De Peculiares

Sexo después del parto: dificultades, preguntas y dudas

Sexo después del parto: dificultades, preguntas y dudas

1 de julio de 2019

Monica Leiva

Hay una desconocimiento general de cómo es la sexualidad femenina tras dar a luz. Hablaremos de mujeres ya que todavía la mayor parte de la población que vive un embarazo y da a luz son de género femenino, hay algún caso de varones trans que gestan y dan a luz pero aún son casos muy esporádicos. Lo que sí es cierto para todxs es que la llegada de un bebe cambia la vida en todos los sentidos y el sexual no es una excepción.

Se han realizado varios estudios y como resultado una gran parte de las participantes tenía problemas de salud sexual los primeros tres meses tras dar a luz y que alrededor de la mitad de las mujeres continuaba sin deseo al año de  haber parido. Muchas mujeres se preocupan de esta pérdida de libido ya que en las clases de preparación al parto no se hace educación sexual, si no que se suelen limitar a cómo cuidar al bebe, la fisiología del parto y los protocolos para ir al hospital.

Molestias varias como la pérdida de deseo, el dolor durante las relaciones coitales y la falta de lubricación sorprenden a muchas mujeres tras dar a luz. Durante el llamado puerperio o periodo de recuperación tras el parto, se desaconseja el coito, hasta que el útero vuelva a su tamaño, la vagina se recupera del traumatismo del parto, si ha habido desgarro o episiotomía es necesario que cicatricen y haya cesado el sagrado post parto (loquios). Lo cual no es sinónimo  abstinencia sexual ya es un momento de redescubrir los cuerpos mediante los besos y caricias. Es posible que la mujer no desee que le toquen los pechos ya que los relaciona con la comida de su hijo, si ha optado por la lactancia materna, pero la piel es mucho más grande y se puede explorar otros puntos del cuerpo, a veces un suave masaje en los pies o en la espalda ya será suficiente para no perder esa conexión con la pareja que en estos momentos se hace tan necesaria.

¿Qué se puede hacer si se pierde el deseo? El deseo es algo que tiene mucho que ver los con los factores externos y en el caso de las madres recientes hay una situación nueva en su vida, menor intimidad, mayor preocupación por el bebe y más agotamiento. Además no debemos de olvidar el factor hormonal, tras el parto aumenta la prolactina, esta es la hormona productora de leche y disminuyen los estrógenos y con ello el deseo. Según un estudio llevado por varios centros sanitarios de Barcelona la mujeres que dan el pecho presentan menor libido que las que no. Es importante trabajar con ellas el factor psicológico  y los cambios que conlleva la maternidad.

Otro inconveniente del que no se habla es la sequedad vaginal tras el parto, esto pasa debido a que la lactancia materna impide la ovulación y esto a su vez a niveles bajos de estrógenos conllevará un epitelio vaginal más frágil lo que conllevará molestias en las prácticas con penetración. Si se desea penetración la solución es darle tiempo a que lubrique de manera natural y si es necesario se puede recurrir a un buen lubricante.

Con la pareja es importante organizarse para poder disfrutar de espacios de intimidad, abrazarse y conectar. Así mismo es fundamental que la madre tenga su propio espacio de autocuidado, que pueda dedicase un tiempo sin el bebe, aunque sea unos minutos al día, tomarse un té, tener una charla relajada con una amistad por teléfono.

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Bonding: la nueva serie de Netflix sobre dominación y BDSM

Zoe-Levin-in-Bonding @somospeculiares

26 de abril de 2019

Melanie Quintana Molero

Netflix ha estrenado hace dos día (24 de abril) Bonding, una comedia sobre una dominatrix y su asistente, Tiff y Pete (Zoe Levin y Brendan Scannell). Ambos protagonistas ejercen su trabajo en Nueva York, son amigos de toda la vida y eso se nota en la relación que tienen; lo que hace que la serie tenga toques de drama y comedia muy interesantes en relación a esta peculiaridad erótica. Siete capítulos de aproximadamente 16 minutos de duración, lo que hace que la serie la puedas ver en tan solo una tarde.

Su creador, Rightor Doyle, ha revelado que la serie se basa en experiencias reales que tuvo cuando se mudó a Nueva York. Dice estar interesado en crear historias queer, historias de mujeres, en encontrar la belleza en lo que se considera feo, en la amistad, en el amor y en la fina línea que divide estas dos.

En esta serie, de la que esperamos haya una segunda temporada, se tratan temas como:

1. Qué es el BDSM y cómo trabaja una dominatrix: Un ejemplo entre otros claro, tened en cuenta que es una serie y que se trata de entretener, no le busquéis cinco patas al gato. Obviamente no es una definición exacta y mucho menos que englobe la totalidad del concepto, pero verlo como una oportunidad interesante de mostrar esta peculiaridad es de por sí una suma.

2. Hablar a la gente de que practicas BDSM: Hay un dialogo muy interesante entre el amo y el sumiso en uno de los capítulos sobre la vergüenza que sienten muchxs a la hora de contar a los demás que practican esta peculiaridad erótica.

3. Practicarlo en parejas: Recoger también el hecho de que es un juego al que se puede jugar en pareja me parece muy interesante y es otro de los puntos que se tocan en la serie.

4. Fetiches, roles, palabra de seguridad y límites: Cuatro de las palabras más reconocidas dentro de este mundo y que conceptualmente son más fáciles de entender una vez vista la serie.

5. ¿Es un juego psicológico?: La protagonista está estudiando psicología y eso hace que su papel sea más interesante y que se aborden temas como la necesidad de practicar BDSM, los deseos, si es mental o algo más físico…

6. El papel de los gays y las mujeres en el amor: La manera de amar de cada uno, las necesidades, los estereotipos… son otros de los temas que con humor se tratan en Bonding. Conversaciones entre los dos protagonistas que seguro os harán reflexionar sobre la vulnerabilidad, los anhelos…

7. Amor y amistad: El creador ha tratado este tema de una forma muy interesante, pudiendo llegar a ver y sentir esa fina línea que divide lo que entendemos por amor y amistad.

8. Las mujeres también se masturban viendo porno: Chapó por lanzar positivamente esta idea también.

9. Peculiaridades como: la necesidad de ridiculización, el gusto por los disfraces, los animales, el cuero, los pies o el disfrute por que te meen encima son las peculiaridades que vais a ver a lo largo de los siete capítulos de Bonding.

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¿Por qué la sangre menstrual nos da tanto asco?

¿Por qué la sangre menstrual nos da tanto asco?
Foto: Stephanie Góngora, instructora de yoga

25 de abril de 2019

Yaiza Morales, Universopornico

Pese a ser un proceso natural que acompaña a las mujeres durante prácticamente toda la vida, en nuestra sociedad, se ha corrido un tupido velo alrededor de la menstruación y todo lo que tenga que ver con ella. Paradójicamente, siendo un sangrado que tiene más que ver con la vida que con la muerte, la suciedad o la violencia; se considera la menstruación de más mal gusto y algo que hay que tapar o esconder de cara a la galería. ¿Tendrá esto algo que ver con el hecho de que la menstruación sea algo que no atañe a los hombres cisgénero?

Se nos ha enseñado desde pequeñitas a ser discretas con el tema e incluso, en muchas ocasiones, en el colegio cuando nos hablaron de ella, se excluyó a los chicos de la charla porque eran “cosas de chicas”. Con todo este panorama a nuestras espaldas, muchas aún creemos que los chicos tienen más tabú del que realmente existe con el tema, pero muchas veces somos nosotras mismas las que marcamos esa distinción y nos capamos la posibilidad de disfrutar del placer durante esos días pensando que no podemos dejarles ver ese aspecto de nosotras a nuestras parejas.

