De Peculiares

Mientras duermes

 

 

 "Y entonces empecé a tocarme lentamente, aguantando la respiración, sin apenas moverme para que ella no se despertase. Levantaba la sábana con cuidado, y podía ver sus piernas desnudas, ¡oh, sus piernas!"

ISILLA LM

Me encanta observarla mientras duerme. Ya es costumbre que se duerma ella antes que yo. Me gusta observar su cara redondita, sus ojos cerrados con esas pestañas tan largas, que te pueden arropar. Su respiración pausada, relajada, tranquila. Parece la niña más buena que he conocido nunca. Y no digo que no lo sea, pero tiene esa mezcla diametralmente opuesta, que la hace tan especial. Despierta es fuego, es pasión, es intensidad. Dormida es quietud, es paz, es un peluche al que dan ganas de abrazar. Despierta es un huracán al que quieres empotrar contra la pared. Dormida me sale la ternura y lo único que quiero es protegerla.

Bueno, lo único no. Porque más de un día y más de dos, me han dado ganas de masturbarme mientras ella yace entre los brazos de Morfeo. Alguna vez se lo dejé caer, en plan enseñándola vídeos de tíos teniendo sexo con tías que parecen dormidas. Es la risa, porque ambos sabemos que es todo mentira, y que nadie duerme en verdad. Pero la idea siempre me ha excitado, y quería saber lo que pensaba al respecto. “Me hace gracia, no sé, pero si me follas a altas horas de la madrugada y en pleno sueño REM, no esperes que mi cuerpo responda acorde al tuyo”. Y nos reímos. Y ahí se quedó.

Pero el otro día, tuve que hacerlo. Estaba seguro que dormía profundamente. Ya me sé sus ritmos respiratorios mientras está soñando. En realidad me sé un montón de cosas sobre ella, porque para qué me voy a engañar, me tiene loco. Así que empecé a fantasear con cosas que me gustan; con imágenes de otras veces que hemos follado; con lugares recónditos de la ciudad donde nos hemos metido mano; con el cine. Ay, el cine. Ya estaba semi empalmado, pero cuando evoqué los recuerdos de un día en el cine, se me puso el rabo más tieso que un pájaro muerto. Vaya comparación, pero en serio más dura que el cerrojo de un penal. Y entonces empecé a tocarme lentamente, aguantando la respiración, sin apenas moverme para que ella no se despertase. Levantaba la sábana con cuidado, y podía ver sus piernas desnudas, ¡oh, sus piernas! Son tan lindas, son las piernas más bonitas que he visto en mi vida. Largas, redondeadas, y tiene la piel tan suave… parece porcelana, parece una nube. Esa piel, en serio, no es ni medio normal. Llevaba solo la ropa interior y como estaba de lado, sus preciosos pechos redondos tenían una posición perfecta. Me aventuré y le rocé con la mano. Me hubiera encantado meter mi cara entre sus tetas y lamérselas hasta el día del juicio final. Pero fui bueno y solo rocé levemente su tersa piel, cebándome un poco más con el precioso canalillo que su busto me ofrecía.

Seguía tocándome la polla a un buen ritmo, bajando mi prepucio muy despacio, observando la cabeza de mi glande, brillante por el líquido que emergía de ella: una gota transparente a modo de lágrima, me recorría el frenillo y se precipitó a mi bajo vientre.

No sabía si me excitaba más: pensar que se podía despertar; darme prisa por si se despertaba y no le hacía gracia la idea de verme pajeándome; o que se despertase y empezase a lamerme la polla con su preciosa boca. Empecé a marcar un ritmo más rápido, no podía contener los gemidos que salían de mi garganta, a la vez la miraba, tan dulce, ajena a lo que estaba sucediendo, y mientras esa vorágine de sensaciones fluía de mí, no hacía más que venirse imágenes a mi cabeza de otras veces que hemos follado.

