De Peculiares

¿Somos siempre las víctimas?

"Me pregunto si la mejor estrategia para exigir el reconocimiento sea la victimización"

Maitena Usabiaga Sarasua

9 de enero de 2018

Hemos crecido con cuentos que siempre muestran a buenas y malos, malas y buenos. Parece que existen dos tipos de personas en el mundo, las que van al cielo y los desterrados al infierno. Cuando eres cría, intentas ver tu persona en alguna de estas categorías y empleas el mayor esfuerzo para demostrar que perteneces a ella. Muchas de ellas han creído ser las malas de la película y como son tan buenas actrices y en el fondo, obedientes, cumplen su papel a la perfección. Solo así alguien les mira y se sienten algo en el mundo. Son capaces de enterrar las demás facetas para solo mostrar aquella que creen les hace ser alguien, alguien visible y reconocida.

 

 

 

Cuando alguna mirada es capaz de ver algo diferente en ellas es cuando se dan cuenta de que no son solo malas, que son mucho más, que pueden ser aquello que quieran y les gusta. También somos lo que no nos gusta, pero eso no nos condena. Yo no creo que existan malas y buenas personas, no creo en el blanco y negro, no creo en los para siempre ni los nunca, no creo en opresores y oprimidas, víctimas y verdugos. Esto no significa que no existan las luchas de poder, las humillaciones ni los malos tratos, los actos solidarios ni empáticos... Existen y los vivimos. Pero no son solo eso, no somos solo eso. Somos todo, todo el rato.

La división del mundo en dos tiene sus beneficios, pero como todo polo necesita de su opuesto, también tiene su lado perjudicial. La lucha por el reconocimiento del dolor ocupa muchas páginas de nuestro día a día. Las que nos consideramos maltratadas por el sistema reclamamos nuestro derecho al dolor y exigimos responsabilidades. Las que se sienten perseguidas por su ideología denuncian la persecución que viven, las que se sienten amenazadas por las personas que piensan y se expresan, sacan a sus “matones” con uniformes a callar a las multitudes. En definitiva, seguimos dividiendo el mundo en buenas y malos, buenos y malas.

 

"También somos lo que no nos gusta, pero eso no nos condena"

 

El daño no reconocido ni nombrado nos está matando por dentro. Las mujeres hemos sufrido todo tipo de humillaciones, desprecios, maltratos, agresiones, no nombradas ni reconocidas durante toda la historia. Y eso tiene sus repercusiones y las vivimos en nuestros cuerpos y lo arrastramos en la memoria. Queremos que nos reconozcan, que ellos reconozcan el dolor causado y hacerles ver que sigue pasando. Y muchas veces, nos vemos a nosotras mismas como víctimas. Víctimas del sistema heteropatriarcal, de los hombres, del sistema laboral, del neoliberalismo, del clasismo y del racismo.Somos afectadas por todo lo nombrado, de eso no hay duda y quien lo haga que no siga leyendo.

Las personas reacias a admitir este hecho deben ser calificadas como poco, insensatas. Pero me pregunto si la mejor estrategia para exigir el reconocimiento sea la victimización. Y mi respuesta es NO. Tengo la suerte de trabajar rodeada de niñas y niños, digo suerte porque es lo más puro que he encontrado en este mundo lleno de máscaras. Mi experiencia me dice que condenar a una niña como víctima no le hace fuerte, ni responsable de su vida. La convertimos en dependiente del mundo, porque la pobrecita necesita ayuda para todo, es víctima de algo ajeno a ella y por tanto, la solución no está dentro de ella, sino que sigue estando fuera.

 

"La culpa no nos lleva a ningún lugar, solo al juicio y al inmovilismo"

 

Por otro lado, he podido comprobar que ofrecerle diferentes herramientas para que puedan defenderse es lo que les hace ser fuertes y autónomas. Darles el permiso para defenderse es lo que les da fuerza, porque entienden que puedes hacerle daño pero que ella puede ponerle solución, porque ella puede hacer algo para cambiar lo que le pasa dentro. Luchar para que lo de fuera cambie es imprescindible y en mi humilde opinión, tenemos que seguir haciéndolo por las que estamos, las que estuvieron y las que vienen. Pero mientras tanto, sentirnos con suficiente poder para cambiar nuestras propias realidades, puede que cambie mucho más de lo que pensamos.

 

"Mi experiencia me dice que condenar a una niña como víctima no le hace fuerte, ni responsable de su vida. He podido comprobar que ofrecerle diferentes herramientas para que puedan defenderse es lo que les hace ser fuertes y autónomas"

 

Ser víctimas significa no poder hacer nada para cambiarlo, la no responsabilidad de nuestras vidas. Y yo no quiero depender de los demás para ser feliz. Seguiré recibiendo agresiones por la clasificación que me han hecho, seguiré viviendo las injusticias que completan el mundo, pero no seré víctima de nadie más que de mí misma. La culpa no nos lleva a ningún lugar, solo al juicio y al inmovilismo. Nuestro sistema judicial sigue basándose en este binomio; en culpables e inocentes. Sigue utilizando la estrategia del castigo como modo educativo. Sabemos que los castigos no educan, solo enseñan a tener miedo. Tú tienes la culpa y por ello te castigo y a ti te han hecho daño así que eres la víctima. Los castigos no curan, solo silencian.

Juzgar individuos es absurdo, no somos solas, sino somos en relación. Las relaciones son las que están contaminadas y cada una de nosotras establece dichas relaciones. Todas somos parte del problema y por tanto también de la solución. No se trata de condenar, se trata de responsabilizarnos. Al menos, hagamos lo que está en nuestras manos. Si una cambia, todo cambia.

 

De Peculiares

La prueba del ‘algoDom’

“Hoy quiero agradecer la denuncia pública vía Twitter que hizo @BitchciousDoll de los ‘consejos’ que daba ‘un ser’ en Fetlife y aprovechar para traer un artículo que nos guíe en el sentido opuesto"

Norma J. Brau

14 de noviembre de 2017

Las redes no se incendiaron. Es lo que tiene pertenecer al lado oculto del deseo. Hay que conseguir muchos followers para que los problemas de tu comunidad importen y trasciendan. Y hace falta aún más ruido para que se genere debate y los problemas de algunas personas sean considerados problemas que importan a todo el mundo.

Sin embargo, quedamos en el mundo amantes de las causas perdidas que no sabemos callar ni bajo el agua. Amantes como yo que hoy quiero agradecer la denuncia pública vía Twitter que hizo @BitchciousDoll de los ‘consejos’ que daba ‘un ser’ en Fetlife y aprovechar para traer un artículo que nos guíe en el sentido opuesto.

Este artículo lo quiero dedicar a todas las personas que estáis asomando la cabecilla por el BDSM y estáis llenas de dudas, a quienes lamentablemente os habéis llevado malos tragos en el mundillo y a quienes, como la ya mencionada, os esforzáis porque el abuso no se venda como BDSM.

No sé si hay mucho o hay poco, pero hay demasiado Dom (hombre dominante dentro del BDSM) de pacotilla, mucho Greyfusito. Supongo que a esta horrible saga que normalizaba las relaciones de poder (y no los juegos de poder en las relaciones) le debemos parte del mérito.

El hecho de que sea un exceso, no es una cuestión estadística. Porque da igual 8 que 80, una sola persona que utilice el BDSM como disfraz de sus relaciones abusivas y tóxicas ya es suficiente mal para una comunidad que aún vive en cierta invisibilidad. Y si en lugar de una sola persona, es un solo hombre, las relaciones de poder existentes a nivel social seguramente hagan el riesgo de daño aún mayor.

Por ello, igual que los Greyfusitos patriarcales dan sus ‘tutorías’ a bien de ‘instruirnos’ a las nuevas generaciones, yo también me animo a dar unas ‘pautitas’ con este artículo que he llamado: ‘La prueba del algoDom’ o‘Cómo saber si le va el BDSM o simplemente abusa’.

He aquí cuatro pautas mágicas para saber si estás ante una persona realmente BDSMera o una persona tóxica y abusadora. Cómo saber si estás siendo víctima de un engaño o estafa:

1. Si te va a enseñar lo que es el BDSM

Si te canta como Aladdin: “yo te quiero mostrar, un fantástico mundo, ven, princesa y deja a tu corazón soñar”. Grita ¡NEXT! Pero grítalo fuertecito.

Claro que quien lleva más años (tenga el rol que tenga) algo de latín sabe, que sabe más el diablo por viejo que por diablo. Pero desconfía de quien cuyo gran y único argumento es ése y quien pretende usar ese argumento para invalidar tus ideas, opiniones y apetencias.

Cada cual descubre qué es el BDSM porque cada persona en cada momento de su vida tiene una forma de vivirlo. El BDSM de cada cual se descubre y construye entre todas las personas que conformen el encuentro o la relación.

2. Si te dice que a tu rol le corresponde una acción

Otro maravilloso indicador de no entender de qué va esto es decir que a cada rol le van unas cuestiones u otras. Si te encuentras con alguien que hace frases como: ‘las sumisas siempre deben…’, ‘los Doms nunca…’… Mejor darle una palmadita en la espalda y pasar.

De hecho, es muy probable que quienes hagan frases así cortocircuiten al pensar en tías Dom, tíos sub o en relaciones homo, personas no binarias, etc. Sus patriarcales mentes no pueden asumir modelos más allá del que desean.

3. Si te dice que los mimos son solo para las personas vainilla

Si oyes algo así, ¡HUYE! Los encuentros, las sesiones y las relaciones BDSM son muy intensas. Ello nos puede llevar a todo tipo de emociones y es responsabilidad de quienes participan hacerse cargo de sus necesidades y de las de las personas que se prestan a los roles de sumisión. Ya que son quienes se empapan de la intensidad física, emocional, de todo ello.

Está claro que cada cual decide qué tipo de cuidado posterior (o aftercare) necesita, durante cuánto tiempo y si algún día quiere rechazarlo, pero no va a ser quien de partida no lo requiere quien lo niegue o lo condicione. Ni de palo.

4. Si no te deja opinar sobre cómo ha ido

‘Has sido una chica buena’. Ok, como frase muy graciosa y excitante, pero hasta ahí. Que no es ceñirse a un rol lo que hace que todo vaya bien. Porque la cuestión no es cumplir, sino divertirse y crecer. Haber disfrutado y sentir satisfacción. Esa es la única prueba de que todo ha ido bien: la satisfacción de todas sus partes y que las prácticas hayan sido consensuadas.

 

Por tanto:

Cállate cuando a ti te apetezca

Explora lo que te llame y échale freno a lo que no

Exige cuidados

¡Y que te quiten lo bailao!

 

Si no acepta estos mínimos, es que es sólo ‘algoDom’, es decir, que lo parece pero NO.

Si denunciamos los abusos y construimos espacios seguros, quienes buscan usar el BDSM como disfraz para sus abusos ¡tendrán los días contados!

 

De Peculiares

Del mal-llamado ‘sado-maso’ y el lado oscuro de la erótica

“Hay tanta diversidad de modelos de BDSM como personas,
escenas y situaciones bedesemeras’ que se den”

Norma J. Brau

23 de octubre de 2017

Si sois más ‘bastos que un arao’ o personas ajenas al fenómeno Cincuenta sombras de Grey, las siglas BDSM os dejarán un poco fríos. Pero si os digo ‘sado-maso’ o, el aún más resumido, ‘sado’ nos hemos entendido todos. Sin embargo, ¿cuánto nos hemos entendido? Seguramente, con los profanos del mundillo, más bien poco.

Algunas muestras de diversidad de la sexualidad humana siguen levantando ampollitas, resquemores y desconfianzas. Incluso prejuicios y condenas. Todo porque seguimos siendo mucho más tradicionales de lo que pensamos y restringimos el placer a determinadas fórmulas y partes del cuerpo. Pero ése no es el tema hoy. El tema es el BDSM.

Bondage-Disciplina / Dominación-Sumisión / Sadismo-Masoquismo

Podríamos escribir ríos de tinta cibernética de las complejidades de cada concepto de estas siglas, pero tampoco vamos a ir hoy spoileándolo todo. Hoy solo quiero introduciros cinco ideas clave para entender el BDSM:

1. Como todo juego erótico tiene sus jugadores, sus reglas, sus tableros y ritmos 

Vaya tontería, pensaréis. Pero no lo es tanto.

Muchas veces la ignorancia lleva a pensar en situaciones de esclavitud total donde quien obedece no dice ni pío y quien manda parte y reparte. Pero no, es un juego y la gran ventaja de los juegos eróticos (porque si no son recíprocos ya no son juegos, sino agresiones y otro tipo de abusos) es que son muy paritarios. Quienes participan lo definen, lo construyen y lo remodelan, para que les vaya como un guante.

 

2. Algo más que 'follar duro' 0 'con un par de cachetadas'...o no

Insistimos y vamos un pasito más allá de la idea anterior. Hay tanta diversidad de modelos de BDSM como personas, escenas y situaciones ‘bedesemeras’ se den. La definición final de la relación BDSM que se construya será fruto de los acuerdos y consensos de las personas participantes en la misma.

Hay quienes son felices en un formato de sesión o encuentro, hay quienes necesitan que se expanda en la relación, hay quienes lo amplían a un 24/7 (24 horas al día, 7 días a la semana)… Igual que hay quienes ponen en juego algunas partes de la anatomía y no otras o quienes se limitan a determinados estímulos o excluyen por completo otros. Para gustos, colores.

 

3. El BDSM NO es maltrato 

Repitámoslo, por si acaso no se ha entendido: NO es maltrato, NO es maltrato, NO es maltrato. No obstante, no es el mero consenso de las partes lo que diferencia el BDSM del maltrato. La reciprocidad de quienes participan y la satisfacción son otros dos factores clave.

Os haré una comparación algo estrambótica pero sencilla. Adoro los gatos. Me encantan. O sea, me enamoran. Soy la crazy cat lady. Pues bien, por más que me empeñe en querer a un peluche de gato difícilmente esa relación será recíproca y satisfactoria. ¿Que son fáciles de confundir? ¡Claro que sí! Especialmente si el peluche es muy bueno o si tengo muchas dioptrías; pero no son lo mismo.

¿Qué es lo peor? Que por mojigatería nos hemos centrado más en prohibir para evitar supuestos y posibles males mayores que en pensar en lo siguiente: ¿y si doy pautas de prevención para la identificación de conductas tóxicas o abusivas?¿Y si me encargo de empoderar a quienes disfrutan de ello para que sea plenamente satisfactorio?¿Y si le doy a la gente gafas para ver la diferencia entre el BDSM y el maltrato? Algunos dirán, ¿cómo? Yo lo tengo claro: con sexología.

 

4. No te preguntes por dónde empezar porque tal vez ya hayas empezado

¿Quién no se ha sentido jamás intimidado en algún ámbito de la sexualidad? Pues cuando le va el lado oscuro del deseo pasa igual o más. Hay cierta creencia de que la gente nace sabiendo, especialmente, en algunos ambientes sibaritas y el mundo del BDSM no iba a estar exento de esa soberbia. Pero, Keep Calm.

Has tenido tus deseos, has tenido tus pinitos, tal vez hasta tus sesiones o encuentros. No tengas prisa por la perfección y ve sumergiéndote poco a poco. Yo te recomiendo el triple ‘CON’: CONocimiento, CONfianza y CONsentimiento. Y ya si le pones un ‘AUTO’ por delante, lo bordas. ‘Caminante, no hay camino, se hace camino al andar’.

