¿Los juguetes tienen sexo? Diferencia sexual y juego infantil

"Désele a cualquier niño humano las muñecas que se quieran como regalo de Olentzero o Reyes. Désele también a cualquier niña los camiones, tanques o espadas que se precisen. Será estupendo. Cada niño y niña jugará como le dé la gana, dirigido tan solo por su programa interno de juego y relación con el mundo"

José Luis Beiztegui

Con el objeto de disertar brevemente sobre este vivo, actual y sustancioso tema, a saber, las concomitancias y correlaciones que se dan entre el sexo y la elección y conducción del juego infantil, me propongo visitar tres estaciones ilustrativas para culminar en un punto final donde estableceré las conclusiones al respecto. En primer lugar, y como primera estación, seré crítico acerca de cierta mitología de la naturaleza humana que pretende seguir “poniendo todos los huevos” del ser y devenir humano en manos de la sociedad, la cultura, las expectativas sociales, la crianza, la educación y similares. Por otro lado, ya transitando por la segunda y tercera estación, haré referencia a diferencias sexuales evidentes y a fenomenología (s)experimental de amplio espectro que nos ilustrará sobre el sesgo sexual en casi todo, pero más en exclusiva en el área del juego infantil. Por último, como ya he advertido, inferiré de lo dicho unas cuantas conclusiones finales.

 

“El sexo no es el destino, pero es una buena probabilidad estadística”

 

I - La tabla rasa o la impostura ambientalista-consoladora

Impostura: “Fingimiento o engaño con apariencia de verdad”. Avanzado el siglo XXI, seguir sosteniendo ideas como las que mantenía el paleontólogo y biólogo evolucionista Stephen JayGould allá por los años 80 del pasado siglo, y que me sirve como imagen paradigmática de similares posicionamientos en una gran y mayoritaria constelación de psicólogos, sociólogos, filósofos y pensadores a lo largo de estos dos últimos siglos, me parece un dislate de enorme proporción. Lo resumo en una frase: “The human brainiscapable of a full range of behaviors and predisposedtonone" / "El cerebro humano es capaz de un rango  completo de comportamientos y está predispuesto a ninguno” (JayGould).

 

 

[siteorigin_widget class="SiteOrigin_Widget_Hero_Widget"][/siteorigin_widget]

 

Estimo que decir “está predispuesto a ninguno” es seguir vagando en la quimera meliflua e idealista de que el humano es una blankslate (tabla rasa), como titulara el científico cognitivo y lingüista Steven Pinker su libro de 2003. Desconozco qué le pasaba al bueno de Stephen por su cabeza para proferir semejante desatino, pero la ausencia de matización y  gradualidad en su aseveración se me torna aberrante y desproporcionada. Si hubiera dicho lo mismo, pero modificando de alguna manera su extremismo adjetivo, el resultante hubiera sido otro y a mi entender,  estando menos o más de acuerdo, más acertado. Yo podría afirmar, llegado el caso y junto a un JayGould más prudente, algo así como: “El cerebro humano es capaz de un rango completo de comportamientos y está predispuesto solo a algunos/genuinamente a todos/incipientemente a muchos…”.

 

“Todavía hoy día gravitamos en una pesada atmósfera que avala, respalda y refuerza estas maximalistas posiciones sobre el cerebro humano como materia nívea e inmaculada que solo se “activará y moldeará” tras el nacimiento”

 

De cualquier manera, ni Stephen dijo esto ni le tengo a mano para poder discutirlo. La cuestión es que, desgraciadamente, todavía hoy día gravitamos en una pesada atmósfera que avala, respalda y refuerza estas maximalistas posiciones sobre el cerebro humano como materia nívea e inmaculada, materia que solo se “activará y moldeará” tras el nacimiento, influida por la aburrida letanía de siempre: educación, cultura, crianza, contexto vital y social, familia, etc. Es decir, antes de nacer no hubo nada. Al abrir los ojos al mundo, ¡oh!, llegará todo. Llegarán los tropismos y disposiciones, llegarán las topografías y cartografías, llegarán las aptitudes y los talentos y llegarán las suertes y las desgracias. Solamente aplicando el más primario y básico común sentido –al menos el mío–, no dejan de alucinarme semejantes asertos.

Nada de predisposiciones, nada de talentos, nada de instintos, nada de marcajes biológicos, nada de potencialidades y umbrales y, por supuesto, nada de sexo. Afirmo categóricamente que seguir manteniendo estas tesis con la ciencia cabalgando ya a lomos de la segunda década del siglo XXI, llovido lo llovido y andado lo andado, es un absoluto disparate. Es más, es una impostura y un embuste de tamaño sideral que solo puede ser comprendido a la luz de la más desvergonzada ignorancia o la más rampante mala fe, ve tú a saber conducida por qué siniestros intereses.

 

“Seguir manteniendo estas tesis con la ciencia cabalgando ya a lomos de la segunda década del siglo XXI, llovido lo llovido y andado lo andado, es un absoluto disparate”

 

Efectivamente, sí, no somos pizarras en blanco al nacer y por cuestiones de espacio y tiempo basta con apelar, amén de lo que posteriormente exponga, al buen sentido común de cualquiera que contemple la realidad con la serenidad y sensatez que merece. Con solo abrir los ojos vale. Los documentos científicos de todo orden disciplinar que certifican y demuestran esto en diversas categorías son ubérrimos, innumerables y tercos. Estamos sometidos, pues, a innumerables fuerzas biológicas prenatales que recibimos como si fuéramos sacos de arena golpeados, sin ninguna capacidad de control y que moldean nuestros circuitos y nuestra mente de una manera intensa y organizadora.

Deducir de esto que toda la ingente e intrincada realidad humana se pueda explicar a la sombra determinista de formateos cerebrales innatos es, obviamente, una estupidez y una majadería. Pero igual de falaz y estúpido es sostener lo contrario, esto es, que todo ha de explicarse bajo los condicionamientos ambientales, contextuales, experienciales o sociales que al individuo le circundan; es decir, bajo el yugo de una particular tábula rasa. Si alguien quiere con esto hacer política ambientalista-consoladora, con su pan se lo coma. Si alguien quiere manipularlo todo y argumentar que esto lleva directamente a la injusticia cósmica, peor para él. Y si a alguien le salen granos pensando en que en ciertas instancias no somos clones desde que nacemos, que vaya al dermatólogo. La realidad es la que es y el no querer verla es ignorancia y terquedad absurda.

 

II - Diferencia sexual

“Las diferencias entre ambos sexos no se limitan solo a aquellas que podemos reconocer a simple vista. La neurociencia muestra que hombres y mujeres no nacen como hojas en blanco, sino que la naturaleza crea dos sexos con cualidades cognitivas diferentes debido a que la composición química, la anatomía, el riego sanguíneo y el metabolismo de sendos cerebros son distintos”, Rubia, 2007.

 

"Deducir de esto que toda la ingente e intrincada realidad humana se pueda explicar a la sombra determinista de formateos cerebrales innatos es, obviamente, una estupidez y una majadería. Pero igual de falaz y estúpido es hacerlo bajo el yugo de una particular tábula rasa"

 

Con la intención de ser sintético, obviando la necesidad de tener que introducirme en grandes nudos explicativos sexológicos que rebasarían ampliamente el objeto y finalidad de este artículo (procesos de sexuación de marcado carácter innato, agentes sexuantes implicados en el formateo cerebral, hitos organizativos cerebrales sexuantes, aspectos neurosexológicos varios, etc.), describiré tan solo un listado de algunas plurales, claras e irrefutables diferencias sexuales de marcado carácter innato-neurológico (en todo caso, conjuntivas e intersexuales, pero no por ello menos sujetas a un “sesgo sexual” claro y evidente). He aquí unos cuantos ejemplos. Indoctidiscant et amentmeminisseperiti. Podríamos seguir y seguir y no parar de seguir para seguir continuando siguiendo. Pero prosigamos hacia nuestro objetivo.

[siteorigin_widget class="PW_Accordion"][/siteorigin_widget]

III - Monos juguetones

No creo que hagan falta muchos más argumentos ni demostraciones para defender, digan lo que digan y pese a quien pese,  el hecho cierto de que no somos en modo alguno pizarras blancas al nacer y que la pintura sexual sea quizá una de las más empecinadas en embadurnar y colorear los pasillos y paredes de nuestro cerebro mucho antes del instante mismo en el que vemos la primera luz. La última y más diminuta célula de nuestro organismo está indefectiblemente sexuada. Nada quita para que después, pasados los segundos, los días y años, ese edificio de infinita altura prosiga coloreando sus diferentes estancias con sus propias reglas, a su forma y a su modo, en virtud de otros agentes programadores y configuradores. En tan laberíntico y tortuoso proceso, lo sociocultural tendrá su peso y también podrá pintar ciertas estancias, pero bajo el estricto yugo y dictado de sus instrucciones arquitectónico-biológicas, sean estas las que sean para cada momento y función.

