¿Sabías que hay porno para ciegos?

7 de diciembre de 2017

Rubén Olveira Araujo

Cuando pensamos en porno lo más probable es que la primera imagen que nos venga a la cabeza sean un par de pechos pegados a una mujer. Dependiendo de nuestros gustos, puede incluso que dos pares de pechos –y aquí ya no vamos a entrar en si pertenecen a la misma o a diferentes personas–. Todo ello, acompañado habitualmente de un silencioso taladro empotrador que en el formato audiovisual contrasta con los sonidos de carne golpeándose, respiraciones profundas, gritos de esfuerzo y chillidos sobrenaturales de la bestia a la que se está trinchando. Porque sí, muchas veces el cine X parece más el escenario de una matanza de pueblo que un encuentro hedónico. Sin embargo, durante los últimos años se pueden encontrar algo más que gemidos; se puede encontrar porno para ciegos.

Según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud, a lo largo y ancho del mundo hay alrededor de 285 millones de personas con una disfuncionalidad visual total. Como el negocio de la pornografía en Internet no para de crecer, esto pasa por adaptarse a diferentes colectivos y en esta ocasión les ha tocado a ellos. ¿Pero en qué consiste exactamente el porno para ciegos?

No se trata de traducir al braille las monosilábicas conversaciones de los actores, no. Tampoco en subir los chillidos a todo volumen –que son ciegos, pero no sordos, ¡por favor!–. En el caso audiovisual, se trata de vídeos adaptados con audiodescripciones locutadas por profesionales –habitualmente mujeres– que narran hasta el más mínimo detalle la escena que se está reproduciendo, desde la localización y las ropas de los personajes hasta las actitudes, los gestos y las prácticas que tienen lugar. Es decir, todo cuanto está pasando por delante de la cámara para que cualquiera pueda imaginarse qué se está cociendo sin necesidad de verlo.

Pero el porno no se limita al séptimo arte. Desde novelas eróticas en braille a libros con ilustraciones con prácticas explícitas en relieve, como Occasionally Blind, de Nina Linde, o Tactile Minds, de Lisa Murphy, hay opciones para todos los gustos. Por lo que ya sea a través del oído o de la yema de los dedos, los estímulos extáticos no están fuera del alcance de ninguno de los sentidos.

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