De Peculiares

El papel de la escuela en la educación sexual

El papel de la escuela en la educación sexual

19 de agosto de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

Se habla mucho del papel de los padres y de la familia directa en la educación sexual de lxs niñxs y, a su vez, encontramos todavía bastantes familias con un temor infundado respecto a cómo enfocar la educación afectivo-sexual de sus hijas e hijos. Aún existe la creencia generalizada que ocultando información sexual se puede retardar el llamado “instinto sexual”. Pero a la curiosidad de los menores no se le puede poner muros y lo que muchas veces ocurre en estos casos es que lxs hijxs acaben buscando la información por medios pocos fiables. Además, existe la idea generalizada de que la educación sexual es una actividad que se produce de manera consciente y voluntaria, pero lo cierto es que estamos educando en sexualidad en el día a día y la mayor parte de las veces no somos conscientes de ello. Así cuando educadores y padres dicen que no recibieron educación sexual durante su infancia parten de un razonamiento erróneo.

Sabemos que los menores empiezan a ser educados en sexualidad en el momento en que empieza su socialización. Durante los primeros años de vida de niños y niñas es la familia el principal agente de su socialización, una vez que comienza la etapa escolar los centros educativos adquieren un papel importante y complementario a la educación familiar y deberían de incluir en sus curriculums la promoción de la salud en los que se incluiría el fomento de actitudes solidarias, tolerantes, de respeto mutuo y de cuidado responsable en las relaciones interpersonales, todos aspectos imprescindibles para alcanzar una sexualidad sana.

Así la Educación Afectiva Sexual debería de tarea compartida por la escuela y la familia. En el caso del centro educativo  Educación Afectiva sexual explícita y programada. Algo que todavía nos encontramos que es muy escasa y cuando se realiza, tiene en mucha ocasiones efectos parciales en lxs jóvenes ya que las actitudes, valores y normas los suelen aprender por otras vías, como puede ser familia, amistades, redes sociales o medios de comunicación.

¿Porqué es tan importante hacer educación afectivo sexual en las escuelas?

Las familias son muy heterogéneas y muchas de ellas, a menudo, no cuentan con igual condiciones para responder a las dudas y preguntas de niños y jóvenes en cada etapa vital. En este sentido, la función de la escuela como agente educador es de vital importancia. Las instituciones escolares pueden ser espacios de articulación de las instituciones familiares, de las de salud y otras con el fin de llevar a cabo una tarea de educación sexual integral, y, a la vez, ser un espacio para analizar las contradicciones que presenta la cultura para facilitar una mayor coherencia en la transmisión de los conocimientos.

Así, la escuela no ha de ser ajena de su papel para preparar a niñas y niños en su proceso de convertirse en adultos con una visión de la sexualidad positiva y equilibrada. La Educación Afectivo-Sexual debe poner el énfasis en la necesidad de la responsabilidad y la ética social, como medios que contribuyen a evitar riesgos y fomentan relaciones de igualdad entre las personas. Esta tarea debería de comenzar desde las primeras edades e integrarse dentro de la formación general del alumnado de una forma sistemática y continua.

Los niños y niñas necesitan la oportunidad de desarrollar actitudes y valores que les capaciten para hacer elecciones válidas tanto en si vida actual como futura, así la Educación Afectiva Sexual debería de ser más que un conjunto de contenidos informativos, y fomentar el desarrollo de actitudes y habilidades.

Pere Font, sexólogo y director de IESP, incluye una serie de premisas para que la educación sexual en las escuelas sea lo más enriquecedora e integradora posible:

  • Educación de la sexualidad como educación integral del individuo, se educaría desde una perspectiva multidisciplinar integrándola en las diferentes áreas educativas.
  • Educación afectivo-sexual en el marco de la educación para la salud, relacionando el bienestar físico, psicológico y social de los individuos con el objetivo de que adquieran conocimientos, las actitudes y los hábitos básicos para la defensa y la promoción de la salud
  • Educación de la sexualidad como educación de la afectividad, para no convertir la sexualidad en un aspecto de la vida aislado de los demás, comprender las relaciones de afecto entre personas.

Educación afectiva sexual como educación para la igualdad. Solo entendiendo la diferencia podremos aprender a respetar a los demás.

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Crece eróticamente: descubre la importancia de expresar y sentir la sensualidad

Crece eróticamente, descubre la importancia de expresar y sentir la sensualidad

16 de agosto de 2019

Anabel Mira, Sexóloga

Decía la filósofa María Zambrano, que el sentir nos constituye más que ninguna otra de las funciones psíquicas. Razón y sentido no le faltaban a María. La historia de la Filosofía occidental está plagada de disputas y teorías acerca del papel en el conocimiento de la razón y los sentidos, siendo la razón la clara ganadora en estas peleas.

Pero, ¿por qué el cuerpo y sus sentidos han sido tan despreciables, corruptos, nada de fiar, etc.… para los filósofos occidentales? La respuesta a esta pregunta precisa de un artículo largo y denso sobre Filosofía que no corresponde a este espacio. ¿Pero sabéis? Sí que le corresponde a la Filosofía compartir camino con la Sexología, y quizás mucho más de lo que pensamos.

Porque amigxs sí, la Filosofía con sus ideas y cuestiones acerca del cuerpo y los sentidos tiene un papel decisivo en lo que pasa cuando nos pensamos y vivimos sexualmente. ¿Y eso? pues porque precisamente qué pensamos y cómo nos pensamos configura no sólo nuestra manera de experienciar la realidad, sino que también viste a nuestras grandes protagonistas, la realidad de la sexualidad y sus vivencias.

¿Qué pasaría si educas a una persona durante toda su existencia en que todo el conocimiento que proviene del cuerpo y los sentidos no es algo que contenga Verdad?, ¿qué importancia y lugar le dará esa persona a su cuerpo y sus sentidos?

Todos podemos enumerar los 5 sentidos que son los causantes de nuestras experiencias sensoriales, ¿podemos todxs diseccionar el papel que juega cada uno de ellos en nuestra vida erótica?, ¿somos realmente conscientes de cómo podemos potenciar el placer a través de ellos?,  ¿creéis que un uso sentido de los sentidos y con sentido ayudaría a nuestro crecimiento erótico?

