De Peculiares

8 de marzo

Foto de Bruna Avellaneda

8 de marzo de 2019

Somos Peculiares
Foto de Bruna Avellaneda

La violencia es el miedo a los ideales del otro, es por ello que os pedimos, por favor, desde @somospeculiares, que no juzguéis a aquellas mujeres que por decisión propia no quieran salir hoy a la calle a gritar, que respetéis a aquellas que no pueden o que luchan en silencio, a aquellas que no tienen voz, a aquellas que deciden manifestarse de maneras diversas y a aquellas que se dejen el pulmón y la garganta esta tarde, porque estamos aquí, en esta lucha, para apoyarnos, no para juzgarnos entre nosotras, recordad que sois hermanas y que aquella mujer que os cruzáis en el metro, la que trabaja junto a vosotras en la oficina, en el trabajo, en tu edificio, aquella que te dio la vida y la que se la dio a ella… todas esas mujeres son y están aquí para recordarnos que no estamos solas. Dedicarles un momento y miradles a los ojos, reconocerlas, observad la fuerza que se esconde detrás de cada una de ellas, y no la juzguéis, amadla tal cuál es, con sus decisiones, sus emociones y sus actos.

También os animamos a que no solo veáis el día de hoy como representativo. Salir en las noticias todas juntas y que se vea nuestro apoyo está bien, pero no solo hay que luchar durante unas horas por aquello que queremos conseguir todos los días. Recordad que la lucha es con nosotras mismas y con las nuevas generaciones. Con nosotras porque a quien debemos superar a diario es a nuestro yo de ayer, ese es el gran reto, y a las nuevas generaciones porque necesitan voces, referentes, en los que apoyarse para impulsar su nuevo yo.

Como dijo Gandhi: Si lo que dices, lo que piensas y lo que haces está en perfecta armonía serás feliz. No amoldéis vuestro discurso al de las demás solo porque a vosotras también se os escuche, sentíos cómodas con lo que decís y con cómo pensáis. El poder no está en equipararnos entre todas, no está en un mundo de maniquíes, el poder esté en la diferencia de pensamiento, en las diferentes voces. Pero que quede claro que para todas las mujeres que forman parte de este equipo tener un día en el que unirnos para gritar o callar juntas, para confirmarnos, valorarnos y mirarnos a los ojos, es precioso y necesario.

Melanie Quintana

 

Estas son algunas de las frases más representativas de las mujeres que forman este equipo. En ellas os daréis cuenta de nuestra preciosa diversidad:

“No vale ser feminista de boca para afuera, si no lo eres de corazón para dentro.” Norma J.Brau

“La igualdad no se defiende solo un día, para muchas personas es una lucha constante y en muchos casos una lucha desigual y desequilibrada. Es necesario apoyarnos entre todas y dejar de lado las diferencias personales que existen dentro del feminismo (al fin y al cabo, tampoco somos una mente colmena, somos personas con diferentes vivencias, opiniones y valores). Pero el 8 de marzo, las pequeñas disputas desaparecen porque todas tenemos un objetivo común más grande y más importante.” Laura Marcilla

“El feminismo no es un logo, ni una consigna. El feminismo está compuesto de ideas que cuestionar, aprender y cultivar. Por un 8 de marzo reivindicativo, crítico, constructivo e inclusivo.” Anabel Mira

“Las morales hacen que se establezcan criterios rígidos sobre qué, cómo, dónde, con quién, cuándo... debemos ser. Los modelos a seguir se convierten en objetivos para el resto de los mortales, hasta tal punto que podemos pasarnos la vida intentando ser alguien que no somos ni nunca seremos. Se esperan comportamientos, actitudes, estéticas, valores, prácticas... muy concretas de las mujeres y los hombres. Las morales matan la diversidad, la dejan sin aliento hasta ahogarla, la silencian, la castigan...” Maitena Usabiaga

“A veces el silencio dice mucho más que las palabras. Se me ha quedado grabado ese momento en el que el año pasado hicimos que el centro de Bilbao se quedara mudo. Como si no tuviera nada que decir. Ese silencio, esa ausencia de palabras, dijo mucho más que todas las que pudiéramos decir. Fue tan significante que espero que todas las que compartimos ese momento lo recuerden como yo.” María Torre

“La única respuesta que de momento encuentro es el “ser referencial”, es decir, yo soy en referencia a lo que los demás son. Convirtiendo nuestra vida en lo que nos pautan que “debe ser” en lugar de en lo que “deseamos que sea”. Detrás de esto suelen decir que se encuentra el miedo al rechazo, la necesidad de pertenencia, la deseabilidad social, la baja autoestima…y una larga lista de productos que puedes comprar en cualquier sociedad. Pero aún así, no logro comprenderlo. Quizá la clave esté en la creencia de sentir que lo que somos, lo somos libremente.” Carolina García

"Nosotrxs lxs sexólogxs, no deberíamos ser ni jueces, ni moralistas, ni deberíamos decirle a la gente lo que es bueno o malo." Isilla LM

“¡El feminismo es cosa de todos y todas! No obstante, el comportamiento de algunas mujeres no ayuda en nada en la lucha por la igualdad, ya que hay muchas que se alinean para criticar a quien ha cogido unos kilos, quien decide renunciar a la depilación o quien, simplemente, no responde a los cánones estándar de belleza... además de tristeza, da una sensación enorme de falta de solidaridad. Flaco favor le estamos haciendo al feminismo si no respetamos que otras mujeres trabajen o dejen de trabajar tras ser madres, que opten por la lactancia materna o no, que salgan, entren y, en general, que vivan la maternidad como quieran o puedan sin temer las etiquetas de 'mala madre'. Porque... ¿cuándo se critica por esto a los hombres?” Iria Ferrari

