De Peculiares

5 posturas unisex del Kamasutra

5 posturas del Kamasutra unisex

1 de mayo de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Kamasutra solo hay uno, ese librito hindú que ha llegado hasta nosotros con sus cientos de posturas, pero en realidad, ¿cuántos Kamasutras conoces? Seguro que has oído hablar y, no lo niegues, también le has echado un vistazo al Kamasutra lésbico, al gay y por supuesto al clásico, pero cuando queremos ampliar nuestras relaciones, incorporar a nuevas personas o dar rienda suelta a nuestras fantasías poliamorosas todos se nos quedan cortos. ¿Qué posturas son las mejores para hacer un trío, para relaciones abiertas o sexualidades no normativas? ¡Necesitamos un Kamasutra LGTB!

Que no cunda el pánico, que lo vamos a arreglar. Vamos a dejar el postureo para las redes sociales, no vamos a contorsionarnos como acróbatas de circo ni vamos a proponeros posturas imposibles. Puedes dejar tu traje de elasticgirl que esta vez no lo vas a necesitar. Tan solo hay que ponerle un poco de imaginación, sacarle partido a lo que tenemos en casa y, bueno, no estaría mal preparar un poco de picoteo para posibles invitados sorpresa.

Os proponemos una serie de posturas que sirvan para todo el mundo sin importar su género ni orientación sexual. Son posturas unisex, como esa camiseta que te gusta tanto.

 

Por dónde podemos empezar…

Aprovechando los rincones de nuestras casas. Ya te avisamos que no vas a volver a ver de la misma forma ese sillón, esa silla tan cómoda ni ese marco de la puerta. En casa podemos tener los mejores juguetes sexuales.

1. La puerta atascada

Es tan sencilla como formar una X con los cuerpos en medio de la puerta. Uno frente a otro ambos apoyando la espalda contra el marco contrario y los pies al otro extremo. Las pelvis tienen que encajar justo en el centro para que pueda haber contacto, se rocen u os comencéis a estimular. Está pensada para dos, pero admite la entrada de terceros. Por ejemplo si se coloca justo en el centro y así puede ser tocado o penetrado por delante y por detrás.

Dónde lo hago: Exclusivamente en la puerta. Elige la que quieras, si te animas a usar la de la salida a la calle ganas puntos extra.

Dificultad: 2/5.

Variantes: Uno de los dos puede darse la vuelta dándole la espalda a su compañero y así hacer una versión más atrevida.

2. El movimiento del océano

Coge una mecedora para darle el ritmo perfecto. Uno sentado un poco recostado y otro encima dándole la espalda. Puede haber o no penetración. El de encima debe dejarse caer un poco hacia adelante y jugar con el movimiento de la silla y los cuerpos rozándose.

Dónde lo hago: En una mecedora o silla balancín.

Dificultad: 3/5. Se necesita un poco de equilibrio.

Variantes: Hazlo al revés mirándoos. O uno tumbado con la parte superior de la espalda apoyada en el asiento y la otra persona de pie o de rodillas entre sus piernas. Tendrá acceso pleno a ella. Cuidado, que el movimiento no se puede detener.

 

Posturas para juegos en grupo

3. La máquina

Ya que estamos abiertos a incluir a otras personas en nuestras relaciones sexuales, lo mejor es que la postura sea apta para que todos participen. Ésta está pensada para cuatro personas.

Una se coloca de pie digamos en la parte posterior de la máquina. Delante de ella otra a la que penetrará. Ésta se inclina para facilitar la penetración y al mismo tiempo hacer sexo oral a una nueva compañera de juego que se queda tumbada para que sobre su cara ponga sus genitales el último participante.

Parece un poco complicada, pero no lo es. Una vez que nos hacemos el esquema mental solo es coger posiciones y disfrutar.

Dónde lo hago: Puede hacerse en el suelo, pero si buscas un poco de comodidad la cama es el mejor lugar. Eso sí, no vale cualquiera, tienen que caber cuatro personas.

Dificultad: 3,5/5. Pierde el que primero pierda la concentración.

Variantes: Atrévete a probarlo añadiendo más personas o réstale alguna para que sea más sencillo.

4. El cartero siempre llama dos veces

Esta postura es perfecta para tríos cinéfilos. Una persona acostada penetra a otra que se coloca a horcajadas sobre ella y al mismo tiempo el tercer actor aparece en escena para penetrarla analmente. ¿Cómo acabará la película?

Dónde lo hago: Si quieres innovar por qué no os colocáis sobre una mesa alta y así el último puede estar de pie justo al borde.

Dificultad: 2/5. No os podéis salir del guión.

Variantes: Aumenta el repertorio. ¿Por qué escenificar alguna toma de vuestra serie favorita?

 

Para nuevos placeres

Buscar nuevas posturas sexuales nos sirve para descubrir diferentes maneras de estimularnos. Para los que queréis empezar a practicar sexo anal os proponemos un par de posturas para principiantes antes de pasar a asuntos más profundos.

5. El asistente levitante

Los dos tumbados uno encima del otro. El culo del que está arriba pega justo sobre los genitales del que hace de base. Para que haya contacto y roce, al tumbarse ha de abrir los mofletes para dejar el ano al descubierto y así sentir el roce de su compañero. Se puede colocar entre ambos un vibrador pequeño para que sea más divertido y la excitación aumente.

Dónde lo hago: En el sofá o en la alfombra. ¡Sal de la cama!

Dificultad: 0/5

Variantes: Elevad las pelvis ayudándoos de un cojín. Varía la postura entre estar tumbado y sentado. O prueba a colocar un rulo de goma (sí como el del gym) entre el suelo y las rodillas.

Ya solo queda ponerlas en práctica y disfrutar del ¡Kamasutra para todos!

De Peculiares

¡Socorro! Tengo mi primera cita homosexual

2 de abril de 2019

María Torre, Ars Eróticas

¿Te acuerdas de los nervios de aquella primera vez en la que compartiste tu sexualidad con otra persona? El dolor de estómago, el nudo en la garganta, los sudores fríos… hablamos mucho de sexo, se nos llena la boca fanfarroneando del último polvo del fin de semana, pero cuando salimos de nuestro círculo de confort, ¡ay! Es como volver a la casilla de salida.

Reconócelo, por muy experta o experto que te creas y por muy bien que se te dé el sexo, los nervios y las inseguridades cuando te acuestas con alguien nuevo vuelven a aparecer. Imagínate que conoces al alguien que te atrae y con el que quieres tener un encuentro erótico y, además, es de tu mismo género. Vale, es un paso más en tu vida sexual, más experiencias y maneras de disfrutar de ti mismo y de conocer nuevas vías de disfrute, pero te surgen muchas dudas: ¿esto significa que he cambiado de orientación sexual? ¿Sabré dar placer a alguien de mi mismo género? ¿Cómo debo comportarme?

Para y respira. Tener deseos hacia alguien de tu mismo género y acostarte con él no te hace inmediatamente gay, lesbiana o bisexual. Sentir impulsos sexuales, sentirte atraído por otra persona, aunque sea de tu mismo sexo e incluso formando parte de una relación, es algo totalmente natural. Los deseos y atracciones sexuales están ahí y son tantos como personas, así que sientas lo que sientas está bien. Si quieres llevarlo a cabo y la atracción es recíproca, ¿por qué no probar algo nuevo?

Cómo tener sexo con alguien de tu mismo género

¿Cómo lo has hecho hasta ahora? Pues ahí tienes la respuesta, por instinto y dejándote llevar por lo que vuestros cuerpos os piden. Que la persona que ahora tienes enfrente sea de género diferente a otras con las que te has acostado antes no cambia casi nada. Decimos casi porque sabemos que en la teoría todo parece muy fácil, pero a la hora de la verdad nos vienen a la cabeza muchas dudas realmente tontas.

Párate a pensar. Tú eres una mujer o un hombre que vive su sexo, se toca, se masturba y que conoce su cuerpo. Sabes lo que tienes, ¿no? Pues ya sabes cómo es el cuerpo de tu próxima pareja sexual. Pero eso no es todo. Su cuerpo anatómicamente se parecerá al tuyo, pero las zonas erógenas son algo muy personal. Tú te mueres de placer cuando te muerden el muslo y eso no significa que, si vas directamente a mordérselo a tu compañera/o se vaya a correr al momento, pero eso te pasa igual con alguien de diferente género.

Que sea una mujer o un hombre como tú no quiere decir que le guste lo mismo que a ti. Te vamos a dar la llave que abre casi todos los misterios del sexo: la comunicación. ¡Hablad!

¿Qué mejor forma de calentar y coger confianza que hablando? Da igual que habléis del tiempo, de la bolsa o del gobierno, seguro que acabáis hablando de qué es lo que os pone y ahí empieza la magia. Compartid vuestras experiencias sexuales, qué es lo que más os gusta que os hagan, que os toquen, que os digan y a partir de ahí irá todo rodando. Dejaos llevar, escuchad a vuestros cuerpos y haced lo que os pidan.

Lo que nunca debes hacer

No finjas ni mientas ¡nunca! porque no siendo sincero no vas a ganar nada. Compartiendo vuestras vivencias seguro que os dais cuenta de que las dos estáis igual de nerviosas, así que no pasa nada, simplemente disfrutad del momento.

