Una historia no siempre de cine

La pornografía a lo largo de la historia se ha dado sobre todo en las obras literarias, pero a partir de finales del siglo XIX encontró un nuevo soporte en el séptimo arte

11 de diciembre de 2017

Reportaje de Rubén Olveira Araujo 

De las pinturas rupestres hasta el posporno, la muestra explícita de prácticas eróticas con fines extáticos se ha mantenido a través de diferentes soportes a lo largo de toda la historia, pero también de parte de la prehistoria. Diferentes teorías, como la del antropólogo Paul Mellars, de la Universidad de Nueva York, señalan que las Venus Magdalenienses resultaron estímulos eróticos con capacidad activadora del deseo y la excitación durante el Paleolítico. Es decir, eran objetos que proporcionaban placer. Estas hipótesis no abundan en que fuesen talladas con tal propósito, pero sí que fueron usadas con ese fin. De ser así, aquellas figurillas tan alejadas del estereotipo de belleza femenino promovido por la sociedad actual podrían ser el primer material pornográfico de la historia de la humanidad, lo que dataría el origen de la pornografía hace unos 35.000 años –si bien recientemente se han descubierto indicios de dos posibles antecedentes con edades entre los 200.000 y 300.000 años de antigüedad–.

 

Un ejemplo más claro, menos polémico y más moderno –solo tendría entre 20.000 y 12.700 a sus espaldas– serían las pinturas rupestres de la cueva Tito Bustillo, localizadas en Ribadesella, Asturias. Más allá de los habituales bisontes y otros monigotitos disparando flechas, en una de las galerías de esta gruta se encuentra un conjunto de representaciones de genitales femeninos, uno de los cuáles se incluye dentro de un perfil humano. Y de ahí el nombre de este bloque: el Camarín de las Vulvas. Estas pinturas, además, muestran paralelismos con otras similares del área cantábrica (La Lluera II, Micolón, El Castillo) y del suroeste francés (Anglessur-Anglin, Abri du Poisson, La Ferrasie), por lo que no se trata de un caso aislado.

 

"Siempre se ha intentado saltar el control de la Iglesia y de ahí las diferentes pinturas y esculturas que muestran la sexualidad humana en las catedrales a modo de protesta"

 

En base a estos hechos, Iván Rotella, sexólogo y coordinador del centro de atención sexual de Avilés (Astursex), saca una clara conclusión: la pornografía existe desde que existe el ser humano. "Y está presente en todas las culturas, si bien hay mucha diferencia entre Oriente y Occidente", indica. Esta diferencia derivaría, principalmente, de uno de los libros más explícitos de la historia de Occidente: la Biblia.

"A partir de Moisés, la Biblia marca el principio del control férreo de todo lo que tiene que ver con la sexualidad que caracteriza a la tradición judeo-cristiana". Este asunto ya se había tratado en otras obras anteriores, como el Kamasutra, pero desde un plano filosófico y del placer y no uno prescriptivo e impositivo. Y dado que la influencia de la Biblia en Oriente fue mucho menor que en Occidente –sobre todo a partir de Constantino–, la pornografía también se vio afectada por este control.

 

"La clase alta tenían miedo de que la pornografía llegara al pueblo y no la llegaran a entender"

 

Asimismo, profundiza Rotella, este hecho resultó vital para la consolidación del porno como herramienta de control del pueblo en beneficio la élite política y religiosa, tendencia que se mantuvo prácticamente invariable hasta el siglo XVIII. "Aun así, también cabe destacar que siempre se ha intentado saltar el control de la Iglesia y de ahí las diferentes pinturas y esculturas que muestran la sexualidad humana en las catedrales a modo de protesta".

El primer libro que se considera una novela pornográfica –Las Memorias de Fanny Hill, de John Cleland– es de 1748. En él se narran las memorias de una prostituta que tomaba decisiones y que, dentro de lo que cabe, era todo lo libre que podía considerarse una mujer en aquella época; y coincide con la Ilustración, con el gran debate sobre la cuestión de los sexos y con las consecuencias de ambos: el surgimiento de la mujer como sujeto razonable y razonador.

