De Peculiares

“Vivimos en una sociedad que castiga mucho el placer femenino”

Lara Castro

Entrevista a Lara Castro

Mujer emprendedora en el mundo de la sexualidad y la erótica. Estudió psicología porque tenía clarísimo desde los 14 años que su objetivo era ser sexóloga y ahora no concibe una ciencia sin la otra

5 de diciembre de 2018

Entrevista de Melanie Quintana Molero

La mente humana le apasiona y su influencia en la vivencia de la sexualidad le fascina. Se le conoce por todos los proyectos que tiene entre manos y por ser una persona entregada en lo que le apasiona. Sabiendo el desconocimiento que hay sobre la Sexología como ciencia hemos querido conocer a Lara en persona para aclarar con ella todas las dudas que produce el mundo de la erótica, la sexualidad y el sexo.

¿Por qué Sexología?

Por el vínculo con las emociones y la influencia que tiene el sexo en las relaciones de pareja. Decidí que yo quería ayudar a todas esas personas que tenían un conflicto con su sexualidad que las alejaba del bienestar. Quería aportar mi granito de arena en una sociedad que recibe tan poca educación sexual y, en numerosas ocasiones, de muy mala calidad e incluso con información que no es cierta o desde emociones como la culpa o el miedo.

¿Qué te impulsó a estudiar esta ciencia?

Es curioso porque siento que no tuve que tomar ninguna decisión. Siempre lo tuve clarísimo, como si esa fuera la única opción. Y mira que me gustaban otras profesiones (sonríe), como todo lo relacionado con el mundo de los caballos y el diseño de joyas con piedras, que curiosamente al final he integrado también en mi trabajo a través de la terapia asistida por caballos y con las piedras en forma de huevo para la vagina.

¿Crees que cambió tu vida erótica?

Yo creo que sí, que tener todo ese conocimiento me ayudó a aumentar mi seguridad en ese aspecto y a saber lo que estaba haciendo, incluso con las personas a las que acompaño en su proceso de crecimiento sexual.

Si tuvieras que destacar algún momento en particular que marcara un antes y un después en cómo vives tu sexualidad, ¿cuál sería?

Cuando decidí que mi sexualidad era mía y que yo tenía toda la responsabilidad de conocerme y respetar mi cuerpo. Este es un proceso muy importante, especialmente para las mujeres, que todavía tenemos mucha presión social de vivir nuestra sexualidad enfocada a la satisfacción masculina. Aunque también hay muchos hombres que sienten la presión de tener que satisfacer en todo momento. (Puntualiza) Pero también recuerdo como un momento importante en mi erótica cuando integré mi práctica espiritual en la sexualidad, cuando dejé de vivir el sexo como simplemente algo físico y pude empezar a expandir el placer por todo mi cuerpo e incluso más allá, disfrutando de los orgasmos energéticos y de la conexión conmigo misma y con la otra persona.

¿Qué le recomendarías a alguien que se quiera animar a estudiar Sexología?

Lo primero que me sale decirle es que es una profesión apasionante y que se la recomiendo al 100%. Después, que tendrá que estar en continuo aprendizaje, investigación y experimentación, así que se necesita una gran vocación y motivación. ¿Por dónde empezar? Siempre, por el autoconocimiento. Es necesario que haga un proceso propio de crecimiento personal.

Entrevista a Lara CastroMucha gente desconoce qué estudiamos.

Sí, y esto a algunos les crea confusión o curiosidad. En Sexología se estudia el desarrollo de la sexualidad a lo largo de la vida y las distintas etapas, los géneros, las orientaciones, el tratamiento de las diferentes problemáticas sexuales, las posibles prácticas y maneras de vivir la sexualidad... En definitiva, todo lo que engloba el mundo de la sexualidad.

¿Recomendarías cualquier formación?

La verdad es que recomendaría buscar una formación que sea práctica y que incluya una gran parte de crecimiento sexual. Cuando creé el Máster en Crecimiento Sexual y de Pareja, para mí fue una prioridad ofrecer clases de contenidos muy prácticos y que fueran impartidas por profesionales muy especializados en cada materia en concreto. Porque a veces lo que te encuentras en las formaciones de Sexología son clases basadas en las teorías clásicas de siempre, que por supuesto hay que leerlas y conocerlas, (recalca) pero creo que los Masters deben ir mucho más allá de los libros y enseñar el cómo llevar a cabo la profesión que has elegido.

Cada persona y cada vivencia es un mundo pero ¿cuál es la demanda que más resuelves en consulta?

El dolor vaginal y, en general, la falta de satisfacción sexual de las mujeres. Vivimos todavía en una sociedad que castiga mucho el placer femenino y eso se nos puede traducir en distintos síntomas que aparecen en nuestra zona genital, como es el caso de la tensión en la zona, que produce dolor durante la penetración o en otro tipo de actividades, como ponerse un tampón. Para mí es muy importante ofrecer un tratamiento integral, que contemple la parte mental, emocional, física y energética.

 ¿Crees que en esta sociedad hace falta más educación sexual?

¡Definitivamente, Sí! Todavía se tiene la creencia de que dar información sexual en la infancia y adolescencia es llevarles a tener muchísimas relaciones sexuales. Cuando la realidad es que, si quieren, las van a tener igualmente, pero sin la información adecuada. Y eso es lo que produce el aumento en el número de contagio de infecciones de transmisión sexual. ¡Una verdadera lástima casi entrando en 2019!

¿Qué crees que habría que cambiar?

La verdad es que mi sueño es que algún día se imparta educación sexual de calidad en todos los colegios y que todas las personas tengan acceso a una educación digna en ese sentido. Sabiendo que, además, una parte importantísima de la educación sexual es la educación emocional y el trabajar la autoestima, fundamentales para un desarrollo feliz.

Eres una mujer emprendedora que tiene varios proyectos alrededor de la sexología.

Sí, mi mente siempre está pensando en proyectos que contribuyan al bienestar sexual de las personas. Siento que es una de las aportaciones que puedo hacer. (Sonríe) Llevamos cerca de diez años con La Escuela de Sexualidad del Institut Gomà en Barcelona, en la que formamos en Sexualidad a distintos niveles, tanto a la persona que viene a buscar conocimientos para aplicar en su vida personal o conocerse, como a la persona que busca dedicarse profesionalmente a la sexología. La Escuela Sexual que es un nuevo proyecto que dirijo junto a Jose Toirán, en el que ofrecemos diferentes formaciones online, estamos creando nuevos cursos para aumentar la satisfacción sexual en todos los niveles y el bienestar personal, pero ¡de momento no puedo contar más! (Ríe a carcajadas); y Placer ConSentido dirigido mayoritariamente a mujeres que quieren divertirse en una reunión de juguetes eróticos y aprender de la mano de una profesional de la sexología que les aportase contenidos de calidad.

Así que además tienes una tienda de juguetes eróticos.

Sí, y lo que más me gusta es que es una tienda libre de estereotipos de género y de mitos sexuales y que ofrece una visión positiva de la sexualidad. Trabajamos mucho con productos artesanos y ecológicos, siempre buscando la salud en la sexualidad.

Libro Placer ConSentido

También te animaste a escribir una guía de autoconocimiento sexual.

Así es, lo divertido es que surgió de la nada. Empecé a grabar junto a Marcel Noll un CD con ejercicios grabados y composiciones musicales, y en el proceso pensamos que al CD le tenía que acompañar un librito y así fue como en un mes de agosto me puse a escribir y nació el libro, que es como un cuaderno de crecimiento erótico, como los cuadernos de vacaciones de los niños, pero en versión sexual y para adultos. (Ríe) Es un libro que te hace preguntas y te lleva a reflexionar y tú vas respondiendo en el mismo libro y haciendo los distintos ejercicios que te plantea.

Pero eso no es todo, tampoco es la primera vez que diriges la Escuela Sexual del SEB.

Llevo años pensando que tenemos que estar presentes en el SEB para cambiarlo desde dentro, como el caballo de Troya. Para poder ofrecer educación de calidad a todas las personas que lo visitan. Y eso estamos consiguiendo, que se cuestione otro enfoque del salón, aunque el cambio auténtico necesite de unos años para integrarse de verdad. Tengo mucha paciencia, ¡así que seguiremos luchando!

¿En qué hacéis más énfasis?

En la libertad y la igualdad sexual, en el huir de los estereotipos de género y en que no hay una sexualidad catalogada como ‘normal’. En dar espacio para que cada persona decida cómo quiere vivir su sexualidad. Trabajamos mucho desde las emociones para dar las herramientas que ayuden a gestionarlas y a soltar todo aquello que produce bloqueos a nivel sexual. Además de abrir la mente a la multiorgasmia, a la eyaculación femenina, a la importancia del trabajo del periné, a los partos con placer…

¿Vas notando cambios con años anteriores?

Sí, de hecho este año ha sido realmente espectacular la acogida que hemos tenido. El primer día, nada más abrir las puertas del Salón, ya vino gente a preguntarnos que a qué hora empezábamos las charlas porque habían venido desde lejos solo para escucharnos. Realmente ha sido impresionante. Ha habido colas de una hora para entrar a nuestras conferencias y hemos recibido muchísimos mensajes de agradecimiento de las personas que vinieron. La verdad es que nos fuimos muy emocionados de todo lo que vivimos este año, aunque nos hubiera gustado poder atender a todas las personas y que no tuvieran que hacer tanto rato de cola, así que esperamos que para el año que viene se tomen las medidas necesarias para que no se repitan estas condiciones.

De Peculiares

No soy tuya, soy mía

Día contra la violencia de género

25 de noviembre de 2018

Melanie Quintana Molero

¿Sabías que 43 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas en 2018? Y ya van 971 desde el 1 de enero de 2003, cuando se empezaron a contabilizar. Y todavía nos preguntan ¿por qué nos manifestamos? Porque al parecer todavía no se han dado cuenta que NO SOMOS SUYAS. Suyas para hacer lo que quieran con nosotras, con nuestra vida. Porque todavía hoy gran parte de la sociedad vive en el patriarcado, aceptando la situación de dominio masculino.

¿Y sabíais que los meses con mayor tasa de asesinatos son septiembre, seguido de julio y agosto? Los que deberían de ser considerados meses de vacaciones para pasar tiempo con nuestra pareja resulta que son la puesta en marcha del contador. ¿Y sabíais que el año pasado por estas fechas ya eran 44?, ¿y que al final del año fueron 51 mujeres las que perdieron la vida?

¡Ya no me callo! Ni yo, ni ninguna de nosotras. Y por eso salimos a la calle, para decir, una vez más: ¡Basta! Por nosotras y por las mujeres que nos han robado, para darles voz a aquellas que ya no la tienen. Hoy es un día para recordar, pero también para reivindicar.

