De Peculiares

Tú qué vas a opinar, puta

Día contra la violencia de género

17 de octubre de 2019

Maitena Usabiaga Sarasua

Voy a putear un rato. Me refiero a que voy un rato a joder, pero no entendido cómo hacer daño a alguien, sino a la jodienda. A sacar a mi puta a pasear. ¿Y por qué me apetece sacarla? Pues porque ayer estuve en una charla de un sindicato de trabajadoras sexuales llamada Otras y me han inspirado. Lo de “voy a putear un rato” lo dice una mujer de 90 y pico años que sigue dedicándose a la prostitución. Me hizo tanta gracia y me gusto tanto, que quería hacerle un guiño y mencionarla. Porque lo que no se menciona no existe y al parecer existen mujeres que se dedican a la prostitución y tan contentas. Sí, tan contentas, aunque nos cortocircuite el cerebro.

Este sindicato se creó para luchar a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales; actrices porno, strippers, prostitutas, bailarinas de pole dance... Un grupo de trabajadoras que está dando mucho de que hablar, porque al parecer todo el mundo se siente con la licencia de hablar de ellas y demasiadas veces por ellas. Era la primera vez que me encontraba en frente de una puta, pero no es la primera vez que hablo de ellas. Y esto hace que me pregunte: ¿Cuántas de nosotras conoce a alguien que trabaja como trabajadora sexual? ¿Por qué parece que todo el mundo sabe de ello y resulta que nadie habla con ellas?

Es la pregunta que le hice a la ponente, Concha. Y me contestó que era porque todo el mundo folla, y como folla todo el mundo, podemos hablar de ello. Hablamos de ellas como si fueran una pobrecitas, mujeres engañadas y desesperadas que no tienen otra que dedicarse a abrirse de piernas y vender su cuerpo. Porque sabemos que el cuerpo es un templo sagrado que no se debe compartir con cualquiera, ¿no? Hablamos de ellas como si todas fueran parte del tráfico de mujeres, como si todas estuvieran ahí porque un proxeneta las ha engañado y manipulado. Al fin y acabo, creemos que son gilipollas, mujeres sin criterio y explotadas. La mujer que tenía en frente no era gilipollas, ni tenía una pizca de tonta. Hablaba desde una posición empoderada, hablada de decidir trabajar de ello. Ella y muchas de sus compas deciden dedicarse a ello y lo que quieren es que el estado les de lo que les corresponde; protección laboral y social, un contrato que garantice los derechos laborales ya que tienen una relación laboral con sus clientes y, en muchos casos, con el empresario que lleva los clubs. ¿Es tanto pedir? Al parecer sí.

Están en contra de toda explotación, en contra de los proxenetas que siempre ganan dinero y nunca lo pierden, en contra de que nuestros derechos sean pisoteados, en contra del sistema capitalista patriarcal salvaje que ilegaliza a las personas. Pero ellas quieren que sus trabajos se reconozcan y piden ser una ciudadana más y no la última mierda de la sociedad. Porque ¿qué hay peor y más denigrante que ser puta, migrante y transexual? Dicen que ya no tienen nada que perder, porque nadie les reconoce nada, pero por ello, tienen todo que ganar y no se van a callar. Los jefecillos tienen que estar temblando porque es sabido que no les interesa para nada que haya trabajadoras empoderadas y menos que haya mujeres sin miedo dispuestas a luchar a lo grande.

Cuando decía que ya no tienen nada que perder, habló sobre las diferentes violencias que sufren como trabajadoras. A muchas nos vino a la cabeza la violencia ejercida por los puteros. Pues no amigas, ella ni los mencionó. Habló de la violencia policial, del estado, de la sociedad, de las ordenanzas municipales, de las sanciones económicas, deportaciones, de las retiradas de las custodias, de las amenazas institucionales, de la discriminación...

En los tiempos que se habla de feminismo liberal... ella hablaba de lucha obrera. Son trabajadoras, aunque mucha gente no las reconozca como tal. Decía que esta sociedad sigue siendo tremendamente clasista y racista. Clasista porque seguimos clasificando a las personas por su trabajo, su adquisición monetaria, sus apellidos, su estatus. Racista porque queremos que las gentes que no pertenecen a este maravilloso estado español trabajen en lo que nosotras no queremos trabajar y que cobren el mínimo sueldo posible y no tengan los mismos derechos. No quieren regularizar su estado actual, prefieren llamarlos ilegales y tenerlos en los suburbios aguantando situaciones tremendamente precarias e inhumanas.

La gente va a seguir queriendo venir a esta Europa que vende ser el primer mundo, donde todas las ciudadanas y ciudadanos vivimos en armonía y donde se puede ser feliz. Van a seguir viniendo porque ya nos encargamos de que en sus países la vida sea insostenible, porque el neoliberalismo no tiene intención de parar y seguiremos explotando sus tierras y su mano de obra casi gratis. Sabiendo que la migración es una realidad, sabiendo que la prostitución va a seguir existiendo ¿por qué no mejorar las condiciones de las protagonistas?

La ponente habló sobre el nacional abolicionismo. Se refería a todo este movimiento que se ha empeñado en machacar a las prostitutas y ahogarlas hasta puntos insospechados. Aquellas que hablan por ellas sin ni siquiera preocuparse en escucharlas. Ese movimiento que sigue favoreciendo al proxenetismo y la explotación. Porque si no mejoras las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras, quien sigue beneficiándose siguen siendo los mismos, los explotadores. ¿Cómo hacemos que desaparezca una profesión? ¿Precarizando más a quien menos tiene? ¿Poniendo multas a las mujeres que ocupan las calles para sacarse el sueldo? Es sabido que cuanto menos tienes, más necesitas y si no te dejan trabajar en condiciones reguladas, lo vas a hacer de manera que se considere ilegal. Porque necesitamos comer, vivir en un espacio seguro, movernos, socializar... Está claro que mantener a las putas calladas y escondidas sigue beneficiando al propio estado. No quieren manchar su imagen en apoyar a las trabajadoras sexuales, pero al mismo tiempo, siguen permitiendo que estas mujeres trabajen en condiciones lamentables y sin protección. La moral, ante todo. El sexo sigue siendo sucio y sagrado.

