De Peculiares

¿Qué significa ‘Switch’ dentro del BDSM?

¿Qué significa ‘Switches’ dentro del BDSM?

21 de marzo de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Seguro has intentado leer este palabro y se te ha atascado la lengua en varios puntos. Tranqui, con un poco de entrenamiento, se va mejorando. Pero si ya pronunciarlo tiene su aquel, ni os cuento definirlo… ¡y entenderlo! Aunque partimos de una base que parece fácil: personas con capacidad para ser tanto dominantes o tops como sumisas o bottom. Pero esto no es tan fácil como quedarse solo con esa definición.

Para explicar qué significa switch seguramente tendremos que explicar otro par de cosas antes:

  • Debemos tener en cuenta que en este artículo acogemos como personas que practican el BDSM desde quienes de vez en cuando “aderezan sus encuentros eróticos” a quienes lo viven como base de su propia relación.
  • Además, en adelante utilizaremos los conceptos top y bottom entendiéndose como etiquetas abanico (ya que las etiquetas dom y sub no acogen en su seno a quienes viven sólo el sadismo y el masoquismo).

Dicho lo cual, hagamos un listado de quiénes sí son switch:

  • Quienes en diferentes relaciones pueden tener diferentes roles.
  • Quienes dentro de una misma relación o un mismo encuentro pueden desarrollar diferentes roles.
  • Quienes, dependiendo de estímulos externos o propios (su estado de ánimo, su tipo de deseo predominante ese día…), se decantan por un rol u otro en función de la relación o el encuentro.
Imagen de Stuart F Taylor
Imagen de Stuart F Taylor

Pero, todas estas personas requieren de un punto crucial para ser switch: considerarse y vivirse como tal. Quiero subrayar este punto porque, tan feo es decir que los switch no existen como etiquetar a alguien desde fuera. Si creemos que alguien está en un armario, sacarle a la fuerza seguramente no será un gran plan de ayuda.

Por si el desconocimiento externo fuese poca ayuda, también las personas switch viven a veces situaciones de discriminación y menosprecio dentro de la propia escena BDSM. Siendo así objetivo de falsos mitos similares a los de las personas bisexuales (son personas promiscuas, no son de fiar porque pueden irse con cualquiera…). Pero no me corresponde hoy desvelar todo sobre los switches, en este artículo la idea es presentarlo y definirlo, aclararé más entresijos sobre el término y el BDSM en siguientes artículos.

De Peculiares

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

No sin el BDSM: ¿muerto el perro, se acabó la rabia?

22 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Una conocidísima actriz porno a la que no voy a mencionar, porque creo que ya bastante le hemos gastado el nombre estas semanas, compartía hace poco su experiencia de maltrato. El objetivo: visibilizar relaciones de maltrato y tóxicas, los modus operandi de quienes maltratan y sacar a la luz su historia. Ante esto, la gente, que nos gusta poco opinar, nos hemos puesto a cacarear como gallinas, siendo la última en sumarse al carro con su habitual sensacionalismo, cierta muñeca que no ha dudado en emponzoñar una minoría erótica. Ante semejante desfachatez, mi respuesta es clara: NO sin el BDSM.

“In absentia luci, tenebrae vincunt”. Frasaza que aprendí siendo una renacuaja de la vida, incluso antes de comenzar a estudiar latín y que siempre me fascinó: “en ausencia de luz, las tinieblas ganan”. Con todo el horror que me genera reconocerlo, pero, si hay un aspecto de la vida humana en el que esta frase se vuelve una realidad innegable es en la sexualidad, en la erótica.

Además, esto pasa a diestro y siniestro, en el sentido más político de la expresión. Es decir, da igual que te vayas donde los que sueñan con un mundo como ‘El Cuento de la Criada’ o si te arrimas a la compa más feminista de tu panda. La sexualidad, especialmente las minorías eróticas, dan miedito, generan dudas, preguntas y a veces, hasta recelo, cuestionamiento y odio.

Esto es básicamente lo que ha vuelto a conseguir minuto y poco de gloria dado al caso de dos mujeres maltratadas cuyas relaciones estaban ligadas al BDSM: enturbiar la opinión social sobre una minoría erótica.