 

5. Porqué insisto en llamarlo lado oscuro del deseo 

Después de esta actitud aperturista, que linda tal vez entre el cultivo y cierta permisividad (estratégica, más que activista), me podríais preguntar tranquilamente: ¿y por qué carajo seguir hablando del lado oscuro del deseo? Pues porque lo es.

No porque haya oscuridad obligatoriamente. De hecho, el BDSM va bastante más allá de sitios oscuros y tenebrosos llenos de máquinas de tortura. Es más, esto tiene más que ver con la paja mental que nos montamos en la cabeza cuando desconocemos el mundillo.

Pero, precisamente por ello, sigue siendo el lado oscuro del deseo. Sigue siendo algo que no se comenta entre birras, sigue siendo algo que quienes lo practican y quienes lo viven lo hacen con discreción, a veces hasta secretismo… sigue siendo ese lado desconocido, inexplorado e ignorado públicamente del deseo.

 

"Yo te recomiendo el triple ‘CON’: CONocimiento, CONfianza y CONsentimiento. Y ya si le pones un ‘AUTO’ por delante, lo bordas"

 

Cosa que, dicha sea de paso, sólo puede ser para nuestra desgracia. Ya que, en la sexualidad, la ignorancia, rarísima vez nos da la felicidad.

Como veis, el BDSM tiene mil y una complejidades. De las cuales aún unas cuantas tengo por descubrir, explorar, disfrutar y, lo más importante, casi todas ellas, por compartir con ustedes, seres lectores. Pero es importante que vayamos limpiando esa imagen tan bizarra generada por el desconocimiento y nos acerquemos más a esa realidad cotidiana que realmente es. Pues el BDSM no es más que otra manera más de desear, expresar deseo y disfrutar.

De Peculiares

La transexualidad se sigue tratando como una patología

 Chrysallis EH, la Asociación de familias de menores en situación de transexualidad, denuncia la situación crítica en la que se encuentran los adolescentes que necesitan acceso a tratamientos hormonales

21 de octubre de 2017

Chrysallis Euskal Herria

Con motivo del Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans, Chrysallis Euskal Herria quiere recordar que en la Unidad de Genero de la Comunidad Autónoma Vasca, ubicada en el Hospital de Cruces, continúa patologizando la transexualidad, haciendo caso omiso a las directrices de la Guía de atención integral a las personas en situación de transexualidad editada por el Gobierno Vasco en 2016. Quienes acuden a este servicio quedan a merced de un psiquiatra que determinará si se le da o no el tratamiento solicitado según sus criterios diagnósticos basados en el DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

Las familias de menores en situación de transexualidad sabemos que nuestros hijos e hijas no sufren ningún trastorno mental y que la identidad no se puede diagnosticar. Por ello solicitamos un modelo de atención sanitaria semejante al del servicio Transit, centro de referencia de la sanidad pública catalana para la atención a la salud de las personas trans. Este modelo, que está basado en la atención primaria, atiende las necesidades de la persona y donde el acceso a los tratamientos requeridos no depende de la aprobación de un psiquiatra, ha servido de referencia para el diseño del nuevo servicio de atención para personas transexuales que pronto verá la luz dentro de los Servicios de Salud de la Comunidad Foral de Navarra.

En estos momentos en la CAV hay menores transexuales que están acudiendo a la unidad de Cruces y cuyas necesidades no están siendo atendidas. En el caso de algunos adolescentes que solicitan con urgencia bloqueadores o tratamientos de hormonación para evitar el desarrollo de caracteres sexuales no deseados, se les está dando cita a seis meses vista, lo que está generando gran sufrimiento e incluso en algunos casos les está llevando a plantearse si quieren vivir.

Al igual que en su día sucedió con otros colectivos, deseamos que las personas transexuales dejen de ser tratadas como enfermos mentales y que la condición de nuestros hijos e hijas se entienda como lo que es: un hecho más de diversidad. Exigimos que los servicios públicos de salud atiendan las necesidades de las personas transexuales, sin tutelas psiquiátricas, en igualdad de condiciones que el resto de la población.

De Peculiares

La patologización perjudica seriamente su salud

“El poder que tienen los diagnósticos en nuestras vidas es inconmensurable; una sola idea, una palabra, una etiqueta, te puede condicionar toda tu vida” 

Maitena Usabiaga Sarasua

4 de abril de 2019

La tendencia actual parece mostrar que la patologización de la vida cotidiana está de moda. Hemos interiorizado la presencia de los diagnósticos en nuestras vidas, aquellos que son capaces de describir cada comportamiento cotidiano y enjuiciarlo. Es sabido el poder que tienen los diagnósticos en nuestras vidas. Una sola idea, una palabra, una etiqueta, te puede condicionar toda tu vida. Son como moscas que te persiguen a lo largo de tu camino y aunque intentes espantarlas, no se van. Y cómo no, nuestro terreno no se libra de tales crímenes.

la patologización

El DSM, manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, se ha encargado también de realizar diagnósticos en torno a los deseos, prácticas y capacidades convirtiéndolos en parafilias, disfunciones y perversiones. Como dijo Rubin (1989); “El DSM viene a ser un mapa bastante fiable de la jerarquía moral de las actividades sexuales”, así que conocerlo nos ayuda a entender(nos). Lo que se pretende con este libro de celdas es regular el deseo y estandarizar el placer, marcar una línea rígida y gruesa entre lo que está permitido y lo que no.

