SENTIR LO QUE NO SE PUEDE TOCAR

Una mirada cruzada. Dos segundos que se quedan clavados en la mente para toda una vida. Esa mirada con la que sientes la certeza de que nunca más las vas a volver ver o a sentir.

Una mirada en el metro o en el autobús; de esas que sientes casi como si te estuvieran tocando y no puedes evitar alzar la vista para devolver ese momento que alguien te está ofreciendo de forma altruista.

Sí, una mirada puede seducirte la mente y el cuerpo para algo más que un rato. Ese momento en el que te das cuenta de qué es la fuerza del contacto intangible, a veces mucho más poderosa que cualquier caricia o experiencia sexual, porque... tras ese momento viene lo mejor de esa experiencia: la fantasía.

El morbo de fantasear con alguien que sabes que no te volverás a encontrar o llegarás siquiera a conocer. Ese juego de no conocer a la persona que hay detrás de esa mirada, de esos ojos, de esa intensidad. El placer de fantasear con nosotros mismos, de crear, de expandir posibilidades.

¡Qué bello es sentir lo que no se puede tocar!

Kirara


 

ME GUSTAS

Me gusta. Sí. Lo reconozco. Me gustan sus ojos cuando me mira porque veo el deseo en sus pupilas, me gusta su sonrisa que le ilumina la cara, me gusta su lengua recorriendo mi clavícula y mi cuello, me gusta su cabeza entre mis piernas. Me gusta su piel, suave como la de alguien que estrena una, me gusta su humor, su forma de hablar nasal, su peculiar forma de bailar. Me gusta su cama calentita con ese edredón mágico que hace que no quieras salir de ella. Me gustan sus abrazos mientras duermo. Me gusta que me robe besos, que meta su lengua en mi boca y me haga estremecer. Me gusta cuando se calienta por la noche y succiona mis pezones hasta oírme gemir. Me gusta que baje con su lengua lentamente por mi ombligo hasta mi vulva y me coma el alma. Me gusta el sonido que emite su voz extenuada de placer cuando introduzco suavemente su pene en mi vagina. Me gusta que me pregunte si me gusta lo que hace.

Me gustas, pero no deberías gustarme. No deberías porque tu pasado pesa mucho. Porque tienes una mochila cargada de situaciones complicadas, de desconfianza, de traición. Porque tienes miedo a ser libre, a expresarte tal cual eres, porque te tomas la vida demasiado a broma.

No deberías, sin embargo, ya me has atrapado.

Amanita

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