De Peculiares

Y tú: ¿Follas o haces el amor?

Follar o hacer el amor

30 de septiembre de 2019

Yaiza Morales, Universopornico

Si buscas el significado de la palabra follar, lo primero que encuentras es algo así como “expresión vulgar para referirse al acto sexual”. El término vulgar, ya nos da una idea de cómo se le asocia un carácter un tanto negativo a esta práctica y hoy peculiares venimos a reivindicar justo lo contrario. El lenguaje que usamos tiene mucho poder. Durante muchos años se le ha otorgado un significado  peyorativo a la palabra follar y éste ha acabado calando, sin embargo, podemos darle una vuelta de tuerca más  y reapropiarnos del término confiriéndole un significado más afín a lo que es.

En más de una conversación hemos podido oír la típica pregunta ¿Follas o haces el amor? Pues las dos cosas y una de la mano de la otra. Me explico. Hay un mito muy extendido que asocia el follar con el sexo por sexo, desconectado de sentimientos, visceral y que se centra en la persecución básica de la liberación de endorfinas con el fin de obtener placer. Podríamos decir incluso que cuando follas con alguien, lo que buscas es tu placer y no el del otro, mientras que hacer el amor implica un sentimiento, un lazo de unión entre dos personas. Podríamos sostener que mientras que follar es algo más rudo y salvaje; hacer el amor está lleno de ternura. O esa es la primera imagen que nos viene a muchos a la cabeza al oír pronunciar esas dos palabras. Esa imagen preconcebida nos da a entender que follar no está tan bien, y que, por el contrario, hacer el amor es la forma correcta o socialmente aceptada de hacerlo. La gente bien hace el amor. Follar es cosa de prostitutas.

A nuestro modo de ver, follar y hacer el amor son dos cosas distintas y una no quita a la otra. Hay una idea romántica y heteronormativa detrás del concepto de hacer el amor lo cual ha contribuido a limitar mucho el significado total de la expresión.  Con esta limitación se ha entrado en una dicotomía entre las personas que follan y las que hacen el amor, entre lo socialmente aceptado y lo malo o no tan bueno; y de ese modo, se asocia la palabra follar a una connotación negativa. A lo largo de la historia podemos nombrar diferentes morales sexuales. Así, hablamos de moral reproductiva (necesidad y gusto de reproducirnos), relacional (el objetivo principal es una relación de pareja) y recreativa (basada en el disfrute y en alcanzar tus objetivos y no lo socialmente impuesto). Hoy en día, nuestra sociedad vive a caballo entre la reproductiva y la relacional y este factor es el que da pie a la dualidad existente entre follar y hacer el amor.

¿Por qué cuando le preguntamos a alguien que qué significa hacer el amor se piensa automáticamente en algo sexual? ¿Por qué si es así, se marca esa diferencia con follar si al final reducimos conceptos a un mismo significante? ¿Qué tiene de malo follar? ¿Y qué de bueno hacer el amor?

He aquí una valoración peculiar: Para hacer el amor no hacen falta los genitales, ni siquiera las bocas o las lenguas enroscadas o el contacto piel con piel. Para hacer el amor no hace falta el sexo, aunque pueda ser un buen ingrediente. Hacer el amor a alguien en su significado original es quererle bien, es tenerle en consideración, preocuparte por él, querer que esa persona esté a gusto y se sienta contigo que está en casa. Hacer el amor con alguien es compartir momentos, risas, penas, estar a su lado, disfrutar de veros contentos y acompañaros cuando no lo estéis. Tenderos una mano mutua sin ningún tipo de expectativas y hacer camino uno al lado del otro.

Dentro de ese hacer el amor puede entrar también el follar (sin basarnos en coitocentrismos si no en el amplio espectro de la palabra; besos, caricias, juegos varios…). Porque sí, cuando estás a gusto con alguien y quieres compartir experiencias pues también follas. A veces más rudo a veces con mayor ternura, otras combinando, pero partiendo de una mirada recreativa; de interacción, de juego, de satisfacción de todos los que juegan; porque el follar, es un juego cooperativo en el que si tú ganas, el otro también gana y ganamos todos. Y así, de alguna forma desmontamos la división entre follar y hacer el amor.

De Peculiares

Los penes que no queremos ver

Los penes que no queremos ver

25 de septiembre de 2019

Laura Marcilla

Llegas de las vacaciones, respiras hondo y te enfrentas a todos los mensajes acumulados durante las semanas de descanso. ¿Y qué espera agazapado entre los mensajes triviales y educados? Efectivamente: una foto de un enhiesto miembro viril que nadie había invitado a la fiesta post veraniega.

Bueno, pues este es sólo un ejemplo de las muchas formas en las que se pueden recibir fotos sexuales no consentidas, también coloquialmente conocidas como “fotopollas”. El hecho de que el nombre de estas fotos incluya la palabra “polla” es precisamente porque son los hombres cis quienes habitualmente recurren a esta práctica. ¿Conocéis a alguien que haya recibido una “fotovulva” o “fotocoño” no deseada? Bueno, podría ser, porque hay de todo en el mundo, pero parece ser que estos casos son estadísticamente despreciables.

Según los datos, más de la mitad de las mujeres han recibido en alguna ocasión este tipo de imágenes no deseadas, y también cerca de la mitad de los hombres afirman haber mandado fotos de sus genitales. Muchas de estas fotos habrán sido mandadas de forma consentida, dentro de lo que se denomina “sexting” (aproximadamente el 25% de los jóvenes afirma practicarlo), pero otro porcentaje sea posiblemente enviado en un contexto en el que la otra persona no espera (ni desea) este tipo de contacto.

Me gustaría aclarar que las “fotopollas” no son, bajo ningún concepto, un tipo de sexting. El sexting, para que sepamos a que nos referimos, es una práctica de cibersexo a través de aplicaciones o redes sociales, a menudo incluyendo fotos de carácter íntimo. Entonces, ¿por qué las “fotopollas” no entran en esta categoría? Por lo mismo por lo que una violación no es una forma de sexo, sino de violencia. Cuando no hay consentimiento, no podemos hablar de sexo. El mutuo deseo es requisito indispensable para que sea una práctica sana, por lo que mandar una foto de tu pene a alguien que no la desea no es un tipo de “sexting”, ni una forma de ligar. Es, simple y llanamente, acoso.