"Muchas veces cae en el olvido tanto en la enseñanza como en el propio ser el hecho de que el cuerpo es el que da las señales para descifrar lo que gusta, lo que no y los ritmos y necesidades. Se olvida también que esto es algo que no solo se aprende a raíz de tener encuentros eróticos con otras personas." Sara Enjuto

"¿Un ejemplo más de la opresión de la mujer? Sin duda, pero también del miedo. El miedo a no ser decente, a atreverse, a estar sola, a los rumores, al juicio, al embarazo, a las infecciones, a la vergüenza…" Lucía Sumillera

"Las Sexólogas y Sexólogos seguimos trabajando 365 días al año desde las aulas y nuestros despachos haciendo educación para los sexos. Aportando nuestro granito de arena para la buena convivencia y sinergia de los sexos." Xandra Garcia

PD: ¡Gracias a Bruna Avellaneda por cedernos su obra de arte para este artículo!

De Peculiares

¿Es machista un piropo?

¿Es machista un piropo?

24 de febrero de 2019

Isilla LM

Llevamos unos años en los que, sobre todo por las redes sociales, circulan comentarios donde, mayormente mujeres, critican los piropos. Los criminalizan, los tachan de machistas o hacen campañas para prohibirlos.

Se suele hablar que es un tema educacional; no se ha formado a los hombres en el respeto, no han crecido con esa palabra que está tan de moda: empatía. Se dice que son comentarios vulgares, soeces, que no aportan nada, incluso que pueden llegar a ser abusivos, violentos, que cosifican y que se pueden tildar de agresiones sexuales verbales, sobre todo si la frase en cuestión lleva contenido sexual implícito.

Quizá haya que partir por matizar qué es contenido sexual. Pero si lees artículos de esta revista sabrás la línea que llevamos las que por aquí colaboramos, donde siendo todxs seres sexuados y es imposible no serlo, lo que definimos como sexual para lxs sexólogos es un poco más complejo que lo que se suele comentar por los demás espacios de divulgación sexológica.

Sin meterme ahora en ese asunto voy directa al meollo. ¿Es machista un piropo? ¿Es violento? ¿Es una agresión sexual hacia las mujeres? Pues si esperabas un sí, creo que no vas a seguir leyendo con los mismos ojos. Pero tampoco te voy a decir un no. Verás, como todo en la vida, existe una escala de grises, hay matices y peculiaridades, donde no podemos generalizar. Porque cada ser humano es único y se va sexuando a medida que la vida va pasando.

Nosotrxs lxs sexólogxs, no deberíamos ser ni jueces, ni moralistas, ni deberíamos decirle a la gente lo que es bueno o malo. Quizá habrá que ver cada caso particular para definir si una frase gritada por la calle a alguien que pasa y que probablemente no vas a volver a ver, puede ser violento per sé.

Pese a que el blanco y negro es la tendencia general a la hora de hablar sobre muchos temas, (o conmigo o contra mí), a mí me gusta más ver que dependerá todo de la persona, del momento, del lugar, del estado de ánimo, del atractivo del piropeador, de la forma de decirlo, de los gestos y el lenguaje no verbal… en fin, hay tantas variables que me parece curioso como hay gente que se dedica a inculcar que una frase o palabra es agresión.

Probablemente si eres mujer y lees esto, habrá un alto porcentaje de vosotras donde al menos una vez en la vida te hayan echado un piropo. Ahora vamos a hacer un ejercicio práctico. Piensa cómo te sentiste cuando te dijeron eso, (si son muchos intenta acordarte de todas esas veces). Piensa si estabas contenta y escucharlo te sacó una sonrisa; si tenías un día un poco bajonero y te alegró oírlo; si estabas un poco cabreada y eso remató el día cabreándote todavía más; si le contestaste alguna vulgaridad o le respondiste educadamente; si estabas sola; si era de noche o de día; si te sentías guapa; si te lo dicen a diario. Piensa si el que soltó el piropo estaba solo; estaba trabajando y pasabas por ahí; era un tipo atractivo; si era un entorno de ocio como bares; si lo soltó de repente sin conocerte o si ya había conversación previa; si te lo dijo por escrito o en persona…

En definitiva, hay un montón de características donde no se puede unificar tan fácilmente. Que alguien nos diga algo bonito o destacable de nosotras, en general se recibe mejor que si sueltan cualquier cosa un completo desconocido. Pero ahora piensa un segundo: en este ejercicio es probable que hayas reparado en todos esos hombres con los que te has cruzado, y han sido más o menos agradables. Pero si yo hago el mismo ejercicio, no sólo me vienen a la cabeza hombres que sueltan lo primero que se les ocurre; muchas veces los he recibido de mujeres donde me sueltan un Guapa, o Cariño, o Preciosa, sin haberme conocido ni haber hablado anteriormente. Un piropo es un piropo, da igual que te lo diga el vecino, o que te lo diga tu mejor amigx, o tu prima la del pueblo. ¿O acaso, entonces, más que criminalizar o prohibir el piropo, lo que se pretende es etiquetar a (según el criterio de a saber quién), un tipo como machista, diciendo lo mismo que te diría tu amiga Julia?