A priori todo esto que os planteo puede parecer una obviedad, pero no parece que lo sea tanto en el día a día.  Las rutinas se componen de ejercicios mecánicos en los que se piensa poco y se siente menos. Siempre hay tiempo para Netflix, pero no para follar. Empleamos más tiempo y energía en buscar la próxima serie que se convierta en la morfina semanal, más que en explorar y disfrutar de nuestro cuerpo y/o del de nuestra pareja. Y quizás el capítulo más interesante de nuestras vidas nos lo estamos perdiendo y lo tengamos más cerca de lo que pensamos.

Porque lo que no contiene valor o verdad, no es importante. Y la pregunta entonces es, ¿queremos hacerlo importante? Por eso os invito a ser vuestra propia revolución sensorial, para darle a esta experiencia tan viva que son los sentidos el valor y verdad que tienen.

Degustar y no engullir, encontrarnos sin prisa con ellos, dándoles la dimensión que se merecen. Puede ser en la ducha, mientras el agua tibia cae sobre nuestra piel, con el dulzor y frescor de un trozo de sandía estallando lento en la boca, o en dejarse mecer por el sonido ondulante de las olas del mar, o en perseguir con la nariz a ese desconocido que ha dejado un halo de perfume que nos evoca aquel encuentro que nunca pudimos olvidar. O también, en detenerse en la imagen del bello trabajo de pelar una patata perpetrado por las manos nuestro amante. Suave, lento, sin prisa. Os invito a rebozarse en lo sensual cotidiano para gozar la experiencia sensorial en todo su esplendor.

Hay mucha emoción y tramas increíbles más allá de Netflix 😉

Gracias María Zambrano, siento luego existo.

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¿Tener pareja es un motivo para no ligar?

Monogamia hasta las trancas

25 de julio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Recientemente (para quien no lo supiera) un equipo de Valkirias hemos pululado por el Bilbao BBKLive. Queríamos generar reflexión sobre el ligoteo mediante un juego de pegatinas (sí, primo-hermano del juego del semáforo, sí pero más guay porque es peculiar, obvio). Mucha gente señalaba que “faltaba su opción” porque ninguna pegatina argumentaba que no se quisiese ligar por tener pareja. ¿En serio tener pareja es un motivo para no ligar? Lo primero que denota esa observación es cuán integrada tenemos la vivencia de la erótica en clave de monogamia. 

Ninguna de las personas que hacía la observación decía que faltaba su opción porque tuviesen “pareja monógama”, es decir, que la propia palabra de pareja ya da a entender una exclusividad sexual, erótica, afectiva… que no tiene por qué ser así.

Además, este hilo argumental también da un giro drástico al punto del que partía nuestra dinámica, sustituyendo el diálogo entre deseos por las exigencias y los deberes (cosas que, dicho sea de paso, no ayudan NADA al deseo). En vez de argumentar “porque no me apetece y punto” nos es más común, justificarnos, excusarnos “no puedo porque tengo una obligación a cumplir”. Ello muestra mucho sobre cómo son nuestras interacciones de ligoteo. 

¿Cómo vamos a visibilizar, dialogar y negociar en base a nuestros deseos si ya los meros síes y no es no son entrenados desde ellos? ¿Cómo vamos a cultivar el deseo si parece que éste tiene que desaparecer por obligación moral en algunas tesituras y en otras tiene que brotar porque sí y punto? ¿Cómo vamos a percibir, entender y aceptar la diversidad del deseo si no somos capaces de reconocer la diversidad de formas que tiene? 

Visibilizando pensamientos no-monógamos

Por eso, creo (así, en mi perogrullo mental a posteriori) que de verdad hemos apostado por una visibilización (relativa, claro está) de las no-monogamias porque nos centramos en los deseos y no en los (pseudo)estados civiles como camino para generar encuentros. Creo que hemos resquebrajado una pequeña parte del mapa de la moral sexual actual tal vez incluso de forma inconsciente, pero lo hemos hecho. 

 Cada vez que afirmamos que no queremos ligar porque tenemos pareja:

  • Estigmatizamos las no-monogamias y la poliamoría y reforzamos la idea de que la pareja es sinónimo de exclusividad.
  • Reforzamos el amor romántico y todos los juicios de valor que derivan del mismo y volcamos sobre la gente a la más mínima transgresión del ideal romántico. 
  • Hacemos un enjuiciamiento de quienes disfrutan del tonteo, bailoteo, flirteo sin más allá por incumplir los presupuestos de la monogamia más férrea y rancia. 
  • Revalorizamos una de las ideas más rancias del amor romántico: la verdadera felicidad y saciedad reside en vivir en pareja, de ahí que toda persona soltera (llegando a equiparar soltería con soledad) debe desear salir de su situación y esforzarse por ello. 

Por ello, amiwis de Somos Peculiares, gente que nos habéis aguantado y disfrutado estos días en el BBKLive y personitas que simplemente pasabais por aquí y os habéis parado a leer un rato: ¡¡comencemos a hablar de nuestros deseos e inapetencias a la hora de ligar y dejemos de lado el discurso de los deberes!!

Fdo: una actualmente monógama.

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El 28J NO es el otro orgullo

El 28J NO es el otro orgullo
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28 de junio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Queridas, querides y queridos compas en la lucha por el cultivo, la promoción y la visibilización de la diversidad sexual, creo que va siendo hora de que hablemos con propiedad y sepamos que el 28 de junio es EL ORGULLO. Así, con mayúsculas, y punto.

Quienes me conocéis sabéis que vengo con extra de hate. No sé si me caí en la marmita de bilis y odio de mi pueblo cuando era pequeña o si los gametos de mi fecundación además de potentes genéticamente también lo eran hateticamente, pero es así.

Procuro hacerlo de forma educada y reconducir mi odio para ser constructiva, pero no siempre puedo. Hoy  creo que va a ser uno de esos días que me quedo a medias.

Resulta que me flipa ver como mucha gente, cada día más, incluso siendo profesionales de la sexología, sexbloggers, personas del colectivo LGTBI+… no es ya que no sepan cuando es “El orgullo”, sino que sólo conocen el mercantilizado jolgorio fruto del pinkwashing. Y a mí me llevan los demonios.

Por eso, remember remember the 28th of june, please… aunque no rime. Este año se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall. Os cuento.

New York, 1969, la revolución sexual se nota en el ambiente y hay bares donde personas del colectivo LGTBI pueden expresarse libremente, conocerse, liarse… ¡genial! Sin embargo, el odio hacia este colectivo y la violencia institucional siguen siendo tan comunes como los sándwiches de mantequilla de cacahuete en EEUU, por lo que no es raro que llegue la policía a realizar redadas.

