Fantasías eróticas de una tarde de primavera

Hacía rato que Ana se encontraba sentada en el sillón del comedor de casa. Su gesto denotaba cierto aburrimiento mientras pasaba el dedo por la pantalla de su móvil. Esperaba a mi hermano mayor, que todavía no había venido de trabajar. Yo me encontraba estudiando en la mesa del comedor a unos metros de ella. Matemáticas. La geometría se me estaba atascando.

Hacia un día espectacular de primavera. La luz se filtraba por el ventanal del comedor produciendo destellos dorados en su cabello castaño claro. Ana y mi hermano Pedro llevaban tres meses saliendo juntos, pero aquel era el primer día que lo esperaba en nuestra casa. Fui yo quien le había invitado a entrar.

– No te quedes en la calle, Pedro todavía tardara unos 10 minutos en llegar, pasa y te tomas algo.

Ana cogió una lata de refresco y bebió un trago. Me gustaba mucho como se movía, era unos gestos tranquilos y con cierta cadencia. Yo de mientras, la miraba de reojo. Creo que en algún momento se dio cuenta de que la miraba. A mí me atraía mucho esa chica aunque fuese novia de mi hermano.

La verdad es que sentía una atracción muy intensa hacia Ana desde hacía unos días. No sé si tenía que ver el calor de la primavera que empezaba a notarse en el ambiente… el caso es que me olvidé de las mates y empecé a fantasear con su ombligo. No le había visto nunca el ombligo, ¿cómo lo tendría?

Me lo imaginaba redondo y metido para dentro, con un vello rubio apenas visible alrededor. De pronto me imaginé jugando con ese vello y como se erizaba en contacto con mis dedos. Me la imaginaba que, en lugar de de ser la novia de mi hermano, me escogía a mí como novia. Empecé a montarme una película erótica en mi cabeza con Ana como protagonista.

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Si, en mi imaginación habíamos empezado a salir juntas. En mi fantasía nos encerrábamos en mi cuarto. En mi sueño nos quitábamos los tejanos para estar más cómodas. Cerré los ojos y me la imaginé con un tanga rojo que apenas le cubría el sexo. Empecé a notar que la entrepierna se me humedecía.

Seguía soñando, las mates ya no estaban presentes. En mi fantasía, se quitaba la camiseta y se le marcaban los pezones a través del sujetador blanco. Yo empezaba a jugar con ellos a través de la ropa. Nos tumbamos en la cama y empezamos a besarnos. Nuestras lenguas se buscaban ansiosas. De pronto, sentí que Ana buscaba mi sexo con sus dedos apartando mis braguitas.

Dios mío, pensé en mi sueño, espero que no entre mi hermano. En ese momento, volví a la realidad. Me di cuenta de que tenía las bragas mojadas y me sentía súper excitada. Mi hermano acababa de llegar del trabajo. Me vio y me saludó con una de sus fraternales collejas.

– ¿Qué tal llevas las mates? – No esperó a que le contestara. Pedro se acercó alegremente a su novia y la besó en los labios

– ¿Llevas mucho tiempo esperando?

– No tranqui, solo unos minutos. – Le contestó Ana

– ¿Vamos a dar una vuelta?

– Ok.

Ana se levantó del sofá y le cogió la mano a Pedro. Al salir pasaron por delante de la mesa donde estaba yo sentada intentado disimular mi inquietud interior. Ana me lanzó una rápida mirada y me sonrió. En aquel momento sentí que tenía un orgasmo. Apreté los muslos contra mi sexo y disimulé todo lo que pude. Creo que no se dieron cuenta.

Psicóloga, sexóloga y escritora.
Autora del blog Educandosobresexo y del libro Vaginismo, conócelo, conócete. Me apasiona la Educación sexual y acompañar a las personas en la mejora de su bienestar físico y psicológico.
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