Mi verdadero despertar sexual

 

 

 

 
 "Me ha costado muchos años comprender que
no soy rara, que no soy mala. Que soy
inmensamente especial en todas y
cada una de mis facetas."

 

¿Por qué en el sexo no era igual?

Sensitiva, complaciente y hermosamente lasciva. Durante años experimenté en diferentes y anodinos cuerpos. Buscaba sensitiva información tapando vacíos emocionales. A veces con orgasmos fingidos, con rabia, sedienta de desnudez. Ávida de encontrar esa sensación de verdadero placer.

Quería agradar. Excitar y aprender a marchas forzadas. Pero, no llegaba a nada, me sentía vacía y a la vez maniatada por no poder expresar todo lo que sabía en mi interior se escondía. Esperando a salir como una oruga que se mantiene a salvo en su capullo, esperando el momento perfecto para desplegar sus hermosas alas.

Quería expresarme mediante el tacto, los besos y el sexo. Llegue a pensar que no estaba actuando bien y que ese no era mi lugar. No sabía bien donde me quería ubicar. Por aquel entonces, abandonaba camas y cuerpos de madrugada para resguardarme sola en mis pensamientos. Llegué a pensar que yo no era la adecuada, que no debía sentir así, sentía que no debía liberar a mis propios prejuicios impuestos.

Mi mente mantenía a ralla todo intento de fuga de mi verdadera libertad, soterraba toda expresión corporal después de cada encuentro sexual con extraños porque sabía no eran los idóneos para tal demostración. Dejando a amantes abandonados al azar.

En aquella época no sabía aún que lo que estaba haciendo era sujetar y mantener bajo control a aquella diosa empoderada que habitaba dentro de mí. Tan ninfa, tan salvaje. Así mágica, táctil, cariñosa y ardiente. Dentro de mí se escondía esa verdadera YO. Pero, no estaba dispuesta a dejarla salir tan fácilmente.

El paso de los años y el recorrido de otros cuerpos me enseño a ser paciente, a respetarme y sobretodo a amarme por encima de todo. Ser alguien con esa capacidad especial de amar no es fácil y acabas siendo un blanco para los que no son cómo tú y te utilizan en su propio beneficio. Así que aprendes a follar como mero entretenimiento. Sin objetivo.

Finalmente harta de experiencias vacías y sin sabor a piel, volví a permanecer dormida en estado de coma. A la espera por mucho tiempo de que algo removiera mis entrañas. Alguien así tan puramente sensitiva como yo, acaba por amar con las vísceras. Así que me mantuve a la espera. Alguien me despertaría de mi propio letargo impuesto para no sentir... ni con mi cuerpo, ni con mi corazón.

 
 
 "Ser alguien con esa capacidad especial de amar no es fácil y acabas siendo un blanco fácil para los que no son cómo tú y te utilizan en su propio beneficio. Así que aprendes a follar como mero entretenimiento. Sin objetivo."

 

Y sin más, con el pasar de los meses en el calendario, escondida en mi propio armario personal... apareció él. Con aquella mirada transparente de color verde mar.  Sus grandes manos se deslizaban sobre el volante de su coche, mientras yo observaba atentamente e imaginaba cómo se deslizarían sobre mi piel desnuda. Necesitaba sacar a pasear a mi ninfa dormida. Necesitaba follar, acariciar, sentir y gozar de nuevo.

Me sentí como en casa a su lado, desde la primera cita. En lo más profundo de mi interior sentía miedo de volar. De nuevo sentir atracción física, química y visceral removía mi interior haciendo que debatiera con mi YO interior. No poder sacar a pasear al demonio que habita en mí me consumía internamente.

Mi batalla interior era devastadora. Sabía bien lo que se escondía tras esa coraza que me había impuesto a base de desilusiones y cuerpos vacíos usados. Pero, su olor me enloquecía. Era penetrante y estremecedor. Su sola presencia a pocos metros de mí erizaba mi piel y me recordaba lo terrenal de mi cuerpo cansado de esperar.

Sus labios se posaron sobre los míos afianzando un beso. Con solo ese pequeño y a la vez tan grande gesto supe estaba ante mí un empotrador nato. Su manera de sujetar mi cara con ambas manos, la respiración entre cortada y el calor que emanaban sus gruesos labios me hicieron volar.

