¡Orgías lujuriosas entre los Feminismos y la Sexología ya!

Orgías lujuriosas entre Feminismos y Sexología

8 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Todavía siento la resaca del 8 de marzo. Tengo las emociones dentro de mi cuerpo. Emociones de todo tipo y mil colores. Por un lado, comparto la alegría de compartir con mis compañeras un día tan importante, excitación por la cantidad de cuerpos que me encontré en la plaza, ilusión por creer que todo puede ser diferente, enfado por seguir escuchando relatos muy duros por parte de muchas de las asistentes.

Enfado también porque amanecimos con nuestro Gaztetxe bloqueado, las tres puertas estaban cerradas por clavos soldados. Nos boicoteaban, boicotearon un espacio que ese día estaba destinado a ser un lugar de cuidado. Cuidado por parte de los que se reconocen como hombres hacia sus criaturas o las criaturas de otros y, sobre todo, de otras.

Enfado porque al día siguiente nos encontramos que nuestra pancarta que decía “Kapitalismoari planto” había aparecido con otro mensaje bien distinto “Feminazacismo, España no es un zoo”. ¿No estaré dando demasiado protagonismo al enfado? Mira que pasaron cosas aquel día, pero lo que me sigue moviendo es el enfado. Y me voy a permitir escribir estas líneas con mi enfado y desde el enfado.

Quiero ser honesta y decir que las palabras escritas por Somos Peculiares respecto al día 8 de marzo no me representan del todo, ni me he sentido muy cómoda con el discurso. Me suele pasar esto cuando siento que la Sexología se desvía de la lucha feminista y es como si dos partes fundamentales de mi identidad no se encontraran.

Sigo pensando que hoy por hoy tenemos que apoyar a los movimientos que pretenden cuestionar, cambiar, erradicar el sistema que hoy día nos oprime. Está bien nombrar las diferencias, promover el entendimiento, apostar por el cultivo de las ideas, ser constructivas... pero creo que es un error olvidarse del lado reivindicativo. Sé que hay muchas maneras de ser reivindicativa y que cada una lo hace a su manera, como puede y le dejan, pero está claro que al menos yo no me siento del todo cómoda con alguna de ellas.

Me parece curioso y preocupante que la Sexología no se posicione o, mejor dicho, sí se posicione, desde donde lo hace: La no posición no existe. En mi opinión lo hace desde una actitud egocéntrica y soberbia, criticando a movimientos sociales y disciplinas que al menos cuestionan la hegemonía del patriarcado y el capitalismo. Me rechina que dediquemos tanto tiempo en criticar a los feminismos y no porque no sean criticables, que lo son, pero ¿tanto tiempo y esfuerzo? Y por otro lado poco hablamos de aquellas fuerzas que nunca desaparecieron pero que hoy día están volviendo a tener mucha voz y se atreven a dar la cara.

A veces creen que todo lo que tiene que ver con lo íntimo, la pareja, la erótica, las identidades, los deseos... pertenece exclusivamente al campo de la Sexología. Está claro que el estudio de los sexos como disciplina lo abarca la Sexología, pero está claro también que todas vivimos estas cuestiones en nuestras pieles y con las demás. He oído comentarios de algunas de nosotras desprestigiando opiniones de personas no “expertas” en el tema, pretendiendo que las únicas legitimas para hablar de ello somos las sexólogas y los sexólogos. Lo siento, pero no comparto la monopolización de las ideas ni la mercantilización de las mismas. Aunque nos joda, tenemos que escuchar lo que se dice del tema e intentar aportar en vez de juzgar y despreciar.

Lo obvio es que hay un malestar bastante general de todas aquellas que se sienten excluidas del marco normativo, que muchas han salido a las calles y gritan que ya no les sirve lo que tienen. Están surgiendo nuevas redes, nuevas identidades, colectivos que funcionan, espacios alternativos... Y al mismo tiempo existen otros que quieren erradicar toda diferencia, que buscan la homogeneización a través de la represión más rancia, que no creen en la educación ni quieren personas pensantes, que les molesta enormemente que la gente piense y decida. Aquellos que han matado a muchas, demasiadas, y estarían encantados de volver a hacerlo, aquellos que quieren meter el rosario en nuestros ovarios.

La cuestión es: ¿Qué hacemos con lo que sí pasa? ¿Qué podemos aportar nosotras desde donde estamos? ¿Dónde queremos estar? ¿Queremos estar?  Y si queremos, ¿Cómo queremos?

Para mí es tan evidente que la mirada tiene que dirigirse a estas fuerzas fascistas que se me hace muy difícil entender no hacerlo. Sé que para algunos la Sexología no tiene que ser combativa, que tiene que cultivar y promover y no tanto condenar y reivindicar. Creo que no son incompatibles y también creo que tenemos que aportar a la polis nuestro estudio de los sexos. Salir de los despachos, salir de nuestra zona de confort y estar en las calles, donde lo real es palpable y visible. Las ideas son una herramienta muy potente, nuestra base para luego hacer, pero si nos quedamos sólo en el mundo de las ideas, nos perdemos el aquí y ahora. Y esto es lo único que tenemos.