Te declaro culpable

 "Totalmente ofrecida a ti, te dispones
a acoplarte sigilosamente a mi cuerpo.
Me embistes sacudiéndome de arriba
a abajo con mi estrepitoso gemido,
rompiendo el silencio de la noche.
"

Te declaro culpable de mis desvelos.

Te despiertas en medio de la noche sofocado por el calor y tu cuerpo me busca insolentemente. Un solo roce, una caricia, hace que en sueños yo me deje llevar. Soy tu alivio obsceno y tu cuerpo en conexión perpetua con el mío sabe cómo se puede calmar. Nos invade la oscuridad, solo la triste penumbra de las farolas de la calle entrando a fisgonear por las rendijas de la persiana iluminan con su tenue luz el cuarto. Apenas te puedo ver, pero si siento tu cuerpo cerca de mí y el rastro de tu calor sobre las sábanas. Tú respiración en mi nuca eriza mi piel aún dormida.

Te declaro culpable de mis desvelos, porque tú no me follas... ¡no! Tú haces de mi piel un homenaje. Me veneras como a una diosa para depositar tu tributo líquido en mi interior. Rabiosamente tuya intento no despertar, pero sabes que mi cuerpo te pertenece y acabaré por dejarme llevar. Encadenando mi sexo al tuyo por la eternidad.

Totalmente ofrecida a ti, te dispones a acoplarte sigilosamente a mi cuerpo. Me embistes sacudiéndome de arriba a abajo con mi estrepitoso gemido, rompiendo el silencio de la noche. Me encierras en tu burbuja particular en la que solo existimos tu y yo y nada más. Las cuatro paredes que nos envuelven son nuestro altar y tú estás dispuesto a rendirme verdadero culto.

Tus manos me recorren sin cesar, me pellizcas las nalgas con tus fuertes manos y me besas mientras tu polla palpita en mi interior. Acaricias mi piel que te pertenece. Adoro cada instante de tus desvelos y tu intento por sofocarlos en mi interior. Mi vida, nadie más me sabe follar así.

Sabes de sobra lo que me gusta, como si estuvieras conectado a mi mente. Desde siempre lo has sabido, desde hace mucho tiempo ya. Quizás en otra vida ya me adorabas nocturnamente sin cesar. Tus caderas se mueven en un ritmo tribal mientras yo muerdo la almohada para así mis gemidos aplacar. Tus dedos insolentes buscan mi boca. Los chupo y les ofrezco mi húmeda y caliente saliva. Te desplomas sobre mí desfalleciendo con un grito susurrado a mi oído, abrazando el temblor de mi cuerpo, te acomodas para de nuevo descansar. Acunándome como a una niña, encendiéndome como a una mujer.

Parece que toda tu energía desaparece con el placer. Te vacías por completo en mi interior. Mi coño rebosa en un reguero líquido y pegajoso que se escurre entre mis piernas. Descansas exhausto mientras tu respiración se vuelve a relajar. Mis pupilas se abren de par en par. Tu tributo me ha llenado de viva energía y mi cabeza comienza a despertar. Ardo cómo el ave fénix y quiero echar a volar. Pero tu cuerpo aplastando el mío lo retiene inmovilizado de manera que me recuerda que soy inmensamente tuya.

Te pertenezco. Mi cuerpo, mi alma, mi sed te pertenece. Por ello te declaro culpable de causar mis desvelos y me declaro cómplice absoluta por dejarme llevar a tu infierno de lujuria.

ARTÍCULOS RELACIONADOS