De Peculiares

¿Cómo gestionar el rechazo?

¿Cómo gestionar el rechazo?

21 de junio de 2019

Colab. Melanie Quintana y Xandra Garcia 

Muchas veces cuando nos metemos en la aventura de conocer a alguien y queremos hablar con él o ella, nos surgen miedos y dudas sobre si seremos o no aceptadxs por la otra persona. En ocasiones, la tentativa de recibir un NO nos paraliza y nos bloquea y no nos permite vivir esa experiencia. Nos olvidamos del juego y nos centramos en el resultado, olvidamos que lleve a lo que nos lleve esa iniciativa, es decir, una noche de sexo, una pareja estable, una amistad o que se quede en ese momento; conocer al otro, es divertido en sí mismo.

Sin embargo, si sabemos cómo actuar ante el rechazo podemos romper esas barreras que nos impiden vivir la experiencia de entrarle a alguien o ligar. Hay que tener en cuenta que cuando nos dicen NO, ese NO, puede tener muchos matices. Con la campaña NO es NO, se está consiguiendo que se respete a las mujeres cuando su decisión ante alguna situación es una negativa a la proposición recibida (sobre todo a nivel erótico). Pero un NO también nos los puede dar un hombre, ellos también tienen derecho a decidir si les apetece hacer algo o dejar de hacerlo, y a veces se nos olvidan que ellos también deciden.

Este mensaje, también les ha robado la posibilidad a las mujeres de decidir decir SÍ a alguna proposición, porque ¿cómo van a decir SÍ a algo y que no se les tache de guarras o de promiscuas? O la posibilidad de decir un SÍ a algo y un NO a otra cosa. No tiene que porque ser un NO a todo. Igual les apetece hablar contigo y ya está, o besarse y que no les metas mano, o bailar contigo y sentir tu cuerpo, pero no apetecerles llegar a más…

De hecho, muchas veces un NO, puede significar un NO AQUÍ, porque no le parece el lugar apropiado, porque están sus amigxs y no quiere que le vean…; un NO ASÍ, porque la forma en la que le estás entrando no le gusta, o la forma en la que le estás tocando, o dando por hecho que quiere algo…; un NO AHORA, porque no es el momento, o, simplemente, un NO A TI, porque tú no le gustas, porque se había fijado en otrx, porque no eres su estilo...

Puede ser muchas cosas, y tener implícitos muchos matices, lo importante sería aprender a ligar y no quedarnos solo con esa idea de victimismo que hemos adoptado las mujeres con la campaña NO es NO. Aprender que a veces podemos decir SÍ. Y sobre todo respetar. RESPETARNOS. Respetar que puedo cambiar de padecer, de apetecer o de opinión durante el propio juego por muchos motivos. Que el juego siempre es de dos y que nadie debe llevar la batuta o el control sobre el otro, a menos que estéis jugando a BDSM, en tal caso, el juego de roles estaría pactado y estaríamos hablando de ceder el control.

Pero volviendo al tema, si decides aventurarte a romper esas barreras del miedo, y te animas a conocer a otra persona, desde el respeto, estas son algunas claves que puedes utilizar para gestionar el rechazo o la negativa por su parte.

1.Échale humor al asunto: No te dejes llevar por un comentario negativo. En un primer momento puede ser que te respondan con un NO, porque no es el sitio, no es lugar o no eres la persona que esperaba, como hemos comentado antes. Ten en cuenta que esa persona no te esperaba a ti. Un comentario gracioso y no ofensivo o borde ante su respuesta puede darte más tiempo o una segunda oportunidad de conseguir una nueva impresión.

2. Pregúntate si el rechazo es hacia ti: Hay que tener en cuenta que es un primer contacto con esa persona, no te conoce y solo te está juzgando por tu imagen, por tu forma de entrar o por tu forma de hablar. No te preocupes si te suelta un NO sin ni siquiera abrir la boca. Puede que esa no sea la persona que tengas que conocer esa noche o puedes utilizarlo como una oportunidad para demostrar tus encantos. Por ejemplo: puedes demostrar que eres una persona con humor y empezar con alguna frase que le desmonte su rechazo y dejarle ver esas facetas que no se ven a primera vista.

3. No pierdas de vista el objetivo: No te dejes llevar por una mala respuesta, que no te arrastre la mala energía, recuerda que fuiste a ligar, a conocer a otra persona y a pasar un buen rato. Una mala contestación solo puede hacer que os distanciéis o entréis en una dinámica de mal rollo. Por el contrario, una respuesta ingeniosa reducirá el nivel de tensión que se puede generar entre los dos, y si no genera una segunda oportunidad, siempre podrás quedar bien y demostrar que se puede ligar con educación.

4. No olvides que ligar es un juego de dos: No solamente el que entra puede ser rechazado, la responsabilidad de que eso funcione o no es de los dos. Una vez que uno ha roto el hielo a los dos les incumbe llevar a hacia un lado o hacia otro la situación. No solamente es responsabilidad de la persona que entra, la otra persona también tiene que hacer algo para mantener el juego y los roles se pueden intercambiar. Ten en cuenta que si inicias un acercamiento también puedes acabarlo en el momento que quieras. Pero recuerda hacerlo siempre con educación y empatía hacia el otro. Por ejemplo: Si ves que en algún momento la cosa está atascada, deja de resultarte divertido, interesante o estimulante, siempre puedes decir aquello de:

  • Ha sido un placer conocerte, me voy que me esperan mis amigxs.

5. Si la cosa no cuaja, retírate con elegancia: No te dejes llevar por el orgullo ni por el ego, al fin y al cabo, solo va a hacer que te sientas peor. Evita entrar en una espiral de insultos o reproches, siempre puede ser un buen momento para disculparse y pedir un Gin Tonic. O soltar alguna frase como:

  • Disculpa no quería molestarte, solo quería conocerte.
De Peculiares

Convivencia de parejas lésbicas

Convivencia lésbica

19 de junio de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Un caos, así es como muchos se imaginan que es la convivencia entre mujeres. ¿Acaso no habéis oído alguna vez esa frase de? “Estarás contento viviendo con tantas mujeres, te tendrán loco”, sobra aclarar que proviene de un hombre y se dirige a otro. Se me salen los ojos de las órbitas cada vez que escucho esta frase. Y es que, además de los mitos sobre la sexualidad de las mujeres lesbianas, también corren otros de cómo es su convivencia. Pero hoy tengo una nueva misión, enseñar lo maravillosa, y a veces desastrosa, que es la vida en pareja (de lesbianas).

Cuando me he puesto a pensar en las escenas de convivencia de parejas lésbicas no he podido evitar acordarme de Unas lesbianas de cuidado, una obra maestra dibujada por Alison Bechdel. Bechdel es un referente, más allá de su famoso test aplicado al lenguaje audiovisual, sabe sacar lo mejor y lo peor de las situaciones cotidianas siempre con mucho humor. Odio las generalizaciones y los estereotipos, eso de meternos a todas en el mismo saco y crear un prototipo de lesbiana, no me parece correcto ni acertado, porque, aunque a veces la gente se sorprenda cuando digo esto, las lesbianas somos personas, y como cualquier otra persona, cada una de nosotras tenemos una manera de vivir, sentir y expresarnos, así que eso de que para certificar si eres lesbiana o no tienes que cumplir con ciertos parámetros mejor lo vamos olvidando. Sin embargo, a veces nos sorprendemos cuando muchas de esas situaciones estereotipadas empiezan a cumplirse en nuestras vidas diarias. Aquí Bechdel se ríe largo y tendido de estos impuestos y a veces auto-impuestos que sin darnos cuenta, asumimos y representamos en más de una ocasión.

Juntas, revueltas pero no iguales

La convivencia es esa gran palabra que parece no decir mucho pero que re-significa todo. Para algunas un drama para otras un gran paso y es que ¿qué ocurre cuando comenzamos a vivir juntas? Algo tan sencillo como aprender a compartir espacios y sobre todo decisiones. Tenemos claro que aunque la vida en pareja necesita de espacios personales, no podemos evitar que en muchos aspectos de la vida nos acerquemos la una a la otra y empecemos a coincidir demasiado.

La mimetización es irremediable. ¿Cómo? Si eres lesbiana y estás leyendo esto dime por favor que te han dicho eso de “cada vez os parecéis más”. Tras la expresión de ojos en blanco os he de decir que aunque dos mujeres pasen mucho tiempo juntas, aunque tengan tantos encuentros eróticos que a veces se crean una, no, no van a hacerse gemelas. Estoy pensando en muchas parejas heterosexuales que acaban pareciendo uno el clon de la otra y no se nos ocurre decirles que parecen gemelos, y todo porque presuponemos que tienen genitales diferentes. Vivir juntas, compartir espacios, tomar decisiones de vida en conjunto e incluso apoyarnos en cambios de estilos, no significa que vayamos a pasar a ser una sola.

Lesbianismo, veganismo y todos los ismos

Eres lesbiana y eres vegana o vegetariana, es una de las imágenes más estereotipadas sobre las figuras lésbicas. No me preguntéis el por qué pero parece que por tener una orientación sexual eso implica que tu estilo de vida cambia. Bechdel presenta frecuentemente a sus personajes en la Coop. un supermercado cooperativo donde se impulsa el consumo sostenible y responsable. Además, las protagonistas de sus cómics promueven este estilo de vida veggiefriendly. Cuando te haces vegetariana o vegana, te das cuenta de que no has pisado un supermercado tradicional en meses, tu historial del ordenador está repleto de las visitas a webs sobre nutrición ecológica, vegetariana y el impacto medioambiental, te das cuenta de que ya no eres tú, eres uno de sus personajes. Acabas de sumar un número al estereotipo, pero con orgullo y mucho humor.

Pero esto no es un imperativo, ¿acaso no hay lesbianas carnívoras y que no tienen interés por estos temas? Es lo que tiene ser personas, que somos tan diversas como las demás.

Pero no solo son ismos en estilos de vida y alimentación, sino también políticamente. Aunque qué queréis que os diga, con los tiempos que corren no muy a favor de la igualdad y los derechos de las mujeres no estamos como para dejar el ismo a un lado.

Sexo, bragas y confusiones

 Ya sabemos que la convivencia requiere organización y reparto de tareas y que con el ritmo de vida que llevamos no siempre nos da tiempo a tener todo en su sitio y qué pasa entonces... que llega uno de los momentos más divertidos que va encabezado por un: ¿son tuyas o mías éstas bragas?. Esto sí que es una decisión seria, atribuirle un cuerpo a esas bragas que las pobres han quedado olvidadas en el cesto de la colada y que tras noches y mañanas de pasión ya no saben de dónde vienen. Si las tallas o los gustos son muy diferentes, os perderéis esta escena lésbica que suele ocurrir al menos una vez por semana. Pero si tenéis una talla similar, compartís calcetines o alguna otra prenda de uso rutinario sin pertenencia clara, será una constante en vuestras vidas.

“Este era tuyo y este mío, ¿y ahora?”. ¿Sabéis a qué me refiero? Sí a ese juguete sexual que te gustaba tanto cuando no vivíais juntas. Ha llegado un punto en el que el cajón de los artículos eróticos se ha mezclado tanto que hay que etiquetarlos para saber su procedencia. Vida nueva juguetes nuevos, pero te da pena deshacerte de ese que tanto placer te dio en tu vida de soltera, así que lo unes al nuevo armamento del placer y el batiburrillo sexual que ahí se crea ya no tiene solución. Mirándolo por el lado bueno, por fin tienes en tus manos eso que ella usaba cuando la visitabas y que tanto te gustaba. Ahora tienes la oportunidad de mezclarlo como quien no quiere la cosa.

Que la menstruación de dos mujeres que viven juntas se sincroniza no está probado científicamente, tras esto hay muchas creencias y teorías, pero lo que aquí nos importa es la realidad. Y la realidad es que el día que coincide es una fiesta de copas menstruales. Una de las imágenes que últimamente hemos visto en las redes sociales y que me ha encantado es la de dos copas menstruales hirviendo a la vez en un cazo. Eso es amor puro. Esto todavía no lo he visto en los trabajos de Bechdel, pero que se ponga las pilas, porque es una escena lésbica digna de retratar.

Escenas de parejas lésbicas hay muchas, puedes o no entrar dentro del estereotipo, pero lo que sí debes hacer es reírte, reírte mucho. Sobre todo, cuando te paras, miras a tu alrededor y te das cuenta de cuánto hay en ti de estas imágenes o en otras que no han cabido aquí.

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Yo menstrúo. Un manifiesto. – Erika Irusta

Erika Irusta, autora de 'Yo menstrúo: un manifiesto'. PATRICIA J. GARCINUÑO
Foto de PATRICIA J. GARCINUÑO

17 de junio de 2019

Laura Marcilla

¡Ojo! Que este no es un libro para mujeres, y como indica la contraportada, tampoco es un libro sobre la menstruación. Bueno, vamos a ver, obviamente se habla de la menstruación, pero sobre todo se habla de cómo menstruar (o no) influye en la manera en la que nos construimos, entendemos y vivimos como personas en esta sociedad.

Si me pidieran resumir este libro en una sola de sus frases, escogería esta: “el problema no es la menstruación, el problema es quién menstrúa en esta sociedad”. Es decir, lo que ocurre es que casi todas las personas que menstrúan (o han menstruado) son mujeres, pero son los hombres quienes durante mucho tiempo han escrito los libros sobre el tema y han dictado las normas sociales sobre cómo vivir este proceso.

Yo menstrúo. Un manifiesto. – Erika IrustaEs un libro feminista y diverso, uno de los pocos que he encontrado en los que no se habla de menstruación como algo intrínsecamente femenino, ni como algo que nos defina como mujeres (no podemos olvidar que no todas las mujeres menstrúan y que no todas las personas que menstrúan son mujeres).

Debo admitir que yo tengo una manía: antes de leer un libro, siempre lo abro y lo ojeo al azar. Y cuando hice esto con mi ejemplar, me llevé un susto tremendo al encontrar las siguientes frases en mi buceo previo: “¿Qué sería una mujer sin un hombre al que cuidar, admirar y amar? De todo, menos mujer.” “Tu marido se casó con una esposa a jornada completa, no a jornada parcial. Así pues, debes estar activa, animosa y alegre todos los días.”

Pero tranquilidad, estas frases NO resumen para nada el espíritu del libro, sino que en su contexto se entiende que son recursos irónicos para hacer más ameno navegar a través de las injusticias que vamos (re)descubriendo a través de las páginas.