Quería probar más. Aquello me supo a poco. Quería saber que otro As en la manga escondía aquel hombre que desde un principio me pareció anodino. Su sola presencia me suscitaba querer indagar mas en él y su manera de follar.

Fue atracción sexual al primer roce. Esas cosas ocurren pocas veces, o al menos a mí no me había sucedido muy a menudo a lo largo de mis años de experiencias sexuales. Aquella primera cita no fue a más. Se comportó como un verdadero caballero y debo reconocer que aquello me desconcertó e incluso llegó a molestarme mas de lo previsto. ¿Acaso no me encontraba atractiva?

Pasaron algunos días antes de nuestro primer verdadero encuentro. También sus noches y la búsqueda de mi propio placer. Me llegué a masturbar varias veces para aplacar aquella ansiedad. Desgasté mis dedos dentro de mi vagina imaginando como sería aquel hombre en la cama.

Me perturbaba el hecho de que mis expectativas no fueran cumplidas después de todo. Y llego aquel gran día. El teléfono sonó y me puse muy nerviosa.

– ¿Que tal preciosa? Tu y yo tenemos algo pendiente...

 
 
 "Se comportó como un verdadero caballero y debo reconocer que aquello me desconcertó e incluso llegó a molestarme mas de lo previsto. ¿Acaso no me encontraba atractiva?"

 

Aquellas palabra erizaron toda mi piel. Era insano, destructivo e irracional. Le deseaba como un animal. Mi hambre se comportaba primitiva, insaciable, voraz. Mis pensamientos no se detenían. No podía parar. Sólo deseaba follar, follar, FOLLAR. Quería sentirle horadando mis entrañas, invadiéndome hasta el centro del pecho, quemando con su lava hasta prenderme como el fuego. Todo eso y mucho más.

Fue vernos y nuestras bocas se buscaron, mi lengua se enredó a la suya como una serpiente. Besé su cuerpo, bajando por su pecho, recorriendo con deleite aquel cuerpo. Podía oler el miedo que sentía ante mí, quería aplacar a mi bestia interna. Pero yo no estaba dispuesta a detenerme por nada.

Abrí mis fauces para engullir su polla hasta la garganta. Mis labios lo apresaron mientras me alimente de ella hasta la última gota. Sentía hambre de sexo irracional, voraz. No podía parar. Ni quería. Estaba totalmente desbocada como un potro salvaje.

Su jadeante respiración dio paso a mi turno mientras un espejo era testigo en aquel pequeño almacén olvidado. Chupo mi vulva, mordisqueando los pliegues, lamiendo despacio, cada recoveco. Saboreando detenidamente mi sal.

– Para o llegaré. – Gemí sin convicción.

Se aferro a mis caderas, engulló mi sexo y, con un gemido agónico, me corrí. Giró mi cuerpo de modo nuestro reflejo fuera más claro en el espejo. Mientras sujetaba mi cuello con una mano y deslizaba sus largos dedos por mi boca. Con la otra introducía sus dedos abriéndose paso en mi húmedo sexo.

Su miembro se aferró a mí sin previo aviso. Agarrando mis glúteos, separando mis piernas. Su sexo era duro y sus embestidas también. Hacía tiempo no sentía vibrar a mi cuerpo así. Los espasmos nos sacudieron a ambos mientras él gemía agónicamente en mi oído y yo estallaba en un sonoro orgasmo.

­– Tengo más hambre de ti, quiero conocerte más. Quiero pasear contigo. – Me dijo mientras nos vestimos agarrando fuertemente mi mano para no dejarme marchar.

Mi mirada desconcertada  me delató, pero aquella vez, mi cuerpo no salió corriendo como las otras veces. Él no iba a ser otro amante abandonado. Necesitaba curasen mis heridas, que me arropasen. Y su mirada felina me ofrecía amor y confianza.

Aquella iba a ser una de tantas miles de veces en las que nuestros cuerpos y almas se fusionarían. Aquel encuentro fugaz  fue todo un acierto y comencé a comprender propio mi deseo. Desde entonces aprendí a vivir mi sexualidad sin reparos. Ahora él sigue esperando cada noche un solo roce para volvernos a enredar, y yo me dejo llevar por su excitante magia que nunca se apaga.

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