Para recordar porqué el 25 de noviembre salimos a la calle a chillar bien alto que no queremos que nos maten. Para recordar a las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, las tres hermanas que fueron asesinadas en 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras; y por las que en 1999 la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró el 25 de noviembre ‘Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer’, lo que hoy día conocemos como el ‘Día contra la violencia de género’.

Si todavía te preguntas por qué salimos a la calle, que sepas que es para homenajear a estas mujeres y a todas las que mataron anteriormente y de las que nadie supo nada. Para homenajear a aquellas que están muriendo ahora, para decirles de manera simbólica que no les hemos olvidado y para intentar que no muera ninguna más.

Chillamos y hacemos ruido para reivindicar que no somos de nadie, que la única propiedad sobre nosotras mismas la tenemos nosotras mismas. Para decirle a la sociedad que no puede llamarse demócrata si tolera que a las mujeres se les esté maltratando y asesinando.

Hoy salimos a la calle porque todavía hoy muchas mujeres a un espacio al que deberían de llamar hogar lo están llamando tumba. ¡Y ya no me callo! Ni yo, ni ninguna de nosotras. Para decirles a todas aquellas mujeres que todavía piensan que un insulto, un empujón, tener relaciones sexuales contra su voluntad o no poder ver a su familia o amigos porque a su pareja no le gusta, no quiere o no le deja, NO ES NORMAL.

Salimos para dar fuerzas a aquellas mujeres que viven en esta situación de miedo y ataduras. Para decirles que se puede denunciar, que aún están a tiempo. Para decirles a los jueces que si sueltan a aquellos hombres que se demuestra que les han pegado a sus mujeres y que estas corren un grave riesgo, no les suelten. Para que lo que empezó como un insulto ‘inofensivo’ no se convierta en un número más de la lista.

Para que no seamos nosotras las que después de denunciar tengamos que vivir con miedo de que nos persigan. Porque no queremos tener que llevar seguridad, un perro o un chip para que no nos maten, para sentirnos libres. Porque somos libres. Porque no soy tuya, soy mía. ¡Entérate!

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Vaginismo tras el parto

"Desde el punto de vista fisiológico, el vaginismo es una contracción involuntaria de las paredes vaginales que dificulta o impide la introducción de un elemento en la vagina, causando incomodidad, resistencia, picor, quemazón o dolor"
Xandra Garcia, Sensa

14 de noviembre de 2018

Diferenciamos dos tipos de vaginismo en función de la biografía sexual de la mujer. De tal forma que hablamos de vaginismo primario cuando una mujer, en ningún momento de su vida, ha podido introducir en la vagina un pene, un tampón o han podido realizar un examen ginecológico, es decir, jamás ha podido meter ningún elemento en la cavidad vaginal. Es curioso constatar que con mayor frecuencia el motivo de consulta está relacionado con la incapacidad de practicar coitos placenteros, por encima de no poder realizar una exploración ginecológica.

Vaginismo tras el parto

Sin embargo, el vaginismo puede aparecer tras años de coitos placenteros, en mujeres que tiempo atrás podían introducir “algo” dentro de sus vaginas; ya sea algún dedo, un tampón, un especulo, un pene o lo que cada cual quiera introducir. A esta situación la conocemos con el nombre de vaginismo secundario normalmente provocados por experiencias que marcan un antes y un después en relación con la experiencia genital.

 
"Aunque el vaginismo secundario no es una consecuencia habitual del parto natural o del parto instrumentalizado, a la consulta acuden casos que están relacionados con experiencias traumáticas durante el parto o con el climaterio en sí"

 

En estos casos la dificultad viene dada por una respuesta fisiológica involuntaria ante la anticipación del dolor. De manera que el cuerpo aprieta automáticamente los músculos de la vagina para protegerse de ese “algo” que pudiera provocar dolor. Curiosamente es “algo” no siempre es todo. Es decir, la alarma se activa frente algunos estímulos que reconoce como peligrosos y se mantiene desactivada frente a otros que reconoce como inofensivos. Algo parecido pasa con los ojos. Ante cualquier amenaza de que un elemento extraño se introduzca en nuestros ojos, el cuerpo reacciona de manera automática cerrando los parpados bruscamente. No obstante, no reacciona con tanta brusquedad cuando aplicamos rímel o lápiz de ojos, ya que no se detecta como una acción amenazante, peligrosa o dolorosa.

De tal manera que cabe la posibilidad de que una mujer pueda colocarse un tampón durante la menstruación pero reaccione con tensión ante la tentativa de practicar una penetración.

 

"Cuando los coitos se tornan difíciles o imposibles el dolor o incomodidad resultante reafirma la respuesta reflejo intensificándola aún más, creando así un clico del dolor."

 

Esta respuesta involuntaria del suelo pélvico puede desencadenarse tanto por factores físicos, como por factores psicológicos. Como ya hemos explicado, el vaginismo se manifiesta como un rechazo que cursa físicamente para impedir que se materialice una acción que se considera amenazante, pero también psicológicamente con la intención de que los niveles de ansiedad no se disparen y se mantengan en un umbral gestionable.

 

CAUSAS FÍSICAS QUE PORVOCAN EL RECHAZO

Tras el trabajo de parto las paredes vaginales pueden presentar hematomas que han de sanar antes de intentar practicar un coito. Las episiotomías también pueden ser causa de malestar o dolor, bien porque aún no han cicatrizado, porque cicatrizaron mal o porque dicha cicatriz guarda una experiencia traumática presentándose abultada y rígida. Otra razón que causa vaginismo tras el parto es la sequedad vaginal, producida por los cambios hormonales que se experimentan durante el parto y la lactancia ‒como es el caso de la prolactina, que reduce considerablemente el deseo erótico‒ o por una inadecuada estimulación que dificulta la excitación y la lubricación genital.