Estas líneas invisibles penetran hasta el fondo de nuestras creencias e influyen en nuestra visión del mundo, nos convertimos en juezas y/o curas –a veces me cuesta distinguirlos–. Hemos dejado que este manual y sus mesías nos digan cómo hay que ser, sentir, hacer, pensar, desear... y nos lo hemos creído. Mezclamos deseos con actos, actos con crímenes, crímenes con enfermedades.

 

“Mezclamos deseos con actos, actos con crímenes, crímenes con enfermedades”

 

Muchos colectivos, movimientos sociales, críticas del pensamiento y  un largo etcétera, conscientes de las repercusiones de estas cárceles identitarias, han comenzado a reclamar un proceso de despatoligización. La patologización no nos ha traído más que represión, aislamiento, exclusión, desconocimiento, miedo, soledad, incomprensión... y esta es la verdadera razón del malestar de tantas mujeres, hombres, niñas, niños... Todas las que se han quedado fuera de esa línea están condenadas a modificar(se), defender(se), culpabilizar(se), adaptar(se). 

Ahora estamos nombrando a muchas que se han quedado fuera, las mencionamos y hacemos que existan, como la homosexualidad, el lesbianismo, la transexualidad. Nos hemos apropiado de muchas etiquetas que nos condenaban para reafirmarnos en quienes somos. Pero por desgracia sigue habiendo muchas más patologías que siguen siéndolo en el imaginario colectivo. Seguimos manteniendo esas líneas rojas, marginando peculiaridades, desautorizando deseos, invisibilizando realidades.

 

“Seguimos manteniendo esas líneas rojas, marginando peculiaridades, desautorizando deseos, invisibilizando realidades”

 

Nuestros dilemas morales nos calan por dentro y, aunque parece que para algunas realidades estamos más abiertas a la comprensión y al saber, sigue habiendo puertas que ni siquiera queremos saber de su existencia y mucho menos que estén entreabiertas para ver qué hay detrás de ellas. Aquí es donde nos encontramos con un dilema.

Si estoy a favor de la despatologización, ¿lo estoy para sólo algunos o para todos? ¿Dónde pongo la línea roja? ¿Tiene que haber línea roja? ¿Qué pasa con los llamados viejos verdes? ¿Tengo que dejar que un vouyeur disfrute mirándome? Tengo la impresión de que sabemos muy bien lo que NO queremos, pero no tenemos ni idea de lo que SÍ queremos y cómo lo queremos.

 

¿Dónde pongo la línea roja? ¿Tiene que haber línea roja? ¿Qué pasa con los llamados viejos verdes? ¿Tengo que dejar que un vouyeur disfrute mirándome?

 

Lo que sí sabemos es que los métodos empleados para controlar los deseos no son efectivos porque no consiguen cambiar la naturaleza de los mismos; solo sirven para reprimir, para limitar su puesta en escena. Los deseos no son condenables ni patologizables: tienen su lógica, son cambiantes y altamente variados. Probemos a conocerlos y hablar de ellos, porque hacer como si no existieran no hace que desaparezcan. Para ello es necesario dejar de mencionar solo algunos de ellos como los legítimos, sanos, naturales, normales... Podemos mencionar, nombrar los deseos y hacer que existan y convivir con ellos. La convivencia no se basa en la exclusión.

De Peculiares

¿Soy normal?

"Hemos dejado que las peculiaridades, la diversidad, queden ocultas tras un velo médico, jurídico, moral..." 

Melanie Quintana

3 de octubre de 2017

Nos hemos convertido en curas, abogados y jueces. Individuos que dicen lo que está bien o mal, lo que moralmente es bueno o malo, lo que legalmente nos va a condenar a la cárcel o no, lo que nos llevará a un manicomio o debajo de un puente. La sociedad, nuestra biología, la cultura a la que pertenecemos, incluso nuestra economía, nos ha impulsado a la horrible idea de que existe la normalidad. Nos ha llevado a la obligada obligación de diferenciar lo bueno, lo beneficioso, lo sano… de lo malo, lo nocivo. Lo patológico.

 

Es así como hemos dejado que las peculiaridades, la diversidad, quede oculta tras un velo médico, jurídico, moral... Nacemos únicos, no normales. Puede que deseemos un zapato de tacón, una silla de ruedas, ver cuerpos desnudos, enseñar el nuestro, dar y recibir, podemos desear un animal, incluso algo que se consideré extraño o asqueroso, fantasear con ello o hacerlo realidad. Eso es diversidad, eso es identidad, es peculiaridad, es único, es propio de cada uno: es nuestro.

Me uno a la reivindicación que este año está haciendo el Salón Erótico de Barcelona: diversidad y libertad, libertad y respeto. Con un increíble spot dirigido una vez más por Carles Valdés. Me uno a la defensa contra los juicios de valor, las censuras y la represión. Porque ¿qué es ser normal? ¿Acaso existe una definición concreta y exacta? ¿Quiénes somos nosotros para catalogar, para juzgar, para normativizar? 