Libérate de todas las ideas preconcebidas. Deja en casa cerrado bajo llave ese libro o esa película que enseña cómo lo hacen dos mujeres o dos hombres. No te va a servir más que para hacerte ideas que luego puede que no se hagan realidad. Imagínate que tu máxima es hacer la típica tijera con esa chica y cuando se lo dices ella te mira como ¡¿qué?! Y es que el porno nos engaña mucho y nos pone expectativas nada reales. Es mejor si te centras en tus deseos, que pienses en qué te gustaría sentir y lo pongáis en común. De ahí sí que saldrán posturas interesantes.

Lo que sí que debes hacer

Ser tú misma o mismo. No hay nada mejor. Sé libre de expresar lo que sientes y de dejar claro qué es lo que esperas e incluso admitir que estás un poco nervioso porque has salido de tu zona de comodidad sexual.

Abre la mente y disfruta. Es lo más importante. Estás ante una nueva experiencia así que tan solo céntrate en vivir el momento, de ser tú, tu cuerpo y nuevas formas de desarrollarte sexualmente. Focaliza tu mente para que se quede con lo mejor del momento y para que las distracciones sean mínimas, así conseguirás que la experiencia sea más positiva.

Puedes pedirle algún consejo a una amiga o amigo que ya lo haya vivido antes que tú para que te cuente cómo fue. Así reducirás el nivel de estrés. Pero no creas que va a ser igual. Cada persona lo vive de una forma y la tuya será otra más e igual de única.

¿Cómo tengo que comportarme?

Borra el tener que. No tienes que nada, simplemente ser. Piensa que eres tú, con tu forma de ver la sexualidad que va a compartirla con otra persona que está igual que tú. Y es que cada vez que tenemos un encuentro erótico con otra persona da igual de qué género sea, estamos en las mismas condiciones. Somos como dos fichas que se unen por primera vez y que tienen que ir girando y reconociéndose hasta encontrar cuál es la mejor posición para encajar y sentirse cómodos.

¿Te has preguntado si para la otra persona esto también es nuevo? Si no sabes la respuesta, pregúntaselo, porque igual te estás volviendo loca/o porque para ti es “la primera vez” y ella o él está igual que tú. De nuevo, la comunicación y sinceridad soluciona más problemas de los que creemos.

Lo que sí que te decimos que tienes que es sentirte bien, estar segura/o de lo que haces, que lo haces porque te apetece, porque quieres y porque el sexo es para divertirse, experimentar y disfrutar. Siéntete sexy y lánzate a una nueva aventura.

Puede ser que la primera vez sea un desastre y no sea como te esperabas, pero ¿acaso las primeras veces son siempre perfectas? Casi nunca lo son, así que relájate y prueba otra vez, que segundas partes sexuales sí que son buenas.

De Peculiares

Estos son los mayores mitos sobre el sexo lésbico

Mitos lésbicos

13 de marzo de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Aún no entiendo muy bien por qué el sexo entre lesbianas es una de las fantasías más recurrentes. Cuando ponemos a dos mujeres frente a frente y las imaginamos teniendo sexo los niveles de excitación se disparan. Si cambiamos dos vulvas por dos penes, ya cambia el panorama y no a todo el mundo le gusta... ¿A qué se debe esto? No tengo una respuesta clara, y mira que la he buscado y meditado, si vosotras lo tenéis claro por favor contádmela. Pero sí que tengo alguna inclinación, y es que las películas porno y los mitos sobre el sexo lésbico no ayudan mucho a ver la realidad de los encuentros eróticos entre lesbianas.

No recuerdo muy bien si antes de meterme en esto de experimentar con mujeres yo también tenía la misma perspectiva, creo que no, pero claro ahora lo veo desde el otro lado y no es fácil ser objetiva. Ahora sí que hablo con convicción de causa y os digo que el sexo entre mujeres no es tal y como lo pintan. Por eso, hoy os voy a romper 5 mitos sobre el sexo entre lesbianas.

El menaje de cocina mejor lo dejamos ahí, en la cocina

Mito número uno. Es por antonomasia la imagen más representada (también en tus fantasías no lo niegues) del sexo lésbico. LAS TIJERAS, así en mayúsculas. Porque parece que para las lesbianas no hay postura más satisfactoria que ésta, permitidme romperos el mito. La postura de las tijeras permite que los genitales se rocen directamente e incluso si hay bastante lubricación pueden hacer efecto vacío entre vulva y vulva y aumentar el placer. No quiero decir que no sea excitante, pero de ahí a que sea la favorita va un trecho. Es una buena postura para hacer de vez en cuando y durante un tiempo determinado, pero no es para practicar en un arrebato de pasión porque requiere una logística más estudiada. Muchas veces se nos presenta como la primera postura que se hace entre mujeres y he de deciros que no. Hay muchas otras posturas a las que recurrimos y de las que disfrutamos mucho, por ejemplo el misionero lésbico en el que también están en contacto los pubis o la postura de Venus, que se basa en rozar la vulva en el muslo de nuestra compañera.

