«El mito que más daño hace: el vaginismo es psicológico»

Rosaura Delgado Recuerda

Santiago Agustín Ruíz

Todas las vaginas se abren. Este es el mantra y la lucha de Rosaura, quien trabaja todos los días, como profesional de la medicina y la sexología, y como activista en redes sociales, para crear visibilidad en torno al vaginismo.

8 de abril de 2019

Entrevista de Laura Marcilla

El vaginismo es una disfunción sexual más común de lo que se piensa, pero todavía muy silenciada. A la gente le cuesta hablar de ello, o reconocer que lo sufre, y éste es el caldo de cultivo perfecto para que surjan mitos, prejuicios y creencias dañinas a su alrededor.

¿Qué te llevo a querer dedicarte a la Sexología y a crear @todaslasvaginasseabren?

Para mí haber tenido vaginismo y no haber sabido qué hacer hasta hace un año y medio, ir dando tumbos, fue muy frustrante. Una vez que lo superé, me di cuenta de que haber estudiado medicina me daba la oportunidad de investigar sobre este tema y, sobre todo, impedir que a las miles de mujeres a las que les está pasando en este momento se sientan solas. Cree el perfil para que quien lo sufre sepa qué hacer y a quién acudir, porque hoy en día todavía hay controversia al respecto.

Por si alguien no ha oído nunca este término, ¿qué es exactamente el vaginismo?

El vaginismo consiste en una hiperactividad de uno o de varios puntos gatillos situados en la musculatura del suelo pélvico. Estos músculos están continuamente en actividad, no están relajados. Si hacemos un electromiograma, que registra la actividad de un músculo, en el caso del vaginismo no está a cero, sino que puede estar a diez, a veinte… depende de cada tipo de vaginismo. ¿Qué pasa? Que estos puntos gatillos están activados independientemente de si la paciente está relaja o está nerviosa. Igual que cuando tienes una contractura en la espalda, que no se te va a no ser que se haga algo, pues con el vaginismo pasa exactamente lo mismo.

¿Cuáles son los síntomas que pueden hacernos sospechar que lo padecemos?

¡Es súper fácil! Hay cuatro síntomas que son los más típicos. El primero, la imposibilidad de introducirte tú misma el dedo, que muchas chicas al masturbarse descubren que no pueden. El segundo, la imposibilidad de introducirte un tampón o la copa menstrual, aunque la mayoría de las chichas con vaginismo no lo llegan a intentar con la copa porque ya el tampón les resulta imposible. Después tenemos la imposibilidad de tener penetración y el cuarto sería la imposibilidad de hacerte una revisión ginecológica con el espéculo o con el ecógrafo vaginal. Esto puede ir acompañado de dolor, de quemazón, de ardor… o no.

A menudo se oye que las causas del vaginismo son psicológicas. ¿Cuánto hay de verdad en esta afirmación?

Esta idea es errónea. Nadie niega que mente y cuerpo van juntos, la relación entre el cerebro y la vagina es algo que está ahí, pero por un lado tenemos los puntos gatillo, vamos a llamarlos las “contracturas de la vagina”, que hasta que no se comience con el tratamiento con fisioterapia no se van a solucionar; y por otro lado, el reflejo condicionado, que sería algo así como: yo anticipo ese dolor porque ya he tenido experiencias previas, mi vagina anticipa ese dolor que sabe que va a ocurrir y se defiende.

¿Cómo se defiende?

Contrayendo los músculos más superficiales de la vagina. Por lo tanto no es un dolor imaginado o inventado o un miedo, sino que es un espasmo real que hace la musculatura de manera voluntaria, porque ha aprendido que cada vez que intentas introducir algo en la vagina hay dolor, y por tanto intenta protegerse. Es decir, el miedo que existe en el vaginismo no es el causante de la afección, sino que es la consecuencia. Las causas no son psicológicas, lo son las consecuencias.

En general, hace falta mucha más educación sexual, y parece que el vaginismo tampoco se libra de los prejuicios y los mitos. ¿Cuáles crees que son los que más daño hacen?