Es más, la revolución sexual sigue haciéndose bastante de tapadillo, dentro de los bares, cuando no, dentro de las casas. Salir a la calle como persona LGTBI y vivirse de forma abierta es im-pen-sa-ble.

Pero, todas las narices tienen su límite de ser tocadas y ese límite llegó el 28 de junio de 1969 cuando la policía realizó otra de sus redadas y el colectivo LGTBI en el barrio reaccionó. Manifestándose, enfrentándose y encarando a la policía. ¿Acaso no era bastante vulneración de sus derechos la situación que además debían permitir esas redadas llenas de violencia directa e indirecta hacia personas del colectivo? Un año después de los disturbios, ciudades como New York y Los Ángeles se sumaban a las conmemoraciones.

El 28 de Junio es un día para recordar la lucha y el trabajo de generaciones anteriores. Un día para conmemorar los pasos que dieron valientes que hacen que hoy hasta el partido más pestuzo no quiera perder su lugar en un sarao que se monta para hacer pasta e ir de progres. Porque no os engañéis, que sin quienes lucharon y se enfrentaron a la violencia estructural de la época, aún seguiríamos sin dar muchos pasos.

Llegamos este año a las bodas de oro de un suceso tan necesario en la historia de occidente como importante y que debemos agradecer en especial a mujeres trans como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, que fueron las pioneras en las revueltas y que serán este año conmemoradas en New York mediante un monumento en su memoria.

Por eso, aunque no os mole parte del tono de la manifestación que os pille más cerca, aunque os venga un poco mal levantaos del sofá, aunque prefiráis estar de birreo; os pido que apoyéis, no también este, sino el ORGULLO.

 

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Convivencia de parejas lésbicas

Convivencia lésbica

19 de junio de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Un caos, así es como muchos se imaginan que es la convivencia entre mujeres. ¿Acaso no habéis oído alguna vez esa frase de? “Estarás contento viviendo con tantas mujeres, te tendrán loco”, sobra aclarar que proviene de un hombre y se dirige a otro. Se me salen los ojos de las órbitas cada vez que escucho esta frase. Y es que, además de los mitos sobre la sexualidad de las mujeres lesbianas, también corren otros de cómo es su convivencia. Pero hoy tengo una nueva misión, enseñar lo maravillosa, y a veces desastrosa, que es la vida en pareja (de lesbianas).

Cuando me he puesto a pensar en las escenas de convivencia de parejas lésbicas no he podido evitar acordarme de Unas lesbianas de cuidado, una obra maestra dibujada por Alison Bechdel. Bechdel es un referente, más allá de su famoso test aplicado al lenguaje audiovisual, sabe sacar lo mejor y lo peor de las situaciones cotidianas siempre con mucho humor. Odio las generalizaciones y los estereotipos, eso de meternos a todas en el mismo saco y crear un prototipo de lesbiana, no me parece correcto ni acertado, porque, aunque a veces la gente se sorprenda cuando digo esto, las lesbianas somos personas, y como cualquier otra persona, cada una de nosotras tenemos una manera de vivir, sentir y expresarnos, así que eso de que para certificar si eres lesbiana o no tienes que cumplir con ciertos parámetros mejor lo vamos olvidando. Sin embargo, a veces nos sorprendemos cuando muchas de esas situaciones estereotipadas empiezan a cumplirse en nuestras vidas diarias. Aquí Bechdel se ríe largo y tendido de estos impuestos y a veces auto-impuestos que sin darnos cuenta, asumimos y representamos en más de una ocasión.

Juntas, revueltas pero no iguales

La convivencia es esa gran palabra que parece no decir mucho pero que re-significa todo. Para algunas un drama para otras un gran paso y es que ¿qué ocurre cuando comenzamos a vivir juntas? Algo tan sencillo como aprender a compartir espacios y sobre todo decisiones. Tenemos claro que aunque la vida en pareja necesita de espacios personales, no podemos evitar que en muchos aspectos de la vida nos acerquemos la una a la otra y empecemos a coincidir demasiado.

La mimetización es irremediable. ¿Cómo? Si eres lesbiana y estás leyendo esto dime por favor que te han dicho eso de “cada vez os parecéis más”. Tras la expresión de ojos en blanco os he de decir que aunque dos mujeres pasen mucho tiempo juntas, aunque tengan tantos encuentros eróticos que a veces se crean una, no, no van a hacerse gemelas. Estoy pensando en muchas parejas heterosexuales que acaban pareciendo uno el clon de la otra y no se nos ocurre decirles que parecen gemelos, y todo porque presuponemos que tienen genitales diferentes. Vivir juntas, compartir espacios, tomar decisiones de vida en conjunto e incluso apoyarnos en cambios de estilos, no significa que vayamos a pasar a ser una sola.

Lesbianismo, veganismo y todos los ismos

Eres lesbiana y eres vegana o vegetariana, es una de las imágenes más estereotipadas sobre las figuras lésbicas. No me preguntéis el por qué pero parece que por tener una orientación sexual eso implica que tu estilo de vida cambia. Bechdel presenta frecuentemente a sus personajes en la Coop. un supermercado cooperativo donde se impulsa el consumo sostenible y responsable. Además, las protagonistas de sus cómics promueven este estilo de vida veggiefriendly. Cuando te haces vegetariana o vegana, te das cuenta de que no has pisado un supermercado tradicional en meses, tu historial del ordenador está repleto de las visitas a webs sobre nutrición ecológica, vegetariana y el impacto medioambiental, te das cuenta de que ya no eres tú, eres uno de sus personajes. Acabas de sumar un número al estereotipo, pero con orgullo y mucho humor.

Pero esto no es un imperativo, ¿acaso no hay lesbianas carnívoras y que no tienen interés por estos temas? Es lo que tiene ser personas, que somos tan diversas como las demás.

Pero no solo son ismos en estilos de vida y alimentación, sino también políticamente. Aunque qué queréis que os diga, con los tiempos que corren no muy a favor de la igualdad y los derechos de las mujeres no estamos como para dejar el ismo a un lado.

Sexo, bragas y confusiones

 Ya sabemos que la convivencia requiere organización y reparto de tareas y que con el ritmo de vida que llevamos no siempre nos da tiempo a tener todo en su sitio y qué pasa entonces... que llega uno de los momentos más divertidos que va encabezado por un: ¿son tuyas o mías éstas bragas?. Esto sí que es una decisión seria, atribuirle un cuerpo a esas bragas que las pobres han quedado olvidadas en el cesto de la colada y que tras noches y mañanas de pasión ya no saben de dónde vienen. Si las tallas o los gustos son muy diferentes, os perderéis esta escena lésbica que suele ocurrir al menos una vez por semana. Pero si tenéis una talla similar, compartís calcetines o alguna otra prenda de uso rutinario sin pertenencia clara, será una constante en vuestras vidas.

