De Peculiares

Dónde puedes azotar y 6 trucos para jugar

6 trucos y zonas donde sí y donde no puedes azotar si te apetece incorporar los azotes a tus encuentros

8 de agosto de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Hoy 8 de agosto es el día internacional del Spank. ¿Qué es el Spank? Poniéndonos puristas sería la práctica de dar azotes en el culo. Práctica no necesariamente dentro de una relación D/s (Dominación/sumisión). Sin embargo, es común ampliar el concepto más allá del culo y más allá de las manitas, ¿quieres saber más para poder celebrar este día como se merece?

Igual que toda práctica que implica algún nivel de dolor físico y/o psicológico, esta práctica requiere de unas pautas mínimas, como por ejemplo, que tengamos clara el mapa de dónde sí se puede azotar y dónde no. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que:

No obstante, se han escrito ya ríos de tinta cibernética sobre los cómos que permiten a quienes se inician información valiosísima; por ejemplo, el compañero de Deltoya Toys, nos ofrecía su artículo la semana pasada. 

Guía de zonas para azotar @somospeculiares
Imagen perteneciente al blog de calabozo.mx

Por eso, hoy nos vamos a centrar en explicarte algunos trucos que pueden ayudarte a hacer tu experiencia más excitante.

1.Elecciones con truco

Una forma de generar más comodidad en quien va a recibir el spank pero también de meterle un puntito de sadismo psicológico es, cuando ya hay varios juguetes entre los cuales elegir, darle la opción a que elija con cuáles quiere que se juegue hoy… ¡e invertir su orden de preferencia! 

Es algo así como una de cal y una de arena, un truco gracioso y enriquecedor en parejas que dejan la puerta abierta a este tipo de toma de decisiones en sus juegos, claro está. 

2. Juega con la incertidumbre

Si la persona con quien vas a jugar disfruta de las sorpresas dentro del juego, éste es tu modo. 

La incertidumbre se puede generar de muchas formas. Podemos utilizar antifaces, que harán imposible saber con qué vamos a azotar y también incrementarán las sensaciones. También podemos exponer todos los juguetes a la vista, escoger uno pero luego usarlo de una forma muy diferente (por ejemplo, si es de los intensos, usarlo de manera muy suave o para unas leves caricias por la espalda).

La incertidumbre introduce sorpresa pero también cambia los ritmos del juego, introduce paréntesis, picos de tensión… es una forma muy grata y divertida de evitar que una sesión de azotes se convierta en una meseta sin sus más y sus menos. 

3. El juego de la consciencia 

Este truco está especialmente pensado para quienes quieran introducir cierto nivel de dificultad o quienes, como van explorando en sus capacidades eróticas, quienes asegurarse de que la parte que recibe los azotes siga siendo parte consciente del proceso sin perderse en la experiencia y en las sensaciones y así nos pueda seguir dando feedback. 

Podemos pedirle a quien azotamos que cuente los azotes, o bien que realice una pequeña tarea mientras azotamos (que escriba algo, que lo copie x veces…). Todas estas tareítas que requieren de concentración también se pueden enmarcar dentro de todo un juego de roles, pero eso te lo explicamos en el siguiente punto.

4. Level up 

Si ya habéis explorado las potencialidades y capacidades de con quien juguéis, es momento adecuado para un Level Up.

5. Contextualizándolo en un juego de rol

Hay escenarios eróticos en los que la escena de los azotes es casi un sine qua non, por ejemplo, la institutriz que cuida de menores en una Inglaterra victoriana, el maestro que castiga al alumnado rebelde en un colegio privado… seguro que hasta la estampa más Made in Spain de la bata de guatiné, los rulos y las pantuflas tienen su público. Hay a quienes meterse en un papel les ayuda a darle más chispa a la escena, ¿te animas?  

6. Incluyendo complementos

Esta vía la podríamos llamar de “diversificar sensaciones”. Hay infinidad de juguetes que se pueden combinar con una escena de azotes. Desde juguetes con vibración (pueden ser balas, vibradores… ) a otros no tan “amables” como unas pinzas para los pezones; que si van atadas con cadenas a algún punto pueden ser muy puñeteras si quien las lleva se mueve mientras le azotan, ¡a las ricas maldades! 

 

Expuesto todo esto, sólo nos queda mencionar algo que hemos obviado porque tenemos fé en nuestra peculiar audiencia; NO, no es necesario hacer todo esto para ser buen spanker o buen spankee. NO, no es necesaria tanta parafernalia para que os den el título de BDSMerx del año.

En este artículo hemos querido compartir ideas, juegos y trucos que están muy bien siempre y cuando repercutan de forma positiva en vuestra satisfacción y bienestar, en este proceso vuestro de exploración. Así que si probáis algo de esto y veis que no va con vuestro estilo, será igual de maravilloso porque seguís estando un paso más cerca de conocer vuestros deseos y vuestras peculiaridades. ¡Feliz día del spank, peculiares!

De Peculiares

¿Tener pareja es un motivo para no ligar?

Monogamia hasta las trancas

25 de julio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Recientemente (para quien no lo supiera) un equipo de Valkirias hemos pululado por el Bilbao BBKLive. Queríamos generar reflexión sobre el ligoteo mediante un juego de pegatinas (sí, primo-hermano del juego del semáforo, sí pero más guay porque es peculiar, obvio). Mucha gente señalaba que “faltaba su opción” porque ninguna pegatina argumentaba que no se quisiese ligar por tener pareja. ¿En serio tener pareja es un motivo para no ligar? Lo primero que denota esa observación es cuán integrada tenemos la vivencia de la erótica en clave de monogamia. 

