Lanzamiento de la revista Somos Peculiares

23 de septiembre de 2017

Sexología y Periodismo. Periodismo y Sexología. Hay quien considera que son dos fuerzas antagónicas, opuestas, antitéticas. Sobre todo así lo piensan algunos profesionales de la Sexología, principalmente porque en su interacción con los profesionales de la Información han salido escaldados en más de una ocasión. Pero también porque la mayoría de los periodistas –por no decir prácticamente la totalidad de ellos– ni siquiera se paran ya no a reflexionar en el binomio Sexología y Periodismo, sino a considerarlo como algo pensable digno de ser pensado y ponderado.

Este supuesto antagonismo parte de algunas diferencias de base que existen entre los profesionales de la Sexología y los profesionales de la Información. Al fin y al cabo, sexólogos y periodistas provienen de formaciones diferentes –mientras que los primeros han estudiado Sexología, los segundos han cursado Periodismo–, se dedican profesionalmente a ocupaciones diferentes –tanto que unos se deben a la educación de los sexos, el asesoramiento sexual y la terapia de pareja, los otros trabajan en labores de comunicación, de transmisión de la información y de divulgación–, suelen moverse e interesarse sobre entornos y realidades diferentes –cuanto que unos centran su atención en el ámbito de lo privado y lo irracional, los otros discurren sobre el espacio de lo público y lo racional– y tienen claramente objetivos diferentes –al tiempo que unos buscan relativizar, considerar realidades subjetivas y fomentar la aceptación y el respeto, los otros persiguen concretar, ensalzar una realidad objetiva y juzgar o crear opinión habitualmente reactiva–. Es decir: de compartir a combatir.

Sin embargo, que estas diferencias de base a día de hoy dificulten la colaboración y las sinergias entre la Sexología y el Periodismo no significa que el hecho de estudio de la primera –el Sexo– no se cuele en las plataformas y canales del segundo –los Medios de Comunicación–. Tal es así que, aunque gran parte de los periodistas denuesten y reduzcan el amplio significado de la clave epistemológica del sex a su mínima expresión, banalizando en el mejor de los casos el Sexo y en otras ocasiones arremetiendo contra él o incluso eliminándole consciente y concienzudamente de su agenda informativa, este siempre está presente de una u otra manera.

A todo esto se suma que vivimos en un mundo de dicotomías, de disyunciones, de mazdeísmos heredados de épocas remotas que se han hecho historia y, desgraciadamente, continúan siendo parte de nuestras historias. También de obligaciones, de imposiciones, de opresiones y represiones. Del deber ser, del tener que, del hay que, de infinidad de prescripciones homogenizadoras que nos roban nuestra esencia, nos estirpan nuestras diferencias y nos enfrentan con nosotros y entre nosotros.

Todo esto no hace sino interpelarnos a explorar y cartografiar un territorio que requiere urgentemente nuevos mapas actualizados al siglo XXI. Hablamos de una geografía propia, compleja, ancestral, repleta de riquezas prohibidas por algunos, explorada de puntillas desde los miedos por otros, que durante largo tiempo ha permanecido cubierta por un denso y tormentoso manto de nubes y relegada al ámbito de lo espurio. Hablamos de la sexualidad.

Como diría Joserra Landarroitajauregi, nunca habrá un solo territorio que se parezca, ni siquiera mínimamente, al mapa que lo representa. Sin embargo, todos los buenos mapas son excelentes representaciones de los territorios a los que representan. Desgraciadamente, en pleno siglo XXI, la sociedad occidental todavía continúa sin poseer buenos mapas sobre sexualidad, por lo que ni se parecen ni representan adecuadamente a aquello que dicen representar.

Ante este panorama, Somos Peculiares surge con dos objetivos principales. El primero, ejercer de puente entre el saber sexológico y la sociedad a través del Periodismo. Esto significa contribuir a buscar, recopilar, mostrar y divulgar con rigor y honestidad diferentes claves, realidades y formas de vivir(se) para fomentar (inter)relación más comprensiva, placentera y sinérgica entre los sexos.

Pero también pretende poner en valor el conocimiento sexológico y crear una red de profesionales de la Sexología y la Información comprometidos con la divulgación de la ciencia de los sexos. Porque un mayor saber sexológico no eliminará todos los motivos de confrontación, pero sí que ayudará a trascender muchos de ellos, contribuirá a construir una sociedad más tolerante y respetuosa y, además, mitigará las consecuencias negativas de aquellos asuntos que sean inevitables.

Efigenio Amezúa, decano de la Sexología Sustantiva en el Estado español, critica en su Educación de los sexos (2001) que «el bombardeo de los grandes titulares sobre el sexo ha hecho olvidar que existe la letra pequeña de los sexos». Esta afirmación es verdad. Pero no lo es menos, tal y como se expone en Las nociones del sexo detrás de las noticias (Olveira, 2017), que «la letra pequeña de los sexos ha obviado que existen los grandes titulares».

Somos peculiares. No es una opinión; es un hecho. Todas las personas, de la primera a la última, somos diferentes, somos únicas, somos peculiares. Desde que nacemos hasta que morimos ese algo que nos hace brillar, que nos diferencias de los demás, nos acompaña. Ese algo es el sexo. Porque si algo es el sexo es diferencia y diversidad.

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