Nuevo año: 5 propósitos peculiares sobre sexo

Propósitos sobre sexo

28 de diciembre de 2018

Laura Marcilla

Ahora que el fin de año está a la vuelta de la esquina, muchas personas deciden fijarse ciertos objetivos de cara al año siguiente. Incluso quienes no son fans de este tipo de tradiciones, seguro que han encontrado ya varios artículos o noticias relacionadas con los famosos 'propósitos de año nuevo'. Algunos de los más comunes giran en torno a cosas como dejar de fumar, hacer más ejercicio, dedicar más tiempo a los amigos, viajar, etc. Lo que todos ellos tienen en común es que son metas que esperamos que nos acerquen un poquito más a la felicidad. Ya que la sexualidad es, sin duda, un elemento esencial en la vida de todas las personas, así que disfrutar de  una sexualidad sana y plena puede contribuir a la causa.

Así que, tanto si sois de los que se fijan propósitos de año nuevo como si no: seguid leyendo. Os prometo que ésta no es la típica lista de propósitos, es una muy peculiar que podréis empezar cualquier día del año, incluso sin salir de la 'cama'.

1. (Re)descubre tu cuerpo

Este punto se refiere a algo más allá de la masturbación. Ya hay muchas guías y consejos sobre cómo mejorar el autoerotismo con uno mismo, y además no todas las personas se sienten cómodas con esta práctica. Masturbarse o no hacerlo son opciones igual de válidas, pero hay muchas formas de disfrutar de nuestro cuerpo y llegar a conocerlo mejor y no todas ellas giran en torno a nuestros genitales. De hecho, las personas que se masturban habitualmente, aunque conocen muy bien qué formas de estimulación les provocan más placer, pueden desarrollar también la costumbre de recurrir siempre a las mismas técnicas, de repetir los mismos procedimientos, en definitiva, de caer en la rutina con uno mismo. Seas o no una persona que se masturba, puedes poner en práctica esta sugerencia. Explora tu cuerpo con todos tus sentidos. Hazlo sin ánimo de juzgarlo, simplemente por disfrutar de las sensaciones que puedes despertar, especialmente en zonas a las que les prestamos menos atención o con nuevas formas de estimulación. ¿Alguna vez has comprobado lo sensibles que son los huecos de la parte posterior de rodillas y codos? ¿Has olido tu propio pelo o te has acariciado la cara y el cuello con él? ¿Has observado cómo cambian de textura tus pezones al tacto de diferentes tejidos? Esto también es autoconocimiento y aunque quizá no sea la manera más efectiva de alcanzar el orgasmo, si puede resultar placentero y es un experimento apto para todos los públicos.

2. Amplía tus horizontes

Al menos una vez al año, atrévete a salirte de tu zona de confort. No hace falta hacer grandes cambios ni experimentar prácticas que sintamos que nos van a desagradar, pero sí es interesante dar pequeños pasitos para hacer que el abanico de posibilidades sea cada vez más variado. Para cada persona este punto puede representar algo totalmente diferente y por supuesto es uno mismo quien debe juzgar qué ideas son suficientemente novedosas sin llegar a ser incómodas o forzadas. El rango puede variar desde introducir pequeñas novedades hasta atreverse con grandes retos pendientes. Tener sexo a plena luz, realizarse una sesión de fotografías eróticas, masturbarse delante del espejo, probar un juguete erótico, tener relaciones en un sitio poco común, atreverse con alguna práctica nueva, añadir algún alimento a un encuentro sexual, consumir pornografía en compañía, disfrazarse e interpretar personajes, practicar sexo en grupo… La lista es interminable y cada uno puede confeccionar la suya propia. Cualquier “experimento” será válido y positivo. Si el resultado no nos convence, no tenemos por qué volver a realizarlo, pero… ¿y lo maravilloso que será si descubrimos algo nuevo que añadir a nuestro repertorio erótico?