Hemos estado hablando del tema con varios chicos para saber sus opiniones y por lo general, en lo referente al sexo con la regla, admiten no tener mucho problema más allá de ciertas reticencias con el sexo oral más que con la penetración y mayormente por un tema de olores o miedo a que eso “sangre a lo loco” (cita textual de uno de ellos).

Las preguntas que nos hacen en los centros, en la calle, lxs amigxs… son las mismas: ¿Se pueden tener relaciones sexuales durante la menstruación? ¿Es seguro? ¿Se puede hacer sin condón sin riesgo de embarazo? ¿Evitarlo es un tema de higiene o la cosa va más allá? ¿Somos las mujeres las que tenemos más tabú con el tema por pudor o es el horror que supone para muchos hombres siquiera nombrarla lo que nos frena? ¿En el fondo les importa tanto a ellos? ¿Hay maneras de mantener relaciones sin que la cosa parezca la matanza de Texas?

Es normal que genere dudas ya que el tema de la menstruación sigue siendo un gran desconocido incluso para muchas de nosotras aún cuando convivimos con ella cada mes.

Socialmente se ha equiparado la menstruación en muchos aspectos con un estado de enfermedad, y si bien es verdad que muchas de nosotras sufrimos dolores durante la menstruación, y eso es debido a que algo no funciona bien en nuestro sistema, pero no a la menstruación en si; el hecho de tener la regla no tiene nada que ver con enfermedad.

Esta equiparación puede dar pie a confusiones ya que normalmente, cuando estamos enfermos el apetito sexual suele verse reducido. En el caso de la menstruación por contra, muchas experimentamos una subida de la libido y es que el ciclo menstrual, en sí, implica variaciones en diversos niveles hormonales y estas variaciones se disparan tanto durante la ovulación como durante los días de sangrado. Además, está comprobado que practicar sexo durante la menstruación, puede ayudar a reducir los posibles dolores menstruales debido a la liberación de endorfinas y además facilita el sangrado.

Aunque el nivel hormonal durante la menstruación es importante a la hora de valorar las ganas de sexo, no es el único factor existente ni es determinante. La cuestión social, las creencias y los factores culturales que nos rodean son las causas con más peso a la hora de practicar sexo, o no, con la regla. El sexo durante la menstruación es igual o incluso más placentero teniendo en cuenta que contamos con lubricación extra y eso puede facilitar en algunos casos la penetración. Hay que tener muy en cuenta (como siempre) el uso de protección, a poder ser con métodos de barrera, ya que, aunque el riesgo de embarazo pueda ser menor, no es inexistente y además el riesgo de contracción de ETS’s sí que es importante.

Ante todo, y en última instancia siempre será un tema de apetencia, pero estar con la regla no tiene por que significar que renunciemos al sexo.

Que no haya penetración, que se decida a practicar en la ducha por un tema de limpieza o se forre de toallas la cama, que solo se practique masturbación o sexo oral o que se escojan unas posturas más específicas en la que el hombre esté arriba o ambos estéis de lado por un tema de leyes de gravedad y un largo etc.; es una decisión muy personal; pero poder, se puede. La menstruación, si os da cosilla el tema del sangrado, puede ser un momento ideal para explorar nuevas formas de practicar sexo y centrarse más en las caricias y los juegos que en la penetración en sí. Tened en cuenta que durante la menstruación, la mayoría de mujeres disfrutamos de una mayor sensibilidad; y aunque en ocasiones podamos sentir molestias o hinchazón como es el caso de los senos, puede ser una ventaja a la hora del disfrute el explorar los límites de esa sensibilidad. ¡Ahí lo dejo!

Con todo esto, poco más me queda que decir que remarcar que siempre, dejando ya a un lado los tabús o los ascos; será un tema de apetencias y sobretodo de convenir y consensuar entre las personas que vayáis a mantener relaciones sexuales si os parece bien, o no, a ambos.

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¡Penalti!

 

 

 "¡Penalti! El silbato del árbitro le distrajo de su objetivo y sacó la cabeza de mis muslos. Por un momento, me dejó sin aliento. La espera, el anhelo de su lengua era más excitante que el propio acto en sí."

Para nosotros el domingo es sinónimo de descanso absoluto: pijama y película; pero el plan de esa tarde no era uno de mis preferidos, ya que a él le apetecía ver el partido de fútbol. Menos mal que teníamos palomitas y refrescos. Ante la posibilidad de 90 minutos interminables de pases e intentos fallidos de gol, me tumbé en el sofá cómodamente con ganas de jugar más yo que los jugadores. Él me abrazaba por atrás, pasando su mano bajo mi cuello, mientras veíamos la televisión. Me encanta cuando nos tumbamos así, y sé que a él también, porque nos podemos sentir todo el cuerpo.

Dejé que disfrutara del partido, al menos los primeros minutos, pero todo el espectáculo que nos ofrecía el partido, por el momento, eran jugadores corriendo de un lado al otro del campo. Él bostezaba y me hacía bostezar a mí, intentaba enrollar un mechón de mi pelo entre sus dedos, tarareaba una canción... Cualquier cosa para entretenerse. Parecía que la tarde se iba a echar a perder cuando, de repente, él se incorporó para coger el vaso de refresco que le esperaba sobre la mesa. En lugar de llevárselo a los labios, metió la mano dentro y sacó uno de los hielos. Le miré sorprendida preguntándole con la mirada: ¿Qué haces?.

– ¿Quieres divertirte un poco? – Me susurró al oido.

De fondo, el comentarista seguía hablando de balones y jugadas. No pude evitar mostrarle una sonrisa traviesa. Imaginar ese cubito derritiéndose por mi cuerpo provocó palpitaciones en mi entrepierna. Me rozó el cuello con el hielo y mi piel no tardó en erizarse. Acompañó estas caricias congeladas con sus mejores besos, y poco a poco, los pitidos del árbitro procedentes de la televisión se fueron alejando. Me resultaba completamente imposible ser consciente del tiempo, averiguar si eran minutos o horas las que pasaban.

Empezó a pasar el cubito por mis pechos. No hizo falta que llegara a mis pezones con el hielo, ya estaban duros antes de que llegara allí. Y antes de que me diera cuenta, una de sus manos jugaba con la costura de mis bragas, haciéndose hueco entre ellas para jugar con los pelos de mi vulva. No tardó en incorporarse y acomodar su cabeza entre mis piernas, con el hielo aún en la mano, pero justo en el momento en el que iba a rozarme con su lengua… ¡Penalti! El silbato del árbitro le distrajo de su objetivo y sacó la cabeza de mis muslos. Por un momento, me dejó sin aliento. La espera, el anhelo de su lengua era más excitante que el propio acto en sí. No pude evitar llevar mis manos a su cabeza y jugar con su pelo para animarle a que siguiera pendiente de mí y no tanto del partido. Su mirada conectó con la mía y cuando vio mi grado de excitación todo lo demás quedó en un segundo plano.

– ¡Qué le den al partido! – Susurró al tiempo que empezó a acariciarme con el cubito en la entrepierna. La calidez de sus labios no podía hacer mejor contraste con la frialdad del hielo, del que ya quedaba muy poco. Mi cuerpo, cada vez más caliente, había hecho que se derritiera mucho más rápido de lo que me gustaría.

El estadio estaba en silencio esperando que el jugador tirara el penalti. Lo que hacía que en la sala solo se escucharan mis jadeos cada vez más frenéticos, el movimiento de esa lengua endemoniada a la que ahora se habían sumado sus dedos... me estaba llevando justo a donde ambos queríamos. La expectación del propio juego hacía que el momento fuera mucho más excitante. Todos estaban esperando que me corriera.

Entre gemidos, le pedía más. Notaba que estaba llegando. Su roce me hacía chillar tanto que apenas pude escuchar el pitido del árbitro dándole permiso al jugador para tirar. Estaba en lo más alto y rompí mi cuerpo en dos, elevándolo con un jadeo silencioso.