“Este era tuyo y este mío, ¿y ahora?”. ¿Sabéis a qué me refiero? Sí a ese juguete sexual que te gustaba tanto cuando no vivíais juntas. Ha llegado un punto en el que el cajón de los artículos eróticos se ha mezclado tanto que hay que etiquetarlos para saber su procedencia. Vida nueva juguetes nuevos, pero te da pena deshacerte de ese que tanto placer te dio en tu vida de soltera, así que lo unes al nuevo armamento del placer y el batiburrillo sexual que ahí se crea ya no tiene solución. Mirándolo por el lado bueno, por fin tienes en tus manos eso que ella usaba cuando la visitabas y que tanto te gustaba. Ahora tienes la oportunidad de mezclarlo como quien no quiere la cosa.

Que la menstruación de dos mujeres que viven juntas se sincroniza no está probado científicamente, tras esto hay muchas creencias y teorías, pero lo que aquí nos importa es la realidad. Y la realidad es que el día que coincide es una fiesta de copas menstruales. Una de las imágenes que últimamente hemos visto en las redes sociales y que me ha encantado es la de dos copas menstruales hirviendo a la vez en un cazo. Eso es amor puro. Esto todavía no lo he visto en los trabajos de Bechdel, pero que se ponga las pilas, porque es una escena lésbica digna de retratar.

Escenas de parejas lésbicas hay muchas, puedes o no entrar dentro del estereotipo, pero lo que sí debes hacer es reírte, reírte mucho. Sobre todo, cuando te paras, miras a tu alrededor y te das cuenta de cuánto hay en ti de estas imágenes o en otras que no han cabido aquí.

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No a la victimización, Sí al reconocimiento

No a la victimización, sí al reconocimiento

31 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Escribí hace tiempo un artículo que hablaba sobre la victimización. En él reflexionaba acerca de si la victimización era la mejor herramienta para el reconocimiento de nuestro dolor. Contestaba que no y he estado dándole muchas vueltas a esta cuestión. Decía que el empoderamiento es la herramienta más constructiva si queremos dar poder (adjetivo) a todas aquellas que se van a encontrar con las dificultades que este sistema pone en marcha para mantenernos a ralla. No contenta con mis reflexiones, he decido dedicarle otro espacio a esto que me importa.

Los daños causados por las innumerables represiones deben ser curados si queremos cambiar nuestro presente y mirar hacia delante. Curar a través del reconocimiento colectivo, no desde la profesionalidad médica, no estamos enfermas, estamos dolidas. El reconocimiento de que efectivamente no todas vivimos con las mismas facilidades, que algunas viven una realidad mucho más difícil de llevar dignamente, que no todos los deseos han sido aceptados, ni todos los cuerpos, ni todas las identidades, ni todas las prácticas... y podría seguir. Admitir este punto aliviaría muchos dolores y permitiría construir las bases de otro panorama donde el objetivo principal sea la felicidad y no la productividad.

Algunos colectivos ya se habían dado cuenta de esto hace mucho y no se han cansado de decírnoslo. Al parecer, las responsables de llevar este mensaje somos aquellas que nos hemos sentido fuera de la norma y por tanto las que nos hemos sentido víctimas de este sistema. Es lógico que sea así, al fin y acabo las que se quejan son aquellas que lo padecen. Pero también sabemos ir más allá y a través de lo que llamamos empatía (valor en peligro de extinción) y otras por simpatía (la mayoría)  sumarnos a otras luchas. Este punto resulta interesante ya que el mensaje se difunde y las realidades se hacen visibles. Creo que es necesario para cualquier lucha sumar empatizantes y simpatizantes.

En esto de buscar aliadas de esta lucha que busca romper esta normalidad que nos ahoga nos estamos encontrando con dificultades. Algunos no se suman porque se sienten amenazados, otros porque no les dejamos entrar, otras porque están en una zona de confort... Inquietada por este tema estuve hablando con unos amigos míos que se reconocen como hombres. Me decían que para ellos era muy complicado acompañarnos en este proceso de lucha, porque ellos quieren pero no tienen ni idea de cómo acompañarnos. Les contesté que hasta ahora nadie los había señalado ni cuestionado, todo lo que hacían era legítimo por el hecho de ser hombres blancos pero que ahora esto estaba cambiando. Ahora de repente se sienten cómplices e incluso culpables del heteropatriarcado. Otros ni siquiera se lo plantean. Y claro... ¿y ahora? ¿qué haces cuando no quieres ser parte de este circo pero irremediablemente eres protagonista?

Se trata como si de repente para algunas personas alguien les hubiera puesto un espejo delante y ahora han visto el reflejo de aquello que hasta ahora estaba oculto. Esta sensación puede ser muy fuerte, los espejos que nos ofrecen las demás puede causar efectos devastadores. Ante este suceso que hoy día está ocurriendo, cada vez hay más espejos, las reacciones de los que se ven en ellos puede ser muy variada. Como les pasa a mis amigos puedes no saber reaccionar, puedes enfadarte, rechazar lo que ves, negarlo, combatirlo... Muchas reacciones que a su vez tienen influencia en las portadoras de espejos, aquellas que dan el síntoma y dicen hasta aquí hemos llegado. Creo que la reacción que más puede aliviar el dolor y promover la colaboración es el del reconocimiento. Reconocer que aquello que ves es real, que el sufrimiento es real y que todas tenemos algo que ver en esto, que no es cosa de cuatro locas que salen con pelos en el sobaco a gritar. Porque somos seres interdependientes aunque nos joda.

Reconocernos y vernos es necesario si queremos pasar del enfado y comenzar a construir. El enfado es necesario porque nos moviliza y nos da energía y porque motivos no nos faltan. Pero si queremos vivir donde cada personas tenga un sitio para ser, necesitamos pasar de capítulo y comenzar a construir. Para ello, el reconocimiento colectivo es imprescindible.

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Las primeras caricias de amor propio de un grupo de sexólogas

Las primeras caricias de amor propio de un grupo de sexólogas

19 de mayo de 2019

Laura Marcilla

Es posible que ya hayáis leído en redes sociales u otros medios que en mayo se celebra el mes de la masturbación. Es una práctica sana, común y muy positiva, que sin embargo ha estado (y a menudo sigue estando) bastante estigmatizada. Hay quien, aún a día de hoy, tiende a pensar que es una práctica solo para personas solteras o un sustituto del ‘sexo de verdad’. Nada más lejos de la realidad.