Los expertos entienden que el machismo es una de las bases por las que este tipo de interacciones se perpetúan y suelen ser siempre llevadas a cabo por hombres. De ahí que la educación sexual sea tan importante para fomentar formas de relacionarnos en las que nadie se sienta atacado, incómodo, ofendido o vulnerable.

Parece también que los hombres homosexuales y bisexuales, suelen tener menos problemas a la hora de recibir estas fotos inesperadas, lo cual no quiere decir que haya vía libre para mandárselo a estas personas sin su permiso, ya que sigue siendo una falta de respeto y puede haber hombres también a los que les moleste este trato. Aunque se dice que en grindr y algunas plataformas de flirteo entre hombres es una práctica común y más aceptada, no deja de ser una maniobra arriesgada cuando no tenemos la certeza de que la otra persona esté predispuesta a ver este tipo de contenido. ¡Con lo bonito y placentero que puede ser el sexting cuando se realiza de mutuo acuerdo! Porque el sexting, aunque haya sido ampliamente demonizado por los riesgos que entraña, no es sino una práctica sexual más. Como tal, tiene sus riesgos y también sus beneficios, pero tomando ciertas precauciones y practicándola de forma segura, no hay razón para no poder disfrutar de ella.

mensajes @somospeculiaresVolviendo a esta invasión de fotos de penes que está teniendo lugar en múltiples redes sociales existen muchas preguntas: ¿por qué la gente lo hace? ¿hay alguna forma de evitarlas? ¿qué se puede hacer al respecto cuando se reciben? Y… de verdad, ¿por qué la gente se empeña en seguir haciéndolo?

Vale, hay alguna pregunta repetida, pero creo que es la duda más grande que nos hemos planteado las personas que recibimos estos “kínder sorpresa”: ¿POR QUÉ?

No hay una sola razón que sirva por sí misma para explicar todas las “fotopollas” y los motivos de quienes las envían. Algunas hipótesis apuntan a que es una forma de ciberexhibicionismo, como la típica escena del hombre en gabardina en una esquina, pero en su versión online. En este sentido, a pesar del componente sexual del exhibicionismo, hay que entenderlo sobre todo como una muestra de poder y dominación, más que una búsqueda de un intercambio erótico.

También hay a quienes apuntan a la falta de habilidades de seducción de algunos hombres. De nuevo, hay de todo en el mundo, y pudiera ser que alguno de los que lo realiza sí esté buscando un acercamiento sexual con intención de ligar (especialmente en los contextos que mencionaba antes de hombres que tienen sexo con hombres), pero, en general, me parece que incluso las personas con habilidades sociales poco desarrolladas pueden intuir que ésta no es la forma más inteligente para intentar seducir a alguien. Se puede ser tímido, se puede ser torpe ligando, y no por ello se tiene por qué ser irrespetuoso con la otra persona.

Es interesante señalar que, al ser un comportamiento que se realiza en solo unos segundos, la misma persona puede realizar un envío masivo de este tipo de fotos. Quizá en lo que más tarde sea en tomarse una foto que le guste, con la prototípica erección, y un ángulo que considere favorecedor, etc. Pero una vez que la foto ha sido tomada, se tarda prácticamente lo mismo en mandárselo a una mujer que a veinte. Con esto quiero decir que muchas de las personas que hacen esto no tienen un único objetivo definido, sino que lo hacen “al por mayor”, como si de una estrategia de marketing masivo se tratase. Y en cierto modo, puede que aquí resida el por qué de que estas personas continúen haciéndolo. Si, desde una cuenta anónima, puedo mandar mil mensajes y no recibir ningún castigo por 999 de ellos, y de tan solo uno de esos mensajes recibo la respuesta que esperaba o algún tipo de refuerzo positivo, parece que puede “compensarme” lo obtenido en comparación con el poco esfuerzo que me ha supuesto hacerlo. Incluso si me cierran la cuenta, ¿cuánto se tarda en abrir una nueva? Este tipo de factores hay que tenerlos en cuenta para diseñar medidas que eviten este tipo de acoso online y, sobre todo, su reincidencia por parte de los mismos acosadores.

En cuanto a las personas que reciben este tipo de contactos indeseados, parece que aquí tampoco se discrimina demasiado. El único factor que hace que sea más posible recibir “fotopollas” es ser mujer. Pero un gran porcentaje de las mujeres de cualquier edad, orientación sexual o profesión las ha recibido alguna vez. Así que si eres mujer y tienes la suerte de no haber pasado por este trance todavía, no lo digas muy alto, porque podría pasarte hoy mismo. Parece que ciertos hashtags, o las personas que publican contenido relacionado con la sexualidad, pueden ser un blanco más común, de manera que las sexólogas, junto con actrices porno, sexbloggers, trabajadoras sexuales y otros grupos profesionales relacionados con el sexo, solemos ser víctimas más frecuentes de estos mensajes. A veces aparece la foto sin más, sin un saludo ni una introducción, y otras veces viene disfrazada de consulta inocente, o de una conversación sencilla que acaba desembocando en una excusa cualquiera para enseñar el pajarito. Sea como sea, y a riesgo de repetirme, si no hay consentimiento, sigue siendo acoso. ¿O vosotros soléis mandarles fotos de vuestras muelas a los dentistas que hay en redes sociales?

El hecho de que este fenómeno sea tan común genera cierta sensación de indefensión en las personas que lo sufren. ¿No se puede hacer nada al respecto? Lo cierto es que estas fotos de genitales suponen una infracción del artículo 37.5 de la Ley de Seguridad Ciudadana, por lo que en teoría se puede denunciar. Bien es verdad que en la práctica es difícil asegurar que la persona que haya mandado las fotos llegue a sufrir las consecuencias, pero nosotros tenemos la capacidad de intentar hacer valer nuestros derechos. Especialmente si la persona que recibe estos contenidos es menor de edad o sufre algún tipo de discapacidad, en cuyo caso, el envío de estas imágenes es un delito recogido en los artículos 185 y 186 del Código Penal, y puede ser penado con hasta dos años de prisión.