No duré mucho más. Vale que el tiempo es relativo, pero en serio estaba tan a fuego. Fue de las mejores pajas que me he hecho en mi vida. Empecé a subir y bajar el prepucio a más velocidad, empecé a notar esa mezcla entre calambres y placer que me recorre desde los pies a la cabeza, mi respiración era más agitada y estaba a punto de desbordarme. Entonces paré, porque se movió y me asusté, y pensé que me estaba oyendo o la estaba molestando. Pero cuando cambió su postura me di cuenta que seguía durmiendo profundamente. Dios, así se la habría clavado, profundamente. Bajé el ritmo, porque me iba a correr. Hacía movimientos rítmicos y pausados, de forma lenta, y bajando todo lo que podía la piel de mi pene. Entonces la lefa comenzó a salir a borbotones, como cuando haces bechamel y empieza a cuajar la mezcla. Mi pecho estaba lleno de semen, el cual limpié con la camiseta que me había quitado hacía un rato, y una risa floja me entró de repente. ¡Qué gusto, joder!

Nunca pensé que sería capaz de hacerlo. Siempre fue una fantasía, porque me excitaba mucho la idea de masturbarme con alguien dormido. Pero la realidad superó con creces las expectativas. A los dos minutos dormí como si mi cuerpo acabase de completar una maratón.

Cuando desperté no estaba seguro de si lo había soñado, me costaba recordar si había sido real o no, puesto que me parecía tan alucinante que no podía ser verdad. No dije nada al abrir los ojos, me quedé quieto, evocando de nuevo lo que fuera que hubiese pasado horas antes. Volví a dormir ya que miré el reloj y era pronto. Cuando por fin me levanté para prepararme café, vi una nota en la nevera: “He metido la camiseta que tenías tirada en el suelo, ¿qué cenaste anoche, que estaba tan sucia? Te veo en la comida, buen día BB”.

De Peculiares

¿Debería haber un manual del “buen ligoteo”?

¿Hace falta un manual del buen ligoteo?

12 de abril de 2019

Isilla LM

Estás en un bar. Se acerca una persona que te llama la atención. Te dice algo del tipo: “Guapx, ¿qué haces por aquí?” ¿Qué sientes? ¿Te tomas a malas cualquier persona que venga a ligar? ¿Te sientes acosadx cuando alguien que no te mola intenta ligar contigo? ¿Qué formas de ligar son a tu juicio “sanas” o las “correctas”?

Muchas veces leemos o escuchamos casos de personas que no se sienten seguras a la hora de salir de fiesta. Chicas que van al baño juntas, ¿lo hacen por evitar encontronazos con desconocidxs que les incomoden?, ¿o por ayudarse a sujetar la puerta, mochila, bolso? ¿Para intercambiar opiniones del “mercado” de la sala? ¿Para colocarse?

Amigas que se dicen unas a otras: “tía, cuando llegues a casa escríbeme”. O comentarios del tipo: “no sé cómo permites que tu pareja no te acompañe a casa”.

¿Hay un miedo generalizado al desconocido que nos entra? ¿Cuáles son las formas de ligar “correctas”? ¿Debería haber un manual del “buen ligoteo”? ¿Debemos contratar los servicios de un gurú del sexo? ¿Qué entendemos por sano cuando hablamos de relaciones eróticas? ¿Pensamos que ahora es más complicado ligar que hace años? ¿Todo el mundo entiende lo mismo cuando dice que está ligando? ¿Ligamos igual hombres que mujeres? ¿Ligamos igual heteros que homosexuales?

Si nos vamos a la etimología de la palabra ligar, nos encontramos que viene del latín ligō, ligāre "atar, unir". Es decir, somos seres sexuados buscando unirnos con otros seres sexuados. Esa unión puede ser puntual, o buscar algo más perenne. Es como decía Platón con el mito de los seres cortados. No es que busquemos una media naranja a nivel del amor romántico, o sí, eso dependerá de cada cual. Pero la base de ese mito es buscar un “otro” que nos complemente.