Sin embargo, pese a los muchos beneficios que presenta el juego erótico con uno mismo, nos hemos preguntado… ¿Cómo han vivido estos primeros acercamientos las mujeres que ahora se dedican a la sexología? Cuando estas personas aún no sabían que iban a acabas haciendo del sexo su profesión, ¿qué tal fueron sus primeras experiencias sexuales en solitario?

Y para ello os traemos unas pinceladas de lo que ellas mismas nos han contado al respecto.

 

Norma J. Brau

Mi historia con la masturbación ha sido la de un acercamiento poco a poco. Recuerdo que empecé joven, muy joven. Seguramente "alarmantemente" joven si algún adulto lo hubiese sabido; ya que aún estaba en primaria.

Supongo que lo descubrí de la forma más ingenua y me dedicaba a ese rocecito que tanto me gustaba cada vez que podía. Con los años, mi técnica, mi acercamiento al propio cuerpo (que, al principio, ni me tocaba directamente y luego ya atreverme a masturbarme por encima de las bragas fue todo un paso), el descubrimiento de cómo poder tener más orgasmos... ha sido todo un viaje. Creo que a día de hoy podría decir que me conozco bastante, pero aún sigo explorando con nuevas formas de estimulación, nuevos juguetes... ¡no es nada aburrido quedarse sola y sin tener qué hacer!

 

Yaiza Morales

A los ocho años, recuerdo una noche que volvíamos en coche para casa, el coche era uno de esos viejos que traquetean mucho, la vibración que aquello me producía me dio mucho gusto y allí que me quedé rozándome.

Creo que ese fue el primer recuerdo consciente que tengo relacionado con la masturbación. A partir de ahí, me exploraba, jugaba conmigo, me toqueteaba por todos lados muy curiosa, como quien ha descubierto un juguete nuevo y quiere averiguar cómo funciona. Cuando estaba en el sofá de casa viendo una peli y, de repente, aparecía una escena subida de tono me encendía muy fácilmente y gozaba del calorcito que me daba en la entrepierna pero a la vez me sentía culpable sin saber muy bien porqué.

Nadie me había explicado qué era aquello ni por qué pasaba. Recuerdo que me ponía un cojín encima y lo apretaba fuerte con las manos contra mí, pero eso no hacía que la sensación desapareciera. Miraba a mis padres o a quien hubiera presente buscando indicios de que se hubieran dado cuenta de lo que le estaba pasando pero no parecía advertir nada y eso me tranquilizaba y me inquietaba a partes iguales.

Disfrutaba de aquellos momentos y los ansiaba sin saber cuándo iba a llegar el siguiente. A partir de ahí, no tuve muchos momentos de intimidad para seguir la exploración, pues compartía habitación con mi hermana pequeña y tenía que ideármelas para poder disfrutar de un rato completamente a solas. En el baño o durante la ducha solía ser el momento.

Pese a considerarme una persona ya bastante activa sexualmente, masturbarme a menudo y disfrutar de ello, sentía que había algo malo en mí y que no podía decirle aquello a nadie porque iban a pensar que era de guarra para arriba y me daba pavor la idea. Con los años, y viendo lo que me aportaba, lo fui normalizando y cada vez me daba más igual lo que la gente pudiera pensar al respecto. De hecho, es una cosa que la gente que me conoce sabe bien que hablo muy naturalmente e incluso me gustaba provocar sacando el tema.

 

Maitena Usabiaga

Me acuerdo de cuando tenía 12-13 años comentábamos en nuestro grupo de amigas que notábamos un “kili kili” en el coño, lo llamábamos así. Notábamos ese cosquilleo andando en bici, con el chorro de la ducha, viendo una peli donde aparecían escenas eróticas... En ese momento no apreciaba la riqueza de aquellas conversaciones y con los años me he dado cuenta que desgraciadamente no han sido muy comunes en grupos de mujeres. Y yo sí las he tenido, menos mal.

El roce y los ojos fueron mis primeras herramientas para acercarme al gran desconocido clítoris. Pero ponerme a tocarme el clítoris con total empeño vino mucho más tarde. Mis primeras experiencias eróticas con mi genital han sido acompañadas, creo haber experimentado otras prácticas mucho antes que mi primer orgasmo masturbándome sola.

Había una parte del protocolo que decía que lo más importante era realizar el coito para perder la ‘virginidad’ y ya ‘liberarme de esa carga’. Así fue, coité y después de aquello comencé a explorar más mi cuerpo, pero tampoco os creáis que fue un cambio inmediato. Me acuerdo que tenía una colega que me decía que cuando se masturbaba tenía 10 orgasmos. Yo flipaba en colores y pensaba que yo quería saber lo que era tener tantos, incluso me atrevo a decir que no sé si tuve algún orgasmo hasta entonces, y ya llevaba años teniendo mis aventuras... Muy triste.

Así que viendo que mis compis que me tocaban no me facilitaban orgasmar, me empeñé en dedicarle tiempo y profundicé en la técnica. Al final sí, orgasmé solita y después me compré un juguete al que me aficioné tremendamente. Tenía orgasmos mucho mejores que muchas de las prácticas que compartía, así que a tope.

 

Iria Ferrari

En mi caso, me descubrí el clítoris con apenas 12 años y, al principio, como no tenía a quién preguntar, ya que mi madre es muy ‘antigua’ para eso, pues me restregaba cojines o peluches a escondidas, hasta que mi madre me pilló, y me echó tal bronca que me sentí súper sucia y mala hija.

Pero seguía con la inquietud de saber qué era aquello y por qué me provocaba placer... Y de ahí pasaron los años, y me masturbaba con la ducha como si el agua fuera a borrar la culpabilidad. Mi primer juguete fue con 21 años, aunque disfrutar realmente de ellos ha sido algo más reciente, hace escasos diez años, después de mi divorcio.

 

Isilla LM

No tengo recuerdo de cuándo empecé a masturbarme. Era lo bastante pequeña como para no saber que eso que hacía tenía un nombre. Cuando creces, entiendes que en verdad todo eso de tocarte el clítoris, es un acto que da placer, da "gustito", y por eso te tocas, no por ser plenamente consciente de hacerlo. En casa nunca han sido represores de la sexualidad, se hablaba abiertamente aunque fuese en tono de humor, que es como mejor se tratan los asuntos.

