De Peculiares

No a la victimización, Sí al reconocimiento

No a la victimización, sí al reconocimiento

31 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Escribí hace tiempo un artículo que hablaba sobre la victimización. En él reflexionaba acerca de si la victimización era la mejor herramienta para el reconocimiento de nuestro dolor. Contestaba que no y he estado dándole muchas vueltas a esta cuestión. Decía que el empoderamiento es la herramienta más constructiva si queremos dar poder (adjetivo) a todas aquellas que se van a encontrar con las dificultades que este sistema pone en marcha para mantenernos a ralla. No contenta con mis reflexiones, he decido dedicarle otro espacio a esto que me importa.

Los daños causados por las innumerables represiones deben ser curados si queremos cambiar nuestro presente y mirar hacia delante. Curar a través del reconocimiento colectivo, no desde la profesionalidad médica, no estamos enfermas, estamos dolidas. El reconocimiento de que efectivamente no todas vivimos con las mismas facilidades, que algunas viven una realidad mucho más difícil de llevar dignamente, que no todos los deseos han sido aceptados, ni todos los cuerpos, ni todas las identidades, ni todas las prácticas... y podría seguir. Admitir este punto aliviaría muchos dolores y permitiría construir las bases de otro panorama donde el objetivo principal sea la felicidad y no la productividad.

Algunos colectivos ya se habían dado cuenta de esto hace mucho y no se han cansado de decírnoslo. Al parecer, las responsables de llevar este mensaje somos aquellas que nos hemos sentido fuera de la norma y por tanto las que nos hemos sentido víctimas de este sistema. Es lógico que sea así, al fin y acabo las que se quejan son aquellas que lo padecen. Pero también sabemos ir más allá y a través de lo que llamamos empatía (valor en peligro de extinción) y otras por simpatía (la mayoría)  sumarnos a otras luchas. Este punto resulta interesante ya que el mensaje se difunde y las realidades se hacen visibles. Creo que es necesario para cualquier lucha sumar empatizantes y simpatizantes.

En esto de buscar aliadas de esta lucha que busca romper esta normalidad que nos ahoga nos estamos encontrando con dificultades. Algunos no se suman porque se sienten amenazados, otros porque no les dejamos entrar, otras porque están en una zona de confort... Inquietada por este tema estuve hablando con unos amigos míos que se reconocen como hombres. Me decían que para ellos era muy complicado acompañarnos en este proceso de lucha, porque ellos quieren pero no tienen ni idea de cómo acompañarnos. Les contesté que hasta ahora nadie los había señalado ni cuestionado, todo lo que hacían era legítimo por el hecho de ser hombres blancos pero que ahora esto estaba cambiando. Ahora de repente se sienten cómplices e incluso culpables del heteropatriarcado. Otros ni siquiera se lo plantean. Y claro... ¿y ahora? ¿qué haces cuando no quieres ser parte de este circo pero irremediablemente eres protagonista?

Se trata como si de repente para algunas personas alguien les hubiera puesto un espejo delante y ahora han visto el reflejo de aquello que hasta ahora estaba oculto. Esta sensación puede ser muy fuerte, los espejos que nos ofrecen las demás puede causar efectos devastadores. Ante este suceso que hoy día está ocurriendo, cada vez hay más espejos, las reacciones de los que se ven en ellos puede ser muy variada. Como les pasa a mis amigos puedes no saber reaccionar, puedes enfadarte, rechazar lo que ves, negarlo, combatirlo... Muchas reacciones que a su vez tienen influencia en las portadoras de espejos, aquellas que dan el síntoma y dicen hasta aquí hemos llegado. Creo que la reacción que más puede aliviar el dolor y promover la colaboración es el del reconocimiento. Reconocer que aquello que ves es real, que el sufrimiento es real y que todas tenemos algo que ver en esto, que no es cosa de cuatro locas que salen con pelos en el sobaco a gritar. Porque somos seres interdependientes aunque nos joda.

Reconocernos y vernos es necesario si queremos pasar del enfado y comenzar a construir. El enfado es necesario porque nos moviliza y nos da energía y porque motivos no nos faltan. Pero si queremos vivir donde cada personas tenga un sitio para ser, necesitamos pasar de capítulo y comenzar a construir. Para ello, el reconocimiento colectivo es imprescindible.