 

"Los Lumiere habían inventado el cine y una de las cosas que se vio que se podía hacer con él era grabar lo prohibido: el sexo"

 

La publicación de este libro pornográfico, así como de obras posteriores, no conllevó demasiados problemas, puesto que se hizo para el goce y disfrute de las clases altas de la sociedad. Sin embargo, cuando un siglo más tarde se popularizó llegó su prohibición. "Según parece, tenían miedo de que la pornografía llegara al pueblo y no la llegaran a entender", apunta Rotella. De ahí se puede deducir que para poder consumir pornografía libremente en aquella época había que pertenecer a un estrato cultural y social alto.

De la escritura a la pantalla

Si bien la pornografía a lo largo de la historia se ha dado sobre todo en las obras literarias, a partir de finales del siglo XIX el porno encontró un nuevo soporte que, poco a poco, iría desbancando al resto: el cine. “Los Lumiere habían inventado el cine y una de las cosas que se vio que se podía hacer con él era grabar lo prohibido: el sexo”. 

En el Estado español, hasta la II República la pornografía audiovisual fue promocionada y consumida principalmente por la dinastía de los Borbones. Alfonso XIII –que era un gran pornofilo– fundó las primeras productoras de cine porno, películas que solo veía la alta sociedad de la época. “Nuevamente, trataban de proteger al pueblo del sexo explícito”, comenta Rotella. La pornografía escrita y visual, en cambio, sí que estaba al alcance del pueblo.

 

"Había gente que se desmayaba en el cine cuando veían a una mujer comiendo un pene de 21 cm"

 

Con la llegada de la II República se democratizó la pornografía en todos sus soportes en el Estado español. “Sin embargo, tan pronto como empezó la dictadura todo eso se perdió”, indica Rotella. Aunque no para todos, añade, pues al igual que en épocas anteriores, había pequeños cines para la alta sociedad en los que se emitían películas con alto contenido erótico. “Eso sí, todo muy en secreto, porque se supone que eran católicos, apostólicos y romanos”.

Una vez muere Franco, una de las primeras revoluciones que se intentó llevar a cabo fue la sexual y con ella la pornografía regresó a la gran pantalla. Un ejemplo: Garganta profunda. “Había gente que se desmayaba en el cine cuando veían a una mujer comiendo un pene de 21 cm”. Después de todo, recuerda Rotella, la educación sexual tanto a finales de los 70 como a principios de los 80 era inexistente.

 

"El movimiento feminista ya tenía muchas posturas y, de hecho, a día de hoy también hay muchas maneras de pensar"

 

Aun así, Rotella recalca que las películas porno de aquella década contaban historias. Un ejemplo sería American Taboo Style, una serie que narraba la vida cotidiana de una familia media estadounidense pero con relaciones eróticas explícitas –incluidas las incestuales–. “Había un guión, una trama, una historia detrás de lo que llevaba a dos desconocidos a copular”.

Sin embargo, eso se perdió en los 90. Empezaron a primar los tamaños, las mismas medidas, chicos y chicas operadas, imágenes cuanto más explícitas mejor. “Y en los 2000 lo único que ha cambiado es la digitalización de las escenas y la búsqueda del más difícil todavía”. Capullos anales, tragar más de un pene al mismo tiempo, etc., son prácticas que fuerzan al límite el cuerpo de los actores y las actrices. Además, según Rotella, esto ha hecho que mucha gente se aleje del porno, ya que gran parte de la pornografía actual muestra relaciones eróticas imposibles a nivel físico y anatómico.

 

"Mis películas no tornan a los hombres más crueles, insensibles y violentos, ya que el poder lo tienen las mujeres"

 

¿Por qué entonces la mayoría de las productoras han optado por esta vía? “Porque a día de hoy cualquier persona con un móvil o con una cámara puede grabar una peli porno y compartirla por Internet”. Según Rotella, la industria del porno busca vender y la forma de vender es sorprender. “De ahí la fórmula del más difícil todavía”.

 

Un porno renaturalizado

Frente a esta tendencia de gran parte de la industria del porno audiovisual a desnaturalizar y exagerar las prácticas eróticas, la pornografía feminista actual opta por el camino opuesto: busca historias, cuida las sexualidades, mima la imagen, mantiene el morbo y trata que los actores y actrices, además de disfrutar con lo que hacen, no sean todos iguales.

Esta rama de la pornografía empezó a asomar en los años 70, aunque en gran desigualdad con la industria tradicional. Además, el debate entre feminismo pro-porno y anti-porno ralentizó su emergencia. “El movimiento ya tenía muchas posturas y, de hecho, a día de hoy también hay muchas maneras de pensar”, explica Erika Lust, directora de cine porno feminista.

Una de las visiones que más retrasaron el desarrollo de las películas pornográficas con valores feministas se puede resumir con la frase de Robin Morgan (1974): "La pornografía es la teoría y la violación, la práctica". Según Lust, la vinculación entre relaciones eróticas, pornografía y violencia para justificar la "violencia sexual" y de género es una conclusión perezosa e incompleta. "Mis películas, por ejemplo, no tornan a los hombres más crueles, insensibles y violentos, ya que el poder lo tienen las mujeres".

 

"Que la mujer tenga libertad sexual no significa que eliminemos la de los hombres"

 

Para ella, la pornografía feminista reside en el sex-positive feminism, que defiende que la libertad sexual es parte esencial de la libertad femenina. “Es la idea de que las mujeres tienen iniciativa, poder y voz y que hacen lo que les apetece porque saben que tienen todo el derecho de asumir y explorar su sexualidad”. Lo cual, asegura Lust, no significa que el hombre no disfrute o que sean películas solo para mujeres: “Que la mujer tenga libertad sexual no significa que eliminemos la de los hombres”.

Esta forma de entender la sexualidad por parte del feminismo no cobró realmente fuerza hasta las discusiones de la década de los 80 y fue entonces cuando empezaron a surgir películas con valores feministas. Un ejemplo serían aquellas obras dirigidas por Candida Royale, una de las primeras mujeres que, dándose cuenta de la carencia de voces femeninas en la pornografía audiovisual, decidió emplear la suya.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado en el cine porno feminista, pero no la base: cuerpos, rostros y expresiones, pero también mujeres que toman decisiones, que son activas y que asumen sus deseos y necesidades eróticas y hedónicas. "Nunca nos ha bastado con el primer plano de los genitales ni con los roles tradicionales", recalca Lust.

 

"La pornografía feminista surgió de la necesidad de buscar un porno distinto en el que las mujeres puedan verse reflejadas, pero a día de hoy esa necesidad alcanza a la mayor parte de la sociedad"

 

Un aspecto que Lust considera primordial y que cada vez se cumple más es que las mujeres no solo se encarguen de dirigir la película, sino que se encuentren detrás de las cámaras y también escribiendo el guión o durante la posproducción. Es decir, que estén presentes en todo el proceso de creación de la obra.

Asimismo, mientras que para la industria tradicional Internet ha impuesto la fórmula "del más difícil todavía", para el cine porno feminista es una gran oportunidad, en opinión de Lust. Para empezar, en lo que viene a ser la financiación de la producción gracias a vías como el crowdsourcing. También posibilita y facilita proyectos participativos en los que colaborar estrechamente con el público objetivo y así favorecer la creatividad. "Lo que da como resultado películas mucho más realistas y humanas". Y por último, comenta que facilita la distribución.

Según esta directora, la sexualidad femenina está llena de detalles, de taboos y de magia. "Mucha cosa aún tiene que ser vista y filmada por primera vez, y también hay muchos estigmas y estereotipos esperando que les rompamos". Precisamente, apunta que este segundo punto es uno de los retos principales del porno feminista: hacer posible la reeducación del consumidor manteniéndose fresco y divertido. Y más teniendo en cuenta que a día de hoy el porno se ha convertido en la educación sexual de gran parte de la sociedad, pero sobre todo de los jóvenes, recuerda Iván Rotella. "La pornografía feminista surgió de la necesidad de buscar un porno distinto en el que las mujeres puedan verse reflejadas, pero a día de hoy esa necesidad alcanza a la mayor parte de la sociedad". Por tanto, ante la desnaturalización de la industria del porno y la perpetuación de los roles tradicionales, la misión del pornografía feminista del siglo XXI es renaturalizar las relaciones eróticas y reeducar a la sociedad.

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS