Los penes que no queremos ver

Los penes que no queremos ver

25 de septiembre de 2019

Laura Marcilla

Llegas de las vacaciones, respiras hondo y te enfrentas a todos los mensajes acumulados durante las semanas de descanso. ¿Y qué espera agazapado entre los mensajes triviales y educados? Efectivamente: una foto de un enhiesto miembro viril que nadie había invitado a la fiesta post veraniega.

Bueno, pues este es sólo un ejemplo de las muchas formas en las que se pueden recibir fotos sexuales no consentidas, también coloquialmente conocidas como “fotopollas”. El hecho de que el nombre de estas fotos incluya la palabra “polla” es precisamente porque son los hombres cis quienes habitualmente recurren a esta práctica. ¿Conocéis a alguien que haya recibido una “fotovulva” o “fotocoño” no deseada? Bueno, podría ser, porque hay de todo en el mundo, pero parece ser que estos casos son estadísticamente despreciables.

Según los datos, más de la mitad de las mujeres han recibido en alguna ocasión este tipo de imágenes no deseadas, y también cerca de la mitad de los hombres afirman haber mandado fotos de sus genitales. Muchas de estas fotos habrán sido mandadas de forma consentida, dentro de lo que se denomina “sexting” (aproximadamente el 25% de los jóvenes afirma practicarlo), pero otro porcentaje sea posiblemente enviado en un contexto en el que la otra persona no espera (ni desea) este tipo de contacto.

Me gustaría aclarar que las “fotopollas” no son, bajo ningún concepto, un tipo de sexting. El sexting, para que sepamos a que nos referimos, es una práctica de cibersexo a través de aplicaciones o redes sociales, a menudo incluyendo fotos de carácter íntimo. Entonces, ¿por qué las “fotopollas” no entran en esta categoría? Por lo mismo por lo que una violación no es una forma de sexo, sino de violencia. Cuando no hay consentimiento, no podemos hablar de sexo. El mutuo deseo es requisito indispensable para que sea una práctica sana, por lo que mandar una foto de tu pene a alguien que no la desea no es un tipo de “sexting”, ni una forma de ligar. Es, simple y llanamente, acoso.

Los expertos entienden que el machismo es una de las bases por las que este tipo de interacciones se perpetúan y suelen ser siempre llevadas a cabo por hombres. De ahí que la educación sexual sea tan importante para fomentar formas de relacionarnos en las que nadie se sienta atacado, incómodo, ofendido o vulnerable.

Parece también que los hombres homosexuales y bisexuales, suelen tener menos problemas a la hora de recibir estas fotos inesperadas, lo cual no quiere decir que haya vía libre para mandárselo a estas personas sin su permiso, ya que sigue siendo una falta de respeto y puede haber hombres también a los que les moleste este trato. Aunque se dice que en grindr y algunas plataformas de flirteo entre hombres es una práctica común y más aceptada, no deja de ser una maniobra arriesgada cuando no tenemos la certeza de que la otra persona esté predispuesta a ver este tipo de contenido. ¡Con lo bonito y placentero que puede ser el sexting cuando se realiza de mutuo acuerdo! Porque el sexting, aunque haya sido ampliamente demonizado por los riesgos que entraña, no es sino una práctica sexual más. Como tal, tiene sus riesgos y también sus beneficios, pero tomando ciertas precauciones y practicándola de forma segura, no hay razón para no poder disfrutar de ella.

mensajes @somospeculiaresVolviendo a esta invasión de fotos de penes que está teniendo lugar en múltiples redes sociales existen muchas preguntas: ¿por qué la gente lo hace? ¿hay alguna forma de evitarlas? ¿qué se puede hacer al respecto cuando se reciben? Y… de verdad, ¿por qué la gente se empeña en seguir haciéndolo?

Vale, hay alguna pregunta repetida, pero creo que es la duda más grande que nos hemos planteado las personas que recibimos estos “kínder sorpresa”: ¿POR QUÉ?

No hay una sola razón que sirva por sí misma para explicar todas las “fotopollas” y los motivos de quienes las envían. Algunas hipótesis apuntan a que es una forma de ciberexhibicionismo, como la típica escena del hombre en gabardina en una esquina, pero en su versión online. En este sentido, a pesar del componente sexual del exhibicionismo, hay que entenderlo sobre todo como una muestra de poder y dominación, más que una búsqueda de un intercambio erótico.

También hay a quienes apuntan a la falta de habilidades de seducción de algunos hombres. De nuevo, hay de todo en el mundo, y pudiera ser que alguno de los que lo realiza sí esté buscando un acercamiento sexual con intención de ligar (especialmente en los contextos que mencionaba antes de hombres que tienen sexo con hombres), pero, en general, me parece que incluso las personas con habilidades sociales poco desarrolladas pueden intuir que ésta no es la forma más inteligente para intentar seducir a alguien. Se puede ser tímido, se puede ser torpe ligando, y no por ello se tiene por qué ser irrespetuoso con la otra persona.

Es interesante señalar que, al ser un comportamiento que se realiza en solo unos segundos, la misma persona puede realizar un envío masivo de este tipo de fotos. Quizá en lo que más tarde sea en tomarse una foto que le guste, con la prototípica erección, y un ángulo que considere favorecedor, etc. Pero una vez que la foto ha sido tomada, se tarda prácticamente lo mismo en mandárselo a una mujer que a veinte. Con esto quiero decir que muchas de las personas que hacen esto no tienen un único objetivo definido, sino que lo hacen “al por mayor”, como si de una estrategia de marketing masivo se tratase. Y en cierto modo, puede que aquí resida el por qué de que estas personas continúen haciéndolo. Si, desde una cuenta anónima, puedo mandar mil mensajes y no recibir ningún castigo por 999 de ellos, y de tan solo uno de esos mensajes recibo la respuesta que esperaba o algún tipo de refuerzo positivo, parece que puede “compensarme” lo obtenido en comparación con el poco esfuerzo que me ha supuesto hacerlo. Incluso si me cierran la cuenta, ¿cuánto se tarda en abrir una nueva? Este tipo de factores hay que tenerlos en cuenta para diseñar medidas que eviten este tipo de acoso online y, sobre todo, su reincidencia por parte de los mismos acosadores.

En cuanto a las personas que reciben este tipo de contactos indeseados, parece que aquí tampoco se discrimina demasiado. El único factor que hace que sea más posible recibir “fotopollas” es ser mujer. Pero un gran porcentaje de las mujeres de cualquier edad, orientación sexual o profesión las ha recibido alguna vez. Así que si eres mujer y tienes la suerte de no haber pasado por este trance todavía, no lo digas muy alto, porque podría pasarte hoy mismo. Parece que ciertos hashtags, o las personas que publican contenido relacionado con la sexualidad, pueden ser un blanco más común, de manera que las sexólogas, junto con actrices porno, sexbloggers, trabajadoras sexuales y otros grupos profesionales relacionados con el sexo, solemos ser víctimas más frecuentes de estos mensajes. A veces aparece la foto sin más, sin un saludo ni una introducción, y otras veces viene disfrazada de consulta inocente, o de una conversación sencilla que acaba desembocando en una excusa cualquiera para enseñar el pajarito. Sea como sea, y a riesgo de repetirme, si no hay consentimiento, sigue siendo acoso. ¿O vosotros soléis mandarles fotos de vuestras muelas a los dentistas que hay en redes sociales?

El hecho de que este fenómeno sea tan común genera cierta sensación de indefensión en las personas que lo sufren. ¿No se puede hacer nada al respecto? Lo cierto es que estas fotos de genitales suponen una infracción del artículo 37.5 de la Ley de Seguridad Ciudadana, por lo que en teoría se puede denunciar. Bien es verdad que en la práctica es difícil asegurar que la persona que haya mandado las fotos llegue a sufrir las consecuencias, pero nosotros tenemos la capacidad de intentar hacer valer nuestros derechos. Especialmente si la persona que recibe estos contenidos es menor de edad o sufre algún tipo de discapacidad, en cuyo caso, el envío de estas imágenes es un delito recogido en los artículos 185 y 186 del Código Penal, y puede ser penado con hasta dos años de prisión.

En la vida real, muchas personas no se animan a denunciar estos hechos por la vía legal por el engorro que supone la burocracia frente a las pocas posibilidades de éxito. Personalmente, soy de la opinión de que si todas las personas nos pusiéramos de acuerdo para denunciar estos hechos, y le diéramos visibilidad a estas denuncias por las mismas redes sociales por las que ocurren, quizá podríamos ayudar a crear conciencia de que no es solo algo desagradable, sino también ilegal.

Otras personas (la mayoría) optan por alternativas más sencillas, como bloquear, denunciar la cuenta en la plataforma correspondiente, o incluso compartir públicamente pantallazos del suceso. Desgraciadamente, ninguna de estas medidas garantiza que no vaya a ocurrirte de nuevo en el futuro (lo digo por experiencia propia), y a menudo la compañía ni siquiera elimina la cuenta que se ha saltado la normativa. En lo relativo a compartir capturas de pantallas, puede ser aconsejable tachar el nombre de usuario o la foto de perfil de la otra persona. No se trata de una manera de proteger su identidad porque “pobrecito, no vayan a ir a meterse con él”, más bien es una forma de asegurarse de que no seas tú quien acabe en un problema por haber compartido estos datos públicamente, ya que ni siquiera entre juristas existe consenso sobre si podría ser perseguible o no este tipo de respuesta.

Existen también recomendaciones en otro sentido, sobre no contestar, ni siquiera para bloquear, a la persona que te ha obsequiado con una foto no deseada de sus genitales. Se supone que la idea de esto es no darle la menor importancia al evento, para que el mensajero no pueda conseguir una simbólica superioridad gracias a la sensación de haber conseguido molestarte. Sea como sea, cada persona es quien debe valorar las opciones y decidir cómo actuar ante estos abusos.

Mientras tanto, solo nos queda seguir luchando por que la educación sexual integral deje de ser una utopía, y sea una realidad que contribuya a mejorar la manera en que nos relacionamos. Poco a poco, quizá algún día consigamos que el acoso y la violencia de cualquier tipo desaparezcan, o al menos se reduzcan lo suficiente como para que deje de tener sentido escribir artículos denunciando los penes que no queremos ver.

NOTA DE LA AUTORA: Recientemente he iniciado en redes sociales una campaña para dar visibilidad a este fenómeno. Bajo el hashtag #Fotopollasporelmundo publico las situaciones en las que yo, como sexóloga, he sufrido este tipo de acoso, e invito a todas las personas que deseen hacer lo mismo a usar este lema si creen que puede ayudarles en su denuncia de esta realidad.