 

"Puede que deseemos un zapato de tacón, una silla de ruedas, ver cuerpos desnudos, enseñar el nuestro, dar y recibir, desear un animal o incluso algo que se considere extraño o asqueroso" 

 

¿Qué pasaría si dejáramos de preguntarnos si somos normales? ¿Si olvidáramos los términos que traemos con nosotros en la mochila? ¿Si descubriéramos el mundo, a nosotros mismos, a los demás? ¿Qué pasaría si pasáramos de quedarnos quietos, sentados en un atril, con un mazo en la mano? Porque no nos engañemos, ¿qué es ser normal?

Normal es tener la libertad de decidir quién queremos ser, a quién queremos amar, a qué no queremos renunciar. Normal es que podamos expresarnos sin censuras, sin miedo a ser juzgados. Normal es compartir nuestra felicidad sin miedo a que no nos entiendan. Normal es querer conocer, experimentar y probar sabores, olores, texturas, sin miedo a ser sentenciados.

Normal es que te preguntes, ¿soy normal?

 

 

 

 

 

 

 

De Peculiares

Lanzamiento de la revista Somos Peculiares

23 de septiembre de 2017

Sexología y Periodismo. Periodismo y Sexología. Hay quien considera que son dos fuerzas antagónicas, opuestas, antitéticas. Sobre todo así lo piensan algunos profesionales de la Sexología, principalmente porque en su interacción con los profesionales de la Información han salido escaldados en más de una ocasión. Pero también porque la mayoría de los periodistas –por no decir prácticamente la totalidad de ellos– ni siquiera se paran ya no a reflexionar en el binomio Sexología y Periodismo, sino a considerarlo como algo pensable digno de ser pensado y ponderado.

Este supuesto antagonismo parte de algunas diferencias de base que existen entre los profesionales de la Sexología y los profesionales de la Información. Al fin y al cabo, sexólogos y periodistas provienen de formaciones diferentes –mientras que los primeros han estudiado Sexología, los segundos han cursado Periodismo–, se dedican profesionalmente a ocupaciones diferentes –tanto que unos se deben a la educación de los sexos, el asesoramiento sexual y la terapia de pareja, los otros trabajan en labores de comunicación, de transmisión de la información y de divulgación–, suelen moverse e interesarse sobre entornos y realidades diferentes –cuanto que unos centran su atención en el ámbito de lo privado y lo irracional, los otros discurren sobre el espacio de lo público y lo racional– y tienen claramente objetivos diferentes –al tiempo que unos buscan relativizar, considerar realidades subjetivas y fomentar la aceptación y el respeto, los otros persiguen concretar, ensalzar una realidad objetiva y juzgar o crear opinión habitualmente reactiva–. Es decir: de compartir a combatir.

Sin embargo, que estas diferencias de base a día de hoy dificulten la colaboración y las sinergias entre la Sexología y el Periodismo no significa que el hecho de estudio de la primera –el Sexo– no se cuele en las plataformas y canales del segundo –los Medios de Comunicación–. Tal es así que, aunque gran parte de los periodistas denuesten y reduzcan el amplio significado de la clave epistemológica del sex a su mínima expresión, banalizando en el mejor de los casos el Sexo y en otras ocasiones arremetiendo contra él o incluso eliminándole consciente y concienzudamente de su agenda informativa, este siempre está presente de una u otra manera.

A todo esto se suma que vivimos en un mundo de dicotomías, de disyunciones, de mazdeísmos heredados de épocas remotas que se han hecho historia y, desgraciadamente, continúan siendo parte de nuestras historias. También de obligaciones, de imposiciones, de opresiones y represiones. Del deber ser, del tener que, del hay que, de infinidad de prescripciones homogenizadoras que nos roban nuestra esencia, nos estirpan nuestras diferencias y nos enfrentan con nosotros y entre nosotros.

Todo esto no hace sino interpelarnos a explorar y cartografiar un territorio que requiere urgentemente nuevos mapas actualizados al siglo XXI. Hablamos de una geografía propia, compleja, ancestral, repleta de riquezas prohibidas por algunos, explorada de puntillas desde los miedos por otros, que durante largo tiempo ha permanecido cubierta por un denso y tormentoso manto de nubes y relegada al ámbito de lo espurio. Hablamos de la sexualidad.

Como diría Joserra Landarroitajauregi, nunca habrá un solo territorio que se parezca, ni siquiera mínimamente, al mapa que lo representa. Sin embargo, todos los buenos mapas son excelentes representaciones de los territorios a los que representan. Desgraciadamente, en pleno siglo XXI, la sociedad occidental todavía continúa sin poseer buenos mapas sobre sexualidad, por lo que ni se parecen ni representan adecuadamente a aquello que dicen representar.

Ante este panorama, Somos Peculiares surge con dos objetivos principales. El primero, ejercer de puente entre el saber sexológico y la sociedad a través del Periodismo. Esto significa contribuir a buscar, recopilar, mostrar y divulgar con rigor y honestidad diferentes claves, realidades y formas de vivir(se) para fomentar (inter)relación más comprensiva, placentera y sinérgica entre los sexos.

Pero también pretende poner en valor el conocimiento sexológico y crear una red de profesionales de la Sexología y la Información comprometidos con la divulgación de la ciencia de los sexos. Porque un mayor saber sexológico no eliminará todos los motivos de confrontación, pero sí que ayudará a trascender muchos de ellos, contribuirá a construir una sociedad más tolerante y respetuosa y, además, mitigará las consecuencias negativas de aquellos asuntos que sean inevitables.

Efigenio Amezúa, decano de la Sexología Sustantiva en el Estado español, critica en su Educación de los sexos (2001) que «el bombardeo de los grandes titulares sobre el sexo ha hecho olvidar que existe la letra pequeña de los sexos». Esta afirmación es verdad. Pero no lo es menos, tal y como se expone en Las nociones del sexo detrás de las noticias (Olveira, 2017), que «la letra pequeña de los sexos ha obviado que existen los grandes titulares».

Somos peculiares. No es una opinión; es un hecho. Todas las personas, de la primera a la última, somos diferentes, somos únicas, somos peculiares. Desde que nacemos hasta que morimos ese algo que nos hace brillar, que nos diferencias de los demás, nos acompaña. Ese algo es el sexo. Porque si algo es el sexo es diferencia y diversidad.

De Peculiares

Lo personal es politizado… y ¡hay que defenderlo!

"Son muchas las personas peleándose con sus propios deseos porque no son suficientemente tal o porque son demasiado cual, porque no deberían de ser o porque, directamente, no son..." 

Borja Muñoz Arrastia

23 de septiembre de 2017

Lo personal es político. Esta es la frase con la que Kate Millet abanderó los inicios del feminismo radical y que a día de hoy nos está trayendo algunos líos. Lo personal es, de hecho, politizable y, de facto, politizado. Esta circunstancia es de sobra consensuada y no requiere de justificación alguna. A nadie se le escapa, como no se le escapó a Kate Millet y bien nos apuntó Foucault que los mecanismos del poder han ido, cada vez más, adentrándose hasta lo más íntimo de la persona. A través de la moral y de ideologías de uno y otro signo, nuestras vidas, cuerpos, relaciones, etc., han tratado de ser moldeadas según criterios ajenos a la libre elección. Pero, ¿estamos acaso condenadxs a la manipulación de nuestra individualidad? Lxs católicxs al menos dejaban un resquicio con eso del libre arbitrio, pero parece ser que a día de hoy ni eso nos queda, nadie puede esconderse en el panóptico.

¿Llevamos la lujuria dentro? ¿Nacemos con el germen del pecado y por ello necesitamos ser reconducidos? O, por el contrario, ¿somos meros productos del patriarcado? ¿De la publicidad? ¿De la Iglesia? ¿Estamos preprogramadxs o somos tabula rasa? Estas preguntas responden a la idea cartesiana de naturaleza vs cultura, una idea dualista que no hace justicia a la complejidad del proceso biográfico de cada individuo. Nuestras culturas son el producto de nuestra naturaleza humana, por lo tanto, naturales. Y solo desde la cultura podemos hacernos una idea de lo que consideramos natural o lo que no. Una no es sin la otra, porque de hecho, no son dos cosas.  Las personas no somos naturaleza o cultura, somos el resultado de la interacción de un sinfín de factores materializados en historias de vida, en biografías de las que somos sujetos activos. Por supuesto influenciados, pero también influyentes y con capacidad de agencia.

 

"Las personas no somos naturaleza o cultura, somos el resultado de la interacción de un sinfín de factores materializados en historias de vida, en biografías de las que somos sujetos activos" 

 

Toda lucha que hable en nombre de la libertad, de la libertad de quien sea (mujeres, marikas, bolleras, trans, poliamorosxs...) ha de saber defender la libertad de cada mujer, de cada marika, de cada bollera, etc., de ser, como agentes activos de la construcción de su porvenir, la mujer, marika o bollera que le dé la gana y como le dé la gana, o buenamente pueda, y no crear nuevos patrones homogenizadores para cada uno de sus nichos. Y así mismo, cerciorarse de que en nuestros encuentros tengamos claro cómo se le mete el dedo en el ojo al Gran Hermano para que podamos hacer uso pleno de nuestras incoherencias sin jueces ni juezas.

 

"El infantilismo con el que se nos viene haciendo la cama, diciéndonos cómo hay o no hay que usarla, hace de nosotrxs una suerte de peleles a merced de quien grite más alto (o más cerca)" 

 

Se suele decir que una mancha de mora con otra verde se quita, pero una mancha de moral, de esas morales que lo dejan todo perdido, que no dejan títere con cabeza, ¿cuál será la moral verde con la que limpiemos sus desastres? ¿Será una moral morada? ¿Rosa? ¿Negra? De nada nos sirve un quítate tú para ponerme yo. El infantilismo con el que se nos viene haciendo la cama (y diciéndonos cómo hay que –o no hay que– usarla) hace de nosotrxs una suerte de peleles a merced de quien grite más alto (o más cerca).

Los campos de batalla son muchos y variados. Sin embargo, en nuestra intimidad seremos nosotras y nosotros quienes decidiremos en cuáles nos metemos y en cuáles no, o incluso en cuáles nos inspiraremos para sacar diferentes ideas amatóricas. Son muchas las personas peleándose con sus propios deseos porque no son suficientemente tal o porque son demasiado cual, porque no deberían de ser o porque, directamente, no son... desde aquí les diría, que el marco de referencia para los deseos de cada cual, no puede ser otro que cada cual mismo.