Ninguna de las personas que hacía la observación decía que faltaba su opción porque tuviesen “pareja monógama”, es decir, que la propia palabra de pareja ya da a entender una exclusividad sexual, erótica, afectiva… que no tiene por qué ser así.

Además, este hilo argumental también da un giro drástico al punto del que partía nuestra dinámica, sustituyendo el diálogo entre deseos por las exigencias y los deberes (cosas que, dicho sea de paso, no ayudan NADA al deseo). En vez de argumentar “porque no me apetece y punto” nos es más común, justificarnos, excusarnos “no puedo porque tengo una obligación a cumplir”. Ello muestra mucho sobre cómo son nuestras interacciones de ligoteo. 

¿Cómo vamos a visibilizar, dialogar y negociar en base a nuestros deseos si ya los meros síes y no es no son entrenados desde ellos? ¿Cómo vamos a cultivar el deseo si parece que éste tiene que desaparecer por obligación moral en algunas tesituras y en otras tiene que brotar porque sí y punto? ¿Cómo vamos a percibir, entender y aceptar la diversidad del deseo si no somos capaces de reconocer la diversidad de formas que tiene? 

Visibilizando pensamientos no-monógamos

Por eso, creo (así, en mi perogrullo mental a posteriori) que de verdad hemos apostado por una visibilización (relativa, claro está) de las no-monogamias porque nos centramos en los deseos y no en los (pseudo)estados civiles como camino para generar encuentros. Creo que hemos resquebrajado una pequeña parte del mapa de la moral sexual actual tal vez incluso de forma inconsciente, pero lo hemos hecho. 

 Cada vez que afirmamos que no queremos ligar porque tenemos pareja:

  • Estigmatizamos las no-monogamias y la poliamoría y reforzamos la idea de que la pareja es sinónimo de exclusividad.
  • Reforzamos el amor romántico y todos los juicios de valor que derivan del mismo y volcamos sobre la gente a la más mínima transgresión del ideal romántico. 
  • Hacemos un enjuiciamiento de quienes disfrutan del tonteo, bailoteo, flirteo sin más allá por incumplir los presupuestos de la monogamia más férrea y rancia. 
  • Revalorizamos una de las ideas más rancias del amor romántico: la verdadera felicidad y saciedad reside en vivir en pareja, de ahí que toda persona soltera (llegando a equiparar soltería con soledad) debe desear salir de su situación y esforzarse por ello. 

Por ello, amiwis de Somos Peculiares, gente que nos habéis aguantado y disfrutado estos días en el BBKLive y personitas que simplemente pasabais por aquí y os habéis parado a leer un rato: ¡¡comencemos a hablar de nuestros deseos e inapetencias a la hora de ligar y dejemos de lado el discurso de los deberes!!

Fdo: una actualmente monógama.

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El 28J NO es el otro orgullo

El 28J NO es el otro orgullo
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28 de junio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Queridas, querides y queridos compas en la lucha por el cultivo, la promoción y la visibilización de la diversidad sexual, creo que va siendo hora de que hablemos con propiedad y sepamos que el 28 de junio es EL ORGULLO. Así, con mayúsculas, y punto.

Quienes me conocéis sabéis que vengo con extra de hate. No sé si me caí en la marmita de bilis y odio de mi pueblo cuando era pequeña o si los gametos de mi fecundación además de potentes genéticamente también lo eran hateticamente, pero es así.

Procuro hacerlo de forma educada y reconducir mi odio para ser constructiva, pero no siempre puedo. Hoy  creo que va a ser uno de esos días que me quedo a medias.

Resulta que me flipa ver como mucha gente, cada día más, incluso siendo profesionales de la sexología, sexbloggers, personas del colectivo LGTBI+… no es ya que no sepan cuando es “El orgullo”, sino que sólo conocen el mercantilizado jolgorio fruto del pinkwashing. Y a mí me llevan los demonios.

Por eso, remember remember the 28th of june, please… aunque no rime. Este año se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall. Os cuento.

New York, 1969, la revolución sexual se nota en el ambiente y hay bares donde personas del colectivo LGTBI pueden expresarse libremente, conocerse, liarse… ¡genial! Sin embargo, el odio hacia este colectivo y la violencia institucional siguen siendo tan comunes como los sándwiches de mantequilla de cacahuete en EEUU, por lo que no es raro que llegue la policía a realizar redadas.

Es más, la revolución sexual sigue haciéndose bastante de tapadillo, dentro de los bares, cuando no, dentro de las casas. Salir a la calle como persona LGTBI y vivirse de forma abierta es im-pen-sa-ble.

Pero, todas las narices tienen su límite de ser tocadas y ese límite llegó el 28 de junio de 1969 cuando la policía realizó otra de sus redadas y el colectivo LGTBI en el barrio reaccionó. Manifestándose, enfrentándose y encarando a la policía. ¿Acaso no era bastante vulneración de sus derechos la situación que además debían permitir esas redadas llenas de violencia directa e indirecta hacia personas del colectivo? Un año después de los disturbios, ciudades como New York y Los Ángeles se sumaban a las conmemoraciones.

El 28 de Junio es un día para recordar la lucha y el trabajo de generaciones anteriores. Un día para conmemorar los pasos que dieron valientes que hacen que hoy hasta el partido más pestuzo no quiera perder su lugar en un sarao que se monta para hacer pasta e ir de progres. Porque no os engañéis, que sin quienes lucharon y se enfrentaron a la violencia estructural de la época, aún seguiríamos sin dar muchos pasos.

Llegamos este año a las bodas de oro de un suceso tan necesario en la historia de occidente como importante y que debemos agradecer en especial a mujeres trans como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, que fueron las pioneras en las revueltas y que serán este año conmemoradas en New York mediante un monumento en su memoria.

Por eso, aunque no os mole parte del tono de la manifestación que os pille más cerca, aunque os venga un poco mal levantaos del sofá, aunque prefiráis estar de birreo; os pido que apoyéis, no también este, sino el ORGULLO.

 

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Calladitx estás más agustito: cómo elegir la mordaza perfecta

cómo elegir la mordaza perfecta

6 de junio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

“Quien tiene boca se equivoca”, pero créeme que no querrás equivocarte eligiendo una mordaza para tu boca. En este breve post te explicaremos cómo puedes seleccionar la adecuada y evitar disgustos, ¡no te pierdas ni una coma! Ya sea de piñón, bocaza o bocachancla, seguro que hay una mordaza para ti.

Lo primero de todo decir que hay dos maneras de obtener una mordaza, como en lo que cualquier juguete BDSMero se refiere: haciéndola o comprándola. Cómo no, ambas opciones tienen sus pros y sus contras.

Si eres fan del DIY, por favor, usa materiales seguros para introducirlos en la boca y no las hagas con objetos que se puedan soltar y desprender. Lo de meter unas bragas en la boca queda muy peliculero, pero puede perder el chiste si la tela se empapa y empieza a deslizarse hacia tu garganta. Tampoco uses cinta americana ni ningún adherente similar que resulte abrasivo con la piel, ¡borregueces no! Avisos dado y quien avisa no es traidor.

Si vas a comprarla, ten en cuenta lo siguiente:

– Hay más mordazas que personas amordazables en el mundo. Las hay de agujero, de araña, con bola agujereada, con bola rígida, con arnés facial, con un dildo hacia fuera para realizar penetraciones, con forma de huesito, con forma de corazón… Cada una de ellas nos transporta a un nuevo contexto de juego, ¡toma la escena que quieres realizar como punto de partida!

– No podrás probarlas. Son como las bragas de algunas tiendas: sin derecho a probar ni a devolver (por motivos obvios). Por tanto, una buena idea es saber el tamaño aproximado de tu cavidad bucal. Prueba, por un tiempo prolongado a tener algún objeto seguro con parte del mismo en tu boca. ¿Cual es tu apertura máxima en situación de comodidad? Anótala y tenla en cuenta cuando te hablen del diámetro de circunferencia de la bola, el aro… o lo que sea que tenga tu mordaza.

Si nunca has probado una, no seas ansias y ve con precaución. Especialmente si eres una persona que tiende a tener nauseas, ten en cuenta que el exceso de salivación también podría provocártelas.

– Cómo no, una mordaza por cada bottom, mínimo, porfa plis. Si no podemos asegurar la adecuada limpieza del juguete, no seamos cutres.

Como decíamos antes, hay una mordaza para cada ocasión:

– Una primera experiencia: una con una pequeña bola de silicona o de plástico con agujeros es ideal; te acostumbras a la sensación, tienes mayor facilidad para respirar…

– Una escena en la que quieres poder meter cosas en la boca o tentar con la idea: las gags de anillo o de araña son tus mejores aliadas.Pero, cuidado, muchas veces son de metal y, por tanto, ¡morderlas te puede salir caro!

No obstante, si buscas insonorizar, necesitarás una que además de bola tenga una almohadilla externa o una capucha adherida. Ten en cuenta que, cuanta menos cara vemos, más necesidad tendremos de señales de seguridad. Por lo que este tipo de juguetes es mejor probarlos con experiencia (con el juguete, el juego y la persona con quien juegues).

– Cuando necesitas algo más: también las hay más bizarras, como por ejemplo las que tienen la parte interna inflable. Obviamente, es un juego que requiere de mucha confianza y mucho (auto)conocimiento.

– El postureo: why not? también nos gusta ser coquetxs y debo reconocer que hay mordazas con bola de cristal que veo muy peligrosas para los dientes pero que pueden quedar realmente preciosas en la foto adecuada.

At last, but not least:

Nunca infravaloréis el riesgo de este juguete. Nunca penséis que es inocuo sólo porque es muy común. Safety first. Actúa de forma sensata y sé consciente de los riesgos:

Primero y antes de introducir este juguete en tus juegos, párate a pensar en todos sus efectos, bondades y complicaciones. Es un juguete de restricción, impide el habla (algunas de las más complejas también parte del ruido), por lo que tendrás que optar por una “señal de seguridad” que sustituya a la palabra de seguridad. A su vez, también restringes una de las vías respiratorias con varias de ellas, por lo que es un juguete a poder descartar en periodos de gripe o alergia si eres una persona que no aprecia la sensación de asfixia.

Además, hay que tener en cuenta la salivación, es decir, no es deseable que estés en una posición donde puedas ahogarte fácilmente con tus propias babas (por ejemplo: boca arriba y sin tener la cabeza más alta que el cuerpo). Todas las posturas que faciliten que controles cuando tragas o que ayuden a expulsar el exceso de salivación son bienvenidas. Es más, hay quien las usa por el valor añadido erótico que le puede dar a una escena ver un reguero de babas. Para gustos, colores, ¡no seáis juzgones pero sí jugones!

De Peculiares

¿Conoces el age play?

¿Conoces el age play?

10 de mayo de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Una Lolita con sus gafas de sol, su piruleta y su minifalda de colegiala. Eso es lo que a la gente le viene a la mente cuando piensa en el “age play” (juego de edad). Sin embargo, ¿qué hay más allá del cliché más conocido a lo largo y ancho de la red? Igual que hay Papis, hay Mamis, littles con todo tipo de identidades ¡y mucha más complejidad! ¿Te atreves a descubrir más?

