Y sí, eres vulnerable y tienes miedo. ¿Quieres vivir así?

Cuántas conversaciones sobre lo que nos está ocurriendo. Que si no se cuantos positivos más, si viene otro confinamiento, la eficacia de las mascarillas, nuevas restricciones, ahora que no vamos a poder fumar en la calle, que si las horas de los bares han cambiado... 

Ayer tuve una de de esas que me ha llevado a ponerme al frente del ordenador, espero conseguir ordenar(me) las ideas. Fue una en la que se pregunta: ¿cómo estás?, ¿cómo lo llevas? Y no nos referimos en ningún momento de si tenemos el virus, si alguien de la familia lo ha tenido ni nada de eso. Cómo estás llevando eso de tener que ponerte la máscara (que siempre llevamos una, pero esta vez, es la misma para todas), cómo llevas el no saber si vas a tener trabajo, cómo llevas que tu representante político diga que va a ver un Toque de Queda tan tranquilamente y que nadie se ruborice... Toque de queda, a mi me suena a guerra. ¿Cómo estás? 

Partimos de admitir que nos sentimos pequeñas y estamos muy tristes, también enfadadas. Nos hemos sentido marionetas y hemos podido comprobar que cuando deciden lo que sea, nosotras acatamos. Sospechas teníamos de que eso era así, pero ha sido muy explícito, diferente y nuestros cuerpos han reaccionado de otro modo. Salir a la calle nos da pereza, nos quedamos en casa sin hacer nada, entreteniendo nuestras cabezas con imágenes e historias que nada tienen que ver con lo que sentimos. Nos sentimos vulnerables y sentimos que nos han vulnerado nuestra capacidad de decidir. Nos sentimos solas, incomprendidas y tenemos miedo. 

¿Acaso no es el miedo a la soledad el miedo que nos une? El miedo a morir, a desaparecer del mapa, a que nadie nos quiera, a quedarnos solas, a sufrir. Miedo a sentirnos vulnerables, tan pequeñas como un grano de arena en el universo, a sentir que no valemos, a que nada tiene sentido, a aceptar que esto empieza y se acaba. Tenemos miedo, está claro, y el miedo también es lo que nos lleva a vivir. Sin muerte no hay vida, y si hay vida, hay muerte. Es algo fundamental y lo único cierto, sabemos que moriremos, pero nos resistimos y pretendemos controlar lo incontrolable. La vulnerabilidad no es muerte, es conectar con lo insignificante que eres, no eres imprescindible, puedes romperte y sufrir, sin defensas. 

Así se han tenido que sentir tantas personas en sus últimos momentos, solas en el hospital, sin poder despedirse de sus acompañantes de vida, solas. La jodida soledad. Hemos preferido salvar nuestra vulnerabilidad, hacer caso a nuestro miedo de enfermar, morir, contagiar... que acompañar a las personas que amamos en su vulnerabilidad más intensa, se despiden de ella vida que conocen. 

Joder, yo no quiero que me roben eso, sea en el nombre de lo que sea. Y no es una discusión de razones, es de sentires y tengo la impresión de que los sentires, las emociones... vuelven a estar en segunda división. 

Jugamos a quién tiene la razón. ¡Yo sé más... no yo! Los médicos, los políticos, los biólogos, los ignorantes, los listos, las enfermas, las sanas, jóvenes... Todo el maldito mundo jugando a quién tiene la razón. La razón y la emoción no siempre van de la mano, lo sabemos porque lo hemos vivido. En esta era donde hay que hacer las cosas de un modo muy concreto para hacer las cosas bien (ponte la mascarilla, hazte las pruebas, no salgas de casa, no beses, no sonrias, no te quejes, a tal hora todo el mundo a su casa, no salgas de noche, no fumes en la calle, sepárate...), las emociones van por otro lado. 

Me siento culpable por dejar a mi madre morir sóla, me siento culpable de salir con mis amigas porque puedo asesinar a mi abuelo, me siento mal porque no estoy de acuerdo con todo lo que se está haciendo, me ahoga tanta vigilancia y tanto juicio, me jode que me manden, tengo miedo a vivir así. Vivir con miedo a morir, todo el rato, a desconfiar de las personas porque son portadoras de muerte, a no ver sonrisas por la calle, a tener un toque de queda como mis padres y abuelas lo tuvieron en la dictadura. 

Dejar morir a las personas solas (teniendo la posibilidad de que no fuera así, porque hay veces que no hay opción) como si fueran la peste, no abrazar a tus nietas por miedo a enfermarte, no besar, no follar, no compartir, no respirar con las mascarilla, estar pendiente de la policía, atender y obedecer el toque de queda... influye en nuestra salud. 

Porque salud no es ausencia de enfermedad, no es no morir. Salud es valorar que tu calidad de vida es suficientemente buena, sanar es mejorar, salud es vivir. Este modo de vida no nos dejar ser vulnerables, no nos deja enfermar, no nos deja vivir el miedo y la soledad. No te pongas enferma y sigue produciendo. 

Las emociones son una chorrada, hay gente que muere y tú quejándote... Salud no es desconfiar de tus iguales, señalarnos y juzgarnos, salud no es criminalizar a los jóvenes (siempre son el saco de las hostias), a prohibir la vida en la noche, ponernos hora, no es ahogarnos con la maldita mascarilla. Somos vulnerables, nos pueden pasar cosas, podemos enfermar y sí, podemos morir. Y me pregunto: ¿Así es cómo quieres vivir?

Sexóloga y Psicóloga
Mi especialidad es el acompañamiento de colectivos vulnerables, proyectos con perspectivas no normativas a través de una mirada sin juicio que busca la autorregulación, la autonomía, el autoconocimiento... Definitivamente, buscando ser responsables de nuestra propia vida.
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