Por si antes no costase poco reconocerse, aceptarse, explorarse, informarse… llegó el sensacionalismo vacío y mete-miedo a complicarlo todo.

No, no voy a ser una mentirosa. No voy a decir que el BDSM es “fácil, sencillo y para toda la familia”, “coser y cantar” y que “vivimos en armonía”. Quienes practican BDSM lo hacen en un contexto social desigual, entre otras variables por una cosa llamada Patriarcado y eso no facilita las cosas. Los riesgos son múltiples y algunas de sus prácticas se basan en un innegable menoscabo del concepto de salud más amplio. La complejidad es gigantesca desde el minuto 0.

Pero, sinceramente, los armarios no son la manera de prevenir y combatir casos de maltrato. Estigmatizar a todo un colectivo por un tipo de violencia que transciende sociedades y se manifiesta a lo largo y ancho del mundo es, cuanto menos, peligroso. Me atrevería a decir que es malintencionado, incluso.

Lo peor de todo es que quien lo hace, lo realiza desde sus tropocientosmil followers, desde su total comodidad y desconocimiento de la comunidad, de quienes practican BDSM y de a quienes lanza un mensaje claro: “tienes un problema, no eres normal”.

Sinceramente, yo me niego a un feminismo tan vacío de todo; de reflexión, de preguntas, de cuestionamiento y de ir un paso más allá de los discursos hegemónicos. Aún me niego de forma más rotunda si me lo plantean a pagar con un precio tan alto como renunciar a una minoría erótica como cultivable. No, no creo que si matamos al perro se acabe el problema de la rabia. Por eso, sorry not sorry, yo digo que NO sin el BDSM.

De Peculiares

El placer de sufrir con pole dance

Pole Dance

8 de febrero de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Cuando me acerqué a esta disciplina gimnástica, sabía que me costaría horrores, más que nada porque todo deporte requiere de esfuerzo, de sudar la camiseta (literalmente). En lo que no pensé fue en que los horrores serían tan dolorosos… ¡y satisfactorios a la vez! ¿Nunca os ha pasado que os enganchais al dolorcillo de un deporte? Hoy os comparto mi experiencia y os cuento por qué.

“Voy a clases de pole” – “¿De qué?” – “De lo de la barra”… en ese momento sabes que la idea que tiene la gente del pole dance es similar a la que tenías tú (oh, pequeña incauta) antes de asistir a clases. Todos nos hemos educado con imágenes de mujeres hipersexys con curvas de escándalo refregándose como si no hubiera un mañana, pero no.

Pole es mucho más variado, diverso, entretenido… aunque también doloroso. Sí, has leído bien, doloroso.

Mi experiencia comenzó en Poledance Bilbao (¿os tengo que decir en qué ciudad?) con la maravillosa JanLo @janlo_theblackmamba. Mis últimos meses allí fueron un locurote, así que no fue hasta que no llegué a Madrid Pole Dance Studio que no conocí el dolor de primera mano.

En esta escuela, mis torturadoras y torturadores, digo… profesorado, ha sido muy variado. Y, ojo, aunque torturadorxs, ¡maravillosxs todxs!

Seguro que sigue habiendo mucha persona incrédula al otro lado de la pantalla diciendo “no puede ser para tanto”. Ok, hablemos pues de los DOLORES HABITUALES pre, durante y post pole:

- Las rojeces y quemaduras: o como también se les dice por quitar hierro, “los besitos de la barra”. La barra de pole nos quiere mucho, se nos agarra, se nos abraza a la piel desnuda… y eso se nota. Por ejemplo, no hay empeine de pies sin rojez ni cicatriz, ¡un horror para el feet fetish! Muy importante que identifiques cuándo te estás soltando de la barra por dolor y cuándo por resbalar de verdad. Si es por dolor y te añades magnesio… ¡el besito va a ser más gordo!