 

CAUSAS PSICOLÓGICAS QUE PROVOCAN RECHAZO

No debería sorprender que tras el parto los encuentros eróticos y más concretamente la penetración se tornen difíciles. Esto es debido al estrés emocional y el cansancio acumulado de las demandas de ser madre. Además de estos factores tenemos que añadir el paso o reajuste identitario que ha de realizar la madre para sentirse cómoda en el rol de madre y amante. A veces, no siempre, es necesario hacer un proceso de reerotización de las zonas erógenas tales como los pechos o la vulva, ya que estas zonas que una vez estuvieron al servicio del placer, en el presente se encargan de dar vida y mantener con vida a la nueva criatura. Por eso en algunos casos es necesaria una resignificación del cuerpo para que vuelva a vivirse de forma placentera y erótica. Sin olvidar los cambios físicos que experimenta la madre, que en algunos casos se viven con rechazo hacia el propio cuerpo, por no sentirse deseable. A esto hay que añadirle las tensiones que surgen en la pareja mientras los miembros de la misma se adaptan a la nueva situación, a sus nuevos roles y a los retos que implica la crianza.

 

SOLUCIÓN

Las causas físicas pueden detectarse mediante exámenes médicos y con la colaboración de una sexóloga o un sexólogo podemos ayudarte a conocer y gestionar los desencadenantes de la dificultad para que vuelvas a disfrutar de los encuentros eróticos. La sexología cuenta con herramientas como es la educación sexual y la terapia de pareja ‒ la colaboración de ambos miembros de la pareja es fundamental a la hora de seguir las recomendaciones de la sexóloga, además el apoyo y comprensión mutua será imprescindible para el éxito del tratamiento‒ que combinado con algunas técnicas y ejercicios de aceptación progresiva a elementos introductorios pueden resolver eficazmente y en un periodo breve de tiempo el vaginismo. El porcentaje de casos satisfactorios es alto y la probabilidad de recaída mínimos.

Nuestro consejo es “esforzarse, pero nunca forzarse”

 

De Peculiares

Hormonas: ¿son tan buena decisión?

10 de noviembre de 2018

Norma J. Brau, Sexuenea

Ni os imagináis la de veces que he empezado este artículo. No es fácil escribir sobre algo vivido en primera persona procurando ser neutral o no excesivamente posicionada. La verdad, mientras escribo estas líneas tampoco tengo muy claro qué os contaré. Pero el punto de partida es obvio: los métodos anticonceptivos hormonales no nos dejan indiferentes como tema.

Estaba yo como en segundo año de carrera cuando comencé a tomar las pastillas. Tomé la decisión al ver que mi pareja de entonces no sólo necesitaba una talla especial de preservativo sino que además acababa de desarrollar una alergia al látex (exceso de exposición, dijo el médico, ¡¡ja, exceso!!). Estuve años tomándolas, en realidad, sólo 6 años, pero yo tengo la impresión de que ha sido gran parte de mi vida reproductiva. Al final las dejé porque no me salía rentable económicamente y ya había más oferta de preservativos sin látex, no como hace años. Os lo pregunto directamente, ¿os parece una decisión feminista? La verdad, yo ni lo sé ni me importa.

Pero me importa traer la pregunta porque es una de las preguntas clave en todo este proceso de toma de decisión al que se exponen todas las mujeres que se plantean tomar métodos anticonceptivos hormonales como mecanismo para evitar embarazos (no quiero incluir en el debate a quienes tienen algún tipo de dificultad, eso me parece más complejo aún).

La pregunta se vuelve inevitable porque la duda siempre resuena: ¿lo hago por mí o por él? Durante años, más mujeres de las que imaginaba y muchas más de las que hubiese deseado expresaban que para ellos era mucho más cómodo. Que el condón era muy incómodo y que “cortaba mucho el rollo”. Yo siempre les decía que si tan horriblemente incómodo era, el pene perdería la erección. La respuesta eran risas. Ninguna de ellas se dio cuenta de la intencionalidad de mis palabras.

Una vez leí (lamento en el alma no recordar dónde), que el preservativo era rechazado por los hombres porque “limitar la movilidad de sus fluidos” era algo así como sacrilegio contra el patriarcado. Y, la verdad, viendo no sólo estos argumentos contra el uso del preservativo, sino también la negativa general a que existan anticonceptivos masculinos, da que pensar.

Lo sé. Soy una completa hipócrita, ¿tomarme las pastillas y ahora decir a la gente que no? Pues sí, soy una hipócrita o tal vez una mujer que aprendió mucho de su experiencia. Apenas viví efectos secundarios, pero reencontrarme emocionalmente con mi ciclo ha sido un placer. No tuve un novio que se pensara que estaba de puertas abiertas 24/7 para él y que ignorase mi placer. Y aun así, no hago una buena evaluación.

¿Por qué? Porque, sobre todo, no creo que pueda ser una decisión consciente si ni si quiera conocemos todos los efectos secundarios hasta que no tenemos ya la pastilla en las manos. Porque creo que hay poco seguimiento para todo lo que hay en juego (o te haces análisis privados o espera sentada a que te hagan chequeos de ITS). Porque hay hasta quienes ignoran que la transmisión de ITSs se puede dar sin preservativo y que, por lo tanto, el uso de anticonceptivos hormonales no provoca que puedas pasar del condón.

Sin una buena educación sexual continua y transversal, sin un buen sistema sanitario y un buen seguimiento del caso, utilizar métodos anticonceptivos hormonales me parece una decisión que no se debe tomar a la ligera y que requiere de revisión personal introspectiva. Más que nada, para no caer en todas las trampas de autoconvencimiento que vienen de fuera y atender simplemente a nuestras necesidades.

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¿Sabías que doula significa sirvienta?

¿Qué es una doula?

5 de noviembre de 2018

Xandra Garcia, Sensa

Las doulas son generalmente mujeres que acompañan a otra mujeres durante la maternidad. Aunque en España no existe una formación reglada, en otros países europeos el servicio de las doulas está cubierto por la seguridad social.

Hay estudios que demuestran que el apoyo ofrecido a las familias por parte de las doulas tiene un gran impacto durante el parto en la reducción del 50% de las cesáreas, el 40% del uso de fórceps, el 60% de la petición de uso de epidural, reduce al 25% la duración del parto y contribuye a disminuir la depresión postparto.

Una doula no es personal sanitario, por lo que bajo ningún concepto debe sustituir las funciones de la matrona. No atiende partos, no hace tactos, ni diagnósticos por lo que tampoco receta tratamientos, ni los recomienda.

La función principal de la doula es dar apoyo. De hecho, etimológicamente doula significa sirvienta. Por lo tanto la función principal es estar al servicio de la mujer que contrata sus servicios.

Una doula no juzga las decisiones de la futura madre. Están en continua formación y actualización de forma que cuando la mujer solicite información sobre algún aspecto relacionado con el embarazo, parto, postparto o crianza, ésta le pueda brindar información científica y contrastada para que la solicitante pueda tomar una decisión de forma libre y consciente. Pero en ningún caso intentará llevarla a su terreno. Las doulas son personas con una gran sensibilidad y capacidad de dar apoyo allá donde la familia, pareja o personal sanitario no puede llegar. Y es que la dula se encarga fundamentalmente de reforzar el aspecto emocional de la embarazada que puede sentir en todo momento como sus decisiones son respaldadas y sus dudas resueltas.

Desde el momento en que tomamos la decisión de convertirnos en madres y padres, se inicia una etapa de cambios que producen inquietudes en la pareja. Por lo general, las intentamos resolver mediante el equipo médico que supervisa nuestro embarazo o buscando el apoyo de la pareja y la familia. A veces ocurre que esto no es suficiente. Es ahí donde surge la figura de la doula. Existen doulas especializadas en momentos concretos de este proceso, así podemos encontrar: doulas de concepción, de infertilidad, de embarazo y parto, postparto o pérdida perinatal. En definitiva una doula es “el ángel de la guarda de las embarazadas”.

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¿Sabías que los inuit practican la poligamia?

¿Sabías que los inuit practican la poligamia?

27 de octubre de 2018

Melanie Quintana Molero

Los inuit, conocidos como esquimales, aunque ellos prefieren que se les reconozca con el primer término y no con el segundo, viven en la tundra ártica del norte de Alaska, Canadá y Groenlandia (también existen los yupik, que habitan en el sur de Alaska y en Siberia). Prefieren el término inuit ya que significa “el pueblo”, y esquimal es un término algonquino que podría significar “devoradores de carne cruda”. Se les empezó a llamar esquimales ya que no exista vegetación que pudieran utilizar como leña para el fuego, y la grasa de ballenas y focas eran muy valiosas como alimento, no la utilizaban como combustible para cocinar, por lo que la carne cruda era uno de sus sustentos alimenticios.

Dentro de la cultura inuit existen tradiciones como la de ofrecer a sus mujeres en señal de gratitud a aquellos que visitan su territorio, pero son ellas las que deciden si les apetece o no yacer con aquellos hombres a los que se les ofrece, ya que las mujeres inuit son valoradas por su capacidad de trabajo y sus compañeros respetan su libertad sexual.

Los inuit tienen una forma distinta de concebir las uniones sentimentales o las relaciones, viviendo ellos en lo que nosotros conoceríamos por poligamia. Las comunidades inuit están formadas por un número muy reducido de personas, por lo que no cerrar la relación a un número de dos miembros aumenta la variedad en sus encuentros y favorece la perpetuación de su comunidad. Igualmente practican el intercambio ritual de parejas, aunque siempre con fines religiosos y con el conocimiento del angekok, su chamán.

El pueblo inuit también tiene una estructura patriarcal, ya que los hombres toman cuantas esposas pueden mantener, pero los matrimonios se consideran un pacto entre dos personas que se necesitan mutuamente para sobrevivir y la mayoría de las veces se ve como un medio para establecer nuevas relaciones familiares y con ello favorecer la ayuda mutua y la cooperación.

Si que es verdad que tradicionalmente los matrimonios se pactan entre los padres desde el nacimiento y se unen desde la pubertad de las chicas y cuando los chicos son capaces de cazar por sí mismos, aunque existen también matrimonios por amor.

No se celebra ninguna ceremonia especial, simplemente se sabe que son pareja porque comienzan a vivir juntos. La mujer inuk, el singular de inuit, que significa “hombre” o “persona”, no es valorada por su virginidad y castidad sino por su capacidad de trabajo. La libertad sexual entre los jóvenes no se reprime ni para ellos ni para ellas, y las chicas pueden demostrar su afecto hacia otros hombres distintos a su futuro marido.