Es un libro para reflexionar, para derribar mitos y poner en juicio creencias que siempre han acompañado a la menstruación, para entender que menstruar nunca debe doler, que las pastillas no nos regulan (porque para empezar no somos irregulares), que no debemos disculparnos ni avergonzarnos de los cambios que acontecen a lo largo del mes, para resaltar la importancia de los cuidados, de vivir la sexualidad plenamente todos los días. Y para ello necesitamos el tipo de libertad que empieza por el (auto)conocimiento.

Y todo esto que os cuento, siempre desde un prisma científico, aportando bibliografía para sostener los datos, pero escrito de manera amena, como si conversaras de menstruación con una amiga mientras te tomas un café.

Personalmente, este libro ha sido mi pequeño gran descubrimiento en lo que llevamos de año, y por si fuera poco viene aderezado con unos extras al final del mismo: una serie de recursos (libros, páginas webs, artículos, etc.), un poema sobre la menstruación (“yo menstrúo, yo monstruo”), una explicación del ciclo hormonal que lo relata como si fuera una fiesta (“la fiesta de las hormonas”), que es fantástico para explicar todo el proceso de manera sencilla pero completa, y por último pero no menos importante, la única traducción al español del texto “si los hombres menstruaran” de Gloria Steinem (1978), que es simplemente una deliciosa sátira sobre un universo paralelo en el que los hombres (cis) menstruasen y cuán maravillosa sería la menstruación en esta circunstancia.

En resumen, al igual que nuestra menstruación, este libro no tiene desperdicio.

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¿Debería haber un manual del “buen ligoteo”?

¿Hace falta un manual del buen ligoteo?

12 de abril de 2019

Isilla LM

Estás en un bar. Se acerca una persona que te llama la atención. Te dice algo del tipo: “Guapx, ¿qué haces por aquí?” ¿Qué sientes? ¿Te tomas a malas cualquier persona que venga a ligar? ¿Te sientes acosadx cuando alguien que no te mola intenta ligar contigo? ¿Qué formas de ligar son a tu juicio “sanas” o las “correctas”?

Muchas veces leemos o escuchamos casos de personas que no se sienten seguras a la hora de salir de fiesta. Chicas que van al baño juntas, ¿lo hacen por evitar encontronazos con desconocidxs que les incomoden?, ¿o por ayudarse a sujetar la puerta, mochila, bolso? ¿Para intercambiar opiniones del “mercado” de la sala? ¿Para colocarse?

Amigas que se dicen unas a otras: “tía, cuando llegues a casa escríbeme”. O comentarios del tipo: “no sé cómo permites que tu pareja no te acompañe a casa”.

¿Hay un miedo generalizado al desconocido que nos entra? ¿Cuáles son las formas de ligar “correctas”? ¿Debería haber un manual del “buen ligoteo”? ¿Debemos contratar los servicios de un gurú del sexo? ¿Qué entendemos por sano cuando hablamos de relaciones eróticas? ¿Pensamos que ahora es más complicado ligar que hace años? ¿Todo el mundo entiende lo mismo cuando dice que está ligando? ¿Ligamos igual hombres que mujeres? ¿Ligamos igual heteros que homosexuales?

Si nos vamos a la etimología de la palabra ligar, nos encontramos que viene del latín ligō, ligāre "atar, unir". Es decir, somos seres sexuados buscando unirnos con otros seres sexuados. Esa unión puede ser puntual, o buscar algo más perenne. Es como decía Platón con el mito de los seres cortados. No es que busquemos una media naranja a nivel del amor romántico, o sí, eso dependerá de cada cual. Pero la base de ese mito es buscar un “otro” que nos complemente.

¿Tenemos la sensación de que la gente liga mal? ¿Pensamos realmente que hay mucho y mucha mete patas por la vida? Yo sinceramente no lo creo. Habrá comentarios más acertados; habrá prácticas más certeras; habrá personas con menos habilidades para comunicarse o expresarse. Pero muchas veces también depende de la persona receptora, de cómo entiende ese mensaje, de su momento vital, de sus circunstancias personales.

En sexología no debemos generalizar; bueno, en nada deberíamos. Pero los encuentros con desconocidxs son suficientemente complejos como para escribir un “manual” e intentar incluir a todo el mundo. Eso es muy difícil, porque en el momento que normativizamos un debería, siempre habrá alguien que se sienta fuera. Y ese sentir muchas veces crea más dificultades que entendimiento.

¿No sería más sencillo, si de forma educada, le expresamos al otro sexuado lo que sentimos? “Pues mira ahora mismo no me apetece charlar, estoy con amigxs y quiero estar tranquilx”. ¿Qué ocurre con la gente que se resiste a esa negación? Quizá pensamos que son intransigentes porque no se ponen en nuestro lugar, ¿pensamos en algún momento que su biografía ha determinado esa manera de relacionarse? Quizá su aprendizaje ha sido consecuencia de recibir muchos noes, muchos rechazos. ¿Nos es más cómodo meter en un saco a “todos los tíos…” “todas las tías…”, en lugar de intentar comprender otras realidades?

Hay un montón de recetas, donde nos dicen cómo ligar, con quién se puede, cómo responder ante personas persistentes… pero pocas veces se leen escritos donde reflejen ambas caras de una realidad. Muchas veces nos quedamos con una opinión, la que más nos interesa, la que menos nos duele escuchar, la que más se ciñe a nuestro pensamiento. Porque hacer el ejercicio de intentar sentir lo que sienten otros es complicado. Porque desmontar ciertas creencias nos hace creer perdedores, como si de una batalla se tratase.

De la soltería he aprendido una cosa, y es que no hay personas que no sepan ligar, no hay pesadxs por donde mire, no todo el mundo viene para llevarte a la cama; lo que más me ha llamado la atención es que todo depende de la actitud que lleves por la vida, de si sólo quieres quedarte con lo malo y las situaciones incómodas, o si por el contrario prefieres quedarte con la gente amable que tiene curiosidad por saber qué piensas, qué te gusta y si coincides con él o ella.

De la sexología, aprendí que, dependiendo de nuestra erótica y nuestra sexualidad, nos va a gustar más una forma u otra de seducción. Porque seducir no es algo sencillo, pero se puede ir aprendiendo y mejorando con los años. Y no olvidemos que lo que para una persona puede ser sexy, agradable, interesante, para otra puede resultar aburrido, incómodo o incluso denunciable.

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Estos son los mayores mitos sobre el sexo lésbico

Mitos lésbicos

13 de marzo de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Aún no entiendo muy bien por qué el sexo entre lesbianas es una de las fantasías más recurrentes. Cuando ponemos a dos mujeres frente a frente y las imaginamos teniendo sexo los niveles de excitación se disparan. Si cambiamos dos vulvas por dos penes, ya cambia el panorama y no a todo el mundo le gusta... ¿A qué se debe esto? No tengo una respuesta clara, y mira que la he buscado y meditado, si vosotras lo tenéis claro por favor contádmela. Pero sí que tengo alguna inclinación, y es que las películas porno y los mitos sobre el sexo lésbico no ayudan mucho a ver la realidad de los encuentros eróticos entre lesbianas.

No recuerdo muy bien si antes de meterme en esto de experimentar con mujeres yo también tenía la misma perspectiva, creo que no, pero claro ahora lo veo desde el otro lado y no es fácil ser objetiva. Ahora sí que hablo con convicción de causa y os digo que el sexo entre mujeres no es tal y como lo pintan. Por eso, hoy os voy a romper 5 mitos sobre el sexo entre lesbianas.

El menaje de cocina mejor lo dejamos ahí, en la cocina

Mito número uno. Es por antonomasia la imagen más representada (también en tus fantasías no lo niegues) del sexo lésbico. LAS TIJERAS, así en mayúsculas. Porque parece que para las lesbianas no hay postura más satisfactoria que ésta, permitidme romperos el mito. La postura de las tijeras permite que los genitales se rocen directamente e incluso si hay bastante lubricación pueden hacer efecto vacío entre vulva y vulva y aumentar el placer. No quiero decir que no sea excitante, pero de ahí a que sea la favorita va un trecho. Es una buena postura para hacer de vez en cuando y durante un tiempo determinado, pero no es para practicar en un arrebato de pasión porque requiere una logística más estudiada. Muchas veces se nos presenta como la primera postura que se hace entre mujeres y he de deciros que no. Hay muchas otras posturas a las que recurrimos y de las que disfrutamos mucho, por ejemplo el misionero lésbico en el que también están en contacto los pubis o la postura de Venus, que se basa en rozar la vulva en el muslo de nuestra compañera.

Y tú, ¿eres pasiva o activa?

Mito número dos. Esta es una de las preguntas más comunes y más hirientes que se hacen a las parejas lésbicas. ¿De verdad hay que explicarlo? ¿aún se cree que una toma un rol y la otra otro y permanece así hasta el final de los días? Es como cuando intentan averiguar quién hace de chica y quién de chico. Los roles, igual que en cualquier otra relación son intercambiables y mutables. Vamos que las lesbianas follan igual que cualquier otra pareja, a veces una lleva más la voz cantante y la otra se deja llevar e incluso, ¡cuidado no os asustéis! En ocasiones se han dado casos de que las dos actúan por igual en sus encuentros eróticos.

Dejando bromas a parte, rompamos este binomio hombre/mujer para todo y pensemos en personas. Personas que se encuentran y disfrutan sin tener en cuenta sus géneros, simplemente sus deseos. Hay veces en los que apetece jugar a roles, como en todas las relaciones y otras disfrutar sin más.

Sin juguetes no hay paraíso

Mito número tres. ¿Cómo? ¿que si no tengo un dildo o un vibrador lo mío ya no es sexo? Pues eso parece, que si no te penetras o penetran con algo no es 100% sexo. Esta es otra de las cosas que no entiendo, pero si sois valientes cuando vayáis a vuestra próxima revisión ginecológica se lo explicáis al o la facultativa, porque las últimas experiencias son que si en tus encuentros no hay pene que te haga orgasmar, no se certifica como sexo. Esa es la cara que se me quedó a mí. Y es que para paliar esta “falta” de miembro masculino, se nos meten los juguetes sexuales por cualquier sitio (u orificio). No seré yo la que reniegue de ellos, pero hay vida sexual más allá de los dildos. El erotismo es mucho más que penetraciones y vibraciones alteradoras de ritmos cardíacos. Las manos, la lengua o la piel son unos juguetes sexuales magníficos para disfrutar. Y no debemos olvidar que no a todas las personas con vulva nos gustan los juguetes eróticos, hay muchas que prefieren disfrutar de sus cuerpos sin accesorios y no por ello tienen una vida sexual peor.

Las ETS son para los penes

Mito número cuatro. Las lesbianas no se contagian de infecciones de transmisión sexual. Ya sé que te parece una barbaridad que diga esto, pero se sigue pensando que entre las mujeres no se transmiten este tipo de infecciones y no es cierto. Es verdad, y los datos lo avalan, que el número de infectadas es menor que en otros colectivos, pero esto no quiere decir que sean inmunes.

Igual que cualquier otra persona, cuando decidimos tener un encuentro con otra mujer hay que protegerse. Si compartimos algún juguete debemos ponerle un preservativo y lavarlo bien después y antes de su uso. Durante el sexo oral es importante utilizar una banda de látex o hacerla con un condón abierto para evitar el posible contagio. Cuando nos apetezca introducir dedos o tocar, protegernos es tan sencillo como ponernos unos guantes de látex o fundas de dedos.

Las lesbianas no son tántricas

Mito número cinco. Los encuentros sexuales entre lesbianas son rápidos y fruto de un arrebato. ¿Eh? Os podéis imaginar mi cara cuando oí esto. ¿Cómo que el sexo entre mujeres es más rápido? A mí aquí algo no me encaja. Por una parte siempre se dice, en esos cuentos populares, que a las mujeres nos gusta el sexo lento, despacio, saboreado y no un quickie rápido. Por eso de que las mujeres, así como colectivo, como si al decir mujeres todas nos unificáramos, nos cuesta más excitarnos. Pero por otro lado, ahora oigo que el sexo entre lesbianas no es tan largo como el del resto de mujeres. Y digo yo, si a las mujeres nos lleva más tiempo excitarnos y el sexo lésbico es entre dos mujeres, más tiempo tardarán en excitarse, ¿no? Y además, para qué, ¿para qué final? ¿Es que la excitación no es a un acto erótico y sexual en sí mismo?

Las lesbianas, igual que cualquier otra mujer, tienen sus propios ritmos y a veces nos apetece sexo tántrico, lento y pausado y otras nos morimos por un polvo en el ascensor.

Pensando en todos estos mitos me venían a la cabeza muchas escenas de películas y relatos, tal vez ahí esté la respuesta a mi pregunta de por qué hay tanto mitos sobre el sexo lésbico. Un poquito de realidad sexual no nos vendría mal para nuestros imaginarios eróticos.

De Peculiares

¿Es machista un piropo?

¿Es machista un piropo?

24 de febrero de 2019

Isilla LM

Llevamos unos años en los que, sobre todo por las redes sociales, circulan comentarios donde, mayormente mujeres, critican los piropos. Los criminalizan, los tachan de machistas o hacen campañas para prohibirlos.

Se suele hablar que es un tema educacional; no se ha formado a los hombres en el respeto, no han crecido con esa palabra que está tan de moda: empatía. Se dice que son comentarios vulgares, soeces, que no aportan nada, incluso que pueden llegar a ser abusivos, violentos, que cosifican y que se pueden tildar de agresiones sexuales verbales, sobre todo si la frase en cuestión lleva contenido sexual implícito.

Quizá haya que partir por matizar qué es contenido sexual. Pero si lees artículos de esta revista sabrás la línea que llevamos las que por aquí colaboramos, donde siendo todxs seres sexuados y es imposible no serlo, lo que definimos como sexual para lxs sexólogos es un poco más complejo que lo que se suele comentar por los demás espacios de divulgación sexológica.

Sin meterme ahora en ese asunto voy directa al meollo. ¿Es machista un piropo? ¿Es violento? ¿Es una agresión sexual hacia las mujeres? Pues si esperabas un sí, creo que no vas a seguir leyendo con los mismos ojos. Pero tampoco te voy a decir un no. Verás, como todo en la vida, existe una escala de grises, hay matices y peculiaridades, donde no podemos generalizar. Porque cada ser humano es único y se va sexuando a medida que la vida va pasando.