3. Cultiva tu imaginación

Aunque parezca sencillo, este propósito requiere más trabajo de lo que pueda parecer. En muchas ocasiones recurrimos a la pornografía de manera casi automática, o a fantasías sexuales que ya conocemos de memoria. Nuestro cerebro es nuestro órgano sexual más potente, pero a menudo no le prestamos toda la atención que se merece. La imaginación es una habilidad que se puede entrenar, y cuanto más se usa, mejor funciona. Pero si en un primer momento nos cuesta arrancar, siempre podemos recurrir a otros medios, como los relatos eróticos. De hecho, una forma de potenciar la imaginación, más allá de cerrar los ojos y concentrarnos, puede ser escribir nuestras fantasías. Ni siquiera hace falta que sea un texto con principio y con final, una simple lluvia de ideas con los elementos que queremos incluir puede ser más que suficiente para espabilar a nuestro imaginario adormecido. Si además conseguimos una historia bien desarrollada y nos sentimos orgullosos del resultado, mejor que mejor. No olvidéis que en ese caso podéis animaros a mandar vuestro texto y ayudar a alimentar las fantasías de otras personas. Otros elementos también pueden ayudarnos a crear ambiente a la hora de fantasear: velas, incienso, música, alguna escena de película que se corta en el mejor momento y queramos continuar. El límite es la imaginación y la imaginación no tiene límites.

4. Olvídate del orgasmo

Y hasta del coito. Los comúnmente llamados preliminares, no existen. Todo lo que rodea al coito también es sexo, pero la sociedad nos inculca que lo “importante”, “lo que cuenta” es la penetración y el orgasmo. Y sí, puede que muchos de nosotros tengamos ya este mensaje bastante claro, pero del dicho al hecho hay un trecho, e incluso las personas más conscientes de lo malo que puede ser el coitocentrismo pueden en ocasiones sorprenderse a sí mismas pensando o planeando el momento de la penetración, o analizando las posibilidades de alcanzar el orgasmo. Que por supuesto que el orgasmo no tiene nada de malo (faltaría más, con lo maravilloso que es), pero perdernos el placer presente esperando el placer futuro sí que es un desperdicio, y sin embargo… que tire la primera piedra a quien nunca le haya pasado esto. ¿Dónde radica la dificultad de este propósito? En que conjurar las palabras “no pienses en un elefante rosa” automáticamente trae a nuestra mente al dichoso elefante rosa. Y lo mismo pasa con el orgasmo. Este punto requiere entrenar la capacidad de dejarse llevar, de abandonarse, de perder el control. Algunas técnicas de relajación o de mindfulness pueden ayudarnos con esto, y muchas personas se sorprenderán al descubrir que olvidarnos del orgasmo muchas veces nos conduce a él, sólo que sin buscarlo. Y si no hay orgasmo, tampoco hay drama, porque igualmente todos los caminos eróticos llevan al placer.

5. Habla de sexo sin tabúes

Ah, pero… ¿esto no lo hacíamos ya? Pues resulta que no tanto como creemos. Quizá en nuestro círculo cercano y sobre ciertos temas socialmente aceptados no nos cueste demasiado hablar de ello, pero en otros contextos o sobre otros aspectos relacionados con la sexualidad, aún seguimos (auto)censurándonos, aunque sea de manera inconsciente. Sí, todos hemos presumido de algún encuentro sexual en una reunión de amigos, pero… ¿podemos discutir sobre qué anticonceptivo nos planteamos usar delante de nuestra familia? ¿Podemos hablar libremente de nuestros genitales sin recurrir a apodos cómodos o eufemismos? ¿Cuándo estamos menstruando, lo contamos abiertamente? Y si lo contamos, ¿cuántas veces usamos expresiones como “esos días del mes” o “problemas femeninos”? Pensamos que la sexualidad ha dejado de ser tabú, pero los temas y los lugares permitidos aún los marca la sociedad. Puede que este supuesto “decoro” venga de la idea de que hablar de sexo siempre es algo erótico o incluso obsceno, pero lo cierto es que la sexualidad es tan natural como la respiración. El lenguaje importa, la manera en que comuniquemos las cosas y la actitud con la que lo hagamos puede ayudar a reivindicar la sexualidad como un hecho y un derecho. A poco que observemos nuestra conducta o nuestro vocabulario  y realicemos pequeños cambios, estaremos poniendo nuestro granito de arena para ayudar a normalizar la sexualidad de una manera positiva. Hablar de sexo es tan sano como practicarlo.

Estos son solo algunos de los propósitos sexuales que toda persona puede llevar a cabo. Qué maravilloso sería que todos ellos fueran algo que integrásemos en nuestra vida diaria. Y aunque no son incompatibles con los propósitos más “clásicos”, tampoco tienen nada que envidiarles y son indudablemente peculiares.