Sé la pareja perfecta

"Elegimos a nuestra pareja, eso está claro. Pero elegimos estar y ser junto a otra persona, no ser la pareja perfecta del otro, ni para el otro"

Melanie Quintana Molero

6 de febrero de 2018

 

Busca a tu media naranja. ¿Sois compatibles? Medio limón o naranja entera. Sé esa persona con la que alguien quiera estar para toda la vida. Lo importante es elegir bien a la pareja. A tomar por el trasero. Perdonad el eufemismo, según Google he de ser educada para encontrar a mi pareja perfecta. En fin. Muero de la risa al escuchar estas frases y más ahora en pleno febrero. Parece que no hay otra época del año para ser romántico ni hablar de pareja. Y aquí estoy yo con este titular. ¡Menuda paradoja!

Estas y muchas otras son las frases con las que nos bombardean y tenemos que convivir en esta época del año. Estoy tan harta de escucharlas y leerlas que no podía no comentar algo al respecto. Así que he aquí mi pequeña reivindicación.

Tenemos tan integrado el adjetivo perfecto cuando hablamos de pareja que ni siquiera nos planteamos de dónde viene esta idea ni por qué ha de ser así. Personalmente cada vez que lo oigo me viene a la cabeza El banquete de Platón y sus seres redonditos. Parad. No me tachéis de loca aún. Me explico.

El banquete de Platón es una recopilación de las conversaciones que mantuvieron sobre el amor ­–y otras cosas que no vienen a cuento­– allá por los años 385-370 antes de la Era Común los filósofos más reconocidos de la época. De esas conversaciones surgió el mito de los seres redondos, concretamente del discurso de Aristófanes.

Muy en resumidas cuentas, este explicaba que la humanidad estaba compuesta de seres redondos. Estos tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas… ­todo por dos, os hacéis una idea. En fin, la leyenda se resume en que estos desafiaron a los dioses, Zeus les castigó cortándoles por la mitad y Apolo les curó, quedándose con la forma antropomorfa actual. Se cuenta que a raíz de aquello estos seres estuvieron condenados a encontrar a su otra mitad para sentirse completos. Pero ojo: su otra mitad, no otra mitad cualquiera, de lo contrario, no eran felices. He aquí el origen del mito de la media naranja.

 

"Hemos llegado al punto de convertir toda nuestra vida es una especie de examen donde lo que se examina son nuestras actitudes para ser la pareja perfecta del otro"

 

2.400 años después seguimos atrapados en esa idea o, al menos, pensando como entonces. Rectifico, hemos ido a peor. De hecho hemos llegado al punto de convertir toda nuestra vida es una especie de examen donde lo que se examina son nuestras actitudes para ser la pareja perfecta del otro. ¡Joder! No hay más que mirarnos. Qué si ve al gimnasio, que si aprende de lo que le gusta, que si vístete de manera que le puedas atraer.

Elegimos a nuestra pareja, eso está claro. Pero elegimos estar y ser junto a otra persona, no ser la pareja perfecta del otro, ni para el otro. Elegimos ser nosotros mismos, acompañados. Decidimos que el otro se convierta en alguien sexualmente significativo en nuestra biografía. ¿Para siempre? No lo sabemos. ¿Para ahora? Es decisión nuestra. ¿Para ser nuestra pareja? Puede. ¿Para ser nuestra pareja perfecta? ¿Acaso eso existe? ¿Os imagináis yendo por la vida pegados a la espalda de otro? Muero de risa, Aristófanes.

 

"Estar juntos es un arte. Es arte. Porque el amor no es algo a lo que se le dé cuerda. No lo programamos ni controlamos. No es un reloj"

 

Lo que sí tengo claro es que no hay un modo o modelo de estar juntos al que nos podamos ceñir. No existe la pareja perfecta. Porque ¿qué es la perfección? ¿Quién decide lo que es perfecto? Estar juntos es un arte. Es arte. Porque el amor no es algo a lo que se le dé cuerda. No lo programamos ni controlamos. No es un reloj. A mí me gusta pensar que es como tocar una melodía sin una partitura. Es esa sensación que te recorre el cuerpo sin saber qué es lo que va a sonar. Sin líneas rectas que te guíen, sin mapas, sin patrones, sin perfecciones.

He aquí mi reivindicación: enamorémonos de nuestras imperfecciones, de nuestras peculiaridades, de nuestro yo. Dejemos de leer cómo debemos ser, cómo debemos ser con alguien y creemos nuestra manera de estar juntos. Seamos auténticos. Creemos parejas imperfectas y que escriban sobre nosotros.

 

 

Seres redondos

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