Nosotrxs lxs sexólogxs, no deberíamos ser ni jueces, ni moralistas, ni deberíamos decirle a la gente lo que es bueno o malo. Quizá habrá que ver cada caso particular para definir si una frase gritada por la calle a alguien que pasa y que probablemente no vas a volver a ver, puede ser violento per sé.

Pese a que el blanco y negro es la tendencia general a la hora de hablar sobre muchos temas, (o conmigo o contra mí), a mí me gusta más ver que dependerá todo de la persona, del momento, del lugar, del estado de ánimo, del atractivo del piropeador, de la forma de decirlo, de los gestos y el lenguaje no verbal… en fin, hay tantas variables que me parece curioso como hay gente que se dedica a inculcar que una frase o palabra es agresión.

Probablemente si eres mujer y lees esto, habrá un alto porcentaje de vosotras donde al menos una vez en la vida te hayan echado un piropo. Ahora vamos a hacer un ejercicio práctico. Piensa cómo te sentiste cuando te dijeron eso, (si son muchos intenta acordarte de todas esas veces). Piensa si estabas contenta y escucharlo te sacó una sonrisa; si tenías un día un poco bajonero y te alegró oírlo; si estabas un poco cabreada y eso remató el día cabreándote todavía más; si le contestaste alguna vulgaridad o le respondiste educadamente; si estabas sola; si era de noche o de día; si te sentías guapa; si te lo dicen a diario. Piensa si el que soltó el piropo estaba solo; estaba trabajando y pasabas por ahí; era un tipo atractivo; si era un entorno de ocio como bares; si lo soltó de repente sin conocerte o si ya había conversación previa; si te lo dijo por escrito o en persona…

En definitiva, hay un montón de características donde no se puede unificar tan fácilmente. Que alguien nos diga algo bonito o destacable de nosotras, en general se recibe mejor que si sueltan cualquier cosa un completo desconocido. Pero ahora piensa un segundo: en este ejercicio es probable que hayas reparado en todos esos hombres con los que te has cruzado, y han sido más o menos agradables. Pero si yo hago el mismo ejercicio, no sólo me vienen a la cabeza hombres que sueltan lo primero que se les ocurre; muchas veces los he recibido de mujeres donde me sueltan un Guapa, o Cariño, o Preciosa, sin haberme conocido ni haber hablado anteriormente. Un piropo es un piropo, da igual que te lo diga el vecino, o que te lo diga tu mejor amigx, o tu prima la del pueblo. ¿O acaso, entonces, más que criminalizar o prohibir el piropo, lo que se pretende es etiquetar a (según el criterio de a saber quién), un tipo como machista, diciendo lo mismo que te diría tu amiga Julia?

Entonces, ¿qué es lo que nos remueve o nos disgusta del piropo? ¿Que el tipo que no nos conoce de nada resalte una característica generalmente física de nuestro cuerpo sin que le hayamos dado permiso? ¿Que no lo puede hacer porque eso no está bien ya que ofende y molesta a la persona que lo oye? ¿Quién cataloga de lo que es ofensivo? ¿Quién decide que una frase incluye contenido sexual? ¿Es más sexual decir la palabra coño que la palabra ojazos? ¿Porque es genital? ¿Alguien le ha preguntado a una mujer, que le gusta que la piropeen, cómo se siente?

Yo no vengo a decir a nadie si un hecho hacia otra persona ofende o no, porque dependerá del criterio de cada unx. Ni tampoco a defender o criminalizar al piropeador. Sólo me gusta que se haga el ejercicio de ponernos en el lugar de otras realidades. Pero no sólo la mía, o la que me justifica, o la que da más razones. También la que no opina como yo, la que sus vivencias han sido mayormente positivas, la que ve con buenos ojos ese tipo de comentarios. Seamos capaces de contemplar que no sólo la vida se ve desde mis ojos, sino que hay tantas posibilidades como personas existan.

Y algo importante en lo que ahora no me voy a detener, pero suelto para que haya una reflexión: ¿es más ofensivo si el hombre que nos dice un piropo nos da rechazo, no nos parece atractivo, no es nuestro tipo? ¿Es más ofensivo si dice “Qué ganas de follarte” o si por el contrario dice “Ojalá ser papel para envolver ese regalo”?

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“Solo se concede a la mujer la etiqueta de heroína si antes se reconoce como víctima”

Loola Pérez, Doctora Glas

Loola Pérez, Doctora Glas

Doctora Glas es ya su segundo apellido, pues así se le conoce en la red. A Loola se le considera la feminista antifeminista y una de las voces más polémicas en los debates sobre sexo, género y prostitución

18 de febrero de 2019

Entrevista de Melanie Quintana Molero

Se puede decir que le gusta preguntarse y entender cómo y por qué el ser humano piensa o actua de una forma u otra ya que su lista de títulos académicos son: Filosofía e Integración Social, cursando Psicología y terminando Sexología; además de ser la Presidenta de Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia: 8 de marzo. El mundo se levantó de su silla cuando publicó su artículo ‘Follar con empatía: otra lección puritana que se disfraza de feminismo’. Ahora es un referente en el mundo de la Sexología.

Tengo que salir de aquí con la duda resuelta. Se te conoce en particular por enfrentarte con tus ideas al feminismo radical, ¿tú te consideras feminista?

(Ríe) Sin ninguna duda me considero feminista. ¿Qué persona sensata podría estar contra la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres? Con lo que no me identifico es con las corrientes del feminismo hegemónico, como la radical o la cultural, ambas difíciles de distinguir en los tiempos actuales.

Pero, ¿te sientes identificada con alguna corriente del feminismo en concreto?

La verdad es que no. Me da cierto temor el colectivismo y que se criminalicen las opiniones disidentes. Ahora que el feminismo es popular, que ha sido engullido por la cultura de masas y actúa como una moda, parece que ya todo el mundo sabe cómo alcanzar la igualdad entre los sexos: nosotras nos empoderamos y ellos se deconstruyen.

¿Y qué opinas sobre esta “moda”?

Creo que es una cantinela que no aporta nada, que está vacía, que funciona como eslogan y no tiene ningún poder transformador. No nos permite reflexionar sobre la masculinidad y la feminidad, las políticas públicas con respecto a la cuestión de género, la violencia contra las mujeres, la violación o la diversidad sexual. Todo lo que salga de esa cantinela se juzga como sospechoso. Así que, ¡sí, yo soy muy sospechosa bajo la mirada de las vacas sagradas! (Ríe).

¿Crees que hay un solo modo de ser y vivir el feminismo?

Creo que el movimiento feminista es plural, que está compuesto por diversas corrientes de pensamiento. No creo que exista un único modo de ser feminista, de hecho, hasta considero que muchas corrientes feministas, más allá de que no comparta sus puntos de vista, se equivocan en sus demandas o actuaciones.

¿A qué te refieres exactamente?

Por ejemplo, considero que es un error y una actuación inhumana criminalizar a las trabajadoras sexuales simplemente porque el abolicionismo imponga una moral sexual determinada, que en su caso es profundamente reaccionaria. También desconfío del uso que hacen los partidos políticos de las consignas feministas. No dudo que haya personas sensibles y comprometidas en esos partidos con la igualdad entre mujeres y hombres, pero aborrezco que se use el feminismo como marketing político.

Si te preguntara ¿hacia dónde van los feminismos de estos tiempos?, ¿qué me responderías?