Hay vida más allá del cliché de “ser una niña muy mala que se ha ganado unos azotes”. Esta escena que genera tantas atracciones como aversiones, es la única que nos suele venir a la mente cuando pensamos en “age play” y ello se debe a que, como en otras tantas cosas, se ha visibilizado sólo una perspectiva sesgada, muy coitocéntrica y, como no, lo más cisteheronormativa posible. Pero el age play no acaba en la cama ni en las relaciones con un hombre Top y una mujer bottom.

Se considera age play todo juego, encuentro e incluso relación donde las personas que forman parte de ella deciden libremente interpretar tener una edad que no es exactamente la suya e interactuar con la otra parte desde ese rol y esa edad ficticias.

 

“Little, yo soy tu Papi”

 

Hablando en plata: no, no es guay usar el DDlg (Daddy Dom little girl) como excusa para follarse quinceañeras y veinteañeras, desatender completamente a la gente y simplemente cumplir el cliché de llamarlas “mi niña” para destrozarlas física y psicológicamente. Eso es abuso sostenido en un engaño, por si fuera poco. Es decir, eso es kakita.

El age play es una posibilidad abierta a todo tipo de parejas y todo tipo de representaciones de roles de personas menores y personas adultas. No obstante, en este artículo nos centramos en esas relaciones que reflejan un rol p/marental y un rol de persona descendiente.

Como todo juego de roles del BDSM no se limita sólo al encuentro, se puede expandir a la propia relación. Tendemos a genitalizar el BDSM tanto que no imaginamos que situaciones performadas por quienes lo practican se reflejen a lo largo del día y sean parte de su erótica. Pero así es.

Por ejemplo, una little puede desear que le lean un cuento y ya, sin masturbación ni penetración, simplemente porque le lean el dichoso cuento. SÍ, SE PUEDE.

Lo sé, esto os ha cortocircuitado, pero me limitaré a recordar que son dos personas adultas que han consensuado ése juego y que, lo más importante, ese juego les es satisfactorio y beneficioso para su buenvivir.

Cuando estas dinámicas se expanden en la relación, las prácticas que reflejan crianza y cuidado son de alta importancia y parte del día a día. Cosa que no es precisamente lo que nos imaginamos cuando alguien nos dice BDSM (solemos imaginar gritos y malas formas). Que, #ojocuidao, tampoco quiero decir que sin Ageplay el BDSM sean gritos y malas formas.

Dicho esto, déjame desmontarte unas cuantas dudas:

Pero, entonces, ¿a esta peña le pone ir en pañales y esas historias?

Sí… y no. Dentro de las relaciones de este tipo quien interpreta el rol de la persona menor puede encarnar edades o franjas muy dispares que suelen diferenciarse con las siguientes categorías: baby, little, middle y teen. Es más, hay una siglas, ABDL (Adult Baby Diaper Lover) para referirse estrictamente a las personas que actúan como si fuesen bebés y adoran los pañales. Esta parte del colectivo tiende a ser especialmente ridiculizada en teleseries policíacas de asesinatos (no daré nombres), donde ya sabéis que quien sea “rarito eróticamente hablando” suele acabar muerto.

¡Esta gente tiene traumas fijo!

Repito respuesta aún a riesgo de sonar cancina (y, además, patologizante): sí… y no. Hay practicantes que son conscientes de que en algún momento de su niñez vivieron situaciones difíciles y es a través de la vivencia de la niñez fingida que consiguen resignificar o darle la vuelta. (Para muestra, un botón: el caso de la chica que revivía su infancia con su pareja actual. )

 Sin embargo, también existen quienes, simplemente, lo ven agradable, incluso excitante y lo hacen. Puesto que, contra lo que aún mucha gente opina por sus prejuicios, tanto un rol Top como un rol bottom pueden ser una vía de liberarse, desestresarse, desconectar.

Y, ¿si creo que me mola, qué coño hago?

Bueno, sí crees que estas relaciones o algunas de estas prácticas (llevar chupete, usar pañales, que te lean cuentos, que te ayuden a prepararte y vestirte como si fueras peque… ¡¡qué sé yo!!) llaman tu atención, como siempre, recomiendo acercamiento con cautela.

En primer lugar, escoge un buen momento para explicar a tu pareja qué deseas y cómo lo deseas; cuanta más tranquilidad y tiempo, más fácil será para todas las partes. En segundo lugar, no escojáis las cuestiones más difíciles y más intensas de entrada, poco a poco, en adelante tendréis todo el tiempo del mundo para seguir explorando. Por último y no menos importante, ¡experimenta, revisa y sigue disfrutando!

De Peculiares

¿Qué significa ‘Switch’ dentro del BDSM?

¿Qué significa ‘Switches’ dentro del BDSM?

21 de marzo de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Seguro has intentado leer este palabro y se te ha atascado la lengua en varios puntos. Tranqui, con un poco de entrenamiento, se va mejorando. Pero si ya pronunciarlo tiene su aquel, ni os cuento definirlo… ¡y entenderlo! Aunque partimos de una base que parece fácil: personas con capacidad para ser tanto dominantes o tops como sumisas o bottom. Pero esto no es tan fácil como quedarse solo con esa definición.

Para explicar qué significa switch seguramente tendremos que explicar otro par de cosas antes:

  • Debemos tener en cuenta que en este artículo acogemos como personas que practican el BDSM desde quienes de vez en cuando “aderezan sus encuentros eróticos” a quienes lo viven como base de su propia relación.
  • Además, en adelante utilizaremos los conceptos top y bottom entendiéndose como etiquetas abanico (ya que las etiquetas dom y sub no acogen en su seno a quienes viven sólo el sadismo y el masoquismo).