Pff… (sonríe). Hay muchísimos mitos. Yo creo que si tuviera que elegir alguno sería “te duele o no puede entrar el pene porque no estás lo suficientemente lubricada, o lo suficientemente relajada”, que es igual a “como estás nerviosa, contraes y no puedes tener penetración”. Ese es el que más daño está haciendo porque las chichas se sienten culpables, se sienten frustradas y piensan que la responsabilidad es suya porque no se pueden relajar. Se está educando en culpabilizar a la persona que lo tiene. También se cree que existe porque hay una “fobia al pene” o por “miedo a encontrar enfermedades de transmisión sexual”, pero sobre todo el mito que más daño hace es: “el vaginismo es psicológico”.

Según tu experiencia, ¿cuáles son los motivos por los que suelen acudir a consulta las personas con vaginismo?

La gran mayoría para poder tener una penetración con la pareja. En el vaginismo hay muchísimo miedo al abandono, porque vivimos en una sociedad súper falocéntrica y coitocentrista en la que se dice que el hombre necesita la penetración. Las chicas que tienen vaginismo sienten que tienen esa necesidad de satisfacer al hombre, de darles esa penetración y que, si no lo hacen, las pueden dejar y “¿cómo van a encontrar otra persona?” (entrecomilla con los dedos). Aunque también suelen acudir las mujeres con cierta edad que tienen un vaginismo severo pero quieren ser madres, o tienen que hacerse una revisión ginecológica y ven que no pueden.

En una sociedad donde la penetración se considera un pilar principal en el sexo, como comentas, ¿cómo se ve afectada la vida de las personas que sufren esta disfunción?

Se sienten bichos raros, se sienten inferiores. No sólo inferiores con su pareja, sino inferiores a sus amigas. Cuando se habla de sexo, normalmente mienten o intentan evitar la conversación para no tener que decir “yo no he tenido relaciones sexuales con penetración”. De hecho, la mayoría no lo cuentan. Se sienten muy frustradas. Y lo que ya he comentado del miedo al abandono, que es algo que desde la sexología se debería de abordar. El abordaje sexológico debe enfocarse a las consecuencias y al acompañamiento hacia la paciente con vaginismo, porque creo que es fundamental que sepan que una relación sexual no está centrada en el coito.

todas las vaginas se abren¿Qué soluciones suelen ofrecerse a las personas con vaginismo? ¿El pronóstico es bueno?

El pronóstico es cercano al 100%, porque en medicina nunca se puede decir el 100%, pero bueno, un 99%. Tenemos la terapia física, que no solo incluye los dilatadores como todo el mundo se piensa. Son un conjunto de técnicas, que en este caso las hace el fisioterapeuta y puede ser trabajo miofascial, trabajo de las articulaciones sacroilíacas y las lumbosacras, movilizar el coxis… La articulación temporomandibular también se está viendo que está muy relacionada con disfunciones del suelo pélvico, o sea, con vaginismo. El abordaje es muy amplio y multidisciplinar. Tiene que contar con el fisioterapeuta y con el sexólogo. Aunque también te digo que hay chicas que, porque no tienen dinero o porque no hay un fisio-sexólogo en la zona donde viven, tienen muy difícil acceder a estos medios. Entonces la dilatación es el pilar fundamental que, sí o sí, necesitas para superar el vaginismo. Si no hay dilatación, desensibilización, no se puede tratar el vaginismo, no se solucionará. Pero cuando se hace, ya te digo que es efectivo casi al 100%.

¿Cuál es el tiempo estimado de resolución?

Unos tres meses, así que realmente en poco tiempo se dan cuenta de que son capaces de experimentar y de sentir libertad, que al final es lo que todas dicen cuando acaban, que se sienten libres.

¿Hay alguna moraleja, algún aprendizaje positivo que las personas que han sufrido vaginismo puedan extraer de esta experiencia?

La verdad es que sí. De hecho, todas coinciden en que disfrutan la sexualidad de una manera muy diferente, de muchas formas, porque acabas descubriendo de ti cosas que si te centraras solo en la penetración no podrías descubrir. Ellas priman el autoconocimiento. Y este camino les enseña también a descubrir su fortaleza, la valentía que tienen y la capacidad de resistencia. Porque no es solamente la sesión con el fisio, sino que ellas en casa tienen que hacer ejercicios durante una hora o el tiempo que cada vaginismo requiera.

