¿Sabías que hay quienes se inyectan botox en el escroto para disimular sus arrugas?

14 de diciembre de 2017

Rubén Olveira Araujo

Hay quien dice que los genitales femeninos son más bellos que los masculinos. Bellos con b, por supuesto, dado que del follaje de las partes pudendas ya hablaremos en otra ocasión. El caso es que mientras muchos se resignan a lo que algunos consideran una triste realidad, otros están decididos a ponerle remedio al asunto ¡por sus pelotas! Y es que precisamente por ahí va el tema: de que sean más lisas, tersas y por supuesto, ande o no ande, con huevos grandes. ¿Cómo conseguir todo esto? Inyectándose botox en el escroto.

Esta práctica que te deja la bolsa que protege los testículos tan suave como el papel higiénico de Scottex es conocida –y no es broma– como escrotox, un neologismo creado de la suma de las palabras escroto y botox. La idea surgió a raíz de una sencilla premisa: Si la parálisis muscular parcial y temporal reduce la aparición de arrugas en la frente y alrededor de los ojos, ¿por qué no iba a funcionar igual con la piel rugosa de los huevos? Y cómo no, esta práctica encontró su nicho en Estados Unidos, desde donde poco a poco se está exportando a otros países.

Aun así, todo este asunto nos lleva a una cuestión previa: ¿Por qué de por sí la bolsa testicular es rugosa en vez de suave como el culito de un bebe? Principalmente, el escroto tiene dos funciones. La primera, proteger de lesiones a los testículos; de ahí que los huevos se escondan como una avestruz cuando hay peligro cerca, por ejemplo. Y la segunda, mantenerlos a la temperatura óptima para la producción de semen, que ronda los 35 grados frente a los 37 del resto del cuerpo humano –razón por la cual esta bolsita hecha cuelga de manera vulnerable entre las piernas–. En resumen, el escrotox echa por tierra millones de años de evolución al poner estos músculos en reposo.

¿Por qué entonces alguien querría que le inyectaran una neurotoxina en las pelotas? Hay quienes recurren a esta práctica porque su escroto les aprieta tanto durante las bajas temperaturas que experimentan dolor. Otros, en cambio, por una sudoración escrotal excesiva –dado que el escrotox reduce la exudación–. Pero sobre todo y ante todo, porque antes muerto que sensillo.

En el Estado español el escrotox no está respaldado legalmente, lo que significa que si hay algún efecto secundario el responsable directo es quien se encarga de dirigir la inyección: los profesionales de la medicina estética. Su precio desorbitado –ronda los 3.000 euros– tampoco fomenta que muchas personas opten por este tratamiento. Aunque principalmente lo que más tira para atrás a muchos es que se aconseja a los clientes estar sin practicar penetración alguna hasta seis meses después del tratamiento para unos efectos que se mantendrán –como con cualquier toxina botulínica– durante un periodo de entre cuatro a seis meses. Y si luego se quiere volver a tener unas buenas pelotas de bulldog, a repetir, por supuesto.

Y hablando de pelotas de bulldogs, hay a quienes prefieren a personas con huevos grandes dado que el clásico balanceo y golpeteo de los mismos durante las prácticas penetrativas les causa una mayor excitación. Eso sí, tampoco hay que olvidar que tenerlos demasiado colgando da la impresión de envejecimiento genital. Así que seamos sinceros: ¿Seguro que unos huevos grandes y lisos son más bellos?

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