor de palabras. Solo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra”, Valérie Tasso

La masturbación ha estado durante siglos vinculada a un sinfín de mitos y condenada al tabú. Hasta hace bien poco seguíamos escuchando amenazas tales como que la masturbación producía ceguera, locura, alucinaciones… o su versión más moderna, causaba el acné puberal. Sin embrago, la masturbación es la gran escuela del autoconocimiento erótico. Gracias a la autoexploración sabemos más sobre lo que nos gusta y como nos gusta; sobre lo que deseamos y cómo lo deseamos.

Hoy sabemos que en torno al 97% de hombres y un 62% de las mujeres se masturba o se ha masturbado alguna vez. Sin embrago, las cifras cambian considerablemente cuando nos referimos a la población con disfuncionalidades orgánicas. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alrededor de un 10% de la población mundial, es decir unas 650 millones de personas, tienen diagnosticado algún tipo de discapacidad. De los cuales el 47,10% son mujeres y el 58,30% hombres. Según estos datos el 26% de ellas y el 51,66% de ellos disfruta de su erótica. No especifica si en el disfrute de la erótica se ha incluido el autoerotismo o no. Pero la diferencia en cifras es notable.

Las personas con diversidad funcional se enfrentan a dos principales dificultades a la hora de encomendarse a los placeres del “yo me lo guiso, yo me lo como”. Por un lado las propias características físicas, el acceso a su propio cuerpo, y por otro, el miedo al impulso sexual. Corre el mito de que las personas con disfuncionalidades orgánicas no sienten deseo, nada puede estar más lejos de la realidad. Pero lo más perjudicial es cuando uno mismo se lo cree y frena o dificulta esas sensaciones.

Para lo primero, te voy a dar algunos consejos o recursos para que los puedas poner en práctica. Para lo segundo… siento tener que decirte que no tiene remedio. En tanto en cuanto eres sexuado o sexuada, el deseo forma parte de ti, lo puedes reprimir y por supuesto que va a variar a lo largo de tu biografía, pero es una cualidad de reside en ti. Por lo que vamos a dejar de lado el miedo, la incertidumbre y las dudas; y si te apetece, te guiamos sobre cómo te lo puedes montar.

Pero antes déjame que te cuente algunas cosas sobre los placeres y el orgasmo.

"El orgasmo se tiene en el cerebro pero se sensa en el cuerpo"

Antes del orgasmo está la excitación y antes de ésta, el deseo. No podemos saltar directamente al tercero sin pasar previamente por el primero y el segundo.

La excitación tiene un efecto psicotrópico y euforizante. Cuando estamos eufóricos, somos más atrevidos y aumenta la circulación llevando la sangre a las zonas periféricas y preparándonos para sensar –sentir en la piel-. Subiendo los niveles de excitación se desencadena el orgasmo.

“El orgasmo es el final de una lucha encarnizada por buscar el placer…El error es subestimar el placer que precede al orgasmo”, Eduardo Punset

Sin embargo, el orgasmo no es lo mismo que el placer. Para tener una autoerótica satisfactoria y placentera no es necesario llegar al orgasmo. Esta búsqueda obsesiva del orgasmo dificulta en gran medida poner en el valor y disfrutar de los goces previos. Como si existieran sensaciones de primera y sensaciones de segunda. Cuando realmente todas ellas nos llevan al disfrute y al bien estar. Es más, déjame decirte que en una escala del 0 al 10 de los deleites, el orgasmo no tiene por qué puntuar en el 10. Al igual que cualquier otro estímulo puede pasar por todas sus gradaciones.

Aunque el único órgano imprescindible para tener un orgasmo es el cerebro, lo cual es un argumento más para animarte a explorar todos los recovecos de tu piel en búsqueda de nuevas zonas erógenas, con frecuencia en disfuncionalidades orgánicas el sistema nervioso se ve afectado dificultando en gran medida las conexiones de los genitales con el cerebro. Llegando incluso a no tener sensaciones orgásmicas.

“Tengo una pequeña tarea para ti. Ve a casa y tócate. Vive un poquito.” Pelicula El Cisne negro

Ahora si, vamos a darte algunas sugerencias que puedes poner en práctica.

Explora tus zonas erógenas más allá de los genitales, ¿Sabías que el órgano excitable más grande del cuerpo es la piel? Pues, te informo de que posees unos 2m2 de superficie potencialmente voluptuosa.

Si la dificultad radica en llegar con las manos a los genitales, puedes utilizar objetos que permitan la extensión. Incluso puedes explorar la posibilidad de acoplar esos objetos a vibradores permitiéndote así estimular esas zonas.

No hace falta ser muy sofisticado, seguro que tienes por casa un plumero por ejemplo; que bien lo podemos utilizar para acariciarnos o sujetar un juguete al mismo y haga las veces de brazo extensor. Hablando de recursos caseros… Te animo a que averigües que objetos ordinarios se pueden convertir en fuentes de placer. Se me ocurre: la almohada, cojines, el reposabrazos del sofá…Estos pueden ayudarte a acariciar aquellas zonas a las tienes dificultado el acceso.

Hay algunos juguetes eróticos que a pesar de no estar pensados para facilitar la masturbación pueden ser de utilidad cuando tienes algún tipo de dificultad a la hora de mover los brazos o las manos. En el caso de las vulvas, puedes colocarte o puedes pedir que te coloquen una mariposa o una bala vibradora en las bragas, que más tarde te permita ponerlo en marcha mediante control remoto. Los penes también se pueden estimular con ayuda de huevos que simulan la textura de una vagina, existen en el mercado unos adaptadores con forma de ventosa que te permiten anclarlo a una superficie de forma que no tengas que sujetarlo con las manos. También puedes echar un vistazo a esos juguetes que están diseñados para funcionar como manos libres.

Como ves proporcionarnos placer a nosotros mismo no esta tan fuera del alcance de movilidades, ni de economías diversas. Sólo hace falta rebuscar un poco por casa, echarle imaginación y dejarse llevar por las sensaciones placenteras.

“Para todos café, pero a cada uno su café”, Efigenio Amezúa

Subrayar que en el mundo de los goces y los placeres no hay una receta a seguir al pie de la letra. Como ya hemos comentado líneas más arriba, cada uno de nosotros tiene una erótica propia. Todos disfrutamos del placer pero cada uno con sus placeres.

De Peculiares

¿Conoces el age play?

¿Conoces el age play?

10 de mayo de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Una Lolita con sus gafas de sol, su piruleta y su minifalda de colegiala. Eso es lo que a la gente le viene a la mente cuando piensa en el “age play” (juego de edad). Sin embargo, ¿qué hay más allá del cliché más conocido a lo largo y ancho de la red? Igual que hay Papis, hay Mamis, littles con todo tipo de identidades ¡y mucha más complejidad! ¿Te atreves a descubrir más?

Hay vida más allá del cliché de “ser una niña muy mala que se ha ganado unos azotes”. Esta escena que genera tantas atracciones como aversiones, es la única que nos suele venir a la mente cuando pensamos en “age play” y ello se debe a que, como en otras tantas cosas, se ha visibilizado sólo una perspectiva sesgada, muy coitocéntrica y, como no, lo más cisteheronormativa posible. Pero el age play no acaba en la cama ni en las relaciones con un hombre Top y una mujer bottom.

Se considera age play todo juego, encuentro e incluso relación donde las personas que forman parte de ella deciden libremente interpretar tener una edad que no es exactamente la suya e interactuar con la otra parte desde ese rol y esa edad ficticias.

 

“Little, yo soy tu Papi”

 

Hablando en plata: no, no es guay usar el DDlg (Daddy Dom little girl) como excusa para follarse quinceañeras y veinteañeras, desatender completamente a la gente y simplemente cumplir el cliché de llamarlas “mi niña” para destrozarlas física y psicológicamente. Eso es abuso sostenido en un engaño, por si fuera poco. Es decir, eso es kakita.

El age play es una posibilidad abierta a todo tipo de parejas y todo tipo de representaciones de roles de personas menores y personas adultas. No obstante, en este artículo nos centramos en esas relaciones que reflejan un rol p/marental y un rol de persona descendiente.

Como todo juego de roles del BDSM no se limita sólo al encuentro, se puede expandir a la propia relación. Tendemos a genitalizar el BDSM tanto que no imaginamos que situaciones performadas por quienes lo practican se reflejen a lo largo del día y sean parte de su erótica. Pero así es.

Por ejemplo, una little puede desear que le lean un cuento y ya, sin masturbación ni penetración, simplemente porque le lean el dichoso cuento. SÍ, SE PUEDE.

Lo sé, esto os ha cortocircuitado, pero me limitaré a recordar que son dos personas adultas que han consensuado ése juego y que, lo más importante, ese juego les es satisfactorio y beneficioso para su buenvivir.

Cuando estas dinámicas se expanden en la relación, las prácticas que reflejan crianza y cuidado son de alta importancia y parte del día a día. Cosa que no es precisamente lo que nos imaginamos cuando alguien nos dice BDSM (solemos imaginar gritos y malas formas). Que, #ojocuidao, tampoco quiero decir que sin Ageplay el BDSM sean gritos y malas formas.

Dicho esto, déjame desmontarte unas cuantas dudas:

Pero, entonces, ¿a esta peña le pone ir en pañales y esas historias?

Sí… y no. Dentro de las relaciones de este tipo quien interpreta el rol de la persona menor puede encarnar edades o franjas muy dispares que suelen diferenciarse con las siguientes categorías: baby, little, middle y teen. Es más, hay una siglas, ABDL (Adult Baby Diaper Lover) para referirse estrictamente a las personas que actúan como si fuesen bebés y adoran los pañales. Esta parte del colectivo tiende a ser especialmente ridiculizada en teleseries policíacas de asesinatos (no daré nombres), donde ya sabéis que quien sea “rarito eróticamente hablando” suele acabar muerto.

¡Esta gente tiene traumas fijo!

Repito respuesta aún a riesgo de sonar cancina (y, además, patologizante): sí… y no. Hay practicantes que son conscientes de que en algún momento de su niñez vivieron situaciones difíciles y es a través de la vivencia de la niñez fingida que consiguen resignificar o darle la vuelta. (Para muestra, un botón: el caso de la chica que revivía su infancia con su pareja actual. )

 Sin embargo, también existen quienes, simplemente, lo ven agradable, incluso excitante y lo hacen. Puesto que, contra lo que aún mucha gente opina por sus prejuicios, tanto un rol Top como un rol bottom pueden ser una vía de liberarse, desestresarse, desconectar.

Y, ¿si creo que me mola, qué coño hago?

Bueno, sí crees que estas relaciones o algunas de estas prácticas (llevar chupete, usar pañales, que te lean cuentos, que te ayuden a prepararte y vestirte como si fueras peque… ¡¡qué sé yo!!) llaman tu atención, como siempre, recomiendo acercamiento con cautela.

En primer lugar, escoge un buen momento para explicar a tu pareja qué deseas y cómo lo deseas; cuanta más tranquilidad y tiempo, más fácil será para todas las partes. En segundo lugar, no escojáis las cuestiones más difíciles y más intensas de entrada, poco a poco, en adelante tendréis todo el tiempo del mundo para seguir explorando. Por último y no menos importante, ¡experimenta, revisa y sigue disfrutando!