Hormonas: ¿son tan buena decisión?

10 de noviembre de 2018

Norma J. Brau, Sexuenea

Ni os imagináis la de veces que he empezado este artículo. No es fácil escribir sobre algo vivido en primera persona procurando ser neutral o no excesivamente posicionada. La verdad, mientras escribo estas líneas tampoco tengo muy claro qué os contaré. Pero el punto de partida es obvio: los métodos anticonceptivos hormonales no nos dejan indiferentes como tema.

Estaba yo como en segundo año de carrera cuando comencé a tomar las pastillas. Tomé la decisión al ver que mi pareja de entonces no sólo necesitaba una talla especial de preservativo sino que además acababa de desarrollar una alergia al látex (exceso de exposición, dijo el médico, ¡¡ja, exceso!!). Estuve años tomándolas, en realidad, sólo 6 años, pero yo tengo la impresión de que ha sido gran parte de mi vida reproductiva. Al final las dejé porque no me salía rentable económicamente y ya había más oferta de preservativos sin látex, no como hace años. Os lo pregunto directamente, ¿os parece una decisión feminista? La verdad, yo ni lo sé ni me importa.

Pero me importa traer la pregunta porque es una de las preguntas clave en todo este proceso de toma de decisión al que se exponen todas las mujeres que se plantean tomar métodos anticonceptivos hormonales como mecanismo para evitar embarazos (no quiero incluir en el debate a quienes tienen algún tipo de dificultad, eso me parece más complejo aún).

La pregunta se vuelve inevitable porque la duda siempre resuena: ¿lo hago por mí o por él? Durante años, más mujeres de las que imaginaba y muchas más de las que hubiese deseado expresaban que para ellos era mucho más cómodo. Que el condón era muy incómodo y que “cortaba mucho el rollo”. Yo siempre les decía que si tan horriblemente incómodo era, el pene perdería la erección. La respuesta eran risas. Ninguna de ellas se dio cuenta de la intencionalidad de mis palabras.

Una vez leí (lamento en el alma no recordar dónde), que el preservativo era rechazado por los hombres porque “limitar la movilidad de sus fluidos” era algo así como sacrilegio contra el patriarcado. Y, la verdad, viendo no sólo estos argumentos contra el uso del preservativo, sino también la negativa general a que existan anticonceptivos masculinos, da que pensar.

Lo sé. Soy una completa hipócrita, ¿tomarme las pastillas y ahora decir a la gente que no? Pues sí, soy una hipócrita o tal vez una mujer que aprendió mucho de su experiencia. Apenas viví efectos secundarios, pero reencontrarme emocionalmente con mi ciclo ha sido un placer. No tuve un novio que se pensara que estaba de puertas abiertas 24/7 para él y que ignorase mi placer. Y aun así, no hago una buena evaluación.

¿Por qué? Porque, sobre todo, no creo que pueda ser una decisión consciente si ni si quiera conocemos todos los efectos secundarios hasta que no tenemos ya la pastilla en las manos. Porque creo que hay poco seguimiento para todo lo que hay en juego (o te haces análisis privados o espera sentada a que te hagan chequeos de ITS). Porque hay hasta quienes ignoran que la transmisión de ITSs se puede dar sin preservativo y que, por lo tanto, el uso de anticonceptivos hormonales no provoca que puedas pasar del condón.

Sin una buena educación sexual continua y transversal, sin un buen sistema sanitario y un buen seguimiento del caso, utilizar métodos anticonceptivos hormonales me parece una decisión que no se debe tomar a la ligera y que requiere de revisión personal introspectiva. Más que nada, para no caer en todas las trampas de autoconvencimiento que vienen de fuera y atender simplemente a nuestras necesidades.

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