(Ríe) Es una pregunta difícil. El movimiento feminista está sumamente vivo, pero también copado por voces reaccionarias y que a menudo caen en la complacencia, el partidismo o se quedan en un simple subidón como ocurre el 8 de marzo. Muchas de las demandas feministas se hacen bajo el sensacionalismo o una actitud de pánico moral… Se continúa ejerciendo violencia verbal hacia muchas trabajadoras sexuales cuando participan en asambleas y espacios feministas. Por no hablar de la mediocridad intelectual de muchas que se hacen llamar u otros hacen llamar “referentes feministas”.

Lo que sí sabemos es que el feminismo ha llegado para quedarse…

¡Exactamente!, la pregunta ahora es reflexionar sobre la forma en la que queremos que lo haga, si como una fuerza política revolucionaria, una propuesta más de la cultura de masas o como un pensamiento transformador, con una epistemología y líneas de pensamiento propias y en diálogo con otras disciplinas. Quizá incluso pueda ser una mezcla, pero su viabilidad no puede ejercerse desechando una actitud crítica.

Doctora Glas¿Crees que vivimos un momento en el que lo público y lo privado ya casi no se diferencian? ¿O piensas que cada vez ocultamos más lo privado por lo que mostramos en público?

Hemos redefinido los límites entre lo público y lo privado, pero no sé hasta qué punto eso ha supuesto una transformación de nuestra intimidad. En lo público todos actuamos a veces como pequeños impostores. Hemos dejado de ocultar el drama por el miedo al qué dirán a mostrarlo porque sacamos rédito a nuestro victimismo personal. Las redes sociales son un sedante para nuestra soledad y egolatría.

¿Crees que estamos en un punto en el que ya todo es machista y/o violencia de género?

Totalmente. Nunca me ha gustado la expresión “violencia de género”, considero más preciso hablar de violencia machista o violencia contra las mujeres. Tampoco creo que toda la violencia contra las mujeres tenga una motivación machista o se relacione con la desigualdad de género, sino más bien que hay casos y casos. Es decir, casos donde predomina una ideología machista por parte del agresor: “la maté porque era mía”; y casos donde la violencia, como fenómeno, es la conducta utilizada por el agresor para afrontar la situación o resolver los problemas.

No creo que en muchos espacios feministas se hable de esto.

Y ese es exactamente el problema, que hablar de esto en muchos espacios continúa siendo un tabú. Por supuesto, no es el único. Es muy difícil a día de hoy señalar la violencia cruzada en la pareja porque desafía el dogma del feminismo hegemónico de que el hombre es activo, agente de la violencia y la mujer pasiva, víctima perpetua de la agresión.

¿Crees que hablar de “violencia de género” de algún modo nos victimiza a nosotras?

Creo que en cierto modo hablar de “violencia de género” alenta la revictimización de las mujeres, no ahonda en más visiones más allá del discurso oficial estatal y evita una lectura crítica sobre el sistema institucional de justicia.

Hay algo a lo que ultimamente no paro de darle vueltas y me gustaría saber tu opinión: ¿Crees que los discursos feministas de hoy pueden contribuir a aportar contenidos para reflexionar atendiendo a la diversidad de ser mujer?

La verdad es que a excepción de algunas voces díscolas, la mayoría de discursos feministas presentan a las mujeres como vulnerables, como eternas víctimas, como seres a los que hay que proteger y cuya supuesta fragilidad les debería conceder la razón y la hegemonía. Francamente pienso que eso no es más que paternalismo. Solo se concede a la mujer la etiqueta de heroína si antes se reconoce como víctima. 

Entonces, ¿crees que nos empujan a construirnos de un solo modo o nos dan pie a crear diversidad en las formas de ser mujer?

Se dice que no hay un modelo único de mujer, pero se impone un único itinerario para vivir la feminidad: el victimismo. En ese sentido creo que el discurso de los colectivos de las trabajadoras sexuales son muy inspiradores. Ellas se niegan a reconocerse como víctimas y provocan la angustia cultural del feminismo hegemónico, de los colectivos más puritanos y del integrismo religioso.

¿Consideras que muchas mujeres que tienen una actitud política muy feminista y radical se censuran en todo lo que tiene que ver con su erótica y su propio placer?

No sabría decirte porque no comparto cama con tanta gente (nos reimos a carcajadas). Lo que sí creo es que mezclar placer, deseo y militancia puede causar en algunas personas mucha infelicidad. Las fantasías sexuales no son propaganda política. Deseo y reivindicación política se materializan en planos diferentes. Muchas feministas se escandalizan ante la idea de que hay mujeres que fantasean con la violación, sin desear, por supuesto, sufrir un tipo de agresión sexual en la vida real (aclara). Señalan que esa fantasía es consecuencia de un sistema patriarcal, sin embargo, jamás se plantean de dónde vienen, por así decirlo, las fantasías sexuales que llevan a un hombre a excitarse con los pies de una señora o a ponerse cachondísimo al vestirse con lencería femenina.

¿Crees que estamos llevando todo lo que tiene que ver con los placeres a una zona de peligro?

Sí, estamos en un momento donde predomina esa tendencia. El feminismo hegemónico vuelve a apelar a las viejas “verdades” de la naturaleza, que presentan al hombre como un violador en potencia y el sexo, como una experiencia, amenazadora para las mujeres. Por si fuera poco, tanto la izquierda como la derecha apelan a la vulnerabilidad de la mujer en el terreno sexual: se impone el discurso de la moralidad, la violencia y el miedo a la violación.

Como si tuviéramos que representar un papel.

Eso es, de hecho persiste la creencia de que las mujeres no podemos disfrutar del sexo, debatir públicamente sobre sexualidad o mostrarnos sexualmente explícitas, a través de la prostitución o la pornografía, mientras otras estén en peligro y sean víctimas de violación o de acoso sexual. Es como si tuviéramos que fingir todo el tiempo que somos buenas chicas, que defendemos el statu quo.

¡Madre mía! ¿Qué va a pasar con el coqueteo y la seducción si nos dejamos arrastrar por los discursos feministas más radicales?

Que nos vamos a aburrir mucho en la cama, si es que acaso, alguna vez nos entendemos y llegamos a ella (Ríe). El otro día un chico me contaba que había tenido relaciones con una chica, pero que ésta se negaba a tener sexo en determinadas posturas sexuales porque las consideraba “patriarcales”. Me dio la risa. Espero que por su salud mental, la de él me refiero, no la haya vuelto a llamar. Una cosa es que no quieras hacer algo en la cama porque no te gusta y otra muy distinta es etiquetar las posturas sexuales como machistas porque te sale del coño. Parece que todo aquello que no sea coito heterosexual mirándose a los ojos y con altas dosis de ternura es ya para alguna gente sinónimo de patriarcado.

Tengo mucha curiosidad: ¿Qué me dices del ‘porno para mujeres’?

Bueno, un contenido así era necesario, pero tampoco creo que debamos juzgarlo como una panacea. Muchas mujeres y muchos hombres no se identifican con los contenidos de la pornografía mainstream, así que el hecho de que exista un contenido alternativo es bienvenido. Eso sí, nadie es mejor o peor hombre o mujer, o hace mejor su feminismo, por el tipo de pornografía que le excita, si mainstream o “porno para mujeres”, o por el hecho que le guste o no, el porno.