Entonces, ¿qué es lo que nos remueve o nos disgusta del piropo? ¿Que el tipo que no nos conoce de nada resalte una característica generalmente física de nuestro cuerpo sin que le hayamos dado permiso? ¿Que no lo puede hacer porque eso no está bien ya que ofende y molesta a la persona que lo oye? ¿Quién cataloga de lo que es ofensivo? ¿Quién decide que una frase incluye contenido sexual? ¿Es más sexual decir la palabra coño que la palabra ojazos? ¿Porque es genital? ¿Alguien le ha preguntado a una mujer, que le gusta que la piropeen, cómo se siente?

Yo no vengo a decir a nadie si un hecho hacia otra persona ofende o no, porque dependerá del criterio de cada unx. Ni tampoco a defender o criminalizar al piropeador. Sólo me gusta que se haga el ejercicio de ponernos en el lugar de otras realidades. Pero no sólo la mía, o la que me justifica, o la que da más razones. También la que no opina como yo, la que sus vivencias han sido mayormente positivas, la que ve con buenos ojos ese tipo de comentarios. Seamos capaces de contemplar que no sólo la vida se ve desde mis ojos, sino que hay tantas posibilidades como personas existan.

Y algo importante en lo que ahora no me voy a detener, pero suelto para que haya una reflexión: ¿es más ofensivo si el hombre que nos dice un piropo nos da rechazo, no nos parece atractivo, no es nuestro tipo? ¿Es más ofensivo si dice “Qué ganas de follarte” o si por el contrario dice “Ojalá ser papel para envolver ese regalo”?

De Peculiares

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

22 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Una conocidísima actriz porno a la que no voy a mencionar, porque creo que ya bastante le hemos gastado el nombre estas semanas, compartía hace poco su experiencia de maltrato. El objetivo: visibilizar relaciones de maltrato y tóxicas, los modus operandi de quienes maltratan y sacar a la luz su historia. Ante esto, la gente, que nos gusta poco opinar, nos hemos puesto a cacarear como gallinas, siendo la última en sumarse al carro con su habitual sensacionalismo, cierta muñeca que no ha dudado en emponzoñar una minoría erótica. Ante semejante desfachatez, mi respuesta es clara: NO sin el BDSM.

“In absentia luci, tenebrae vincunt”. Frasaza que aprendí siendo una renacuaja de la vida, incluso antes de comenzar a estudiar latín y que siempre me fascinó: “en ausencia de luz, las tinieblas ganan”. Con todo el horror que me genera reconocerlo, pero, si hay un aspecto de la vida humana en el que esta frase se vuelve una realidad innegable es en la sexualidad, en la erótica.

Además, esto pasa a diestro y siniestro, en el sentido más político de la expresión. Es decir, da igual que te vayas donde los que sueñan con un mundo como ‘El Cuento de la Criada’ o si te arrimas a la compa más feminista de tu panda. La sexualidad, especialmente las minorías eróticas, dan miedito, generan dudas, preguntas y a veces, hasta recelo, cuestionamiento y odio.

Esto es básicamente lo que ha vuelto a conseguir minuto y poco de gloria dado al caso de dos mujeres maltratadas cuyas relaciones estaban ligadas al BDSM: enturbiar la opinión social sobre una minoría erótica.

Por si antes no costase poco reconocerse, aceptarse, explorarse, informarse… llegó el sensacionalismo vacío y mete-miedo a complicarlo todo.

No, no voy a ser una mentirosa. No voy a decir que el BDSM es “fácil, sencillo y para toda la familia”, “coser y cantar” y que “vivimos en armonía”. Quienes practican BDSM lo hacen en un contexto social desigual, entre otras variables por una cosa llamada Patriarcado y eso no facilita las cosas. Los riesgos son múltiples y algunas de sus prácticas se basan en un innegable menoscabo del concepto de salud más amplio. La complejidad es gigantesca desde el minuto 0.

Pero, sinceramente, los armarios no son la manera de prevenir y combatir casos de maltrato. Estigmatizar a todo un colectivo por un tipo de violencia que transciende sociedades y se manifiesta a lo largo y ancho del mundo es, cuanto menos, peligroso. Me atrevería a decir que es malintencionado, incluso.

Lo peor de todo es que quien lo hace, lo realiza desde sus tropocientosmil followers, desde su total comodidad y desconocimiento de la comunidad, de quienes practican BDSM y de a quienes lanza un mensaje claro: “tienes un problema, no eres normal”.

Sinceramente, yo me niego a un feminismo tan vacío de todo; de reflexión, de preguntas, de cuestionamiento y de ir un paso más allá de los discursos hegemónicos. Aún me niego de forma más rotunda si me lo plantean a pagar con un precio tan alto como renunciar a una minoría erótica como cultivable. No, no creo que si matamos al perro se acabe el problema de la rabia. Por eso, sorry not sorry, yo digo que NO sin el BDSM.

De Peculiares

La seducción como arma letal

Seducción como arma

20 de febrero de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

No sé en qué momento nos ha parecido mal usar la seducción como herramienta pero creo que desde aquel momento, nos sigue pareciendo una herramienta despreciable, signo de debilidad de las mujeres, una acción que desprestigia a aquella que la utilice. Es como si las que decidimos usarla no tuviéramos aquellas actitudes más fuertes y nos rebajáramos al emplearla. “Cuidado con las mujeres, utilizan sus cuerpos, su sensualidad para atraparte y luego hacer contigo lo que ellas quieran”. Desconozco el origen exacto del desprestigio de la seducción, pero el otro día viendo un documental sobre el Imperio Romano presencié una reconstrucción donde aparecía Octavio, sucesor de Julio Cesar, hablando en el senado sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra.

