De Peculiares

¡Penalti!

 

 

 "¡Penalti! El silbato del árbitro le distrajo de su objetivo y sacó la cabeza de mis muslos. Por un momento, me dejó sin aliento. La espera, el anhelo de su lengua era más excitante que el propio acto en sí."

Para nosotros el domingo es sinónimo de descanso absoluto: pijama y película; pero el plan de esa tarde no era uno de mis preferidos, ya que a él le apetecía ver el partido de fútbol. Menos mal que teníamos palomitas y refrescos. Ante la posibilidad de 90 minutos interminables de pases e intentos fallidos de gol, me tumbé en el sofá cómodamente con ganas de jugar más yo que los jugadores. Él me abrazaba por atrás, pasando su mano bajo mi cuello, mientras veíamos la televisión. Me encanta cuando nos tumbamos así, y sé que a él también, porque nos podemos sentir todo el cuerpo.

Dejé que disfrutara del partido, al menos los primeros minutos, pero todo el espectáculo que nos ofrecía el partido, por el momento, eran jugadores corriendo de un lado al otro del campo. Él bostezaba y me hacía bostezar a mí, intentaba enrollar un mechón de mi pelo entre sus dedos, tarareaba una canción... Cualquier cosa para entretenerse. Parecía que la tarde se iba a echar a perder cuando, de repente, él se incorporó para coger el vaso de refresco que le esperaba sobre la mesa. En lugar de llevárselo a los labios, metió la mano dentro y sacó uno de los hielos. Le miré sorprendida preguntándole con la mirada: ¿Qué haces?.

– ¿Quieres divertirte un poco? – Me susurró al oido.

De fondo, el comentarista seguía hablando de balones y jugadas. No pude evitar mostrarle una sonrisa traviesa. Imaginar ese cubito derritiéndose por mi cuerpo provocó palpitaciones en mi entrepierna. Me rozó el cuello con el hielo y mi piel no tardó en erizarse. Acompañó estas caricias congeladas con sus mejores besos, y poco a poco, los pitidos del árbitro procedentes de la televisión se fueron alejando. Me resultaba completamente imposible ser consciente del tiempo, averiguar si eran minutos o horas las que pasaban.

Empezó a pasar el cubito por mis pechos. No hizo falta que llegara a mis pezones con el hielo, ya estaban duros antes de que llegara allí. Y antes de que me diera cuenta, una de sus manos jugaba con la costura de mis bragas, haciéndose hueco entre ellas para jugar con los pelos de mi vulva. No tardó en incorporarse y acomodar su cabeza entre mis piernas, con el hielo aún en la mano, pero justo en el momento en el que iba a rozarme con su lengua… ¡Penalti! El silbato del árbitro le distrajo de su objetivo y sacó la cabeza de mis muslos. Por un momento, me dejó sin aliento. La espera, el anhelo de su lengua era más excitante que el propio acto en sí. No pude evitar llevar mis manos a su cabeza y jugar con su pelo para animarle a que siguiera pendiente de mí y no tanto del partido. Su mirada conectó con la mía y cuando vio mi grado de excitación todo lo demás quedó en un segundo plano.

– ¡Qué le den al partido! – Susurró al tiempo que empezó a acariciarme con el cubito en la entrepierna. La calidez de sus labios no podía hacer mejor contraste con la frialdad del hielo, del que ya quedaba muy poco. Mi cuerpo, cada vez más caliente, había hecho que se derritiera mucho más rápido de lo que me gustaría.

El estadio estaba en silencio esperando que el jugador tirara el penalti. Lo que hacía que en la sala solo se escucharan mis jadeos cada vez más frenéticos, el movimiento de esa lengua endemoniada a la que ahora se habían sumado sus dedos... me estaba llevando justo a donde ambos queríamos. La expectación del propio juego hacía que el momento fuera mucho más excitante. Todos estaban esperando que me corriera.

Entre gemidos, le pedía más. Notaba que estaba llegando. Su roce me hacía chillar tanto que apenas pude escuchar el pitido del árbitro dándole permiso al jugador para tirar. Estaba en lo más alto y rompí mi cuerpo en dos, elevándolo con un jadeo silencioso.

¡Goooool! La grada estaba celebrando mi orgasmo.

Él se anotó un tanto ¿o fui yo al correrme? Esta vez "le voy a dejar ganar", pensé, pero quiero la revancha. Puede que el fútbol no esté tan mal...