Cuando el malestar se convierte en bienestar

"Estamos conociendo la primera generación de niñas y niños en situación de transexualidad que están pudiendo vivir su infancia con su identidad sexual respetada y aceptada"
Aingeru Mayor

23 de septiembre de 2017

La identidad sexual no se puede adivinar desde fuera del sujeto; solo puede ser expresada desde dentro. Y en todo caso lo que desde fuera se puede hacer es escuchar esa expresión y, a partir de ahí, aceptarla y acompañarla… o cuestionarla y negarla. Cuando su identidad pasa de ser negada a ser respetada su malestar se convierte en bienestar. Esto lo saben muy bien las ya cientos de familias de menores en situación de transexualidad del estado español que en los últimos años y, organizadas en diferentes asociaciones, están dando testimonio de ello. Pero, ¿sabemos desde la literatura científica algo de esas niñas y niños a quienes sí se les ha respetado su identidad y han realizado el tránsito?

Contamos ya con la primera publicación que empieza a poner un poco de luz sobre ello: Mental Health of Transgender Children Who Are Supported in Their Identities (Olson et al., 2016). En su estudio con 73 niñas y niños en situación de transexualidad de entre 3 y 12 años, que viven de acuerdo a su identidad sentida –y dicha identidad es aceptada por todo su entorno, es decir, que han hecho el tránsito–, Olson y su equipo encuentran que estas niñas y niños tienen niveles normativos de depresión y niveles de ansiedad solo un poco más altos que la media; y que tienen índices de psicopatalogías internalizadas notablemente más bajos que los que arrojan otros estudios con menores con “disforia de género” que no han hecho el tránsito.

 

"Los niñas y niños en situación de transexualidad que viven de acuerdo a su identidad sentida –y dicha identidad es aceptada por todo su entorno tienen niveles normativos de depresión y niveles de ansiedad solo un poco más altos que la media" 

 

Es decir, lo que esta investigación comienza a señalar es que los menores transexuales que han realizado el tránsito y a quienes se acepta su identidad tienen indicadores de calidad de vida similares a la media y mucho mejores que los de aquellos que no han hecho el tránsito y cuya identidad no es aceptada. Así que quizá es hora de emprender proyectos de investigación para estudiar el fenómeno de la transexualidad de manera rigurosa y desde una mirada comprensiva; es decir, que tenga ánimo de comprender estas realidades, para poder así, entre otras cosas, identificarlas correctamente y atender sus necesidades adecuadamente.

Mientras tanto, ojalá estas niñas y niños sean escuchados por sus familias y respetados en su identidad y en la diversidad de maneras de la expresión de la misma, para poder crecer no con el sufrimiento de la negación, sino con el necesario e imprescindible acompañamiento desde la aceptación.

 

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