No me puedo ir sin preguntarte: Si tuvieras que destacar algún momento en particular que marcara un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

La pregunta de Somos Peculiares por excelencia (reímos). La verdad es que tener referentes culturales que reflejaran en cierta forma mi forma de vivir la sexualidad ha sido bastante positivo. Me ayudó a no sentirme un bicho raro. Una parte de mí se siente representada en Paradoxia: diario de una depredadora, de Lynda Lunch, así como en el personaje de Sarah Pfefferman en Transparent o en la protagonista adolescente, de la serie danesa Rita.

De Peculiares

Es un placer conocerse a una misma

masturbación femenina

La masturbación en las mujeres es un tema que difícilmente se habla con naturalidad, incluso en un grupo de amigos. La falta de información y un cierto déficit en la educación ayudan a desnaturalizar un tema que forma parte de la mujer

27 de noviembre de 2018

Reportaje de Sara Enjuto 

Hay mucho empeño en enseñar, dentro de la educación sexual, a prevenir, a tener unas relaciones eróticas seguras, la teoría del condón, de lo que nuestro cuerpo a nivel reproductivo ofrece para alargar la estirpe, pero…¿dónde queda lo que el cuerpo enseña? Es algo con lo que convive todo ser humano, pero muchas veces cae en el olvido tanto en la enseñanza como en el propio ser el hecho de que el cuerpo es el que da las señales para descifrar lo que gusta, lo que no y los ritmos y necesidades. Se olvida también que esto es algo que no solo se aprende a raíz de tener encuentros eróticos con otras personas.

En este mundo caótico y lleno de prisas y estrés, se olvida que muchas veces la solución a esta tensión está en el cuerpo, concretamente en la masturbación, porque no solo se trata de desconectar a nivel mental. Incluso los dolores menstruales se benefician de la masturbación.

 

"Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor"

 

Esto es lo que Inma, Xandra, María y Maitena recuerdan en este reportaje. Pero… ¿qué es exactamente lo que hace conectar con el cuerpo, concretamente con el de la mujer? La respuesta es: la masturbación. ¿Cómo? Estas cuatro mujeres conocedoras y profesionales cada una en un ámbito sexológico, destripan los beneficios y los pudores a los que las mujeres se enfrentan con este tema tan natural.

María Torre, Masturbación femenina
María Torre

María Torre, sexblogger, es una mujer muy activa en las redes y a través de su canal de Youtube de Ars eróticas y su blog, anima a las mujeres a quererse, conocerse y a no tener pudor ninguno en explorar el cuerpo. “Una de las lecciones más importantes que nos da la masturbación es cómo somos, qué es lo que nos gusta, cómo nos gusta y cuáles son nuestros puntos clave de placer”, explica María. Además, es importante no olvidarse de los beneficios que algo tan natural puede traer en el día a día: Liberamos el estrés que se acumula y que va directamente al cuerpo, nos relaja para dormir mejor y si estamos con la menstruación nos ayuda a desinflamar y calmar el dolor”, descubre para Somos Peculiares.

Inma de Lezana, Sexóloga y directora de Landaize (escuela sexológica vasca), da otra perspectiva de las bondades de la masturbación y explica las diferentes funciones que desempeña según el momento: “Hay ocasiones en las que simplemente sirve para descargar tensión o para resolver una excitación. En otras ocasiones puede ser un encuentro más erótico y recreativo o una fuente de exploración y autoconocimiento”.

 

Compartir experiencias para conocerse 

Xandra, masturbación femenina
Xandra García

Xandra García es Sexóloga y está en proceso de convertirse en doula, (profesión que da apoyo emocional a las mujeres en el embarazo, el parto y el post parto) y Maitena Usabiaga, Sexóloga también y licenciada en Psicología, ofrecen su punto de vista profesional y vivencial respecto a la masturbación en las mujeres, concretamente sobre el hecho de si es un tema que se comparte en un grupo de amigas/os. “Cuando teníamos nueve años compartíamos las vivencias de cómo nuestro clítoris nos hacía cosquillas andando en bicicleta, con el chorro de la ducha, con las manos, viendo una película...”, recuerda Maitena. Pero reconoce que una vez que las niñas van creciendo este tema se va borrando de las conversaciones: “A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso”. Xandra en cambio afirma que se habla de la masturbación, pero en clave de humor: “Muy rara vez se habla desde un compartir la experiencia o las inquietudes”.

 

"A las jóvenes no les dejamos hablar de ello ni experimentar, las niñas porque parece que no tienen clítoris, las adultas se convierten en madres y/o profesionales y las abuelas parece que no tengan de eso"

 

La masturbación femenina y la masculina siempre han tenido unas diferencias obvias en cuanto a lo naturalizada que está tanto en la sociedad como en la intimidad, pero Xandra reconoce que esto no es así en la infancia: “No existen diferencias entre los niños y las niñas que se masturban, aunque en estas edades hablamos de autoexploración”.

En cuanto al porqué se desarrollan estas diferencias Maitena tiene una opinión muy contundente: “La vulva es un parte del cuerpo que debe permanecer oculta, que representa lo prohibido, está ahí para mear, sangrar y parir. Es el cuento que nos han contado y aunque el pene también debe estar oculto, tiene una significación diferente, conectado con la dominancia”.

 

La masturbación no es un sustituto de la pareja

María de Ars Eróticas lo tiene muy claro y quiere concienciar sobre esta idea: “Sigue habiendo muchas personas que piensan en la masturbación como una actividad que sustituye a una pareja sexual”. Dice que es una idea que hay que eliminar, pero también incide en las ventajas de la autoexploración antes de iniciar una relación erótica con alguien. “Si tú no te reconoces y aceptas cómo eres te dará mucho pudor mostrarte ante otra persona. Si una de las partes tiene claro lo que le gusta, va a llevar la voz cantante”, analiza. “Si ambos saben lo que les gusta, el encuentro será más equilibrado”.

Inma Ruiz, masturbación femenina
Inma de Lezana

Hoy en día no mucha gente conoce el funcionamiento de los genitales femeninos involucrados en proporcionar placer: la vulva y el clítoris. Inma recalca la necesidad de conocerlos más allá de la reproducción: “Entender que la excitación sexual de las mujeres también resulta en una erección y que difícilmente se puede tener un orgasmo sin estimular el clítoris, ayuda a las mujeres a convertirse en protagonistas y artesanas de su vida erótica”. Esto lleva a Inma a revelar el sorprendente hecho de que hasta hace muy poco no había en la educación sexual una imagen clara del clítoris. “Ha sido un órgano sexual eludido”.

 

"La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología"

 

Aunque el darse placer a una misma es un tema que los últimos años ha evolucionado hacia la naturalización, todavía hay mucho camino por recorrer y, como en todo recorrido hacia el cambio, se pueden encontrar contradicciones. Esto es lo que Inma recalca: “Por una parte parece admirable y deseable que una mujer se adueñe de su placer, pero por otro lado aún existen dificultades para asumirlo”.

Quizá prevenir que las personas asimilen estos tabúes o la falta de conocimiento en el ámbito erótico se puedan solucionar, en gran medida, con la educación. En ciertos aspectos Xandra explica que todavía hay huecos que completar: “La educación que reciben los escolares está relacionada con el uso de los genitales, pero no se abordan temas relacionados con las identidades, relaciones de los sexos, los deseos...temas que hacen rica y nutritiva la Sexología”.