"Lo sociocultural tendrá su peso y también podrá pintar ciertas estancias, pero bajo el estricto yugo y dictado de sus instrucciones arquitectónico-biológicas, sean estas las que sean para cada momento y función"

Entrando ya de lleno en los asuntos del juego infantil y la posible presencia de sexuadas predisposiciones ante el mismo, no nos queda otra que retrotraernos a datos y experimentación que pueda clarificar e irradiar algo de luz en las hipótesis iniciales que podamos mantener atendiendo a lo ya dicho y blandiendo el sesgo sexual como bastión y soporte. Para este cometido, voy a referirme a dos experimentos publicados en Evolution and Human Behavior y en Hormones and behaviour, en 2002 y 2008, respectivamente. El segundo, replicó e intentó contrastar y verificar los resultados del primero.

 

Experimento Monos/as Verdes y juego 

Ante 44 monos verdes machos y 44 monos verdes hembras, Gerianne Alexander y Melissa Hines, de las Universidad de Texas y Londres (2002), respectivamente, presentaron dos juguetes estereotípicamente masculinos (pelota-coche de policía), dos juguetes estereotípicamente femeninos (muñeca-olla de cocina) y dos juguetes neutros (libro ilustrado y perro de peluche). Se evaluó la preferencia de los monos por cada juguete registrando cuánto tiempo pasaron con cada uno. Los datos demostraron que los monos verdes macho expresaron un interés significativamente mayor en los juguetes estereotipados como masculinos y las monas verdes mostraron un interés significativamente mayor en los juguetes estereotipados como femeninos. Los dos sexos no difirieron en su preferencia por los juguetes neutrales.

El artículo de Alexander y Hines contiene una maravillosa imagen de un mono verde que realiza una inspección anogenital (examina el área genital de la muñeca en un intento de determinar si es masculina o femenina) y otro mono verde macho empujando el automóvil de policía de un lado a otro.

"Estos monos verdes nunca fueron socializados por los humanos y nunca antes habían visto estos juguetes en sus vidas; sin embargo, no solo mostraban la misma preferencia sexual por los juguetes, sino que la forma en que jugaban con ellos también era idéntica a la de los niños y niñas"

Nunca estos monos fueron socializados por los humanos y nunca antes habían visto estos juguetes en sus vidas. Sin embargo, no solo los monos verdes machos y hembras mostraban la misma preferencia sexual por los juguetes, sino que la forma en que jugaban con estos juguetes también era idéntica a la de los niños y niñas.

Según Melissa Hines, “la consecuencia del experimento es que lo que hace a un juguete más femenino y lo que hace a un juguete más masculino no son tan solo los estereotipos sociales, sino más bien algo innato que atrae a niños y niñas hacia diferentes tipos de juguetes”

Gerianne Alexander, por su parte, cree que los hallazgos sugieren que hay ciertos aspectos de los objetos que atraen a los sexos específicos y que estos aspectos pueden estar relacionados con las funciones masculinas y femeninas tradicionales que se remontan a los albores de la especie. Los juguetes preferidos por los niños –la pelota y el coche– se describen como objetos con la capacidad de ser utilizados de forma activa y propulsarse a través del espacio. Aunque las razones específicas detrás de las preferencias de los monos aún no se han determinado, dice, podrían existir preferencias por estos objetos ya que ofrecen mayores oportunidades para el juego áspero y activo, algo característico del juego masculino. Los hombres, por lo tanto, pueden haber evolucionado en sus preferencias hacia los objetos que invitan al movimiento.

Swaab: "La elección de los juguetes por parte de los monos demuestra que el mecanismo en el que se basa se remonta a decenas de millones de años en nuestra historia evolutiva"

Así mismo, tal y como señala Dick Swaab, neurobiólogo en la Universidad de Amsterdam, en su libro Somos nuestro cerebro: “La diferencia sexual en la elección de los juguetes por parte de los monos demuestra que el mecanismo en el que se basa se remonta a decenas de millones de años en nuestra historia evolutiva. El pico de testosterona que se produce normalmente en los varones estando en el útero parece el responsable de las diferencias sexuales en el juego. Las niñas que en el seno materno producen demasiada testosterona a causa del mencionado trastorno de las glándulas suprarrenales, las HSC, muestran una inusual preferencia por jugar con niños varones, se sienten más atraídas por los juguetes masculinos y tienen un juego más impetuoso que el que se acostumbra a ver en las niñas”.

*Mono de la especie “Chlorocebussabaeus”, de la familia Cercopithecidae, con pelaje de color dorado verdoso. Como curiosa particularidad, a los machos les adorna un escroto de color azul pálido.

Experimento Monos/as Rhesus y juego 

 Replicando el experimento anterior, Hasett, Siebert y Wallen, de la Universidad de Emory, EE.UU. (2008), investigaron las preferencias que mostraban 34 monos y monas macacos Rhesus jóvenes (de 1 a 4 años de edad) por juguetes estereotípicamente masculinos (vagón, camión y automóvil) y estereotípicamente femeninos (juguetes de peluche). La idea era comprobar si se darían los mismos resultados que los dados en el experimento de Alexander y Hines. Los resultados fueron similares, pero con matices en lo que a plasticidad lúdica se refiere.

Los monos Rhesus macho claramente también preferían jugar con los juguetes estereotipados como masculinos y las monas prefirieron interactuar con los juguetes estereotípicamente femeninos"

Los monos Rhesus macho claramente preferían jugar (pasaron bastante más tiempo) con los juguetes estereotipados como masculinos (vagón, automóvil y camión) y las monas Rhesus prefirieron interactuar con los juguetes estereotípicamente femeninos (ositos y muñecos de peluche), pero con la salvedad de que la diferencia en la preferencia de estas últimas por los juguetes femeninos no fue estadísticamente tan significativa ni contundente.

*Mono de la especie “Macaca mulata”, de la familia Cercopithecidae, típico, común desde Afganistan al norte de la India y China meridional. Como curiosidad, el factor “Rh” del grupo sanguíneo toma su nombre de este macaco, siendo en este animal donde se identificó este factor por primera vez. Humanos y Rhesus comparten cerca del 93% de ADN y un ancestro común 25 millones de años atrás.

IV - Conclusiones

La pizarra viene escrita

Existen claros agentes (celulares, genéticos, hormonales, neurológicos, etc.) que configuran y conforman el soporte básico de lo que cada uno será, sosteniendo la topografía básica de cada individuo humano, por cierto, indefectiblemente sexuado, o sea, indubitadamente tocado, grabado y formateado. La diversidad, la pluralidad, la diferencia y la policromía no son, pues, la excepción, sino la pertinaz regla en la instrucción biológica de nuestra especie, tanto desde una perspectiva filogenética como ontogenética. Cientos de procesos bioquímicos hierven detrás de las cortinas esculpiendo y moldeando cada una de las naturalezas que luego serán biografías sexuadas, removidas a sí mismo por otros factores sexuantes que también generarán tropismos formateantes en una danza circular única, quiasmática e inextricable.

"La pizarra viene ya parcialmente escrita. Es un hecho. No hace falta celebrarlo. Tan sólo observarlo y anotarlo"

Negar que venimos al mundo con esquemas previos, estructuras, instintos, umbrales de potencialidad, sesgos sexuales diferenciadores y diversificadores, es negar una evidencia y, por tanto, es ser heraldos de una impostura. Mantener la impostura permaneciendo ciegos a la evidencia es para hacérselo mirar. Por tanto, como mínimo, la pizarra viene ya parcialmente escrita. Es un hecho. No hace falta celebrarlo. Tan sólo observarlo y anotarlo. Y seguir el camino, libres de polvo y paja.

El sesgo sexual es un hecho

Hecho constatable y constatado. Incontestable y apodíctico. El cerebro se masculiniza o se feminiza, ambas a la vez y en mayor o menor medida, a partir de multitud de complejos procesos sexuantes tanto de orden innato como postnato. El sexo es bioquímica, neurobiología, genética, embriología y endocrinología. El sexo es, por tanto, testosterona, androstendiona, estradiol, aromatasa, colesterol, estrógeno, hidrocarburos policíclicos, oxitocina, dopamina, cromosomas, etc. Y el sexo es también crianza, modelaje experiencial, biografía parlante. También cultivo, cultura, contexto, moral social, religión, aprendizaje, ambiente, interacciones infinitas que nos hacen seres sexuados únicos e irrepetibles.

