De Peculiares

De oca a oca y follo porque me toca

 

 

Passion Play es un juego de mesa erótico ideado para usar en pareja. Aunque más que de mesa, podríamos decir que de mesilla de noche. Porque los juegos de mesa son un clásico, ¿pero por qué no darles un toque picante?

Rubén Olveira Araujo

 

Aunque la disposición del contenido en la caja no es la más atractiva, ni el tablero y las cartas destacan por su calidad –sobre todo, porque nada más abrir el paquete será lo primero que os llame la atención–, os animamos a darle una oportunidad porque las apariencias engañan y lo que podría haber empezado como una simple partida puede acabar en un partidazo de noche.

La experiencia es sin duda más que recomendable, aunque solo sea porque el propio juego te obliga a buscar ese tiempo de calidad que muchas veces nos negamos a nosotros mismos por tener otras mil y una cosas que hacer. Pero también porque, ya sea a través de una u otra prueba, te saca de tu zona de confort y te abre a nuevas sensaciones en una atmósfera de intimidad y complicidad que el juego es capaz de generar.

Por otro lado, como crítica, me gustaría destacar dos cosas. La primera, que a pesar de que en la caja pone claramente que el juego está preparado para relaciones homoeróticas, en general no está pensado para que jueguen dos personas del mismo sexo. Aunque eso sí: con alguna que otra modificación y un poco de imaginación todo se resuelve, sobre todo porque la mayor parte de las pruebas escapan de la genitalidad pura y dura.

Y la segunda, que el juego sigue la línea tradicional de preliminares-penetración-orgasmo. Por eso, os animamos a que perdáis la partida, a que os dejéis llevar por las sensaciones y a que dejéis de lado la competitividad y sigáis disfrutando. Porque el apartado de posturas solemos ponerlo en práctica en nuestro día a día, pero las pruebas para descubrir nuestros placeres más profundos, ya sea por falta de tiempo o de alicientes, suele quedar siempre para la próxima ocasión.

En definitiva, si eres amante de los juegos de mesa y quieres llevar tu experiencia un nivel más allá con tu pareja, una persona de confianza o utilizarlo como excusa para romper el hielo con el ligue que acabas de conocer ese día, Passion Play es tu juego de mesa ideal. En cambio, si no eres mucho de sentarte a jugar, estoy convencido de que con este fijo que le pillas el gustillo.

Y entre otras cosas, fijo que también os preguntáis cómo funciona el juego. Pues bien, este está compuesto por un tablero, dos fichas, dos dados, un reloj de arena y 96 tarjetas con pruebas: 48 para él y 48 para ella. Viene acompañado de un kit erótico –vibrador, esposas, bolas chinas, etc.– que hará vuestra experiencia más… exótica. Aunque para llevar el juego a otro nivel es recomendable –ATENCIÓN: ¡¡¡SPOILERS!!!– que tengáis algunos hielos, un bote de nata y, sobre todo, muchísimas ganas de disfrutar. Está diseñado para incluir bebidas –por ejemplo, quien cae en tal o cual casilla tiene que pegar un trago y dar un pico–, pero tampoco es absolutamente necesario. Eso sí: por experiencia propia, os aconsejamos que por lo menos tengáis un botellín de agua a mano si no queréis acabar deshidratados.

El tablero está dividido en cuatro colores (amarillo, verde, rosa y rojo) y una parte central con posturas. Colocáis cada uno vuestra ficha en la casilla de salida y, por turnos, vais tirando los dados y avanzando el número de casillas que os haya tocado. Por cada vez que caigáis en una tenéis que coger una carta del mismo color y cumplir, en el tiempo asignado por el reloj de arena, las instrucciones que en ella se os indican. Eso sí: el jugador que decida continuar por más tiempo del que marque el reloj o que llegue antes al orgasmos será el perdedor. ¡Ahí está la gracia del asunto!

Desde imitar los gemidos de actores y actrices porno cuando alcanzan orgasmos a equilibrios y malabarismos con las bolas chinas o a insufribles torturas que te derriten de placer, las pruebas de Passion Play están pensadas no solo para que os excitéis hasta perder la partida, sino para haceros reír y disfrutar de cada una de las partes y sensaciones que es capaz de experimentar vuestro cuerpo.

Algunas casillas tienen dibujada en su interior una copa. Cada vez que caigáis en una casilla con una copa en su interior tenéis que tomar un trago, dar un pico a vuestra pareja de juego y, por supuesto, coger la tarjeta con prueba. ¡En ese orden! De lo contrario, y si vuestra pareja se da cuenta, el primero perderá una prenda elegida por el rival.

Y así, con tiempo pero cada vez con menos ropa y paciencia, se pasa del amarillo chillón al verde picantón, del verde picantón al rosa desnudo y del rosa desnudo al rojo pasión. Si llegáis hasta aquí, ya podéis daros por satisfechos: ¡Habéis llegado casi hasta el final! Solo quedan las posturas. Y sobre estas estoy seguro de que no os tengo mucho que explicar (guiño, guiño).

 

De Mel

¿Sabías que hay quienes pierden la consciencia durante unos segundos tras alcanzar el orgasmo?

¿Sabías que hay quienes pierden la consciencia durante unos segundos tras alcanzar el orgasmo?

