De Peculiares

¿Sabías que hay personas que tienen un tipo de sonambulismo sexual?

¿Sabías que hay personas que tienen un tipo de sonambulismo sexual?

16 de noviembre de 2018

Laura Marcilla

Se llama sexomnia y es una parasomnia, es decir, un trastorno relacionado con la conducta del sueño. En concreto, las personas con sexomnia tienen comportamientos sexuales, como masturbaciones o intentos de relaciones sexuales, mientras duermen y sin ser conscientes de ello.

Este nombre lo usa por primera vez el Dr. Saphiro en 1996, aunque a veces también se emplean términos como 'sonambulismo sexual' o 'sexambulismo'. A pesar de que la sexomnia tiene algunas características en común con el sonambulismo (por ejemplo, que la persona no es consciente durante los episodios), los expertos piensan que es un trastorno diferente.

Al ser algo que ocurre mientras están durmiendo, muchas personas con sexomnia no son conscientes de este desorden del sueño, y otras solo se dan cuenta de lo que ocurre al encontrar señales a la mañana siguiente, tales como la ropa quitada o manchas de semen, o bien porque sus parejas les cuentan los episodios ocurridos durante la noche anterior.

Esta es una de las razones por las que es muy difícil identificar qué porcentaje de personas sufren sexomnia realmente, aunque se cree que es un fenómeno relativamente frecuente y por lo visto es más habitual en hombres que en mujeres.

Las causas de este trastorno no están del todo claras. Es posible que haya algún componente genético, ya que no es extraño encontrar varias personas de la misma familia con sexomnia. También parece estar relacionado con el consumo de alcohol o de algunas drogas o incluso con el estrés.

Actualmente no existe 'cura' para la sexomnia, de manera que, cuando es necesario, se tratan los síntomas con terapia psicológica y con algunos medicamentos genéricos para la ansiedad. No obstante, no todas las personas que padecen sexomnia lo encuentran problemático. De hecho, hay parejas que incluso informan de que estos episodios que ocurren de vez en cuando les han servido de excusa para continuar con la “faena” una vez que el sexomne se despierta y añadirle un inesperado punto sexy a la noche.

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Razones por las que te puede doler al practicar sexo

dolor al practicar el coito

24 de octubre de 2018

Melanie Quintana Molero

¡Esto no debería de pasar! Empecemos por ahí. Pero en el caso de que pase de manera puntual o de manera más continuada mira a ver por qué puede ser. No te calles porque creas que la otra persona no lo va a entender o por creer que estás rompiendo la magia del momento. No sirve de nada sufrir en silencio. Dicho esto, estas son algunas de las razones por las que puede ser dolorosa una relación coital.

– No estás lubricada: o al menos, no lo suficiente. Aunque la vagina está preparada para lubricar de manera natural, puede ser que estés experimentando una época de menor lubricación y esto puede ser causa de molestias, incluso puede llegar a doler según la fricción que tengas en la zona. Si es este el caso, un lubricante seguro que te alivia, a poder ser alguno que cuide el pH. Y procura no remplazar el lubricante por saliva o vaselina… estas últimas no te van a funcionar igual y puede que acabes experimentando el mismo dolor.

– Extra limpio: En ocasiones ducharse a diario o limpiarse la zona vaginal con geles de baño y toallitas íntimas cada dos por tres puede acabar con tu propia flora vaginal, dejándola desprotegida y siendo propensa a gérmenes que se eliminarían con nuestras propias defensas. Los productos más naturales pueden ayudar, pero aunque suene raro: prueba a limpiarte menos. El vello púbico también es una barrera natural contra los gérmenes, la falta total de él puede dejar desprotegida tu vagina.

– No hormonas igual: El estrés a veces puede hacer que tus niveles de estrógeno bajen provocándote sequedad vaginal, incluso ciertos medicamentos (algunos que sean agresivos para la flora vaginal) o la menopausia, pueden ser causantes de esto. El estrógeno es lo que mantiene tu vagina lubricada, por lo que si tus niveles están bajos puedes llegar a experimentar un encuentro doloroso.

– La postura: También puede ser que la postura en la que estás practicando el coito no te venga bien. Si el pene de tu pareja se curva hacia la izquierda o la derecha algunas posturas pueden ser incómodas, ya que la vagina también puede estar curvada hacia un lado o hacia otro provocando que ambos genitales no coincidan bien. Probad a cambiar de postura.

– Un pene grande: ¡Pues sí! Puede ser por tenerla grande, pero ¿qué es grande? Pues depende de la capacidad vaginal que tengamos. Hay vaginas que no se amoldan igual a ciertas dimensiones. Si este es el caso, tenéis la posibilidad de ser imaginativos y probar a mantener relaciones aconceptivas.

– Vaginismo: El vaginismo se produce cuando tu vagina instintivamente contrae los músculos y no deja que nada entre en ella. Es un acto reflejo del cuerpo debido a un impulso neuronal del cerebro. Es decir, tu cerebro instintivamente le manda señales a los músculos de la vagina para que se cierren. En caso de que sea vaginismo la mejor solución es acudir a un profesional de la sexología. (Entre nuestros colaboradores puedes encontrar a varios sexólogos y sexólogas.)

– Falta de excitación: Las prisas no son buenas y menos cuando intentas no experimentar dolor con la penetración. La excitación empieza en el cerebro, baja por todo el cuerpo y prepara tu vagina. La conquista, el juego previo de miradas, las palabras subidas de tono o cualquiera de los métodos que te funcione para elevar tu excitación va a provocar una mejor lubricación.

– Candidiasis: La cándida es un pequeño hongo que tenemos las mujeres en la vagina (aunque puede estar ubicado en diferentes zonas de nuestro cuerpo) y que normalmente está dormido, pero el crecimiento excesivo y repentino de este hongo puede desequilibrar los demás microorganismos de la flora vaginal y provocar una infección. Se manifiesta con alteraciones en el flujo vaginal, irritación dentro o alrededor de la vagina y puede incluso doler cuando vamos a mear y por descontado puede ser el causante del dolor durante el coito. Si crees que puede ser la candidiasis la que te está provocando el dolor acude al médico para su tratamiento. (Normalmente suele durar una semana y es recomendable que os tratéis ambos.)

– Vejiga caída: La vejiga está ubicada detrás de la pelvis, delante de la entrada vaginal. Son los músculos de la pelvis los que se encargan de sujetarla, está separada por una pared fibromuscular y si en un momento dado y por diversas causas se debilita puede provocar que se caiga y ser la causante de que la penetración sea dolorosa. (En este caso es mejor acudir al médico.)

En el caso de que no sea ninguna de las opciones anteriores es conveniente que te acerques al médico y le pidas consejo. Puede que tu caso en concreto necesite de un seguimiento más exhaustivo.

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Sexo sucio

"La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio"

 

Maitena Usabiaga Sarasua

11 de septiembre del 2018

Si has empezado a leer este artículo porque creías que encontrarías perversidades eróticas, juegos salvajes o un fragmento donde las fantasías campen a sus anchas, no es precisamente lo que vas a encontrar. Esto es una reflexión sobre el lado oscuro del sexo, un lado que nos persigue desde hace demasiado tiempo y que al parecer sigue haciendo negocio.

 

sexo sucio

 

Un lado del sexo que se sigue relacionando con violencia, enfermedades o patologías, es decir, la relación directa con lo que consideramos el ‘mal’. ¿Será que la iglesia tiene razón? Porque, desgraciadamente, ha dicho demasiado respecto al sexo, y sigue haciéndolo con palabras, hechos o a través de nuestros cuerpos. Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres. Nos dijeron, hace ya más de 2.000 años, que debíamos de huir ante las tentaciones del cuerpo, que el sexo era (y para ellos sigue siendo) impuro, sucio y pecado. Y aunque parezca mentira, estas ideas siguen vivas hoy en día.

 

"Y es por la Iglesia por lo que le damos este significado a todo lo relacionado con lo sexual, a nuestro cuerpo y a los placeres"

 

Indudablemente han hecho un buen trabajo, han conseguido que sigamos hablando de ello(s) y siguen influyendo en los discursos imperantes sobre el sexo, aunque ahora estén disfrazados de marcas de condones. Creo que uno de sus éxitos se debe a que redujeron toda cuestión existencial, toda duda sobre cómo tenemos que comportarnos, hacia dónde vamos, en dos categorías simples: el bien y el mal. Dentro de cada una de ellas se recogían actos, pensamientos, deberes, lecciones..., y como podemos comprobar para la Iglesia el sexo estaba dentro de la categoría del ‘mal’. Y no sólo el acto, sino que también los pensamientos relacionados con ello, incluso el ser mujer, menstruar, correrse fuera de la vagina o imaginarte los pechos de tu vecina. ¿Difícil de escapar verdad?