¿Tenemos la sensación de que la gente liga mal? ¿Pensamos realmente que hay mucho y mucha mete patas por la vida? Yo sinceramente no lo creo. Habrá comentarios más acertados; habrá prácticas más certeras; habrá personas con menos habilidades para comunicarse o expresarse. Pero muchas veces también depende de la persona receptora, de cómo entiende ese mensaje, de su momento vital, de sus circunstancias personales.

En sexología no debemos generalizar; bueno, en nada deberíamos. Pero los encuentros con desconocidxs son suficientemente complejos como para escribir un “manual” e intentar incluir a todo el mundo. Eso es muy difícil, porque en el momento que normativizamos un debería, siempre habrá alguien que se sienta fuera. Y ese sentir muchas veces crea más dificultades que entendimiento.

¿No sería más sencillo, si de forma educada, le expresamos al otro sexuado lo que sentimos? “Pues mira ahora mismo no me apetece charlar, estoy con amigxs y quiero estar tranquilx”. ¿Qué ocurre con la gente que se resiste a esa negación? Quizá pensamos que son intransigentes porque no se ponen en nuestro lugar, ¿pensamos en algún momento que su biografía ha determinado esa manera de relacionarse? Quizá su aprendizaje ha sido consecuencia de recibir muchos noes, muchos rechazos. ¿Nos es más cómodo meter en un saco a “todos los tíos…” “todas las tías…”, en lugar de intentar comprender otras realidades?

Hay un montón de recetas, donde nos dicen cómo ligar, con quién se puede, cómo responder ante personas persistentes… pero pocas veces se leen escritos donde reflejen ambas caras de una realidad. Muchas veces nos quedamos con una opinión, la que más nos interesa, la que menos nos duele escuchar, la que más se ciñe a nuestro pensamiento. Porque hacer el ejercicio de intentar sentir lo que sienten otros es complicado. Porque desmontar ciertas creencias nos hace creer perdedores, como si de una batalla se tratase.

De la soltería he aprendido una cosa, y es que no hay personas que no sepan ligar, no hay pesadxs por donde mire, no todo el mundo viene para llevarte a la cama; lo que más me ha llamado la atención es que todo depende de la actitud que lleves por la vida, de si sólo quieres quedarte con lo malo y las situaciones incómodas, o si por el contrario prefieres quedarte con la gente amable que tiene curiosidad por saber qué piensas, qué te gusta y si coincides con él o ella.

De la sexología, aprendí que, dependiendo de nuestra erótica y nuestra sexualidad, nos va a gustar más una forma u otra de seducción. Porque seducir no es algo sencillo, pero se puede ir aprendiendo y mejorando con los años. Y no olvidemos que lo que para una persona puede ser sexy, agradable, interesante, para otra puede resultar aburrido, incómodo o incluso denunciable.

De Peculiares

¿Por qué rechazamos algunos olores corporales?

¿Por qué rechazamos algunos olores corporales?

6 de marzo de 2019

Isilla LM

¿Te consideras una persona escrupulosa? ¿Eres de lxs que se perfuma antes de salir? ¿Buscas las fragancias de moda? ¿Tienes tu casa plagada de ambientadores con distintos olores para camuflar el olor de la comida, cacas de gato, tabaco…? Cuando cagas en el baño, ¿echas ambientador para que la siguiente persona que vaya a entrar no se coma tu mierda? ¿Has pasado la barrera del pedo con tu(s) pareja(s)? ¿Te tiras eructos a sabiendas de que has incluido en tu alimentación productos de fuerte olor como ajo o chorizo? ¿Eres capaz de distinguir por el olor de tu flujo el momento del ciclo de ovulación en el que estás? ¿Cuándo te tiras un pedo en la cama estando solx, lo hueles? ¿Te compras desodorantes con olor a colonia para camuflar el olor del sudor de tus axilas?