Las palabras de aquel hombre, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por y para el poder, refiriéndose a las armas peligrosas de Cleopatra me resonaron. Hablaba de ella como una mujer despiadada que utiliza el cuerpo y sus goces para manipular y atrapar a todo hombre. Qué rastrera, sucia, venenosa... Me pareció como poco, curioso que se hablara ya en esos términos sobre el arte de la seducción y cómo la utilizaban para desprestigiar a mujeres poderosas. Ya que no había muchas pero las que había era porque habían utilizado sus “dotes de mujer”. ¿Os suena?

Creo que podríamos escuchar estas mismas palabras todavía en boca de muchos y muchas para referirse a mujeres poderosas. Y no hablo de un poder sólo institucional digamos, hablo de mujeres empoderadas. Como si la mujer poderosa sólo pudiera serlo por su condición femenina y la utilización de su cuerpo. ¿Y si es así, qué? ¿Cuál es la cualidad legítima para ser poderosa? ¿Tal vez la inteligencia? ¿La fuerza? ¿La simpatía? ¿La sensibilidad?

Parece que nos tenemos que justificar constantemente por qué somos valoradas y por qué estamos donde estamos. Pero si nos dicen que somos licenciadas por haber seducido a un profesor, inmediatamente nos sale la ofensa. “Yo que soy una mujer respetable, inteligente, trabajadora... cómo haría yo algo así, sólo me ven como un objeto sexual”. Tal vez lo que les jode es que una mujer tenga poder, punto. Así de simple. E intentan desprestigiarnos con el tema de la objetualización, como si la seducción sólo fuera follar, como si no entraran muchas más cosas en juego; cualidades, seguridad, virtudes, observación, espera...  y nosotras, les hemos creído.

Les hemos creído porque hoy en día todavía ser puta es lo peor que nos pueden llamar. Porque detrás de todo esto sigue habiendo una condena y desprecio a los placeres, al juego, a los cuerpos, a la erótica... y sobre todo sigue habiendo una clasificación entre las  mujeres, las putas y las esposas.

Las putas como signo de desprecio, mujeres que a lo largo de la historia se han dedicado y se dedican a dar placer. Las putas se encargaban de lo afrodisiaco, a ellas se les otorgaba la función de dar, ofrecer,  placer a los hombres. El resto de las mujeres no debían mostrar signo alguno de este ámbito, sino, se convertían en aquellas mujeres inferiores, sucias. Inferiores en reconocimiento social, pero las mismas que se encargaban de hacer gozar a sus esposos y seguramente, aquellas que también sabían gozar. 

Y luego están las esposas que deben dar estabilidad, honor y procrear para sus esposos. Mujeres que no tienen permitido jugar, por supuesto. Las esposas estaban y algunas están condenadas a renunciar esa búsqueda del placer, de jugar con su ser erótico hasta renunciar a él. Encontrar un buen hombre, dar vida a seres honorables y hacer que todo funcione. Y sacrificar los goces y placeres del cuerpo. Un gran precio.

Sé que esto puede quedar anticuado porque encontramos discursos más diversos pero creo que en el fondo no ha cambiado demasiado. Seguimos escuchando que las mujeres que juegan a seducir, a ligar... siguen siendo unas busconas, putas, calienta pollas o como lo queramos llamar. Como si el simple hecho de jugar no fuera legítimo. Seducir se vuelve legítimo si acaba en amor y si no, es despreciable.

¿Quién ha dicho que la seducción tiene que acabar en amor? ¿Por qué el final del juego seductor tiene que ser acostarse con alguien? Y ¿Por qué consideramos que para alcanzar un objetivo la seducción es más rastrero que por ejemplo, utilizar la violencia? Llamadme loca pero prefiero mil millones de veces más que alguien intente seducirme que a que me den de hostias. Es un juego donde mi participación cuenta y que además me lo puedo pasar teta piruleta. Propongo reconciliarnos con nuestro ser seductor, dejarnos llevar en el placer de jugar sólo por el hecho de jugar, dejar de estar a la defensiva y abrirnos a las posibilidades de encuentro y no reafirmarnos sólo en el desencuentro. Desarrollemos la seducción como legítima arma.

De Peculiares

Frágiles

Frágiles

13 de febrero de 2019

Inma Ruiz de Lezana, Landaize

El asunto de la atención y el cuidado, nos posiciona referencialmente frente a alguien con una necesidad especial. Quizás no está de más comenzar preguntándose porqué tendemos a tomar esa posición de distancia frente a la fragilidad, en vez de incorporarla y reconocerla como propia; cuando la vulnerabilidad es un aspecto inherente a nuestra condición humana, emotiva, sensual, relacional y entrópica. Es más, en el transcurso de la vida esta situación tiende a transformarse para colocarte, antes o después ante la necesidad de recibir cuidados.

Tendemos a ver la fragilidad y vulnerabilidad en el ojo ajeno, antes que reconocernos sometidos a los avatares del tiempo y expuestas a la intensidad y desgaste de las emociones, la enfermedad, el goce, el dolor o la dependencia… Pero en realidad somos vulnerables en esencia, a veces más dependientes que otras; pero en nuestro día a día, las relaciones y encuentros eróticos se sostienen en un sutil sistema de cuidados que nos dispensan y que dispensamos a otras personas.

Para quienes muestran una cojera, una deformidad o sordera, una ceguera o dificultad cognitiva…; esa peculiaridad visible resulta automáticamente definitoria, eclipsando todo el resto de sus capacidades y potencialidades que quedan relegadas a un segundo o tercer plano a la espera de ser descubiertas, y despertando una gama de infinidad de predisposiciones y prejuicios en quienes acompañan o participan y actúan a su alrededor, que van desde el rechazo hasta la sobreprotección. Esa peculiaridad eclipsa incluso la propia condición sexuada, el potencial erótico, hedónico, sensual, relacional.