 

 

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Sexo sucio

"La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio"

 

Maitena Usabiaga Sarasua

11 de septiembre del 2018

Si has empezado a leer este artículo porque creías que encontrarías perversidades eróticas, juegos salvajes o un fragmento donde las fantasías campen a sus anchas, no es precisamente lo que vas a encontrar. Esto es una reflexión sobre el lado oscuro del sexo, un lado que nos persigue desde hace demasiado tiempo y que al parecer sigue haciendo negocio.

 

sexo sucio

 

Un lado del sexo que se sigue relacionando con violencia, enfermedades o patologías, es decir, la relación directa con lo que consideramos el ‘mal’. ¿Será que la iglesia tiene razón? Porque, desgraciadamente, ha dicho demasiado respecto al sexo, y sigue haciéndolo con palabras, hechos o a través de nuestros cuerpos. Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres. Nos dijeron, hace ya más de 2.000 años, que debíamos de huir ante las tentaciones del cuerpo, que el sexo era (y para ellos sigue siendo) impuro, sucio y pecado. Y aunque parezca mentira, estas ideas siguen vivas hoy en día.

 

"Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres"

 

Indudablemente han hecho un buen trabajo, han conseguido que sigamos hablando de ello(s) y siguen influyendo en los discursos imperantes sobre el sexo, aunque ahora estén disfrazados de marcas de condones. Creo que uno de sus éxitos se debe a que redujeron toda cuestión existencial, toda duda sobre cómo tenemos que comportarnos, hacia dónde vamos, en dos categorías simples: el bien y el mal. Dentro de cada una de ellas se recogían actos, pensamientos, deberes, lecciones..., y como podemos comprobar para la Iglesia el sexo estaba dentro de la categoría del ‘mal’. Y no sólo el acto, sino que también los pensamientos relacionados con ello, incluso el ser mujer, menstruar, correrse fuera de la vagina o imaginarte los pechos de tu vecina. ¿Difícil de escapar verdad?

Esta moral estaba llena de exigencias imposibles de cumplir, incluso para aquellos que cumplían más o menos todos los requisitos fundamentales: ser hombre, trabajar en algo honrado, servir al imperio, ser fiel a tu dios, casarte con una mujer decente y tener niños (en masculino). Y si no cumplías con ellos debías rendir cuentas a ese dios que te había dado la vida, y confesarte, porque la culpa te carcomía por dentro. Y así se inventó la culpa, esa emoción construida que hoy día nos sigue haciendo tanto daño. La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores. Estas son las palabras de un dios patriarcal y puritano. Jódete y baila y a ver si puedes salir de ésta gozándola.

 

"La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores"

 

Con esta formulación que nos precede está claro que nuestra relación con el cuerpo, con el placer y qué decir de la relación con los otros cuerpos, no ha sido ni es fácil y supongo que nunca será fácil. Fácil entendiéndolo como un camino sin obstáculos ni dificultades; y no será porque todas las relaciones conllevan obstáculos y dificultades, inevitablemente.

Hoy día nos encontramos con algunas de esas dificultades relacionadas con nuestros cuerpos, placeres, identidades o deseos, e intentamos luchar contra ellos como podemos, claro está. Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género.

Estoy removida porque sigo escuchando que el sexo es peligroso, violento, sucio y que debemos tomar todo tipo de precauciones para cuando salgamos a la calle como seres sexuadas. Sigo removida porque seguimos siendo las mujeres quienes estamos controladas; ahora tenemos taxis que nos llevan a casa por el módico precio de dos euros, incluso tenemos aplicaciones que incluyen un radar que informa a nuestros padres dónde estamos en cada momento. Seguimos siendo dependientes de la protección paternal y seguimos estando controladas.

 

"Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género"

 

Tengo claro que la violencia también existe en este campo, no se me ocurre ninguna faceta de la vida que no esté influida por la violencia: la educación, el trabajo, el mercado, el negocio del deporte... Lo que me ocupa es la significación que hacemos de cada vivencia violenta y, sobre todo, la que tiene que ver con el sexo. Parece ser que la violencia relacionada con nuestros genitales, nuestros deseos o nuestra erótica es peor, más fuerte que el resto. Sobre todo lo es para las mujeres. ¿Lo es para todas? ¿Tiene que serlo?

Responder a estas preguntas no es complicado. Todas es demasiada gente y si algo tiene que ser… estoy en contra. Soy consciente de que nuestra biografía, nuestra herencia, es jodida atendiendo a la relación con nuestro cuerpo. Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender.

Si queremos andar sobre este camino sería interesante preguntarnos si el uso de los discursos violentos nos ayudan a hacerlo o lo entorpecen. Diciendo que nuestros cuerpos son sagrados o que nuestro coño es lo más íntimo que tenemos, estamos diciendo que la iglesia sigue dentro de nosotras, que el locus genitalis sigue vivito y coleando.

 

"Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender"

 

Cuando dirigimos la mirada hacia la violencia nos entretenemos. Dejamos de lado nuestra erótica, el conocimiento de nuestro cuerpo y de los placeres. Conozco a mujeres jóvenes que se están negando la vivencia de su erótica por miedo a la violencia o porque están demasiado enfadadas para gozar de sus propios cuerpos. El conocimiento del cuerpo, el disfrute, la desmoralización del coño, es conocimiento y el conocimiento puede ser una medida de prevención brutal. ¿Por qué no hay anuncios que te digan: “folla más y mejor, conócete, disfruta y serás más feliz”?

Estoy segura que si hubiera anuncios así, dejaría de haber anuncios que nos alertan de las enfermedades de transmisión genital escondidas detrás de gente atractiva o anuncios en los que nos informara que cada 1 de 3 mujeres tienen un embarazo no deseado. Si queremos ser libres como sujetos eróticos es imprescindible empezar a conocernos y desaprender, resignificar nuestros cuerpos, atrevernos a compartir, a pedir, dar, decir no, decir sí. La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio.

De Peculiares

El espejo del baño

relato erótico, masturbación femenina
 
 
 "Lentamente, me la metí en la boca, disfrutando
de cada dedo, uno a uno, mientras mi reflejo
era consciente de mis hazañas"

 

MELANIE QUINTANA MOLERO

 

El espejo lo acababan de limpiar. Ese espejo que sirve para verme de cuerpo entero cada mañana y que cuelga al lado de la puerta del baño. Ese espejo con su marco blanco y su largo cristal. Ningún dedo sobre él.

Silencio. No era capaz de escuchar nada. Mis compañeras de piso dormían. ¿Cuánto hacía que había entrado? Estaba allí, mirándome, atentamente. Perdí la noción del tiempo. Estaba sola en el baño. Compartir piso con María y Ana no me dejaba mucho tiempo para mí. Para estar sola. Pero aquella mañana ambas estaban en sus camas tras haber salido de fiesta. Verme sola en el baño, ese baño sin cerradura, hizo que mi mente jugara a pensar “y si… ¿es aquí y ahora?”. Ese fugaz pensamiento provocó una reacción inmediata sobre mi cuerpo, como si le estuvieran hablando directamente a mi clítoris. Ese instante de intimidad hizo que mi yo lujurioso cobrara vida. Quería tocarme.

Fijé la vista sobre el espejo, aquel espejo que me miraba reflejando mi propio deseo. Noté como mis pupilas se dilataban y no pude evitar morderme ferozmente el labio inferior, dejando una marca blanca tras mis dientes. Al humedecer mis labios, las manos no tardaron en reaccionar. Fueron directas hacia mis bragas, impacientes. Una pequeña costura sobresalía sobre mi falda gris. La agarré con ambas manos y tiré de ella con fuerza, hacia arriba, apretándolas sobre mi vulva con violencia y haciendo que mi entrepierna respondiese al instante. La cabeza reaccionó junto a mi espalda, arqueándose hacia atrás para absorber aquel placer feroz que yo misma me estaba provocando.

Volví a conectar con el espejo y me dí cuenta de que mis pechos pedían a gritos ser liberados. Me levanté la camiseta, esa que me había acompañado toda la noche de fiesta y que ahora estaba sudada, mojada. Suavemente pero con seguridad, levanté la camiseta blanca dejando que acariciara mi cuerpo a su paso, rozándola sobre mis pechos desnudos, dejando que éstos se movieran de arriba a abajo cuando perdieron el contacto con la camiseta. Mis tersos y suaves pechos.

 

 
 
 "Instintivamente, como si el reflejo de mi excitación me controlara, puse la mano plenamente abierta, sudada y caliente sobre el cristal frío. Una aureola de calor rodeó mi mano y calentó el espejo en menos de un segundo. Y me quedé ahí durante un instante, siendo consciente de mi calor"

 

 

Duros, deseantes. Verme tan excitada frente al espejo le dio licencias a mi cabeza para volverme a hablar: “Es aquí, es ahora”. Lentamente, bajé las manos hasta llegar a la falda gris, introduje ambas manos bajo ella y retiré las bragas a trompicones. Mis dedos eran torpes. Aún notaba los efectos del alcohol. Empujé las bragas. Cayeron sobre el suelo y con un movimiento casi ensayado saque mis pies de ellas, lanzándolas hacia un lado.

Una vez más volví a conectar con mi reflejo. Aquel espejo tan limpio, tan brillante. Aquel espejo pedía a gritos que le tocaran. Instintivamente, como si el reflejo de mi excitación me controlara, puse la mano plenamente abierta, sudada y caliente sobre el cristal frío. Una aureola de calor rodeó mi mano y calentó el espejo en menos de un segundo. Y me quedé ahí durante un instante, siendo consciente de mi calor.

Mi otra mano iba por libre. Salvaje. Viajaba sobre la cara, el pelo, mis ojos, mi cuello. Deteniéndose en los contornos de mi suave piel. Mi boca respondía ante tal excitación abriéndose de par en par. Me costaba respirar con facilidad. Necesitaba abrir más las piernas, cada vez más. Con cada movimiento notaba como mi vulva se liberaba y dejaba que la acariciase el aire frío que subía bajo la falda gris. Mis pechos descubiertos pedían a gritos más caricias. Pero no quería ser dulce, quería ser salvaje, así que no tuve compasión con ellos. Los agarré firmemente, con fuerza. Tenía la necesidad de arañármelos, de apretarlos fuerte.

Deje los pezones para el final. Apreté mis dedos alrededor de ellos y tiré con fuerza. Se pusieron más duros, más firmes. Hice círculos sobre ellos. Primero el izquierdo. Luego el derecho. Tiraba y apretaba hasta que la sensibilidad del roce era casi insoportable. ¡Cómo me excitaba ver mi reflejo en el espejo! Aquella mujer que ferozmente se daba placer, cómplice, retándome a tocarme más.