Recuerdo una anécdota: a veces mis hermanos grababan pelis porno en VHS, y mi padre en una comida simplemente dijo que se pusiera el título o un aviso en la carátula, ya que había gente más joven que podía confundirse. Lo dijo guiñando un ojo y mirándome de soslayo.

Nunca he concebido la masturbación como algo nocivo, ni me ha creado sentimiento de culpa. No es algo que haya descartado por tener pareja. Sí es curioso cómo, según el momento de vida en el que te encuentres, te apetece más o menos, te apetece de una forma u otra. Pero es una práctica más de mi erótica.

Siempre me pareció curioso el tabú que había entorno a este tema si eras chica. Pero por suerte, nunca tuve ni yo ni mis amigas, dificultades de hablar sobre onanismo con los amigos. Es más, a veces éramos nosotras más ‘brutas’ que ellos. Siempre digo que el orgasmo empieza por el cerebro, ya no sólo por las sustancias y hormonas que segregamos, sino porque cuanto más equilibrio tengo en mi vida, más me apetece jugar conmigo misma.

 

Melanie Quintana

Tengo recuerdo de haber empezado a masturbarme a los 9 o 10 años. Fue con una amiga, una almohada y con el roce de la misma. Ahora me parecen curiosas las tres cosas por separado y en conjunto, pero por aquel entonces fue de lo más natural. De hecho, tales fueron las sensaciones que empecé a rozarme yo sola en la intimidad. La almohada se me quedaba corta y busqué algo parecido a lo que había visto en alguna revista: un objeto que vibrara (ni siquiera sabía que se llamaba vibrador).

La primera vez que disfruté con la estimulación piel con piel de mi clítoris no fue con mi mano, sino con la de un chico con el que por aquel entonces ‘salía’. Nunca nadie me explicó qué era, ni cómo hacerlo, ni siquiera se hablaba del tema, al menos no como ahora, de lo único que me arrepiento es de no haber tenido más información al alcance de mi mano, y nunca mejor dicho…

 

María Mas Vidal

En mi 18 cumpleaños recibí un regalo muy especial: mi primer vibrador. En aquel entonces yo todavía lo llamaba CONSOLADOR. Imagina el poco conocimiento que tenía de juguetería erótica. Todavía me fustigo a mí misma, el cambio de lenguaje ha sido muy reciente.

Yo ya me masturbaba, pero era algo extremadamente secreto. Me sentía sucia por hacerlo. En aquel momento, comprendí que para mis amigos era natural que yo me tocara (si no, ¿para qué me regalaban un vibrador?). Y además, comprendí que la ‘energía’ sexual que yo sentía en mí misma, los demás también la veían.

Aun así, tardé dos años en atreverme a tener un encuentro con mi vibrador maravilloso. No era capaz, tenía tantos prejuicios que no sabía cómo gestionarlos. La primera vez lo limpié, le puse las pilas, y empecé a experimentar las diferentes formas de vibración. Fue muy divertido, aunque mis dedos conocían mucho mejor mi anatomía y siempre terminaba acariciándome yo.

Al final, cuando me fui de erasmus, mi gusanito (así le llamo aún) se vino conmigo y comenzamos a tener una relación maravillosa que todavía no ha acabado del todo. Ahí está, en el cajón, celoso de mis otros juguetes. Pero siempre será el primero, el que tiene una cara sonriente que no terminaba de excitarme, pero aun así, me dio muchísimo placer.

 

Laura Marcilla

No sabría decir una edad exacta a la que empecé a masturbarme, quizá sobre los 10 u 11 años. Tengo recuerdos borrosos de estar jugando con una amiga a las ‘Barbies’, y ponerlas debajo de una manta desnudas junto con un muñeco ‘Ken’. De alguna manera, ese juego acabó derivando en mirarnos bajo la ropa interior nosotras mismas a ver “qué teníamos ahí”. No fue algo erótico, a pesar del componente sexual. Fue una forma de explorar, de conocer una parte de nuestro cuerpo que nos daba curiosidad. Creo que después de eso, ambas nos sentimos incómodas, porque nunca más volvimos a hablar del tema.

Pero más o menos por esa época empecé yo también a rozarme por mi cuenta, para obtener placer. Me sentía mal al hacerlo, así que me tocaba por encima de la ropa interior, porque la idea de estar en contacto directo con mi vulva me parecía algo ‘sucio’. Tardé muchos años en explorar mi cuerpo de una manera más directa, y mucho más tiempo aún en hablar de ello abiertamente.

En el instituto, todos los chicos hablaban de la masturbación como algo natural, pero todas las chicas negaban hacerlo, y yo no me atrevía a ser la única que nadara contracorriente.

Una vez le confesé un amigo íntimo que lo hacía, y me empezó a agobiar con preguntas al respecto. Una de esas preguntas fue que “cuántos dedos me metía”. Todos parecían asumir que la masturbación implicaba “meterse los dedos”, porque es lo que todos veíamos en el porno. Y yo, que me quedaba siempre en el clítoris por aquella época, pensé que se iba a reír de mí si le decía la verdad, como si mi forma de masturbarme fuera menos válida. Así que le mentí, y le dije que usaba dos dedos. Ahora, se me hace triste pensar la de mentiras que tuve que decir a lo largo de mi adolescencia y mi juventud para no ser juzgada por algo tan bonito y tan positivo como es disfrutar de mi sexualidad.

 

Como veis, la sexualidad es tan diversa, que incluso mujeres de una edad parecida y que se dedican a la misma profesión, han tenido inicios y experiencias muy variados. No son pocas las que refieren sentimientos como culpabilidad o malestar debido a algo tan natural como la masturbación.

Ellas son solo una muestra de las muchísimas personas que han tenido que trabajar conscientemente para superar estas barreras que nos impone la sociedad y poder disfrutar plenamente de su sexualidad. Por eso es importante escribir y hablar sobre la masturbación. Sacarla de la mesita de noche, de debajo de las sábanas, de la ducha, y hacer de ella un tema de conversación más, sin vergüenza ni miedo, para que ninguna otra niña tenga que sentir que tocar su propio cuerpo es algo reprobable.

De Peculiares

¡Orgías lujuriosas entre los Feminismos y la Sexología ya!