 

La masturbación como terapia

Maitena, masturbación femenina
Maitena Usabiaga

Entrando en el terreno de las terapias, Maitena e Inma hablan de la anorgasmia en la mujer (la ausencia de orgasmos durante el encuentro sexual) y los procedimientos a seguir en las terapias. “Creo que todas hemos sido y somos anorgásmicas, ya que no en todos los encuentros tenemos orgasmos. Hemos caído en el pecado de pensar que es lo más importante y que debemos tenerlos para valorar que hemos tenido un buen encuentro erótico.” Con esta afirmación Maitena intenta aportar un nuevo punto de vista respecto a la presión que se puede sentir en un encuentro erótico para que todas las partes tengan un orgasmo, sin embargo, insiste en que no quiere quitarle importancia al orgasmo, sino que cada uno debe decidir la importancia que quiera darle.

Inma explica los ejercicios que se suelen hacer en las terapias focalizadas en esta situación, como, por ejemplo: los ejercicios de autoexploración, focalización sensorial y estimulación. “Se trata de que ella misma explore las sensaciones de su cuerpo de forma gradual hasta sentir el placer que busca. En pareja se plantea enseñar la destreza del tipo de estimulación e intensidad”, comparte.

Como guinda a este pastel creado por cuatro poderosas féminas, la frase que Xandra comparte con Somos Peculiares es la perfecta: “No están más liberadas del patriarcado las mujeres que se masturban más que las que se masturban menos. Cada mujer debería ser soberana de su propio placer para hacer y deshacer a su gusto”. Ahí queda chicas.

De Peculiares

Black Friday Peculiar

Nosotras también nos sumamos a proponer marcas con grandes descuentos por el Black Friday, pero... a nuestra peculiar manera. Creemos que la lencería femenina siempre ha sido una herramienta para sentirnos más deseadas, por nosotras mismas y por quien nos mira, y es por eso que hoy, en este viernes de descuentos, nos hemos lanzado a buscar las mejores ofertas en ropa interior femenina. Aunque bueno... más que calidad o grandes descuentos buscábamos aquellas marcas que utilizaran cuerpos, pieles, curvas y edades diversas para mostrar sus ofertas. 

Este es nuestro TOP 5 de tiendas de lencería peculiares: 

 

Descuentos en Aerie, Black Friday

 

Aerie

Es una compañía estadounidense de lencería que paso a formar parte de la historia de la industria de la moda por abandonar la práctica del retoque con Photoshop en sus campañas publicitarias.

Descuentos Loney, Black Friday

 

Lonely

Es una marca de lencería nacida en Nueva Zelanda que comenzó ha cambiar los estándares de sus modelos cuando decidió colaborar con actrices de series de televisión que eran distinguidas por sus tallas. Tal fue su éxito que ahora muestran a chicas extremadamente delgadas, robustas, tatuadas, con estrías, con vello en las axilas...

Descuentos Curvy Kate, Black Friday

 

Curvy Kate

Es una marca de lencería femenina de tallas extras. Hace poco lanzaron una colección llamada 'El nuevo sexy' protagonizada por mujeres de todas las tallas, colores de piel e incluso con diversidad funcional.

Descuentos Naja, Black Friday

 

Naja

Catalina Girald, cofundadora de la marca Naja y la actriz ganadora del Globo de Oro en 2015 fue la responsable de la campaña Nude For All, una colección de lencería que intenta combinar a mujeres con diferentes colores de piel, etnias, tallas y edades.

 

Descuentos Savage X Bralette, Black Friday

 

Savage X Fenty

Esta es la marca de lencería de Rihanna. La hemos seleccionado no solo porque nos guste ella, sino que también porque nos gusta su idea de marca, en la que son mujeres diversas las que muestran sus productos.

 
De Peculiares

5 maneras de volver loco a un hombre en la cama

 

Este es un artículo para todas aquellas mujeres heterosexuales que estén buscando maneras de volver locos a los hombres. Y es que las mujeres no paramos de decir que ellos son los sencillos, que no le dan vueltas a las cosas, que no se comen nada la cabeza, pero no es así. No son tan sencillos como los pintamos. Los hombres también quieren perder la cabeza y más si tiene que ver con la cama. Pero chicas, tranquilas, sabemos cómo volverles locos, literalmente:

Melanie Quintana Molero 

 

1. DILE QUE TE APETECE FOLLAR

Pero así, directamente: Quiero follar. Deja que se levante de donde esté y llévatelo a la cama. Una vez allí dile que te apetece ver una película romántica. Ponte a llorar según empiece. Pregúntale: ¿Tenemos clínex? No dejes que te responda, antes de que lo haga levántate alterada de la cama y dile: Voy a bajar a comprarlos. Vete hasta la puerta de casa, ábrela, cierra de un portazo y vuelve con él. Quédate en la puerta del dormitorio apoyada en el marco y dile: ¿Sabes qué? Me apetece probar el sexo anal. Desnúdate de manera cómica. Vuelve a meterte en la cama tumbada boca abajo y duérmete. Finge que roncas. A los cinco minutos levanta la cabeza y dile: Buenas noches cariño. Bésale en la frente y roba toda la manta.

 2. OJOS EN BLANCO

Cuando este fuera de casa dibuja un crucifijo en la pared bocabajo. Ponte el conjunto más sexy que tengas y espérale en la cama. Cuando entre por la puerta llámale para que sepa donde estás. Cuando abra la puerta del dormitorio dile cosas como: ¡He pensado que te gustaría pasar un buen rato hoy! Cuando pregunte por el crucifijo hazle creer que solo lo ve él. Chíllale. Dile que siempre busca alguna excusa para no follar. Levántate de la cama y enciérrate en el baño. Empieza a hablar sola haciéndole creer que estás dentro con alguien. Cuando pregunte vuelve a hacerte la loca y dile que si ahora le ha dado por escuchar voces. Abre la puerta enérgicamente, ponle los ojos en blanco y métete en la cama. Duérmete y déjale plantado. Apaga la luz.

3. HASTA EL FONDO

Métete en la cama con él. Insinúate y convéncele para que esa noche tú te pongas arriba. Apaga la luz. Cuando estéis en pleno éxtasis, viértete una bolsita de sangre falsa sobre tu vulva y chilla: ¡Me has roto el tope de la vagina! Enciende la luz y empieza a untarte la sangre por la cara mientras le dices: ¡Qué polla más grande! Una y otra vez, sin parar.

4. TRÍO

Métete en la cama con tu mejor amigo y cuando él llegue asústate y pregúntale muy alterada quién es y qué hace en vuestra casa. Cambia las fotos con él por alguna que tengas con tu amigo para que sea más real. Dirígete a tu amigo llamándole: Cari o amor. Dile que vas a llamar a la policía como no se vaya. Coge el teléfono y finge que estás llamándoles.

5. SEXO ORAL

Pues eso. Hazles una mamada sin que venga a cuento. Según llegue a casa. Lánzate sobre él sin decirle nada , bájale los pantalones y métetela en la boca aún blandita. Deja que se endurezca y hazle gozar como nunca. Cuando se corra levántate y enciérrate en el baño durante una hora sin responder a nada de lo que te pregunte.

 

COSAS QUE QUIZÁS NECESITES SI PONES EN PRÁCTICA ESTAS TÉCNICAS: