De Peculiares

Shibari: qué es, cuál es su origen y cómo se practica

6 de noviembre de 2019

Yaiza Morales

Dicen que el shibari es la comunicación entre dos personas utilizando la cuerda como medio. Unos años atrás, a la mayoría de nosotros ni siquiera nos sonaba esa palabra, pero hoy en día, no es que todo el mundo sepa de qué se trata, pero sí que es mucho más popular. Aunque hay mucha confusión con sus orígenes o incluso sobre lo que trata realmente el shibari o qué aspectos tener en cuenta para practicarlo. Por eso hemos hablamos con Patricia Diaz, psicóloga, sexóloga y experta en el arte del shibari para hacer una aproximación mucho más acertada al tema.

El primer error, en cuanto al shibari, tiene que ver con su origen. En general se conoce que el shibari procede de un arte que usaba la antigua policía japonesa para someter y torturar a prisioneros y que con el tiempo fue adaptándose como práctica sexual, pero nada más lejos de la realidad. Este arte se usaba durante la época EDO, era un arte marcial llamado hojojutsu y se usaba realmente para transportar, torturar y matar prisioneros. Tiene realmente tres únicas cosas en común con el shibari:

– Ambas disciplinas usan cuerdas.

– Algunos de los patrones que usan tienen similitudes.

– Son de origen japonés.

El origen real del shibari fue a partir de la IIGM y está íntimamente relacionado con el mundo de la erótica, del porno y el BDSM. Los soldados americanos que se encontraban en bases japonesas, entraron en contacto con algunas revistas BDSM en las que había cierta imaginería de personas atadas en situaciones eróticas. Para una cultura como la japonesa en la que es prácticamente norma el hecho de ocultar las emociones, era un contenido altamente erótico  mostrar las caras y expresiones faciales de alguien siendo “torturado” de esa manera. Así que os podéis imaginar el impacto que tenían este tipo de imágenes en la sociedad japonesa. A los soldados les encantó y de ahí surgen los primeros contactos occidentales con el mundo del shibari ya que los japoneses supieron cómo aprovechar el tirón.

Las cuerdas siempre han sido un objeto recurrente en la cultura japonesa. Se usaban tanto en ámbitos religiosos, como en las artes marciales e incluso en la construcción  Así que no es raro observar la importancia que han cobrado en muchos aspectos. Al ver la fama que estaba cobrando el shibari en el mundo occidental, y a raíz de estas primeras imágenes que aparecieron en el Kitan Club de la mano de Itoh Seiyu, se empezó a impulsar este arte y cada vez fueron apareciendo más ilustraciones de este tipo.

Para ello se contó con Akechi Denki, aparejador de obra que a partir de aquel momento empezó a introducir sus conocimientos sobre construcción en el diseño del shibari. Básicamente se trataba de aplicar las mismas figuras hechas a base de cuerdas y bambú que se usaban en las obras para levantar palés y andamiajes a un cuerpo humano. De hecho, la palabra inglesa para designar al atador (rigger), significa literalmente aparejador.  Con el se aplicaron también figuras similares a las del hojojutsu e incluso del aikido y es que la cultura japonesa bebe de sus propias fuentes para reinventarse como pasa también en occidente.

Una vez aclarado el tema orígenes: ¿Qué aspectos debemos tener en cuenta a la hora de practicarlo?

Para empezar, cabe remarcar que el shibari no es una práctica de sometimiento si no que parte de la igualdad. El desequilibrio está en el control; y el poder en el acceso a recursos, pero tendemos a confundir el shibari con el bondage occidental y como bien explica Patricia a todo el que la quiera escuchar; el shibari es el arte erótico del bondage japonés.

El shibari como práctica puede llevarte a estados alterados de consciencia y de ese modo, llegar a conectar con cosas de nuestra vida que pueden o no estar relacionadas con la erótica y que salen sin filtro alguno, por eso hay que tener muy en cuenta con quien practicarlo y el entorno en el que se haga.

Dicho esto, podemos resumir los factores determinantes a la hora de plantearnos por qué practicarlo en:

¿Para qué queremos practicarlo? No es lo mismo querer aprender shibari  para saber cómo atar unas piernas y separarlas que para adentrarse en su filosofía de vida.

¿De cuánto tiempo disponemos para practicarlo o cuánto tiempo le queremos dedicar? Es importante adecuar las expectativas de lo que se quiere al tiempo del que se dispone realmente

¿Sabemos comunicar y nos dejamos recibir como es debido con la pareja? En el shibari como en todo es vital la comunicación, antes, durante y después. Hay muchas cosas que damos por sobreentendidas pero es muy importante no hacerlo porque no se trata de aguantar para agradar a nadie si no disfrutar ambos de la experiencia.

¿Vamos a tener en cuenta el tema cuidados? No son algo que se tenga que dar solo a posteriori si no partiendo de la base que tiene que haber un cuidado durante todo el proceso. Pero sí que es importante tener en cuenta que al acabar, hay un proceso de readaptación a la realidad y el acompañamiento por ambas partes es vital siempre respetando  las distintas reacciones y necesidades de cada uno. Nadie reacciona ni se cuida de la misma manera.

¿Con quién vamos a practicarlo? Es importante tener muy en cuenta que es una práctica de riesgo con lo cual hay que saber muy bien y ser muy consciente de en manos de quien nos estamos poniendo en el caso de querer ser atades. Es importante buscar a alguien q sea fiable, responsable y que se haya formado debidamente.

Si os apetece adentraros en el mundo del shibari, no os dejéis engañar, no existen manuales de instrucción definitivos ya que cada cuerpo es distinto y en un libro no podemos ver ni tocar ni reflejar los cuerpos ni las vivencias de cada uno. El shibari se aprende viviéndolo.

De Peculiares

Orgasmos: juguetes vs pareja

24 de octubre de 2019

Norma J. Brau

Recientemente se ha avivado “el debate” (por llamarlo de alguna manera) sobre la juguetería erótica, sus ventajas y sus inconvenientes. Parte de este debate ha venido animado por el aplauso generalizado de muchas mujeres (cis) que utilizan succionadores de clítoris. ¿Tienes miedo a poder “engancharte” a un juguete erótico? ¿Eres recelosa/o de que tal vez tu pareja te desestime como amante? Si alguna de estas dudas acecha tu cabeza, ¡sigue leyendo!

La juguetería erótica es cada vez más habitual en nuestras vidas. Las tiendas eróticas han pasado de tiendas en callejones oscuros en las que da hasta reparo entrar a espacios abiertos, luminosos, con personal bien asesorado sobre los productos que venden y que incluso colaboran con diversos profesionales de la sexualidad elaborando diferentes proyectos. Los tiempos de temer que te salga “el señor creepy de la gabardina” en la tienda oscura, ¡están acabando! 

Esta popularización de las tiendas eróticas va de la mano de la popularización de sus productos, en especial de los últimos reyes de la juguetería erótica; los succionadores de clítoris. Adoradores y detractores colman incluso redes sociales pero, ¿qué hay de verdad en todos estos argumentos? Analicemos los mitos sobre la juguetería erótica:

  • Son costosos

Cierto es que de todo hay en la viña del erotismo. Tenemos marcas como LELO, Fun Factory, cuya juguetería no es siempre para todos los bolsillos. Sin embargo, no hace falta gastarse un dineral para tener curiosos ingredientes de aderezo erótico. 

Los aceites y lubricantes con algún tipo de efecto extra (aroma, sabor, efecto frío, valor ¡y hasta vibración!) son fáciles de encontrar, económicos y abren toda una dimensión de juego erótico que tal vez antes no imaginábamos. 

  • Generan adicción

Adicción, dificultades eróticas y sexuales… De todo se les achaca a los juguetes para la estimulación genital y la masturbación. ¿Qué hay de real en todo ello? Acostumbrarnos a una estimulación rápida y centrada en la obtención del orgasmo tiene sus consecuencias, ya sea con o sin juguetes. Además, hay veces que la intensidad del estímulo del juguete puede hacer sombra a una estimulación menos intensa. 

No obstante, esto pasa con toda la erótica centrada en un orgasmo inmediato. Redescubrirnos, ampliar nuestro repertorio erótico, darnos tiempo de calidad y salir de la lógica de la cantidad es suficiente para seguir enriqueciéndose en un sentido más amplio. 

  • Solo para penes y vaginas

No, no y no. Ni toda la juguetería está centrada en genitales, ni la que está centrada en genitales es sólo para penes o vaginas. Hay masajeadores que se adaptan a cualquier parte del cuerpo, juguetes que no están pensados para la penetración, hay juguetes que no son necesariamente para un “pene en vagina”... ¡explora y te sorprenderás! 

  • Son competencia para la pareja

“Me vas a reemplazar por un pito de goma” y otras frases similares son habituales. A veces como broma, a veces con un trasfondo serio y otras veces completamente desde el mayor de los temores. 

Lo primero de todo, sí, la erótica compartida, la satisfacción sexual en este sentido es importante en una pareja; pero no lo único que construye una pareja. 

Segundo, ¿quién dice que porque un juguete se pueda usar a solas haya que usarlo siempre a solas? 

Un juguete erótico puede ser nuestro gran aliado para nuevos juegos, sensaciones y experimentaciones. Experimentar la doble penetración antes de que sea en un trío donde pudiera haberla, jugar a estimular a la persona con el juguete y otros medios a la vez para que la experiencia sea más intensa… ¡Las opciones se multiplican!

  • Solo los pervertidos los usan

En vez de decirte que no, preferimos decirte que tal vez los pervertidos sean muchos más de los que te piensas y sean mucho más pervertidos de lo que te imaginas. Te digo más, ¿y si tú eres una persona mucho más pervertida de lo que crees? No es una mente sucia, sino una imaginación muy activa y prolífica.

Es habitual ya que las tiendas eróticas tengan una sección kink o de juguetería BDSM. A veces se ven artilugios que da miedito hasta imaginar para qué son, pero otros son cada vez más comunes y ¡la gente curiosa que los prueba también!

Si ahora que hemos desmontado varios de los mitos sobre los juguetes, quieres aprender más sobre ellos, cómo disfrutarlos al máximo y cómo incluirlos en tu crecimiento erótico, ¡anímate al taller de este sábado en Lys Erotic Store!

De Peculiares

¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

21 de octubre de 2019

María Díaz Crujera, Mujeres Soberanas

Cuenta la leyenda que el rey Arturo fue retado por el terrible sir Gromer. Para salvar su vida, tenía que resolver acertadamente en el plazo de un año un acertijo: ¿qué es lo que realmente quieren las mujeres? Su sobrino sir Gawain, aunque tenía mucho éxito entre las damas de la corte, no tenía ni idea de la respuesta. Para salvar a su tío, el joven decidió recorrer el reino durante un año y preguntar a toda mujer que se encontrara qué era lo que más deseaba. Al cabo de aquel año había recogido muchas respuestas, pero tan diversas que no fue capaz de decidir cuál sería la correcta.

El día en que se cumplía el plazo y aún sin respuesta, el rey se adentra en el bosque para entregarse a su enemigo sir Gromer. En un claro, se topa con un ser horripilante que resultó ser una mujer, lady Ragnell. Ella le ofrece la respuesta correcta que le salvará si, a cambio, el apuesto sir Gawain acepta casarse con ella.

Su sobrino, por salvar a su tío, acepta y obtienen la respuesta al acertijo: “Lo que más desean las mujeres es ser soberanas de sí mismas”.

El cuento no acaba aquí, pero lo que me interesa ahora es la respuesta a la pregunta-acertijo: ¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

Quizá sir Gawain no encontraba la respuesta correcta porque la pregunta en sí es una trampa. Cada mujer es única y peculiar, por eso cada una de las mujeres a las que preguntó contestaba de forma diferente. Cada una de ellas quería decidir sobre sí misma y su vida, ser soberana de sí misma, si bien para cada una esto tenía un significado propio y particular.

En la cultura que heredamos, desde la antigüedad, para las mujeres no era compatible poseer soberanía y dignidad al mismo tiempo. En la antigua Atenas, las mujeres dignas y respetables eran propiedad de su marido, y solo las hetairas se pertenecían a sí mismas; eso sí, eran estigmatizadas y moralmente reprobadas. Se trataba de prostitutas de clase alta, que no sólo ofrecían servicios carnales, sino también compañía y conversación, habiendo sido educadas en oratoria, filosofía y artes. Eran independientes en el ámbito económico, no pertenecían a un hombre, pero no eran mujeres respetables socialmente.

Aunque las cosas han cambiado bastante, aún hoy muchas mujeres seguimos creciendo en un ambiente en el que, si conoces, exploras y disfrutas tu cuerpo a tu antojo, eres juzgada por ello. Conocer nuestro cuerpo, lo que nos gusta experimentar en él y expresarlo libremente, en muchas ocasiones, sigue calificándose como ser una “puta”, pretendiendo que sea un insulto.

Nuestra educación ha tenido y sigue teniendo notables trazas de puritanismo que se pone de manifiesto en situaciones cotidianas o puntuales que desde niñas hemos ido “mamando”. Nuestro cuerpo se nos ha hecho ajeno y desconocido mediante frases como: “No te toques ahí, cochina” o alguna de sus variantes… Mi abuela tenía una expresión comodín que servía para todo: “Eso no es propio de una mocita”.

De esta manera, hemos visto limitadas las oportunidades de exploración de nuestro cuerpo, de sus posibilidades, de las diferentes cualidades de las sensaciones, intensidades, ritmos… Y, frecuentemente, las guardianas de esa decencia han sido madres y abuelas, que pretendiendo proteger de los supuestos peligros que acarrea el saber “demasiado” han privado a las pequeñas de estos aprendizajes, dejándolas en realidad perdidas en la ignorancia. Nuestros principales referentes femeninos, especialmente las madres, se nos mostraban como seres virginales y asexuados, cuyos cuerpos eran un misterio y, aparentemente, no gozaban ni deseaban. El silencio y la ocultación eran claves en el mantenimiento de esta expropiación de los cuerpos.

