De Peculiares

Sexo anal: cómo explorar “el lado oscuro de la fuerza”

8 de enero de 2020

Norma J. Brau

Comienza el año y con él los propósitos de año nuevo. Si este año te has propuesto el sexo anal como uno de ellos, no pierdas los siguientes tips para una exploración desde el más puro nivel padawan para convertirte en todo un Jedi (o Sith) en el arte de la erótica que incluye a nuestro ano.

Una servidora aún está asimilando el final de la saga Star Wars. Por ello, y en precioso homenaje a la misma y con la intención de dignificar y poner en valor el placer relacionado con el ano, he decidido clasificar los tips para la exploración anal mediante frases de las películas… ¡o modificaciones! He aquí mis cinco frases galácticas para explorar en tu lado oscuro de la fuerza:

“Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes” - Maestro Yoda

Un clásico de nuestro querido Maestro verde que quiero recuperar para recordar lo más importante en toda práctica erótica (por nuestra cuenta o en compañía): ir a por ello. 

Pero recordad, jóvenes padawans, en la sexualidad, siempre, la fuerza necesaria para la decisión nos la dará el deseo. Es decir, tener ganas sin presiones ni expectativas nos permitirá una exploración gozosa, adaptada a nuestro cuerpo y necesidades. 

Para ponernos exigencias ya tenemos otros aspectos de la vida, así que, ya sabes, si lo haces, que sea porque te pica la curiosidad, porque alguna gracia le has visto, porque quieres ver qué pasa.

“Entrénate a ti mismo para dejar ir todo aquello que temes perder” - Maestro Yoda

Vamos con otra gran frase del Maestro por antonomasia de la saga. Aunque el objetivo final sea disfrutar de tu ano en compañía, el autoconocimiento es un buen punto de partida. Cuanto más sepamos sobre cómo le gusta a nuestro cuerpo, mejor sabremos transmitirlo a la/s persona/s con quienes estemos. 

Así, dejándonos llevar, perdemos de forma voluntaria el control, lo mismo que luego tendremos que dejar llevar en compañía. Y es que este es uno de los aspectos que más miedo suele dar: que nos despojen del control en lugar de perderlo gozosamente.

“Concéntrate en el momento. Siente, no pienses, usa tu instinto” - Qui-Gon Jinn

Quienes tengan vulva y, más concretamente, quienes tengan vagina y hayan intentado alguna vez meterse algo lo tendrán muy presente (espero): la relajación es la clave. 

Cuando estamos con la misma tensión que un gato cuando bufa, es muy probable que haya músculos de nuestro cuerpo que se tensen de forma involuntaria… ¡ese no es el camino!

Recuerda que he hablado en este post sobre explorarte. La exploración no es la conquista de una cima, es un paseo por la selva. Sin prisas, con calma y detenimiento, poquito a poco.

Si estás comenzando y temes que cualquiera te pille, vas con el tiempo justo (o pegado al culo, ¡nunca mejor dicho!) o estás con la mente en otra cosa… probablemente, no sea el mejor momento, ni en el que más disfrutaras.

Haz que esta experiencia sea un autorregalo, no un deber. 

“Soy prisionero del beso que nunca debiste darme” – Anakin Skywalker

Meter, meter, meter… si es que estoy segura que hasta ahora sólo has pensado en meter cosas en tu ano, ¿es meter lo único que se puede hacer? Obviamente no.

Sabemos que en soledad es un poco difícil, pero te queremos sugerir una práctica aún algo desconocidilla para cuando lo hagas en compañía: el beso negro (o griego o como lo quieras llamar). 

Los besos y las caricias son una forma dulce, cuidadosa y muy íntima de comenzar a explorar esta zona de nuestro cuerpo en compañía. ¡No te limites a la idea de meter y meter y verás cómo puedes volverte fan de esta práctica!

¡Que el lubricante te acompañe! 

Obviamente, la fuerza no es buena acompañante, así que me he tomado la licencia poética de modificar la gran épica frase. Pero, además de lubricación, he aquí otros elementos que te serán de ayuda:

  • Juguetes de todos los tamaños y tipos

Nunca nos cansamos de recordar que hay juguetes específicos para la penetración anal. La base del juguete siempre debe ser más ancha que la parte más ancha del juguete para que funcione como tope. 

Puedes usar tanto dildos como plugs (con joya, con colita, personalizado a tu gusto...). Los materiales como el cristal y el metal, aunque más fríos, pueden ser más amigables por su mayor suavidad.

Lo más recomendable es comenzar por tus propios dedos (o de quien te acompañe) e ir poco a poco avanzando desde los juguetes más pequeños hasta los más grandes que tu cuerpo encuentre placenteros. 

  • Los arneses pueden ser tus fieles compañeros de andadura

Juguetes como los dildos pueden introducirse manualmente o, cuando estamos con alguien, esa persona puede ponérselos a la altura de su pelvis mediante un arnés.

El juego con arneses (o, si se prefiere el uso de un pene) puede permitir que otros aspectos sensoriales sigan siendo cuidados, dado que liberan las manos para que puedan seguir acariciando el resto de tu cuerpo… ¡o lo que prefieras!

  • Una última nota sobre la lubricación

Recuerda que los lubricantes de silicona (incompatibles con los juguetes del mismo material) aseguran una mayor lubricación y de mayor duración que los que tienen base de agua. 

Por otro lado, puede que quieras valorar la opción de lubricantes oleosos, pero recuerda que no son compatibles con el uso del preservativo.

Por último, y una duda que a veces nos asalta, ¿lubricante con o sin relajante muscular? ¡Uf, difícil y personal elección! Lo que debes tener claro, antes de tomar la decisión, es que si pierdes la sensibilidad, puede que se hagan heridas y malestares que notarás en cuanto pase el efecto relajante.

En definitiva, la exploración del lado oscuro de la fuerza es toda una aventura que, en contra de lo que muchas veces pensamos, puede estar llena de placer y satisfacción. Sin embargo, como muchas otras, especialmente cuando hablamos de penetración, es una práctica que realizada sin cuidado y de manera brusca puede dar más dolores de cabeza que otra cosa.

Seguro que si lo tomas con calma, sin presiones y a modo de exploración, como dijo Luke Skywalker… “Las cosas no pasarán como tú crees”. 

De Peculiares

¿Por qué te sientes culpable de tener fantasías eróticas?

30 de diciembre de 2019

Monica Leiva, Educandosobresexo

A veces tenemos pensamientos de índole sexual que nos resultan inaceptables y molestos porque nos provocan conflictos con nuestros valores aprendidos. Esas fantasías que valoramos como negativas suelen ser las que reflejan relaciones sexuales con violencia, dominación o sumisión. Las fantasías pueden sorprendernos y parecer confusas ya que a veces no guardan parecido con nuestros deseos conscientes. Fantasear con parejas múltiples o encuentros violentos, por ejemplo. Si sentimos excitación delante algunas fantasías que no se desean en la vida real, podemos sentir malestar e incluso llegar a creernos que somos seres perversos y enfermos. Así, bastantes personas se preocupan con sus fantasías sexuales, se cuestionan si es normal fantasear con depende que y se pueden sentir culpables de tenerlas y que estas les generen placer.

Pero tener fantasías sexuales es normal y saludable. Si una cosa nos caracteriza a los seres humanos es nuestra capacidad para crear situaciones y mundos imaginarios. Esta capacidad está presente en todo lo que realizamos en nuestra vida, incluyendo el sexo por supuesto. Fantasear es una capacidad humana, que muchas veces dejamos aparcada e incluso infravaloramos como propia de la infancia o de personas que se pueden “permitir perder el tiempo”. Como dice el psicólogo catalán Antoni Bolinches “en cuestiones de sexualidad, la imaginación es capaz de volar más alto que la realidad” Usando las fantasías enriquecemos nuestra vida sexual y aprendemos más de nosotros y nosotras mismxs. La aceptación y disfrute de las fantasías nos hará conocernos y aceptarnos mejor.

Ya lo decía la escritora Megan Maxwell “Todo el mundo tiene fantasías, pero no hablan de ellas por pudor”, el pudor o más bien el temor a ser juzgadxs como “rarxs” o a no ser entendidxs por los demás.

Las fantasías eróticas tienen su utilidad

El objetivo de las fantasías sexuales sería la de liberar las tensiones del día a día, estimular la imaginación para crear un mundo de fantasía y, sobretodo, usarlas para pasarlo bien.

¿Es necesario llevarla a cabo? Depende de cada uno y cada una. La fantasía es una cosa completamente íntima y privada mientras no la convirtamos en acción y cómo producto de nuestra imaginación podemos decidir si se queda en nuestros pensamientos o la externalizamos. A veces la fantasía quiere quedarse en fantasía simplemente y no hace falta hacerla en la vida real, ya que la imaginación supera a la realidad y pasarla al mundo real nos puede decepcionar. Todo en nuestra cabeza es más rico y ocurre de una manera ideal, y si la fantasía es una situación compartida a lo mejor la reacción de la otra persona u otras personas no cumplen con nuestras expectativas o nos ocurren imprevistos que nos estaban en nuestra mente y podemos acabar decepcionándonos.

Si es bueno tener fantasías, ¿por qué me hacen sentir mal?

Las fantasías sexuales son fantasías y como tales nos puede ayudar a evadirnos como también a enriquecer nuestras vidas eróticas... Si tú sientes que alguna te hace sentir mal deberías analizar el motivo por el cual ocurre esto.

El sexo y la culpa muchas veces vienen de la mano, si nos sentimos culpables de nuestros ‘pensamientos es porque nos estamos hipervigilando sin necesidad de una fuerza externa represiva ¿Por qué ocurre? Se sabe que le sexo es la faceta humana que más se ha querido controlar desde la moralidad de nuestra sociedad y producto de ello es que lleguemos a sentirnos mal por nuestros pensamientos eróticos cuando creemos que “se salen de la norma”.

Lo que debemos de tener claro es que aunque hay cosas de nuestro imaginario erótico que deseamos llevar a la práctica hay otras que nunca desearíamos que sucedieran de verdad, son las fantasías eróticas que se quedan en nuestra cabeza como fantasías y nunca llegan a cumplirse. A la moralidad de nuestra sociedad esta distinción parece que no exista, el simple hecho de imaginar ya es malo y esto produce es que nos sintámonos culpables de todo lo que nos pasa por la cabeza, pero al igual que si podemos sentirnos responsables de nuestras acciones, no tenernos porque sentirnos culpable de nuestras fantasías ni tan siquiera dar explicaciones de las mismas, ya que están en nuestra cabeza.

Somos el animal sexual más extravagante que existe en el planeta y la mayor parte del tiempo practicamos el sexo como diversión por lo que para una sexualidad sana ha de existir la imaginación y el juego. Dejemos volar la imaginación erótica privada y particular y disfrutemos del enriquecimiento erótico que provocan.

De Peculiares

La historia de las brujas, mujeres librepensantes

4 de diciembre de 2019

Yaiza Morales

Las mujeres siempre hemos sido sanadoras y hemos transmitido nuestros saberes y experiencias entre vecinas y de madre a hija. Desde tiempos inmemoriales, las mujeres sabían cómo asistir en los partos, procurar abortos y actuaban como enfermeras aplicando sus conocimientos sobre hierbas medicinales y lo que hoy en día conocemos como los remedios de la abuela. Su trabajo en éste ámbito era tan poco reconocido que no aparece en los libros; o no al menos de un modo a tener en cuenta.

La historia que de ellas nos ha llegado, ha sido contada por sus perseguidores y teñida de maldad y un sinfín de atributos ridículos que han contribuido a mitificar la leyenda de las brujas.

Sabemos que las gentes de los pueblos las llamaban mujeres sabias aunque para las autoridades eran consideradas brujas o charlatanas y así pasaron a la historia.

La represión de estas mujeres sabias fue una lucha política; tanto por motivos de clase como por el hecho de que fue una lucha entre sexos. Las sanadoras o brujas fueron condenadas principalmente por su condición de mujeres. En la oposición encontrábamos los poderes de las clases dominantes tales como la Iglesia o las instituciones, universidades…

Por parte de la Iglesia se creó la Santa Inquisición que era básicamente una caza de brujas y el papel que éstas desempeñaban pasó a ser satanizado en contraposición con los médicos académicos (que por supuesto eran todos hombres), y que por otro lado eran designados por los altos poderes soberanos y las autoridades seculares. Es desde entonces que el aspecto de mujer relacionado con los cuidados y el famoso sexto sentido se ha rodeado de un halo de superstición asociándolo con la brujería.

La caza de brujas que se inició allá por el siglo XIV ha tenido consecuencias tan duraderas que llegan hasta nuestros días. Tanto que podríamos afirmar, en cierto modo, que los aquelarres medievales y el exterminio de las mal llamadas brujas, tienen bastante que ver con la actual lucha feminista. Por eso contar nuestra historia como realmente aconteció es una parte importante de esa lucha.

Desde que se iniciara la persecución de las brujas como tal en época del feudalismo, sus ideas arrasaron el territorio de lo que en esos tiempos ocupaba la Europa Occidental y se llegaron a registrar en algunas ciudades un promedio de 600 ejecuciones anuales por motivos de brujería.

Curiosamente sabemos que también entraba dentro del cómputo de la mal llamada brujería cualquier comportamiento que se desviara de la “normalidad” así que, pese a que el 85% de las ejecuciones que se llevaban a cabo eran de mujeres ya fueran niñas, adultas o ancianas, un porcentaje más reducido aunque significable también se llevó por delante a hombres bajo las mismas excusas. La acusación de brujería abarcó un sinfín de delitos, desde la subversión política y la herejía religiosa hasta la inmoralidad y la blasfemia

La persecución de las brujas coincide en tiempo y lugar con periodos de gran agitación social así que podríamos deducir que la población en general estaba conmocionada y con lo cual más enfurecida. Eso siempre lleva a la radicalización de los comportamientos y en algunos casos a una mayor sed de encontrar un culpable de la situación sobre quien descargar la ira.

Pero curiosamente la caza de brujas no fue un linchamiento popular sino más bien una campaña súper regulada y respaldada por la ley y como ya hemos comentado antes por la Iglesia. Se creó hasta una guía para la ocasión llamada Maleficarum Malleus; algo así como Martillo de Brujas que fue escrito en 1484 y en el que quedaban recogidos tanto los procedimientos a aplicar como las cualidades y comportamientos típicos de una bruja.

Se habla ya en esa época de la histeria femenina que supuestamente y en ese caso, era la desencadenante de esos comportamientos. En el libro se especificaban diferentes métodos de tortura que eran útiles para conseguir información sustancial sobre brujería tanto de las propias brujas como a vecinos que supuestamente hubieran observado alguna actitud sospechosa en alguien.

Entre estas actitudes existen 3 que se consideraban acusaciones irrefutables de brujería:

– Mujeres que tuvieran una actitud que se pudiera considerar sexual hacia los hombres. Es decir, que pudieran tentar y engañar a los hombres con sus atributos y sus prácticas con intenciones diferentes a procrear.

– Mujeres que estuvieran organizadas o tejieran una red de ayuda entre sí.

– Mujeres que supuestamente tenían poderes mágicos sobre la salud. Es decir, que podían curar a los demás.

En estas acusaciones podemos ver una actitud claramente misógina que lo que pretendía era desacreditar a cualquier mujer que pudiera dar la impresión de tener un pensamiento propio; de expresarse libremente o de poder demostrar estar en igualdad de condiciones que un hombre.

Pese a los avances que hemos experimentado en la historia, ¿Creéis que esta lucha se diferencia mucho de la que vivimos hoy en día?

De Peculiares

Cómo el Tantra te puede ayudar a estar más conectado/a con el presente

27 de noviembre de 2019

Dhyan Rafik, www.bloombarcelona.com

La vida que tenemos en nuestro día a día es muy acelerada y expuesta a un bombardeo de impulsos. Tenemos millones de cosas por hacer, y entre nuestras tareas, o en ellas mismo, nosotros aún colocamos más estímulos. Nos levantamos con el sonido del despertador o del celular pensando qué ponernos en función de lo que vamos a hacer ese día, preparamos el desayuno escuchando música o las noticias de la radio, tomamos el café leyendo el periódico o viendo la televisión, bajamos a la calle ya con los auriculares puestos y en el metro escuchamos música, vemos vídeos, respondemos mensajes... y todo eso antes de llegar al trabajo.

Tenemos una capacidad enorme para vivir disociados del momento presente. Nuestro cuerpo está en un lugar, pero nuestra mente en otro. Es normal que esto ocurra y es una habilidad que tenemos que aprovechar, pero hacerlo de forma sistemática nos lleva a realizarlo de forma automática, sin control, en cualquier situación, incluso en nuestras relaciones sexuales. Si nos parece normal cepillarnos los dientes y pensar en la entrevista que tendremos en lugar de percibir como me estoy cepillando, si nos parece lógico estar comiendo y preocuparnos por las desgracias que ocurren en el mundo, en lugar de prestar atención al gusto, textura y aroma de la comida que ingerimos, si nos parece razonable estar en el metro y jugar a un videojuego o chatear en lugar de hablar con otras personas o percibir el paso de las estaciones, nos lleva a hacer el amor y estar pensando en cualquier otra cosa o hasta fantasear con otras personas, en lugar de sentir plenamente el momento presente con quien lo estamos compartiendo.

Nuestra realidad debería ser distinta. Cuerpo y mente conectados, permitiendo alinear lo que sentimos con lo que pensamos. De ese modo, al cuerpo y a la mente se le suma la emoción. Conseguimos así percibir las emociones que nos llegan, sentir lo que nuestro cuerpo nos trae y nuestra mente presente, no evadida, consigue procesar y a veces hasta comprender. Se trata de hacer callar nuestra mente, no dejar que nos lleve a otro lugar, disolver el ego y nos permita sentir plenamente, sea lo que sea que estemos viviendo.

El Tantra, así como el sexo tántrico están cargado de mitos y malos entendidos. El Tantra no es una religión, por lo que no trabaja con dogmas, trabaja con principios. Uno de sus principios podría responder a la frase: "haz lo que hagas plenamente". Es decir, cuando hagas una cosa haz sólo eso. Dedícale tu atención plena. Si tomas baño, toma sólo baño. No pienses en otras cosas. Percibe la temperatura del agua, cómo reacciona tu piel a ese calor o frío, cómo se desliza el agua por las diferentes partes de tu cuerpo, la leve caricia que hace en forma de pequeños ríos por tu piel, como se acumula el agua en forma de gotas en unos lugares y otros no…

Realizar pequeños ejercicios de plena presencia nos ayuda a ser más conscientes de lo que hacemos, cómo lo hacemos y lo que sentimos haciéndolo. Traer esa presencia en lo que hacemos nos permite una mayor conexión con nosotros y también con las personas con las que compartimos nuestra vida y esos momentos de intimidad, cariño y placer. Una de las prácticas más habituales entre los tántricos para entrenar esa plena presencia es a través de la meditación. Ejercicios para abstraerse de todo, salir de nuestros pensamientos, y tan solo respirar, sentir, percibir. Nosotros destinamos poco o ningún tiempo a no hacer nada, a entrenar ese estado de atención, percepción, contemplación. Cuando no hacemos nada nos da la sensación de que estamos perdiendo el tiempo, y en realidad perdemos mucho más al no permitirnos esos momentos de no pensar, no hacer, sólo ser.

El cuerpo es sabio. Hay una sabiduría en cada una de nuestras células. Cuando nos cortamos no es el médico quien nos cura. Él nos junta la herida con unos puntos, pero es nuestro propio cuerpo el que cicatriza la herida y nos cura. El cuerpo nos habla, pero hemos perdido la habilidad de escucharlo. Y como no lo escuchamos termina gritándonos, poniéndose enfermo. Cuidar del cuerpo no es sólo comer alimentos saludables y hacer ejercicio. Además necesitamos momentos para escucharlo, escucharnos, sentirnos. Y con todo ese ruido que colocamos en nuestras vidas no hay espacio para esa conexión con nosotros mismos y mucho menos con los otros. Necesitamos momentos para silenciar el mundo y escuchar nuestro mundo interior. Darnos un tiempo para sentirnos, conectarnos, estar presentes y dejar que toda esa sabiduría que ya está en nosotros pueda aflorar.

En el Tantra en general, y cuando practicamos sexo tántrico en particular, buscamos esos estados. Momentos donde conectamos intensamente con nosotros y con la otra persona con la que estamos. Para ello, destinamos un tiempo razonable, alejados de todo ese ruido. Y empezamos conectándonos con la otra persona a través de la mirada. Una mirada intensa, permanente, fija, donde no pensamos, no enjuiciamos, no hacemos nada, sólo observamos, percibimos la belleza del otro por ser como es, sintiéndolo, reconociéndolo y reconociéndonos a nosotros mismos a través de la presencia y mirada del otro. Esto es, traer presencia, ser presencia en cuerpo y alma. Presencia en todos los sentidos.

A través de la mirada establecemos contacto visual. Contacto con tacto. Tocamos de forma amorosa, sutil, profunda. La mirada es la puerta de entrada al alma del otro, donde lo vemos, dónde lo escuchamos, dónde sentimos su permisión o su negación, su complicidad o su incomodidad, su voluntad de más o de que termine ya, su éxtasis o su dolor. Todo empieza por una mirada. Mirar al otro es dotarlo de existencia. Cuando vemos algo que no queremos que exista dejarnos de mirarlo. La presencia de un indigente o un mendigo nos hace mirar para otro lado, porque lo que no tienen visibilidad no existe para nosotros, como si realmente dejara de existir.

En la meditación muchas veces el primer paso para estar presente es desconectar de nuestra mirada. Cerramos los ojos para no ver, no traer tanta información, para así sentir mejor. Cuando meditamos con otra persona, y hacer el amor es meditar con el otro, después de cerrar los ojos los abrimos y los concentramos en los de la otra persona. Con la mirada nos conectamos y nos volvemos uno. Te veo y me veo en tu pupila. Estoy en tu mirada, estoy en ti y tú estás en mi mirada, estás en mí. La unión empezó. Estamos el uno en el otro, presentes, viéndonos, sintiéndonos, permitiendo que nuestro amor fluya del uno al otro, que podamos sentir esa unión divina que nos lleva a la unidad.

Es por ello que, a pesar de que podamos tener esa habilidad de estar en un programa multitarea, haciendo varias cosas al mismo tiempo y aún pensando en otras distintas simultáneamente, tenemos que preservar espacios para la desconexión y así permitir la reconexión con nosotros y nuestros seres queridos. Ellos lo van a agradecer, nuestro cuerpo lo va a agradecer y nosotros mismos lo vamos a agradecer por la mayor conexión establecida y placer sentido. Y es tan sencillo y complicado al mismo tiempo, porque no se trata de aprender cosas nuevas, sino de desaprender, de dejar de hacer cosas, de focalizar en una sola y aprovecharla plenamente. El Tantra nos trae el placer de las cosas simples, tan simples como una mirada llena de presencia y amor.

De Peculiares

¿Qué es el Tantra y cuál es su origen?

15 de noviembre de 2019

Dhyan Rafik, www.bloombarcelona.com

Una de las cosas más difíciles que existen es definir las cosas sin que por ello se pierda su esencia, pues definir es acotar, colocar límites, transformándolo en algo que no es, en palabras. La traducción en palabras, especialmente de una vivencia, nunca termina de recoger en toda su complejidad la misma vivencia. Es, en el mejor de los casos, una traducción de una interpretación. Muchas cosas se pierden por el camino en este proceso, pues el Tantra es por encima de cualquier cosa: experiencia.

Existen diferentes maestros y escuelas de Tantra y por ello mismo, nuestra aproximación a él puede variar en gran modo en función de con quien se ha vivido una experiencia tántrica. Tenemos que entender que el Tantra se originó en el antiguo valle del Indo, actualmente la región del Pakistán, hace unos 6000 años, por lo que además de no tener textos escritos de la época, podemos imaginarnos lo mucho que ha ido evolucionando y transformándose desde sus inicios.

Tales modificaciones se han producido en sus expansiones por diferentes estados de la región, así como por el Tíbet y toda Asia, que al entrar en contacto con otras formas de pensamientos lo incorporaron, fusionaron o reinterpretaron, dando origen a nuevas visiones y prácticas. Si estas transformaciones se han dado a lo largo de la historia, mucho más rápido han ocurrido cuando el Tantra llegó a Occidente, sesgándolo en gran medida y reduciéndolo muchas veces a unas meras prácticas sexuales normalmente asociadas a la no eyaculación y al Kamasutra.

Nuestra religión católica que ha asociado el sexo con algo pecaminoso, prohibido fuera del matrimonio y reducido a un acto de procreación dentro de él, colocó nuestra relación con nuestro cuerpo y el placer como un tabú, algo que no podíamos estudiar, ni saber, ni hablar. Es normal que, frente a tanta prohibición, conocer otra cultura que no veía a las personas como una conjunción de cuerpo (transitorio y corrupto) y alma (inmortal y bondadosa), sino que entendía las personas como un ser holístico, donde incluso la conexión espiritual pasaba por el cuerpo despertase tanto interés.

Así, nuestro foco de interés respecto al Tantra se centró en esa laguna que nosotros teníamos en relación al sexo y al arte amatorio, a pesar de que el Tantra sea mucho más que eso y mucho más profundo de lo que se ha popularizado. En el sexo, por ejemplo, la unión entre shiva y shakti, entre hombre y mujer, no es más que la fusión en la unidad, dos siendo uno, yo fusionándome con el otro y sintiendo como mis límites se disuelven, entrando en esa percepción universal de que todos somos uno, que yo soy uno con el todo. Lo profano y lo sagrado unidos en una misma experiencia, en un mismo camino.

El Tantra es mucho más que sexo. He aquí esas capsulas exprés del conocimiento sobre las prácticas tántricas:

– El Tantra es sensorial: No pienses, siente. Escucha tu cuerpo y tu corazón, ellos están en lo cierto.

– El Tantra es presencia: Vive el momento presente. Vive un tiempo sin tiempo.

– El Tantra es consciencia: Date cuenta de lo que haces y porqué lo haces.

– El Tantra es equilibrio: No separes, integra y armoniza. Existe el día y la noche, la emoción y la razón, la vida y la muerte, el ying y el yang. Todo el mundo tiene un lado interior masculino y un lado femenino.

– El Tantra es aceptación: No juzgues, acepta, resignifica y transmuta. Eres perfecto como eres, las cosas son perfectas como son.

– El Tantra es libertad: Libérate de las convenciones sociales y actúa a partir de tu yo interior.

– El Tantra es libertador: Permítete, confía, entrégate a los otros y a la vida.

– El Tantra es conexión y escucha: Coloca ojo en el ojo, percibe la esencia, mis límites están en el otro.

– El Tantra es energía: Respira, respira, respira.

– El Tantra es salud: Entrena tu cuerpo, cuídalo, respétalo, tu cuerpo es un templo, el canal para tu conexión contigo mismo, con los otros, con el mundo, con el todo.

– El Tantra es holístico: Trabaja tu cuerpo, tus emociones, tus pensamientos, tus instintos, tus conexiones.

– El Tantra es movimiento: Danza, salta, corre, sacude, vibra.

– El Tantra es diversión: Déjate llevar, fluye, ríe.

– El Tantra es placer: Disfruta, siente, relaja, goza.

– El Tantra es ritual: Coloca flores, enciendo incienso, prepara frutas, viste ropas de seda, elige música agradable. El Tantra es celebrar la belleza de los pequeños detalles. Detalles, preparación, preliminares. - Respira, siente, conecta, percibe, observa, contempla. El Tantra es meditación.

– El Tantra es amor: Ámate incondicionalmente, ama a los otros de forma universal.

– El Tantra es femenino: Venera a las mujeres porque ellas son unas diosas, son amor, energía y fuente de vida.

– El Tantra es espiritualidad: Observa la belleza que hay en ti, en el otro, en todas las cosas, siente la presencia divina en ti, en el otro, en todas las cosas. Percibe la totalidad en ti, siente tu yo siendo uno con el todo.

Juntando todos estos principios podríamos decir que el Tantra es expansión de la consciencia, un camino de autoconocimiento, un conjunto de técnicas que tienen como objetivo deshacer la mente, desmostar el ego. Es acceder a una comprensión y comunión con el todo que no pasa por la comprensión intelectual, sino por la vivencia que tenemos a partir del cuerpo, de nuestra sensorialidad, por la transmutación y sublimación de nuestros instintos primarios en amor y aceptación. El propósito último del Tantra es acercarnos a nuestra verdadera esencia, rindiéndonos plenamente a la vida, confiados y alegres, siendo conscientes de todo nuestro potencial y divinidad internos. Es entrar en una nueva visión sobre nosotros mismos, las relaciones con los demás, con el placer, con la sexualidad, con la vida.

Tantra es experiencia, y la magia de las experiencias es que no son, están siendo, por lo que su sentido puede ir variando y no tiene porque ser lo mismo para ti que será para otra persona. Lo bonito es vivirlo en propia piel, y así quebrar muchas de las ideas preconcebidas creadas a partir de lo que otras personas han contado y construyendo nuestro propio significado de lo vivido.

