De Peculiares

¿Himen = Virginidad?

Himen y virginidad

6 de febrero de 2019

Lucía Sumillera

En su sabiduría, el refranero castellano dice: “no hay que mezclar churras con merinas”. Partiendo de esta base, me gustaría hacer desde el principio una diferenciación entre cuerpo y moral.

La palabra himen y virginidad son sinónimos, el primero proviene de la divinidad griega de las bodas 'himeneo' y el segundo del latín 'virgo'; ambos términos hacen referencia  a la membrana carnosa que protege de los gérmenes la entrada de la vagina y a la cual hemos ungido con una gran inventiva.

En el imaginario colectivo, el himen, cuál príncipe encantador, es portador de pureza y virtud. Sin embargo, ¡ay, ay, ay si no lo tienes, serás arrojada al segundo círculo del infierno! (Algunas gritaremos ¡ALELUYA! garantizando nuestra condena).

¿Un ejemplo más de la opresión de la mujer? Sin duda, pero también del miedo. El miedo a no ser decente, a atreverse, a estar sola, a los rumores, al juicio, al embarazo, a las infecciones, a la vergüenza… hay tantos… y tantas…

Gracias a la poquita información, educación sexual (llámalo X), de calidad que hemos recibido ya hay personas (que no todas) que saben que el himen puede romperse durante el primer acto coital, o que podemos tenerlo roto antes o incluso haber nacido sin él. En cualquier caso, su presencia o falta de ella no te asigna una letra escarlata aunque siempre haya quien se la imagine, lo que nos devuelve a aquello de “no hay que mezclar las churras con las merinas”, una cosa es tener himen y otra ser inocente e inmaculada.

Menos mal que otra divinidad griega, la diosa Fortuna,  se encargó de que todo nuestro cuerpo fuera un recipiente para el placer llenándonos de corpúsculos de Krause-Finger, que suena muy místico pero no son más que las terminaciones nerviosas encargadas de recoger los diferentes estímulos que recibe nuestra piel y emitirlas al Sistema Nervioso Central. Adivinad en qué zona hay un mayor número de estos corpúsculos (y no, no es el himen).

Jugar, gozar y disfrutar puede hacerse con y sin himen. La diferencia está en donde sitúas el poder. Voltaire en el s.XVIII dijo: “Una de las supersticiones del ser humano es creer que la virginidad es una virtud.” O simplemente (y lo que al final es más sencillo), escucha tus deseos. Si puedes, permítete vivirlos. Sin juicios. Sin miedos.

Solución: el CLÍTORIS

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Lee: 5 libros para cuando te pregunte sobre su sexualidad

Cuentos para hablarles de sexualidad

25 de diciembre de 2018

Lucia Sumillera, Ciesex

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no creo que fuera por preguntarse para qué sirve el ombligo o de dónde venimos. Hablar de sexualidad es difícil, incluso de los conceptos más puramente biológicos que son por los que los niños y niñas suelen empezar a preguntar.

– ¿Qué es eso?

– Se llama pezón, tú también tienes. Cuando las niñas crecen también crecerán sus pechos y los pezones serán más grandes. Los pezones de los niños son más pequeños que los de las niñas y a ellos no les crecerán.

El cuerpo genera curiosidad, tanto el propio como el ajeno, y las diferencias aún más. Por ello, no está de más tener una serie de recursos a nuestro alcance que nos ayuden a salvar los muebles con honestidad.

Los cuentos son una herramienta de apoyo para poder hacerlo, aunque lo más importante son las ganas. Visualmente son útiles para lo que queremos explicar, ofrecen conocimientos desde la diversión y la fantasía, y fomentan un espacio para el vínculo.

Aunque cada vez hay más cuentos para hablar de sexualidad desde la infancia os mostraré alguno de mis favoritos.

1. Mamá puso un huevo

Mamá puso un huevoAutor: MAYLE, Peter

Editorial: Maeva Young

Edad: 3-6 años

Mamá puso un huevo es un cuento divertido donde los expertos son los niños y niñas y los padres no parecen estar muy enterados. Desde el humor y de forma muy sencilla explica de dónde vienen los bebés dejando fuera las semillitas, los dinosaurios o los mazapanes que poco tienen que ver con esta historia.

 

2. ¿De dónde venimos?

¿De dónde venimos?Autor: MAYLE, Peter

Editorial: Maeva Young

Edad: 6-9 años

¿De dónde venimos? Es el primer cuento editado en España sobre sexualidad, para los amantes de lo vintage, este es su libro. A pesar de su antigüedad (1975), sigue siendo útil y eficaz profundizando un poco más al ser para niños y niñas más mayores.

 

 

3. ¡Mi cuerpo es mío!

Mi cuerpo es míoAutor: ProFamilia

Editorial: Juventud

Edad: 6-9 años

¡Mi cuerpo es mío! Nos permite hablar de un concepto que solemos mencionar durante la masturbación o la fecundación, la INTIMIDAD. Aunque la protagonista es una niña también podemos (y debemos) hablar de los niños. Es un material útil para trabajar la conciencia corporal, los NOes y las emociones.

 

 

4. Cuentos para educar en familia

Cuentos para educar en familiaAutor: RAMÍREZ, Mª Victoria, CARMONA, Ana Belén y DE LA CRUZ, Carlos

Editorial: CEAPA

Edad: 6-12 años

Cuentos para educar en familia es una recopilación de cuatro cuentos con una pequeña guía didáctica al final de cada uno que nos orienta sobre su finalidad y qué preguntar para favorecer el diálogo y la reflexión. Aborda temas como la orientación del deseo, los roles de género, la aceptación de uno mismo/a etc.

 

5. Niñas y niños, cada una, cada uno, diferente.

Niños y niñasAutor: MAYOR, Aingeru y MONTEAGUDO, Susana.

Editorial: Litera Libros

Edad: +5 años

Niñas y niños, cada una, cada uno, diferente, nos da pie para hablar de diversidad. Más que un cuento es un álbum de fotografías donde vemos a niñas y niños reales con sus peculiaridades, diferencias y similitudes. Integra la experiencia de las infancias trans de forma conjunta con el resto de sexualidades.

 


¡A ver!

Por último os animo a buscar uno de los (que yo considero) mejores libros de educación sexual que se han escrito, se trata de ¡A ver!, del fotógrafo norteamericano Will McBride y de la doctora alemana Helgla Fleischhauer-Hardt (1979), en él podemos echar un buen vistazo al cuerpo y hacer un recorrido por la sexualidad sin reservas. ¡Una lástima que esté descatalogado!

Nuria Espert decía que “La lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones”, quizá estas navidades pongamos barandillas al sexo, quién sabe.

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