¿Sufres el síndrome de la impostora? Qué es, por qué lo padeces y qué puedes hacer.

Hace un tiempo leí un concepto y lo retuve vagamente en mi cabeza hasta que un día, sin motivo aparente, hizo click y lo sentí muy mío. Síndrome de la impostora. ¡Pam!, como un jarro de agua fría, fui consciente de que existe una constante un poco contradictoria en mi vida que a partir de ahí se me ha hecho más patente. 

Por un lado, hace aproximadamente un par de años que me atreví a hacer públicos mis escritos y artículos y eso es lo mejor que creo que he hecho hasta ahora con mi vida. Me siento super contenta con ello, lo valoro y he descubierto lo que realmente quiero hacer.

Por otro lado, hace un año y poco me quedé sin trabajo; y pese a que este último fue de lo mejor que he tenido, la idea de quedarme un tiempo en paro no me desagradó ya que pensé que podría dedicarme de lleno a mi pasión: escribir sobre sexoafectividad, feminismos y mis vivencias y dedicarme a mis proyectos. 

¿Qué se siente cuando tienes el síndrome de la impostora?

Darme un tiempo para estar conmigo misma y sobretodo, descubrir mi ritmo natural y acompasarme a él. Las ganas eran y siguen siendo muchas pero tras todo este tiempo, me doy cuenta de dos cosas.

La primera que organizarme el tiempo sin depender de un horario externo, resulta super complicado. Y dos; que pese a que mi cabeza no para de pensar cosas nuevas y de maquinar proyectos, mi cuerpo no responde con la misma agilidad y de algún modo siento que me autoboicoteo todo el rato. 

Trabajar contigo misma da mucho tiempo para pensar. De hecho, tengo todo el tiempo del mundo para hacer todas esas cosas de las que me quejaba que no podía cuando tenía un horario laboral externo y pasaba la mayor parte del día fuera de casa. 

Y aunque estoy llena de buenas intenciones; en el momento de la verdad me quedo clavada y puedo tirarme horas sin hacer nada para luego fustigarme por no haberlas hecho. Cuando me decido a moverme, me sobrevienen un montón de pensamientos sobre si seré válida o buena, sobre si sirve de algo todo esto que hago, si la gente pensará que es una tontería, o si directamente me merece la pena todo este esfuerzo porque en el fondo, me cuesta creer que cualquier cosa que haga yo valdrá para algo. 

Pese a todos estos pensamientos que pueden sonar muy feos, hay mucha gente a mi alrededor apoyándome y valorando lo que hago. Pero a mi me cuesta un montón asimilarlo. 

Lo que hago  por inercia es quitarle importancia a esas palabras y centrarme en mi negatividad. En los bucles de pensamientos intrusivos que me dicen que no valgo y me recuerdan todas esas cosas que menos me gustan de mí.

Con todo esto no pretendo ponerme en un lugar de víctima si no explicaros cómo y que se siente, en mi caso, cuando tienes el síndrome de la impostora.

¿Qué es el síndrome de la impostora?

Algunos os preguntaréis de qué se trata; pues bien, consiste en un fenómeno psicológico que trata justo de lo que os acabo de explicar. Personas que somos incapaces de interiorizar nuestros logros y debido a nuestro mar de inseguridades tenemos un miedo atroz a que nos perciban como un fraude.

No se considera una enfermedad mental oficialmente ya que no aparece en el Manual Diagnóstico y Estadísitico de los Trastornos Mentales pero ha sido ampliamente estudiado por profesionales del sector, psicólogos y educadores.

Afecta a más gente de la que parece y según estudios, 7 de cada 10 personas la han sentido en algún momento de sus vidas.En mi caso, si echo la vista atrás, creo que me acompaña desde que tengo uso de razón, pero no había sabido ponerle nombre hasta hace no mucho. Además, como muchas veces solemos hacer, pensaba que lo mío era un caso aislado y que solo me pasaba a mí.

No siempre lo vivo o aparece con la misma intensidad, hay momentos que prácticamente desaparece y hay momentos que parece ser el centro de todos mis pensamientos. 

Cómo os podéis imaginar, está íntimamente relacionado con mis estados anímicos y es un poco efecto montaña rusa.

Según Baida Gil,  autora del libro “Cómo superar el síndrome del impostor” quienes lo sufrimos "tenemos la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de ser impostores, un fraude" y no puedo estar más de acuerdo con ella.

¿Qué hacer ante esta situación?

Pues en mi caso, la única opción que he visto, y que aunque a corto plazo no parezca muy agorera, es seguir escribiendo, seguir haciendo todas esas cosas que me planteo si sí o sí no y acallar esos pensamientos. Ya sea ignorándolos completamente, poniéndome música para distraerme o centrándome en buscar información sobre nuevos temas y así ocupar mi mente en otras cosas. 

Porque en el fondo, aunque estén ahí de forma persistente sé que no soy lo que pienso. Que no me aportan nada en la vida y que solo son mis demonios dando por culo una vez más. No siempre resulta igual de fácil pero hay que insistir ya que, la cabezonería a veces sí que sirve de algo y puede llevarnos a conseguir cosas muy gratificantes.

Coordinadora de equipo en Somos Peculiares.
Terapeuta especializada en temas de género, sexualidad y parejas.
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