De Peculiares

El placer de sufrir con pole dance

Pole Dance

8 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Cuando me acerqué a esta disciplina gimnástica, sabía que me costaría horrores, más que nada porque todo deporte requiere de esfuerzo, de sudar la camiseta (literalmente). En lo que no pensé fue en que los horrores serían tan dolorosos… ¡y satisfactorios a la vez! ¿Nunca os ha pasado que os enganchais al dolorcillo de un deporte? Hoy os comparto mi experiencia y os cuento por qué.

“Voy a clases de pole” – “¿De qué?” – “De lo de la barra”… en ese momento sabes que la idea que tiene la gente del pole dance es similar a la que tenías tú (oh, pequeña incauta) antes de asistir a clases. Todos nos hemos educado con imágenes de mujeres hipersexys con curvas de escándalo refregándose como si no hubiera un mañana, pero no.

Pole es mucho más variado, diverso, entretenido… aunque también doloroso. Sí, has leído bien, doloroso.

Mi experiencia comenzó en Poledance Bilbao (¿os tengo que decir en qué ciudad?) con la maravillosa JanLo @janlo_theblackmamba. Mis últimos meses allí fueron un locurote, así que no fue hasta que no llegué a Madrid Pole Dance Studio que no conocí el dolor de primera mano.

En esta escuela, mis torturadoras y torturadores, digo… profesorado, ha sido muy variado. Y, ojo, aunque torturadorxs, ¡maravillosxs todxs!

Seguro que sigue habiendo mucha persona incrédula al otro lado de la pantalla diciendo “no puede ser para tanto”. Ok, hablemos pues de los DOLORES HABITUALES pre, durante y post pole:

- Las rojeces y quemaduras: o como también se les dice por quitar hierro, “los besitos de la barra”. La barra de pole nos quiere mucho, se nos agarra, se nos abraza a la piel desnuda… y eso se nota. Por ejemplo, no hay empeine de pies sin rojez ni cicatriz, ¡un horror para el feet fetish! Muy importante que identifiques cuándo te estás soltando de la barra por dolor y cuándo por resbalar de verdad. Si es por dolor y te añades magnesio… ¡el besito va a ser más gordo!

- Los moratones: algunas figuras y movimientos requieren pellizcos en la piel. Con el tiempo, tu piel se endurecerá y tus músculos se fortalecerán; pero ve avisando a todo el mundo de lo que puede encontrar. Aún recuerdo cuando dije a una compa que los moratones “eran por Pole” y me respondió “¿¡Quién es Paul!?”. Evita malentendidos, informa de que haces este deporte y disfruta de las respuestas estrafalarias.

- Las agujetas: obvio. Como cualquier deporte, pole dance también da agujetas. Lo más gracioso, al menos en mi caso, es que según pasan los días desde la última clase, éstas aparecen por diferentes zonas de mi cuerpo; ¡tortura al completo! Pero, ¿y lo bien que te sientes porque sabes que te estás esforzando?

- Callos y durezas: Siempre lo dice nuestro querido Quique (@eurokique) “quienes llevan mucho tiempo en pole tienen cuerpos divinos y esculturales y las manos de un rudo marinero”. Tus manos irán mejorando su agarre y eso será a base de generar callo y dureza, asume que manitas de princesa, ¡nevermore!

- Si lo tuyo es con coreo, ¡los tacones!: dependiendo de la academia, la modalidad de la clase varía. Si acabas en una clase en la que aprenderás coreografías y te dicen que tienes que llevarte los tacones, ¡prepárate! Le sumamos en sensualidad, pero también en dificultad.

- Lidiar con la frustración: en cierto modo es un dolor psicológico y nada fácil. Mucho menos cuando llegas a una clase que te la sabes y, de repente, ese día, tu cuerpo, los astros, el Kharma, ha decidido que NO. “Esos malditos días” los tiene todo el mundo. Así que, acepta que no va a poder ser pero sigue practicando. Sólo para quienes son constantes y tenaces acaba funcionando.

- No poder ir a más clases: ya sea por pasta (aunque, normalmente, si podemos quitarnos de otros vicios, nos quitamos; todo sea por el pole) o por tiempos, pero siempre encontramos un límite a nuestros deseos de asistir más y más… Y este, queridísimos seres al otro lado de la pantalla, es el mayor de los dolores.

En definitiva, si te has planteado empezar en pole pero tienes dudas, ten claro que duele. Eso es así, sobre todo al principio, todo te duele. Luego, como a los tangas, te vas acostumbrando… ¡hasta te va gustando! Así que, ármate de valor, respira hondo, ¡y a por la barra!

Pero, hablando ahora en serio, ¿son tales los BENEFICIOS reales de estar sudando y generándote rozaduras y rojeces por todo el cuerpo así como moratones? Sí, a continuación te resumo los que para mí han sido más importantes:

- Lecciones sobre tenacidad y constancia: hay semanas que no sabes ni entrar al vestuario y otras en las que lo bordas (casi) todo. Pero el aprendizaje es claro: el éxito rara vez es resultado del azar. Concentrarte en objetivos, analizarlos bien y, cómo no, insistir hasta que salga se convierte en un mantra vital para ti.

- Sexy y poderosa tanto como rosa y sudorosa: realizar un deporte físico de nuestro agrado ayuda a cuidar la figura pero también a aumentar la musculatura frente a la grasa. A sentirnos mejor con nosotras mismas, pero no sólo por el físico, también por el chute de endorfinas. Los nervios, los enfados, la tristeza… todo puede ser bien agotado por una barra de pole.

- Para no escoñarte, también necesitas cerebro: tanto si aún sólo montas figuras como si ya haces coreografías, la memoria cognitiva y corporal de “qué hay que hacer” es imprescindible para un gran dominio de los movimientos sin necesidad de imitar. De ahí que el esfuerzo físico suele ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.

De Peculiares

“No bailo twerk para que veas cómo follo”

Jack Gómez

jack gómez

Arriesgado, luchador y alegre, así es Jack Gómez, el ganador del concurso internacional 2018 de twerk en Rusia, el truetwerkcamp.

17 de diciembre de 2018

Entrevista de Norma J. Brau

En un mundo considerado principalmente femenino, Jack ha conseguido desbancar a los concursantes y hacerse con el premio. Nacido y formado tanto en Baile como en Pedagogía en Colombia, decidió venirse a España para dar vida a sus proyectos. Ahora da clases y workshops puntuales, ha sido ya jurado en un concurso de twerk en España y de cara al año que viene tiene muchas más aventuras pendientes.

Queda claro que te gusta bailar, pero si tuvieras que quedarte con un tipo de baile, ¿con cuál sería?

El baile que más me apasiona, sin duda, es el afro. La danza africana me mata. De hecho, gracias a ello conocí el twerk, así que es la que más me apasiona bailar. La danza africana fue el primer baile que yo conocí, el primero que toqué, y eso fue con unos 14 años.

¡Así que ya llevas un tiempo bailando!

Sí, con 14 años empecé a bailar danzas africanas y tengo… 22, o sea que, llevo ya bastante, unos 8 años en el baile.

¿Los mismos años que en el twerk?

Con el twerk empecé con unos 16-17 años, un poco más tarde, (ríe) y fue gracias a la danza africana con la que me di cuenta de que la danza, sobre todo esta, viene de y tiene muchos rituales de sexualidad femenina. En muchos de esos bailes ellas mueven el culo de forma ritual para celebrar su sexualidad y fertilidad. Durante mucho tiempo estuve investigando y curioseando, pero en esa época no encontré ni clases ni nada similar. Menos mal que con el tiempo el twerk fue poniéndose de moda y pude informarme y formarme mejor.

Para quienes aún no lo conocen, ¿qué es el twerk?

El twerk es un baile que está asentado en el movimiento de la cadera, pero que te exige muchísimas cosas más, como por ejemplo: resistencia física, fuerza de brazos, fuerza abdominal, incluso incorpora las acrobacias en el baile.

Pero el twek no es un baile nuevo.

Eso es. El twerk tiene raíces africanas pero se desarrolló en Nueva Orleans en los 90. Allí una persona afro era considerada lo peor y ya si eras gay y afro, ¡pues olvídate de existir! Fue por aquella época cuando ellos crearon sus espacios, llevaban a sus DJs que les ponían su música y hacían sus bailes que consistían básicamente en mover el culo. Fue el baile el que les llevo a pensar que tenían que revolucionar la sociedad, estaban cansados de tanta opresión por parte de la sociedad y empezaron a salir y a surgir. Obviamente, la revolución no fue sólo a través del baile, pero el twerk que allí se conoce como bounce, fue una herramienta muy potente para hacerlo.

Entrevista a Jack Gómez¿Pero tú cómo llegaste al twerk?

Tenía un grupo de amigas y siempre les decía: “Pues yo muevo el culo, ¡hagamos coreografías moviendo el culo!”; y ellas se apuntaban. No salió de ahí hasta que hasta que un día en una muestra de talentos, yo dije que iba a mover el culo, me puse a mover el culo y una chica se me acercó y me dijo que si bailaba twerk, ¡y yo no sabía ni lo que era eso! (ríe recordando) y mi respuesta fue: “Yo muevo el culo, yo no hago nada más que mover el culo”. Desde entonces me picó la curiosidad, empecé a investigar y aprendí mucho. Vi que era más que un baile, que tiene mucha trascendencia, que tiene mucha revolución, más allá de lo que es sólo el baile.

Este año has ganado el truetwerkcamp, concurso donde solo estabais dos hombres, ¿crees que el twerk está considerado de mujeres?

Sí, pero depende de la cultura y del entorno. En Nueva Orleans son los hombres quienes lo han visibilizado y ahora es parte de su cultura. Pero si que es cierto que si nos vamos a esta parte del mundo, para la gente no es normal que un chico mueva el culo. Me he topado con muchísima gente que se impresiona al verme bailar, pero no tanto por el hecho de que lo haga bien o lo haga mal, sino por el hecho de que soy un chico.

¿Por qué crees que pasa esto?

Básicamente porque el twerk se está vendiendo así. Lo están vendiendo en los videoclips, en las redes sociales, en la televisión con mujeres estupendas bailando en tanga. No se está visibilizando mucho a los chicos, aunque las cosas están cambiando, ahora hay más visibilidad que nunca y estamos demostrando que los chicos también estamos en este baile. Todo ello a pesar de la reapropiación y del uso dirigido hacia las chicas que suele tener.

Mucha gente dice que el twerk es sexista, ¿qué opinas de esa afirmación?  

Que es completamente errónea. La gente que ve en el twerk algo sexista, además de verlo como un baile en el que sólo hay chicas, ven el twerk como un baile dirigido a lo sexual. Es decir, a atraer para luego tener un encuentro. O sea, ni si quiera lo ven como un baile lo ven como mover el culo que es sinónimo de que te guste follar. Se piensan que es de tías que les gusta follar, porque les encanta que… (se ríe) que sí, que nos encanta, pero porque es algo normal. Pero que no bailamos para ello. Yo no bailo twerk para que vean cómo follo, bailo porque me encanta, porque me gusta cómo me veo, porque me ayuda a liberarme.

¿Qué sentiste al ganar el campeonato en Rusia?

Yo creo que ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Pero no sólo por el hecho de ganar, sino porque en Rusia la sociedad es muy homófoba. Iba con muchísimo miedo pensando en lo que me podrían decir, porque además era un evento público; no iba sólo gente del mundo del baile que, dentro de lo que cabe, tiende a ser más abierta. Nos acogemos más entre nosotros. Pero me dije: “si no hay un primer chico o unos primeros chicos que lo hagamos, nadie lo va a querer hacer”. Y por eso me animé al final. Cuando gané, no me creía que fuera cierto. Lo mejor ha sido que muchísima gente de Rusia me ha escrito sintiéndose orgulloso de lo que he hecho y, además, animados para empezar a bailar twerk.

¿Qué aprendiste de ese viaje?

Muchísimas cosas. Pude aprender de mis ídolas, de las personas a las que yo empecé a seguir cuando empecé a bailar y descubrí una faceta de mí que no conocía. Siempre he tenido mucho miedo, a pesar de que me considero muy valiente, de enfrentarme a ciertas cosas, como por ejemplo a la homofobia. Me di cuenta de que con mi baile puedo ser libre tanto aquí como allí. Como en cualquier otro país, puedo ser yo mismo y puedo bailar y sacar lo mejor de mí bailando, que es lo que siempre he querido hacer.

jack gómez

¿Crees que tiene su parte de erotismo o seducción?

Depende de la persona que lo baile y con la intencionalidad que lo baile. Pero no sólo el twerk, sino cualquier tipo de baile. Si sabes bailar y quieres seducir a alguien, va a ser mucho más fácil, pero por lo que desarrollas con el baile. No es que el twerk sea erótico sino que si tú quieres que lo sea, lo puedes hacer y está genial que lo hagas. Al ser una forma de expresión corporal, puede serlo.

En tu caso, ¿el twerk te ha ayudado a sentir el cuerpo más erótico?

Sí, sí, sin duda. Aprendes a explorarte más y aprendes a encontrarte partes de tu cuerpo que ves preciosas. Que digan lo que digan, todos hemos bailado en casa en boxers o ropa interior y nos hemos mirado en el espejo sintiéndonos súper sexys. Todos nos hemos gustado y hemos movido el culete. Al final, te curioseas, te tocas y te buscas. Pero, si te das cuenta, todo lo que aprendes no ya del baile sino de cómo moverte, te va a dar seguridad y lo vas a demostrar ya sea bailando o en cualquier otra faceta de tu vida cotidiana.

Si tuvieras que marcar un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

Ahora que lo pienso, es curioso y no mera casualidad, coincidió con mi andadura en el twerk. Empecé a explorar mi cuerpo en clase y al sentirme yo más seguro conmigo mismo y al quererme más, también quise explorar mi cuerpo desde un plano más sensual y sensitivo.

De cara al futuro y al presente, ¿qué tienes planeado?

Actualmente tengo varios proyectos sobre la mesa. Uno de ellos es Twerk Diverso, a través del cual quiero enseñar que el twerk es para todo el mundo y a su vez darle más visibilidad al propio twerk. Estoy cansado de que nos enseñen sólo los cuerpos perfectos, quiero mostrar que todas las personas pueden bailar twerk. Por eso el día 25 de noviembre nos reunimos para tomar las calles de Madrid con el twerk bajo el lema de Emma Goldman “Si no puedo bailar, no es mi revolución”. De otros proyectos, no puedo decir mucho (ríe), solo que voy a hacer colaboraciones con gente muy importante y conocida del twerk y que próximamente habrá mucho twerk en la tele.