En la vida real, muchas personas no se animan a denunciar estos hechos por la vía legal por el engorro que supone la burocracia frente a las pocas posibilidades de éxito. Personalmente, soy de la opinión de que si todas las personas nos pusiéramos de acuerdo para denunciar estos hechos, y le diéramos visibilidad a estas denuncias por las mismas redes sociales por las que ocurren, quizá podríamos ayudar a crear conciencia de que no es solo algo desagradable, sino también ilegal.

Otras personas (la mayoría) optan por alternativas más sencillas, como bloquear, denunciar la cuenta en la plataforma correspondiente, o incluso compartir públicamente pantallazos del suceso. Desgraciadamente, ninguna de estas medidas garantiza que no vaya a ocurrirte de nuevo en el futuro (lo digo por experiencia propia), y a menudo la compañía ni siquiera elimina la cuenta que se ha saltado la normativa. En lo relativo a compartir capturas de pantallas, puede ser aconsejable tachar el nombre de usuario o la foto de perfil de la otra persona. No se trata de una manera de proteger su identidad porque “pobrecito, no vayan a ir a meterse con él”, más bien es una forma de asegurarse de que no seas tú quien acabe en un problema por haber compartido estos datos públicamente, ya que ni siquiera entre juristas existe consenso sobre si podría ser perseguible o no este tipo de respuesta.

Existen también recomendaciones en otro sentido, sobre no contestar, ni siquiera para bloquear, a la persona que te ha obsequiado con una foto no deseada de sus genitales. Se supone que la idea de esto es no darle la menor importancia al evento, para que el mensajero no pueda conseguir una simbólica superioridad gracias a la sensación de haber conseguido molestarte. Sea como sea, cada persona es quien debe valorar las opciones y decidir cómo actuar ante estos abusos.

Mientras tanto, solo nos queda seguir luchando por que la educación sexual integral deje de ser una utopía, y sea una realidad que contribuya a mejorar la manera en que nos relacionamos. Poco a poco, quizá algún día consigamos que el acoso y la violencia de cualquier tipo desaparezcan, o al menos se reduzcan lo suficiente como para que deje de tener sentido escribir artículos denunciando los penes que no queremos ver.

NOTA DE LA AUTORA: Recientemente he iniciado en redes sociales una campaña para dar visibilidad a este fenómeno. Bajo el hashtag #Fotopollasporelmundo publico las situaciones en las que yo, como sexóloga, he sufrido este tipo de acoso, e invito a todas las personas que deseen hacer lo mismo a usar este lema si creen que puede ayudarles en su denuncia de esta realidad.

De Peculiares

Respuestas peculiares para personas bifóbicas

Respuestas peculiares para personas bifóbicas

23 de septiembre de 2019

Norma J. Brau

Hoy 23 de septiembre es el Día de la Visibilidad Bisexual, también podríamos abreviarlo llamándolo día de la BIsivilidad. Aunque nos hubiese encantado ponernos sexológicamente profundas y densas, los tiempos son los que son y hoy nos ceñimos a ser más bien reivindicativas. Por eso, hoy queremos compartir contigo las respuestas a frases bífobas que muchas personas bisexuales enfrentamos.

Sabemos de sobra que no toda la bifobia es intencionada. Es decir, igual que en otras cuestiones, el desconocimiento y la falta de fuentes fiables son detonantes de muchas situaciones incómodas. No toda la gente que tiene creencias bífobas es bífoba. En realidad, el sistema está tan bien montado que la gran mayoría de la gente no es consciente de las creencias erróneas que le han inculcado. 

No obstante, también hay elementos, seres (habrá que llamarlos) humanos que se regocijan en ser personas bífobas, en seguir perpetuando mitos hirientes y seguir obstaculizando una plena y satisfactoria vivencia de la diversidad sexual existente. Para esas personas que piensan tocarte la moral, tenemos respuestas peculiares:

 

  • Tú lo que estás es confundida. Aclárate, o tías o tíos.

Respuesta peculiar: “Confundida estaba sí, al pensar que ibas a empatizar con mi situación.”

Con lo que cuesta salir del armario, escoger con quiénes hacerlo y además, ¿tener que aguantar feos de este tipo? Mira, el chasco te lo llevas, la decepción también, pero no hay mal que cien años dure y quien te quería ahora te excluye, mejor que vuele. 

 

  • Pero, ¿50-50? Porque yo no he conocido a nadie que sea 50-50…

Respuesta peculiar: “¿Y tú sólo te has liado con personas de las características que dices que son las que prefieres?” 

Ahora va a resultar que quienes las prefieren morenas no se pueden liar con rubias y que vamos a contabilizar hasta las miradas y ligoteos. Que me pueda sentir atraída o enamorar o gustar de alguien indistintamente de su identidad no significa que haya un reparto “equitativo”. Amén de que vaya concepto más binario de la identidad tienes, cari. 

 

  • Es una fase, ya se te pasará (A veces aderezado con: “ya saldrás del armario”)

Respuesta peculiar: “Claro, como la varicela, la bisexualitis se pasa… ¡que ojo, igual también te la contagio!”

A palabras necias, oídos sordos y respuestas peculiares. Gentes varias del mundo mundial, ya estamos saliendo del armario nombrándonos y presentándonos como bis. Obviamente, las etiquetas cada vez fluyen más y, ¿quién sabe? puede que en mi camino y viaje me redescubra, pero ignorar la bisexualidad como orientación… Pues eso, que os molaría que fuese sólo de vuestra acera pero resulta que soy paso de zebra. 

 

  • Eso es que te pierde el vicio, ¡promiscua!

Respuesta peculiar: Biciosa, con B de “Burra, como tú me pones”

Llega un momento y un punto de las discusiones absurdas que la mejor venganza es nuestra mayor y mejor sonrisa. Ser bisexual sólo señala que puede que tengas más probabilidad de que alguien te guste. De ahí, a que te frotes hasta con las paredes, hay un trecho y, en mi caso, ni jarta a vino. Es más, a veces ser bisexual genera por esta clase de mitos mayor desconfianza en posibles parejas, cuando cualquiera ya con unos añitos debería ser consciente que la fidelidad (sea en las formas que la pareja ha acordado) no depende de la orientación.

Si tenéis más frases bífobas a las que contestar, nosotras súper encantadas de leerlas en comentarios y de poder seguir contestándolas en futuras ediciones, ¡feliz día de la Visibilidad Bisexual, peculiares!

De Peculiares

¡No nos van a callar! En tiempo de odio: la sexología seguirá cultivando

¡No nos van a callar! En tiempo de odio: la sexología seguirá cultivando

19 de septiembre de 2019

Norma J. Brau

No es el momento de hablar de casos particulares, con nombres y apellidos, pero sí es tiempo de encender una alerta para quienes compartimos profesión, para quienes nos conocen y con quienes tendemos puentes y, cómo no, para la sociedad en su conjunto. Una alerta sobre la deriva del contexto político y social actual de España en el que las voces que incitan al odio hacia la diversidad y quienes la defienden como realidad parecen cada día más fuertes. Una señal de precaución ahora que incluso colegas de profesión están enfrentándose a estos discursos a diario.

Aunque sí sería la primera vez que sucede en España, no es la primera vez que tiempos de odio amenazan a la Sexología. En 1933 la Sexología ya tuvo una importante pérdida con la quema del Instituto para la Ciencia Sexual (Institut für Sexualwissenschaft) en Alemania. Su director, Magnus Hirschfeld, que también fue quien formó la “Liga mundial por la reforma sexual”, sólo vivió dos años más; que fueron en el exilio.

Quien más quien menos, cuando amanecemos entre las noticias que nos ofrece el actual contexto de nuestro país, siente que, si “nos despistamos”, básicamente, si lo dejamos pasar, volverán tiempos difíciles. Tiempos en los que la sexualidad humana y su inherente diversidad volverán a ser una realidad acallada con intolerancia y violencia. Tiempos que al viejo continente debería darle vergüenza ajena que volvieran a aparecer.

Es, por tanto, responsabilidad de quienes nos dedicamos a la Sexología alertar sobre el alto riesgo que se corre de seguir un camino donde los discursos de odio son los únicos que tienen cabida.

Para ello la mejor forma, sin duda, es seguir trabajando y aportando, como lo venimos haciendo a diario, cada cual desde el tiempo y el peso que le ofrece a la Sexología en su vida, pero sin dejarla de lado nunca. Cuando creamos espacios para cultivar la sexualidad, aceptar la diversidad y ponerla en valor, es cuando la Sexología cobra todo el sentido y cuando toda la sociedad es capaz de valorarla, sentirla necesaria y hacerla suya.

Es otorgando herramientas para entenderse, vivirse y aceptarse tal como son, que quienes desconocían la Sexología pasan a comprenderla como lo que es: una ciencia, un marco teórico, hablando en plata, una explicación de cómo somos y porqué somos así, que nos ayuda a conocernos y a convivir.

Unas gafas que, en ningún momento, se imponen sobre criterios personales y valores adquiridos en otros ámbitos de la vida, sino que nos ayudan a crecer tal como nos importa hacerlo.

Por eso, ahora que la Sexología vuelve a vivir en tiempos del odio, es cuando más merece la pena darla a conocer, acercarla a la sociedad. En definitiva, trabajar con ella y desde ella, para que todas las virtudes que ya conocemos quienes la estudiamos, lleguen a todas partes. Creando así una red tejida con mimo y dedicación incapaz de ser destruida por el odio. Una red fuerte y segura, capaz de enfrentarse a las adversidades que están y vendrán.

De Peculiares

El papel de la escuela en la educación sexual

El papel de la escuela en la educación sexual

19 de agosto de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

Se habla mucho del papel de los padres y de la familia directa en la educación sexual de lxs niñxs y, a su vez, encontramos todavía bastantes familias con un temor infundado respecto a cómo enfocar la educación afectivo-sexual de sus hijas e hijos. Aún existe la creencia generalizada que ocultando información sexual se puede retardar el llamado “instinto sexual”. Pero a la curiosidad de los menores no se le puede poner muros y lo que muchas veces ocurre en estos casos es que lxs hijxs acaben buscando la información por medios pocos fiables. Además, existe la idea generalizada de que la educación sexual es una actividad que se produce de manera consciente y voluntaria, pero lo cierto es que estamos educando en sexualidad en el día a día y la mayor parte de las veces no somos conscientes de ello. Así cuando educadores y padres dicen que no recibieron educación sexual durante su infancia parten de un razonamiento erróneo.

Sabemos que los menores empiezan a ser educados en sexualidad en el momento en que empieza su socialización. Durante los primeros años de vida de niños y niñas es la familia el principal agente de su socialización, una vez que comienza la etapa escolar los centros educativos adquieren un papel importante y complementario a la educación familiar y deberían de incluir en sus curriculums la promoción de la salud en los que se incluiría el fomento de actitudes solidarias, tolerantes, de respeto mutuo y de cuidado responsable en las relaciones interpersonales, todos aspectos imprescindibles para alcanzar una sexualidad sana.

Así la Educación Afectiva Sexual debería de tarea compartida por la escuela y la familia. En el caso del centro educativo  Educación Afectiva sexual explícita y programada. Algo que todavía nos encontramos que es muy escasa y cuando se realiza, tiene en mucha ocasiones efectos parciales en lxs jóvenes ya que las actitudes, valores y normas los suelen aprender por otras vías, como puede ser familia, amistades, redes sociales o medios de comunicación.

¿Porqué es tan importante hacer educación afectivo sexual en las escuelas?

Las familias son muy heterogéneas y muchas de ellas, a menudo, no cuentan con igual condiciones para responder a las dudas y preguntas de niños y jóvenes en cada etapa vital. En este sentido, la función de la escuela como agente educador es de vital importancia. Las instituciones escolares pueden ser espacios de articulación de las instituciones familiares, de las de salud y otras con el fin de llevar a cabo una tarea de educación sexual integral, y, a la vez, ser un espacio para analizar las contradicciones que presenta la cultura para facilitar una mayor coherencia en la transmisión de los conocimientos.

Así, la escuela no ha de ser ajena de su papel para preparar a niñas y niños en su proceso de convertirse en adultos con una visión de la sexualidad positiva y equilibrada. La Educación Afectivo-Sexual debe poner el énfasis en la necesidad de la responsabilidad y la ética social, como medios que contribuyen a evitar riesgos y fomentan relaciones de igualdad entre las personas. Esta tarea debería de comenzar desde las primeras edades e integrarse dentro de la formación general del alumnado de una forma sistemática y continua.