Esta moral estaba llena de exigencias imposibles de cumplir, incluso para aquellos que cumplían más o menos todos los requisitos fundamentales: ser hombre, trabajar en algo honrado, servir al imperio, ser fiel a tu dios, casarte con una mujer decente y tener niños (en masculino). Y si no cumplías con ellos debías rendir cuentas a ese dios que te había dado la vida, y confesarte, porque la culpa te carcomía por dentro. Y así se inventó la culpa, esa emoción construida que hoy día nos sigue haciendo tanto daño. La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores. Estas son las palabras de un dios patriarcal y puritano. Jódete y baila y a ver si puedes salir de ésta gozándola.

 

"La culpa alimentaba al pecado y el pecado al final facilitaba mucho el trabajo a los controladores"

 

Con esta formulación que nos precede está claro que nuestra relación con el cuerpo, con el placer y qué decir de la relación con los otros cuerpos, no ha sido ni es fácil y supongo que nunca será fácil. Fácil entendiéndolo como un camino sin obstáculos ni dificultades; y no será porque todas las relaciones conllevan obstáculos y dificultades, inevitablemente.

Hoy día nos encontramos con algunas de esas dificultades relacionadas con nuestros cuerpos, placeres, identidades o deseos, e intentamos luchar contra ellos como podemos, claro está. Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género.

Estoy removida porque sigo escuchando que el sexo es peligroso, violento, sucio y que debemos tomar todo tipo de precauciones para cuando salgamos a la calle como seres sexuadas. Sigo removida porque seguimos siendo las mujeres quienes estamos controladas; ahora tenemos taxis que nos llevan a casa por el módico precio de dos euros, incluso tenemos aplicaciones que incluyen un radar que informa a nuestros padres dónde estamos en cada momento. Seguimos siendo dependientes de la protección paternal y seguimos estando controladas.

 

"Pero últimamente estoy muy removida con las estrategias que estamos utilizando en contra de lo que llamamos violencia sexista, machista o de género"

 

Tengo claro que la violencia también existe en este campo, no se me ocurre ninguna faceta de la vida que no esté influida por la violencia: la educación, el trabajo, el mercado, el negocio del deporte... Lo que me ocupa es la significación que hacemos de cada vivencia violenta y, sobre todo, la que tiene que ver con el sexo. Parece ser que la violencia relacionada con nuestros genitales, nuestros deseos o nuestra erótica es peor, más fuerte que el resto. Sobre todo lo es para las mujeres. ¿Lo es para todas? ¿Tiene que serlo?

Responder a estas preguntas no es complicado. Todas es demasiada gente y si algo tiene que ser… estoy en contra. Soy consciente de que nuestra biografía, nuestra herencia, es jodida atendiendo a la relación con nuestro cuerpo. Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender.

Si queremos andar sobre este camino sería interesante preguntarnos si el uso de los discursos violentos nos ayudan a hacerlo o lo entorpecen. Diciendo que nuestros cuerpos son sagrados o que nuestro coño es lo más íntimo que tenemos, estamos diciendo que la iglesia sigue dentro de nosotras, que el locus genitalis sigue vivito y coleando.

 

"Y parece que hasta hoy, las mujeres, no éramos un cuerpo, sino que teníamos un cuerpo y es por ello por lo que creo que tenemos mucho de lo que aprender, pero sobre todo que desaprender"

 

Cuando dirigimos la mirada hacia la violencia nos entretenemos. Dejamos de lado nuestra erótica, el conocimiento de nuestro cuerpo y de los placeres. Conozco a mujeres jóvenes que se están negando la vivencia de su erótica por miedo a la violencia o porque están demasiado enfadadas para gozar de sus propios cuerpos. El conocimiento del cuerpo, el disfrute, la desmoralización del coño, es conocimiento y el conocimiento puede ser una medida de prevención brutal. ¿Por qué no hay anuncios que te digan: “folla más y mejor, conócete, disfruta y serás más feliz”?

Estoy segura que si hubiera anuncios así, dejaría de haber anuncios que nos alertan de las enfermedades de transmisión genital escondidas detrás de gente atractiva o anuncios en los que nos informara que cada 1 de 3 mujeres tienen un embarazo no deseado. Si queremos ser libres como sujetos eróticos es imprescindible empezar a conocernos y desaprender, resignificar nuestros cuerpos, atrevernos a compartir, a pedir, dar, decir no, decir sí. La mirada hacia la violencia sigue haciéndonos dependientes de este sistema que sigue aprovechándose de nosotras. No nos protegen, hacen negocio.