30 de mayo de 2018

Rubén Olveira Araujo

El orgasmo es una sensación intensa y explosiva que solo nos alcanza cuando nos abandonamos al placer y nos perdemos entre las olas electroquímicas que sacuden nuestro cerebro durante unos escasos pero satisfactorios segundos, pero hay quienes se abandonan tanto que llegan incluso a perder la consciencia. Tal y como suena: ¡el cerebro se colapsa de placer!

Este desvanecimiento post-orgásmico, más conocido como la petite mort o pequeña muerte, está influenciado por una serie de cambios respiratorios particularmente fuertes que actúan contrayendo la aorta. Como consecuencia, ocurre una hiperventilación –es decir, un exceso de oxígeno en sangre– y tiene lugar una pequeñísima isquemia –una falta de riego sanguíneo al cerebro–. También se ha observado que en el lóbulo temporal, asociado al equilibrio, en ese momento hay menos riego sanguíneo. Todo ello favorece la pérdida temporal de la consciencia o la sensación de vivir la misma.

No hay mucha gente que reaccione así tras la experiencia orgásmica, pero quienes lo han vivido aseguran que se trata de sensación muy intensa que les recorre todo el cuerpo. Así que si en algún próximo encuentro erótico alguien se desmaya, no os preocupéis durante un periodo de tiempo razonable. Eso sí, si se alarga, ya estáis tardando en llamar a la ambulancia.

De Mel

¡Se me ha subido un huevo!

Dolor de huevos

10 de abril de 2018

Rubén Olveira Araujo

¿Alguna vez has sentido que se (te) suben los huevos? Y no hasta la corbata, tal y como dice el refranero español, sino hasta la ingle. A esta situación se le conoce como testículo retráctil o testículo ascensor y produce una sensación incómoda y molesta que suele causar primero sorpresa y después preocupación entre quienes lo viven, sobre todo cuando ocurre por primera vez. ¡Pero no nos llevemos las manos a la cabeza antes de tiempo! Como norma general, que uno de los huevos decida por su cuenta y riesgo subir temporalmente al piso de arriba no entraña ningún riesgo –y además, lo más práctico es utilizar las extremidades para recolocar el testículo en su posición con un sencillo palpamiento en vez de dedicarnos a sujetar la testa–. Pero he aquí el quid de la cuestión: ¿por qué ocurre?

Lo primero a aclarar es que pese a su apariencia plácida y estática, los testículos tienden a moverse. O mejor dicho, a contraerse, dando dicha percepción de movimiento. Aunque sería más correcto señalar que lo que se contrae es el escroto; es decir, la bolsa de piel rugosa y delgada que se encargar de guardar a buen recaudo los huevos. Los motivos por los que esto sucede son variados, aunque los principales podríamos sintetizarlos en la temperatura externa y la excitación. Sin embargo, no es lo mismo que los testículos se contraigan y se eleven pegándose al cuerpo como reacción a la temperatura exterior o a la excitación a que suban en ascensor al piso de arriba, a la zona de la ingle.

La retracción testicular está estrechamente ligada con el desarrollo fetal de los mismos. El proceso tiene lugar dentro del abdomen del feto y es durante su gestación, dentro del útero materno, cuando descienden hasta llegar al saco escrotal por el orificio inguinal. Durante este descenso los testículos son seguidos por una especie de bolsa abdominal que, habitualmente, es reabsorbida por el cuerpo. Sin embargo, cuando no es así, posibilita que el huevo pueda subir y bajar de forma espontánea, algo más conocido como retracción testicular.

Un fenómeno similar en el que los testículos también pueden ascender pegándose a la pelvis pero, en este caso, sin abandonar el saco escrotal se da cuando el músculo de cremáster –que produce la retracción testicular– detecta algún peligro que genera estrés, nervios, preocupación, etc. Lo cual, teniendo en cuenta la sensibilidad de esta zona, es comprendido como un mecanismo de defensa natural.

El testículo retráctil –recalcando el singular, porque aunque la sensación sea de que se han encogido ambos huevos, realmente solo es uno de ellos el que ha subido– puede ascender a la región inguinal cuando se practica ejercicio, se mantienen relaciones eróticas o se realiza algún gesto brusco. El tiempo que permanezca en el piso de arriba varía, si bien la mayoría de las veces puede ser guiado fácilmente hacia su posición escrotal mediante una exploración física. Cuando no es así y el testículo permanece en la ingle sin poder moverse, entonces hablamos testículo no descendido adquirido y este sí ha de ser intervenido ya que propicia desde el cáncer testicular a problemas de fertilidad, entre otros.

Esta condición orgánica es habitual durante la infancia y tiende a desaparecer durante la pubertad, cuando la bolsa es reabsorbida por el cuerpo de forma natural. En el caso de que se mantenga durante la época adulta, la única manera de poder tratar esta característica es mediante una intervención quirúrgica, pero insistimos que en la mayor parte de los casos resulta innecesario, dado que es posible recolocarlo en el escroto con una sencilla palpación de la zona de manera indolora. Y es que a veces sí que hay que tocarse los huevos.  

De Peculiares

¿Sabías que antes de convertirse en insulto ser ‘mamón’ era un oficio?

Mamón como profesión

18 de enero de 2018

Rubén Olveira Araujo

Cuando pensamos en la palabra mamón lo más probable es que lo primero que nos venga a la cabeza sea el estribillo una canción de los Hombres G. Sí, así es, nos referimos a la mítica Devuélveme a mi chica que llegó a convertirse en 1986 en película  y que además arrasó la taquilla estatal de ese mismo año. Sin embargo, lo curioso de la letra es que de los múltiples calificativos que pudiera haber proferido un amante despechado los Hombres G utilizan la palabra mamón para designar a quien les ha robado a su chica. ¿Pero qué es eso de mamón? ¿De dónde viene ese insulto? ¿Tan perverso es ser mamón como para desearles la peor de las torturas: retorcerse entre polvos pica-pica?

El arte de  injuriar está repleto de insultos estrechamente relacionados con la sexualidad y mamón no resulta una excepción. La etimología ya nos da alguna pista: para empezar, va de mamas y, más concretamente, de mamar mamas. A priori, no parece vejativo. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta mamar unas buenas mamas? Y por buenas que cada cual se interpele a sí mismo y descubra cuáles son las buenas en base a sus deseos. Pero el hecho de que se utilice como insulto presume una connotación negativa y esta deviene de aquel viejo oficio tan desprestigiado como necesario que dio nombre y significado al actual mamón: la mamonería. 

Los mamomes o mamadores eran aquellas personas, habitualmente ancianas –sin dientes y de manos calientes–, especializadas en sacar la leche de los pechos de las mujeres lactantes. Esto resulta necesario, entre otras situaciones, cuando se lleva tiempo sin amamantar al neonato –sea por las razones que sea–, cuando se da una infección de la mama (mastitis) o cuando una leve obstrucción sobrepasa la habilidad succionadora del bebé para extraer su fuente de alimento y se requiere una boca extra que desatasque este biberón biológico.

¿Por qué no utilizaban un sacaleches de toda la vida? Porque ni el sacaleches es de toda la vida –es más, el primero se creó en 1859– ni se democratizó su uso hasta entrado el siglo XX. Tradicionalmente era una labor de la que se encargaban los maridos, puesto que sacarse la leche a una misma no es algo precisamente sencillo; pero ya fuera por su ausencia, su rechazo a rebajarse a la altura de un mamón, su ineptitud en las artes de la mamonería o porque el asunto mamario se complicaba más de lo esperado, en ocasiones se requería de personal especializado y he ahí cuando recurrían al fontanero de senos: al mamón del pueblo. 

Grosso modo, el proceso de estos especialistas se puede reducir a dos pasos. El primero, colocar las manos –calientes– sobre los pechos de la mujer en cuestión. Y el segundo, una vez calentadas las mamas, extraer la leche utilizando diferentes estilos de succión que, dependiendo del caso, convierten la mamonería en un arte no apto para todo el mundo. Con el fin de conservar cierta privacidad, durante el proceso las mujeres tendían a estar completamente vestidas a excepción de sus pechos, que por cuestiones logísticas obvias quedaban al descubierto.

¿Y se bebían la leche?, puede que os preguntéis. La respuesta es sí: cuando la tenían en la boca normalmente se la bebían, dado que al contrario que ahora, que suele despertar ascos y temores, históricamente la leche materna ha sido un alimento muy valorado. Eso sí, si se creía que la leche estaba infectada –debido a la mastitis, por ejemplo–  entonces se escupía.

A pesar de la importante labor que realizaban –y si no, que se lo pregunten a cualquier mujer lactante con los pechos a punto de explotar–, el oficio de mamón siempre ha estado socialmente muy mal considerado. A día de hoy se desconocen los motivos que iniciaron esta desvalorización de la mamonería, pero partiendo de la puritana historia de la que provenimos no es descabellado pensar que al menos en parte se deba a su relación con la mujer y, más concretamente, con sus senos y la conexión simbólica que tienen estos con la sexualidad.

De Peculiares

Virginidad, ¿tenemos más de una?

5 de diciembre de 2017

Rubén Olveira Araujo

Este pudiera ser uno de tantos artículos sobre qué hacer y qué no durante la primera vez. Uno de esos en los que se dan mil y una recomendaciones para evitar el dolor, prevenir infecciones y librarse de embarazos no planificados. Uno de aquellos a los que recurres cuando se acerca el día D y la hora H e incluso sabes si es en tu casa o en la suya. Todo esto, por supuesto, en el caso de que sea una pérdida planificada en vez de fruto de un deseo irrefrenable. Pero ya sea porque el resto estéis muy aventajados o yo muy atrasado, me asalta una duda mucho más básica: ¿Qué es eso de la virginidad?

Simplificando, porque aunque no lo parezca este es un tema complejo, creo que podemos estar de acuerdo en que la virginidad es la primera vez que se experimenta algo desconocido hasta ese momento. En el ámbito de la erótica, tiende a ir ligada a las prácticas penetrativas y, concretamente, al coito. ¿Pero qué pasa con el primer beso? ¿Acaso no es también una primera vez? ¿Y con la primera caricia? O con la primera felación, el primer cunnilingus, el primer dedo en el culo, el primer abrazo, la primera mirada seductora, las primeras esposas, el primer intercambio de pareja, el primer trío… ¡y no nos olvidemos de ese primer cachete, por favor!

"¿No serán cada una de esas virginidades, en plural y minúsculas, tan importantes como la importancia que cada uno de nosotros le queramos dar?"

Tal vez –y solo tal vez– me da por pensar que eso de una Virginidad en singular y mayúsculas se queda un poco pobre. Porqué quizás ¿no serán cada una de esas virginidades, en plural y minúsculas, tan importantes como la importancia que cada uno de nosotros le queramos dar? ¿Hasta qué punto una felación dice más que un abrazo? ¿Un trío que un beso? ¿Un coito que una caricia?

Hay quien dice que el placer está en perderse en el camino de los propios deseos. Pues perdámonos en cada momento y valoremos cada primera vez, porque será la última. Sí, sí: la última. Porque ¿cuántas primeras veces hay? Muchas y solo una al mismo tiempo.

De Peculiares

¿Sabías que los gays la tienen más grande?

Los penes de los gays son más grandes

09 de noviembre de 2017

Rubén Olveira Araujo

Tras muchos años de (in)discretas comparaciones en las duchas y alguna que otra fanfarronada entre amigos, la ciencia confirma lo que muchos ya sabían: los hombres andrerastas –gays– la tienen más grande que los ginerastas –heteros–. Tanto en longitud como en diámetro. Ya sea en estado de flacidez o de erección. Concretamente, de media gozan de un pene un 6% más largo y un 3% más ancho. ¿En qué se traduce todo esto? En un centímetro más, arriba o abajo.

Al menos, esos son los resultados de un estudio publicado por Anthony F. Bogaerty y Scott Hershberger en la revista Archives of Sexual Behavior. Para ello, los investigadores recurrieron a una muestra de 5.122 hombres recopilada por el sexólogo Aldred Kinsey y, a falta de una, utilizaron cinco maneras de medir el pene. Es más, los científicos se aseguraron de que este resultado no estuviera afectado por posibles factores incidentales, como el peso, la estatura o la educación.

Si bien a día de hoy todavía se desconoce a qué se debe esta correlación entre la orientación sexual del deseo erótico y el tamaño del pene, lo que no cabe duda es de la importancia de la influencia hormonal durante el periodo de gestación y, sobre todo, durante la octava semana de embarazo, momento en el cual se desarrolla el aparato genital externo.

 

De Peculiares

“Para dominar tienes que tener el alma caliente y la mente fría”

Mistress Minerva

Dómina profesional, Mistress Minerva lleva más de una década teniendo esclavos y sumisos a sus pies. Entre risas y alguna que otra confesión, nos habla de su experiencia como ama y de su manera de entender el mundo bedesemero

2 de octubre de 2017

Entrevista de Rubén Olveira

Cuero y tacones. Estas son las dos prendas que han acompañado a Mistress Minerva, una mujer a la que cuesta dominar. Tras ejercer como dómina profesional durante 12 años, en la actualidad se encuentra enfrascada en su nuevo proyecto: www.bestbdsmspain.com, una web en la que comparten videos BDSM de calidad en castellano. Entre risas y alguna que otra confesión, Mistress Minerva nos habla de su experiencia como ama y de su manera de entender el mundo bedesemero.

Empecemos con la pregunta más importante: ¿Vas a dominar a nuestros lectores a través de esta entrevista?

Depende de cómo fluya (se ríe).

Si tuvieras que destacar algún momento en particular que marcara un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

Ha habido un montón. Ahora me viene a la cabeza, por ejemplo, la vez que tuve un orgasmo totalmente vestida, sin ninguna clase de estimulación física, mediante la hipnosis. La hipnosis es una herramienta terapéutica que se usa para muchos menesteres, desde dejar de fumar hasta aumentar la concentración. Con ella se trabaja el subconsciente y a través de órdenes se pueden conseguir todo tipo de cosas. En mi caso, un orgasmos sin estimulación física. Y ahí pude constatar que el principal órgano sexual es sin duda el cerebro.

¿Qué fue lo que te atrajo del BDSM en un principio? ¿Alguna de sus siglas o todas a la vez?

Me llama la atención el ritual, el protocolo, la seriedad con la que te lo tomas. Ese respeto llevado al máximo. No por falta de risas, sino porque como cualquier juego, el BDSM no tiene sentido sin normas. Precisamente fue eso lo que me atrajo en su día: las normas del juego, porque más que una forma de vida, para mí es un juego.

Si no me equivoco optaste por el rol de domina ¿Por qué este rol y no otro?

Porque ese es el que mejor me define. En el SM antiguo había tres roles: dominante, sumiso y switch –que le gusta ejercer ambos roles–. Con la entrada de la B de Bondage y la D de Dominación el número de etiquetas se ha ido ampliando junto con las siglas. Además, también englobaría dentro del BDSM a las personas fetichistas que no tienen por qué ser ni dominantes ni sumisos, dado que sus juegos van por otra parte, como el fetichismo por el látex, por los pies, etc. En general, hoy se contemplan más sexualidades concretas. Aunque a mí tampoco me gusta etiquetarme muchísimo. Cuanto más mayor te haces más te das cuenta de que para alguien como yo existe la pluralidad en general. Eso significa que en un momento dado puedes cambiar de rol o disfrutar de algo que no es habitual en ti, pero que tu mente es tan abierta que puede abarcarlo.

Entiendo entonces que a veces cambias de rol.

Sí, claro. Para mí es lo inteligente. Porque si haces siempre lo mismo es como comer cada día lentejas. Al final te vas a aburrir.

¿Cómo te sentiste la primera vez que estuviste dominando a alguien?

En sesión privada, como profesional, recuerdo al detalle la primera sesión porque estaba un poco nerviosa. Me acuerdo del nombre, me acuerdo de la cara de esa primera persona. Para mí era una gran responsabilidad y tenía las ganas pero no los conocimientos. Por suerte, siempre he sido muy prudente, por lo que no tengo nada grave que lamentar. De hecho, este fetichista de pies estuvo viniendo durante muchos años.

 

¿Cómo te adentraste en este mundillo?

Empecé haciendo espectáculos, en festivales eróticos y fiestas. Ahí ya conocí gente profesional que me enseñó cosas muy concretas. Con esos conocimientos pasé a las sesiones privadas, en las que he estado 12 años. Pero siempre he buscado aprender más y más. Shibari, Medical, etc. Al principio me parecían cosas inalcanzables, para las que  tenías que tener mucha experiencia y conocimientos.

¿Prefieres trabajar con chicos o con chicas?

Más que trabajar, soy de jugar y de compartir, y para esto me sirve cualquiera que realmente quiera jugar y compartir. Con cualquiera que tenga ganas, en definitiva. Pero hace más de un año que deje el tema profesional porque veía que la gente no entiende el BDSM.

¿Qué no entiende?

Ni el ritual, ni el protocolo ni la seriedad. Internet está genial para muchísimas cosas, pero por otro lado ha fribolizado temas como el BDSM. Ahora la gente lo ve tan accesible que se llevan una imagen que no es. Hay quien piensa prácticamente que la dómina es casi como una puta y no es así. Por ejemplo, había quienes querían que ejerciera de dómina, pero por teléfono me tuteaban. Eso no puede ser así, porque el protocolo y las reglas de juego indican que para ti yo soy Mistress Minerva, nada de Minerva a secas. Si no entiendes esto no mereces presentarte ante mí.

Porque el BDSM es un juego de roles…

Así es. No tengo que ponerme unos tacones para alguien que no lo merece. Hay quien podría decir: “Tienes que tener paciencia y enseñar a la gente”. Pero no tengo ni la paciencia ni las ganas de enseñar a nadie. No soy la profesora, soy la dómina. 

¿Cuáles son las prácticas que te suelen pedir habitualmente?

En lo ranking de lo más demandado, dentro de lo que yo conozco, está el fetichismo de pies. Hay muchísima gente. Muchos no se sienten ni masocas ni sumisos, pero sí fetichistas. Algunos de los pies de la mujer y otros de las piernas. Desde bien aseados a pintados y sin lavar durante varios días. Desde los zapatos a las botas. No hay dos fetichistas de pies iguales. Y luego aparte estaría la lluvia dorada, la sodomía y la humillación.

Por curiosidad, ¿tienes sumisos o tienes esclavos?

Ahora mismo tengo un sumiso y un esclavo. Me he quedado uno de cada y los veo de vez en cuando.

¿Qué es lo más fuerte que has hecho a alguien?

En cuanto a dolor físico extremo, puntos de sutura en el pene para cerrar lo que es el capuchón de arriba. Eso sería lo más fuerte, que estaría dentro del medical sado. Pero también es bastante fuerte un trampling, que básicamente es ponerse encima pisando totalmente los genitales; en mi caso, con mis 1,76 cm y 62 kilos. Eso sí, estas dos cosas se hicieron en momentos distintos… También he cosido una boca y, automáticamente después, he hecho un spanking, es decir, he dado unos azotes. En este caso con espinas de rosas en la espalda. Algo normal (se ríe). Si no pregúntale a los cristianos qué hacía la Santa Inquisición sin consenso. Y luego nos llaman a nosotros enfermos.

¿Cuáles son las claves para ser una buena dómina?

Sobre todo, hay que tener muchísimo respeto. Aunque parezca lo contrario, es la persona pasiva o sumisa quien lleva la batuta y no hay que olvidar que, aunque dentro del juego de roles el respeto lo tengan que tener ellos, en el fondo todos somos personas. Incluso si me has pedido que te trate como un gusano o yo crea que en un momento determinado te lo mereces porque “te has portado mal”, detrás de cada castigo tiene que haber un respeto. Porque antes que gusano eres persona. Eso hay que tenerlo muy claro.

¿Qué más?

Humildad. Quitándonos las máscaras, somos todos iguales. Y se necesita humildad para crecer, ya que no lo sabemos todo. Ejercer de dómina es una gran responsabilidad y hay que valorarlo. Y por último, confianza. Pero eso como en cualquier otra relación.

 

 

¿Consideras que para dominar a alguien primero hay que dominarse a uno mismo?

Por supuesto. Nunca puedes perder la cabeza del todo. Tienes que tener el alma caliente, sí, pero también la mente fría, para saber llevar la situación y que no pase factura. Dominar tiene mucho de autocontrol. Es vital.

Hay quien dice que el BDSM es sinónimo de un sexo diferente, de sexo inteligente. ¿Estás de acuerdo?

Totalmente. Para mí el BDSM sería como una especie de sexo tántrico, que enseña que no todo es penetración, coito y orgasmo líquido, junto fantasía pura y dura y morbo, mucho morbo. Se puede aprender a disfrutar de otras maneras y sobre todo del mayor órgano sexual: cerebro. Por eso pienso que es inteligente, porque es menos habitual y quizás también menos natural. Lo natural, al fin y al cabo, serían dos personas desnudas manteniendo sexo convencional, sexo vainilla, para poder procrear. El BDSM, en cambio, es salirse del aquí te pillo y aquí te mato y darle vueltas al asunto. Por eso creo que realmente se consigue muchísimo más placer. En definitiva, el BDSM sería la versión hardcore del trantra (se rie).

¿Consideras que la mayoría de las personas siempre descubren algún deseo potencialmente bedesemero pero que, por desconocimiento, no lo consideran así?

Totalmente. ¿Qué persona que practique el sexo vainilla no ha atado, escupido o dado un cachete en el culo alguna vez? Unos más y otros menos, todos hemos practicado algo cercano al BDSM le pongamos o no esa etiqueta. Y quien no lo ha hecho fantasea con ello, porque reprimidos son los que más fantasean. Y eso es peligroso, porque la represión es lo que lleva a que el día que lo hagas realidad sea a lo bestia en vez de con conocimiento.

¿Recomendaciones para iniciarse en el BDSM en general y en la dominación en particular?

Las cosas han cambiado. Hoy en día existen muchísimos clubs y en Internet te salen listas en la mayoría de las ciudades. Con lo cual, es fácil acceder a cualquier sitio donde conocerse uno mismo, conocer gente y que te abran las puertas para que puedas aprender, compartir y jugar. Aun así, mi recomendación es que antes de jugar con alguien pidáis referencias de esa persona para no tener un susto. Al igual que en cualquier otro ambiente, hay de todo. Así que preguntad antes de ofreceros a alguien por completo. Y después a disfrutar, ¡que la vida son dos días! Porque el BDSM no es malo, es para valientes.

De Peculiares

La fábrica de los deseos

El Salón Erótico de Barcelona celebra su vigésimo quinta edición cargado de porno, arte, erotismo y educación sexual

16 de octubre de 2017

Crónica de Rubén Olveira 
Fotografías de Melanie Quintana

BARCELONA - Visitar el Salón Erótico de Barcelona es una experiencia en sí misma. Así lo fue para Bibian Norai hace más de dos décadas. Con los nervios de punta y la adrenalina corriendo por sus venas, pagó su entrada como el común de los mortales y se adentró tímidamente en un micromundo donde lo que habitualmente es íntimo e implícito se volvía público y explícito. Pero su timidez duró poco. Tras observar cómo los espectadores devoraban con la mirada a las actrices y actores de los shows, le picó la curiosidad de qué se sentiría en un escenario rodeado de atentas miradas, bocas abiertas y cámaras, muchas cámaras. Así que en cuanto tuvo ocasión, subió como espontánea y el resto ya es historia.

Bibian Norai es actriz y directora de cine porno, protagonista de Marranas con ganas -la única película de este género traducida al euskera- y nuestra guía en el Salón Erótico de Barcelona. Siguiendo la estela de su vestido de cuero negro escotado, nos adentramos en el pabellón de la Vall d’Hebrón, un polideportivo construido para albergar en los Juegos Olímpicos de 1992 las competiciones de voleibol y pelota vasca y que, desde el jueves hasta hoy, ha acogido la vigésimo quinta edición del Salón Erótico de Barcelona.

Con los brazos abiertos, Bibian nos da la bienvenida al que desde hace 21 años ha hecho su reino. Las exposiciones de arte, los puestos de sex-shops y tiendas eróticas y las casetas de diferentes productos cercan el corazón de la feria: los escenarios donde tienen lugar los shows en directo. En frente, decenas de fotógrafos al pie del plató apuntan ansiosos con sus teleobjetivos dispuestos inmortalizar hasta el último detalle del momento.

Tras unos segundos observando a unos y a otros, Bibian nos guía a través del público, principalmente masculino. Así llegamos, primero, al Aula de Sexo, un espacio separado en el que sexólogos y otros profesionales ofrecen charlas de formación que van desde talleres del suelo pélvico al misterioso tantra. Después, nos acompaña a visitar el Área Swinger, una zona que simula un club de intercambio de parejas, donde nos espera Pepe Cera, también veterano del Salón Erótico de Barcelona. En ambos espacios el porcentaje de mujeres visitantes es cuantiosamente superior.

Con un cálido abrazo, Bibian se despide de nosotros y nos anima a descubrir los secretos del Salón Erótico por nosotros mismos. Acto seguido, se pierde entre bambalinas. Los asuntos de organización no perdonan. Ni siquiera a ella. A ella menos que a nadie.

Como otros tantos años, el Salón Erótico de Barcelona asegura apostar por la diversidad. Así lo ha hecho ver en spots como el de este año, Normal, y así lo ha demostrado ofreciendo foros para reflexionar sobre discapacidad y sexualidad, entre otras temáticas. Sin embargo, respecto a los shows, baste decir que son muchos, sí, pero poco diversos, también. Unas performance que, no tanto por su presencia pero sí por ausencia de alternativas, únicamente contribuyen a perpetuar en el imaginario social el concepto de coitocentrismo. La escasas excepciones: las prácticas BDSM, que van desde el Shibari a la dominación o al sado médico, los espectáculos de pole dance o las clases didácticas con prácticas explícitas del proyecto Pornoeducativo.

