De Peculiares

Vaginismo tras el parto

"Desde el punto de vista fisiológico, el vaginismo es una contracción involuntaria de las paredes vaginales que dificulta o impide la introducción de un elemento en la vagina, causando incomodidad, resistencia, picor, quemazón o dolor"
Xandra Garcia, Sensa

14 de noviembre de 2018

Diferenciamos dos tipos de vaginismo en función de la biografía sexual de la mujer. De tal forma que hablamos de vaginismo primario cuando una mujer, en ningún momento de su vida, ha podido introducir en la vagina un pene, un tampón o han podido realizar un examen ginecológico, es decir, jamás ha podido meter ningún elemento en la cavidad vaginal. Es curioso constatar que con mayor frecuencia el motivo de consulta está relacionado con la incapacidad de practicar coitos placenteros, por encima de no poder realizar una exploración ginecológica.

Vaginismo tras el parto

Sin embargo, el vaginismo puede aparecer tras años de coitos placenteros, en mujeres que tiempo atrás podían introducir “algo” dentro de sus vaginas; ya sea algún dedo, un tampón, un especulo, un pene o lo que cada cual quiera introducir. A esta situación la conocemos con el nombre de vaginismo secundario normalmente provocados por experiencias que marcan un antes y un después en relación con la experiencia genital.

 
"Aunque el vaginismo secundario no es una consecuencia habitual del parto natural o del parto instrumentalizado, a la consulta acuden casos que están relacionados con experiencias traumáticas durante el parto o con el climaterio en sí"

 

En estos casos la dificultad viene dada por una respuesta fisiológica involuntaria ante la anticipación del dolor. De manera que el cuerpo aprieta automáticamente los músculos de la vagina para protegerse de ese “algo” que pudiera provocar dolor. Curiosamente es “algo” no siempre es todo. Es decir, la alarma se activa frente algunos estímulos que reconoce como peligrosos y se mantiene desactivada frente a otros que reconoce como inofensivos. Algo parecido pasa con los ojos. Ante cualquier amenaza de que un elemento extraño se introduzca en nuestros ojos, el cuerpo reacciona de manera automática cerrando los parpados bruscamente. No obstante, no reacciona con tanta brusquedad cuando aplicamos rímel o lápiz de ojos, ya que no se detecta como una acción amenazante, peligrosa o dolorosa.

De tal manera que cabe la posibilidad de que una mujer pueda colocarse un tampón durante la menstruación pero reaccione con tensión ante la tentativa de practicar una penetración.

 

"Cuando los coitos se tornan difíciles o imposibles el dolor o incomodidad resultante reafirma la respuesta reflejo intensificándola aún más, creando así un clico del dolor."

 

Esta respuesta involuntaria del suelo pélvico puede desencadenarse tanto por factores físicos, como por factores psicológicos. Como ya hemos explicado, el vaginismo se manifiesta como un rechazo que cursa físicamente para impedir que se materialice una acción que se considera amenazante, pero también psicológicamente con la intención de que los niveles de ansiedad no se disparen y se mantengan en un umbral gestionable.

 

CAUSAS FÍSICAS QUE PORVOCAN EL RECHAZO

Tras el trabajo de parto las paredes vaginales pueden presentar hematomas que han de sanar antes de intentar practicar un coito. Las episiotomías también pueden ser causa de malestar o dolor, bien porque aún no han cicatrizado, porque cicatrizaron mal o porque dicha cicatriz guarda una experiencia traumática presentándose abultada y rígida. Otra razón que causa vaginismo tras el parto es la sequedad vaginal, producida por los cambios hormonales que se experimentan durante el parto y la lactancia ‒como es el caso de la prolactina, que reduce considerablemente el deseo erótico‒ o por una inadecuada estimulación que dificulta la excitación y la lubricación genital.

 

CAUSAS PSICOLÓGICAS QUE PROVOCAN RECHAZO

No debería sorprender que tras el parto los encuentros eróticos y más concretamente la penetración se tornen difíciles. Esto es debido al estrés emocional y el cansancio acumulado de las demandas de ser madre. Además de estos factores tenemos que añadir el paso o reajuste identitario que ha de realizar la madre para sentirse cómoda en el rol de madre y amante. A veces, no siempre, es necesario hacer un proceso de reerotización de las zonas erógenas tales como los pechos o la vulva, ya que estas zonas que una vez estuvieron al servicio del placer, en el presente se encargan de dar vida y mantener con vida a la nueva criatura. Por eso en algunos casos es necesaria una resignificación del cuerpo para que vuelva a vivirse de forma placentera y erótica. Sin olvidar los cambios físicos que experimenta la madre, que en algunos casos se viven con rechazo hacia el propio cuerpo, por no sentirse deseable. A esto hay que añadirle las tensiones que surgen en la pareja mientras los miembros de la misma se adaptan a la nueva situación, a sus nuevos roles y a los retos que implica la crianza.

 

SOLUCIÓN

Las causas físicas pueden detectarse mediante exámenes médicos y con la colaboración de una sexóloga o un sexólogo podemos ayudarte a conocer y gestionar los desencadenantes de la dificultad para que vuelvas a disfrutar de los encuentros eróticos. La sexología cuenta con herramientas como es la educación sexual y la terapia de pareja ‒ la colaboración de ambos miembros de la pareja es fundamental a la hora de seguir las recomendaciones de la sexóloga, además el apoyo y comprensión mutua será imprescindible para el éxito del tratamiento‒ que combinado con algunas técnicas y ejercicios de aceptación progresiva a elementos introductorios pueden resolver eficazmente y en un periodo breve de tiempo el vaginismo. El porcentaje de casos satisfactorios es alto y la probabilidad de recaída mínimos.

Nuestro consejo es “esforzarse, pero nunca forzarse”

 

De Peculiares

¿Sabías que doula significa sirvienta?

¿Qué es una doula?

5 de noviembre de 2018

Xandra Garcia, Sensa

Las doulas son generalmente mujeres que acompañan a otra mujeres durante la maternidad. Aunque en España no existe una formación reglada, en otros países europeos el servicio de las doulas está cubierto por la seguridad social.

Hay estudios que demuestran que el apoyo ofrecido a las familias por parte de las doulas tiene un gran impacto durante el parto en la reducción del 50% de las cesáreas, el 40% del uso de fórceps, el 60% de la petición de uso de epidural, reduce al 25% la duración del parto y contribuye a disminuir la depresión postparto.

Una doula no es personal sanitario, por lo que bajo ningún concepto debe sustituir las funciones de la matrona. No atiende partos, no hace tactos, ni diagnósticos por lo que tampoco receta tratamientos, ni los recomienda.

La función principal de la doula es dar apoyo. De hecho, etimológicamente doula significa sirvienta. Por lo tanto la función principal es estar al servicio de la mujer que contrata sus servicios.

Una doula no juzga las decisiones de la futura madre. Están en continua formación y actualización de forma que cuando la mujer solicite información sobre algún aspecto relacionado con el embarazo, parto, postparto o crianza, ésta le pueda brindar información científica y contrastada para que la solicitante pueda tomar una decisión de forma libre y consciente. Pero en ningún caso intentará llevarla a su terreno. Las doulas son personas con una gran sensibilidad y capacidad de dar apoyo allá donde la familia, pareja o personal sanitario no puede llegar. Y es que la dula se encarga fundamentalmente de reforzar el aspecto emocional de la embarazada que puede sentir en todo momento como sus decisiones son respaldadas y sus dudas resueltas.

Desde el momento en que tomamos la decisión de convertirnos en madres y padres, se inicia una etapa de cambios que producen inquietudes en la pareja. Por lo general, las intentamos resolver mediante el equipo médico que supervisa nuestro embarazo o buscando el apoyo de la pareja y la familia. A veces ocurre que esto no es suficiente. Es ahí donde surge la figura de la doula. Existen doulas especializadas en momentos concretos de este proceso, así podemos encontrar: doulas de concepción, de infertilidad, de embarazo y parto, postparto o pérdida perinatal. En definitiva una doula es “el ángel de la guarda de las embarazadas”.

De Peculiares

Besos de Leche

Maternidad y Lactancia
Imagen de Jade Beall

4 de septiembre de 2018

Xandra Garcia, Sensa

Las que nos relacionamos con madres lactantes, o las que hemos pasado por la experiencia de amamantar a nuestros hijos e hijas, bien sabemos que la lactancia no es tarea fácil. A menudo, sobre todo las madres primerizas, nos enfrentamos a un sinfín de circunstancias que dificultan la lactancia: inexperiencia, falta de información y formación, desconocimiento por parte de los profesionales sanitarios o las invasiones de la intimidad (especialmente durante los primeros meses de vida). A eso le sumamos que las mujeres soportamos una carga moral, cultural y política que nos ha convencido de que la maternidad duele. Duele parir, duele amantar, duele criar, duele amar... Nos enseñan que solo así, mediante la abnegación al sufrimiento, conseguiremos las salvación o en su versión moderna: el título de Madre modélica.