Dicho lo cual, hagamos un listado de quiénes sí son switch:

  • Quienes en diferentes relaciones pueden tener diferentes roles.
  • Quienes dentro de una misma relación o un mismo encuentro pueden desarrollar diferentes roles.
  • Quienes, dependiendo de estímulos externos o propios (su estado de ánimo, su tipo de deseo predominante ese día…), se decantan por un rol u otro en función de la relación o el encuentro.
Imagen de Stuart F Taylor
Imagen de Stuart F Taylor

Pero, todas estas personas requieren de un punto crucial para ser switch: considerarse y vivirse como tal. Quiero subrayar este punto porque, tan feo es decir que los switch no existen como etiquetar a alguien desde fuera. Si creemos que alguien está en un armario, sacarle a la fuerza seguramente no será un gran plan de ayuda.

Por si el desconocimiento externo fuese poca ayuda, también las personas switch viven a veces situaciones de discriminación y menosprecio dentro de la propia escena BDSM. Siendo así objetivo de falsos mitos similares a los de las personas bisexuales (son personas promiscuas, no son de fiar porque pueden irse con cualquiera…). Pero no me corresponde hoy desvelar todo sobre los switches, en este artículo la idea es presentarlo y definirlo, aclararé más entresijos sobre el término y el BDSM en siguientes artículos.

De Peculiares

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

22 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Una conocidísima actriz porno a la que no voy a mencionar, porque creo que ya bastante le hemos gastado el nombre estas semanas, compartía hace poco su experiencia de maltrato. El objetivo: visibilizar relaciones de maltrato y tóxicas, los modus operandi de quienes maltratan y sacar a la luz su historia. Ante esto, la gente, que nos gusta poco opinar, nos hemos puesto a cacarear como gallinas, siendo la última en sumarse al carro con su habitual sensacionalismo, cierta muñeca que no ha dudado en emponzoñar una minoría erótica. Ante semejante desfachatez, mi respuesta es clara: NO sin el BDSM.

“In absentia luci, tenebrae vincunt”. Frasaza que aprendí siendo una renacuaja de la vida, incluso antes de comenzar a estudiar latín y que siempre me fascinó: “en ausencia de luz, las tinieblas ganan”. Con todo el horror que me genera reconocerlo, pero, si hay un aspecto de la vida humana en el que esta frase se vuelve una realidad innegable es en la sexualidad, en la erótica.

Además, esto pasa a diestro y siniestro, en el sentido más político de la expresión. Es decir, da igual que te vayas donde los que sueñan con un mundo como ‘El Cuento de la Criada’ o si te arrimas a la compa más feminista de tu panda. La sexualidad, especialmente las minorías eróticas, dan miedito, generan dudas, preguntas y a veces, hasta recelo, cuestionamiento y odio.

Esto es básicamente lo que ha vuelto a conseguir minuto y poco de gloria dado al caso de dos mujeres maltratadas cuyas relaciones estaban ligadas al BDSM: enturbiar la opinión social sobre una minoría erótica.

Por si antes no costase poco reconocerse, aceptarse, explorarse, informarse… llegó el sensacionalismo vacío y mete-miedo a complicarlo todo.

No, no voy a ser una mentirosa. No voy a decir que el BDSM es “fácil, sencillo y para toda la familia”, “coser y cantar” y que “vivimos en armonía”. Quienes practican BDSM lo hacen en un contexto social desigual, entre otras variables por una cosa llamada Patriarcado y eso no facilita las cosas. Los riesgos son múltiples y algunas de sus prácticas se basan en un innegable menoscabo del concepto de salud más amplio. La complejidad es gigantesca desde el minuto 0.

Pero, sinceramente, los armarios no son la manera de prevenir y combatir casos de maltrato. Estigmatizar a todo un colectivo por un tipo de violencia que transciende sociedades y se manifiesta a lo largo y ancho del mundo es, cuanto menos, peligroso. Me atrevería a decir que es malintencionado, incluso.

Lo peor de todo es que quien lo hace, lo realiza desde sus tropocientosmil followers, desde su total comodidad y desconocimiento de la comunidad, de quienes practican BDSM y de a quienes lanza un mensaje claro: “tienes un problema, no eres normal”.

Sinceramente, yo me niego a un feminismo tan vacío de todo; de reflexión, de preguntas, de cuestionamiento y de ir un paso más allá de los discursos hegemónicos. Aún me niego de forma más rotunda si me lo plantean a pagar con un precio tan alto como renunciar a una minoría erótica como cultivable. No, no creo que si matamos al perro se acabe el problema de la rabia. Por eso, sorry not sorry, yo digo que NO sin el BDSM.

De Peculiares

El placer de sufrir con pole dance

Pole Dance

8 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Cuando me acerqué a esta disciplina gimnástica, sabía que me costaría horrores, más que nada porque todo deporte requiere de esfuerzo, de sudar la camiseta (literalmente). En lo que no pensé fue en que los horrores serían tan dolorosos… ¡y satisfactorios a la vez! ¿Nunca os ha pasado que os enganchais al dolorcillo de un deporte? Hoy os comparto mi experiencia y os cuento por qué.

“Voy a clases de pole” – “¿De qué?” – “De lo de la barra”… en ese momento sabes que la idea que tiene la gente del pole dance es similar a la que tenías tú (oh, pequeña incauta) antes de asistir a clases. Todos nos hemos educado con imágenes de mujeres hipersexys con curvas de escándalo refregándose como si no hubiera un mañana, pero no.

Pole es mucho más variado, diverso, entretenido… aunque también doloroso. Sí, has leído bien, doloroso.

Mi experiencia comenzó en Poledance Bilbao (¿os tengo que decir en qué ciudad?) con la maravillosa JanLo @janlo_theblackmamba. Mis últimos meses allí fueron un locurote, así que no fue hasta que no llegué a Madrid Pole Dance Studio que no conocí el dolor de primera mano.

En esta escuela, mis torturadoras y torturadores, digo… profesorado, ha sido muy variado. Y, ojo, aunque torturadorxs, ¡maravillosxs todxs!

Seguro que sigue habiendo mucha persona incrédula al otro lado de la pantalla diciendo “no puede ser para tanto”. Ok, hablemos pues de los DOLORES HABITUALES pre, durante y post pole:

- Las rojeces y quemaduras: o como también se les dice por quitar hierro, “los besitos de la barra”. La barra de pole nos quiere mucho, se nos agarra, se nos abraza a la piel desnuda… y eso se nota. Por ejemplo, no hay empeine de pies sin rojez ni cicatriz, ¡un horror para el feet fetish! Muy importante que identifiques cuándo te estás soltando de la barra por dolor y cuándo por resbalar de verdad. Si es por dolor y te añades magnesio… ¡el besito va a ser más gordo!

- Los moratones: algunas figuras y movimientos requieren pellizcos en la piel. Con el tiempo, tu piel se endurecerá y tus músculos se fortalecerán; pero ve avisando a todo el mundo de lo que puede encontrar. Aún recuerdo cuando dije a una compa que los moratones “eran por Pole” y me respondió “¿¡Quién es Paul!?”. Evita malentendidos, informa de que haces este deporte y disfruta de las respuestas estrafalarias.

- Las agujetas: obvio. Como cualquier deporte, pole dance también da agujetas. Lo más gracioso, al menos en mi caso, es que según pasan los días desde la última clase, éstas aparecen por diferentes zonas de mi cuerpo; ¡tortura al completo! Pero, ¿y lo bien que te sientes porque sabes que te estás esforzando?

- Callos y durezas: Siempre lo dice nuestro querido Quique (@eurokique) “quienes llevan mucho tiempo en pole tienen cuerpos divinos y esculturales y las manos de un rudo marinero”. Tus manos irán mejorando su agarre y eso será a base de generar callo y dureza, asume que manitas de princesa, ¡nevermore!

- Si lo tuyo es con coreo, ¡los tacones!: dependiendo de la academia, la modalidad de la clase varía. Si acabas en una clase en la que aprenderás coreografías y te dicen que tienes que llevarte los tacones, ¡prepárate! Le sumamos en sensualidad, pero también en dificultad.

- Lidiar con la frustración: en cierto modo es un dolor psicológico y nada fácil. Mucho menos cuando llegas a una clase que te la sabes y, de repente, ese día, tu cuerpo, los astros, el Kharma, ha decidido que NO. “Esos malditos días” los tiene todo el mundo. Así que, acepta que no va a poder ser pero sigue practicando. Sólo para quienes son constantes y tenaces acaba funcionando.

- No poder ir a más clases: ya sea por pasta (aunque, normalmente, si podemos quitarnos de otros vicios, nos quitamos; todo sea por el pole) o por tiempos, pero siempre encontramos un límite a nuestros deseos de asistir más y más… Y este, queridísimos seres al otro lado de la pantalla, es el mayor de los dolores.

En definitiva, si te has planteado empezar en pole pero tienes dudas, ten claro que duele. Eso es así, sobre todo al principio, todo te duele. Luego, como a los tangas, te vas acostumbrando… ¡hasta te va gustando! Así que, ármate de valor, respira hondo, ¡y a por la barra!

Pero, hablando ahora en serio, ¿son tales los BENEFICIOS reales de estar sudando y generándote rozaduras y rojeces por todo el cuerpo así como moratones? Sí, a continuación te resumo los que para mí han sido más importantes:

- Lecciones sobre tenacidad y constancia: hay semanas que no sabes ni entrar al vestuario y otras en las que lo bordas (casi) todo. Pero el aprendizaje es claro: el éxito rara vez es resultado del azar. Concentrarte en objetivos, analizarlos bien y, cómo no, insistir hasta que salga se convierte en un mantra vital para ti.

- Sexy y poderosa tanto como rosa y sudorosa: realizar un deporte físico de nuestro agrado ayuda a cuidar la figura pero también a aumentar la musculatura frente a la grasa. A sentirnos mejor con nosotras mismas, pero no sólo por el físico, también por el chute de endorfinas. Los nervios, los enfados, la tristeza… todo puede ser bien agotado por una barra de pole.

- Para no escoñarte, también necesitas cerebro: tanto si aún sólo montas figuras como si ya haces coreografías, la memoria cognitiva y corporal de “qué hay que hacer” es imprescindible para un gran dominio de los movimientos sin necesidad de imitar. De ahí que el esfuerzo físico suele ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.

De Peculiares

“No bailo twerk para que veas cómo follo”

Jack Gómez

jack gómez

Arriesgado, luchador y alegre, así es Jack Gómez, el ganador del concurso internacional 2018 de twerk en Rusia, el truetwerkcamp.

17 de diciembre de 2018

Entrevista de Norma J. Brau

En un mundo considerado principalmente femenino, Jack ha conseguido desbancar a los concursantes y hacerse con el premio. Nacido y formado tanto en Baile como en Pedagogía en Colombia, decidió venirse a España para dar vida a sus proyectos. Ahora da clases y workshops puntuales, ha sido ya jurado en un concurso de twerk en España y de cara al año que viene tiene muchas más aventuras pendientes.

Queda claro que te gusta bailar, pero si tuvieras que quedarte con un tipo de baile, ¿con cuál sería?

El baile que más me apasiona, sin duda, es el afro. La danza africana me mata. De hecho, gracias a ello conocí el twerk, así que es la que más me apasiona bailar. La danza africana fue el primer baile que yo conocí, el primero que toqué, y eso fue con unos 14 años.

¡Así que ya llevas un tiempo bailando!

Sí, con 14 años empecé a bailar danzas africanas y tengo… 22, o sea que, llevo ya bastante, unos 8 años en el baile.