De Peculiares

Shibari: qué es, cuál es su origen y cómo se practica

6 de noviembre de 2019

Yaiza Morales

Dicen que el shibari es la comunicación entre dos personas utilizando la cuerda como medio. Unos años atrás, a la mayoría de nosotros ni siquiera nos sonaba esa palabra, pero hoy en día, no es que todo el mundo sepa de qué se trata, pero sí que es mucho más popular. Aunque hay mucha confusión con sus orígenes o incluso sobre lo que trata realmente el shibari o qué aspectos tener en cuenta para practicarlo. Por eso hemos hablamos con Patricia Diaz, psicóloga, sexóloga y experta en el arte del shibari para hacer una aproximación mucho más acertada al tema.

El primer error, en cuanto al shibari, tiene que ver con su origen. En general se conoce que el shibari procede de un arte que usaba la antigua policía japonesa para someter y torturar a prisioneros y que con el tiempo fue adaptándose como práctica sexual, pero nada más lejos de la realidad. Este arte se usaba durante la época EDO, era un arte marcial llamado hojojutsu y se usaba realmente para transportar, torturar y matar prisioneros. Tiene realmente tres únicas cosas en común con el shibari:

– Ambas disciplinas usan cuerdas.

– Algunos de los patrones que usan tienen similitudes.

– Son de origen japonés.

El origen real del shibari fue a partir de la IIGM y está íntimamente relacionado con el mundo de la erótica, del porno y el BDSM. Los soldados americanos que se encontraban en bases japonesas, entraron en contacto con algunas revistas BDSM en las que había cierta imaginería de personas atadas en situaciones eróticas. Para una cultura como la japonesa en la que es prácticamente norma el hecho de ocultar las emociones, era un contenido altamente erótico  mostrar las caras y expresiones faciales de alguien siendo “torturado” de esa manera. Así que os podéis imaginar el impacto que tenían este tipo de imágenes en la sociedad japonesa. A los soldados les encantó y de ahí surgen los primeros contactos occidentales con el mundo del shibari ya que los japoneses supieron cómo aprovechar el tirón.

Las cuerdas siempre han sido un objeto recurrente en la cultura japonesa. Se usaban tanto en ámbitos religiosos, como en las artes marciales e incluso en la construcción  Así que no es raro observar la importancia que han cobrado en muchos aspectos. Al ver la fama que estaba cobrando el shibari en el mundo occidental, y a raíz de estas primeras imágenes que aparecieron en el Kitan Club de la mano de Itoh Seiyu, se empezó a impulsar este arte y cada vez fueron apareciendo más ilustraciones de este tipo.

Para ello se contó con Akechi Denki, aparejador de obra que a partir de aquel momento empezó a introducir sus conocimientos sobre construcción en el diseño del shibari. Básicamente se trataba de aplicar las mismas figuras hechas a base de cuerdas y bambú que se usaban en las obras para levantar palés y andamiajes a un cuerpo humano. De hecho, la palabra inglesa para designar al atador (rigger), significa literalmente aparejador.  Con el se aplicaron también figuras similares a las del hojojutsu e incluso del aikido y es que la cultura japonesa bebe de sus propias fuentes para reinventarse como pasa también en occidente.

Una vez aclarado el tema orígenes: ¿Qué aspectos debemos tener en cuenta a la hora de practicarlo?

Para empezar, cabe remarcar que el shibari no es una práctica de sometimiento si no que parte de la igualdad. El desequilibrio está en el control; y el poder en el acceso a recursos, pero tendemos a confundir el shibari con el bondage occidental y como bien explica Patricia a todo el que la quiera escuchar; el shibari es el arte erótico del bondage japonés.

El shibari como práctica puede llevarte a estados alterados de consciencia y de ese modo, llegar a conectar con cosas de nuestra vida que pueden o no estar relacionadas con la erótica y que salen sin filtro alguno, por eso hay que tener muy en cuenta con quien practicarlo y el entorno en el que se haga.

Dicho esto, podemos resumir los factores determinantes a la hora de plantearnos por qué practicarlo en:

¿Para qué queremos practicarlo? No es lo mismo querer aprender shibari  para saber cómo atar unas piernas y separarlas que para adentrarse en su filosofía de vida.

¿De cuánto tiempo disponemos para practicarlo o cuánto tiempo le queremos dedicar? Es importante adecuar las expectativas de lo que se quiere al tiempo del que se dispone realmente

¿Sabemos comunicar y nos dejamos recibir como es debido con la pareja? En el shibari como en todo es vital la comunicación, antes, durante y después. Hay muchas cosas que damos por sobreentendidas pero es muy importante no hacerlo porque no se trata de aguantar para agradar a nadie si no disfrutar ambos de la experiencia.

¿Vamos a tener en cuenta el tema cuidados? No son algo que se tenga que dar solo a posteriori si no partiendo de la base que tiene que haber un cuidado durante todo el proceso. Pero sí que es importante tener en cuenta que al acabar, hay un proceso de readaptación a la realidad y el acompañamiento por ambas partes es vital siempre respetando  las distintas reacciones y necesidades de cada uno. Nadie reacciona ni se cuida de la misma manera.

¿Con quién vamos a practicarlo? Es importante tener muy en cuenta que es una práctica de riesgo con lo cual hay que saber muy bien y ser muy consciente de en manos de quien nos estamos poniendo en el caso de querer ser atades. Es importante buscar a alguien q sea fiable, responsable y que se haya formado debidamente.

Si os apetece adentraros en el mundo del shibari, no os dejéis engañar, no existen manuales de instrucción definitivos ya que cada cuerpo es distinto y en un libro no podemos ver ni tocar ni reflejar los cuerpos ni las vivencias de cada uno. El shibari se aprende viviéndolo.

De Peculiares

Orgasmos: juguetes vs pareja

24 de octubre de 2019

Norma J. Brau

Recientemente se ha avivado “el debate” (por llamarlo de alguna manera) sobre la juguetería erótica, sus ventajas y sus inconvenientes. Parte de este debate ha venido animado por el aplauso generalizado de muchas mujeres (cis) que utilizan succionadores de clítoris. ¿Tienes miedo a poder “engancharte” a un juguete erótico? ¿Eres recelosa/o de que tal vez tu pareja te desestime como amante? Si alguna de estas dudas acecha tu cabeza, ¡sigue leyendo!

La juguetería erótica es cada vez más habitual en nuestras vidas. Las tiendas eróticas han pasado de tiendas en callejones oscuros en las que da hasta reparo entrar a espacios abiertos, luminosos, con personal bien asesorado sobre los productos que venden y que incluso colaboran con diversos profesionales de la sexualidad elaborando diferentes proyectos. Los tiempos de temer que te salga “el señor creepy de la gabardina” en la tienda oscura, ¡están acabando! 

Esta popularización de las tiendas eróticas va de la mano de la popularización de sus productos, en especial de los últimos reyes de la juguetería erótica; los succionadores de clítoris. Adoradores y detractores colman incluso redes sociales pero, ¿qué hay de verdad en todos estos argumentos? Analicemos los mitos sobre la juguetería erótica:

  • Son costosos

Cierto es que de todo hay en la viña del erotismo. Tenemos marcas como LELO, Fun Factory, cuya juguetería no es siempre para todos los bolsillos. Sin embargo, no hace falta gastarse un dineral para tener curiosos ingredientes de aderezo erótico. 

Los aceites y lubricantes con algún tipo de efecto extra (aroma, sabor, efecto frío, valor ¡y hasta vibración!) son fáciles de encontrar, económicos y abren toda una dimensión de juego erótico que tal vez antes no imaginábamos. 