De Peculiares

¡Orgías lujuriosas entre los Feminismos y la Sexología ya!

Orgías lujuriosas entre Feminismos y Sexología

8 de mayo de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Todavía siento la resaca del 8 de marzo. Tengo las emociones dentro de mi cuerpo. Emociones de todo tipo y mil colores. Por un lado, comparto la alegría de compartir con mis compañeras un día tan importante, excitación por la cantidad de cuerpos que me encontré en la plaza, ilusión por creer que todo puede ser diferente, enfado por seguir escuchando relatos muy duros por parte de muchas de las asistentes.

Enfado también porque amanecimos con nuestro Gaztetxe bloqueado, las tres puertas estaban cerradas por clavos soldados. Nos boicoteaban, boicotearon un espacio que ese día estaba destinado a ser un lugar de cuidado. Cuidado por parte de los que se reconocen como hombres hacia sus criaturas o las criaturas de otros y, sobre todo, de otras.

Enfado porque al día siguiente nos encontramos que nuestra pancarta que decía “Kapitalismoari planto” había aparecido con otro mensaje bien distinto “Feminazacismo, España no es un zoo”. ¿No estaré dando demasiado protagonismo al enfado? Mira que pasaron cosas aquel día, pero lo que me sigue moviendo es el enfado. Y me voy a permitir escribir estas líneas con mi enfado y desde el enfado.

Quiero ser honesta y decir que las palabras escritas por Somos Peculiares respecto al día 8 de marzo no me representan del todo, ni me he sentido muy cómoda con el discurso. Me suele pasar esto cuando siento que la Sexología se desvía de la lucha feminista y es como si dos partes fundamentales de mi identidad no se encontraran.

Sigo pensando que hoy por hoy tenemos que apoyar a los movimientos que pretenden cuestionar, cambiar, erradicar el sistema que hoy día nos oprime. Está bien nombrar las diferencias, promover el entendimiento, apostar por el cultivo de las ideas, ser constructivas... pero creo que es un error olvidarse del lado reivindicativo. Sé que hay muchas maneras de ser reivindicativa y que cada una lo hace a su manera, como puede y le dejan, pero está claro que al menos yo no me siento del todo cómoda con alguna de ellas.

Me parece curioso y preocupante que la Sexología no se posicione o, mejor dicho, sí se posicione, desde donde lo hace: La no posición no existe. En mi opinión lo hace desde una actitud egocéntrica y soberbia, criticando a movimientos sociales y disciplinas que al menos cuestionan la hegemonía del patriarcado y el capitalismo. Me rechina que dediquemos tanto tiempo en criticar a los feminismos y no porque no sean criticables, que lo son, pero ¿tanto tiempo y esfuerzo? Y por otro lado poco hablamos de aquellas fuerzas que nunca desaparecieron pero que hoy día están volviendo a tener mucha voz y se atreven a dar la cara.

A veces creen que todo lo que tiene que ver con lo íntimo, la pareja, la erótica, las identidades, los deseos... pertenece exclusivamente al campo de la Sexología. Está claro que el estudio de los sexos como disciplina lo abarca la Sexología, pero está claro también que todas vivimos estas cuestiones en nuestras pieles y con las demás. He oído comentarios de algunas de nosotras desprestigiando opiniones de personas no “expertas” en el tema, pretendiendo que las únicas legitimas para hablar de ello somos las sexólogas y los sexólogos. Lo siento, pero no comparto la monopolización de las ideas ni la mercantilización de las mismas. Aunque nos joda, tenemos que escuchar lo que se dice del tema e intentar aportar en vez de juzgar y despreciar.

Lo obvio es que hay un malestar bastante general de todas aquellas que se sienten excluidas del marco normativo, que muchas han salido a las calles y gritan que ya no les sirve lo que tienen. Están surgiendo nuevas redes, nuevas identidades, colectivos que funcionan, espacios alternativos... Y al mismo tiempo existen otros que quieren erradicar toda diferencia, que buscan la homogeneización a través de la represión más rancia, que no creen en la educación ni quieren personas pensantes, que les molesta enormemente que la gente piense y decida. Aquellos que han matado a muchas, demasiadas, y estarían encantados de volver a hacerlo, aquellos que quieren meter el rosario en nuestros ovarios.