- Los moratones: algunas figuras y movimientos requieren pellizcos en la piel. Con el tiempo, tu piel se endurecerá y tus músculos se fortalecerán; pero ve avisando a todo el mundo de lo que puede encontrar. Aún recuerdo cuando dije a una compa que los moratones “eran por Pole” y me respondió “¿¡Quién es Paul!?”. Evita malentendidos, informa de que haces este deporte y disfruta de las respuestas estrafalarias.

- Las agujetas: obvio. Como cualquier deporte, pole dance también da agujetas. Lo más gracioso, al menos en mi caso, es que según pasan los días desde la última clase, éstas aparecen por diferentes zonas de mi cuerpo; ¡tortura al completo! Pero, ¿y lo bien que te sientes porque sabes que te estás esforzando?

- Callos y durezas: Siempre lo dice nuestro querido Quique (@eurokique) “quienes llevan mucho tiempo en pole tienen cuerpos divinos y esculturales y las manos de un rudo marinero”. Tus manos irán mejorando su agarre y eso será a base de generar callo y dureza, asume que manitas de princesa, ¡nevermore!

- Si lo tuyo es con coreo, ¡los tacones!: dependiendo de la academia, la modalidad de la clase varía. Si acabas en una clase en la que aprenderás coreografías y te dicen que tienes que llevarte los tacones, ¡prepárate! Le sumamos en sensualidad, pero también en dificultad.

- Lidiar con la frustración: en cierto modo es un dolor psicológico y nada fácil. Mucho menos cuando llegas a una clase que te la sabes y, de repente, ese día, tu cuerpo, los astros, el Kharma, ha decidido que NO. “Esos malditos días” los tiene todo el mundo. Así que, acepta que no va a poder ser pero sigue practicando. Sólo para quienes son constantes y tenaces acaba funcionando.

- No poder ir a más clases: ya sea por pasta (aunque, normalmente, si podemos quitarnos de otros vicios, nos quitamos; todo sea por el pole) o por tiempos, pero siempre encontramos un límite a nuestros deseos de asistir más y más… Y este, queridísimos seres al otro lado de la pantalla, es el mayor de los dolores.

En definitiva, si te has planteado empezar en pole pero tienes dudas, ten claro que duele. Eso es así, sobre todo al principio, todo te duele. Luego, como a los tangas, te vas acostumbrando… ¡hasta te va gustando! Así que, ármate de valor, respira hondo, ¡y a por la barra!

Pero, hablando ahora en serio, ¿son tales los BENEFICIOS reales de estar sudando y generándote rozaduras y rojeces por todo el cuerpo así como moratones? Sí, a continuación te resumo los que para mí han sido más importantes:

- Lecciones sobre tenacidad y constancia: hay semanas que no sabes ni entrar al vestuario y otras en las que lo bordas (casi) todo. Pero el aprendizaje es claro: el éxito rara vez es resultado del azar. Concentrarte en objetivos, analizarlos bien y, cómo no, insistir hasta que salga se convierte en un mantra vital para ti.

- Sexy y poderosa tanto como rosa y sudorosa: realizar un deporte físico de nuestro agrado ayuda a cuidar la figura pero también a aumentar la musculatura frente a la grasa. A sentirnos mejor con nosotras mismas, pero no sólo por el físico, también por el chute de endorfinas. Los nervios, los enfados, la tristeza… todo puede ser bien agotado por una barra de pole.

- Para no escoñarte, también necesitas cerebro: tanto si aún sólo montas figuras como si ya haces coreografías, la memoria cognitiva y corporal de “qué hay que hacer” es imprescindible para un gran dominio de los movimientos sin necesidad de imitar. De ahí que el esfuerzo físico suele ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.

De Peculiares

“No bailo twerk para que veas cómo follo”

Jack Gómez

jack gómez

Arriesgado, luchador y alegre, así es Jack Gómez, el ganador del concurso internacional 2018 de twerk en Rusia, el truetwerkcamp.

17 de diciembre de 2018

Entrevista de Norma J. Brau

En un mundo considerado principalmente femenino, Jack ha conseguido desbancar a los concursantes y hacerse con el premio. Nacido y formado tanto en Baile como en Pedagogía en Colombia, decidió venirse a España para dar vida a sus proyectos. Ahora da clases y workshops puntuales, ha sido ya jurado en un concurso de twerk en España y de cara al año que viene tiene muchas más aventuras pendientes.

Queda claro que te gusta bailar, pero si tuvieras que quedarte con un tipo de baile, ¿con cuál sería?

El baile que más me apasiona, sin duda, es el afro. La danza africana me mata. De hecho, gracias a ello conocí el twerk, así que es la que más me apasiona bailar. La danza africana fue el primer baile que yo conocí, el primero que toqué, y eso fue con unos 14 años.

¡Así que ya llevas un tiempo bailando!

Sí, con 14 años empecé a bailar danzas africanas y tengo… 22, o sea que, llevo ya bastante, unos 8 años en el baile.

¿Los mismos años que en el twerk?

Con el twerk empecé con unos 16-17 años, un poco más tarde, (ríe) y fue gracias a la danza africana con la que me di cuenta de que la danza, sobre todo esta, viene de y tiene muchos rituales de sexualidad femenina. En muchos de esos bailes ellas mueven el culo de forma ritual para celebrar su sexualidad y fertilidad. Durante mucho tiempo estuve investigando y curioseando, pero en esa época no encontré ni clases ni nada similar. Menos mal que con el tiempo el twerk fue poniéndose de moda y pude informarme y formarme mejor.

Para quienes aún no lo conocen, ¿qué es el twerk?

El twerk es un baile que está asentado en el movimiento de la cadera, pero que te exige muchísimas cosas más, como por ejemplo: resistencia física, fuerza de brazos, fuerza abdominal, incluso incorpora las acrobacias en el baile.

Pero el twek no es un baile nuevo.

Eso es. El twerk tiene raíces africanas pero se desarrolló en Nueva Orleans en los 90. Allí una persona afro era considerada lo peor y ya si eras gay y afro, ¡pues olvídate de existir! Fue por aquella época cuando ellos crearon sus espacios, llevaban a sus DJs que les ponían su música y hacían sus bailes que consistían básicamente en mover el culo. Fue el baile el que les llevo a pensar que tenían que revolucionar la sociedad, estaban cansados de tanta opresión por parte de la sociedad y empezaron a salir y a surgir. Obviamente, la revolución no fue sólo a través del baile, pero el twerk que allí se conoce como bounce, fue una herramienta muy potente para hacerlo.

Entrevista a Jack Gómez¿Pero tú cómo llegaste al twerk?

Tenía un grupo de amigas y siempre les decía: “Pues yo muevo el culo, ¡hagamos coreografías moviendo el culo!”; y ellas se apuntaban. No salió de ahí hasta que hasta que un día en una muestra de talentos, yo dije que iba a mover el culo, me puse a mover el culo y una chica se me acercó y me dijo que si bailaba twerk, ¡y yo no sabía ni lo que era eso! (ríe recordando) y mi respuesta fue: “Yo muevo el culo, yo no hago nada más que mover el culo”. Desde entonces me picó la curiosidad, empecé a investigar y aprendí mucho. Vi que era más que un baile, que tiene mucha trascendencia, que tiene mucha revolución, más allá de lo que es sólo el baile.

Este año has ganado el truetwerkcamp, concurso donde solo estabais dos hombres, ¿crees que el twerk está considerado de mujeres?

Sí, pero depende de la cultura y del entorno. En Nueva Orleans son los hombres quienes lo han visibilizado y ahora es parte de su cultura. Pero si que es cierto que si nos vamos a esta parte del mundo, para la gente no es normal que un chico mueva el culo. Me he topado con muchísima gente que se impresiona al verme bailar, pero no tanto por el hecho de que lo haga bien o lo haga mal, sino por el hecho de que soy un chico.

¿Por qué crees que pasa esto?

Básicamente porque el twerk se está vendiendo así. Lo están vendiendo en los videoclips, en las redes sociales, en la televisión con mujeres estupendas bailando en tanga. No se está visibilizando mucho a los chicos, aunque las cosas están cambiando, ahora hay más visibilidad que nunca y estamos demostrando que los chicos también estamos en este baile. Todo ello a pesar de la reapropiación y del uso dirigido hacia las chicas que suele tener.