  • Generan adicción

Adicción, dificultades eróticas y sexuales… De todo se les achaca a los juguetes para la estimulación genital y la masturbación. ¿Qué hay de real en todo ello? Acostumbrarnos a una estimulación rápida y centrada en la obtención del orgasmo tiene sus consecuencias, ya sea con o sin juguetes. Además, hay veces que la intensidad del estímulo del juguete puede hacer sombra a una estimulación menos intensa. 

No obstante, esto pasa con toda la erótica centrada en un orgasmo inmediato. Redescubrirnos, ampliar nuestro repertorio erótico, darnos tiempo de calidad y salir de la lógica de la cantidad es suficiente para seguir enriqueciéndose en un sentido más amplio. 

  • Solo para penes y vaginas

No, no y no. Ni toda la juguetería está centrada en genitales, ni la que está centrada en genitales es sólo para penes o vaginas. Hay masajeadores que se adaptan a cualquier parte del cuerpo, juguetes que no están pensados para la penetración, hay juguetes que no son necesariamente para un “pene en vagina”... ¡explora y te sorprenderás! 

  • Son competencia para la pareja

“Me vas a reemplazar por un pito de goma” y otras frases similares son habituales. A veces como broma, a veces con un trasfondo serio y otras veces completamente desde el mayor de los temores. 

Lo primero de todo, sí, la erótica compartida, la satisfacción sexual en este sentido es importante en una pareja; pero no lo único que construye una pareja. 

Segundo, ¿quién dice que porque un juguete se pueda usar a solas haya que usarlo siempre a solas? 

Un juguete erótico puede ser nuestro gran aliado para nuevos juegos, sensaciones y experimentaciones. Experimentar la doble penetración antes de que sea en un trío donde pudiera haberla, jugar a estimular a la persona con el juguete y otros medios a la vez para que la experiencia sea más intensa… ¡Las opciones se multiplican!

  • Solo los pervertidos los usan

En vez de decirte que no, preferimos decirte que tal vez los pervertidos sean muchos más de los que te piensas y sean mucho más pervertidos de lo que te imaginas. Te digo más, ¿y si tú eres una persona mucho más pervertida de lo que crees? No es una mente sucia, sino una imaginación muy activa y prolífica.

Es habitual ya que las tiendas eróticas tengan una sección kink o de juguetería BDSM. A veces se ven artilugios que da miedito hasta imaginar para qué son, pero otros son cada vez más comunes y ¡la gente curiosa que los prueba también!

Si ahora que hemos desmontado varios de los mitos sobre los juguetes, quieres aprender más sobre ellos, cómo disfrutarlos al máximo y cómo incluirlos en tu crecimiento erótico, ¡anímate al taller de este sábado en Lys Erotic Store!

De Peculiares

¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

21 de octubre de 2019

María Díaz Crujera, Mujeres Soberanas

Cuenta la leyenda que el rey Arturo fue retado por el terrible sir Gromer. Para salvar su vida, tenía que resolver acertadamente en el plazo de un año un acertijo: ¿qué es lo que realmente quieren las mujeres? Su sobrino sir Gawain, aunque tenía mucho éxito entre las damas de la corte, no tenía ni idea de la respuesta. Para salvar a su tío, el joven decidió recorrer el reino durante un año y preguntar a toda mujer que se encontrara qué era lo que más deseaba. Al cabo de aquel año había recogido muchas respuestas, pero tan diversas que no fue capaz de decidir cuál sería la correcta.

El día en que se cumplía el plazo y aún sin respuesta, el rey se adentra en el bosque para entregarse a su enemigo sir Gromer. En un claro, se topa con un ser horripilante que resultó ser una mujer, lady Ragnell. Ella le ofrece la respuesta correcta que le salvará si, a cambio, el apuesto sir Gawain acepta casarse con ella.

Su sobrino, por salvar a su tío, acepta y obtienen la respuesta al acertijo: “Lo que más desean las mujeres es ser soberanas de sí mismas”.

El cuento no acaba aquí, pero lo que me interesa ahora es la respuesta a la pregunta-acertijo: ¿Qué es lo que realmente quieren las mujeres?

Quizá sir Gawain no encontraba la respuesta correcta porque la pregunta en sí es una trampa. Cada mujer es única y peculiar, por eso cada una de las mujeres a las que preguntó contestaba de forma diferente. Cada una de ellas quería decidir sobre sí misma y su vida, ser soberana de sí misma, si bien para cada una esto tenía un significado propio y particular.

En la cultura que heredamos, desde la antigüedad, para las mujeres no era compatible poseer soberanía y dignidad al mismo tiempo. En la antigua Atenas, las mujeres dignas y respetables eran propiedad de su marido, y solo las hetairas se pertenecían a sí mismas; eso sí, eran estigmatizadas y moralmente reprobadas. Se trataba de prostitutas de clase alta, que no sólo ofrecían servicios carnales, sino también compañía y conversación, habiendo sido educadas en oratoria, filosofía y artes. Eran independientes en el ámbito económico, no pertenecían a un hombre, pero no eran mujeres respetables socialmente.

Aunque las cosas han cambiado bastante, aún hoy muchas mujeres seguimos creciendo en un ambiente en el que, si conoces, exploras y disfrutas tu cuerpo a tu antojo, eres juzgada por ello. Conocer nuestro cuerpo, lo que nos gusta experimentar en él y expresarlo libremente, en muchas ocasiones, sigue calificándose como ser una “puta”, pretendiendo que sea un insulto.

Nuestra educación ha tenido y sigue teniendo notables trazas de puritanismo que se pone de manifiesto en situaciones cotidianas o puntuales que desde niñas hemos ido “mamando”. Nuestro cuerpo se nos ha hecho ajeno y desconocido mediante frases como: “No te toques ahí, cochina” o alguna de sus variantes… Mi abuela tenía una expresión comodín que servía para todo: “Eso no es propio de una mocita”.

De esta manera, hemos visto limitadas las oportunidades de exploración de nuestro cuerpo, de sus posibilidades, de las diferentes cualidades de las sensaciones, intensidades, ritmos… Y, frecuentemente, las guardianas de esa decencia han sido madres y abuelas, que pretendiendo proteger de los supuestos peligros que acarrea el saber “demasiado” han privado a las pequeñas de estos aprendizajes, dejándolas en realidad perdidas en la ignorancia. Nuestros principales referentes femeninos, especialmente las madres, se nos mostraban como seres virginales y asexuados, cuyos cuerpos eran un misterio y, aparentemente, no gozaban ni deseaban. El silencio y la ocultación eran claves en el mantenimiento de esta expropiación de los cuerpos.

Aún conozco mujeres jóvenes que cuando tienen la regla “están malas” y que van a la ginecóloga para que les mire “ahí abajo”. De pequeñas no accedimos a un vocabulario más digno para nombrar nuestra vulva y lo relacionado con ella, y en los libros de texto escolares sigue sin aparecer el clítoris en la anatomía genital - ¡Total, si no es necesario en la reproducción! Y, para colmo, nos mete en el lío de hablar de placeres…-

Es importante hablar de vulvas, para hacerlas visibles, pensables, imaginables, lúdicas… acogidas en la globalidad de un cuerpo, también sexuado y sensual, que no siempre es aceptado, escuchado y valorado como se merece. Qué importante puede resultar para muchas mujeres poner un espejo entre sus piernas para observar su vulva con amabilidad y con la curiosidad de la niña que un día fueron.

Y por supuesto, qué necesario va a ser también reflexionar y hablar sobre qué pasa con los genitales de las mujeres que tienen pene o de aquellas cuya morfología genital no se parece a lo que se espera que “ha de ser” una vulva o un pene…

Por otro lado, en nuestra sociedad se fomenta una visión casi esquizofrénica sobre la propia imagen corporal, que debe responder a un patrón de belleza imposible de alcanzar, puesto que no es real ni “normal”. Un patrón de belleza que se presenta a través de imágenes absolutamente virtualizadas de cuerpos que no son reales. Si yo me miro al espejo y comparo mi imagen real con la del modelo irreal impuesto, resulta que mi cuerpo no es como “debería ser”. Esto me lleva a que no me guste mi cuerpo, a no aceptarlo. Es decir, a no gustarme a mí misma, a no aceptarme.

Esta mirada distorsionada se dirige hacia una misma y hacia las demás, lo que además genera situaciones de competitividad y recelo entre las mujeres.

Otra idea que está de fondo es la de que solo los cuerpos que se ajustan a determinadas formas, tamaños, texturas… tienen derecho a gozar, como si el resto de cuerpos no sintieran las caricias, las humedades o el calor que los inunda… como si el goce fuera un derecho solo de algunos cuerpos, cuando es una capacidad universal, un hecho que acontece a todos los seres humanos, simplemente porque estamos diseñados para sentir, para gozar.

Se dice que vivimos en una sociedad de culto al cuerpo, refiriéndose al empeño de conseguir una determinada imagen y estética acorde a la moda, a los cánones vigentes. Frente a ese falso culto al cuerpo, a mí me interesa cultivar el cuerpo desde otro lugar, el del disfrute de estar viva, de los placeres sensoriales de la piel y la carne, de las capacidades que todo cuerpo vivo tiene, sea como sea éste… Mi cuerpo es mi hogar, es mi forma de estar en el mundo y es digno de celebración y agradecimiento.

Conectar con el momento presente, a través de la respiración, del movimiento, del tacto, del juego, me facilita reapropiarme de mi cuerpo, conocerlo, descubrirlo y sintonizar con aquello que justamente ahora me apetece, sea estando sola o en la interacción con el otro, con la otra.

Muchas mujeres me dicen que tienen claro qué es lo que no quieren y suelen evitar. Pero ante la pregunta sobre lo que sí desean, muchas veces se sienten perdidas, no saben…

Poner el foco en lo que sí quiero, me gusta, me apetece, es muy revelador. Podemos empezar por explorar con nosotras mismas y con placeres “pequeñitos”. La actitud de apertura al placer se cultiva en lo cotidiano, en las pequeñas cosas diarias que me resultan gustosas como, por ejemplo, tomar mi infusión preferida poniendo toda mi atención en las sensaciones. Concentrarme en el olor, el sabor, la temperatura, el color… De la misma forma, buscar un rato de calma para, tras la ducha, poner toda mi consciencia en recorrer mi cuerpo con mis manos, con ese aceite aromático que tanto me gusta y, sencillamente, observar mis sensaciones, observarme…

Los descubrimientos de estas exploraciones serán los que puedan ofrecer luego en el juego erótico con sus amantes. Conocerme a mí misma me permite regalarle a la persona con quien comparto placeres el conocimiento de aquello que más me apetece justo en este momento. Ofrecer propuestas, pistas, peticiones, es brindarle a mi compañero o compañera de juegos la oportunidad de acompañarme en el goce haciéndome responsable de mi propio disfrute.

Los modelos impuestos que tenemos sobre cómo deben ser los encuentros eróticos muchas veces pesan como una losa. Ir descubriendo el camino mediante el juego, creando mi propio sendero en compañía de quien elijo, se facilita con la práctica de la comunicación: expresando y escuchando…

Como sexóloga, trabajar con grupos de mujeres me brinda la posibilidad de facilitar espacios de encuentro entre nosotras, lúdicos y amables, de escucha atenta y activa. Ambientes creados para encontrarme conmigo misma a través del encuentro con las demás. Crear entornos en los que el cuerpo tiene el protagonismo. Un espacio y un tiempo en el que habitar mi cuerpo, conectar con mi ser, y elaborar lo vivido a través de la palabra: poner palabras para mí, para visibilizar y revelar lo oculto, para hacerlo pensable; y poner palabras para facilitar la comunicación con quien estoy compartiendo.

Sea cual sea nuestra biografía, ponernos en contacto con nuestro cuerpo, es ponernos en contacto con nosotras mismas, por lo tanto, conocernos un poco más, hacernos conscientes de nuestra sexualidad, de nuestra erótica y abrir la puerta al cultivo del arte de amar.

Como decía al principio, entiendo la soberanía como la capacidad de gobernarme a mí misma, de cuidarme, de tener la máxima autoridad sobre mi cuerpo, mis deseos, mis placeres… De expresarme desde todo mi poderío interno, siendo dueña de mí misma y haciéndome cargo de mi libertad. Y, para mí, el camino para ser soberana pasa por habitar mi cuerpo con placer y orgullo, por conocerme, aceptarme y amarme. Sabiéndome la digna propietaria de mi misma y todo lo que a mi cuerpo concierne.

Ah, si queréis saber cómo termina el cuento de lady Ragnell, ahí va el desenlace:

En la noche de bodas cuando se quedaron a solas, sir Gawain haciéndose a la idea de que ella sería su mujer y, por lo tanto, más le valía empezar a valorarla, le besó en los labios. Con el suave y breve gesto afloró su auténtica belleza. Un hechizo la había mantenido bajo un horrible aspecto y el beso había roto el encantamiento, aunque solo en parte. Ahora lady Ragnell mantendría cada aspecto la mitad del tiempo. Entonces, le dio a elegir a él si prefería que ella fuera bella de día ante los ojos de los demás y horrible por la noche cuando compartieran la intimidad de la alcoba; o si prefería que se mostrara hermosa en esos momentos juntos y espantosa el resto del tiempo.

El muchacho, que era muy aplicado y había pillado de qué iba la onda, le contestó que solo ella podía elegir su destino, que ella eligiera soberanamente sobre su vida. Y justo esta respuesta fue la que deshizo completamente el sortilegio y así fue como lady Ragnell volvió a mostrar día y noche su original belleza.

Belleza, cuyas características no conocemos, pues en la leyenda, como en la mayoría de los cuentos de tradición oral, no se describen, para que cada cual pueda imaginarla a su manera. Pues la belleza real no se corresponde con un modelo concreto. Es bella quien desde el conocimiento y aceptación de sí misma se muestra en todo su esplendor. Ser atractiva depende sobre todo de la propia actitud: al saberme hermosa tal como soy, reflejo esa hermosura en los ojos de quien me mira, en las manos de quien me toca, en los oídos de quien me escucha… Pero esta es otra historia que en otro momento podremos contar.

De Peculiares

FemDom: ¡Quiero ser dominatrix!

Angelina Jolie como la sexy y mortal Sra Smith

3 de septiembre de 2019

Norma J. Brau

“Hay que darles latigazos, si los quieres a tus pies y clavarles los tacones, para que se porten bien…” así arrancaba la canción Dominatrix de Las Siux. La idea plasmada en la canción no difiere de la imagen mental que tiene mucha gente del FemDom (Female Dominance). Pero, ¿en serio es esto lo que hace la gente? ¿Cómo se siente cómoda la gente en este rol?

Tenemos un montón de referentes culturales de mujeres dominantes en películas, libros, canciones… y yo diría que aun así son dos los modelos que se muestran en todos ellos:

  • La tía cañón que hará de sus órdenes tus deseos. Pensemos en Angelina Jolie interpretando a la Sra. Smith.
  • La despótica y sádica mujer que maltrata sin cuidado ninguno a quien se le somete. Como la Madame Vandersexx de Eurotrip.

De ahí que cuando una siente curiosidad por dominar está más perdida que un pulpo en un garaje. Por eso hoy os quiero compartir los consejos para primerizas en el FemDom:

  • Antes de entrar en faena, ¡habla e investiga!

No sólo con tu acompañante en la experiencia, ¡también con más gente! Infórmate un mínimo sobre las prácticas que probarás, guarda las medidas de seguridad necesarias e intenta tener un esquema claro de cómo debería ir todo para salir bien.

Por ejemplo, cuando hables con tu ‘sub’, además de acordar palabras de seguridad y consensuar prácticas, sería interesante indagar sobre cómo reacciona (tanto cuando le es placentero como cuando no). Así te será más fácil interpretar sus gestos.

  • Body language y palabra de seguridad

Especialmente si te interesa explorar prácticas que puedan provocar algún daño, es posible que te dé miedo. A todo el mundo le da cierto nerviosismo las primeras experiencias porque el daño es real y queremos que sea el adecuado para los fines deseados.

Pero, tranquila, usar las palabras de seguridad que acordéis y tener en cuenta el lenguaje corporal de con quien juegues seguro que te ayuda. La cara, los ojos e incluso una excesiva rigidez corporal, entre otros signos, también serán pista del nivel de agrado de la persona.

  • La teatralidad como ayudante

No es sólo cuestión de roles, ¡también de ambientación! Prepara una escena que te haga sentir cómoda y segura de ti misma. Aromas, luces y estilismos que mejor te hagan sentir serán tus aliados en la transición al rol que quieras llevar a cabo.

  • Pon las pausas a tu favor

La prisa es muy mala compañera de todo aquel trabajo que requiera de precisión, mimo e intensidad. Más cuando se da en newies. Tómate tu tiempo para las decisiones, no te apures y recuerda el poder erotizante de la espera.

  • Fastidios cotidianos y dulzuras hechas tortura

A veces cuesta imaginarse una sesión. Al no tener experiencia cuesta más generar una partitura equilibrada y agradable. Además, muchas veces la imaginación sólo aparece cuando no se la llama.

Si te pasa esto, lo ideal es que pienses en fastidios cotidianos y dulzuras que puedas convertir en torturas. Todo el mundo tiene actividades que odia un poquito hacerlas y que, lamentablemente, tiene que hacerlas, ¿qué pasaría si las añadimos a sesión con alguna complicación de por medio? O, si, en cambio, ¿hacemos que algo que se deseara mucho resulte excesivo pero aun así no se pueda rechazar? Una vez más, conocer un poco a quien se someta es un punto básico para un mejor diseño de estas ‘torturitas’.

  • Busca tu estilo

Parte del mito de la dominatrix y del BDSM es pensarnos que todo se resume en cuero, PVC, látex y gente muy estricta pegando voces y siendo cruel. Pero no. Al menos, no tiene por qué. Hay infinidad de roles; tanto si atienden a prácticas que se realizan (Spanker, Rigger, Cuckoldress…) como si atienden al tipo de relación o encuentros que se establecen (Mommy, Primal Predator, Disciplinarian, Lolidom…).

Además, no hay una sola forma de desarrollar un rol y todos ellos se pueden adaptar perfectamente a tu personalidad y a tu forma de relacionarte.

Aun teniendo todo esto en cuenta, puede ser que haya momentos o días en los que, aunque disfrutes, valores que hay aspectos mejorables. Esos días, no te agobies. Nadie nació sabiendo y mucho menos esto. Lo que acabas de empezar es un viaje de evolución, desarrollo y descubrimiento de otra faceta de tu ‘yo erótico’. Disfrútalo.

De Peculiares

¿Dolor de cabeza tras alcanzar el orgasmo?

cafelea sexual @somospeculiares

5 de septiembre de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

Si después de una sesión sexual de lo más satisfactoria, cuando estás llegando al punto culminante o acabas de alcanzar el orgasmo, sientes que empiezas a tener un dolor agudo de cabeza, posiblemente estás sufriendo un episodio de la llamada cefalea coital o sexual.

¿En qué consiste este tipo de cefaleas?

 Durante el acto sexual se liberan endorfinas que actúan como fármacos naturales que no pueden quitar el mal humor, el insomnio e incluso aliviar dolores como los menstruales o la jaqueca. Pero en algunos casos orgasmar puede provocar dolor de cabeza a este dolor se le denomina “cefalea coital” o “cefalea sexual”. Consiste en un dolor de cabeza muy intenso, previo o inmediatamente posterior al orgasmo que comienza con pequeños latidos en la frente o sien y se extiende por todo el cráneo. Es un dolor benigno que desaparece al cabo de unos minutos, aunque en algunas personas puede durarle algunas horas.

¿Por qué se producen?

No se sabe a ciencia cierta las causas, pero hay una opinión entre la comunidad médica que el origen podría ser al aumento rápido de la presión arterial que se produce durante la excitación sexual y sobre todo durante el orgasmo.

Este tipo de jaqueca es más frecuente de lo que pensamos y puede aparecer en cualquier práctica sexual. La podemos dividir en dos tipos de cefaleas;  la pre-orgásmica y la orgásmica, siendo esta última la más común. En la primera, el dolor aparece levemente y va acentuándose a medida que se alcanza el orgasmo. Si el dolor, en cambio, ocurre al orgasmar o inmediatamente después, este será súbito e intenso.

Este tipo de cefalea es más predominante es hombres maduros, sobre todo a partir de los 50 años; una causa probable es el consumo de ciertos medicamentos para las disfunciones, en los que este dolor de cabeza sería un efecto secundario

¿Qué implicación tiene?

El problema es cuando afecta a la vida sexual de la persona, que evita tener relaciones sexuales por temor a que aparezca esta cefalea. En el 90 por ciento de los casos, el detonante del dolor es un cuadro de estrés, de depresión o de angustia, por lo que las preocupaciones del día a día, las económicas, sociales, laborales, el cansancio físico y/o mental pueden provocar este tipo de dolor.

¿Qué hacer si lo sufrimos?

 Si estamos teniendo relaciones con otra persona comunicarle nuestro malestar, si es durante la masturbación dejar de estimularnos, en todo caso cesar la actividad sexual y no orgasmar hará que desaparezca esta sensación. Podemos tomar un paracetamol si no tenemos ninguna contraindicación y, sobretodo, intentar relajarnos y echar una siesta si se puede

Si ocurre con frecuencia es muy recomendable que vayamos al médico al fin descartar que suframos algún problema de salud. Muchas veces al origen es debido al estrés o ansiedad a la que continuamente estamos expuestos. Es una manera de decirnos nuestro cuerpo que necesitamos una pausa.

Dormir las horas necesarias y dejarnos momentos de tranquilidad para nosotrxs mismxs nos puede ayudar a que no suframos de este dolor. Y recurrir a ayuda de un terapeuta si el estrés o la angustia persisten. Recuerda que nuestro cuerpo habla cuando algo no va bien, así que escúchalo y cuídate