Quizás sean estas las razones por las que con más frecuencia escuchamos relatos de mujeres que relacionan dolor y dificultad durante el amamantamiento, pero nunca o casi nunca se habla, ni se escuchan relatos, de las experiencias placenteras, incluso orgásmicas que experimentan madre y bebé mientras mantienen la unión boca-pezón.

Los pechos y los pezones pueden ser una fuente inagotable de placer si se estimulan de la forma adecuada y es bastante habitual que dicha práctica forme parte del ritual amatorio de la pareja. La manipulación de los pezones puede hacer que las mujeres sientan cosquilleos en la zona y también pequeñas contracciones en la vagina, incluso nos puede llevar a tener un orgasmo, y esto pasa tanto si nos estimula un adulto, nosotras mismas o un bebé. Pero muchas mujeres que experimentan el orgasmo mientras la criatura está enganchada al pezón, sienten desasosiego, culpa, incluso rechazo. Ya que vinculan esas sensaciones placenteras con las sensaciones eróticas vivenciadas con la pareja y tienden a pensar que están cometiendo un acto incestuoso. ¡Nada más lejos de la realidad! El placer que se experimenta durante la lactancia, no se trata de un placer erótico, sino más bien eudemónico. Es decir, un placer entendido como una sensación de felicidad y plenitud.

 

"Tal vez en lugar de crecer, deberíamos empequeñecernos para mirar eso que llamamos realidad con ojos de un niño", Liz Greene

 

Las sensaciones descritas anteriormente; cosquilleo en el pezón, leves contracciones de la vagina, satisfacción..., son el resultado de una respuesta fisiológica al estímulo de succión cuyas principales responsables son dos hormonas: la oxitocina, también conocida como la hormona del amor y la prolactina. Estas son segregadas por nuestro cerebro de forma instintiva durante lactancia.

La oxitocina, también presente cuando se experimenta un orgasmo, es la encargada de provocar el reflejo de eyección -salida de la leche - y de crear vínculos con la criatura. La prolactina por su lado, estimula y garantiza la producción de leche, al mismo tiempo que provoca una sensación de relajación y bienestar.

Como en todo, la naturaleza ya tenía previsto que las mujeres y hembras de todas las especies disfrutarán durante la lactancia para garantizar la supervivencia de la crias durante los primeros meses de vida. De entre los beneficios que aporta la lactancia, conocemos más aquellos que repercuten sobre la criatura y no tanto los que benefician a la madre.

Desde hace décadas sabemos que la leche materna además de ser el mejor alimento infantil, ya que le aporta todos los nutrientes necesarios para el correcto desarrollo del recién nacido, también fortalece el sistema inmunológico y la salud de la niña o el niño a largo plazo. Sin embargo, a menudo obviamos aquellos beneficios que repercuten sobre la madre, tales como: una mejor recuperación postparto, reducción del riesgo de sufrir depresión postparto, osteoporosis y cáncer de mama. Por eso no es extraño identificar ese estado de placer y bienestar en el rostro de cualquier especie mamífera durante el amamantamiento. La propia evolución de la especie se encargó de introducir agentes garantes de la lactancia tales como el placer que acompaña a la sensación de plenitud.

Durante el amamantamiento, compartimos alimento, ternura, miradas, olores, sonrisas, caricias, juegos, contacto piel con piel, amor, sosiego, tranquilidad…

Así como los beneficios no solo son para el bebé, los placeres tampoco son exclusivos de la madre. Por eso, también podemos reconocer síntomas de placer en los bebes: erecciones, mejillas sonrojadas, temblores en el labio inferior, ojos que se entornan, relajación y finalmente se despegan del pezón extasiados y profundamente dormidos.

 

Por lo que me gustaría destacar que:

  1. La lactancia puede llegar a ser placentera.
  2. El placer experimentado durante la lactancia es el resultado a una respuesta fisiológica que se desencadena por el estímulo de succión.
  3. Los agentes propiciadores del placer son dos hormonas: oxitocina y prolactina.
  4. Las mamíferas estamos diseñadas para disfrutar de la lactancia.
  5. La lactancia es placentera para madres y bebés.