Los niños y niñas necesitan la oportunidad de desarrollar actitudes y valores que les capaciten para hacer elecciones válidas tanto en si vida actual como futura, así la Educación Afectiva Sexual debería de ser más que un conjunto de contenidos informativos, y fomentar el desarrollo de actitudes y habilidades.

Pere Font, sexólogo y director de IESP, incluye una serie de premisas para que la educación sexual en las escuelas sea lo más enriquecedora e integradora posible:

  • Educación de la sexualidad como educación integral del individuo, se educaría desde una perspectiva multidisciplinar integrándola en las diferentes áreas educativas.
  • Educación afectivo-sexual en el marco de la educación para la salud, relacionando el bienestar físico, psicológico y social de los individuos con el objetivo de que adquieran conocimientos, las actitudes y los hábitos básicos para la defensa y la promoción de la salud
  • Educación de la sexualidad como educación de la afectividad, para no convertir la sexualidad en un aspecto de la vida aislado de los demás, comprender las relaciones de afecto entre personas.

Educación afectiva sexual como educación para la igualdad. Solo entendiendo la diferencia podremos aprender a respetar a los demás.

De Peculiares

Crece eróticamente: descubre la importancia de expresar y sentir la sensualidad

Crece eróticamente, descubre la importancia de expresar y sentir la sensualidad

16 de agosto de 2019

Anabel Mira, Sexóloga

Decía la filósofa María Zambrano, que el sentir nos constituye más que ninguna otra de las funciones psíquicas. Razón y sentido no le faltaban a María. La historia de la Filosofía occidental está plagada de disputas y teorías acerca del papel en el conocimiento de la razón y los sentidos, siendo la razón la clara ganadora en estas peleas.

Pero, ¿por qué el cuerpo y sus sentidos han sido tan despreciables, corruptos, nada de fiar, etc.… para los filósofos occidentales? La respuesta a esta pregunta precisa de un artículo largo y denso sobre Filosofía que no corresponde a este espacio. ¿Pero sabéis? Sí que le corresponde a la Filosofía compartir camino con la Sexología, y quizás mucho más de lo que pensamos.

Porque amigxs sí, la Filosofía con sus ideas y cuestiones acerca del cuerpo y los sentidos tiene un papel decisivo en lo que pasa cuando nos pensamos y vivimos sexualmente. ¿Y eso? pues porque precisamente qué pensamos y cómo nos pensamos configura no sólo nuestra manera de experienciar la realidad, sino que también viste a nuestras grandes protagonistas, la realidad de la sexualidad y sus vivencias.

¿Qué pasaría si educas a una persona durante toda su existencia en que todo el conocimiento que proviene del cuerpo y los sentidos no es algo que contenga Verdad?, ¿qué importancia y lugar le dará esa persona a su cuerpo y sus sentidos?

Todos podemos enumerar los 5 sentidos que son los causantes de nuestras experiencias sensoriales, ¿podemos todxs diseccionar el papel que juega cada uno de ellos en nuestra vida erótica?, ¿somos realmente conscientes de cómo podemos potenciar el placer a través de ellos?,  ¿creéis que un uso sentido de los sentidos y con sentido ayudaría a nuestro crecimiento erótico?

A priori todo esto que os planteo puede parecer una obviedad, pero no parece que lo sea tanto en el día a día.  Las rutinas se componen de ejercicios mecánicos en los que se piensa poco y se siente menos. Siempre hay tiempo para Netflix, pero no para follar. Empleamos más tiempo y energía en buscar la próxima serie que se convierta en la morfina semanal, más que en explorar y disfrutar de nuestro cuerpo y/o del de nuestra pareja. Y quizás el capítulo más interesante de nuestras vidas nos lo estamos perdiendo y lo tengamos más cerca de lo que pensamos.

Porque lo que no contiene valor o verdad, no es importante. Y la pregunta entonces es, ¿queremos hacerlo importante? Por eso os invito a ser vuestra propia revolución sensorial, para darle a esta experiencia tan viva que son los sentidos el valor y verdad que tienen.

Degustar y no engullir, encontrarnos sin prisa con ellos, dándoles la dimensión que se merecen. Puede ser en la ducha, mientras el agua tibia cae sobre nuestra piel, con el dulzor y frescor de un trozo de sandía estallando lento en la boca, o en dejarse mecer por el sonido ondulante de las olas del mar, o en perseguir con la nariz a ese desconocido que ha dejado un halo de perfume que nos evoca aquel encuentro que nunca pudimos olvidar. O también, en detenerse en la imagen del bello trabajo de pelar una patata perpetrado por las manos nuestro amante. Suave, lento, sin prisa. Os invito a rebozarse en lo sensual cotidiano para gozar la experiencia sensorial en todo su esplendor.

Hay mucha emoción y tramas increíbles más allá de Netflix 😉

Gracias María Zambrano, siento luego existo.

De Peculiares

¿Tener pareja es un motivo para no ligar?

Monogamia hasta las trancas

25 de julio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Recientemente (para quien no lo supiera) un equipo de Valkirias hemos pululado por el Bilbao BBKLive. Queríamos generar reflexión sobre el ligoteo mediante un juego de pegatinas (sí, primo-hermano del juego del semáforo, sí pero más guay porque es peculiar, obvio). Mucha gente señalaba que “faltaba su opción” porque ninguna pegatina argumentaba que no se quisiese ligar por tener pareja. ¿En serio tener pareja es un motivo para no ligar? Lo primero que denota esa observación es cuán integrada tenemos la vivencia de la erótica en clave de monogamia. 

Ninguna de las personas que hacía la observación decía que faltaba su opción porque tuviesen “pareja monógama”, es decir, que la propia palabra de pareja ya da a entender una exclusividad sexual, erótica, afectiva… que no tiene por qué ser así.

Además, este hilo argumental también da un giro drástico al punto del que partía nuestra dinámica, sustituyendo el diálogo entre deseos por las exigencias y los deberes (cosas que, dicho sea de paso, no ayudan NADA al deseo). En vez de argumentar “porque no me apetece y punto” nos es más común, justificarnos, excusarnos “no puedo porque tengo una obligación a cumplir”. Ello muestra mucho sobre cómo son nuestras interacciones de ligoteo. 