 

"Ante la aparente imposibilidad de no crear marcos normativos ni morales sexuales, sigamos inyectándole desorden al orden hasta que lo inmoral sea cuestionar la libre vivencia de nuestros quereres eróticos" 

 

Así pues, este textín se enarbola en defensa de la intimidad. La defensa de la individualidad de cada sujeto y de la unicidad de cada encuentro íntimo como único medio de preservar la diversidad de nuestras vivencias. Es por esto, que considero como papel fundamental de una sexología combativa acabar con todo intento de injerencia intimista, sea del color que sea, sea en forma de imperativo o de consejo, por nuestro control o por nuestra salvación. Ante la aparente imposibilidad de no crear marcos normativos ni morales sexuales, sigamos inyectándole desorden al orden hasta que lo inmoral sea cuestionar la libre vivencia de nuestros quereres eróticos.

 

 

 

De Peculiares

¿Qué es Educación Sexual?

Melanie Quintana

Hay preguntas que nos hacen plantearnos cosas. Otras que nos resuelven cosas. Hay algunas que te hacen pensar y luego están esas preguntas. Sí, esas a las que no sabemos responder.

Esas que te mueven tanto por dentro que por un segundo piensas que te van a destruir el cerebro de tanto pensar, de tanto descubrir, de tanta curiosidad. Esas que te generan más preguntas.

Con las ideas pasa lo mismo. Las hay de todo tipo: impuestas, adquiridas, copiadas, imitadas, restablecidas, renacidas, incoherentes, locas…Y luego están esas ideas, esas que te hacen crecer, esas que te cultivan.

Ya sé que buscáis la respuesta a la primera pregunta. No se me ha olvidado. Pues bien…imaginaros qué pasaría si metiéramos esas preguntas y esas ideas en un espacio como es el de un aula.

¿Queríais una respuesta concreta sobre qué es Educación Sexual? Yo os pregunto: ¿A caso la hay?

Si tuviera que dar alguna diría que es todo aquello que nos mueve y nos cultiva, en todo aquello que nos hace ser. Quizás acompañado de un método insight o método Socrático.

Un método que nos haga adquirir e interiorizar conceptos desde el cómo y no desde el qué. Un método que nos haga preguntarnos cosas y no darlas por hecho.

Sería algo así como esto que acabo de hacer. Dejaros con más preguntas que respuestas.

 

 

 

 

De Peculiares

Debes ser

"Las morales matan la diversidad, la dejan sin aliento
hasta ahogarla, la silencian, la castigan..."

Maitena Usabiaga 

23 de septiembre de 2017

Las expectativas nos acechan desde que salimos del vientre de nuestras madres. Las hay de mil tipos y colores: las que solo se visten de azul, las que van de rosa, las que son de talla única, las que nunca están contentas, las que nos hacen llorar... Incluso he oído que hay algunas muy indiscretas que entran en la cama, a tu lado. Sí, sí, sin consultar ni nada. Van desordenando todo lo que pillan y te deja ahí tirada, con todo el follón.

Hacerse expectativas es una tendencia bastante universal que consiste en construir ideas sobre lo que puede suceder: qué es lo que sucederá o cómo va a ser. Pero al lado de estas amigas que tanto nos mueven o nos remueven, hay muchas otras que a veces acompañan y nos ahogan. Hablo del así debe ser, así debo ser, así debes ser… del así deberíamos ser.

Justificamos nuestras expectativas utilizando multitud de razones. Algunas las consideramos francamente legítimas y coherentes. Otras, en cambio, pueden resultar débiles pero útiles en el momento vital que nos encontramos. Las maestras en el uso de los debe ser son las instituciones, las religiones, las ideologías...

 

"Las morales hacen que se establezcan criterios rígidos
sobre qué, cómo, dónde, con quién, cuándo... debemos ser"

 

Todas estas tienen como base pedagógica el contenido que le otorga la moral imperante, en nuestro caso la judeo-cristiana. Las morales hacen que se establezcan criterios rígidos sobre qué, cómo, dónde, con quién, cuándo... debemos ser. Los modelos a seguir se convierten en objetivos para el resto de los mortales, hasta tal punto que podemos pasarnos la vida intentando ser alguien que no somos ni nunca seremos. Se esperan comportamientos, actitudes, estéticas, valores, prácticas... muy concretas de las mujeres y  los hombres.

Las morales matan la diversidad, la dejan sin aliento hasta ahogarla, la silencian, la castigan... Pero aunque no lo podáis creer, no han logrado alcanzar su objetivo. Es verdad que apuntan bastante bien pero no consiguen dar en el clavo. Siempre sale, brilla, se manifiesta, se enfada, nos alegra, nos entristece... La diversidad vive y la vivimos.

Si la diversidad, la autenticidad de cada una de nosotras/os es cierta, cultivémoslo como el valor que es.  Dar la oportunidad a que cada una sea, (se) sienta, (se) desee y (se) viva como pueda y/o quiera es lo más sensato que podemos hacer en este mundo lleno de insensateces.

 

"Somos peculiares, eres peculiar y, como dijo René Char, 
desarrollad vuestra legítima rareza
"

 

Somos peculiares, eres peculiar y como dijo René Char; desarrollad vuestra legítima rareza. No hay nadie como tú, ni lo habrá nunca. Somos únicas/os y estamos rodeadas/os de mujeres y hombres que también lo son. Dejemos de lado las expectativas y al deber y seamos, con nuestros enredos y líos, porque efectivamente los tendremos, pero seamos.