De Peculiares

Frágiles

Frágiles

13 de febrero de 2019

Inma Ruiz de Lezana, Landaize

El asunto de la atención y el cuidado, nos posiciona referencialmente frente a alguien con una necesidad especial. Quizás no está de más comenzar preguntándose porqué tendemos a tomar esa posición de distancia frente a la fragilidad, en vez de incorporarla y reconocerla como propia; cuando la vulnerabilidad es un aspecto inherente a nuestra condición humana, emotiva, sensual, relacional y entrópica. Es más, en el transcurso de la vida esta situación tiende a transformarse para colocarte, antes o después ante la necesidad de recibir cuidados.

Tendemos a ver la fragilidad y vulnerabilidad en el ojo ajeno, antes que reconocernos sometidos a los avatares del tiempo y expuestas a la intensidad y desgaste de las emociones, la enfermedad, el goce, el dolor o la dependencia… Pero en realidad somos vulnerables en esencia, a veces más dependientes que otras; pero en nuestro día a día, las relaciones y encuentros eróticos se sostienen en un sutil sistema de cuidados que nos dispensan y que dispensamos a otras personas.

Para quienes muestran una cojera, una deformidad o sordera, una ceguera o dificultad cognitiva…; esa peculiaridad visible resulta automáticamente definitoria, eclipsando todo el resto de sus capacidades y potencialidades que quedan relegadas a un segundo o tercer plano a la espera de ser descubiertas, y despertando una gama de infinidad de predisposiciones y prejuicios en quienes acompañan o participan y actúan a su alrededor, que van desde el rechazo hasta la sobreprotección. Esa peculiaridad eclipsa incluso la propia condición sexuada, el potencial erótico, hedónico, sensual, relacional.

Pero la verdad es que quienes experimentan algún tipo de limitación realizan aportaciones fundamentales a la dimensión erótica, siempre que se les permita y conceda voz, espacio y reconocimiento para hacerlas. La belleza en cuerpos distintos, de ritmos calmados, de expectativas no tan resolutivas, la creatividad erótica y sensual, de aprendizaje pausado, modelos e identidades de mujeres y hombres diversos, deseos diferentes, recreo en el acercamiento, en el contacto piel a piel, cuerpo en globalidad (piel, sentidos, sensaciones…), eróticas diversas , y un infinito etcétera.

Esta posición que citaba en la relación persona que cuida y persona cuidada, puede resultar en cierta manera inhibidora del deseo erótico, o en ocasiones, incluso al contrario. ¿De qué depende? Quizás tengamos que descubrir su capital erótico.

Cuestionamos la unidireccionalidad del cuidado. El cuidado se da en una relación y se nutre de un feedback que genera un entorno amable, de cuidado. Ello supone el reconocimiento de que somos interdependientes, así como que existe un vínculo que se crea entre quien presta cuidados y quien los recibe

Es necesario abrir un espacio para repensar sobre los límites de lo comúnmente deseable y sobre el reconocimiento de nuestra interdependencia, poniendo en valor la erótica y estética de lo diverso y excluido, y también nuestra naturaleza vulnerable de la que nace la ética del cuidado y el reconocimiento de nuestra interdependencia.

Revisar vías alternativas y creativas para recorrer y sortear las lindes de la estandarización, de la normalidad, de lo deseable. Cada cual somos un centro vital de una red variada de relaciones, en la que a veces se es cuidadora y en otras cuidada; así que la interdependencia significa que dependemos de otras personas para vivir en todos los ámbitos de la existencia, especialmente en el plano erótico.

Con este modelo de inclusión ganamos todos pues se acaban creando lugares amables para vivir y disfrutar, en los que las relaciones son espacios para el crecimiento, también erótico.

La realidad es que vamos a vivir cada vez más tiempo se prolonga nuestra esperanza de vida, pero la cuestión es si se alarga con calidad de vida. Para ello es esencial incorporar el disfrute y una erótica de calidad que seguramente requerirá en determinadas ocasiones de unos cuidados o de acompañamiento.

De Peculiares

¿Solo importa el pene?

¿Solo importa el pene?

28 de enero de 2019

Carolina García Cuartero 

En “La dictadura de la normalidad en el orgasmo femenino” abordé cómo las mujeres hemos sido sometidas a una cruel normatividad sobre la tipología de nuestros orgasmos. Retomando el concepto de normatividad, hoy quiero centrarme en el pene, ese órgano de capital importancia para la mayoría de los hombres, que en algunas ocasiones, se convierte en un gran dictador.

Fragmentos sobre mi pene:

Estos fragmentos son tan solo tres ejemplos de los discursos con los que me suelo encontrar en la consulta, la gran mayoría siguen esta línea, girando todos ellos en torno a la supremacía del pene y su profunda vinculación al bienestar emocional.

“Soy eyaculador precoz, eyaculo mucho antes de lo que debería, me da vergüenza que la gente se enteren, así que, cuando alguien me gusta, evito todo tipo de acercamiento…”

“Tengo micropene, es tan pequeño que no puedo penetrar, me cuesta muchísimo relacionarme y me asusta la reacción que puedan tener al verlo, me siento muy mal…”

“Soy impotente, no tengo erecciones, no puedo dar placer a la otra persona y hasta que no solucione esto no quiero mantener relaciones con nadie…”

¿Cómo puede ser que tan sólo una parte de nuestro cuerpo impere así sobre nuestra felicidad generando tanto sufrimiento, aislamiento y sumergiéndonos en una asumida actitud de inferioridad? Algo no estamos haciendo bien, cómo sociedad, como individuos, como partes del todo…y a veces ni siquiera somos conscientes de la sutileza que encierran ciertas actitudes con las que fomentamos ideas falseadas.

Sobre el pene nos han pautado, y digo nos, porque tanto a mujeres como a hombres nos han hecho seguidores de este lema, cuánto debe medir, cuál debe ser su grosor, cuanto se debe tardar en eyacular etc…hay cientos de estudios dedicados al pene desde esta perspectiva. Convirtiendo esta parte del cuerpo en objeto de evaluación bajo unos calibres impuestos que lo único que consiguen es construir una tiranía genital. Sigo sin entender este interés de dirigir el foco de atención exclusivamente a estas variables, que ni son absolutas ni determinantes para el placer.

El pene acaba siendo para muchos hombres el monstruo temido del cuento, receptor de un injusto rechazo y desprecio generado por el dogmatismo social y la vorágine estadística.

El placer no entiende de centímetros ni de minutos, entiende de deseos, de encuentros, de juegos, de sentidos… En definitiva, el placer no entiende de deberes, sino de seres.

De Peculiares

Cuerpo a cuerpo

 

El masaje en pareja es un recurso erótico ancestral y aunque el masaje cuerpo a cuerpo, también llamado Body masaje, no sea un invento reciente, sí que os animamos a probarlo. 

Melanie Quintana Molero

Necesitas:

Un lugar amplio con luz tenue

Aunque no siempre tiene que ser así, os vale cualquier lugar donde tengáis espacio y no os importe pringar.

Una sábana

Extendida sobre el lugar donde lo vais a practicar.

Temperatura agradable

No paséis frío.

Play List de música ambiente

Podéis hacerla a vuestro gusto o bajaros la nuestra. Os dejamos un vídeo de Youtube también.

Un aceite especial

Yo os recomiendo los aceites Shunga.

¿De dónde viene?

Este tipo de masaje se desarrolló en países como Grecia, Brasil o la India.

Pero, ¿qué es?

Es un acercamiento manual y corporal. Con las manos y con el cuerpo entero. Muchos recalcan el hecho de recordar que ni es masturbación ni es penetración, aunque a mi me gusta jugar con la idea de que es una opción que no puedes negarte, si te apetece ¡claro! No me gusta negar el hecho de que existe esa posibilidad, ni prohibirla. Es decir, si estáis haciendo un masaje cuerpo a cuerpo y os apetece jugar a la masturbación o a la penetración, entre otras muchas variables, ¿por qué no? 

 


 

Se trata de estar completamente desnudos sobre un espacio cómodo, algún colchón o cama hinchable, incluso sobre alguna esterilla. El que vaya a recibir el masaje ha de ponerse tumbado, o bien boca arriba o boca abajo y dejar que la otra persona se tumbe encima. Entre los dos cuerpos ha de estar el aceite, para que el masaje sea posible. Luego es tan sencillo como incluir caricias, presión sobre ciertas partes del cuerpo, hacer que la otra persona os sienta en su totalidad.

Con este tipo de masajes la sensación corporal se amplia ya que la piel que está en contacto es mayor que con un simple masaje de manos.