Obedecí a mis deseos y bajé la mano por el ombligo, despacio, reconociendo cada parte de mi piel. Acaricié las costuras de la falda sobre mi cintura y metí los dedos bajo ella para seguir con mi viaje. Me molestaba, no me dejaba avanzar. Quería ver todo mi cuerpo y la falda me lo impedía. Torpemente, una vez más, tiré intentando desprenderme de ella. Según iba bajando rozaba mi culo con brusquedad. La goma dura que evitaba que se cayera era demasiado estrecha para quitármela por abajo y eso hizo que dejara un rastro de arañazos sobre mi piel. Me ardía cada milímetro que la falda había rozado, pero aquel dolor se volvió de lo más placentero. Quería más y esa necesidad fue directamente absorbida por mi clítoris. Deseante. Quien pedía a gritos mis manos.

Volví a mi ombligo y retomé aquello que había dejado a medias. Qué maravilloso era verme desnuda. Mis manos no tardaron en buscar mi vulva. Dejé que mi palma la cubriera y guardara el calor que ambas emanaban. Los dedos no podían esperar. Uno tras otro, todos querían tocar. Acaricié todo mi clítoris, suavemente, de arriba abajo, y lo que empezó siendo una caricia terminó siendo algo brusco y violento. Los dedos me tocaban de maneras que solo yo sabía que me daban placer. Sabían dónde tocar, provocando que mi cuerpo se arquease. Solo con la sujeción de mi mano izquierda sobre el espejo no me valía. Me temblaban las piernas del placer. Quería más.

Acariciaba mi vello, luego mis labios, la vulva, el clítoris, en círculos, en movimientos lentos y salvajes. ¡Dios! aquellos pechos turgentes. Volví a tocarlos. Estaban tan duros. Tan firmes. Abrí la boca y dejé que toda mi mano entrara en ella, empapándose de mi saliva, humedeciéndola. Quería mojarme, así que la llevé directamente hacia el clítoris.

 

 
 
 "Cada vez estaba más mojada. “Vamos, regálame este orgasmo”. Mis propias órdenes resonaban firmes. Tenía que obedecer. Mi mano seguía instintivamente el movimiento una y otra vez. Cada embestida era más poderosa, cada caricia más lujuriosa"

 

 

Me excitaba tanto escucharme en mi cabeza. Darles palabras a mis deseos. “Tócate el coño guarra, vamos sé que quieres tocarte el coño, córrete para mí, vuélvete atocar y córrete para mí puta”. Y como si fuera esclava de mis pensamientos, obedecí todas mis órdenes. Me tocaba de forma brusca, desesperada, anhelante.

Respiraba con irregularidad, estaba dejando un rastro de vao a mi alrededor. Estaba húmeda, muy húmeda. Completamente mojada. Introduje mis dedos acariciando aquella humedad y lo añadí al movimiento. Vello, labios, vulva, clítoris, vagina, dedos. “Córrete perra, vamos córrete para mí”. Una y otra vez. Aquellos movimientos me estaban destrozando, llevándome al límite. Me temblaba el cuerpo con cada embestida. Quería más, otra vez, una vez más. Vello, labios, vulva, clítoris, vagina, dedos y vuelta a empezar.

Cada vez estaba más mojada. “Vamos, regálame este orgasmo”. Mis propias órdenes resonaban firmes. Tenía que obedecer. Mi mano seguía instintivamente el movimiento una y otra vez. Cada embestida era más poderosa, cada caricia más lujuriosa. Notaba cómo mi corazón latía cada vez con más brusquedad. Y una vez más repetía el movimiento. Rápido, brusco, violento y vuelta a empezar. Hasta que no pude controlarlo y dejé que el orgasmo me poseyera.

Ese instante recorrió mi cuerpo de arriba a abajo. Esa sensación que me obligó a cerrar los ojos e hizo que encogiera los dedos de los pies, ese momento en el que me faltaban las fuerzas y me costaba respirar. Esa sensación. Ese instante en el que escuchaba mi corazón retumbar tan fuerte contra mi pecho que parecía que estuviera hablando. En esos segundos la piel se me erizó. Se paró el tiempo. Ese instante.

Abrí los ojos bruscamente para mirar mi reflejo. Aquel que había sido testigo de mis deseos. Y allí estaba yo, aún con la mano sobre mi vulva, intentando atrapar esa sensación. Poco a poco recobré las fuerzas. Junté las piernas con intención de recobrar el equilibrio y me miré la mano. La mano que me había hecho sentir aquel orgasmo. Aquella que estaba cubierta de mi humedad, de mí. La mire por ambos lados y sentí la necesidad de probarme, quería saber a qué sabia mi orgasmo. Lentamente, me la metí en la boca, disfrutando de cada dedo, uno a uno, mientras mi reflejo era consciente de mis hazañas. Sabía a excitación, a mi vagina, a mí. Me encantaba. Era como chupar mi propia esencia.

Recordé que mi mano izquierda aún se apoyaba sobre el cristal y, tras mirarla con detenimiento decidí retirarla. Al hacerlo me quede más alejada del espejo y eso me permitió observarme mejor. Mi cuerpo desnudo, excitado, complacido. Me acaricié suavemente. Amaba mi cuerpo y todo el placer que me daba. Y luego miré al espejo que acababan de limpiar. Ese espejo que sirve para verme de cuerpo entero cada mañana y que cuelga al lado de la puerta del baño. Ese espejo con su marco blanco y su largo cristal. El espejo que ahora tenía mi mano sobre él.