¿Cómo vamos a visibilizar, dialogar y negociar en base a nuestros deseos si ya los meros síes y no es no son entrenados desde ellos? ¿Cómo vamos a cultivar el deseo si parece que éste tiene que desaparecer por obligación moral en algunas tesituras y en otras tiene que brotar porque sí y punto? ¿Cómo vamos a percibir, entender y aceptar la diversidad del deseo si no somos capaces de reconocer la diversidad de formas que tiene? 

Visibilizando pensamientos no-monógamos

Por eso, creo (así, en mi perogrullo mental a posteriori) que de verdad hemos apostado por una visibilización (relativa, claro está) de las no-monogamias porque nos centramos en los deseos y no en los (pseudo)estados civiles como camino para generar encuentros. Creo que hemos resquebrajado una pequeña parte del mapa de la moral sexual actual tal vez incluso de forma inconsciente, pero lo hemos hecho. 

 Cada vez que afirmamos que no queremos ligar porque tenemos pareja:

  • Estigmatizamos las no-monogamias y la poliamoría y reforzamos la idea de que la pareja es sinónimo de exclusividad.
  • Reforzamos el amor romántico y todos los juicios de valor que derivan del mismo y volcamos sobre la gente a la más mínima transgresión del ideal romántico. 
  • Hacemos un enjuiciamiento de quienes disfrutan del tonteo, bailoteo, flirteo sin más allá por incumplir los presupuestos de la monogamia más férrea y rancia. 
  • Revalorizamos una de las ideas más rancias del amor romántico: la verdadera felicidad y saciedad reside en vivir en pareja, de ahí que toda persona soltera (llegando a equiparar soltería con soledad) debe desear salir de su situación y esforzarse por ello. 

Por ello, amiwis de Somos Peculiares, gente que nos habéis aguantado y disfrutado estos días en el BBKLive y personitas que simplemente pasabais por aquí y os habéis parado a leer un rato: ¡¡comencemos a hablar de nuestros deseos e inapetencias a la hora de ligar y dejemos de lado el discurso de los deberes!!

Fdo: una actualmente monógama.

De Peculiares

El 28J NO es el otro orgullo

El 28J NO es el otro orgullo
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28 de junio de 2019

Norma J. Brau, Sexuenea

Queridas, querides y queridos compas en la lucha por el cultivo, la promoción y la visibilización de la diversidad sexual, creo que va siendo hora de que hablemos con propiedad y sepamos que el 28 de junio es EL ORGULLO. Así, con mayúsculas, y punto.

Quienes me conocéis sabéis que vengo con extra de hate. No sé si me caí en la marmita de bilis y odio de mi pueblo cuando era pequeña o si los gametos de mi fecundación además de potentes genéticamente también lo eran hateticamente, pero es así.

Procuro hacerlo de forma educada y reconducir mi odio para ser constructiva, pero no siempre puedo. Hoy  creo que va a ser uno de esos días que me quedo a medias.

Resulta que me flipa ver como mucha gente, cada día más, incluso siendo profesionales de la sexología, sexbloggers, personas del colectivo LGTBI+… no es ya que no sepan cuando es “El orgullo”, sino que sólo conocen el mercantilizado jolgorio fruto del pinkwashing. Y a mí me llevan los demonios.

Por eso, remember remember the 28th of june, please… aunque no rime. Este año se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall. Os cuento.

New York, 1969, la revolución sexual se nota en el ambiente y hay bares donde personas del colectivo LGTBI pueden expresarse libremente, conocerse, liarse… ¡genial! Sin embargo, el odio hacia este colectivo y la violencia institucional siguen siendo tan comunes como los sándwiches de mantequilla de cacahuete en EEUU, por lo que no es raro que llegue la policía a realizar redadas.

Es más, la revolución sexual sigue haciéndose bastante de tapadillo, dentro de los bares, cuando no, dentro de las casas. Salir a la calle como persona LGTBI y vivirse de forma abierta es im-pen-sa-ble.

Pero, todas las narices tienen su límite de ser tocadas y ese límite llegó el 28 de junio de 1969 cuando la policía realizó otra de sus redadas y el colectivo LGTBI en el barrio reaccionó. Manifestándose, enfrentándose y encarando a la policía. ¿Acaso no era bastante vulneración de sus derechos la situación que además debían permitir esas redadas llenas de violencia directa e indirecta hacia personas del colectivo? Un año después de los disturbios, ciudades como New York y Los Ángeles se sumaban a las conmemoraciones.

El 28 de Junio es un día para recordar la lucha y el trabajo de generaciones anteriores. Un día para conmemorar los pasos que dieron valientes que hacen que hoy hasta el partido más pestuzo no quiera perder su lugar en un sarao que se monta para hacer pasta e ir de progres. Porque no os engañéis, que sin quienes lucharon y se enfrentaron a la violencia estructural de la época, aún seguiríamos sin dar muchos pasos.

Llegamos este año a las bodas de oro de un suceso tan necesario en la historia de occidente como importante y que debemos agradecer en especial a mujeres trans como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, que fueron las pioneras en las revueltas y que serán este año conmemoradas en New York mediante un monumento en su memoria.

Por eso, aunque no os mole parte del tono de la manifestación que os pille más cerca, aunque os venga un poco mal levantaos del sofá, aunque prefiráis estar de birreo; os pido que apoyéis, no también este, sino el ORGULLO.

 

De Peculiares

Convivencia de parejas lésbicas

Convivencia lésbica

19 de junio de 2019

María Torre, Ars Eróticas

Un caos, así es como muchos se imaginan que es la convivencia entre mujeres. ¿Acaso no habéis oído alguna vez esa frase de? “Estarás contento viviendo con tantas mujeres, te tendrán loco”, sobra aclarar que proviene de un hombre y se dirige a otro. Se me salen los ojos de las órbitas cada vez que escucho esta frase. Y es que, además de los mitos sobre la sexualidad de las mujeres lesbianas, también corren otros de cómo es su convivencia. Pero hoy tengo una nueva misión, enseñar lo maravillosa, y a veces desastrosa, que es la vida en pareja (de lesbianas).

