La fábrica de los deseos

El Salón Erótico de Barcelona celebra su vigésimo quinta edición cargado de porno, arte, erotismo y educación sexual

16 de octubre de 2017

Crónica de Rubén Olveira 
Fotografías de Melanie Quintana

BARCELONA - Visitar el Salón Erótico de Barcelona es una experiencia en sí misma. Así lo fue para Bibian Norai hace más de dos décadas. Con los nervios de punta y la adrenalina corriendo por sus venas, pagó su entrada como el común de los mortales y se adentró tímidamente en un micromundo donde lo que habitualmente es íntimo e implícito se volvía público y explícito. Pero su timidez duró poco. Tras observar cómo los espectadores devoraban con la mirada a las actrices y actores de los shows, le picó la curiosidad de qué se sentiría en un escenario rodeado de atentas miradas, bocas abiertas y cámaras, muchas cámaras. Así que en cuanto tuvo ocasión, subió como espontánea y el resto ya es historia.

Bibian Norai es actriz y directora de cine porno, protagonista de Marranas con ganas -la única película de este género traducida al euskera- y nuestra guía en el Salón Erótico de Barcelona. Siguiendo la estela de su vestido de cuero negro escotado, nos adentramos en el pabellón de la Vall d’Hebrón, un polideportivo construido para albergar en los Juegos Olímpicos de 1992 las competiciones de voleibol y pelota vasca y que, desde el jueves hasta hoy, ha acogido la vigésimo quinta edición del Salón Erótico de Barcelona.

Con los brazos abiertos, Bibian nos da la bienvenida al que desde hace 21 años ha hecho su reino. Las exposiciones de arte, los puestos de sex-shops y tiendas eróticas y las casetas de diferentes productos cercan el corazón de la feria: los escenarios donde tienen lugar los shows en directo. En frente, decenas de fotógrafos al pie del plató apuntan ansiosos con sus teleobjetivos dispuestos inmortalizar hasta el último detalle del momento.

Tras unos segundos observando a unos y a otros, Bibian nos guía a través del público, principalmente masculino. Así llegamos, primero, al Aula de Sexo, un espacio separado en el que sexólogos y otros profesionales ofrecen charlas de formación que van desde talleres del suelo pélvico al misterioso tantra. Después, nos acompaña a visitar el Área Swinger, una zona que simula un club de intercambio de parejas, donde nos espera Pepe Cera, también veterano del Salón Erótico de Barcelona. En ambos espacios el porcentaje de mujeres visitantes es cuantiosamente superior.

Con un cálido abrazo, Bibian se despide de nosotros y nos anima a descubrir los secretos del Salón Erótico por nosotros mismos. Acto seguido, se pierde entre bambalinas. Los asuntos de organización no perdonan. Ni siquiera a ella. A ella menos que a nadie.

Como otros tantos años, el Salón Erótico de Barcelona asegura apostar por la diversidad. Así lo ha hecho ver en spots como el de este año, Normal, y así lo ha demostrado ofreciendo foros para reflexionar sobre discapacidad y sexualidad, entre otras temáticas. Sin embargo, respecto a los shows, baste decir que son muchos, sí, pero poco diversos, también. Unas performance que, no tanto por su presencia pero sí por ausencia de alternativas, únicamente contribuyen a perpetuar en el imaginario social el concepto de coitocentrismo. La escasas excepciones: las prácticas BDSM, que van desde el Shibari a la dominación o al sado médico, los espectáculos de pole dance o las clases didácticas con prácticas explícitas del proyecto Pornoeducativo.

Más allá de moralinas maniqueas y dualistas, de críticas simplistas y (neo)puritanas, el Salón Erótico de Barcelona, con sus más y sus menos, con sus diversiones y sus (uni)versiones, ofrece un espacio en el que disfrutar, conversar y reflexionar sobre los sexos, la erótica y los placeres. Bienvenidos a la fábrica de los deseos.

*Crónica publicada en el periódico Deia

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