Pero la verdad es que quienes experimentan algún tipo de limitación realizan aportaciones fundamentales a la dimensión erótica, siempre que se les permita y conceda voz, espacio y reconocimiento para hacerlas. La belleza en cuerpos distintos, de ritmos calmados, de expectativas no tan resolutivas, la creatividad erótica y sensual, de aprendizaje pausado, modelos e identidades de mujeres y hombres diversos, deseos diferentes, recreo en el acercamiento, en el contacto piel a piel, cuerpo en globalidad (piel, sentidos, sensaciones…), eróticas diversas , y un infinito etcétera.

Esta posición que citaba en la relación persona que cuida y persona cuidada, puede resultar en cierta manera inhibidora del deseo erótico, o en ocasiones, incluso al contrario. ¿De qué depende? Quizás tengamos que descubrir su capital erótico.

Cuestionamos la unidireccionalidad del cuidado. El cuidado se da en una relación y se nutre de un feedback que genera un entorno amable, de cuidado. Ello supone el reconocimiento de que somos interdependientes, así como que existe un vínculo que se crea entre quien presta cuidados y quien los recibe

Es necesario abrir un espacio para repensar sobre los límites de lo comúnmente deseable y sobre el reconocimiento de nuestra interdependencia, poniendo en valor la erótica y estética de lo diverso y excluido, y también nuestra naturaleza vulnerable de la que nace la ética del cuidado y el reconocimiento de nuestra interdependencia.

Revisar vías alternativas y creativas para recorrer y sortear las lindes de la estandarización, de la normalidad, de lo deseable. Cada cual somos un centro vital de una red variada de relaciones, en la que a veces se es cuidadora y en otras cuidada; así que la interdependencia significa que dependemos de otras personas para vivir en todos los ámbitos de la existencia, especialmente en el plano erótico.

Con este modelo de inclusión ganamos todos pues se acaban creando lugares amables para vivir y disfrutar, en los que las relaciones son espacios para el crecimiento, también erótico.

La realidad es que vamos a vivir cada vez más tiempo se prolonga nuestra esperanza de vida, pero la cuestión es si se alarga con calidad de vida. Para ello es esencial incorporar el disfrute y una erótica de calidad que seguramente requerirá en determinadas ocasiones de unos cuidados o de acompañamiento.

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El placer de sufrir con pole dance

Pole Dance

8 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Cuando me acerqué a esta disciplina gimnástica, sabía que me costaría horrores, más que nada porque todo deporte requiere de esfuerzo, de sudar la camiseta (literalmente). En lo que no pensé fue en que los horrores serían tan dolorosos… ¡y satisfactorios a la vez! ¿Nunca os ha pasado que os enganchais al dolorcillo de un deporte? Hoy os comparto mi experiencia y os cuento por qué.

“Voy a clases de pole” – “¿De qué?” – “De lo de la barra”… en ese momento sabes que la idea que tiene la gente del pole dance es similar a la que tenías tú (oh, pequeña incauta) antes de asistir a clases. Todos nos hemos educado con imágenes de mujeres hipersexys con curvas de escándalo refregándose como si no hubiera un mañana, pero no.

Pole es mucho más variado, diverso, entretenido… aunque también doloroso. Sí, has leído bien, doloroso.

Mi experiencia comenzó en Poledance Bilbao (¿os tengo que decir en qué ciudad?) con la maravillosa JanLo @janlo_theblackmamba. Mis últimos meses allí fueron un locurote, así que no fue hasta que no llegué a Madrid Pole Dance Studio que no conocí el dolor de primera mano.

En esta escuela, mis torturadoras y torturadores, digo… profesorado, ha sido muy variado. Y, ojo, aunque torturadorxs, ¡maravillosxs todxs!

Seguro que sigue habiendo mucha persona incrédula al otro lado de la pantalla diciendo “no puede ser para tanto”. Ok, hablemos pues de los DOLORES HABITUALES pre, durante y post pole:

- Las rojeces y quemaduras: o como también se les dice por quitar hierro, “los besitos de la barra”. La barra de pole nos quiere mucho, se nos agarra, se nos abraza a la piel desnuda… y eso se nota. Por ejemplo, no hay empeine de pies sin rojez ni cicatriz, ¡un horror para el feet fetish! Muy importante que identifiques cuándo te estás soltando de la barra por dolor y cuándo por resbalar de verdad. Si es por dolor y te añades magnesio… ¡el besito va a ser más gordo!

- Los moratones: algunas figuras y movimientos requieren pellizcos en la piel. Con el tiempo, tu piel se endurecerá y tus músculos se fortalecerán; pero ve avisando a todo el mundo de lo que puede encontrar. Aún recuerdo cuando dije a una compa que los moratones “eran por Pole” y me respondió “¿¡Quién es Paul!?”. Evita malentendidos, informa de que haces este deporte y disfruta de las respuestas estrafalarias.

- Las agujetas: obvio. Como cualquier deporte, pole dance también da agujetas. Lo más gracioso, al menos en mi caso, es que según pasan los días desde la última clase, éstas aparecen por diferentes zonas de mi cuerpo; ¡tortura al completo! Pero, ¿y lo bien que te sientes porque sabes que te estás esforzando?

- Callos y durezas: Siempre lo dice nuestro querido Quique (@eurokique) “quienes llevan mucho tiempo en pole tienen cuerpos divinos y esculturales y las manos de un rudo marinero”. Tus manos irán mejorando su agarre y eso será a base de generar callo y dureza, asume que manitas de princesa, ¡nevermore!