Más allá de moralinas maniqueas y dualistas, de críticas simplistas y (neo)puritanas, el Salón Erótico de Barcelona, con sus más y sus menos, con sus diversiones y sus (uni)versiones, ofrece un espacio en el que disfrutar, conversar y reflexionar sobre los sexos, la erótica y los placeres. Bienvenidos a la fábrica de los deseos.

*Crónica publicada en el periódico Deia

De Peculiares

“El ‘striptease’ me ha enseñado a respetarme a mí misma”

Yaiza 'RedLights'

'Youtuber' y fundadora de una tienda erótica, Yaiza 'RedLights' es la portavoz del Salón Erótico de Barcelona en su vigésimo quinta edición. Entre risas y anécdotas, nos habla sin pelos en la lengua de sexualidad, de sus años en Londres como 'stripper' y de la importancia de ir más allá de los genitales

2 de octubre de 2017

Entrevista de Melanie Quintana y Rubén Olveira

Está convencida de que la educación sexual es clave para entender que todo el cuerpo es una zona erógena, que los genitales no lo son todo y que los juguetes son muy importantes en este recorrido. Entre risas y anécdotas, la youtuber Yaiza RedLights nos cuenta cómo ha sido el origen de redlighs.es y lo que le ha llevado a ser la portavoz del Salón Erótico de Barcelona este año.

Hablas a la gente de sexualidad con honestidad y sin filtros. ¿Qué es lo primero que te llamó la atención sobre el sexo?

Pues como a todo el mundo, me atraen muchas cosas de él, pero sobre todo destacaría la juguetería erótica. Siempre me ha fascinado, casi desde adolescente. Al principio no sabía por qué me llamaban la atención. Quizás sus colores o lo que había escuchado hablar. Más adelante, fui entendiendo el gran potencial que tienen los juguetes eróticos.

Si tuvieras que destacar un momento en particular que marcara un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál es el primero que te viene a la cabeza?

Me vienen muchos momentos, todos ellos desastrosos. Hasta que descubrí que todos esos desastres se debían a no conocerme como debía. Tendemos a achacar las culpas a los demás hasta que nos damos cuenta de que si hubiéramos explorado antes nuestra sexualidad, los podríamos haber evitado. Por eso siempre insisto en la importancia que tiene autoexplorarse y disfrutar de la sexualidad de forma individual. Además de compartirla, claro. 

¿Cuáles son las  claves para entenderse mejor a uno mismo?

La  masturbación. Básica y esencial. Salir de los genitales y entender que todo el cuerpo es una zona erógena. Cosa que es difícil porque con la educación sexual que hemos recibido nos sacan de los genitales y nuestra vida sexual se va al garete. Pero en realidad no debería ser así. Y por último, y súper importante, los juguetes eróticos. Introducirlos ayuda muchísimo.

Nos han chivado que te interesan las peculiaridades eróticas. ¿Cuáles son las que más te atraen?

Pues me atraen todas simplemente por lo maravilloso que me parece todo en general. Pero a mí personalmente me llaman la atención para practicarlas el BDSM y el fetichismo de pies.

¿Las has practicado?

El fetichismo muy en privado, la verdad. Estoy como en proceso de descubrimiento, en ese aspecto. Y el BDSM… (ríe al recordar), hace cosa de seis meses tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a Mistress Minerva y la pobre hizo un BDSM muy muy light conmigo porque sabía que era mi primera vez. Se puede ver en mi canal de YouTube. Fue una experiencia inolvidable.

Tu nombre artístico, ‘RedLights’, tiene historia

Sí. Viene del recuerdo de un club de striptease de Londres, de cuando vivía allí. Se llamaba Redrooms.

Si no me equivoco, trabajaste en ese club.

Sí. Es un mundo que siempre me ha llamado la atención. Cuando fui a Londres, gracias a una amiga descubrí que allí el striptease es un arte y la stripper es considerada una bailarina. Como en ese momento de mi vida el dinero era lo único que me frenaba y siempre he sido una persona que he conseguido todo lo que me he propuesto, decidí trabajar de stripper para ganar tanto como pudiera y llevar a cabo mis sueños. Seguramente sea una respuesta que poca gente se imagina, porque en España el striptease se entiende de otra manera.

¿Y cómo se entiende?

No lo he vivido por experiencia, pero me muevo en este sector y te das cuenta de que aunque lo intenten vender como un club de striptease, al final se trata de una antesala a la prostitución. Si no mantienes relaciones sexuales, aquí no vas a ganar dinero, al menos en los clubs. Como no era lo que quería, no lo he practicado nunca en España. En Londres, en cambio, es un negocio que lleva implantado muchísimos años y todo el mundo que asiste a un club de striptease sabe perfectamente qué es lo que va a encontrar: un show. Entienden que no porque pagues vas a tener sexo. Todo se queda en un performance.

Después de dos años en el escenario, ¿has sacado alguna lección vital del ‘striptease’?