Mucha gente dice que el twerk es sexista, ¿qué opinas de esa afirmación?  

Que es completamente errónea. La gente que ve en el twerk algo sexista, además de verlo como un baile en el que sólo hay chicas, ven el twerk como un baile dirigido a lo sexual. Es decir, a atraer para luego tener un encuentro. O sea, ni si quiera lo ven como un baile lo ven como mover el culo que es sinónimo de que te guste follar. Se piensan que es de tías que les gusta follar, porque les encanta que… (se ríe) que sí, que nos encanta, pero porque es algo normal. Pero que no bailamos para ello. Yo no bailo twerk para que vean cómo follo, bailo porque me encanta, porque me gusta cómo me veo, porque me ayuda a liberarme.

¿Qué sentiste al ganar el campeonato en Rusia?

Yo creo que ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Pero no sólo por el hecho de ganar, sino porque en Rusia la sociedad es muy homófoba. Iba con muchísimo miedo pensando en lo que me podrían decir, porque además era un evento público; no iba sólo gente del mundo del baile que, dentro de lo que cabe, tiende a ser más abierta. Nos acogemos más entre nosotros. Pero me dije: “si no hay un primer chico o unos primeros chicos que lo hagamos, nadie lo va a querer hacer”. Y por eso me animé al final. Cuando gané, no me creía que fuera cierto. Lo mejor ha sido que muchísima gente de Rusia me ha escrito sintiéndose orgulloso de lo que he hecho y, además, animados para empezar a bailar twerk.

¿Qué aprendiste de ese viaje?

Muchísimas cosas. Pude aprender de mis ídolas, de las personas a las que yo empecé a seguir cuando empecé a bailar y descubrí una faceta de mí que no conocía. Siempre he tenido mucho miedo, a pesar de que me considero muy valiente, de enfrentarme a ciertas cosas, como por ejemplo a la homofobia. Me di cuenta de que con mi baile puedo ser libre tanto aquí como allí. Como en cualquier otro país, puedo ser yo mismo y puedo bailar y sacar lo mejor de mí bailando, que es lo que siempre he querido hacer.

jack gómez

¿Crees que tiene su parte de erotismo o seducción?

Depende de la persona que lo baile y con la intencionalidad que lo baile. Pero no sólo el twerk, sino cualquier tipo de baile. Si sabes bailar y quieres seducir a alguien, va a ser mucho más fácil, pero por lo que desarrollas con el baile. No es que el twerk sea erótico sino que si tú quieres que lo sea, lo puedes hacer y está genial que lo hagas. Al ser una forma de expresión corporal, puede serlo.

En tu caso, ¿el twerk te ha ayudado a sentir el cuerpo más erótico?

Sí, sí, sin duda. Aprendes a explorarte más y aprendes a encontrarte partes de tu cuerpo que ves preciosas. Que digan lo que digan, todos hemos bailado en casa en boxers o ropa interior y nos hemos mirado en el espejo sintiéndonos súper sexys. Todos nos hemos gustado y hemos movido el culete. Al final, te curioseas, te tocas y te buscas. Pero, si te das cuenta, todo lo que aprendes no ya del baile sino de cómo moverte, te va a dar seguridad y lo vas a demostrar ya sea bailando o en cualquier otra faceta de tu vida cotidiana.

Si tuvieras que marcar un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

Ahora que lo pienso, es curioso y no mera casualidad, coincidió con mi andadura en el twerk. Empecé a explorar mi cuerpo en clase y al sentirme yo más seguro conmigo mismo y al quererme más, también quise explorar mi cuerpo desde un plano más sensual y sensitivo.

De cara al futuro y al presente, ¿qué tienes planeado?

Actualmente tengo varios proyectos sobre la mesa. Uno de ellos es Twerk Diverso, a través del cual quiero enseñar que el twerk es para todo el mundo y a su vez darle más visibilidad al propio twerk. Estoy cansado de que nos enseñen sólo los cuerpos perfectos, quiero mostrar que todas las personas pueden bailar twerk. Por eso el día 25 de noviembre nos reunimos para tomar las calles de Madrid con el twerk bajo el lema de Emma Goldman “Si no puedo bailar, no es mi revolución”. De otros proyectos, no puedo decir mucho (ríe), solo que voy a hacer colaboraciones con gente muy importante y conocida del twerk y que próximamente habrá mucho twerk en la tele.

 

 

De Peculiares

Hormonas: ¿son tan buena decisión?

10 de noviembre de 2018

Norma J. Brau, Sexuenea

Ni os imagináis la de veces que he empezado este artículo. No es fácil escribir sobre algo vivido en primera persona procurando ser neutral o no excesivamente posicionada. La verdad, mientras escribo estas líneas tampoco tengo muy claro qué os contaré. Pero el punto de partida es obvio: los métodos anticonceptivos hormonales no nos dejan indiferentes como tema.

Estaba yo como en segundo año de carrera cuando comencé a tomar las pastillas. Tomé la decisión al ver que mi pareja de entonces no sólo necesitaba una talla especial de preservativo sino que además acababa de desarrollar una alergia al látex (exceso de exposición, dijo el médico, ¡¡ja, exceso!!). Estuve años tomándolas, en realidad, sólo 6 años, pero yo tengo la impresión de que ha sido gran parte de mi vida reproductiva. Al final las dejé porque no me salía rentable económicamente y ya había más oferta de preservativos sin látex, no como hace años. Os lo pregunto directamente, ¿os parece una decisión feminista? La verdad, yo ni lo sé ni me importa.

Pero me importa traer la pregunta porque es una de las preguntas clave en todo este proceso de toma de decisión al que se exponen todas las mujeres que se plantean tomar métodos anticonceptivos hormonales como mecanismo para evitar embarazos (no quiero incluir en el debate a quienes tienen algún tipo de dificultad, eso me parece más complejo aún).

La pregunta se vuelve inevitable porque la duda siempre resuena: ¿lo hago por mí o por él? Durante años, más mujeres de las que imaginaba y muchas más de las que hubiese deseado expresaban que para ellos era mucho más cómodo. Que el condón era muy incómodo y que “cortaba mucho el rollo”. Yo siempre les decía que si tan horriblemente incómodo era, el pene perdería la erección. La respuesta eran risas. Ninguna de ellas se dio cuenta de la intencionalidad de mis palabras.

Una vez leí (lamento en el alma no recordar dónde), que el preservativo era rechazado por los hombres porque “limitar la movilidad de sus fluidos” era algo así como sacrilegio contra el patriarcado. Y, la verdad, viendo no sólo estos argumentos contra el uso del preservativo, sino también la negativa general a que existan anticonceptivos masculinos, da que pensar.

Lo sé. Soy una completa hipócrita, ¿tomarme las pastillas y ahora decir a la gente que no? Pues sí, soy una hipócrita o tal vez una mujer que aprendió mucho de su experiencia. Apenas viví efectos secundarios, pero reencontrarme emocionalmente con mi ciclo ha sido un placer. No tuve un novio que se pensara que estaba de puertas abiertas 24/7 para él y que ignorase mi placer. Y aun así, no hago una buena evaluación.

¿Por qué? Porque, sobre todo, no creo que pueda ser una decisión consciente si ni si quiera conocemos todos los efectos secundarios hasta que no tenemos ya la pastilla en las manos. Porque creo que hay poco seguimiento para todo lo que hay en juego (o te haces análisis privados o espera sentada a que te hagan chequeos de ITS). Porque hay hasta quienes ignoran que la transmisión de ITSs se puede dar sin preservativo y que, por lo tanto, el uso de anticonceptivos hormonales no provoca que puedas pasar del condón.

Sin una buena educación sexual continua y transversal, sin un buen sistema sanitario y un buen seguimiento del caso, utilizar métodos anticonceptivos hormonales me parece una decisión que no se debe tomar a la ligera y que requiere de revisión personal introspectiva. Más que nada, para no caer en todas las trampas de autoconvencimiento que vienen de fuera y atender simplemente a nuestras necesidades.