¿Los mismos años que en el twerk?

Con el twerk empecé con unos 16-17 años, un poco más tarde, (ríe) y fue gracias a la danza africana con la que me di cuenta de que la danza, sobre todo esta, viene de y tiene muchos rituales de sexualidad femenina. En muchos de esos bailes ellas mueven el culo de forma ritual para celebrar su sexualidad y fertilidad. Durante mucho tiempo estuve investigando y curioseando, pero en esa época no encontré ni clases ni nada similar. Menos mal que con el tiempo el twerk fue poniéndose de moda y pude informarme y formarme mejor.

Para quienes aún no lo conocen, ¿qué es el twerk?

El twerk es un baile que está asentado en el movimiento de la cadera, pero que te exige muchísimas cosas más, como por ejemplo: resistencia física, fuerza de brazos, fuerza abdominal, incluso incorpora las acrobacias en el baile.

Pero el twek no es un baile nuevo.

Eso es. El twerk tiene raíces africanas pero se desarrolló en Nueva Orleans en los 90. Allí una persona afro era considerada lo peor y ya si eras gay y afro, ¡pues olvídate de existir! Fue por aquella época cuando ellos crearon sus espacios, llevaban a sus DJs que les ponían su música y hacían sus bailes que consistían básicamente en mover el culo. Fue el baile el que les llevo a pensar que tenían que revolucionar la sociedad, estaban cansados de tanta opresión por parte de la sociedad y empezaron a salir y a surgir. Obviamente, la revolución no fue sólo a través del baile, pero el twerk que allí se conoce como bounce, fue una herramienta muy potente para hacerlo.

Entrevista a Jack Gómez¿Pero tú cómo llegaste al twerk?

Tenía un grupo de amigas y siempre les decía: “Pues yo muevo el culo, ¡hagamos coreografías moviendo el culo!”; y ellas se apuntaban. No salió de ahí hasta que hasta que un día en una muestra de talentos, yo dije que iba a mover el culo, me puse a mover el culo y una chica se me acercó y me dijo que si bailaba twerk, ¡y yo no sabía ni lo que era eso! (ríe recordando) y mi respuesta fue: “Yo muevo el culo, yo no hago nada más que mover el culo”. Desde entonces me picó la curiosidad, empecé a investigar y aprendí mucho. Vi que era más que un baile, que tiene mucha trascendencia, que tiene mucha revolución, más allá de lo que es sólo el baile.

Este año has ganado el truetwerkcamp, concurso donde solo estabais dos hombres, ¿crees que el twerk está considerado de mujeres?

Sí, pero depende de la cultura y del entorno. En Nueva Orleans son los hombres quienes lo han visibilizado y ahora es parte de su cultura. Pero si que es cierto que si nos vamos a esta parte del mundo, para la gente no es normal que un chico mueva el culo. Me he topado con muchísima gente que se impresiona al verme bailar, pero no tanto por el hecho de que lo haga bien o lo haga mal, sino por el hecho de que soy un chico.

¿Por qué crees que pasa esto?

Básicamente porque el twerk se está vendiendo así. Lo están vendiendo en los videoclips, en las redes sociales, en la televisión con mujeres estupendas bailando en tanga. No se está visibilizando mucho a los chicos, aunque las cosas están cambiando, ahora hay más visibilidad que nunca y estamos demostrando que los chicos también estamos en este baile. Todo ello a pesar de la reapropiación y del uso dirigido hacia las chicas que suele tener.

Mucha gente dice que el twerk es sexista, ¿qué opinas de esa afirmación?  

Que es completamente errónea. La gente que ve en el twerk algo sexista, además de verlo como un baile en el que sólo hay chicas, ven el twerk como un baile dirigido a lo sexual. Es decir, a atraer para luego tener un encuentro. O sea, ni si quiera lo ven como un baile lo ven como mover el culo que es sinónimo de que te guste follar. Se piensan que es de tías que les gusta follar, porque les encanta que… (se ríe) que sí, que nos encanta, pero porque es algo normal. Pero que no bailamos para ello. Yo no bailo twerk para que vean cómo follo, bailo porque me encanta, porque me gusta cómo me veo, porque me ayuda a liberarme.

¿Qué sentiste al ganar el campeonato en Rusia?

Yo creo que ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Pero no sólo por el hecho de ganar, sino porque en Rusia la sociedad es muy homófoba. Iba con muchísimo miedo pensando en lo que me podrían decir, porque además era un evento público; no iba sólo gente del mundo del baile que, dentro de lo que cabe, tiende a ser más abierta. Nos acogemos más entre nosotros. Pero me dije: “si no hay un primer chico o unos primeros chicos que lo hagamos, nadie lo va a querer hacer”. Y por eso me animé al final. Cuando gané, no me creía que fuera cierto. Lo mejor ha sido que muchísima gente de Rusia me ha escrito sintiéndose orgulloso de lo que he hecho y, además, animados para empezar a bailar twerk.

¿Qué aprendiste de ese viaje?

Muchísimas cosas. Pude aprender de mis ídolas, de las personas a las que yo empecé a seguir cuando empecé a bailar y descubrí una faceta de mí que no conocía. Siempre he tenido mucho miedo, a pesar de que me considero muy valiente, de enfrentarme a ciertas cosas, como por ejemplo a la homofobia. Me di cuenta de que con mi baile puedo ser libre tanto aquí como allí. Como en cualquier otro país, puedo ser yo mismo y puedo bailar y sacar lo mejor de mí bailando, que es lo que siempre he querido hacer.

jack gómez

¿Crees que tiene su parte de erotismo o seducción?