Aún conozco mujeres jóvenes que cuando tienen la regla “están malas” y que van a la ginecóloga para que les mire “ahí abajo”. De pequeñas no accedimos a un vocabulario más digno para nombrar nuestra vulva y lo relacionado con ella, y en los libros de texto escolares sigue sin aparecer el clítoris en la anatomía genital - ¡Total, si no es necesario en la reproducción! Y, para colmo, nos mete en el lío de hablar de placeres…-

Es importante hablar de vulvas, para hacerlas visibles, pensables, imaginables, lúdicas… acogidas en la globalidad de un cuerpo, también sexuado y sensual, que no siempre es aceptado, escuchado y valorado como se merece. Qué importante puede resultar para muchas mujeres poner un espejo entre sus piernas para observar su vulva con amabilidad y con la curiosidad de la niña que un día fueron.

Y por supuesto, qué necesario va a ser también reflexionar y hablar sobre qué pasa con los genitales de las mujeres que tienen pene o de aquellas cuya morfología genital no se parece a lo que se espera que “ha de ser” una vulva o un pene…

Por otro lado, en nuestra sociedad se fomenta una visión casi esquizofrénica sobre la propia imagen corporal, que debe responder a un patrón de belleza imposible de alcanzar, puesto que no es real ni “normal”. Un patrón de belleza que se presenta a través de imágenes absolutamente virtualizadas de cuerpos que no son reales. Si yo me miro al espejo y comparo mi imagen real con la del modelo irreal impuesto, resulta que mi cuerpo no es como “debería ser”. Esto me lleva a que no me guste mi cuerpo, a no aceptarlo. Es decir, a no gustarme a mí misma, a no aceptarme.

Esta mirada distorsionada se dirige hacia una misma y hacia las demás, lo que además genera situaciones de competitividad y recelo entre las mujeres.

Otra idea que está de fondo es la de que solo los cuerpos que se ajustan a determinadas formas, tamaños, texturas… tienen derecho a gozar, como si el resto de cuerpos no sintieran las caricias, las humedades o el calor que los inunda… como si el goce fuera un derecho solo de algunos cuerpos, cuando es una capacidad universal, un hecho que acontece a todos los seres humanos, simplemente porque estamos diseñados para sentir, para gozar.

Se dice que vivimos en una sociedad de culto al cuerpo, refiriéndose al empeño de conseguir una determinada imagen y estética acorde a la moda, a los cánones vigentes. Frente a ese falso culto al cuerpo, a mí me interesa cultivar el cuerpo desde otro lugar, el del disfrute de estar viva, de los placeres sensoriales de la piel y la carne, de las capacidades que todo cuerpo vivo tiene, sea como sea éste… Mi cuerpo es mi hogar, es mi forma de estar en el mundo y es digno de celebración y agradecimiento.

Conectar con el momento presente, a través de la respiración, del movimiento, del tacto, del juego, me facilita reapropiarme de mi cuerpo, conocerlo, descubrirlo y sintonizar con aquello que justamente ahora me apetece, sea estando sola o en la interacción con el otro, con la otra.

Muchas mujeres me dicen que tienen claro qué es lo que no quieren y suelen evitar. Pero ante la pregunta sobre lo que sí desean, muchas veces se sienten perdidas, no saben…

Poner el foco en lo que sí quiero, me gusta, me apetece, es muy revelador. Podemos empezar por explorar con nosotras mismas y con placeres “pequeñitos”. La actitud de apertura al placer se cultiva en lo cotidiano, en las pequeñas cosas diarias que me resultan gustosas como, por ejemplo, tomar mi infusión preferida poniendo toda mi atención en las sensaciones. Concentrarme en el olor, el sabor, la temperatura, el color… De la misma forma, buscar un rato de calma para, tras la ducha, poner toda mi consciencia en recorrer mi cuerpo con mis manos, con ese aceite aromático que tanto me gusta y, sencillamente, observar mis sensaciones, observarme…

Los descubrimientos de estas exploraciones serán los que puedan ofrecer luego en el juego erótico con sus amantes. Conocerme a mí misma me permite regalarle a la persona con quien comparto placeres el conocimiento de aquello que más me apetece justo en este momento. Ofrecer propuestas, pistas, peticiones, es brindarle a mi compañero o compañera de juegos la oportunidad de acompañarme en el goce haciéndome responsable de mi propio disfrute.

Los modelos impuestos que tenemos sobre cómo deben ser los encuentros eróticos muchas veces pesan como una losa. Ir descubriendo el camino mediante el juego, creando mi propio sendero en compañía de quien elijo, se facilita con la práctica de la comunicación: expresando y escuchando…

Como sexóloga, trabajar con grupos de mujeres me brinda la posibilidad de facilitar espacios de encuentro entre nosotras, lúdicos y amables, de escucha atenta y activa. Ambientes creados para encontrarme conmigo misma a través del encuentro con las demás. Crear entornos en los que el cuerpo tiene el protagonismo. Un espacio y un tiempo en el que habitar mi cuerpo, conectar con mi ser, y elaborar lo vivido a través de la palabra: poner palabras para mí, para visibilizar y revelar lo oculto, para hacerlo pensable; y poner palabras para facilitar la comunicación con quien estoy compartiendo.

Sea cual sea nuestra biografía, ponernos en contacto con nuestro cuerpo, es ponernos en contacto con nosotras mismas, por lo tanto, conocernos un poco más, hacernos conscientes de nuestra sexualidad, de nuestra erótica y abrir la puerta al cultivo del arte de amar.

Como decía al principio, entiendo la soberanía como la capacidad de gobernarme a mí misma, de cuidarme, de tener la máxima autoridad sobre mi cuerpo, mis deseos, mis placeres… De expresarme desde todo mi poderío interno, siendo dueña de mí misma y haciéndome cargo de mi libertad. Y, para mí, el camino para ser soberana pasa por habitar mi cuerpo con placer y orgullo, por conocerme, aceptarme y amarme. Sabiéndome la digna propietaria de mi misma y todo lo que a mi cuerpo concierne.

Ah, si queréis saber cómo termina el cuento de lady Ragnell, ahí va el desenlace:

En la noche de bodas cuando se quedaron a solas, sir Gawain haciéndose a la idea de que ella sería su mujer y, por lo tanto, más le valía empezar a valorarla, le besó en los labios. Con el suave y breve gesto afloró su auténtica belleza. Un hechizo la había mantenido bajo un horrible aspecto y el beso había roto el encantamiento, aunque solo en parte. Ahora lady Ragnell mantendría cada aspecto la mitad del tiempo. Entonces, le dio a elegir a él si prefería que ella fuera bella de día ante los ojos de los demás y horrible por la noche cuando compartieran la intimidad de la alcoba; o si prefería que se mostrara hermosa en esos momentos juntos y espantosa el resto del tiempo.

El muchacho, que era muy aplicado y había pillado de qué iba la onda, le contestó que solo ella podía elegir su destino, que ella eligiera soberanamente sobre su vida. Y justo esta respuesta fue la que deshizo completamente el sortilegio y así fue como lady Ragnell volvió a mostrar día y noche su original belleza.

Belleza, cuyas características no conocemos, pues en la leyenda, como en la mayoría de los cuentos de tradición oral, no se describen, para que cada cual pueda imaginarla a su manera. Pues la belleza real no se corresponde con un modelo concreto. Es bella quien desde el conocimiento y aceptación de sí misma se muestra en todo su esplendor. Ser atractiva depende sobre todo de la propia actitud: al saberme hermosa tal como soy, reflejo esa hermosura en los ojos de quien me mira, en las manos de quien me toca, en los oídos de quien me escucha… Pero esta es otra historia que en otro momento podremos contar.

De Peculiares

Tú qué vas a opinar, puta

Día contra la violencia de género

17 de octubre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Voy a putear un rato. Me refiero a que voy un rato a joder, pero no entendido cómo hacer daño a alguien, sino a la jodienda. A sacar a mi puta a pasear. ¿Y por qué me apetece sacarla? Pues porque ayer estuve en una charla de un sindicato de trabajadoras sexuales llamada Otras y me han inspirado. Lo de “voy a putear un rato” lo dice una mujer de 90 y pico años que sigue dedicándose a la prostitución. Me hizo tanta gracia y me gusto tanto, que quería hacerle un guiño y mencionarla. Porque lo que no se menciona no existe y al parecer existen mujeres que se dedican a la prostitución y tan contentas. Sí, tan contentas, aunque nos cortocircuite el cerebro.

Este sindicato se creó para luchar a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales; actrices porno, strippers, prostitutas, bailarinas de pole dance... Un grupo de trabajadoras que está dando mucho de que hablar, porque al parecer todo el mundo se siente con la licencia de hablar de ellas y demasiadas veces por ellas. Era la primera vez que me encontraba en frente de una puta, pero no es la primera vez que hablo de ellas. Y esto hace que me pregunte: ¿Cuántas de nosotras conoce a alguien que trabaja como trabajadora sexual? ¿Por qué parece que todo el mundo sabe de ello y resulta que nadie habla con ellas?

Es la pregunta que le hice a la ponente, Concha. Y me contestó que era porque todo el mundo folla, y como folla todo el mundo, podemos hablar de ello. Hablamos de ellas como si fueran una pobrecitas, mujeres engañadas y desesperadas que no tienen otra que dedicarse a abrirse de piernas y vender su cuerpo. Porque sabemos que el cuerpo es un templo sagrado que no se debe compartir con cualquiera, ¿no? Hablamos de ellas como si todas fueran parte del tráfico de mujeres, como si todas estuvieran ahí porque un proxeneta las ha engañado y manipulado. Al fin y acabo, creemos que son gilipollas, mujeres sin criterio y explotadas. La mujer que tenía en frente no era gilipollas, ni tenía una pizca de tonta. Hablaba desde una posición empoderada, hablada de decidir trabajar de ello. Ella y muchas de sus compas deciden dedicarse a ello y lo que quieren es que el estado les de lo que les corresponde; protección laboral y social, un contrato que garantice los derechos laborales ya que tienen una relación laboral con sus clientes y, en muchos casos, con el empresario que lleva los clubs. ¿Es tanto pedir? Al parecer sí.

Están en contra de toda explotación, en contra de los proxenetas que siempre ganan dinero y nunca lo pierden, en contra de que nuestros derechos sean pisoteados, en contra del sistema capitalista patriarcal salvaje que ilegaliza a las personas. Pero ellas quieren que sus trabajos se reconozcan y piden ser una ciudadana más y no la última mierda de la sociedad. Porque ¿qué hay peor y más denigrante que ser puta, migrante y transexual? Dicen que ya no tienen nada que perder, porque nadie les reconoce nada, pero por ello, tienen todo que ganar y no se van a callar. Los jefecillos tienen que estar temblando porque es sabido que no les interesa para nada que haya trabajadoras empoderadas y menos que haya mujeres sin miedo dispuestas a luchar a lo grande.

Cuando decía que ya no tienen nada que perder, habló sobre las diferentes violencias que sufren como trabajadoras. A muchas nos vino a la cabeza la violencia ejercida por los puteros. Pues no amigas, ella ni los mencionó. Habló de la violencia policial, del estado, de la sociedad, de las ordenanzas municipales, de las sanciones económicas, deportaciones, de las retiradas de las custodias, de las amenazas institucionales, de la discriminación...

En los tiempos que se habla de feminismo liberal... ella hablaba de lucha obrera. Son trabajadoras, aunque mucha gente no las reconozca como tal. Decía que esta sociedad sigue siendo tremendamente clasista y racista. Clasista porque seguimos clasificando a las personas por su trabajo, su adquisición monetaria, sus apellidos, su estatus. Racista porque queremos que las gentes que no pertenecen a este maravilloso estado español trabajen en lo que nosotras no queremos trabajar y que cobren el mínimo sueldo posible y no tengan los mismos derechos. No quieren regularizar su estado actual, prefieren llamarlos ilegales y tenerlos en los suburbios aguantando situaciones tremendamente precarias e inhumanas.

La gente va a seguir queriendo venir a esta Europa que vende ser el primer mundo, donde todas las ciudadanas y ciudadanos vivimos en armonía y donde se puede ser feliz. Van a seguir viniendo porque ya nos encargamos de que en sus países la vida sea insostenible, porque el neoliberalismo no tiene intención de parar y seguiremos explotando sus tierras y su mano de obra casi gratis. Sabiendo que la migración es una realidad, sabiendo que la prostitución va a seguir existiendo ¿por qué no mejorar las condiciones de las protagonistas?

La ponente habló sobre el nacional abolicionismo. Se refería a todo este movimiento que se ha empeñado en machacar a las prostitutas y ahogarlas hasta puntos insospechados. Aquellas que hablan por ellas sin ni siquiera preocuparse en escucharlas. Ese movimiento que sigue favoreciendo al proxenetismo y la explotación. Porque si no mejoras las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras, quien sigue beneficiándose siguen siendo los mismos, los explotadores. ¿Cómo hacemos que desaparezca una profesión? ¿Precarizando más a quien menos tiene? ¿Poniendo multas a las mujeres que ocupan las calles para sacarse el sueldo? Es sabido que cuanto menos tienes, más necesitas y si no te dejan trabajar en condiciones reguladas, lo vas a hacer de manera que se considere ilegal. Porque necesitamos comer, vivir en un espacio seguro, movernos, socializar... Está claro que mantener a las putas calladas y escondidas sigue beneficiando al propio estado. No quieren manchar su imagen en apoyar a las trabajadoras sexuales, pero al mismo tiempo, siguen permitiendo que estas mujeres trabajen en condiciones lamentables y sin protección. La moral, ante todo. El sexo sigue siendo sucio y sagrado.

De Peculiares

Y tú: ¿Follas o haces el amor?

Follar o hacer el amor

30 de septiembre de 2019

Yaiza Morales, Universopornico

Si buscas el significado de la palabra follar, lo primero que encuentras es algo así como “expresión vulgar para referirse al acto sexual”. El término vulgar, ya nos da una idea de cómo se le asocia un carácter un tanto negativo a esta práctica y hoy peculiares venimos a reivindicar justo lo contrario. El lenguaje que usamos tiene mucho poder. Durante muchos años se le ha otorgado un significado  peyorativo a la palabra follar y éste ha acabado calando, sin embargo, podemos darle una vuelta de tuerca más  y reapropiarnos del término confiriéndole un significado más afín a lo que es.

En más de una conversación hemos podido oír la típica pregunta ¿Follas o haces el amor? Pues las dos cosas y una de la mano de la otra. Me explico. Hay un mito muy extendido que asocia el follar con el sexo por sexo, desconectado de sentimientos, visceral y que se centra en la persecución básica de la liberación de endorfinas con el fin de obtener placer. Podríamos decir incluso que cuando follas con alguien, lo que buscas es tu placer y no el del otro, mientras que hacer el amor implica un sentimiento, un lazo de unión entre dos personas. Podríamos sostener que mientras que follar es algo más rudo y salvaje; hacer el amor está lleno de ternura. O esa es la primera imagen que nos viene a muchos a la cabeza al oír pronunciar esas dos palabras. Esa imagen preconcebida nos da a entender que follar no está tan bien, y que, por el contrario, hacer el amor es la forma correcta o socialmente aceptada de hacerlo. La gente bien hace el amor. Follar es cosa de prostitutas.

A nuestro modo de ver, follar y hacer el amor son dos cosas distintas y una no quita a la otra. Hay una idea romántica y heteronormativa detrás del concepto de hacer el amor lo cual ha contribuido a limitar mucho el significado total de la expresión.  Con esta limitación se ha entrado en una dicotomía entre las personas que follan y las que hacen el amor, entre lo socialmente aceptado y lo malo o no tan bueno; y de ese modo, se asocia la palabra follar a una connotación negativa. A lo largo de la historia podemos nombrar diferentes morales sexuales. Así, hablamos de moral reproductiva (necesidad y gusto de reproducirnos), relacional (el objetivo principal es una relación de pareja) y recreativa (basada en el disfrute y en alcanzar tus objetivos y no lo socialmente impuesto). Hoy en día, nuestra sociedad vive a caballo entre la reproductiva y la relacional y este factor es el que da pie a la dualidad existente entre follar y hacer el amor.

¿Por qué cuando le preguntamos a alguien que qué significa hacer el amor se piensa automáticamente en algo sexual? ¿Por qué si es así, se marca esa diferencia con follar si al final reducimos conceptos a un mismo significante? ¿Qué tiene de malo follar? ¿Y qué de bueno hacer el amor?

He aquí una valoración peculiar: Para hacer el amor no hacen falta los genitales, ni siquiera las bocas o las lenguas enroscadas o el contacto piel con piel. Para hacer el amor no hace falta el sexo, aunque pueda ser un buen ingrediente. Hacer el amor a alguien en su significado original es quererle bien, es tenerle en consideración, preocuparte por él, querer que esa persona esté a gusto y se sienta contigo que está en casa. Hacer el amor con alguien es compartir momentos, risas, penas, estar a su lado, disfrutar de veros contentos y acompañaros cuando no lo estéis. Tenderos una mano mutua sin ningún tipo de expectativas y hacer camino uno al lado del otro.

Dentro de ese hacer el amor puede entrar también el follar (sin basarnos en coitocentrismos si no en el amplio espectro de la palabra; besos, caricias, juegos varios…). Porque sí, cuando estás a gusto con alguien y quieres compartir experiencias pues también follas. A veces más rudo a veces con mayor ternura, otras combinando, pero partiendo de una mirada recreativa; de interacción, de juego, de satisfacción de todos los que juegan; porque el follar, es un juego cooperativo en el que si tú ganas, el otro también gana y ganamos todos. Y así, de alguna forma desmontamos la división entre follar y hacer el amor.

De Peculiares

Los penes que no queremos ver

Los penes que no queremos ver

25 de septiembre de 2019

Laura Marcilla

Llegas de las vacaciones, respiras hondo y te enfrentas a todos los mensajes acumulados durante las semanas de descanso. ¿Y qué espera agazapado entre los mensajes triviales y educados? Efectivamente: una foto de un enhiesto miembro viril que nadie había invitado a la fiesta post veraniega.

Bueno, pues este es sólo un ejemplo de las muchas formas en las que se pueden recibir fotos sexuales no consentidas, también coloquialmente conocidas como “fotopollas”. El hecho de que el nombre de estas fotos incluya la palabra “polla” es precisamente porque son los hombres cis quienes habitualmente recurren a esta práctica. ¿Conocéis a alguien que haya recibido una “fotovulva” o “fotocoño” no deseada? Bueno, podría ser, porque hay de todo en el mundo, pero parece ser que estos casos son estadísticamente despreciables.

Según los datos, más de la mitad de las mujeres han recibido en alguna ocasión este tipo de imágenes no deseadas, y también cerca de la mitad de los hombres afirman haber mandado fotos de sus genitales. Muchas de estas fotos habrán sido mandadas de forma consentida, dentro de lo que se denomina “sexting” (aproximadamente el 25% de los jóvenes afirma practicarlo), pero otro porcentaje sea posiblemente enviado en un contexto en el que la otra persona no espera (ni desea) este tipo de contacto.

Me gustaría aclarar que las “fotopollas” no son, bajo ningún concepto, un tipo de sexting. El sexting, para que sepamos a que nos referimos, es una práctica de cibersexo a través de aplicaciones o redes sociales, a menudo incluyendo fotos de carácter íntimo. Entonces, ¿por qué las “fotopollas” no entran en esta categoría? Por lo mismo por lo que una violación no es una forma de sexo, sino de violencia. Cuando no hay consentimiento, no podemos hablar de sexo. El mutuo deseo es requisito indispensable para que sea una práctica sana, por lo que mandar una foto de tu pene a alguien que no la desea no es un tipo de “sexting”, ni una forma de ligar. Es, simple y llanamente, acoso.

Los expertos entienden que el machismo es una de las bases por las que este tipo de interacciones se perpetúan y suelen ser siempre llevadas a cabo por hombres. De ahí que la educación sexual sea tan importante para fomentar formas de relacionarnos en las que nadie se sienta atacado, incómodo, ofendido o vulnerable.

Parece también que los hombres homosexuales y bisexuales, suelen tener menos problemas a la hora de recibir estas fotos inesperadas, lo cual no quiere decir que haya vía libre para mandárselo a estas personas sin su permiso, ya que sigue siendo una falta de respeto y puede haber hombres también a los que les moleste este trato. Aunque se dice que en grindr y algunas plataformas de flirteo entre hombres es una práctica común y más aceptada, no deja de ser una maniobra arriesgada cuando no tenemos la certeza de que la otra persona esté predispuesta a ver este tipo de contenido. ¡Con lo bonito y placentero que puede ser el sexting cuando se realiza de mutuo acuerdo! Porque el sexting, aunque haya sido ampliamente demonizado por los riesgos que entraña, no es sino una práctica sexual más. Como tal, tiene sus riesgos y también sus beneficios, pero tomando ciertas precauciones y practicándola de forma segura, no hay razón para no poder disfrutar de ella.

mensajes @somospeculiaresVolviendo a esta invasión de fotos de penes que está teniendo lugar en múltiples redes sociales existen muchas preguntas: ¿por qué la gente lo hace? ¿hay alguna forma de evitarlas? ¿qué se puede hacer al respecto cuando se reciben? Y… de verdad, ¿por qué la gente se empeña en seguir haciéndolo?

Vale, hay alguna pregunta repetida, pero creo que es la duda más grande que nos hemos planteado las personas que recibimos estos “kínder sorpresa”: ¿POR QUÉ?

No hay una sola razón que sirva por sí misma para explicar todas las “fotopollas” y los motivos de quienes las envían. Algunas hipótesis apuntan a que es una forma de ciberexhibicionismo, como la típica escena del hombre en gabardina en una esquina, pero en su versión online. En este sentido, a pesar del componente sexual del exhibicionismo, hay que entenderlo sobre todo como una muestra de poder y dominación, más que una búsqueda de un intercambio erótico.

También hay a quienes apuntan a la falta de habilidades de seducción de algunos hombres. De nuevo, hay de todo en el mundo, y pudiera ser que alguno de los que lo realiza sí esté buscando un acercamiento sexual con intención de ligar (especialmente en los contextos que mencionaba antes de hombres que tienen sexo con hombres), pero, en general, me parece que incluso las personas con habilidades sociales poco desarrolladas pueden intuir que ésta no es la forma más inteligente para intentar seducir a alguien. Se puede ser tímido, se puede ser torpe ligando, y no por ello se tiene por qué ser irrespetuoso con la otra persona.

Es interesante señalar que, al ser un comportamiento que se realiza en solo unos segundos, la misma persona puede realizar un envío masivo de este tipo de fotos. Quizá en lo que más tarde sea en tomarse una foto que le guste, con la prototípica erección, y un ángulo que considere favorecedor, etc. Pero una vez que la foto ha sido tomada, se tarda prácticamente lo mismo en mandárselo a una mujer que a veinte. Con esto quiero decir que muchas de las personas que hacen esto no tienen un único objetivo definido, sino que lo hacen “al por mayor”, como si de una estrategia de marketing masivo se tratase. Y en cierto modo, puede que aquí resida el por qué de que estas personas continúen haciéndolo. Si, desde una cuenta anónima, puedo mandar mil mensajes y no recibir ningún castigo por 999 de ellos, y de tan solo uno de esos mensajes recibo la respuesta que esperaba o algún tipo de refuerzo positivo, parece que puede “compensarme” lo obtenido en comparación con el poco esfuerzo que me ha supuesto hacerlo. Incluso si me cierran la cuenta, ¿cuánto se tarda en abrir una nueva? Este tipo de factores hay que tenerlos en cuenta para diseñar medidas que eviten este tipo de acoso online y, sobre todo, su reincidencia por parte de los mismos acosadores.

En cuanto a las personas que reciben este tipo de contactos indeseados, parece que aquí tampoco se discrimina demasiado. El único factor que hace que sea más posible recibir “fotopollas” es ser mujer. Pero un gran porcentaje de las mujeres de cualquier edad, orientación sexual o profesión las ha recibido alguna vez. Así que si eres mujer y tienes la suerte de no haber pasado por este trance todavía, no lo digas muy alto, porque podría pasarte hoy mismo. Parece que ciertos hashtags, o las personas que publican contenido relacionado con la sexualidad, pueden ser un blanco más común, de manera que las sexólogas, junto con actrices porno, sexbloggers, trabajadoras sexuales y otros grupos profesionales relacionados con el sexo, solemos ser víctimas más frecuentes de estos mensajes. A veces aparece la foto sin más, sin un saludo ni una introducción, y otras veces viene disfrazada de consulta inocente, o de una conversación sencilla que acaba desembocando en una excusa cualquiera para enseñar el pajarito. Sea como sea, y a riesgo de repetirme, si no hay consentimiento, sigue siendo acoso. ¿O vosotros soléis mandarles fotos de vuestras muelas a los dentistas que hay en redes sociales?

El hecho de que este fenómeno sea tan común genera cierta sensación de indefensión en las personas que lo sufren. ¿No se puede hacer nada al respecto? Lo cierto es que estas fotos de genitales suponen una infracción del artículo 37.5 de la Ley de Seguridad Ciudadana, por lo que en teoría se puede denunciar. Bien es verdad que en la práctica es difícil asegurar que la persona que haya mandado las fotos llegue a sufrir las consecuencias, pero nosotros tenemos la capacidad de intentar hacer valer nuestros derechos. Especialmente si la persona que recibe estos contenidos es menor de edad o sufre algún tipo de discapacidad, en cuyo caso, el envío de estas imágenes es un delito recogido en los artículos 185 y 186 del Código Penal, y puede ser penado con hasta dos años de prisión.

En la vida real, muchas personas no se animan a denunciar estos hechos por la vía legal por el engorro que supone la burocracia frente a las pocas posibilidades de éxito. Personalmente, soy de la opinión de que si todas las personas nos pusiéramos de acuerdo para denunciar estos hechos, y le diéramos visibilidad a estas denuncias por las mismas redes sociales por las que ocurren, quizá podríamos ayudar a crear conciencia de que no es solo algo desagradable, sino también ilegal.

Otras personas (la mayoría) optan por alternativas más sencillas, como bloquear, denunciar la cuenta en la plataforma correspondiente, o incluso compartir públicamente pantallazos del suceso. Desgraciadamente, ninguna de estas medidas garantiza que no vaya a ocurrirte de nuevo en el futuro (lo digo por experiencia propia), y a menudo la compañía ni siquiera elimina la cuenta que se ha saltado la normativa. En lo relativo a compartir capturas de pantallas, puede ser aconsejable tachar el nombre de usuario o la foto de perfil de la otra persona. No se trata de una manera de proteger su identidad porque “pobrecito, no vayan a ir a meterse con él”, más bien es una forma de asegurarse de que no seas tú quien acabe en un problema por haber compartido estos datos públicamente, ya que ni siquiera entre juristas existe consenso sobre si podría ser perseguible o no este tipo de respuesta.

Existen también recomendaciones en otro sentido, sobre no contestar, ni siquiera para bloquear, a la persona que te ha obsequiado con una foto no deseada de sus genitales. Se supone que la idea de esto es no darle la menor importancia al evento, para que el mensajero no pueda conseguir una simbólica superioridad gracias a la sensación de haber conseguido molestarte. Sea como sea, cada persona es quien debe valorar las opciones y decidir cómo actuar ante estos abusos.

Mientras tanto, solo nos queda seguir luchando por que la educación sexual integral deje de ser una utopía, y sea una realidad que contribuya a mejorar la manera en que nos relacionamos. Poco a poco, quizá algún día consigamos que el acoso y la violencia de cualquier tipo desaparezcan, o al menos se reduzcan lo suficiente como para que deje de tener sentido escribir artículos denunciando los penes que no queremos ver.

NOTA DE LA AUTORA: Recientemente he iniciado en redes sociales una campaña para dar visibilidad a este fenómeno. Bajo el hashtag #Fotopollasporelmundo publico las situaciones en las que yo, como sexóloga, he sufrido este tipo de acoso, e invito a todas las personas que deseen hacer lo mismo a usar este lema si creen que puede ayudarles en su denuncia de esta realidad.

De Peculiares

Respuestas peculiares para personas bifóbicas

Respuestas peculiares para personas bifóbicas

23 de septiembre de 2019

Norma J. Brau

Hoy 23 de septiembre es el Día de la Visibilidad Bisexual, también podríamos abreviarlo llamándolo día de la BIsivilidad. Aunque nos hubiese encantado ponernos sexológicamente profundas y densas, los tiempos son los que son y hoy nos ceñimos a ser más bien reivindicativas. Por eso, hoy queremos compartir contigo las respuestas a frases bífobas que muchas personas bisexuales enfrentamos.

Sabemos de sobra que no toda la bifobia es intencionada. Es decir, igual que en otras cuestiones, el desconocimiento y la falta de fuentes fiables son detonantes de muchas situaciones incómodas. No toda la gente que tiene creencias bífobas es bífoba. En realidad, el sistema está tan bien montado que la gran mayoría de la gente no es consciente de las creencias erróneas que le han inculcado. 

No obstante, también hay elementos, seres (habrá que llamarlos) humanos que se regocijan en ser personas bífobas, en seguir perpetuando mitos hirientes y seguir obstaculizando una plena y satisfactoria vivencia de la diversidad sexual existente. Para esas personas que piensan tocarte la moral, tenemos respuestas peculiares:

 

  • Tú lo que estás es confundida. Aclárate, o tías o tíos.

Respuesta peculiar: “Confundida estaba sí, al pensar que ibas a empatizar con mi situación.”

Con lo que cuesta salir del armario, escoger con quiénes hacerlo y además, ¿tener que aguantar feos de este tipo? Mira, el chasco te lo llevas, la decepción también, pero no hay mal que cien años dure y quien te quería ahora te excluye, mejor que vuele. 

 

  • Pero, ¿50-50? Porque yo no he conocido a nadie que sea 50-50…

Respuesta peculiar: “¿Y tú sólo te has liado con personas de las características que dices que son las que prefieres?” 

Ahora va a resultar que quienes las prefieren morenas no se pueden liar con rubias y que vamos a contabilizar hasta las miradas y ligoteos. Que me pueda sentir atraída o enamorar o gustar de alguien indistintamente de su identidad no significa que haya un reparto “equitativo”. Amén de que vaya concepto más binario de la identidad tienes, cari. 

 

  • Es una fase, ya se te pasará (A veces aderezado con: “ya saldrás del armario”)

Respuesta peculiar: “Claro, como la varicela, la bisexualitis se pasa… ¡que ojo, igual también te la contagio!”

A palabras necias, oídos sordos y respuestas peculiares. Gentes varias del mundo mundial, ya estamos saliendo del armario nombrándonos y presentándonos como bis. Obviamente, las etiquetas cada vez fluyen más y, ¿quién sabe? puede que en mi camino y viaje me redescubra, pero ignorar la bisexualidad como orientación… Pues eso, que os molaría que fuese sólo de vuestra acera pero resulta que soy paso de zebra. 

 

  • Eso es que te pierde el vicio, ¡promiscua!

Respuesta peculiar: Biciosa, con B de “Burra, como tú me pones”

Llega un momento y un punto de las discusiones absurdas que la mejor venganza es nuestra mayor y mejor sonrisa. Ser bisexual sólo señala que puede que tengas más probabilidad de que alguien te guste. De ahí, a que te frotes hasta con las paredes, hay un trecho y, en mi caso, ni jarta a vino. Es más, a veces ser bisexual genera por esta clase de mitos mayor desconfianza en posibles parejas, cuando cualquiera ya con unos añitos debería ser consciente que la fidelidad (sea en las formas que la pareja ha acordado) no depende de la orientación.

Si tenéis más frases bífobas a las que contestar, nosotras súper encantadas de leerlas en comentarios y de poder seguir contestándolas en futuras ediciones, ¡feliz día de la Visibilidad Bisexual, peculiares!

De Peculiares

¡No nos van a callar! En tiempo de odio: la sexología seguirá cultivando

¡No nos van a callar! En tiempo de odio: la sexología seguirá cultivando

19 de septiembre de 2019

Norma J. Brau

No es el momento de hablar de casos particulares, con nombres y apellidos, pero sí es tiempo de encender una alerta para quienes compartimos profesión, para quienes nos conocen y con quienes tendemos puentes y, cómo no, para la sociedad en su conjunto. Una alerta sobre la deriva del contexto político y social actual de España en el que las voces que incitan al odio hacia la diversidad y quienes la defienden como realidad parecen cada día más fuertes. Una señal de precaución ahora que incluso colegas de profesión están enfrentándose a estos discursos a diario.

Aunque sí sería la primera vez que sucede en España, no es la primera vez que tiempos de odio amenazan a la Sexología. En 1933 la Sexología ya tuvo una importante pérdida con la quema del Instituto para la Ciencia Sexual (Institut für Sexualwissenschaft) en Alemania. Su director, Magnus Hirschfeld, que también fue quien formó la “Liga mundial por la reforma sexual”, sólo vivió dos años más; que fueron en el exilio.

Quien más quien menos, cuando amanecemos entre las noticias que nos ofrece el actual contexto de nuestro país, siente que, si “nos despistamos”, básicamente, si lo dejamos pasar, volverán tiempos difíciles. Tiempos en los que la sexualidad humana y su inherente diversidad volverán a ser una realidad acallada con intolerancia y violencia. Tiempos que al viejo continente debería darle vergüenza ajena que volvieran a aparecer.

Es, por tanto, responsabilidad de quienes nos dedicamos a la Sexología alertar sobre el alto riesgo que se corre de seguir un camino donde los discursos de odio son los únicos que tienen cabida.

Para ello la mejor forma, sin duda, es seguir trabajando y aportando, como lo venimos haciendo a diario, cada cual desde el tiempo y el peso que le ofrece a la Sexología en su vida, pero sin dejarla de lado nunca. Cuando creamos espacios para cultivar la sexualidad, aceptar la diversidad y ponerla en valor, es cuando la Sexología cobra todo el sentido y cuando toda la sociedad es capaz de valorarla, sentirla necesaria y hacerla suya.

Es otorgando herramientas para entenderse, vivirse y aceptarse tal como son, que quienes desconocían la Sexología pasan a comprenderla como lo que es: una ciencia, un marco teórico, hablando en plata, una explicación de cómo somos y porqué somos así, que nos ayuda a conocernos y a convivir.

Unas gafas que, en ningún momento, se imponen sobre criterios personales y valores adquiridos en otros ámbitos de la vida, sino que nos ayudan a crecer tal como nos importa hacerlo.

Por eso, ahora que la Sexología vuelve a vivir en tiempos del odio, es cuando más merece la pena darla a conocer, acercarla a la sociedad. En definitiva, trabajar con ella y desde ella, para que todas las virtudes que ya conocemos quienes la estudiamos, lleguen a todas partes. Creando así una red tejida con mimo y dedicación incapaz de ser destruida por el odio. Una red fuerte y segura, capaz de enfrentarse a las adversidades que están y vendrán.

De Peculiares

FemDom: ¡Quiero ser dominatrix!

Angelina Jolie como la sexy y mortal Sra Smith

3 de septiembre de 2019

Norma J. Brau

“Hay que darles latigazos, si los quieres a tus pies y clavarles los tacones, para que se porten bien…” así arrancaba la canción Dominatrix de Las Siux. La idea plasmada en la canción no difiere de la imagen mental que tiene mucha gente del FemDom (Female Dominance). Pero, ¿en serio es esto lo que hace la gente? ¿Cómo se siente cómoda la gente en este rol?

Tenemos un montón de referentes culturales de mujeres dominantes en películas, libros, canciones… y yo diría que aun así son dos los modelos que se muestran en todos ellos:

  • La tía cañón que hará de sus órdenes tus deseos. Pensemos en Angelina Jolie interpretando a la Sra. Smith.
  • La despótica y sádica mujer que maltrata sin cuidado ninguno a quien se le somete. Como la Madame Vandersexx de Eurotrip.

De ahí que cuando una siente curiosidad por dominar está más perdida que un pulpo en un garaje. Por eso hoy os quiero compartir los consejos para primerizas en el FemDom:

  • Antes de entrar en faena, ¡habla e investiga!

No sólo con tu acompañante en la experiencia, ¡también con más gente! Infórmate un mínimo sobre las prácticas que probarás, guarda las medidas de seguridad necesarias e intenta tener un esquema claro de cómo debería ir todo para salir bien.

Por ejemplo, cuando hables con tu ‘sub’, además de acordar palabras de seguridad y consensuar prácticas, sería interesante indagar sobre cómo reacciona (tanto cuando le es placentero como cuando no). Así te será más fácil interpretar sus gestos.

  • Body language y palabra de seguridad

Especialmente si te interesa explorar prácticas que puedan provocar algún daño, es posible que te dé miedo. A todo el mundo le da cierto nerviosismo las primeras experiencias porque el daño es real y queremos que sea el adecuado para los fines deseados.

Pero, tranquila, usar las palabras de seguridad que acordéis y tener en cuenta el lenguaje corporal de con quien juegues seguro que te ayuda. La cara, los ojos e incluso una excesiva rigidez corporal, entre otros signos, también serán pista del nivel de agrado de la persona.

  • La teatralidad como ayudante

No es sólo cuestión de roles, ¡también de ambientación! Prepara una escena que te haga sentir cómoda y segura de ti misma. Aromas, luces y estilismos que mejor te hagan sentir serán tus aliados en la transición al rol que quieras llevar a cabo.

  • Pon las pausas a tu favor

La prisa es muy mala compañera de todo aquel trabajo que requiera de precisión, mimo e intensidad. Más cuando se da en newies. Tómate tu tiempo para las decisiones, no te apures y recuerda el poder erotizante de la espera.

  • Fastidios cotidianos y dulzuras hechas tortura

A veces cuesta imaginarse una sesión. Al no tener experiencia cuesta más generar una partitura equilibrada y agradable. Además, muchas veces la imaginación sólo aparece cuando no se la llama.

Si te pasa esto, lo ideal es que pienses en fastidios cotidianos y dulzuras que puedas convertir en torturas. Todo el mundo tiene actividades que odia un poquito hacerlas y que, lamentablemente, tiene que hacerlas, ¿qué pasaría si las añadimos a sesión con alguna complicación de por medio? O, si, en cambio, ¿hacemos que algo que se deseara mucho resulte excesivo pero aun así no se pueda rechazar? Una vez más, conocer un poco a quien se someta es un punto básico para un mejor diseño de estas ‘torturitas’.

  • Busca tu estilo

Parte del mito de la dominatrix y del BDSM es pensarnos que todo se resume en cuero, PVC, látex y gente muy estricta pegando voces y siendo cruel. Pero no. Al menos, no tiene por qué. Hay infinidad de roles; tanto si atienden a prácticas que se realizan (Spanker, Rigger, Cuckoldress…) como si atienden al tipo de relación o encuentros que se establecen (Mommy, Primal Predator, Disciplinarian, Lolidom…).

Además, no hay una sola forma de desarrollar un rol y todos ellos se pueden adaptar perfectamente a tu personalidad y a tu forma de relacionarte.

Aun teniendo todo esto en cuenta, puede ser que haya momentos o días en los que, aunque disfrutes, valores que hay aspectos mejorables. Esos días, no te agobies. Nadie nació sabiendo y mucho menos esto. Lo que acabas de empezar es un viaje de evolución, desarrollo y descubrimiento de otra faceta de tu ‘yo erótico’. Disfrútalo.

De Peculiares

¿Dolor de cabeza tras alcanzar el orgasmo?

cafelea sexual @somospeculiares

5 de septiembre de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

Si después de una sesión sexual de lo más satisfactoria, cuando estás llegando al punto culminante o acabas de alcanzar el orgasmo, sientes que empiezas a tener un dolor agudo de cabeza, posiblemente estás sufriendo un episodio de la llamada cefalea coital o sexual.

¿En qué consiste este tipo de cefaleas?

 Durante el acto sexual se liberan endorfinas que actúan como fármacos naturales que no pueden quitar el mal humor, el insomnio e incluso aliviar dolores como los menstruales o la jaqueca. Pero en algunos casos orgasmar puede provocar dolor de cabeza a este dolor se le denomina “cefalea coital” o “cefalea sexual”. Consiste en un dolor de cabeza muy intenso, previo o inmediatamente posterior al orgasmo que comienza con pequeños latidos en la frente o sien y se extiende por todo el cráneo. Es un dolor benigno que desaparece al cabo de unos minutos, aunque en algunas personas puede durarle algunas horas.

¿Por qué se producen?

No se sabe a ciencia cierta las causas, pero hay una opinión entre la comunidad médica que el origen podría ser al aumento rápido de la presión arterial que se produce durante la excitación sexual y sobre todo durante el orgasmo.

Este tipo de jaqueca es más frecuente de lo que pensamos y puede aparecer en cualquier práctica sexual. La podemos dividir en dos tipos de cefaleas;  la pre-orgásmica y la orgásmica, siendo esta última la más común. En la primera, el dolor aparece levemente y va acentuándose a medida que se alcanza el orgasmo. Si el dolor, en cambio, ocurre al orgasmar o inmediatamente después, este será súbito e intenso.

Este tipo de cefalea es más predominante es hombres maduros, sobre todo a partir de los 50 años; una causa probable es el consumo de ciertos medicamentos para las disfunciones, en los que este dolor de cabeza sería un efecto secundario

¿Qué implicación tiene?

El problema es cuando afecta a la vida sexual de la persona, que evita tener relaciones sexuales por temor a que aparezca esta cefalea. En el 90 por ciento de los casos, el detonante del dolor es un cuadro de estrés, de depresión o de angustia, por lo que las preocupaciones del día a día, las económicas, sociales, laborales, el cansancio físico y/o mental pueden provocar este tipo de dolor.

¿Qué hacer si lo sufrimos?

 Si estamos teniendo relaciones con otra persona comunicarle nuestro malestar, si es durante la masturbación dejar de estimularnos, en todo caso cesar la actividad sexual y no orgasmar hará que desaparezca esta sensación. Podemos tomar un paracetamol si no tenemos ninguna contraindicación y, sobretodo, intentar relajarnos y echar una siesta si se puede

Si ocurre con frecuencia es muy recomendable que vayamos al médico al fin descartar que suframos algún problema de salud. Muchas veces al origen es debido al estrés o ansiedad a la que continuamente estamos expuestos. Es una manera de decirnos nuestro cuerpo que necesitamos una pausa.

Dormir las horas necesarias y dejarnos momentos de tranquilidad para nosotrxs mismxs nos puede ayudar a que no suframos de este dolor. Y recurrir a ayuda de un terapeuta si el estrés o la angustia persisten. Recuerda que nuestro cuerpo habla cuando algo no va bien, así que escúchalo y cuídate