Orgías lujuriosas entre Feminismos y Sexología

8 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Todavía siento la resaca del 8 de marzo. Tengo las emociones dentro de mi cuerpo. Emociones de todo tipo y mil colores. Por un lado, comparto la alegría de compartir con mis compañeras un día tan importante, excitación por la cantidad de cuerpos que me encontré en la plaza, ilusión por creer que todo puede ser diferente, enfado por seguir escuchando relatos muy duros por parte de muchas de las asistentes.

Enfado también porque amanecimos con nuestro Gaztetxe bloqueado, las tres puertas estaban cerradas por clavos soldados. Nos boicoteaban, boicotearon un espacio que ese día estaba destinado a ser un lugar de cuidado. Cuidado por parte de los que se reconocen como hombres hacia sus criaturas o las criaturas de otros y, sobre todo, de otras.

Enfado porque al día siguiente nos encontramos que nuestra pancarta que decía “Kapitalismoari planto” había aparecido con otro mensaje bien distinto “Feminazacismo, España no es un zoo”. ¿No estaré dando demasiado protagonismo al enfado? Mira que pasaron cosas aquel día, pero lo que me sigue moviendo es el enfado. Y me voy a permitir escribir estas líneas con mi enfado y desde el enfado.

Quiero ser honesta y decir que las palabras escritas por Somos Peculiares respecto al día 8 de marzo no me representan del todo, ni me he sentido muy cómoda con el discurso. Me suele pasar esto cuando siento que la Sexología se desvía de la lucha feminista y es como si dos partes fundamentales de mi identidad no se encontraran.

Sigo pensando que hoy por hoy tenemos que apoyar a los movimientos que pretenden cuestionar, cambiar, erradicar el sistema que hoy día nos oprime. Está bien nombrar las diferencias, promover el entendimiento, apostar por el cultivo de las ideas, ser constructivas... pero creo que es un error olvidarse del lado reivindicativo. Sé que hay muchas maneras de ser reivindicativa y que cada una lo hace a su manera, como puede y le dejan, pero está claro que al menos yo no me siento del todo cómoda con alguna de ellas.

Me parece curioso y preocupante que la Sexología no se posicione o, mejor dicho, sí se posicione, desde donde lo hace: La no posición no existe. En mi opinión lo hace desde una actitud egocéntrica y soberbia, criticando a movimientos sociales y disciplinas que al menos cuestionan la hegemonía del patriarcado y el capitalismo. Me rechina que dediquemos tanto tiempo en criticar a los feminismos y no porque no sean criticables, que lo son, pero ¿tanto tiempo y esfuerzo? Y por otro lado poco hablamos de aquellas fuerzas que nunca desaparecieron pero que hoy día están volviendo a tener mucha voz y se atreven a dar la cara.

A veces creen que todo lo que tiene que ver con lo íntimo, la pareja, la erótica, las identidades, los deseos... pertenece exclusivamente al campo de la Sexología. Está claro que el estudio de los sexos como disciplina lo abarca la Sexología, pero está claro también que todas vivimos estas cuestiones en nuestras pieles y con las demás. He oído comentarios de algunas de nosotras desprestigiando opiniones de personas no “expertas” en el tema, pretendiendo que las únicas legitimas para hablar de ello somos las sexólogas y los sexólogos. Lo siento, pero no comparto la monopolización de las ideas ni la mercantilización de las mismas. Aunque nos joda, tenemos que escuchar lo que se dice del tema e intentar aportar en vez de juzgar y despreciar.

Lo obvio es que hay un malestar bastante general de todas aquellas que se sienten excluidas del marco normativo, que muchas han salido a las calles y gritan que ya no les sirve lo que tienen. Están surgiendo nuevas redes, nuevas identidades, colectivos que funcionan, espacios alternativos... Y al mismo tiempo existen otros que quieren erradicar toda diferencia, que buscan la homogeneización a través de la represión más rancia, que no creen en la educación ni quieren personas pensantes, que les molesta enormemente que la gente piense y decida. Aquellos que han matado a muchas, demasiadas, y estarían encantados de volver a hacerlo, aquellos que quieren meter el rosario en nuestros ovarios.

La cuestión es: ¿Qué hacemos con lo que sí pasa? ¿Qué podemos aportar nosotras desde donde estamos? ¿Dónde queremos estar? ¿Queremos estar?  Y si queremos, ¿Cómo queremos?

Para mí es tan evidente que la mirada tiene que dirigirse a estas fuerzas fascistas que se me hace muy difícil entender no hacerlo. Sé que para algunos la Sexología no tiene que ser combativa, que tiene que cultivar y promover y no tanto condenar y reivindicar. Creo que no son incompatibles y también creo que tenemos que aportar a la polis nuestro estudio de los sexos. Salir de los despachos, salir de nuestra zona de confort y estar en las calles, donde lo real es palpable y visible. Las ideas son una herramienta muy potente, nuestra base para luego hacer, pero si nos quedamos sólo en el mundo de las ideas, nos perdemos el aquí y ahora. Y esto es lo único que tenemos.

De Peculiares

Mi profesión no te da permiso

Mi profesión no te da permiso

17 de abril de 2019

María Mas Vidal, María Mas Sexología

Quiero alzar la voz contra un tema que nos afecta a muchas compañeras de profesión. Y desgraciadamente, en este caso, tengo que generalizar en femenino.

La Sexología es una profesión bastante feminizada. Los porcentajes exactos no se conocen, pero yo diría que de cada 10 sexólogos, al menos 8 son mujeres. Así que este puede ser el primer motivo por el que tengo que generalizar en femenino.

El segundo motivo es que, tras un sondeo realizado, y preguntando a compañeros sexólogos he visto que la realidad que os vengo a contar no les afecta en la misma medida que a nosotras. Desde la Sexología se hace terapia sexual, terapia de pareja, educación afectivo-sexual, divulgación científica, investigación, asesoramiento sexológico, etc.

Este trabajo, en primer lugar, tiene una remuneración. No es gratuito. Si me escribes porque tienes una duda, tal vez te la resuelva. Pero si me expones tu caso por redes sociales, y no atiendo tu consulta, no te enfades. Mi formación, mi experiencia y mi tiempo tienen un precio. Te enviaré mis tarifas y me encantará ayudarte, pero no te ofendas si así te lo transmito. Tengo que poner en valor mi profesión.

Lo segundo, es que mi profesión no te da permiso. No, no te lo da. Que yo sea sexóloga no te habilita para escribirme, piropearme, exigirme y ACOSARME. La Real Academia de la Lengua Española define acosar como “hostigar, acorralar, intimidar, agobiar o importunar”.

Puede parecer exagerado, pero que me escribas hablándome del tamaño de tu pene es acoso. Que me hostigues, que me escribas, que intentes contactar conmigo en contra de mi voluntad, es acoso. Que desde un perfil falso me piropees e insistas en que te responda, es acoso. Que me mandes una foto de tu pene con el pretexto de “dime si estoy preparado para el sexo”, eso no es solo acoso, es acoso sexual. Que me mandes un vídeo masturbándote, o me digas que con mi foto o vídeo has tenido una erección también lo es.

Las mujeres que nos dedicamos a la Sexología recibimos habitualmente este tipo de trato. No son casos aislados y lo recibimos semanalmente, o incluso a diario. No se trata de un sujeto, o dos, es reiterado y suelen ser reincidentes. Y estoy cansada.

Estoy cansada de que nos llamen exageradas, harta de que por el simple hecho de ser mujeres recibamos estas atenciones por redes sociales que no son de nuestro agrado. Sí, sé que estoy expuesta en redes sociales, pero eso sigue sin darte permiso.

Tenemos un gran trabajo que hacer, y tanto yo como otras compañeras de profesión vamos a seguir alzando la voz cada vez que alguien quiera traspasar la línea que separa una consulta del acoso. Porque es injusto, porque es inadmisible, porque es asqueroso y, sobretodo, porque es machista.

Sí, es machista. Mis compañeros sexólogos me han confesado no haber recibido fotos o mensajes de este tipo. Tan solo uno, y en una única ocasión. ¿Por qué? Porque hace falta muchísima educación afectivo-sexual.

¿Me ayudáis a cambiarlo?

De Peculiares

¿Debería haber un manual del “buen ligoteo”?

¿Hace falta un manual del buen ligoteo?

12 de abril de 2019

Isilla LM

Estás en un bar. Se acerca una persona que te llama la atención. Te dice algo del tipo: “Guapx, ¿qué haces por aquí?” ¿Qué sientes? ¿Te tomas a malas cualquier persona que venga a ligar? ¿Te sientes acosadx cuando alguien que no te mola intenta ligar contigo? ¿Qué formas de ligar son a tu juicio “sanas” o las “correctas”?

Muchas veces leemos o escuchamos casos de personas que no se sienten seguras a la hora de salir de fiesta. Chicas que van al baño juntas, ¿lo hacen por evitar encontronazos con desconocidxs que les incomoden?, ¿o por ayudarse a sujetar la puerta, mochila, bolso? ¿Para intercambiar opiniones del “mercado” de la sala? ¿Para colocarse?

Amigas que se dicen unas a otras: “tía, cuando llegues a casa escríbeme”. O comentarios del tipo: “no sé cómo permites que tu pareja no te acompañe a casa”.

¿Hay un miedo generalizado al desconocido que nos entra? ¿Cuáles son las formas de ligar “correctas”? ¿Debería haber un manual del “buen ligoteo”? ¿Debemos contratar los servicios de un gurú del sexo? ¿Qué entendemos por sano cuando hablamos de relaciones eróticas? ¿Pensamos que ahora es más complicado ligar que hace años? ¿Todo el mundo entiende lo mismo cuando dice que está ligando? ¿Ligamos igual hombres que mujeres? ¿Ligamos igual heteros que homosexuales?

Si nos vamos a la etimología de la palabra ligar, nos encontramos que viene del latín ligō, ligāre "atar, unir". Es decir, somos seres sexuados buscando unirnos con otros seres sexuados. Esa unión puede ser puntual, o buscar algo más perenne. Es como decía Platón con el mito de los seres cortados. No es que busquemos una media naranja a nivel del amor romántico, o sí, eso dependerá de cada cual. Pero la base de ese mito es buscar un “otro” que nos complemente.

¿Tenemos la sensación de que la gente liga mal? ¿Pensamos realmente que hay mucho y mucha mete patas por la vida? Yo sinceramente no lo creo. Habrá comentarios más acertados; habrá prácticas más certeras; habrá personas con menos habilidades para comunicarse o expresarse. Pero muchas veces también depende de la persona receptora, de cómo entiende ese mensaje, de su momento vital, de sus circunstancias personales.

En sexología no debemos generalizar; bueno, en nada deberíamos. Pero los encuentros con desconocidxs son suficientemente complejos como para escribir un “manual” e intentar incluir a todo el mundo. Eso es muy difícil, porque en el momento que normativizamos un debería, siempre habrá alguien que se sienta fuera. Y ese sentir muchas veces crea más dificultades que entendimiento.

¿No sería más sencillo, si de forma educada, le expresamos al otro sexuado lo que sentimos? “Pues mira ahora mismo no me apetece charlar, estoy con amigxs y quiero estar tranquilx”. ¿Qué ocurre con la gente que se resiste a esa negación? Quizá pensamos que son intransigentes porque no se ponen en nuestro lugar, ¿pensamos en algún momento que su biografía ha determinado esa manera de relacionarse? Quizá su aprendizaje ha sido consecuencia de recibir muchos noes, muchos rechazos. ¿Nos es más cómodo meter en un saco a “todos los tíos…” “todas las tías…”, en lugar de intentar comprender otras realidades?

Hay un montón de recetas, donde nos dicen cómo ligar, con quién se puede, cómo responder ante personas persistentes… pero pocas veces se leen escritos donde reflejen ambas caras de una realidad. Muchas veces nos quedamos con una opinión, la que más nos interesa, la que menos nos duele escuchar, la que más se ciñe a nuestro pensamiento. Porque hacer el ejercicio de intentar sentir lo que sienten otros es complicado. Porque desmontar ciertas creencias nos hace creer perdedores, como si de una batalla se tratase.

De la soltería he aprendido una cosa, y es que no hay personas que no sepan ligar, no hay pesadxs por donde mire, no todo el mundo viene para llevarte a la cama; lo que más me ha llamado la atención es que todo depende de la actitud que lleves por la vida, de si sólo quieres quedarte con lo malo y las situaciones incómodas, o si por el contrario prefieres quedarte con la gente amable que tiene curiosidad por saber qué piensas, qué te gusta y si coincides con él o ella.

De la sexología, aprendí que, dependiendo de nuestra erótica y nuestra sexualidad, nos va a gustar más una forma u otra de seducción. Porque seducir no es algo sencillo, pero se puede ir aprendiendo y mejorando con los años. Y no olvidemos que lo que para una persona puede ser sexy, agradable, interesante, para otra puede resultar aburrido, incómodo o incluso denunciable.