Depende de la persona que lo baile y con la intencionalidad que lo baile. Pero no sólo el twerk, sino cualquier tipo de baile. Si sabes bailar y quieres seducir a alguien, va a ser mucho más fácil, pero por lo que desarrollas con el baile. No es que el twerk sea erótico sino que si tú quieres que lo sea, lo puedes hacer y está genial que lo hagas. Al ser una forma de expresión corporal, puede serlo.

En tu caso, ¿el twerk te ha ayudado a sentir el cuerpo más erótico?

Sí, sí, sin duda. Aprendes a explorarte más y aprendes a encontrarte partes de tu cuerpo que ves preciosas. Que digan lo que digan, todos hemos bailado en casa en boxers o ropa interior y nos hemos mirado en el espejo sintiéndonos súper sexys. Todos nos hemos gustado y hemos movido el culete. Al final, te curioseas, te tocas y te buscas. Pero, si te das cuenta, todo lo que aprendes no ya del baile sino de cómo moverte, te va a dar seguridad y lo vas a demostrar ya sea bailando o en cualquier otra faceta de tu vida cotidiana.

Si tuvieras que marcar un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

Ahora que lo pienso, es curioso y no mera casualidad, coincidió con mi andadura en el twerk. Empecé a explorar mi cuerpo en clase y al sentirme yo más seguro conmigo mismo y al quererme más, también quise explorar mi cuerpo desde un plano más sensual y sensitivo.

De cara al futuro y al presente, ¿qué tienes planeado?

Actualmente tengo varios proyectos sobre la mesa. Uno de ellos es Twerk Diverso, a través del cual quiero enseñar que el twerk es para todo el mundo y a su vez darle más visibilidad al propio twerk. Estoy cansado de que nos enseñen sólo los cuerpos perfectos, quiero mostrar que todas las personas pueden bailar twerk. Por eso el día 25 de noviembre nos reunimos para tomar las calles de Madrid con el twerk bajo el lema de Emma Goldman “Si no puedo bailar, no es mi revolución”. De otros proyectos, no puedo decir mucho (ríe), solo que voy a hacer colaboraciones con gente muy importante y conocida del twerk y que próximamente habrá mucho twerk en la tele.

 

 

De Peculiares

Hormonas: ¿son tan buena decisión?

10 de noviembre de 2018

Norma J. Brau, Sexuenea

Ni os imagináis la de veces que he empezado este artículo. No es fácil escribir sobre algo vivido en primera persona procurando ser neutral o no excesivamente posicionada. La verdad, mientras escribo estas líneas tampoco tengo muy claro qué os contaré. Pero el punto de partida es obvio: los métodos anticonceptivos hormonales no nos dejan indiferentes como tema.

Estaba yo como en segundo año de carrera cuando comencé a tomar las pastillas. Tomé la decisión al ver que mi pareja de entonces no sólo necesitaba una talla especial de preservativo sino que además acababa de desarrollar una alergia al látex (exceso de exposición, dijo el médico, ¡¡ja, exceso!!). Estuve años tomándolas, en realidad, sólo 6 años, pero yo tengo la impresión de que ha sido gran parte de mi vida reproductiva. Al final las dejé porque no me salía rentable económicamente y ya había más oferta de preservativos sin látex, no como hace años. Os lo pregunto directamente, ¿os parece una decisión feminista? La verdad, yo ni lo sé ni me importa.

Pero me importa traer la pregunta porque es una de las preguntas clave en todo este proceso de toma de decisión al que se exponen todas las mujeres que se plantean tomar métodos anticonceptivos hormonales como mecanismo para evitar embarazos (no quiero incluir en el debate a quienes tienen algún tipo de dificultad, eso me parece más complejo aún).

La pregunta se vuelve inevitable porque la duda siempre resuena: ¿lo hago por mí o por él? Durante años, más mujeres de las que imaginaba y muchas más de las que hubiese deseado expresaban que para ellos era mucho más cómodo. Que el condón era muy incómodo y que “cortaba mucho el rollo”. Yo siempre les decía que si tan horriblemente incómodo era, el pene perdería la erección. La respuesta eran risas. Ninguna de ellas se dio cuenta de la intencionalidad de mis palabras.

Una vez leí (lamento en el alma no recordar dónde), que el preservativo era rechazado por los hombres porque “limitar la movilidad de sus fluidos” era algo así como sacrilegio contra el patriarcado. Y, la verdad, viendo no sólo estos argumentos contra el uso del preservativo, sino también la negativa general a que existan anticonceptivos masculinos, da que pensar.

Lo sé. Soy una completa hipócrita, ¿tomarme las pastillas y ahora decir a la gente que no? Pues sí, soy una hipócrita o tal vez una mujer que aprendió mucho de su experiencia. Apenas viví efectos secundarios, pero reencontrarme emocionalmente con mi ciclo ha sido un placer. No tuve un novio que se pensara que estaba de puertas abiertas 24/7 para él y que ignorase mi placer. Y aun así, no hago una buena evaluación.

¿Por qué? Porque, sobre todo, no creo que pueda ser una decisión consciente si ni si quiera conocemos todos los efectos secundarios hasta que no tenemos ya la pastilla en las manos. Porque creo que hay poco seguimiento para todo lo que hay en juego (o te haces análisis privados o espera sentada a que te hagan chequeos de ITS). Porque hay hasta quienes ignoran que la transmisión de ITSs se puede dar sin preservativo y que, por lo tanto, el uso de anticonceptivos hormonales no provoca que puedas pasar del condón.

Sin una buena educación sexual continua y transversal, sin un buen sistema sanitario y un buen seguimiento del caso, utilizar métodos anticonceptivos hormonales me parece una decisión que no se debe tomar a la ligera y que requiere de revisión personal introspectiva. Más que nada, para no caer en todas las trampas de autoconvencimiento que vienen de fuera y atender simplemente a nuestras necesidades.