¡Goooool! La grada estaba celebrando mi orgasmo.

Él se anotó un tanto ¿o fui yo al correrme? Esta vez "le voy a dejar ganar", pensé, pero quiero la revancha. Puede que el fútbol no esté tan mal...

De Peculiares

«El mito que más daño hace: el vaginismo es psicológico»

Rosaura Delgado Recuerda

Santiago Agustín Ruíz

Todas las vaginas se abren. Este es el mantra y la lucha de Rosaura, quien trabaja todos los días, como profesional de la medicina y la sexología, y como activista en redes sociales, para crear visibilidad en torno al vaginismo.

8 de abril de 2019

Entrevista de Laura Marcilla

El vaginismo es una disfunción sexual más común de lo que se piensa, pero todavía muy silenciada. A la gente le cuesta hablar de ello, o reconocer que lo sufre, y éste es el caldo de cultivo perfecto para que surjan mitos, prejuicios y creencias dañinas a su alrededor.

¿Qué te llevo a querer dedicarte a la Sexología y a crear @todaslasvaginasseabren?

Para mí haber tenido vaginismo y no haber sabido qué hacer hasta hace un año y medio, ir dando tumbos, fue muy frustrante. Una vez que lo superé, me di cuenta de que haber estudiado medicina me daba la oportunidad de investigar sobre este tema y, sobre todo, impedir que a las miles de mujeres a las que les está pasando en este momento se sientan solas. Cree el perfil para que quien lo sufre sepa qué hacer y a quién acudir, porque hoy en día todavía hay controversia al respecto.

Por si alguien no ha oído nunca este término, ¿qué es exactamente el vaginismo?

El vaginismo consiste en una hiperactividad de uno o de varios puntos gatillos situados en la musculatura del suelo pélvico. Estos músculos están continuamente en actividad, no están relajados. Si hacemos un electromiograma, que registra la actividad de un músculo, en el caso del vaginismo no está a cero, sino que puede estar a diez, a veinte… depende de cada tipo de vaginismo. ¿Qué pasa? Que estos puntos gatillos están activados independientemente de si la paciente está relaja o está nerviosa. Igual que cuando tienes una contractura en la espalda, que no se te va a no ser que se haga algo, pues con el vaginismo pasa exactamente lo mismo.

¿Cuáles son los síntomas que pueden hacernos sospechar que lo padecemos?

¡Es súper fácil! Hay cuatro síntomas que son los más típicos. El primero, la imposibilidad de introducirte tú misma el dedo, que muchas chicas al masturbarse descubren que no pueden. El segundo, la imposibilidad de introducirte un tampón o la copa menstrual, aunque la mayoría de las chichas con vaginismo no lo llegan a intentar con la copa porque ya el tampón les resulta imposible. Después tenemos la imposibilidad de tener penetración y el cuarto sería la imposibilidad de hacerte una revisión ginecológica con el espéculo o con el ecógrafo vaginal. Esto puede ir acompañado de dolor, de quemazón, de ardor… o no.

A menudo se oye que las causas del vaginismo son psicológicas. ¿Cuánto hay de verdad en esta afirmación?

Esta idea es errónea. Nadie niega que mente y cuerpo van juntos, la relación entre el cerebro y la vagina es algo que está ahí, pero por un lado tenemos los puntos gatillo, vamos a llamarlos las “contracturas de la vagina”, que hasta que no se comience con el tratamiento con fisioterapia no se van a solucionar; y por otro lado, el reflejo condicionado, que sería algo así como: yo anticipo ese dolor porque ya he tenido experiencias previas, mi vagina anticipa ese dolor que sabe que va a ocurrir y se defiende.

¿Cómo se defiende?

Contrayendo los músculos más superficiales de la vagina. Por lo tanto no es un dolor imaginado o inventado o un miedo, sino que es un espasmo real que hace la musculatura de manera voluntaria, porque ha aprendido que cada vez que intentas introducir algo en la vagina hay dolor, y por tanto intenta protegerse. Es decir, el miedo que existe en el vaginismo no es el causante de la afección, sino que es la consecuencia. Las causas no son psicológicas, lo son las consecuencias.

En general, hace falta mucha más educación sexual, y parece que el vaginismo tampoco se libra de los prejuicios y los mitos. ¿Cuáles crees que son los que más daño hacen?

Pff… (sonríe). Hay muchísimos mitos. Yo creo que si tuviera que elegir alguno sería “te duele o no puede entrar el pene porque no estás lo suficientemente lubricada, o lo suficientemente relajada”, que es igual a “como estás nerviosa, contraes y no puedes tener penetración”. Ese es el que más daño está haciendo porque las chichas se sienten culpables, se sienten frustradas y piensan que la responsabilidad es suya porque no se pueden relajar. Se está educando en culpabilizar a la persona que lo tiene. También se cree que existe porque hay una “fobia al pene” o por “miedo a encontrar enfermedades de transmisión sexual”, pero sobre todo el mito que más daño hace es: “el vaginismo es psicológico”.

Según tu experiencia, ¿cuáles son los motivos por los que suelen acudir a consulta las personas con vaginismo?

La gran mayoría para poder tener una penetración con la pareja. En el vaginismo hay muchísimo miedo al abandono, porque vivimos en una sociedad súper falocéntrica y coitocentrista en la que se dice que el hombre necesita la penetración. Las chicas que tienen vaginismo sienten que tienen esa necesidad de satisfacer al hombre, de darles esa penetración y que, si no lo hacen, las pueden dejar y “¿cómo van a encontrar otra persona?” (entrecomilla con los dedos). Aunque también suelen acudir las mujeres con cierta edad que tienen un vaginismo severo pero quieren ser madres, o tienen que hacerse una revisión ginecológica y ven que no pueden.

En una sociedad donde la penetración se considera un pilar principal en el sexo, como comentas, ¿cómo se ve afectada la vida de las personas que sufren esta disfunción?

Se sienten bichos raros, se sienten inferiores. No sólo inferiores con su pareja, sino inferiores a sus amigas. Cuando se habla de sexo, normalmente mienten o intentan evitar la conversación para no tener que decir “yo no he tenido relaciones sexuales con penetración”. De hecho, la mayoría no lo cuentan. Se sienten muy frustradas. Y lo que ya he comentado del miedo al abandono, que es algo que desde la sexología se debería de abordar. El abordaje sexológico debe enfocarse a las consecuencias y al acompañamiento hacia la paciente con vaginismo, porque creo que es fundamental que sepan que una relación sexual no está centrada en el coito.

todas las vaginas se abren¿Qué soluciones suelen ofrecerse a las personas con vaginismo? ¿El pronóstico es bueno?

El pronóstico es cercano al 100%, porque en medicina nunca se puede decir el 100%, pero bueno, un 99%. Tenemos la terapia física, que no solo incluye los dilatadores como todo el mundo se piensa. Son un conjunto de técnicas, que en este caso las hace el fisioterapeuta y puede ser trabajo miofascial, trabajo de las articulaciones sacroilíacas y las lumbosacras, movilizar el coxis… La articulación temporomandibular también se está viendo que está muy relacionada con disfunciones del suelo pélvico, o sea, con vaginismo. El abordaje es muy amplio y multidisciplinar. Tiene que contar con el fisioterapeuta y con el sexólogo. Aunque también te digo que hay chicas que, porque no tienen dinero o porque no hay un fisio-sexólogo en la zona donde viven, tienen muy difícil acceder a estos medios. Entonces la dilatación es el pilar fundamental que, sí o sí, necesitas para superar el vaginismo. Si no hay dilatación, desensibilización, no se puede tratar el vaginismo, no se solucionará. Pero cuando se hace, ya te digo que es efectivo casi al 100%.