Cuando me he puesto a pensar en las escenas de convivencia de parejas lésbicas no he podido evitar acordarme de Unas lesbianas de cuidado, una obra maestra dibujada por Alison Bechdel. Bechdel es un referente, más allá de su famoso test aplicado al lenguaje audiovisual, sabe sacar lo mejor y lo peor de las situaciones cotidianas siempre con mucho humor. Odio las generalizaciones y los estereotipos, eso de meternos a todas en el mismo saco y crear un prototipo de lesbiana, no me parece correcto ni acertado, porque, aunque a veces la gente se sorprenda cuando digo esto, las lesbianas somos personas, y como cualquier otra persona, cada una de nosotras tenemos una manera de vivir, sentir y expresarnos, así que eso de que para certificar si eres lesbiana o no tienes que cumplir con ciertos parámetros mejor lo vamos olvidando. Sin embargo, a veces nos sorprendemos cuando muchas de esas situaciones estereotipadas empiezan a cumplirse en nuestras vidas diarias. Aquí Bechdel se ríe largo y tendido de estos impuestos y a veces auto-impuestos que sin darnos cuenta, asumimos y representamos en más de una ocasión.

Juntas, revueltas pero no iguales

La convivencia es esa gran palabra que parece no decir mucho pero que re-significa todo. Para algunas un drama para otras un gran paso y es que ¿qué ocurre cuando comenzamos a vivir juntas? Algo tan sencillo como aprender a compartir espacios y sobre todo decisiones. Tenemos claro que aunque la vida en pareja necesita de espacios personales, no podemos evitar que en muchos aspectos de la vida nos acerquemos la una a la otra y empecemos a coincidir demasiado.

La mimetización es irremediable. ¿Cómo? Si eres lesbiana y estás leyendo esto dime por favor que te han dicho eso de “cada vez os parecéis más”. Tras la expresión de ojos en blanco os he de decir que aunque dos mujeres pasen mucho tiempo juntas, aunque tengan tantos encuentros eróticos que a veces se crean una, no, no van a hacerse gemelas. Estoy pensando en muchas parejas heterosexuales que acaban pareciendo uno el clon de la otra y no se nos ocurre decirles que parecen gemelos, y todo porque presuponemos que tienen genitales diferentes. Vivir juntas, compartir espacios, tomar decisiones de vida en conjunto e incluso apoyarnos en cambios de estilos, no significa que vayamos a pasar a ser una sola.

Lesbianismo, veganismo y todos los ismos

Eres lesbiana y eres vegana o vegetariana, es una de las imágenes más estereotipadas sobre las figuras lésbicas. No me preguntéis el por qué pero parece que por tener una orientación sexual eso implica que tu estilo de vida cambia. Bechdel presenta frecuentemente a sus personajes en la Coop. un supermercado cooperativo donde se impulsa el consumo sostenible y responsable. Además, las protagonistas de sus cómics promueven este estilo de vida veggiefriendly. Cuando te haces vegetariana o vegana, te das cuenta de que no has pisado un supermercado tradicional en meses, tu historial del ordenador está repleto de las visitas a webs sobre nutrición ecológica, vegetariana y el impacto medioambiental, te das cuenta de que ya no eres tú, eres uno de sus personajes. Acabas de sumar un número al estereotipo, pero con orgullo y mucho humor.

Pero esto no es un imperativo, ¿acaso no hay lesbianas carnívoras y que no tienen interés por estos temas? Es lo que tiene ser personas, que somos tan diversas como las demás.

Pero no solo son ismos en estilos de vida y alimentación, sino también políticamente. Aunque qué queréis que os diga, con los tiempos que corren no muy a favor de la igualdad y los derechos de las mujeres no estamos como para dejar el ismo a un lado.

Sexo, bragas y confusiones

 Ya sabemos que la convivencia requiere organización y reparto de tareas y que con el ritmo de vida que llevamos no siempre nos da tiempo a tener todo en su sitio y qué pasa entonces... que llega uno de los momentos más divertidos que va encabezado por un: ¿son tuyas o mías éstas bragas?. Esto sí que es una decisión seria, atribuirle un cuerpo a esas bragas que las pobres han quedado olvidadas en el cesto de la colada y que tras noches y mañanas de pasión ya no saben de dónde vienen. Si las tallas o los gustos son muy diferentes, os perderéis esta escena lésbica que suele ocurrir al menos una vez por semana. Pero si tenéis una talla similar, compartís calcetines o alguna otra prenda de uso rutinario sin pertenencia clara, será una constante en vuestras vidas.

“Este era tuyo y este mío, ¿y ahora?”. ¿Sabéis a qué me refiero? Sí a ese juguete sexual que te gustaba tanto cuando no vivíais juntas. Ha llegado un punto en el que el cajón de los artículos eróticos se ha mezclado tanto que hay que etiquetarlos para saber su procedencia. Vida nueva juguetes nuevos, pero te da pena deshacerte de ese que tanto placer te dio en tu vida de soltera, así que lo unes al nuevo armamento del placer y el batiburrillo sexual que ahí se crea ya no tiene solución. Mirándolo por el lado bueno, por fin tienes en tus manos eso que ella usaba cuando la visitabas y que tanto te gustaba. Ahora tienes la oportunidad de mezclarlo como quien no quiere la cosa.

Que la menstruación de dos mujeres que viven juntas se sincroniza no está probado científicamente, tras esto hay muchas creencias y teorías, pero lo que aquí nos importa es la realidad. Y la realidad es que el día que coincide es una fiesta de copas menstruales. Una de las imágenes que últimamente hemos visto en las redes sociales y que me ha encantado es la de dos copas menstruales hirviendo a la vez en un cazo. Eso es amor puro. Esto todavía no lo he visto en los trabajos de Bechdel, pero que se ponga las pilas, porque es una escena lésbica digna de retratar.

Escenas de parejas lésbicas hay muchas, puedes o no entrar dentro del estereotipo, pero lo que sí debes hacer es reírte, reírte mucho. Sobre todo, cuando te paras, miras a tu alrededor y te das cuenta de cuánto hay en ti de estas imágenes o en otras que no han cabido aquí.