La cuestión es: ¿Qué hacemos con lo que sí pasa? ¿Qué podemos aportar nosotras desde donde estamos? ¿Dónde queremos estar? ¿Queremos estar?  Y si queremos, ¿Cómo queremos?

Para mí es tan evidente que la mirada tiene que dirigirse a estas fuerzas fascistas que se me hace muy difícil entender no hacerlo. Sé que para algunos la Sexología no tiene que ser combativa, que tiene que cultivar y promover y no tanto condenar y reivindicar. Creo que no son incompatibles y también creo que tenemos que aportar a la polis nuestro estudio de los sexos. Salir de los despachos, salir de nuestra zona de confort y estar en las calles, donde lo real es palpable y visible. Las ideas son una herramienta muy potente, nuestra base para luego hacer, pero si nos quedamos sólo en el mundo de las ideas, nos perdemos el aquí y ahora. Y esto es lo único que tenemos.

De Peculiares

“Solo se concede a la mujer la etiqueta de heroína si antes se reconoce como víctima”

Loola Pérez, Doctora Glas

Loola Pérez, Doctora Glas

Doctora Glas es ya su segundo apellido, pues así se le conoce en la red. A Loola se le considera la feminista antifeminista y una de las voces más polémicas en los debates sobre sexo, género y prostitución

18 de febrero de 2019

Entrevista de Melanie Quintana Molero

Se puede decir que le gusta preguntarse y entender cómo y por qué el ser humano piensa o actua de una forma u otra ya que su lista de títulos académicos son: Filosofía e Integración Social, cursando Psicología y terminando Sexología; además de ser la Presidenta de Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia: 8 de marzo. El mundo se levantó de su silla cuando publicó su artículo ‘Follar con empatía: otra lección puritana que se disfraza de feminismo’. Ahora es un referente en el mundo de la Sexología.

Tengo que salir de aquí con la duda resuelta. Se te conoce en particular por enfrentarte con tus ideas al feminismo radical, ¿tú te consideras feminista?

(Ríe) Sin ninguna duda me considero feminista. ¿Qué persona sensata podría estar contra la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres? Con lo que no me identifico es con las corrientes del feminismo hegemónico, como la radical o la cultural, ambas difíciles de distinguir en los tiempos actuales.

Pero, ¿te sientes identificada con alguna corriente del feminismo en concreto?

La verdad es que no. Me da cierto temor el colectivismo y que se criminalicen las opiniones disidentes. Ahora que el feminismo es popular, que ha sido engullido por la cultura de masas y actúa como una moda, parece que ya todo el mundo sabe cómo alcanzar la igualdad entre los sexos: nosotras nos empoderamos y ellos se deconstruyen.

¿Y qué opinas sobre esta “moda”?

Creo que es una cantinela que no aporta nada, que está vacía, que funciona como eslogan y no tiene ningún poder transformador. No nos permite reflexionar sobre la masculinidad y la feminidad, las políticas públicas con respecto a la cuestión de género, la violencia contra las mujeres, la violación o la diversidad sexual. Todo lo que salga de esa cantinela se juzga como sospechoso. Así que, ¡sí, yo soy muy sospechosa bajo la mirada de las vacas sagradas! (Ríe).

¿Crees que hay un solo modo de ser y vivir el feminismo?

Creo que el movimiento feminista es plural, que está compuesto por diversas corrientes de pensamiento. No creo que exista un único modo de ser feminista, de hecho, hasta considero que muchas corrientes feministas, más allá de que no comparta sus puntos de vista, se equivocan en sus demandas o actuaciones.

¿A qué te refieres exactamente?

Por ejemplo, considero que es un error y una actuación inhumana criminalizar a las trabajadoras sexuales simplemente porque el abolicionismo imponga una moral sexual determinada, que en su caso es profundamente reaccionaria. También desconfío del uso que hacen los partidos políticos de las consignas feministas. No dudo que haya personas sensibles y comprometidas en esos partidos con la igualdad entre mujeres y hombres, pero aborrezco que se use el feminismo como marketing político.