- Si lo tuyo es con coreo, ¡los tacones!: dependiendo de la academia, la modalidad de la clase varía. Si acabas en una clase en la que aprenderás coreografías y te dicen que tienes que llevarte los tacones, ¡prepárate! Le sumamos en sensualidad, pero también en dificultad.

- Lidiar con la frustración: en cierto modo es un dolor psicológico y nada fácil. Mucho menos cuando llegas a una clase que te la sabes y, de repente, ese día, tu cuerpo, los astros, el Kharma, ha decidido que NO. “Esos malditos días” los tiene todo el mundo. Así que, acepta que no va a poder ser pero sigue practicando. Sólo para quienes son constantes y tenaces acaba funcionando.

- No poder ir a más clases: ya sea por pasta (aunque, normalmente, si podemos quitarnos de otros vicios, nos quitamos; todo sea por el pole) o por tiempos, pero siempre encontramos un límite a nuestros deseos de asistir más y más… Y este, queridísimos seres al otro lado de la pantalla, es el mayor de los dolores.

En definitiva, si te has planteado empezar en pole pero tienes dudas, ten claro que duele. Eso es así, sobre todo al principio, todo te duele. Luego, como a los tangas, te vas acostumbrando… ¡hasta te va gustando! Así que, ármate de valor, respira hondo, ¡y a por la barra!

Pero, hablando ahora en serio, ¿son tales los BENEFICIOS reales de estar sudando y generándote rozaduras y rojeces por todo el cuerpo así como moratones? Sí, a continuación te resumo los que para mí han sido más importantes:

- Lecciones sobre tenacidad y constancia: hay semanas que no sabes ni entrar al vestuario y otras en las que lo bordas (casi) todo. Pero el aprendizaje es claro: el éxito rara vez es resultado del azar. Concentrarte en objetivos, analizarlos bien y, cómo no, insistir hasta que salga se convierte en un mantra vital para ti.

- Sexy y poderosa tanto como rosa y sudorosa: realizar un deporte físico de nuestro agrado ayuda a cuidar la figura pero también a aumentar la musculatura frente a la grasa. A sentirnos mejor con nosotras mismas, pero no sólo por el físico, también por el chute de endorfinas. Los nervios, los enfados, la tristeza… todo puede ser bien agotado por una barra de pole.

- Para no escoñarte, también necesitas cerebro: tanto si aún sólo montas figuras como si ya haces coreografías, la memoria cognitiva y corporal de “qué hay que hacer” es imprescindible para un gran dominio de los movimientos sin necesidad de imitar. De ahí que el esfuerzo físico suele ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.

De Peculiares

Algo está cambiando, sí

Sí, algo está cambiando

1 de febrero de 2019

Susana Maroto, Landaize

Vas caminando por una calle muy concurrida de la ciudad a paso ligero. Coincides a la misma altura y al mismo ritmo de paso varios metros con alguien… ¿Qué pasa?

La primera mirada es para sexuarle: ¿es una mujer?, no, es un hombre. Miras su rostro, sacas conclusiones…

Me gusta, no me gusta…

Todo pasa en milésimas de segundo, nuestro cerebro decide: hombre y me desagrada; cultura de la violencia machista.

¡Salgo pitando!

Nuestro cerebro toma decisiones precipitadas, analiza las variables con la información de que dispone. La variable miedo está cada vez más presente en la vida de las mujeres, ¿por qué? ¿qué está pasando?

El miedo nos hace pequeñas, indefensas y aniquila nuestra libertad de hacer una valoración conveniente y ajustada a lo que nos va bien, teniendo y entendiendo por “bien” también, el valor de las apetencias, los deseos e incluso las consecuencias de las decisiones tomadas.

Todo va rápido, sigues caminando mientras vas pensando…

¿Y si aprovechando el tumulto y la velocidad del gentío me posiciono a la altura de un hombre atractivo (apetecible) y circulo junto a él? (Risa interna)

Lo hago, al de unos metros se da cuenta e intercambiamos miradas, enseguida sonrisas y finalmente carcajadas…puede resultar ridícula la acción, pero es una transgresión benévola. Cometida por una mujer hacia un hombre suele ser bien recibida, no al contrario.

Hoy en día ser hombre hetero y poco agraciado es más desgracia que nunca, no sólo a los ojos del deseo sino en la misma cara del miedo.

“El miedo va a cambiar de bando.”

Eslogan desafortunado. ¿Quién desea que le teman?

El miedo es una respuesta de supervivencia ante una situación límite que en ocasiones nos provoca una acción violenta. A veces vemos fantasmas, quitas la sábana y no hay nada que temer; encuentras una situación trivial y dos seres vulnerables a los que el pánico y la creciente normatividad social de lo íntimo les ha llevado a reaccionar como se debe… y de pronto se encuentran rodeados de sirenas de policía, denuncias y juicios a la vista…

Sí, algo está cambiando.

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¿Solo importa el pene?

¿Solo importa el pene?

28 de enero de 2019

Carolina García Cuartero 

En “La dictadura de la normalidad en el orgasmo femenino” abordé cómo las mujeres hemos sido sometidas a una cruel normatividad sobre la tipología de nuestros orgasmos. Retomando el concepto de normatividad, hoy quiero centrarme en el pene, ese órgano de capital importancia para la mayoría de los hombres, que en algunas ocasiones, se convierte en un gran dictador.

Fragmentos sobre mi pene:

Estos fragmentos son tan solo tres ejemplos de los discursos con los que me suelo encontrar en la consulta, la gran mayoría siguen esta línea, girando todos ellos en torno a la supremacía del pene y su profunda vinculación al bienestar emocional.