¿Cuál es el tiempo estimado de resolución?

Unos tres meses, así que realmente en poco tiempo se dan cuenta de que son capaces de experimentar y de sentir libertad, que al final es lo que todas dicen cuando acaban, que se sienten libres.

¿Hay alguna moraleja, algún aprendizaje positivo que las personas que han sufrido vaginismo puedan extraer de esta experiencia?

La verdad es que sí. De hecho, todas coinciden en que disfrutan la sexualidad de una manera muy diferente, de muchas formas, porque acabas descubriendo de ti cosas que si te centraras solo en la penetración no podrías descubrir. Ellas priman el autoconocimiento. Y este camino les enseña también a descubrir su fortaleza, la valentía que tienen y la capacidad de resistencia. Porque no es solamente la sesión con el fisio, sino que ellas en casa tienen que hacer ejercicios durante una hora o el tiempo que cada vaginismo requiera.

Siempre hacemos esta pregunta pero en tu caso me gustaría afinar más: ¿Ha habido algún momento en tu propia vida erótica con vaginismo que marcase un antes y un después?

Hay dos momentos en concreto que marcaron un antes y un después. El primero fue cuando me masturbé con el dedo yo sola y en vez de dolor, que siempre había sentido dolor, sentí placer y tuve así un orgasmo.Fue algo que no puedo ni describir. Y el segundo fue la primera penetración con mi pareja. Porque aunque yo quiero hacer un discurso que nada tiene que ver con el coitocentrismo, cuando tú por primera vez puedes elegir tener o no una penetración, la sensación de alivio y de libertad es brutal, y es algo que durante el tratamiento y antes del tratamiento no lo sientes. Eres libre, pero no te sientes libre.

Si alguna persona leyera tu entrevista y pensara que puede estar padeciendo vaginismo, ¿qué te gustaría decirle?

Sobre todo, que se supera, que se supera muy rápido, que no lo tiene en su mente, que no se lo está inventando, sino que tiene algo físico que hay que solucionar, y que hay miles de mujeres en esa misma situación. También le diría que lo cuente, porque no contarlo hace que tú misma no lo vivas de manera natural, no lo acabes integrando, y todavía se hace más grande. Y bueno… que no se culpen, que no sientan miedo a que las dejen. Y que se perdonen. Porque al final toda la información que acabas recabando en internet o donde sea está con los mensajes que te decía antes: “tienes que aprender a relajarte y tienes que ser fuerte, porque no va a pasar nada porque el ginecólogo te meta el espéculo”.

¿Los ginecólogos suelen venderles este discurso?

Sí, pasa mucho, que intenta convencerlas de que está en sus mentes introduciendo el espéculo y les acaba haciendo un daño brutal. Por favor que no permitan eso, que es violencia obstrética. Que cuenten con la ayuda que les puedan ofrecer sus amigas, por ejemplo. Contárselo a alguien, aunque sea sólo a una persona les hace sentir muy liberadas. La sensación cuando lo cuentas es “mira, no me ha juzgado, no ha sido para tanto”.

¿Cómo te imaginas o cómo te gustaría imaginarte la situación del vaginismo y de las personas con vaginismo en el futuro? Pongamos, por ejemplo, en diez años.

Me encantaría que de aquí a diez años se siguiera un protocolo de actuación, que todos los ginecólogos, psicólogos, sexólogos, fisioterapeutas, todos lo llevaran a cabo y derivaran a las chicas de manera correcta. Sueño con eso. Que las chicas hablen con naturalidad de que no pueden tener penetración igual que hablan con naturalidad de que tienen una candidiasis o cualquier otro proceso. Estamos en ello, que ya se ha hecho, se ha redactado una guía multidisciplinar para que todos los médicos trabajen y aborden el vaginismo, porque estamos en una situación en la que la investigación no avanza. Todos los estudios que hay están centrados en psicólogos y psiquiatras. Y por supuesto que el DSM-V saque el vaginismo de ahí, que todavía aparece como una patología psiquiátrica, y espero que esto dentro de diez años ya no sea así.

Para terminar, desde redes sociales, haces una labor muy importante, y recientemente has comenzado una investigación sobre este tema. ¿Cuál es el objetivo final y cómo podemos colaborar con el estudio?

Me gusta esta pregunta porque el objetivo del estudio es saber cuáles son las causas reales del vaginismo. Para eso, aparte de la investigación, he elaborado una encuesta que está en mi perfil. La tiene también Laura Pastor, de “En forma por dentro”, que es fisio de suelo pélvico y Marta Torrón, otra especialista en suelo pélvico. Cualquiera de nosotras podemos facilitar el cuestionario a personas que tienen vaginismo. La verdad es que ahora mismo están saliendo resultados muy interesantes que le van a dar la vuelta a lo que conocemos como vaginismo “psicológico”.

De Peculiares

Sexo sangriento

 
 

 

 "Siempre me había preguntado 
cómo sería tener sexo con la regla"

Desde el momento en el que nos empezamos a besar en al esquina más oscura de ese antro, me entraron ganas de hacerlo. No pude evitar que las bragas se me mojaran al primer contacto de su lengua caliente y húmeda. En estos días del mes, estoy tan cachonda… “Vamos a mi casa”, le dije.

El tono de urgencia tenía que ser muy evidente porque al instante asintió y cogió nuestros abrigos. Nunca me habría imaginado que el camino a mi casa pudiera ser tan excitante. Cada esquina se convirtió en el refugio de una caricia disimulada bajo la ropa y cada semáforo, en la excusa perfecta para un beso más caliente.

Antes de que me pudiera dar cuenta, me había empujado contra la pared de la entrada de mi casa mientras me lamía el cuello. Con una mano me sujetaba el pelo, mientras que con la otra me acariciaba por dentro de la camiseta. 

Cuando tengo la menstruación, mis pezones están aún más sensibles y un solo roce hace que me entren ganas de mucho más. Con la regla me excito más rápido.

Sus dedos empezaron a recorrer la redondez de mis pechos y acariciaron mi tripa. Iban a entrar dentro de mis pantalones, cuando les interrumpí: “Tengo la regla”. Su mano se detuvo a la entrada de mis bragas y pareció dudar antes de decir: “No va a impedir que nos lo pasemos bien, si tú quieres”.

Con esas palabras, me mojé un poco más. Vía libre. Siempre me había preguntado cómo sería tener sexo con la regla. Le empujé sobre mi cama y me fui desnudando poco a poco. Él no podía apartar la mirada de mí, lo que me hizo sentir aún más sexy. No podía parar de tocarme mi propio cuerpo y cada caricia me calentaba aún más.

Su respiración se aceleraba al ritmo al que yo me desabrochaba la camisa. Y antes de que me empezara a quitar el sujetador, él ya se estaba masturbando sin quitarme ojo. Nunca jamás podré olvidar esos besos.

Por la menstruación, me quedé en bragas. Pero en cuanto me acerqué a él, me las quitó con fuerza. “Quiero besarte”, me susurró mientras mordía mi cuerpo camino de mis piernas. Creo que no se refería a mis labios…

Entre la sangre y lo excitaba que estaba, mi entrepierna era pura humedad. En ese instante, lo que menos me importaba era manchar las sábanas; yo solo tenía un orgasmo en la cabeza. El morbo de tener sexo con la regla hizo que la excitación fuera más fuerte que cualquier pudor, y su cabeza desapareció bajo mi tripa.

Nunca jamás podré olvidar los besos que me dio en el clítoris. Aún me sirven de inspiración cuando quiero ponerme a tono.

Esos pellizcos en los pezones consiguieron llevarme a lo más alto y, de repente, me dejé caer. Solo utilizando la lengua y los dedos, consiguió que algo dentro de mi explotara una y otra vez. Una sacudida brusca y dulce al mismo tiempo; cálida y placentera.

Nunca antes había tenido tantas sensaciones al correrme. Ahora puedo decir, que el sexo con la regla me dio mi mejor orgasmo.

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Estos son los mayores mitos sobre el sexo lésbico

Mitos lésbicos

13 de marzo de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Aún no entiendo muy bien por qué el sexo entre lesbianas es una de las fantasías más recurrentes. Cuando ponemos a dos mujeres frente a frente y las imaginamos teniendo sexo los niveles de excitación se disparan. Si cambiamos dos vulvas por dos penes, ya cambia el panorama y no a todo el mundo le gusta... ¿A qué se debe esto? No tengo una respuesta clara, y mira que la he buscado y meditado, si vosotras lo tenéis claro por favor contádmela. Pero sí que tengo alguna inclinación, y es que las películas porno y los mitos sobre el sexo lésbico no ayudan mucho a ver la realidad de los encuentros eróticos entre lesbianas.

No recuerdo muy bien si antes de meterme en esto de experimentar con mujeres yo también tenía la misma perspectiva, creo que no, pero claro ahora lo veo desde el otro lado y no es fácil ser objetiva. Ahora sí que hablo con convicción de causa y os digo que el sexo entre mujeres no es tal y como lo pintan. Por eso, hoy os voy a romper 5 mitos sobre el sexo entre lesbianas.

El menaje de cocina mejor lo dejamos ahí, en la cocina

Mito número uno. Es por antonomasia la imagen más representada (también en tus fantasías no lo niegues) del sexo lésbico. LAS TIJERAS, así en mayúsculas. Porque parece que para las lesbianas no hay postura más satisfactoria que ésta, permitidme romperos el mito. La postura de las tijeras permite que los genitales se rocen directamente e incluso si hay bastante lubricación pueden hacer efecto vacío entre vulva y vulva y aumentar el placer. No quiero decir que no sea excitante, pero de ahí a que sea la favorita va un trecho. Es una buena postura para hacer de vez en cuando y durante un tiempo determinado, pero no es para practicar en un arrebato de pasión porque requiere una logística más estudiada. Muchas veces se nos presenta como la primera postura que se hace entre mujeres y he de deciros que no. Hay muchas otras posturas a las que recurrimos y de las que disfrutamos mucho, por ejemplo el misionero lésbico en el que también están en contacto los pubis o la postura de Venus, que se basa en rozar la vulva en el muslo de nuestra compañera.

Y tú, ¿eres pasiva o activa?

Mito número dos. Esta es una de las preguntas más comunes y más hirientes que se hacen a las parejas lésbicas. ¿De verdad hay que explicarlo? ¿aún se cree que una toma un rol y la otra otro y permanece así hasta el final de los días? Es como cuando intentan averiguar quién hace de chica y quién de chico. Los roles, igual que en cualquier otra relación son intercambiables y mutables. Vamos que las lesbianas follan igual que cualquier otra pareja, a veces una lleva más la voz cantante y la otra se deja llevar e incluso, ¡cuidado no os asustéis! En ocasiones se han dado casos de que las dos actúan por igual en sus encuentros eróticos.

Dejando bromas a parte, rompamos este binomio hombre/mujer para todo y pensemos en personas. Personas que se encuentran y disfrutan sin tener en cuenta sus géneros, simplemente sus deseos. Hay veces en los que apetece jugar a roles, como en todas las relaciones y otras disfrutar sin más.

Sin juguetes no hay paraíso

Mito número tres. ¿Cómo? ¿que si no tengo un dildo o un vibrador lo mío ya no es sexo? Pues eso parece, que si no te penetras o penetran con algo no es 100% sexo. Esta es otra de las cosas que no entiendo, pero si sois valientes cuando vayáis a vuestra próxima revisión ginecológica se lo explicáis al o la facultativa, porque las últimas experiencias son que si en tus encuentros no hay pene que te haga orgasmar, no se certifica como sexo. Esa es la cara que se me quedó a mí. Y es que para paliar esta “falta” de miembro masculino, se nos meten los juguetes sexuales por cualquier sitio (u orificio). No seré yo la que reniegue de ellos, pero hay vida sexual más allá de los dildos. El erotismo es mucho más que penetraciones y vibraciones alteradoras de ritmos cardíacos. Las manos, la lengua o la piel son unos juguetes sexuales magníficos para disfrutar. Y no debemos olvidar que no a todas las personas con vulva nos gustan los juguetes eróticos, hay muchas que prefieren disfrutar de sus cuerpos sin accesorios y no por ello tienen una vida sexual peor.

Las ETS son para los penes

Mito número cuatro. Las lesbianas no se contagian de infecciones de transmisión sexual. Ya sé que te parece una barbaridad que diga esto, pero se sigue pensando que entre las mujeres no se transmiten este tipo de infecciones y no es cierto. Es verdad, y los datos lo avalan, que el número de infectadas es menor que en otros colectivos, pero esto no quiere decir que sean inmunes.

Igual que cualquier otra persona, cuando decidimos tener un encuentro con otra mujer hay que protegerse. Si compartimos algún juguete debemos ponerle un preservativo y lavarlo bien después y antes de su uso. Durante el sexo oral es importante utilizar una banda de látex o hacerla con un condón abierto para evitar el posible contagio. Cuando nos apetezca introducir dedos o tocar, protegernos es tan sencillo como ponernos unos guantes de látex o fundas de dedos.

Las lesbianas no son tántricas

Mito número cinco. Los encuentros sexuales entre lesbianas son rápidos y fruto de un arrebato. ¿Eh? Os podéis imaginar mi cara cuando oí esto. ¿Cómo que el sexo entre mujeres es más rápido? A mí aquí algo no me encaja. Por una parte siempre se dice, en esos cuentos populares, que a las mujeres nos gusta el sexo lento, despacio, saboreado y no un quickie rápido. Por eso de que las mujeres, así como colectivo, como si al decir mujeres todas nos unificáramos, nos cuesta más excitarnos. Pero por otro lado, ahora oigo que el sexo entre lesbianas no es tan largo como el del resto de mujeres. Y digo yo, si a las mujeres nos lleva más tiempo excitarnos y el sexo lésbico es entre dos mujeres, más tiempo tardarán en excitarse, ¿no? Y además, para qué, ¿para qué final? ¿Es que la excitación no es a un acto erótico y sexual en sí mismo?

Las lesbianas, igual que cualquier otra mujer, tienen sus propios ritmos y a veces nos apetece sexo tántrico, lento y pausado y otras nos morimos por un polvo en el ascensor.

Pensando en todos estos mitos me venían a la cabeza muchas escenas de películas y relatos, tal vez ahí esté la respuesta a mi pregunta de por qué hay tanto mitos sobre el sexo lésbico. Un poquito de realidad sexual no nos vendría mal para nuestros imaginarios eróticos.

De Peculiares

Mírame a los ojos

 
 

 

 

 "Hacía dos años del accidente que había dejado a Mateo en silla de ruedas, y su vida sexual dio un giro absoluto. Mentirían si dijeran que no fue duro. Aquello estuvo a punto de acabar con su relación."

LAURA MARCILLA

 

 

 

Relato ganador del Concurso de Relatos "Eroticopao", organizado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Occidental.

No le había dicho nada a su pareja. Casi se sentía como si le estuviera engañando. Estuvo excitada todo el día, sin poder concentrarse en el trabajo, recreando en su mente lo que tenía planeado para aquella noche. Su mente vagaba entre lencerías de encaje, velas, música suave...

Al llegar a casa dedicó más de una hora a mimarse y acicalarse, a prepararse para una noche especial. Se dejó embriagar por la espuma y las sales de baño. Untó todo su cuerpo en crema al salir de la bañera. Se roció con un perfume nuevo que había comprado para la ocasión. Se maquilló los labios con carmín y enmarcó sus ojos en unas enormes pestañas. Eligió un disco de jazz y abrió una botella de tinto. Las medias con liguero y el batín de seda eran los únicos que cubrían su cuerpo. Estaba tan ansiosa que no parecía ser consciente del frío, e ignoraba incluso las señales de sus pezones que despuntaban descarados bajo la tela.

El corazón le dio un vuelco cuando escuchó la llave en la cerradura.

Su novio entró en la habitación con una expresión de desconcierto.

– ¿Y todo esto? – preguntó frunciendo el ceño – No me habías dicho que fueras a organizar una cita hoy.

– Porque esta es una cita diferente – le respondió arrodillándose ante su silla de ruedas –. Hoy vamos a ser solo tú y yo.

*

Hacía dos años del accidente que había dejado a Mateo en silla de ruedas, y su vida sexual dio un giro absoluto. Mentirían si dijeran que no fue duro. Aquello estuvo a punto de acabar con su relación. Pero como todas las crisis, también les abrió nuevas posibilidades que ellos supieron aprovechar.

Mateo siempre había sido dominante en la cama. Le gustaba darle órdenes, y a ella le gustaba fingir que las obedecía a regañadientes.

A raíz de la nueva situación de Mateo, decidieron dar el paso y probar algo que había salido en muchas conversaciones sin llegar a materializarse. Julia empezó a acostarse con otras personas ante la atenta mirada de su novio.

Mateo no se limitaba a ser un observador impasible. Él era el director de orquesta. A menudo ni siquiera tocaba a Julia en todo el encuentro, pero los dos, y el invitado de esa noche, sabían perfectamente quién estaba al mando.

– Métete su polla en la boca, pero no dejes de mirarme a mí – solía decir al principio.

– No se te ocurra gemir, no tienes permitido hacer ningún ruido.

– Ponla contra la pared, y azótala con esto – ordenaba a veces quitándose su propio cinturón.

Y sobre todo: “Mírame”. “Mírame a los ojos”. Este mandamiento se repetía en todos los encuentros en el momento del orgasmo. Cuando Julia se corría siempre eran los ojos de Mateo su última visión antes de dejarse ir, para que no olvidase que, fuera de quien fuera el cuerpo que tenía entre las piernas, el placer lo obtenía gracias a él.

Era un juego divertido que les unía profundamente. Hacía sentir a Mateo poderoso. Hacía sentir a Julia una maravillosa pérdida de control al dejar sus actos en manos de otra persona.

Tras los primeros encuentros, tras haber perdido el miedo a que Mateo se viniera abajo, se atrevió a preguntarle:

– ¿Qué te excita a ti de todo esto?

– El poder es el más potente de los afrodisíacos – le dijo -. Y no hay mayor poder que entregarte a otra persona y saber que, en esos momentos, me perteneces por completo. Me perteneces más que nunca.

*

No obstante, en los últimos meses Julia había echado de menos el tacto de las manos de Mateo. Cada vez se animaba a incorporarse a la escena con menos frecuencia. A menudo la observaba desde un rincón en la penumbra, y solo se acercaba para sostenerle la mirada en los segundos antes de la explosión del clímax. Como un artista que observa desde cerca el resultado de su obra.

Las sesiones de sexo eran exquisitas. El placer se desbordaba por todos los sentidos. Pero Julia quería algo más que placer. Quería recuperar la intimidad con la persona que le proporcionaba los orgasmos más vibrantes sin siquiera tocarla.

Por eso, esta noche, sería ella quien llevase la batuta.

Mateo se mostró inseguro al principio. Le invadieron unos nervios que no recordaba haber tenido en mucho tiempo. Ambos se sentían un poco novatos, un poco perdidos, un poco adolescentes. Ella tenía ganas de experimentar, él estaba preocupado por no poder dejarse llevar.

Le condujo de la mano hasta el dormitorio, y le ayudó a sentarse en la cama con la espalda apoyada en la pared.

Horas después, ninguno de los dos sabría decir exactamente todo lo que había pasado. Tendidos en sudor jadeaban con una sonrisa en la cara, mientras intentaban recuperar el aliento.

Los recuerdos de Julia saltaban de escena en escena al azar: ella bailando mientras él la observaba por encima del borde de la copa de vino. Sintiéndose deseada y deseante, libre para improvisar los siguientes movimientos.

Habían rodado por la cama, empapados en aceite de masajes y vino derramado sobre los pechos de ella.

Habían lamido cada centímetro de sus cuerpos, aunque no se negaron el capricho de dedicar más tiempo a determinadas zonas: a los pechos, al cuello, al torso, incluso a los dedos de los pies. Los dientes de Mateo marcaron las nalgas de Julia, y Julia hizo lo propio con sus uñas en la espalda de Mateo.

También había estado de pie sobre la cama, con una pierna a cada lado del cuerpo de Mateo, empujando su cabeza con furia contra su clítoris, y acariciándole el pelo.

Y tiempo después (podrían haber sido horas o quizá solo minutos), cuando la mano derecha de Mateo empezó a provocar temblores de éxtasis, mientras la izquierda le pellizcaba un pezón, Julia le sostuvo la cara entre las manos y esta vez fue ella quien ordenó con voz firme.

– Mírame. Mírame a los ojos.

De Peculiares

“Al concepto de asexualidad le falta muchísimo recorrido y entendimiento a nivel social”

Pablo Ortiz Navarro

Pablo Ortiz Navarro

Pablo es una de las pocas personas asexuales reconocidas que hablan de esta peculiaridad erótica en los medios de comunicación. Él lo sabía desde la pubertad pero por aquel entonces había menos información que ahora.

4 de marzo de 2019

Entrevista de Melanie Quintana Molero

En abril de 2016 se estrenó un anuncio de Flex en el que se hablaba, casi por primera vez, de la asexualidad y Pablo fue uno de los protagonistas. Desde entonces el concepto o la definición de esta peculiaridad erótica ha dado a entender al mundo que las personas asexuales no tienen sexo, deseos o que no se masturban, y no es así.

La mayoría de personas que entren a leer la entrevista será para resolver su propia duda: ¿qué significa ser asexual?

(Sonríe) Ser asexual significa, simplemente, no sentir atracción sexual, no sentir lo que podríamos llamar como el impulso de mantener relaciones sexuales. Sin embargo, las personas asexuales sí que pueden tener ganas de tener sexo, sin que esto se oriente hacia nada ni nadie.

¿Pero cómo llegas a descubrir e identificarte dentro de esta peculiaridad erótica?

Te vas dando cuenta desde la pubertad, cuando comienza a haber una mayor conciencia de la propia sexualidad. Te das cuenta que no lo estás viviendo como todos los demás. El desarrollo se da igual, pero el interés hacia compartirlo con otras personas no aparece.

Diferenciemos conceptos: desear, gustar y practicar no es lo mismo. ¿Puede gustarte o puedes practicar sexo, aunque no experimentes atracción sexual hacia otra persona identificándote como asexual?

Por supuesto. Desde luego, siempre es más fácil practicar sexo que el hecho de que te guste tenerlo. E incluso podríamos diferenciar el hecho específico de que te guste tener sexo por el hecho de la excitación asociada o con el momento de intimidad y comunicación. En cualquier caso, en la comunidad asexual lo tenemos claro: la mejor manera de tener sexo con alguien asexual es no querer tener sexo con esa persona. Y es que esa es la mejor manera de evitar la presión social que llevamos tantos años arrastrando, y que lleva a unas expectativas que probablemente no va a cumplirse de la manera esperada.

¿Y cómo encaja el amor dentro de esta peculiaridad erótica? ¿Puedes llegar a amar o enamorarte de otra persona?

En mi caso queda clarísimo que sí, (ríe a carcajadas). Pero hasta cierto punto lo vivo con algo de miedo. Me imagino bien viviendo con alguien que me quiera independientemente de la orientación sexual con la que se identifique. Pero cuando alguien se entera de que te catalogas como asexual, pues comienza a dudar. Más aún si lo has hecho público, porque siente que pondrán en duda su propia sexualidad. Ocultar que eres asexual no es mucho mejor. Creo que es peor, de hecho: nadie va a poder entender aquello que no se le ha explicado y el intento de relación va a comenzar a fallar por todos sitios.

¿Has intentando tener relaciones de pareja?

Bueno, cuando yo me di cuenta de que era asexual la información era mucha menos de la que es ahora, que ya es decir. Ante la pregunta “¿cómo vive la experiencia de intentar tener pareja una persona asexual que no sabe que lo es?”, la respuesta seguramente es bastante común: “un desastre”.

Tengo curiosidad y te lo tengo que preguntar. La excitación se entiende de muchas formas diferentes, según a quién le preguntes. Qué responderías si te preguntara: ¿qué es lo que más te excita en el mundo?

(Reímos) Por lo general, el hecho de excitarme depende mucho de mi decisión de estarlo. Para intentar responder un poco más, puedo hablar de contextos que me atraen. Compartir un rato de intimidad, con o sin contacto físico, con alguien con quien siento mucha confianza e incluso cariño es seguramente lo mejor. Si tiene que ser en contextos más sexualizados siempre me he sentido más atraído hacia la comunidad BDSM, porque en esta comunidad se da por hecho que antes de lanzarse a mantener relaciones sexuales hay que acordar qué va a hacerse y que no.

Y tú necesitas saber qué va a pasar…

Eso es. Para alguien asexual, desde mi punto de vista, es mucho más gratificante poder experimentar sabiendo qué pasará, e ir entendiendo en qué situaciones se puede estar con comodidad y en cuáles no. Evidentemente, si alguien de fuera de la comunidad BDSM es capaz de entender esto, no es necesario recurrir a ninguna de las prácticas que podrían ser más características de esta comunidad. Aunque siempre desde mi punto de vista.

Si tuvieras que destacar algún momento en particular que marcara un antes y un después en tu vida erótica, ¿cuál sería?

Esta pregunta me la esperaba… (reímos). No me imagino una entrevista vuestra sin esta pregunta. (Volvemos a reír) En mi vida he ido haciendo varios cambios, algunos respecto a mi vida erótica, otros a mi personalidad, pero también a nivel formativo… Pero si tuviera que elegir uno a nivel erótico, seguramente sería el hecho de permitirme usar la etiqueta asexual y permitirme decirlo públicamente. A nivel de autoestima esto es esencial, lo que revierte en poder tener relaciones sanas, a mi parecer.

¿Nos cuentas alguna experiencia que recuerdes con mucho cariño dentro de tu vida erótica?

Venga, sí. No suelo hacerlo, pero me acaban de venir dos que creo que merecen referencia. Espero no defraudar a nadie por ser poco… ¿picantes? (Ríe) Estaba en la playa, no recuerdo qué pasaba, creo que jugábamos a algo. Probablemente en aquel momento tampoco entendía a qué jugábamos. El caso es que de repente una chica me estaba intentando estrujar entre sus piernas. Creo que el objetivo era retenerme por no sé qué objetivo del juego, pero no estaba usando toda la fuerza que tenía. Me sentí bien estando ahí, así que consiguió su objetivo: no me moví del sitio. En otra ocasión estaba en una cafetería bastante ideal: no era grande, la luz era cálida y poco intensa, sabían que la Coca Cola debe servirse de botella de vidrio en un vaso de vidrio con hielo y limón y el café era de tostado natural. Estuve toda la tarde hablando con un chico al que apreciaba mucho, y al despedirnos junto a la parada de Metro nos abrazamos y volví a sentir el mismo cariño que ya había sentido antes.

¿Crees que al concepto ‘asexual’ aún le hace falta recorrido y entendimiento por parte de la sociedad, al igual que paso con la ‘homosexualidad’ o la transexualidad’?

Al concepto de asexualidad le falta muchísimo recorrido y entendimiento a nivel social, seguramente más que al concepto de homosexualidad y quizá un poquito más que al hecho trans. Hacer comparaciones es difícil, pero sí que es cierto que parece haber un proceso social cuyos patrones se repiten siempre. En 2016 hicimos las primeras acciones para visibilizarnos masivamente y comenzaron también los ataques masivos. Ahora, poco a poco, se va escuchando hablar de la asexualidad de manera no estigmatizante. Es el proceso por el que pasa siempre la diversidad, aquello que se sale de la norma.

Pablo OrtizHasta 2013 ser asexual se consideraba una enfermedad. ¿Te has encontrado con personas que han intentado curarte?

A nivel de profesionales, no. Pero porque soy suficientemente consciente de que aún a día de hoy hay supuestos profesionales que patologizan a personas asexuales. Por eso filtro antes de acercarme a alguno de ellos. E intento que estos encuentros se realicen dentro de las fronteras de Catalunya, para recibir el amparo de la ley 11/2014 del Parlament contra la discriminación por motivos de orientación sexual. Y por si acaso, el móvil siempre con batería por si tengo que llamar al 112. En mi vida personal, creo que la gente ya sabe que no voy a responder de buenas a algún mensaje que pueda sugerir algo así, por lo que nadie lo ha intentado. Honestamente, creo que tampoco nadie cree que necesite curarme nada.

Cuando nos ponemos una etiqueta parece que entramos en un colectivo y perdemos la individualidad, pero no por ser o sentirte asexual tienes que ser de una forma u otra, como si hubiera un manual: un asexual es así. ¿Te has enfrentado a esta idea teniendo que dar explicaciones de que al igual que cada persona es un mundo, cada asexual vive su peculiaridad de un modo u otro?

Desde luego. Lo curioso es que he tenido que combatir esta idea tanto fuera como dentro del colectivo. Desde fuera, ha sido especialmente evidente al intentar explicárselo a periodistas. En alguna ocasión han intentado vender la idea de la asexualidad como aquello opuesto al sexo: la antisexualidad. Cada vez que en un medio de comunicación han intentado hacer una entrevista así, el resultado ha sido el mismo. Quien me entrevistaba me miraba a los ojos, con un deje de entre confusión y decepción, para concluir “no entiendo qué es la asexualidad”. Es evidente que si intentan reducir la sexualidad humana a blanco o negro y se quedan con esa idea sin escuchar más, no van a entender nada. Sobre combatir esta idea a nivel interno, me he encontrado ya con varios casos de personas que creen que su realidad, su manera de vivir su asexualidad, es exactamente la que se corresponde a todas las personas asexuales. Para más inri, acostumbran a ser justamente las personas que han vivido unas cosas menos frecuentes estadísticamente en la comunidad. El perfil también suele ser de persona que ha tenido que forjarse una cierta coraza, tras varias décadas de matrimonio intentando convencer a todo el mundo de que en su relación todo era como debía ser. Ahora se descubren asexuales y…

¿Alguna vez te han intentado convencer de que tu peculiaridad erótica no existía o que la podrías cambiar si hacías esto o lo otro?

¿Cuentan los comentarios al vídeo de Código Nuevo o la entrevista en Crónica Global? Yo creo que el peor que he vivido ha sido en Catalunya Ràdio, en el que una señora que decía ser psicóloga intentaba algo así como diagnosticarme fobia a los genitales en directo. La verdad es que me hizo pasar vergüenza intelectual, tantos años de estudios para liarse con sustantivismos que no hacían más que demostrar que del tema ni sabía, ni quería saber. Imagínate que tu único discurso al explicarte que las personas asexuales sufren discriminación fuera que no te gusta la palabra asexual. Y, peor aún, que ni seas capaz de sugerir una mejor. Pues en esas estamos.

Se ha relacionado incluso la salud física con tener sexo, ¿cómo vives el hecho de que os digan que por que no tenéis sexo estáis menos sanos?

Me suelo preguntar si se refieren a los beneficios físicos de hacer deporte, a los beneficios fisiológicos de tener sexo o a los beneficios de tener relaciones afectivas. Con todo, nunca les pregunto a cuál de las tres se refieren. Les suelo preguntar si conocen los efectos de forzar a alguien a tener relaciones sexuales que no quiere mantener, porque eso nunca se lo plantean.

Muchas personas incluso se preguntarán si tenéis sexo con vosotros mismos, ¿la falta de deseo sexual también incluye vuestro cuerpo?

Ser asexual hace referencia a la atracción sexual y no al deseo. Creo haber visto estadísticas en las que se reflejaban que las personas asexuales se masturban con la misma frecuencia que lo hacen las personas de cualquier otra orientación.

¿Entra la posibilidad de que el deseo de ser padre/madre coexista con tu peculiaridad erótica?

Es totalmente posible, conozco a personas asexuales que se encuentran en esa tesitura. En cualquier caso, yo no me imagino cuidando a niños fuera cual fuera mi orientación sexual. Se me dio mal cuidar un caracol que recogí del césped cercano de casa. Y tampoco se me daban bien aquellos dos periquitos. Ni la tortuguita. No, no me veo teniendo hijos. (Reímos)

 Llevemos esto a la ficción de una pantalla de televisión o cine, ¿hechas en falta un personaje con el que sentirte identificado? ¿Crees que si este personaje existiera ayudaría a entenderos?

Desde luego. Seguramente el mejor referente en este momento sea Todd, de la serie Bojack Horseman. También debo decir que plantear personajes asexuales desde la visión de que son los más raros/antisociales o poco deseables físicamente justo va contra visibilidad bien a la comunidad porque caricaturiza y refuerza estereotipos negativos.

 Si una persona tuviera dudas de si es o no es asexual, ¿qué le recomendarías?

Para mí las etiquetas se usan porque hay una finalidad detrás. Si es simplemente curiosidad académica, para categorizarse sin más, le recomendaría que dedicara su tiempo a cosas mejores como correr por la montaña. Pero esto no suele pasar. Si alguien se ha puesto a buscar etiquetas e intentar encajar en algún sitio es porque ahora mismo no lo está consiguiendo. Lo mejor que puede hacer es leer más sobre asexualidad, quedar con otras personas asexuales si hay algún grupo cercano. Y si necesita ayuda, contactar con alguna persona profesional de la Sexología sensibilizada con la diversidad y, a ser posible, con la asexualidad. La comunidad no está para dar ni quitar etiquetas, por lo que yo no le diré a nadie si me parece que es asexual o no, aunque algún pensamiento así se me pueda pasar por la cabeza en algún momento.

De Peculiares

La seducción como arma letal

Seducción como arma

20 de febrero de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

No sé en qué momento nos ha parecido mal usar la seducción como herramienta pero creo que desde aquel momento, nos sigue pareciendo una herramienta despreciable, signo de debilidad de las mujeres, una acción que desprestigia a aquella que la utilice. Es como si las que decidimos usarla no tuviéramos aquellas actitudes más fuertes y nos rebajáramos al emplearla. “Cuidado con las mujeres, utilizan sus cuerpos, su sensualidad para atraparte y luego hacer contigo lo que ellas quieran”. Desconozco el origen exacto del desprestigio de la seducción, pero el otro día viendo un documental sobre el Imperio Romano presencié una reconstrucción donde aparecía Octavio, sucesor de Julio Cesar, hablando en el senado sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra.

Las palabras de aquel hombre, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por y para el poder, refiriéndose a las armas peligrosas de Cleopatra me resonaron. Hablaba de ella como una mujer despiadada que utiliza el cuerpo y sus goces para manipular y atrapar a todo hombre. Qué rastrera, sucia, venenosa... Me pareció como poco, curioso que se hablara ya en esos términos sobre el arte de la seducción y cómo la utilizaban para desprestigiar a mujeres poderosas. Ya que no había muchas pero las que había era porque habían utilizado sus “dotes de mujer”. ¿Os suena?

Creo que podríamos escuchar estas mismas palabras todavía en boca de muchos y muchas para referirse a mujeres poderosas. Y no hablo de un poder sólo institucional digamos, hablo de mujeres empoderadas. Como si la mujer poderosa sólo pudiera serlo por su condición femenina y la utilización de su cuerpo. ¿Y si es así, qué? ¿Cuál es la cualidad legítima para ser poderosa? ¿Tal vez la inteligencia? ¿La fuerza? ¿La simpatía? ¿La sensibilidad?

Parece que nos tenemos que justificar constantemente por qué somos valoradas y por qué estamos donde estamos. Pero si nos dicen que somos licenciadas por haber seducido a un profesor, inmediatamente nos sale la ofensa. “Yo que soy una mujer respetable, inteligente, trabajadora... cómo haría yo algo así, sólo me ven como un objeto sexual”. Tal vez lo que les jode es que una mujer tenga poder, punto. Así de simple. E intentan desprestigiarnos con el tema de la objetualización, como si la seducción sólo fuera follar, como si no entraran muchas más cosas en juego; cualidades, seguridad, virtudes, observación, espera...  y nosotras, les hemos creído.

Les hemos creído porque hoy en día todavía ser puta es lo peor que nos pueden llamar. Porque detrás de todo esto sigue habiendo una condena y desprecio a los placeres, al juego, a los cuerpos, a la erótica... y sobre todo sigue habiendo una clasificación entre las  mujeres, las putas y las esposas.

Las putas como signo de desprecio, mujeres que a lo largo de la historia se han dedicado y se dedican a dar placer. Las putas se encargaban de lo afrodisiaco, a ellas se les otorgaba la función de dar, ofrecer,  placer a los hombres. El resto de las mujeres no debían mostrar signo alguno de este ámbito, sino, se convertían en aquellas mujeres inferiores, sucias. Inferiores en reconocimiento social, pero las mismas que se encargaban de hacer gozar a sus esposos y seguramente, aquellas que también sabían gozar. 

Y luego están las esposas que deben dar estabilidad, honor y procrear para sus esposos. Mujeres que no tienen permitido jugar, por supuesto. Las esposas estaban y algunas están condenadas a renunciar esa búsqueda del placer, de jugar con su ser erótico hasta renunciar a él. Encontrar un buen hombre, dar vida a seres honorables y hacer que todo funcione. Y sacrificar los goces y placeres del cuerpo. Un gran precio.

Sé que esto puede quedar anticuado porque encontramos discursos más diversos pero creo que en el fondo no ha cambiado demasiado. Seguimos escuchando que las mujeres que juegan a seducir, a ligar... siguen siendo unas busconas, putas, calienta pollas o como lo queramos llamar. Como si el simple hecho de jugar no fuera legítimo. Seducir se vuelve legítimo si acaba en amor y si no, es despreciable.

¿Quién ha dicho que la seducción tiene que acabar en amor? ¿Por qué el final del juego seductor tiene que ser acostarse con alguien? Y ¿Por qué consideramos que para alcanzar un objetivo la seducción es más rastrero que por ejemplo, utilizar la violencia? Llamadme loca pero prefiero mil millones de veces más que alguien intente seducirme que a que me den de hostias. Es un juego donde mi participación cuenta y que además me lo puedo pasar teta piruleta. Propongo reconciliarnos con nuestro ser seductor, dejarnos llevar en el placer de jugar sólo por el hecho de jugar, dejar de estar a la defensiva y abrirnos a las posibilidades de encuentro y no reafirmarnos sólo en el desencuentro. Desarrollemos la seducción como legítima arma.