Si te preguntara ¿hacia dónde van los feminismos de estos tiempos?, ¿qué me responderías?

(Ríe) Es una pregunta difícil. El movimiento feminista está sumamente vivo, pero también copado por voces reaccionarias y que a menudo caen en la complacencia, el partidismo o se quedan en un simple subidón como ocurre el 8 de marzo. Muchas de las demandas feministas se hacen bajo el sensacionalismo o una actitud de pánico moral… Se continúa ejerciendo violencia verbal hacia muchas trabajadoras sexuales cuando participan en asambleas y espacios feministas. Por no hablar de la mediocridad intelectual de muchas que se hacen llamar u otros hacen llamar “referentes feministas”.

Lo que sí sabemos es que el feminismo ha llegado para quedarse…

¡Exactamente!, la pregunta ahora es reflexionar sobre la forma en la que queremos que lo haga, si como una fuerza política revolucionaria, una propuesta más de la cultura de masas o como un pensamiento transformador, con una epistemología y líneas de pensamiento propias y en diálogo con otras disciplinas. Quizá incluso pueda ser una mezcla, pero su viabilidad no puede ejercerse desechando una actitud crítica.

Doctora Glas¿Crees que vivimos un momento en el que lo público y lo privado ya casi no se diferencian? ¿O piensas que cada vez ocultamos más lo privado por lo que mostramos en público?

Hemos redefinido los límites entre lo público y lo privado, pero no sé hasta qué punto eso ha supuesto una transformación de nuestra intimidad. En lo público todos actuamos a veces como pequeños impostores. Hemos dejado de ocultar el drama por el miedo al qué dirán a mostrarlo porque sacamos rédito a nuestro victimismo personal. Las redes sociales son un sedante para nuestra soledad y egolatría.

¿Crees que estamos en un punto en el que ya todo es machista y/o violencia de género?

Totalmente. Nunca me ha gustado la expresión “violencia de género”, considero más preciso hablar de violencia machista o violencia contra las mujeres. Tampoco creo que toda la violencia contra las mujeres tenga una motivación machista o se relacione con la desigualdad de género, sino más bien que hay casos y casos. Es decir, casos donde predomina una ideología machista por parte del agresor: “la maté porque era mía”; y casos donde la violencia, como fenómeno, es la conducta utilizada por el agresor para afrontar la situación o resolver los problemas.

No creo que en muchos espacios feministas se hable de esto.

Y ese es exactamente el problema, que hablar de esto en muchos espacios continúa siendo un tabú. Por supuesto, no es el único. Es muy difícil a día de hoy señalar la violencia cruzada en la pareja porque desafía el dogma del feminismo hegemónico de que el hombre es activo, agente de la violencia y la mujer pasiva, víctima perpetua de la agresión.

¿Crees que hablar de “violencia de género” de algún modo nos victimiza a nosotras?

Creo que en cierto modo hablar de “violencia de género” alenta la revictimización de las mujeres, no ahonda en más visiones más allá del discurso oficial estatal y evita una lectura crítica sobre el sistema institucional de justicia.

Hay algo a lo que ultimamente no paro de darle vueltas y me gustaría saber tu opinión: ¿Crees que los discursos feministas de hoy pueden contribuir a aportar contenidos para reflexionar atendiendo a la diversidad de ser mujer?

La verdad es que a excepción de algunas voces díscolas, la mayoría de discursos feministas presentan a las mujeres como vulnerables, como eternas víctimas, como seres a los que hay que proteger y cuya supuesta fragilidad les debería conceder la razón y la hegemonía. Francamente pienso que eso no es más que paternalismo. Solo se concede a la mujer la etiqueta de heroína si antes se reconoce como víctima. 

Entonces, ¿crees que nos empujan a construirnos de un solo modo o nos dan pie a crear diversidad en las formas de ser mujer?

Se dice que no hay un modelo único de mujer, pero se impone un único itinerario para vivir la feminidad: el victimismo. En ese sentido creo que el discurso de los colectivos de las trabajadoras sexuales son muy inspiradores. Ellas se niegan a reconocerse como víctimas y provocan la angustia cultural del feminismo hegemónico, de los colectivos más puritanos y del integrismo religioso.