¿Usas productos de higiene “íntima” (qué gracia siempre que a lo genital lo llamen íntimo, como si un abrazo por ejemplo no lo fuese) con diversos olores para que tu vulva no huela? ¿Lavas los pliegues de tus genitales para eliminar el esmegma que se acumula al cabo del día? ¿Has sufrido en el embarazo mayor sensibilidad en este sentido potenciando todos los olores, los agradables y los desagradables? ¿Recoges la caca de tu perro con cara de asco cuando bajas al parque? ¿Eres capaz de sujetarle la cabeza a tu amigx mientras vomita y mientras te llegan los efluvios de sus secreciones?

¿Lavas a conciencia tu ano para prepararlo ante una penetración anal? ¿Usas pasta de dientes con fragancia, y luego además usas enjuague bucal que también lleva olor, para camuflar tu aliento? ¿Compras los suavizantes y detergentes para la ropa por su fragancia o por su calidad en el lavado? ¿Eres de lxs que huele su ropa usada para saber si la tiene que echar a lavar, o de lxs que la echan a lavar por haberla usado un par de horas? ¿Entre tus prácticas amatorias está lamer los pies, o eres de lxs que les da asco sólo imaginarlo? ¿Compras condones de sabores para que sea menos desagradable al olfato? ¿Te duchas diariamente como recomiendan “algunos” “por higiene” o porque no soportas tus propios olores? ¿Sabías que existen personas que venden sus bragas y ropa íntima usadas porque hay a otras personas que ese olor “natural” les pone cachondos?

Si te paras a pensar un segundo, todo lo que venden en relación al olor “natural” del cuerpo, va camuflado con una fragancia externa artificial. Nuestro aliento no huele a menta, nuestros sobacos no huelen a perfume, nuestro cuello no huele a colonia, nuestro ano no huele a gel, nuestros genitales no huelen a hierbabuena, nuestros pies no huelen a productos anti hongos, nuestra mierda no huele a aroma de limón, nuestros fluidos no huelen a rosa, nuestro cabello no huele a orquídeas que nos hacen orgasmar. Pero cualquier cosa que compres para tu higiene personal, absolutamente todo tiene fragancia, aroma, olor.

Muchas veces decimos que, si nos trasladásemos con una máquina del tiempo a los años del medievo, nuestra pituitaria explotaría porque no podríamos resistir esos olores “tan fuertes”. He llegado a oír que olemos diferente según nuestra etnia.

Después de muchos años de observar, de oler, de explorar mi cuerpo y el de otras personas, he llegado a la conclusión que en verdad lo que nos pasa es cultural. Y que nos rodeamos de gente que huele “bien” porque nos han educado que el olor “natural” equivale a mal olor, a ser un cerdx. A no tener higiene. Porque si a un adolescente le huelen los pies y se quita las zapatillas en clase de gimnasia, sus compañerxs en lugar de no decir nada, de entender que los olores en plena pubertad se acentúan a causa de las hormonas, se ríen de él/ella alegando que ese olor no es humano, que es un cerdo/a y que se lave. Porque si alguien tiene un problema médico con su aliento o con sus axilas, en lugar de que el resto del mundo lo acepte, lo entienda y empatice con esa persona, se le tacha de cerdx y se le busca toda clase de remedios para aplacar ese olor “nauseabundo”. Conozco chicas que no tienen un encuentro erótico si antes no han pasado por casa a cambiarse las bragas que llevaban puestas todo el día. Cuando entras en un baño público y alguien a defecado, se oye la típica frase: ¡qué peste a mierda! (Sinceramente, el lugar apropiado para oler a mierda debería ser el baño, y no, qué se yo, la cabina de un vagón de metro.)

Lavamos nuestros anos de forma salvaje, introduciendo líquidos para que no salga una gota de mierda cuando nos penetran con cualquier apéndice. Conozco mujeres que se lavan hasta tres veces al día su vulva, con jabones con fragancia porque no soportan el propio olor de su flujo. He oído a personas decirles a otras personas que no ducharse diariamente es de ser un auténtico cerdx.

A veces cuando hablamos de tabú en sexualidad nos viene a la cabeza hablar de prácticas no habituales, o conversaciones prohibidas con según qué entorno. Pero pocas veces somos conscientes de nuestro propio tabú respecto al olfato.

Los olores nos pueden agradar o no, eso es algo innato a nosotrxs, y hay olores que nos advierten de peligros, o de una muerte directa (comida en mal estado, olor a gas, olor a quemado…) pero la evolución no nos ha cambiado mucho respecto a nuestros olores corporales. Si te fijas en muchos animales, su primera vía de contacto sexual con respecto al otro es olerse. Mediante el olfato saben si la hembra está en celo. Las famosas feromonas de las que muchas veces hablamos, dónde, por cierto, no hay estudios confirmados que nos digan que los humanos tenemos esa capacidad.

Hay personas que nos atraen, sin saber muy bien por qué. Cuando te pase eso piensa si te gusta el olor. Haz memoria y recuerda esa conversación con tu amigx, que acaba de conocer a alguien, a veces te cuenta lo que le gusta, y entre las cosas que le gusta suelta la frase “me encanta como huele”. Podremos pensar que es la colonia, pero hay marcas que se ponen de moda y que usa mucha gente, y no en todas las personas la misma fragancia huele igual. Por algo será.

De Peculiares

¿Es machista un piropo?

¿Es machista un piropo?

24 de febrero de 2019

Isilla LM

Llevamos unos años en los que, sobre todo por las redes sociales, circulan comentarios donde, mayormente mujeres, critican los piropos. Los criminalizan, los tachan de machistas o hacen campañas para prohibirlos.

Se suele hablar que es un tema educacional; no se ha formado a los hombres en el respeto, no han crecido con esa palabra que está tan de moda: empatía. Se dice que son comentarios vulgares, soeces, que no aportan nada, incluso que pueden llegar a ser abusivos, violentos, que cosifican y que se pueden tildar de agresiones sexuales verbales, sobre todo si la frase en cuestión lleva contenido sexual implícito.

Quizá haya que partir por matizar qué es contenido sexual. Pero si lees artículos de esta revista sabrás la línea que llevamos las que por aquí colaboramos, donde siendo todxs seres sexuados y es imposible no serlo, lo que definimos como sexual para lxs sexólogos es un poco más complejo que lo que se suele comentar por los demás espacios de divulgación sexológica.

Sin meterme ahora en ese asunto voy directa al meollo. ¿Es machista un piropo? ¿Es violento? ¿Es una agresión sexual hacia las mujeres? Pues si esperabas un sí, creo que no vas a seguir leyendo con los mismos ojos. Pero tampoco te voy a decir un no. Verás, como todo en la vida, existe una escala de grises, hay matices y peculiaridades, donde no podemos generalizar. Porque cada ser humano es único y se va sexuando a medida que la vida va pasando.

Nosotrxs lxs sexólogxs, no deberíamos ser ni jueces, ni moralistas, ni deberíamos decirle a la gente lo que es bueno o malo. Quizá habrá que ver cada caso particular para definir si una frase gritada por la calle a alguien que pasa y que probablemente no vas a volver a ver, puede ser violento per sé.

Pese a que el blanco y negro es la tendencia general a la hora de hablar sobre muchos temas, (o conmigo o contra mí), a mí me gusta más ver que dependerá todo de la persona, del momento, del lugar, del estado de ánimo, del atractivo del piropeador, de la forma de decirlo, de los gestos y el lenguaje no verbal… en fin, hay tantas variables que me parece curioso como hay gente que se dedica a inculcar que una frase o palabra es agresión.

Probablemente si eres mujer y lees esto, habrá un alto porcentaje de vosotras donde al menos una vez en la vida te hayan echado un piropo. Ahora vamos a hacer un ejercicio práctico. Piensa cómo te sentiste cuando te dijeron eso, (si son muchos intenta acordarte de todas esas veces). Piensa si estabas contenta y escucharlo te sacó una sonrisa; si tenías un día un poco bajonero y te alegró oírlo; si estabas un poco cabreada y eso remató el día cabreándote todavía más; si le contestaste alguna vulgaridad o le respondiste educadamente; si estabas sola; si era de noche o de día; si te sentías guapa; si te lo dicen a diario. Piensa si el que soltó el piropo estaba solo; estaba trabajando y pasabas por ahí; era un tipo atractivo; si era un entorno de ocio como bares; si lo soltó de repente sin conocerte o si ya había conversación previa; si te lo dijo por escrito o en persona…

En definitiva, hay un montón de características donde no se puede unificar tan fácilmente. Que alguien nos diga algo bonito o destacable de nosotras, en general se recibe mejor que si sueltan cualquier cosa un completo desconocido. Pero ahora piensa un segundo: en este ejercicio es probable que hayas reparado en todos esos hombres con los que te has cruzado, y han sido más o menos agradables. Pero si yo hago el mismo ejercicio, no sólo me vienen a la cabeza hombres que sueltan lo primero que se les ocurre; muchas veces los he recibido de mujeres donde me sueltan un Guapa, o Cariño, o Preciosa, sin haberme conocido ni haber hablado anteriormente. Un piropo es un piropo, da igual que te lo diga el vecino, o que te lo diga tu mejor amigx, o tu prima la del pueblo. ¿O acaso, entonces, más que criminalizar o prohibir el piropo, lo que se pretende es etiquetar a (según el criterio de a saber quién), un tipo como machista, diciendo lo mismo que te diría tu amiga Julia?

Entonces, ¿qué es lo que nos remueve o nos disgusta del piropo? ¿Que el tipo que no nos conoce de nada resalte una característica generalmente física de nuestro cuerpo sin que le hayamos dado permiso? ¿Que no lo puede hacer porque eso no está bien ya que ofende y molesta a la persona que lo oye? ¿Quién cataloga de lo que es ofensivo? ¿Quién decide que una frase incluye contenido sexual? ¿Es más sexual decir la palabra coño que la palabra ojazos? ¿Porque es genital? ¿Alguien le ha preguntado a una mujer, que le gusta que la piropeen, cómo se siente?

Yo no vengo a decir a nadie si un hecho hacia otra persona ofende o no, porque dependerá del criterio de cada unx. Ni tampoco a defender o criminalizar al piropeador. Sólo me gusta que se haga el ejercicio de ponernos en el lugar de otras realidades. Pero no sólo la mía, o la que me justifica, o la que da más razones. También la que no opina como yo, la que sus vivencias han sido mayormente positivas, la que ve con buenos ojos ese tipo de comentarios. Seamos capaces de contemplar que no sólo la vida se ve desde mis ojos, sino que hay tantas posibilidades como personas existan.

Y algo importante en lo que ahora no me voy a detener, pero suelto para que haya una reflexión: ¿es más ofensivo si el hombre que nos dice un piropo nos da rechazo, no nos parece atractivo, no es nuestro tipo? ¿Es más ofensivo si dice “Qué ganas de follarte” o si por el contrario dice “Ojalá ser papel para envolver ese regalo”?

De Peculiares

Ladrones de besos

Ladrones de besos

21 de diciembre de 2018

Isilla LM

Vengo observando desde hace un tiempo a los ladrones de besos. Sí, esos que cuando tú estás ahí en tu inopia, tan tranquila, a tu rollo, probablemente bailando o hablando con un chico pensando que sólo está siendo majo contigo, que le has caído bien, que le pareces interesante, que le resultas divertida o que piensas que está hablando contigo porque cree que eres alguien con quién poder hablar de cualquier cosa; y entonces así sin más, precipita su boca con la tuya y casi nunca te advierte.

Pocos son los que te avisan y menos los que te preguntan si te pueden comer la boca, y entonces llega la reacción. Mayoritariamente de sorpresa. Y ¿cómo decir que no a un beso?, que suelen ser agradables, dulces y tiernos. Pues ahí es cuando entra en juego lo que a ti, receptora de aliento, te apetece.

A veces crees que con tu comportamiento has podido confundir al ladrón, haciéndole creer que ser simpática es sinónimo de que chorreas por él. A veces sientes alivio porque en verdad te morías de ganas de que pasara. Otras, es tan inesperado que te planteas mirar a ese ladrón con otros ojos. Y dices: why not?

Sigue siendo complicado discernir en muchas ocasiones quién ha sido el provocador y quién el provocado, ¿no? Cada unx tiene sus técnicas de seducción. Lo jodido es cuando desconoces las propias porque piensas que en verdad no haces nada para que te roben un beso.

Los besos robados a veces conducen a descubrir personas bonitas, seres maravillosos que te hacen el ratito más agradable. Pero un riesgo que corre el ladrón es encontrase un NO. Y llega un momento incómodo para ambos. Si eres sutil a veces no basta e insisten. Porque creen que en realidad te estás haciendo la dura. Y entonces sin ser borde, te posicionas y reiteras que NO.

La infinita mayoría lo deja estar, a veces te preguntan por qué. Pero casi siempre se queda en una anécdota y sigues con la conversación. Pero unos pocos insisten y piensan que en realidad que te besen es lo mejor que te va a pasar esa noche. Y entonces es cuando te tocan los ovarios y ya te sale la vena macarra.

Para que quede claro, ya que hay algunos que no lo entienden, estos son los motivos por los que podemos decir NO a un beso robado:

  • Porque ese ladrón no te gusta tanto como para intercambiar saliva.
  • Porque no es el momento más oportuno ya que en verdad tú lo que quieres es comerle la boca a otro.
  • Porque a veces te pilla tan de sorpresa que la reacción es huir.
  • Porque, aunque tu cara sonríe en realidad te estás muriendo de pena porque quien tú quieres que te bese no sólo no lo hace, sino que además te ignora soberanamente.
  • Porque le huele el aliento.
  • Porque estás de caza y él no estaba en el menú.
  • Porque no tienes cuerpo para dar amor.
  • Porque no le puedes gustar a todo el mundo, no eres una croqueta*.
  • Porque estás de fiesta y no quieres liarte en ese momento.
  • Porque podría ser tu hijo.
  • Porque no te sale del coño.
  • Porque si dices NO e insisten y sigues diciendo NO, empiezas a ser cansino y peligroso.
  • Porque te gustan las ladronas.
  • Porque que seas agradable y sonriente no significa que prestes tus labios a todo quisqui.
  • Porque sabes que después de un beso robado puede que venga algo más íntimo y no te apetece llegar a ese punto.
  • Porque no te has depilado.
  • Porque estás enferma.
  • Porque estás triste.
  • Porque estás piripi.
  • Porque NO, y punto.

También es un error pensar que si ya hubo besos antes cómo no los va a haber siempre. Que te besen un día no significa que siempre quieran. Y cada unx tiene sus pajas mentales en la cabeza como para saber lo que sentimos en cada momento. Así que esto de besar sin pedir permiso es complicado.

Todo depende de la actitud del besado. Si te siguen besando es que vas bien. Si te quitan la cara, te estás precipitado al vacío. Si dudan no saques la artillería hasta que estén seguras de que quieren que las beses.

Es importante también cómo te tomes todo esto. Si es con humor y de forma natural: cero problemas, besar es bien, besar y que te besen es muy bien, que te besen sin esperarlo y que te guste es bien, besar y que quieran seguir intercambiando saliva es fetén.

Y, por cierto, decir NO cuando mueres por un Sí, confunde y te deja con las ganas. Está claro que no hay que hacer un drama por un beso robado, pero hay que tener en cuenta todo lo que ha rodeado ese momento. Y pensar cómo se han relacionado ambas partes para que eso pasara.