“Soy eyaculador precoz, eyaculo mucho antes de lo que debería, me da vergüenza que la gente se enteren, así que, cuando alguien me gusta, evito todo tipo de acercamiento…”

“Tengo micropene, es tan pequeño que no puedo penetrar, me cuesta muchísimo relacionarme y me asusta la reacción que puedan tener al verlo, me siento muy mal…”

“Soy impotente, no tengo erecciones, no puedo dar placer a la otra persona y hasta que no solucione esto no quiero mantener relaciones con nadie…”

¿Cómo puede ser que tan sólo una parte de nuestro cuerpo impere así sobre nuestra felicidad generando tanto sufrimiento, aislamiento y sumergiéndonos en una asumida actitud de inferioridad? Algo no estamos haciendo bien, cómo sociedad, como individuos, como partes del todo…y a veces ni siquiera somos conscientes de la sutileza que encierran ciertas actitudes con las que fomentamos ideas falseadas.

Sobre el pene nos han pautado, y digo nos, porque tanto a mujeres como a hombres nos han hecho seguidores de este lema, cuánto debe medir, cuál debe ser su grosor, cuanto se debe tardar en eyacular etc…hay cientos de estudios dedicados al pene desde esta perspectiva. Convirtiendo esta parte del cuerpo en objeto de evaluación bajo unos calibres impuestos que lo único que consiguen es construir una tiranía genital. Sigo sin entender este interés de dirigir el foco de atención exclusivamente a estas variables, que ni son absolutas ni determinantes para el placer.

El pene acaba siendo para muchos hombres el monstruo temido del cuento, receptor de un injusto rechazo y desprecio generado por el dogmatismo social y la vorágine estadística.

El placer no entiende de centímetros ni de minutos, entiende de deseos, de encuentros, de juegos, de sentidos… En definitiva, el placer no entiende de deberes, sino de seres.

De Peculiares

No soy hippie, solo quiero sentir cómo es dejar crecer mi vello

Claudia Kösler Sogoyou

18 de enero de 2019

Claudia Kösler Sogoyou
Fotografía de Mara Haro

Me llamo Claudia Kösler Sogoyou, soy psicosexóloga, terapeuta de parejas y experta en crecimiento personal y erótico. Hace 7 meses, después de rodar un anuncio para Nissan Micra, decidí dejarme crecer el vello de las axilas. ¿Cuál fue mi motivo? Al ver de nuevo una oleada de mujeres queriendo salir del encuadre estético social impuesto por el capitalismo, (ya conocía desde los años universitarios muchas mujeres que no se depilaban), hice una reflexión y quise adentrarme más aún, desde lo más visible. ¡Llevaba desde los 13 años depilándome todo!

Sin ser consciente de este proceso ya el año anterior, en una de las sesiones mensuales de cera con mi esteticien, me asombré del dolor que empecé a notar. Nunca me había dolido en 6 años que llevaba haciéndome la cera en toda la vulva. Y no, no tenía la menstruación ni estaba premenstrual. Después de 3-4 sesiones de dolor, dejé de ir. ‘¿Ahora qué hago con el vello de mi pubis?’ No quería pasarme la cuchilla por los picores como resultado. Mi cuerpo me pedía terminar con la depilación con cera. Entonces le dije a mi pareja: ‘Cari me duele hacerme la cera, voy a dejarme crecer el vello a ver que tal’. Fue todo un experimento ver hasta dónde me crecía el vello y la forma. El pelo no crece por igual en el pubis ni en la ingle. Al menos en mi caso el pelo-vello no crecía mas allá de 1-2 cm de la ingle, siendo este escaso. Mientras que en el resto del pubis tomaba forma de triángulo invertido y cubriendo los labios internos. Se lo mostraba a mi pareja con curiosidad. Ver cómo los vellos crecen por su propio mapa y estrategia.

Actualmente con mi pareja hemos llegado a un acuerdo: me depilo el vello púbico cada x semanas y él deja de depilarse todo el cuerpo. Fuera obsesiones por el NO PELO NI VELLO. Usamos una máquina de rapar que es lo menos agresivo para nuestras pieles. Salimos ganando y somos felices a la hora de disfrutar nuestros cuerpos. No voy a entrar en mas detalles sobre mi vida personal, pero sí decir que para todo se puede dialogar y llegar a acuerdos para estar contenta en tu relación de pareja. Sin presiones, prohibiciones ni obligaciones. Desde el entendimiento y el diálogo.

Para mí se trata de tomar la decisión con la que estar más cómoda. Romper barreras de miedos, prejuicios y vergüenza. ¿Qué comentarios he recibido de mi entorno? Ninguno ofensivo, ni caras de asco. Simplemente risas sanas, preguntas, asombro y no tan asombradxs. Opiniones de todos los colores y respeto entre ellas. Obviamente tener un entorno sano, amistades que respetan tus decisiones, aunque no las compartan, poder argumentar sin ser juzgada, da la posibilidad de tomar decisiones desde otro prisma, desde la calma. Aunque no del todo porque depende de tu propia seguridad el hacer o no hacer, decidir una opción u otra.

Otro de mis motivos por experimentar cada vello de mi cuerpo es no estar en la obsesión y en el gasto-consumo de productos estéticos. ‘Estar perfecta’. Para mi estar perfecta es decidir sobre mí según mis propios criterios. Aconsejo a quién quiera el hecho de sentirse, probarse y verse. Después que decida qué hacer con sus pelos y vellos.

¡Hoy por hoy sé que cuando tengo que hacer un anuncio hay unos requisitos, fuera pelos! Espero que algún día en la publicidad se normalice y naturalice la diversidad de los vellos, sin exigir venir depiladas. Así será más fácil para muchas el tomar esta decisión ya que desgraciadamente, aún las telecomunicaciones producen un gran impacto en la sociedad. Si se visibiliza esta naturalidad muchas dejarán de consumir productos estéticos que se nos han impuesto.  Ya hay anuncios de este estilo, pero aún son escasos. Por no hablar sobre los comentarios obscenos carentes de empatía y respeto por la libre elección de qué hacer con el vello corporal. ¿Sabéis que la moda occidental de no vello comenzó en los años 20? Es decir, HEMOS IDO MAS TIEMPO CON VELLO Y PELOS MÁS QUE SIN ELLOS. El capitalismo necesita de consumo y el vello es un buen objetivo.

Para finalizar, quiero puntualizar el tema de la higiene. Tener buenos hábitos de aseo va con la persona no con sus pelos-vellos.


 


 

De Peculiares

Ladrones de besos

Ladrones de besos

21 de diciembre de 2018

Isilla LM

Vengo observando desde hace un tiempo a los ladrones de besos. Sí, esos que cuando tú estás ahí en tu inopia, tan tranquila, a tu rollo, probablemente bailando o hablando con un chico pensando que sólo está siendo majo contigo, que le has caído bien, que le pareces interesante, que le resultas divertida o que piensas que está hablando contigo porque cree que eres alguien con quién poder hablar de cualquier cosa; y entonces así sin más, precipita su boca con la tuya y casi nunca te advierte.

Pocos son los que te avisan y menos los que te preguntan si te pueden comer la boca, y entonces llega la reacción. Mayoritariamente de sorpresa. Y ¿cómo decir que no a un beso?, que suelen ser agradables, dulces y tiernos. Pues ahí es cuando entra en juego lo que a ti, receptora de aliento, te apetece.

A veces crees que con tu comportamiento has podido confundir al ladrón, haciéndole creer que ser simpática es sinónimo de que chorreas por él. A veces sientes alivio porque en verdad te morías de ganas de que pasara. Otras, es tan inesperado que te planteas mirar a ese ladrón con otros ojos. Y dices: why not?

Sigue siendo complicado discernir en muchas ocasiones quién ha sido el provocador y quién el provocado, ¿no? Cada unx tiene sus técnicas de seducción. Lo jodido es cuando desconoces las propias porque piensas que en verdad no haces nada para que te roben un beso.

Los besos robados a veces conducen a descubrir personas bonitas, seres maravillosos que te hacen el ratito más agradable. Pero un riesgo que corre el ladrón es encontrase un NO. Y llega un momento incómodo para ambos. Si eres sutil a veces no basta e insisten. Porque creen que en realidad te estás haciendo la dura. Y entonces sin ser borde, te posicionas y reiteras que NO.

La infinita mayoría lo deja estar, a veces te preguntan por qué. Pero casi siempre se queda en una anécdota y sigues con la conversación. Pero unos pocos insisten y piensan que en realidad que te besen es lo mejor que te va a pasar esa noche. Y entonces es cuando te tocan los ovarios y ya te sale la vena macarra.

Para que quede claro, ya que hay algunos que no lo entienden, estos son los motivos por los que podemos decir NO a un beso robado:

  • Porque ese ladrón no te gusta tanto como para intercambiar saliva.
  • Porque no es el momento más oportuno ya que en verdad tú lo que quieres es comerle la boca a otro.
  • Porque a veces te pilla tan de sorpresa que la reacción es huir.
  • Porque, aunque tu cara sonríe en realidad te estás muriendo de pena porque quien tú quieres que te bese no sólo no lo hace, sino que además te ignora soberanamente.
  • Porque le huele el aliento.
  • Porque estás de caza y él no estaba en el menú.
  • Porque no tienes cuerpo para dar amor.
  • Porque no le puedes gustar a todo el mundo, no eres una croqueta*.
  • Porque estás de fiesta y no quieres liarte en ese momento.
  • Porque podría ser tu hijo.
  • Porque no te sale del coño.
  • Porque si dices NO e insisten y sigues diciendo NO, empiezas a ser cansino y peligroso.
  • Porque te gustan las ladronas.
  • Porque que seas agradable y sonriente no significa que prestes tus labios a todo quisqui.
  • Porque sabes que después de un beso robado puede que venga algo más íntimo y no te apetece llegar a ese punto.
  • Porque no te has depilado.
  • Porque estás enferma.
  • Porque estás triste.
  • Porque estás piripi.
  • Porque NO, y punto.

También es un error pensar que si ya hubo besos antes cómo no los va a haber siempre. Que te besen un día no significa que siempre quieran. Y cada unx tiene sus pajas mentales en la cabeza como para saber lo que sentimos en cada momento. Así que esto de besar sin pedir permiso es complicado.

Todo depende de la actitud del besado. Si te siguen besando es que vas bien. Si te quitan la cara, te estás precipitado al vacío. Si dudan no saques la artillería hasta que estén seguras de que quieren que las beses.

Es importante también cómo te tomes todo esto. Si es con humor y de forma natural: cero problemas, besar es bien, besar y que te besen es muy bien, que te besen sin esperarlo y que te guste es bien, besar y que quieran seguir intercambiando saliva es fetén.

Y, por cierto, decir NO cuando mueres por un Sí, confunde y te deja con las ganas. Está claro que no hay que hacer un drama por un beso robado, pero hay que tener en cuenta todo lo que ha rodeado ese momento. Y pensar cómo se han relacionado ambas partes para que eso pasara.