Vivimos en un mundo donde somos capaces de tenerlo todo con un chasquido de dedos. Tenemos cuanto queremos a nuestra disposición en el menor tiempo posible. Vamos acelerados. Y el striptease te desmonta todo esto. Porque de repente vives una fantasía y te das cuenta de que luego todo queda en la nada. Hay quien piensa: “¿Cómo puede haber gente que pague por nada?”. ¿Cómo que por nada? El problema es que nos han educado para que el coito sea todo y si no tienes eso da igual el camino.  

¿El ‘striptease’ da la posibilidad de vivir más intensamente el camino?

Sí, porque te da la oportunidad de valorar, de disfrutar y de contemplar otro tipo de bellezas. Cuando vamos a ver teatro no piensas: “Oye, al final quiero ver cómo se desnudan los bailarines”. No esperas ningún final, porque estas disfrutando de todo el camino. Y el striptease es eso: disfrutar del juego de la seducción, del movimiento del cuerpo, de la música, del contexto. Todo lo que tiene que pasar está pasando, porque no hay ningún final. 

¿Qué opinas de que el Pole Dance se haya convertido en deporte?

Pues que tendrían que haberlo hecho antes (ríe). Invito a quien no esté de acuerdo a que se suba a una barra de Pole Dance. Soy bailarina profesional, estudié danza en el conservatorio de Barcelona y ¡jamás, nunca, lo he pasado tan mal como encima de un Pole! Y he hecho repertorio de puntas, festivales de cinco horas, tripletes… De todo. Es un deporte muy duro, mucho.

¿Qué es lo que más te gusta del ‘striptease’?

Aparte del dinero que he ganado (ríe), que me ha ayudado a cumplir mi sueño, lo que he aprendido de él: respetarme a mí misma. Es algo fundamental en la vida de cualquier persona y, aunque parece muy fácil, no lo es. He aprendido mis propios límites, a quererme mucho más de lo que me quería, a superar mis complejos, a aceptarme tal y como soy y a abrir mi mente, sobre todo. En definitiva, a eliminar los pocos prejuicios que me quedaban.

 

 

¿Cuándo hablas de tu sueño te refieres a la tienda erótica redlights.es?

Así es. Fue el camino que tenía que seguir para conseguir lo que necesitaba. Y ese mismo camino es el que me ha llevado a YouTube. Cuando empezamos a montar la tienda detectamos que la gente no compraba juguetes porque no los entendía, así que decidí abrir un canal para explicar en qué consistían y para qué servían.

Comenzaste hablando de juguetes. ¿Ahora cuáles son los temas que más te gusta tratar?

Aunque la juguetería no es que la haya abandonado del todo, ahora sobre todo hablo de la diversidad. Intento mostrarla, para que quien me vea aprenda a quererse. Como dice una amiga sexóloga, “el primer amor que debe de tener una persona debería de ser el amor propio”. Eliminar los complejos, aceptarse a uno mismo y entender que la diversidad es bonita, independientemente de tu género, de tu sexo o de tu orientación sexual, es algo primordial. Mis vídeos buscan empoderar a las personas para que realmente sean dueñas de su vida y se sientan libres para poder hacer lo que les dé la gana.

También eres Sex Coach. ¿Qué es lo que más te preguntan?

La anorgasmia femenina es una de las cosas que más preocupa. La incapacidad de tener un orgasmo. Se reduce a eso. A que tenemos una educación con muchísimos tabúes. Nos educan para ser complacientes y hay que romper todas estas barreras. Eso es lo que intento como youtuber. Y no solo en relación con su vida sexual, sino también para empoderar a las mujeres y decirles: ¿Si no puedes tú, quién lo va a hacer?

Empoderarlas para que sean dueñas de su propio placer…

De su vida, en realidad, porque la sexualidad forma parte de un conjunto de muchas cosas. Que tomen las riendas y que hagan lo que deseen.

¿Y la pregunta que más te gusta responder?

Todas me parecen cuanto menos curiosas. Al final la sexualidad no es una regla, no es un libro con normas exactas y la misma pregunta te la pueden hacer de diferente forma. Cada uno tiene sus experiencias y cada mapa vital es diferente, por lo que las preguntas se plantean de formas completamente distintas.

Después de toda esta trayectoria vital, has terminado siendo portavoz del salón erótico de Barcelona. ¿Qué esperas de esta experiencia?

Aprender muchísimo. Estoy en constante aprendizaje, soy una esponja real. Pero lo que más me satisface de todo esto es que hemos conseguido dar visibilidad al abuso sexual infantil. Esa es mi máxima prioridad. Y desmitificar el Salón, que también es súper importante.

¿Desmitificar el Salón en qué sentido?

Hay mucha gente que sigue considerando que el Salón Erótico es el sitio de las tinieblas, pero somos seres sexuados y la sexualidad está en todos y cada uno de nosotros. No hace falta que te guste el porno para que vengas al Salón Erótico. Existen otras muchísimas cosas que ver, sentir y que vivir, así que yo personalmente voy a luchar fielmente para salir del público mayoritario y mostrar diversidad. Quiero ver todos los géneros, todas las orientaciones sexuales, todas las edades posibles, quiero que realmente el Salón Erótico llegue a todo el mundo. Porque es un Salón Erótico por la diversidad.