Y tú, ¿eres pasiva o activa?

Mito número dos. Esta es una de las preguntas más comunes y más hirientes que se hacen a las parejas lésbicas. ¿De verdad hay que explicarlo? ¿aún se cree que una toma un rol y la otra otro y permanece así hasta el final de los días? Es como cuando intentan averiguar quién hace de chica y quién de chico. Los roles, igual que en cualquier otra relación son intercambiables y mutables. Vamos que las lesbianas follan igual que cualquier otra pareja, a veces una lleva más la voz cantante y la otra se deja llevar e incluso, ¡cuidado no os asustéis! En ocasiones se han dado casos de que las dos actúan por igual en sus encuentros eróticos.

Dejando bromas a parte, rompamos este binomio hombre/mujer para todo y pensemos en personas. Personas que se encuentran y disfrutan sin tener en cuenta sus géneros, simplemente sus deseos. Hay veces en los que apetece jugar a roles, como en todas las relaciones y otras disfrutar sin más.

Sin juguetes no hay paraíso

Mito número tres. ¿Cómo? ¿que si no tengo un dildo o un vibrador lo mío ya no es sexo? Pues eso parece, que si no te penetras o penetran con algo no es 100% sexo. Esta es otra de las cosas que no entiendo, pero si sois valientes cuando vayáis a vuestra próxima revisión ginecológica se lo explicáis al o la facultativa, porque las últimas experiencias son que si en tus encuentros no hay pene que te haga orgasmar, no se certifica como sexo. Esa es la cara que se me quedó a mí. Y es que para paliar esta “falta” de miembro masculino, se nos meten los juguetes sexuales por cualquier sitio (u orificio). No seré yo la que reniegue de ellos, pero hay vida sexual más allá de los dildos. El erotismo es mucho más que penetraciones y vibraciones alteradoras de ritmos cardíacos. Las manos, la lengua o la piel son unos juguetes sexuales magníficos para disfrutar. Y no debemos olvidar que no a todas las personas con vulva nos gustan los juguetes eróticos, hay muchas que prefieren disfrutar de sus cuerpos sin accesorios y no por ello tienen una vida sexual peor.

Las ETS son para los penes

Mito número cuatro. Las lesbianas no se contagian de infecciones de transmisión sexual. Ya sé que te parece una barbaridad que diga esto, pero se sigue pensando que entre las mujeres no se transmiten este tipo de infecciones y no es cierto. Es verdad, y los datos lo avalan, que el número de infectadas es menor que en otros colectivos, pero esto no quiere decir que sean inmunes.

Igual que cualquier otra persona, cuando decidimos tener un encuentro con otra mujer hay que protegerse. Si compartimos algún juguete debemos ponerle un preservativo y lavarlo bien después y antes de su uso. Durante el sexo oral es importante utilizar una banda de látex o hacerla con un condón abierto para evitar el posible contagio. Cuando nos apetezca introducir dedos o tocar, protegernos es tan sencillo como ponernos unos guantes de látex o fundas de dedos.

Las lesbianas no son tántricas

Mito número cinco. Los encuentros sexuales entre lesbianas son rápidos y fruto de un arrebato. ¿Eh? Os podéis imaginar mi cara cuando oí esto. ¿Cómo que el sexo entre mujeres es más rápido? A mí aquí algo no me encaja. Por una parte siempre se dice, en esos cuentos populares, que a las mujeres nos gusta el sexo lento, despacio, saboreado y no un quickie rápido. Por eso de que las mujeres, así como colectivo, como si al decir mujeres todas nos unificáramos, nos cuesta más excitarnos. Pero por otro lado, ahora oigo que el sexo entre lesbianas no es tan largo como el del resto de mujeres. Y digo yo, si a las mujeres nos lleva más tiempo excitarnos y el sexo lésbico es entre dos mujeres, más tiempo tardarán en excitarse, ¿no? Y además, para qué, ¿para qué final? ¿Es que la excitación no es a un acto erótico y sexual en sí mismo?

Las lesbianas, igual que cualquier otra mujer, tienen sus propios ritmos y a veces nos apetece sexo tántrico, lento y pausado y otras nos morimos por un polvo en el ascensor.

Pensando en todos estos mitos me venían a la cabeza muchas escenas de películas y relatos, tal vez ahí esté la respuesta a mi pregunta de por qué hay tanto mitos sobre el sexo lésbico. Un poquito de realidad sexual no nos vendría mal para nuestros imaginarios eróticos.