Siempre hacemos esta pregunta pero en tu caso me gustaría afinar más: ¿Ha habido algún momento en tu propia vida erótica con vaginismo que marcase un antes y un después?

Hay dos momentos en concreto que marcaron un antes y un después. El primero fue cuando me masturbé con el dedo yo sola y en vez de dolor, que siempre había sentido dolor, sentí placer y tuve así un orgasmo.Fue algo que no puedo ni describir. Y el segundo fue la primera penetración con mi pareja. Porque aunque yo quiero hacer un discurso que nada tiene que ver con el coitocentrismo, cuando tú por primera vez puedes elegir tener o no una penetración, la sensación de alivio y de libertad es brutal, y es algo que durante el tratamiento y antes del tratamiento no lo sientes. Eres libre, pero no te sientes libre.

Si alguna persona leyera tu entrevista y pensara que puede estar padeciendo vaginismo, ¿qué te gustaría decirle?

Sobre todo, que se supera, que se supera muy rápido, que no lo tiene en su mente, que no se lo está inventando, sino que tiene algo físico que hay que solucionar, y que hay miles de mujeres en esa misma situación. También le diría que lo cuente, porque no contarlo hace que tú misma no lo vivas de manera natural, no lo acabes integrando, y todavía se hace más grande. Y bueno… que no se culpen, que no sientan miedo a que las dejen. Y que se perdonen. Porque al final toda la información que acabas recabando en internet o donde sea está con los mensajes que te decía antes: “tienes que aprender a relajarte y tienes que ser fuerte, porque no va a pasar nada porque el ginecólogo te meta el espéculo”.

¿Los ginecólogos suelen venderles este discurso?

Sí, pasa mucho, que intenta convencerlas de que está en sus mentes introduciendo el espéculo y les acaba haciendo un daño brutal. Por favor que no permitan eso, que es violencia obstrética. Que cuenten con la ayuda que les puedan ofrecer sus amigas, por ejemplo. Contárselo a alguien, aunque sea sólo a una persona les hace sentir muy liberadas. La sensación cuando lo cuentas es “mira, no me ha juzgado, no ha sido para tanto”.

¿Cómo te imaginas o cómo te gustaría imaginarte la situación del vaginismo y de las personas con vaginismo en el futuro? Pongamos, por ejemplo, en diez años.

Me encantaría que de aquí a diez años se siguiera un protocolo de actuación, que todos los ginecólogos, psicólogos, sexólogos, fisioterapeutas, todos lo llevaran a cabo y derivaran a las chicas de manera correcta. Sueño con eso. Que las chicas hablen con naturalidad de que no pueden tener penetración igual que hablan con naturalidad de que tienen una candidiasis o cualquier otro proceso. Estamos en ello, que ya se ha hecho, se ha redactado una guía multidisciplinar para que todos los médicos trabajen y aborden el vaginismo, porque estamos en una situación en la que la investigación no avanza. Todos los estudios que hay están centrados en psicólogos y psiquiatras. Y por supuesto que el DSM-V saque el vaginismo de ahí, que todavía aparece como una patología psiquiátrica, y espero que esto dentro de diez años ya no sea así.

Para terminar, desde redes sociales, haces una labor muy importante, y recientemente has comenzado una investigación sobre este tema. ¿Cuál es el objetivo final y cómo podemos colaborar con el estudio?

Me gusta esta pregunta porque el objetivo del estudio es saber cuáles son las causas reales del vaginismo. Para eso, aparte de la investigación, he elaborado una encuesta que está en mi perfil. La tiene también Laura Pastor, de “En forma por dentro”, que es fisio de suelo pélvico y Marta Torrón, otra especialista en suelo pélvico. Cualquiera de nosotras podemos facilitar el cuestionario a personas que tienen vaginismo. La verdad es que ahora mismo están saliendo resultados muy interesantes que le van a dar la vuelta a lo que conocemos como vaginismo “psicológico”.