¿Consideras que muchas mujeres que tienen una actitud política muy feminista y radical se censuran en todo lo que tiene que ver con su erótica y su propio placer?

No sabría decirte porque no comparto cama con tanta gente (nos reimos a carcajadas). Lo que sí creo es que mezclar placer, deseo y militancia puede causar en algunas personas mucha infelicidad. Las fantasías sexuales no son propaganda política. Deseo y reivindicación política se materializan en planos diferentes. Muchas feministas se escandalizan ante la idea de que hay mujeres que fantasean con la violación, sin desear, por supuesto, sufrir un tipo de agresión sexual en la vida real (aclara). Señalan que esa fantasía es consecuencia de un sistema patriarcal, sin embargo, jamás se plantean de dónde vienen, por así decirlo, las fantasías sexuales que llevan a un hombre a excitarse con los pies de una señora o a ponerse cachondísimo al vestirse con lencería femenina.

¿Crees que estamos llevando todo lo que tiene que ver con los placeres a una zona de peligro?

Sí, estamos en un momento donde predomina esa tendencia. El feminismo hegemónico vuelve a apelar a las viejas “verdades” de la naturaleza, que presentan al hombre como un violador en potencia y el sexo, como una experiencia, amenazadora para las mujeres. Por si fuera poco, tanto la izquierda como la derecha apelan a la vulnerabilidad de la mujer en el terreno sexual: se impone el discurso de la moralidad, la violencia y el miedo a la violación.

Como si tuviéramos que representar un papel.

Eso es, de hecho persiste la creencia de que las mujeres no podemos disfrutar del sexo, debatir públicamente sobre sexualidad o mostrarnos sexualmente explícitas, a través de la prostitución o la pornografía, mientras otras estén en peligro y sean víctimas de violación o de acoso sexual. Es como si tuviéramos que fingir todo el tiempo que somos buenas chicas, que defendemos el statu quo.

¡Madre mía! ¿Qué va a pasar con el coqueteo y la seducción si nos dejamos arrastrar por los discursos feministas más radicales?

Que nos vamos a aburrir mucho en la cama, si es que acaso, alguna vez nos entendemos y llegamos a ella (Ríe). El otro día un chico me contaba que había tenido relaciones con una chica, pero que ésta se negaba a tener sexo en determinadas posturas sexuales porque las consideraba “patriarcales”. Me dio la risa. Espero que por su salud mental, la de él me refiero, no la haya vuelto a llamar. Una cosa es que no quieras hacer algo en la cama porque no te gusta y otra muy distinta es etiquetar las posturas sexuales como machistas porque te sale del coño. Parece que todo aquello que no sea coito heterosexual mirándose a los ojos y con altas dosis de ternura es ya para alguna gente sinónimo de patriarcado.

Tengo mucha curiosidad: ¿Qué me dices del ‘porno para mujeres’?

Bueno, un contenido así era necesario, pero tampoco creo que debamos juzgarlo como una panacea. Muchas mujeres y muchos hombres no se identifican con los contenidos de la pornografía mainstream, así que el hecho de que exista un contenido alternativo es bienvenido. Eso sí, nadie es mejor o peor hombre o mujer, o hace mejor su feminismo, por el tipo de pornografía que le excita, si mainstream o “porno para mujeres”, o por el hecho que le guste o no, el porno.

No me puedo ir sin preguntarte: Si tuvieras que destacar algún momento en particular que marcara un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

La pregunta de Somos Peculiares por excelencia (reímos). La verdad es que tener referentes culturales que reflejaran en cierta forma mi forma de vivir la sexualidad ha sido bastante positivo. Me ayudó a no sentirme un bicho raro. Una parte de mí se siente representada en Paradoxia: diario de una depredadora, de Lynda Lunch, así como en el personaje de Sarah Pfefferman en Transparent o en la protagonista adolescente, de la serie danesa Rita.

De Peculiares

Algo está cambiando, sí

Sí, algo está cambiando

1 de febrero de 2019

Susana Maroto, Landaize

Vas caminando por una calle muy concurrida de la ciudad a paso ligero. Coincides a la misma altura y al mismo ritmo de paso varios metros con alguien… ¿Qué pasa?

