Mi cuerpo, mi campo de batalla

"El desconocimiento del cuerpo en las mujeres y, en particular, el desconocimiento de la vulva se tornó en norma social con el objetivo de controlar la sexualidad femenina"

Amaia Urrejola

30 de enero de 2018

 

No tenemos cuerpo, somos cuerpo y habitamos en él. La razón, las emociones, las sensaciones, la moral y los deseos cohabitan juntos; a veces en armonía y otras veces en pie de guerra, pero están condenados a convivir. El cuerpo es el mapa de la sexualidad y la piel, el órgano sensitivo que lo recorre de arriba abajo, nos proporciona sensaciones y sentimientos. La piel adquiere, por lo tanto, memoria propia porque en ella se van tatuando nuestras biografías corpóreas. Desgraciadamente, el control sobre nuestros cuerpos siempre ha sido algo muy goloso para la sociedad patriarcal. Por ello, se han convertido en un campo de batalla.

El conocimiento del cuerpo en las chicas siempre se ha considerado algo peligroso y ha sido censurado a lo largo de toda la historia. Por ello, hasta el siglo XIX las mujeres no consiguieron obtener la categoría de persona; en concreto, la categoría de persona sexuada. Todos estos logros han sido gracias al movimiento feminista y no gracias a la voluntad de toda la ciudadanía. El desconocimiento del cuerpo en las mujeres y, en particular, el desconocimiento de la vulva se tornó en norma social con el objetivo de controlar la sexualidad femenina. Las mujeres normales nacían y crecían sin saber qué tenían entre las piernas. Solo algunas pocas conocían su vulva y, si lo explicitaban en público, eran consideradas, en el mejor de los casos, raras; en el peor, pervertidas e inmorales.

 

"Es hora de reconocer una de las grandes y graves vulneraciones de los Derechos Sexuales de las mujeres a lo largo de la historia: la ablación psicológica"

 

Esta norma social ha sido trasmitida a través de las mujeres de generación en generación y, por desgracia, en la actualidad la situación no ha variado mucho ni entre las chicas jóvenes ni entre las mujeres adultas, ya que seguimos sin ser amigas de nuestra vulva y, además, lo hemos normalizado. Es hora de reconocer una de las grandes y graves vulneraciones de los Derechos Sexuales de las mujeres a lo largo de la historia: la ablación psicológica.

Debido a la curiosidad, chicas y chicos descubrimos los genitales a la vez. En el momento que nos quitan el pañal las manos van a tocar aquello que hasta ahora no han podido y las chicas descubren cómo al estimular la parte exterior de su vulva alrededor del clítoris sienten mucho placer. Ellas no saben lo que están haciendo, solo saben que aquello les da gustito y comienzan la práctica de la masturbación con mucho ímpetu. Ellos, sin embargo, empiezan a masturbarse más tarde, debido a que la masturbación de los chicos requiere de una psicomotricidad más fina, es decir, una técnica. Si esto es así, ¿qué ha ocurrido en el camino?

 

"La masturbación de niñas y niños pequeños no genera lo mismo en las personas adultas: el de ellos hace más gracia, pero la de ellas, ya no tanta"

 

En la adolescencia los chicos suelen ser íntimos amigos de su pene. Algunas chicas, sin embargo, desarrollan asco hacia su propia vulva. La masturbación de niñas y niños pequeños no genera lo mismo en las personas adultas: el de ellos hace más gracia, pero la de ellas, ya no tanta. Más bien despierta los miedos y los peligros de la doble moral. En consecuencia, son tachadas como guarras ya desde los 3 años y arrastran esa etiqueta de por vida, suscitando en ellas de forma artificial sentimientos ambivalentes hacia su vulva incluso cuando experimentan placer y bienestar. Ellos, sin embargo, al recibir mensajes más positivos de forma natural se hacen íntimos de su pene, en algunos casos hasta demasiado, olvidando que son cuerpo.

Cuando alcanzan la adolescencia, en relación al desconocimiento del cuerpo y de los genitales, se da una gran desigualdad entre chicas y chicos. Esto genera un impacto negativo en la autoestima y en la auto-eficacia de las chicas y obstaculiza su proceso de empoderamiento tanto individual como grupal. Incluso genera dificultades a la hora de negociar las relaciones sexuales de igual a igual en el contexto de una pareja heterosexual.

 

"Construir nuestra autoestima solo en base al cuerpo es una trampa, pero el conocimiento del cuerpo es fundamental para tener una buena autoestima"

 

Construir nuestra autoestima solo en base al cuerpo es una trampa, pero el conocimiento del cuerpo es fundamental para tener una buena autoestima. ¿Cómo voy aceptar y querer mi cuerpo si no lo conozco? Por lo tanto, es necesario señalarla otra batalla que se está desarrollando en nuestros cuerpos y que supone una trampa mortal que ha construido el mercado: los estereotipos irreales de belleza.

No existen y es la estrategia perfecta para el mercado, ya que cuanto más alejados estén de la realidad mejor afianzan y garantizan el consumo descontrolado de las mujeres y las mantiene ocupadas en una batalla que les interesa: una batalla en contra de ellas mismas. Añadir, además, que si aprendemos a odiar nuestro cuerpo nos pasaremos la vida consumiendo los productos que nos ofrece el mercado, convirtiéndonos así en nuestras propias enemigas. Todo ello parte de una idea muy perversa: la belleza femenina se centra únicamente en el cuerpo, es únicamente responsabilidad de las mujeres, pero no está bajo su control; es decir, somos esclavas en nuestro propio cuerpo.

 

"Reapropiarnos y gobernar sobre nuestros cuerpos significa reconocer que entre las piernas no tenemos un triángulo de las bermudas sino una vulva y que ella también es nuestra aliada para transformar mi cuerpo en mi campo de batalla"

 

Sin embargo, aunque hayan intentado expropiar nuestros cuerpos, el mercado, el estado y, en concreto, el patriarcado, siempre hemos resistido;  hemos resistido a todos los intentos de control sobre nuestros cuerpos. Incluso los paternalismos y la eterna tutela, por nuestra capacidad de agencia y nuestra noción de seres (inter)sexuados que anhelan una convivencia sinérgica en las plazas, en los hogares, en el trabajo, en los estudios, en la militancia, en las alcobas…con el otro sexo. Por lo tanto, es hora de que todas las chicas, todas las mujeres, recuperemos el control y la autoridad sobre nuestros cuerpos, para que dejen de ser de acceso público. Reapropiarnos y gobernar sobre nuestros cuerpos significa reconocer que entre las piernas no tenemos un triángulo de las bermudas sino una vulva y que ella también es nuestra aliada para transformar mi cuerpo en mi campo de batalla.

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