"El cerebro se masculiniza o se feminiza, ambas a la vez y en mayor o menor medida, a partir de multitud de complejos procesos sexuantes tanto de orden innato como postnato"

La disciplina que ha de estudiar semejante circuito de baile y sus totalidades emergentes es la Sexología, dama y señora nuestra. Que, verbigracia, los cerebros hipertestosteronizados (hipermasculinizados) jueguen irremediablemente al mus con el autismo y síndromes asociados no es una mera coincidencia. No es azar, no es baladí, no lo procura la ciencia infusa. Que de cada diez humanos autistas lo sean niños en un 85%, tampoco.

Del juego infantil y sus asuntos

Observemos cualquier casa, patio o parque y contemplemos cómo juegan al mundo grupos de niños y de niñas de dos, tres, cuatro, seis, ocho, diez o doce años, qué más da. Cuáles son sus movimientos, cuáles sus conversaciones, cuáles sus diálogos con los objetos, cuáles los mundos simbólicos que afloran en cada interacción lúdico-recreativa. Digo, y digo bien, cómo juegan al mundo y no a qué juegan del mundo. Nuestros monos y monas, ya casi estrellas rutilantes, no tenían idea alguna de estereotipos ni de lo que es una muñeca, un coche o un vagón con ruedas. Por consiguiente, la elección preferente del objeto no se debió a ninguna significación connotada cultural o ambientalmente. En este sentido, da igual una muñeca o una caja vacía de paracetamol. No se prefieren los juguetes en cuanto tal, en cuanto a los códigos simbólicos inherentes a ellos mismos, sino que son los preferidos en cuanto a las posibilidades interactivas y dialógicas que emergen de ellos y de sus características propias.

"Da igual una muñeca o una caja vacía de paracetamol, porque los juguetes no se prefieren en cuanto a los códigos simbólicos inherentes a ellos mismos, sino que son los preferidos en cuanto a las posibilidades interactivas y dialógicas que emergen de ellos y de sus características propias"

El vagón con ruedas, el coche y el camión posibilitan en mayor medida una actividad relacional en movimiento, activa, física, sin límites espaciales. La muñeca o los peluches no posibilitan per se este tipo de interacción y, por tanto, son desdeñadas por los monos machos. Pongamos ruedas a la muñeca y los resultados del estudio se habrían modificado completamente. Con ruedas o sin ruedas, las monas tienen un programa interno diferente al de los monos. Ellas jugarán de un determinado modo y ellos de otro. Por cierto, parece ser que las monas eran algo más plásticas a la hora de seleccionar sus juguetes y jugar con ellos (no se cuenta su modo concreto de interaccionar con el objeto). Un dato más que apoya la versatilidad y plasticidad de lo femenino en casi todo. Monas, niñas y mujeres, también algunos hombres, repelen lo rígido. Monos, niños y hombres, también algunas mujeres,  se agarran a un clavo, aunque esté ardiendo.

"Despertemos de una vez y dejemos a las niñas y a los niños en paz. Poner puertas doctrinales al campo es un error mayúsculo. Cabe todo. Niño con muñeca y niña con espadón, niño disfrazado de dragqueen y niña camionera conductora de tráiler. Pero también cabe, cómo no, niña mesando los cabellos de su muñeca y niño despendolado con su coche de policía capturando a malos"

En cualquier caso, no hay problema. Es fácil. Désele a cualquier niño humano las muñecas que se quieran como regalo de Olentzero o Reyes. Désele también a cualquier niña los camiones, tanques o espadas que se precisen. Será estupendo. Cada niño y niña jugará como le dé la gana, dirigido tan solo por su programa interno de juego y relación con el mundo. Más hacia allí o más hacia acá, pero eso es lo que hará. Despertemos de una vez y dejemos a las niñas y a los niños en paz. Poner puertas doctrinales al campo es un error mayúsculo. Que jueguen a lo que y como les plazca. Que pidan en su carta lo que se les ponga donde tú y yo sabemos. Cabe todo. Niño con muñeca y niña con espadón, niño disfrazado de dragqueen y niña camionera conductora de tráiler. Pero también cabe, cómo no, niña mesando los cabellos de su muñeca y niño despendolado con su coche de policía capturando a malos. Cada uno expresará lo que es y siente y educar a través del juego tan solo es eso: posibilitar que cada niño y niña sea lo que quiera ser y se relacione con sus juguetes como solo él sabe, siente y quiere.

"De tanto fijarnos en el dedo hemos terminado olvidando que allí, adelante, arriba, hay una estrella fija de un fulgor cegador"

José Luis Beiztegui Ruiz de Erentxun

Sexólogo y Psicólogo

Aún no te has mojado y lo sabes. Hablemos de nuestra relación. ¿La ampliamos?

Ir arriba