La primera mirada es para sexuarle: ¿es una mujer?, no, es un hombre. Miras su rostro, sacas conclusiones…

Me gusta, no me gusta…

Todo pasa en milésimas de segundo, nuestro cerebro decide: hombre y me desagrada; cultura de la violencia machista.

¡Salgo pitando!

Nuestro cerebro toma decisiones precipitadas, analiza las variables con la información de que dispone. La variable miedo está cada vez más presente en la vida de las mujeres, ¿por qué? ¿qué está pasando?

El miedo nos hace pequeñas, indefensas y aniquila nuestra libertad de hacer una valoración conveniente y ajustada a lo que nos va bien, teniendo y entendiendo por “bien” también, el valor de las apetencias, los deseos e incluso las consecuencias de las decisiones tomadas.

Todo va rápido, sigues caminando mientras vas pensando…

¿Y si aprovechando el tumulto y la velocidad del gentío me posiciono a la altura de un hombre atractivo (apetecible) y circulo junto a él? (Risa interna)

Lo hago, al de unos metros se da cuenta e intercambiamos miradas, enseguida sonrisas y finalmente carcajadas…puede resultar ridícula la acción, pero es una transgresión benévola. Cometida por una mujer hacia un hombre suele ser bien recibida, no al contrario.

Hoy en día ser hombre hetero y poco agraciado es más desgracia que nunca, no sólo a los ojos del deseo sino en la misma cara del miedo.

“El miedo va a cambiar de bando.”

Eslogan desafortunado. ¿Quién desea que le teman?

El miedo es una respuesta de supervivencia ante una situación límite que en ocasiones nos provoca una acción violenta. A veces vemos fantasmas, quitas la sábana y no hay nada que temer; encuentras una situación trivial y dos seres vulnerables a los que el pánico y la creciente normatividad social de lo íntimo les ha llevado a reaccionar como se debe… y de pronto se encuentran rodeados de sirenas de policía, denuncias y juicios a la vista…

Sí, algo está cambiando.

De Peculiares

Revoluciona la Navidad: 5 regalos para empoderarte

5 regalos para empoderarte

24 de diciembre de 2018

María Torre, Ars Eroticas

Si nos ponemos a todo le podemos sacar un lado sexy o sexual, pero yo lo tengo claro, este año no quiero tirar de imaginación, quiero tener bajo mi árbol regalos que me empoderen, me alineen con mi esencia y alimenten mis ganas de seguir revolucionando 2019.

Ni regalos por compromiso ni detalles pensados en si le pueden gustar. He tomado la decisión de regalar algo útil y que tenga un poder empoderador. Mujeres preparaos que esta navidad viene con fuerza para que el año que viene nada se nos resista.

Esta es mi lista de los 5 mejores regalos que podéis hacer:

1. Euforia

Juguetes, sí. Juguetes sexuales, por supuesto. Pero no cualquier sextoy. No, ya no vale eso de comprar un dildo o un vibrador. Para mi no. Cada vez cobra más importancia qué es y cómo lo compramos. En el mundo de la juguetería también cuenta la ética, el cómo y el por qué y es en este mundo en el que todo, o casi todo, vende a través de las mujeres, no debemos dejar que nuestros deseos también sean manipulados.

Por eso, si queremos regalar juguetes eróticos debemos mirar qué hay detrás de esa empresa. Hace poco he descubierto Euforia, un pequeño proyecto que trabaja con artesanos y artesanas de toda Europa fabricando dildos de diseños exclusivos que se integran con la decoración de nuestras casas.    

Es un juguete más, sí, pero uno diferente que parte de una idea de responsabilidad con el medio ambiente y nuestros cuerpos.

2. Menstruando conscientemente

¿Cómo? Sí, menstruar es una cosa y menstruar conscientemente otra bien distinta. El empoderamiento para mí empieza por la mente y pasa por el cuerpo. La menstruación aún sigue dando mucho que hablar y menos mal, porque nos queda mucho que aprender y descubrir. Gracias a los pasos que estamos dando, como usar la copa menstrual u otros métodos naturales, nos hemos dado cuenta de que menstruar es fluir y fluir es conocernos mejor y cuando nos conocemos mejor crecemos en autopoder.

Yo me he propuesto y os propongo ir más allá de las copas. Este año me he pedido una agenda menstrual para adecuar mi ritmo de trabajo al de mi ciclo y así estar siempre (esto es muy soñador lo sé, pero por qué no intentarlo) en armonía.

3. Leer en femenino

La lectura es ese gran placer al que le dedico el tiempo sobrante y me siento culpable por ello. Prometo que soy una organizadora nata y que me divido muy bien el tiempo, pero el libro de la mesilla tiene todas las de perder, siempre es el último de mi lista de quehaceres.

Ya que el tiempo que leemos no es mucho, yo he decidido que sea de calidad. Tenemos una cuenta pendiente con la literatura así que se ha instaurado la norma de leer solo mujeres. Así que, abran sus libretas y vayan buscando autoras porque hay muchas que merecen esos 10 minutos antes de dormir que les vas a permitir.

4. Apuesta por ELLAS

Muchas veces no sabemos qué comprar y empezamos a recorrer tiendas y webs buscando ese “algo”. Al igual que hablaba de los juguetes eróticos, creo que fijarnos en lo que compramos y dónde lo compramos es muy importante. Pero seguro que en tu cuenta de IG sigues a un montón de mujeres que están ofreciendo algo diferente. ¿Por qué no apostar por ellas?

En vez de comprar un bálsamo labial cualquiera compra ese que sabes que hace una mujer cerca de ti. Seguro que es más natural, es un producto de cercanía y además están contribuyendo y apoyando a una mujer emprendedora. La sororidad no son solo palabras, son acciones. Y pequeños gestos como éstos hacen que el mundo esté un poco más equilibrado.

5. Egoísmo

Puede parecer un poco raro regalar o auto-regalarse egoísmo, pero no es nada despiadado. Es básicamente regalarse tiempo. Parar y priorizarse. Seguro que sabes identificar el momento muy bien. Esos en los que hacer mucho por otras personas, proyectos y causas pero tú te vas quedando al final de las prioridades. Pues 2019 es ese año en el que TÚ eres la prioridad.

Hay que aprender a combinar y gestionarlo todo. Y de verdad os aseguro que hay tiempo para todo. No importa lo largo que sea el camino, lo que hay que hacer es disfrutarlo. Vivirlo. Sentirlo y ser nosotras mismas en cualquier momento.

¿Te apuntas?

De Peculiares

Sexo sucio

"La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio"

 

Maitena Usabiaga Sarasua

11 de septiembre del 2018

Si has empezado a leer este artículo porque creías que encontrarías perversidades eróticas, juegos salvajes o un fragmento donde las fantasías campen a sus anchas, no es precisamente lo que vas a encontrar. Esto es una reflexión sobre el lado oscuro del sexo, un lado que nos persigue desde hace demasiado tiempo y que al parecer sigue haciendo negocio.

 

sexo sucio

 

Un lado del sexo que se sigue relacionando con violencia, enfermedades o patologías, es decir, la relación directa con lo que consideramos el ‘mal’. ¿Será que la iglesia tiene razón? Porque, desgraciadamente, ha dicho demasiado respecto al sexo, y sigue haciéndolo con palabras, hechos o a través de nuestros cuerpos. Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres. Nos dijeron, hace ya más de 2.000 años, que debíamos de huir ante las tentaciones del cuerpo, que el sexo era (y para ellos sigue siendo) impuro, sucio y pecado. Y aunque parezca mentira, estas ideas siguen vivas hoy en día.

 

"Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres"

 

Indudablemente han hecho un buen trabajo, han conseguido que sigamos hablando de ello(s) y siguen influyendo en los discursos imperantes sobre el sexo, aunque ahora estén disfrazados de marcas de condones. Creo que uno de sus éxitos se debe a que redujeron toda cuestión existencial, toda duda sobre cómo tenemos que comportarnos, hacia dónde vamos, en dos categorías simples: el bien y el mal. Dentro de cada una de ellas se recogían actos, pensamientos, deberes, lecciones..., y como podemos comprobar para la Iglesia el sexo estaba dentro de la categoría del ‘mal’. Y no sólo el acto, sino que también los pensamientos relacionados con ello, incluso el ser mujer, menstruar, correrse fuera de la vagina o imaginarte los pechos de tu vecina. ¿Difícil de escapar verdad?

Esta moral estaba llena de exigencias imposibles de cumplir, incluso para aquellos que cumplían más o menos todos los requisitos fundamentales: ser hombre, trabajar en algo honrado, servir al imperio, ser fiel a tu dios, casarte con una mujer decente y tener niños (en masculino). Y si no cumplías con ellos debías rendir cuentas a ese dios que te había dado la vida, y confesarte, porque la culpa te carcomía por dentro. Y así se inventó la culpa, esa emoción construida que hoy día nos sigue haciendo tanto daño. La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores. Estas son las palabras de un dios patriarcal y puritano. Jódete y baila y a ver si puedes salir de ésta gozándola.

 

"La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores"

 

Con esta formulación que nos precede está claro que nuestra relación con el cuerpo, con el placer y qué decir de la relación con los otros cuerpos, no ha sido ni es fácil y supongo que nunca será fácil. Fácil entendiéndolo como un camino sin obstáculos ni dificultades; y no será porque todas las relaciones conllevan obstáculos y dificultades, inevitablemente.

Hoy día nos encontramos con algunas de esas dificultades relacionadas con nuestros cuerpos, placeres, identidades o deseos, e intentamos luchar contra ellos como podemos, claro está. Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género.

Estoy removida porque sigo escuchando que el sexo es peligroso, violento, sucio y que debemos tomar todo tipo de precauciones para cuando salgamos a la calle como seres sexuadas. Sigo removida porque seguimos siendo las mujeres quienes estamos controladas; ahora tenemos taxis que nos llevan a casa por el módico precio de dos euros, incluso tenemos aplicaciones que incluyen un radar que informa a nuestros padres dónde estamos en cada momento. Seguimos siendo dependientes de la protección paternal y seguimos estando controladas.

 

"Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género"

 

Tengo claro que la violencia también existe en este campo, no se me ocurre ninguna faceta de la vida que no esté influida por la violencia: la educación, el trabajo, el mercado, el negocio del deporte... Lo que me ocupa es la significación que hacemos de cada vivencia violenta y, sobre todo, la que tiene que ver con el sexo. Parece ser que la violencia relacionada con nuestros genitales, nuestros deseos o nuestra erótica es peor, más fuerte que el resto. Sobre todo lo es para las mujeres. ¿Lo es para todas? ¿Tiene que serlo?

Responder a estas preguntas no es complicado. Todas es demasiada gente y si algo tiene que ser… estoy en contra. Soy consciente de que nuestra biografía, nuestra herencia, es jodida atendiendo a la relación con nuestro cuerpo. Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender.

Si queremos andar sobre este camino sería interesante preguntarnos si el uso de los discursos violentos nos ayudan a hacerlo o lo entorpecen. Diciendo que nuestros cuerpos son sagrados o que nuestro coño es lo más íntimo que tenemos, estamos diciendo que la iglesia sigue dentro de nosotras, que el locus genitalis sigue vivito y coleando.

 

"Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender"

 

Cuando dirigimos la mirada hacia la violencia nos entretenemos. Dejamos de lado nuestra erótica, el conocimiento de nuestro cuerpo y de los placeres. Conozco a mujeres jóvenes que se están negando la vivencia de su erótica por miedo a la violencia o porque están demasiado enfadadas para gozar de sus propios cuerpos. El conocimiento del cuerpo, el disfrute, la desmoralización del coño, es conocimiento y el conocimiento puede ser una medida de prevención brutal. ¿Por qué no hay anuncios que te digan: “folla más y mejor, conócete, disfruta y serás más feliz”?

Estoy segura que si hubiera anuncios así, dejaría de haber anuncios que nos alertan de las enfermedades de transmisión genital escondidas detrás de gente atractiva o anuncios en los que nos informara que cada 1 de 3 mujeres tienen un embarazo no deseado. Si queremos ser libres como sujetos eróticos es imprescindible empezar a conocernos y desaprender, resignificar nuestros cuerpos, atrevernos a compartir, a pedir, dar, decir no, decir sí. La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio.