Cómo atender los discursos de odio

Trabajar en las escuelas nos da mucha información sobre cómo estamos como sociedad y cómo llegan las diferentes ideas que nos rodean. Una oportunidad que puede hacernos crecer, reflexionar y replantear(nos) nuestro papel de referentes. 

Podemos encontrarnos con opiniones que nos remueven, con las que podemos estar cómodas, incómodas, las que nos provoquen enfados... La cuestión es qué hacemos con lo que nos pasa, ya que somos una fuente de transmisión constante, no podemos no influir y esto a veces, nos pesa. 

Voy a hablar sobre aquellas opiniones, comentarios, reflexiones que personalmente me remueven y enfadan. Me estoy encontrando, más de lo que querría, con opiniones y actitudes que tienen demasiado que ver con los discursos que lanza la ultra derecha y otros hombres, desde las diferentes redes sociales que tanto consumimos. 

Los jóvenes expresan su desencanto con los diferentes mensajes del feminismo (obviando que existen los feminismos, en plural) y contraatacan con discursos que niegan las opresiones que sufrimos todas las personas que no seamos hombres, blancos, capitalistas, heterosexuales y exitosos. 

EL MUNDO NECESITA EDUCACIÓN SEXUAL. ¿APOSTAMOS POR ELLA?

Caratula de cerrado por obras  de SP

Sienten que los tachamos como los malos de la película, los agresores, violadores, maltratadores... Digo sienten apropósito. Con esto que sienten, tienen a mano un discurso que niega la lucha de tantas generaciones para lograr la equidad, niegan que existan tales diferencias sociales y que las quejas, no tienen fundamento real.  

Es un discurso que se opone al cambio asegurando que lo antiguo funciona y que no es necesario cambiar las estructuras del patriarcado. Que cada una tenemos lo que nos merecemos, que el éxito no es por casualidad, que si tienes poder es porque te lo has ganado. Si siempre se ha dicho que las mujeres valemos menos, por algo será. 

Un discurso muy tentador para aquellos que no se sienten entendidos ni protegidos en este proceso de cambio y que se identifican como chicos. Estoy hablando de jóvenes entre los 11 y 16 años, de Euskal Herria donde tenemos una historia particular con este tipo de discursos y actitudes. Las tripas se remueven y me explota la cabeza. Quiero entenderlos y acompañarlos, ¿pero cómo? 

Algunos saben que esto remueve y tiene poder y lo utilizan para cuestionar(te). Y ahí es cuando comienza la prueba, tú prueba. ¿Qué quieres hacer con aquello que no te está gustando escuchar ni ver? Quieres cortarlo de raíz, mostrar el enfado, poner límites, juzgarlos, castigarles, debatir, cuestionar, atender, acompañar... 

En general, el sistema educativo actual cuenta con una serie de respuestas reaccionarias, herramientas de refuerzo y castigo, no han cambiado tanto las cosas. Por tanto, esas actitudes quedan o aplaudidas o castigadas, y generalmente en nuestro contexto, castigadas. Cada vez, el discurso acompañado de las actitudes correspondientes, se están haciendo más fuertes y poderosos; todo lo que se reprime, se queda para seguir creciendo porque su fuente principal de energía es el enfado y el odio.  

Entonces, ¿qué hacemos? Mi experiencia me dice que cuando los jóvenes se sienten atendidos y escuchados, se relajan. Nuestro trabajo es (o estaría muy bien) cuidarlos, acompañarlos, entenderlos, hacerles pensar, dar herramientas para conocerse, relacionarse, entenderse... Y para ello, tienen que sentir que les vemos. Tengo la impresión de que no estamos atendiendo ni entendiendo lo que estos chavales nos están gritando y sólo nos dedicamos a ruborizarnos y juzgarlos. 

Pero lo que ellos dicen habla de lo que nosotras les decimos, cómo lo hacemos y cómo lo necesitan. Si nos les atendemos y escuchamos, aunque no nos guste oírlo, buscarán otros discursos que sí lo hagan y seguirán llenándose de odio. No estamos hablando de adultos, no se trata de nosotras, se trata de verles y atenderles.  

Dicen que se sienten en el punto de mira, que todo lo que hacen puede ser potencialmente machista y así se lo comunican, que les vemos como potencialmente violadores. Y esto es muy fuerte. Insisto en que estamos hablando de jóvenes, es importante. No saben qué hacer con esa potencialidad que les decimos que tienen de ser unos cabrones y opresores de las mujeres. 

No tienen ni idea de qué hacer, porque saben que no lo son, pero cómo demostrar que no lo eres si en cualquier despiste, ¡pum! ¡¡¡Eres un machista!!! Hablan de que no se les permite fallar, equivocarse, liarla. Son conscientes de que lo hacen, cómo no y quién no lo hace, pero el apellido machista va con ellos. 

Un apellido potente y pesado para cualquier espalda. Quizás necesitan que escuchemos que eso de ser tío, también es una movida que también sufren, sienten... Quizá quieren que les salvemos de esa herencia que les ha tocado, que les libremos por todas las barbaridades que sus y nuestros padres, abuelos, tíos, primos... han cometido, que la presunción de inocencia se cumpla.

Sexóloga y Psicóloga
Me apasiona acompañar los procesos personales desde una visión sexológica utilizando herramientas que nos ofrece la psicología sistémica. Además, sigo formándome en Psicoterapia Corporal para incorporar el cuerpo como herramienta de cambio.
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