De Peculiares

Vidas Trans: La importancia de dar voz (libro)

24 de enero de 2020

Monica Leiva Olmo

Vidas trans es un libro publicado por la editorial Antipersona que desgrana las experiencias de cinco personas trans españolas en cinco ámbitos diferentes, concretamente en el entorno laboral, la educación, las redes sociales, la familia y pareja y el sistema médico, narradas en forma de ensayos breves, tejiendo desde su experiencia personal una memoria colectiva.

Las voces, o plumas en este caso, que participan en el libro son Alana Portero, Arnau Macías, Dario Gael Blanco, Cassandra Vera y Atenea Bioque. Personas de edades y vidas muy distintas y cuyo nexo en común son únicamente pertenecer al colectivo trans.

El libro se inicia con el recuerdo del 28 de junio de 1969 cuando se produjo la revuelta del bar Stonewall Inn que fue el inicio de la lucha LGTBI y se recuerda como el día del Orgullo en todo el mundo. Esta historia introductoria deja paso a las vidas de las y los protagonistas que conforman el libro.

En las diferentes biografías se ven reflejadas las enormes injusticias que sufren en su día a día. Unas injusticias que ya comienzan en la infancia. Para las personas trans crecer sin referentes positivos provoca que los niños y niñas vivan de una forma no deseada durante años hasta que consiguen la información necesaria para  transicionar, quedando profundas secuelas en la autoimagen y autoestima que afectarán en las relaciones con los demás. Así a partir de las vivencias personales se percibe que ser una persona trans en nuestra sociedad tiene consecuencias sobre la salud, la educación, el trabajo, las redes sociales y las relaciones personales.

Alana Portero nos cuenta las dificultades para acceder a un empleo digno y defiende que “gestos tan sencillos como adecuación de uniformes, vestuarios y baños” o la normalidad cuando el nombre oficial de la persona no corresponde con lo que se espera ya supondrían una mejora en la vida de estas personas que muchas veces se sienten tratadas como detritos.

Arnau Macías nos explica el infierno que vivió en su infancia y adolescencia como alumno en un colegio religioso en el cual los roles de género lo definían todo; baños, vestuarios, uniformes, actividades deportivas y como desde su pubertad intentó disimular los cambios que se producían en su cuerpo con ropa ancha y encogiendo los hombros. Todo ello acabó con una depresión que no pudo contar a nadie, ni tan siquiera a su madre que no entendía que le estaba sucediendo. Al final reza para que simplemente le dejen ser quien es.

Darío Gael Blanco reflexiona sobre las relaciones afectivas de las personas trans y propone la construcción de nuevas redes más allá del discurso dominante. La importancia que se da en nuestra sociedad a la familia y la pareja puede tener graves consecuencias para las personas trans si no cubren unos mínimos, cuestionando sus propios derechos ‘‘por no ser buen hijo, por no ser buena pareja’’ Por eso, reivindica la construcción de ‘‘nuevas alianzas, redes de cuidados y solidaridades’’ que no reproduzcan los viejos roles. Familia y pareja, sí, pero también amigos, vecinos, profesores y compañeros trans

Relacionarse en una sociedad marcada por la transfobia significa tener una presencia extrema en las redes y los medios de comunicación, desde la invisibilización a la burla como pudo experimentar Cassandra Vera tras hacerse viral unos “tuits” alusivos a Carrero Blanco. Y defiende que para dar una imagen más real sobre las vidas trans es de vital importancia dar voz a las propias personas trans

Y finalmente nivel médico, Atenea Bioque destaca la falta de formación de los profesionales de la salud respecto a la realidad trans. Todavía en la gran parte de comunidades autónomas domina la transfobia. Ella apuesta por que se les conozcan y vean como personas normales, más allá el prejuicio y la etiqueta.

Vidas Trans nos muestra que la experiencia de vida de las personas trans todavía está dominada por el miedo, el rechazo, la burla y el desdén de gran parte de la sociedad. Desde mi punto de vista este es un libro imprescindible para combatir la transfobia y conocer de primera mano a estas personas que lo único que piden es que ser tratadas como personas. En definitiva, un libro para empezar a conocer la realidad trans y su lucha por conseguir el respeto del resto de la sociedad.

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La doncella – The handmaiden

17 de enero de 2020

Yaiza Morales

The Handmaiden es un thriller psicológico y erótico coreano del año 2016. La película fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2016. En España la conocemos como La Doncella y es la adaptación cinematográfica  que hizo el director Park Chan-wook de la novela Fingersmith de Sarah Waters.

El libro trata sobre un affair lésbico en la Inglaterra Victoriana y pese a que el director de la película trasladó la escena a la Corea de los años 30; la escritora asegura que el retrato ha sido  fiel al libro. En palabras de la misma autora: “The Handmaiden convierte la pornografía en un espectáculo”.

La historia empieza como hemos dicho en los años 30, durante la colonización japonesa de Corea. Nos encontramos a una joven ladrona japonesa llamada Sookee,  que es enviada como criada a casa de una rica mujer japonesa, Hideko. Ésta, vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano; el marido de su tía ya fallecida. Sin destripar mucho la trama diremos que Sookee llega allí de la mano de un un estafador que se hace pasar por un conde japonés; el conde Fujiwara, que planea enamorar a la joven con la ayuda de Sookee (que a partir de ahora será la doncella privada de la chica) para más tarde encerrarla en un psiquiátrico haciéndola pasar por loca y así conseguir quedarse con toda su fortuna.

La película mezcla el gusto por lo estético, los libros y el arte con una sensual historia que se desarrolla de forma majestuosa en tres partes. Es de esas películas de doble visionado necesario para apreciar la sutilidad de los detalles estudiados al milímetro y que fácilmente pueden pasar de largo la primera vez. Está muy bien editada y los planos son muy estéticos y expresivos. Gran parte de la riqueza de esta película reside en el uso de los planos detalle, en los silencios, las miradas, los gestos, las respiraciones que dicen más que las propias palabras.

Ahora sí, una de las grandes cosas de estar editada en tres partes es que los giros de guión cobran un significado importante. Logran introducirlos y explicarlos con unos saltos en el tiempo muy bien escogidos y combinados con los pensamientos en voz alta de los protagonistas que hilan al más delicado y puro estilo asiático. Eso sí, es de esas películas en las que debes estar súper atento porque si no, en cualquier momento te puedes perder; así que si lo que queréis es una película para echar la siesta el domingo por la tarde, olvidaros.

A lo largo de la película se va desarrollando entre las dos protagonistas una relación que va del cuidado más maternal al deseo más pasional e inocente que hace que el juego de tensión entre el supuesto conde, la doncella y la señora nos haga meternos de lleno en la trama sin apenas darnos cuenta en un in crescendo muy elaborado.

Con frases como: “Las señoras son las muñequitas de las doncellas. Todos esos botones son para divertirme. Si desabrocho los botones y deshago los lazos, la dulzura que envuelven; esas cosas dulces y suaves… Si aún fuera carterista, deslizaría mi mano dentro…” evidencia un erotismo muy dulce y natural.

Pero lo más interesante de la película es el relato que hace de sexualidades diversas entrando por ejemplo en el mundo del BDSM con frases como “El dolor es un adorno”; y tocando temas como la dominación y la sumisión, el bondage, el voyeurismo, los fetiches y el spanking entre otros. Incluso tienen una palabra de seguridad: Maduro.

En el tema de los fetiches, resulta interesante las referencias tan bien escogidas que hace a lecturas como “La piel del lagarto”, libro de Junichiro Tanizaki que fue un autor de principios del siglo XX censurado por hablar de fetichismo, sadomasoquismo, travestismo, relaciones crueles y destructivas todo un aire muy erótico y sensual. La manera en la que la película crea prácticamente un paralelismo entre las lecturas que se van haciendo y lo que acontece en la escena por otro lado es magnífica. También cabe resaltar la cantidad de ilustraciones y obras de arte que aparecen, además de los libros y la biblioteca del tío que harían las delicias de cualquier adicto lector y de cualquier mente perversa.

Como broche final y tratando de no desvelar nada más, hacer especial mención al hecho de cómo el director consigue mostrarnos dos caras de una misma moneda de un modo tan perfectamente ligado y cómo el uso de elementos unificadores como unas bolas o unos cascabeles nos puedes llevar del momento más doloroso al más placentero con el simple sonido de un cling.

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¿Sirve cualquier vibrador para trabajar el suelo pélvico?

15 de enero de 2020

Juncal Altzugarai

Últimamente está tan de moda hablar del suelo pélvico como de los diversos juguetes sexuales que existen en el mercado. Lo que está claro es que hace tiempo que estos artefactos son mucho más fáciles de comprar, que hace años, y que, además, las personas que los venden están mucho más formadas y son capaces de aconsejar con mucha precisión sobre lo que necesitamos o queremos.

Por esta misma razón ha surgido todo un mundo de herramientas vibratorias tanto para nuestro placer, como para trabajar nuestra musculatura pélvica. Pero claro, el mercado es quien nos dice cosas como: este vibrador con esta forma concreta es para masturbarme; este otro, con esta otra forma es para trabajar por fuera de mi vulva; este otro es sólo para currar mi suelo pélvico desde mi vagina; y así, nos juntamos con varios dispositivos, que, aunque tengan una forma similar y movimientos vibratorios parecidos, dejamos que cada cual cumpla la función para la que viene destinado, porque, por ejemplo, viene escrito en la caja, o lo he comprado en una farmacia.

Pues resulta que existe una buena noticia para quienes no queréis acumular cacharritos vibratorios en vuestros cajones y para los que no os queráis gastar una pasta: los vibradores sirven tanto para masturbarnos como para trabajar el suelo pélvico (¡así, como lo lees!). Sólo es importante atender al tipo de vibración y saber qué queremos trabajar.

Comencemos hablando de la forma de los vibradores. Sabemos que en su mayoría son de forma fálica, pero existen además en forma de huevito, de bala, incluso de mariposa o patito. Los que van a ser más versátiles a la hora de realizar ejercicios terapéuticos, serán los de forma más o menos fálica y lo de forma de huevito o bala, ya que podremos utilizarlos, tanto por fuera (en nuestra vulva), como por dentro (trabajando tanto la musculatura vaginal, como, si lo necesitamos, también la anal). Así que, si tienes a mano algún vibrador de este tipo e intuyes que tienes problemas de suelo pélvico, puedes seguir leyendo este artículo y enterarte de todo.

Si no tengo un diagnóstico claro de mi musculatura perineal, pero tengo la sospecha de que algo sucede por esos lares, lo primero que he de hacer es una labor de observación. Es decir, si observo o siento que se me escapa la orina, si tengo pedos vaginales, si noto que me entra agua en mi cavidad vaginal cuando voy a la piscina, si tengo estreñimiento crónico, si tengo una mala postura y trabajo muchas horas de pie o sentada… Todo esto puede darme pistas de que mi suelo pélvico está un poco débil.

Si por el contrario, las sensaciones en mi vagina son de quemazón al intentar la penetración, si noto sequedad vaginal, si aprieto la mandíbula, si utilizo de forma habitual tacones, si sufro de endometriosis o de síndrome de congestión pélvica… lo más seguro es que mi suelo pélvico esté en tensión o en el peor de los casos, contracturado. Esto que contamos a continuación, no es sustitutivo de un buen tratamiento con una fisioterapeuta especializada, pero sí que te va a dar mucha información válida para hacerte consciente de tu salud muscular y será de gran ayuda para tu tratamiento.

¿Cómo comenzamos a trabajar con un vibrador en nuestra casa?

Mi consejo es siempre que elijas un momento en el que sepas que vas a estar sola y que no vayas a tener interrupciones posibles, ya que es un trabajo que ha de hacerse desde el cuidado y el mimo más absoluto y prestando atención en lo que está sucediendo. También te recomendaría anotar qué se te mueve durante los ejercicios, ya que a veces, al prestar atención de manera tan directa a nuestra vulva y vagina, pueden saltar alarmas, o emociones desagradables, en ocasiones, incluso, se despiertan fantasmas ya dormidos. No tiene por qué pasar, pero si sucede, es buen ejercicio escribir qué ha sucedido y acompañar el proceso de terapia sexológica.

Una vez realizada esta advertencia, que creo que es importante remarcar, vamos a ponernos manos a la obra.

  1. Para un suelo pélvico débil

En la gran mayoría de los casos, solemos atender a nuestra salud pélvica cuando sentimos que se nos escapa la orina o que, a lo mejor, no la retenemos como antes. Para potenciar y despertar a la musculatura “dormida”, que es la que está más débil, debemos aumentar el riego sanguíneo y estimular el sistema nervioso. Comprobamos que el vibrador que vamos a utilizar tiene un modo de vibración discontínua (probablemente, tenga más de un modo en discontínuo, pero comenzaremos por el más sencillo).

Una vez localizamos este modo, empezaremos a masajear de fuera hacia dentro ayudados de lubricante de agua (podríamos utilizar un aceite de masaje formulado para uso genital, pero no sería óptimo para la durabilidad de nuestro aparato); desde las ingles a los labios externos, de los labios externos a los internos, de los internos a la cavidad vaginal, podemos trabajar también alrededor del ano.

El movimiento ha de ser armónico y suave, sin golpeteos. Si hay una zona especialmente adormilada, podemos insistir ahí, dejando quieto nuestro vibrador en esta zona. Una vez hayamos terminado por la parte de fuera, siempre muy bien lubricado y lo más importante, si me siento preparada para ello, introduciremos el vibrador en la cavidad vaginal.

Al principio, el vibrador ha de dejarse quieto y sentiremos las ondas vibratorias a través de las paredes vaginales. Este primer ejercicio con el vibrador dentro es curioso, ya que se trata de observar nada más y hay veces que se sienten cosas nuevas. Una vez reconozcamos qué sucede en nuestra vagina (la musculatura ya va despertando), podemos acompañar con una contracción a cada vibración, acompañada de la exhalación del aire (la contracción siempre al soltar el aire).

Recuerda que la contracción vaginal hay que realizarla como si estuviéramos sorbiendo espaguetis, pero con el chichi. Cuando tengamos el ejercicio controlado, podemos intentarlo con otros modos de vibración discontínua que tenga tu juguete. Y cuando la vibración sea más fuerte, intentar contraer más fuerte también. Nunca realices el ejercicio durante más de 7/10 minutos, ya que la musculatura del suelo pélvico es muy sensible y no queremos agotarla. Eso sí, sé constante.

  1. Para un suelo pélvico con demasiado tono

Quizá no lo sepamos, pero muchas de nosotras, por el tipo de vida que llevamos, es probable que tengamos un suelo pélvico demasiado estresado, lo que a la larga nos va a llevar a que nuestra musculatura perineal se agote y termine por lo suelos. Así que, aunque no crea que pueda tener un problema, este ejercicio puede ser bueno para ti.

Esta vez, utilizaremos el vibrador el modo vibración constante. Así, conseguiremos adormecer el sistema nervioso que inerva nuestra vulva y vagina. Digamos que vamos a acunar a nuestras fibras musculares. La vibración constante atonta y relaja la musculatura (esto sirve pata toda la musculatura del cuerpo, sí, también para las cervicales).

Procederemos de igual manera que con el vibrador en modo discontínuo, de fuera hacia adentro. E igualmente, cuando introduzcamos nuestro artefacto en la vagina, también realizaremos rimero una labor de observación del impacto de las ondas en nuestra cavidad. Al terminar este ejercicio, es importante retirar el vibrador muy despacio y con sumo cuidado, para no “asustar” a la musculatura vaginal y que vuelva a tensionarse por el impacto de la extrusión.

En ambos casos, podemos terminar masturbándonos si nos da la gana. La liberación de endorfinas y oxitocina que consigamos mediante nuestro placer va a ser tan bueno tanto como para desestresar nuestras fibras musculares, como para despertar a las mismas.

Démonos placeres, todo el rato. Cada vez que podamos. Y démonos espacios para observarnos y cuidarnos.

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You: la serie de Netflix que nos lleva a creer que el amor todo lo justifica

10 de enero de 2020

Melanie Quintana Molero

¿Por qué matan los asesinos en serie? ¿Por qué nos creemos que cuando estamos obsesionado/as con alguien es porque el destino nos ha puesto en este mundo para acabar junto/as? ¿Por qué seguimos creyendo que la frase: “lo haría todo por ti”, no tiene límites?

El amor romántico nos lleva a ideas como que todo vale por amor y lo peor: que todo se justifica. You, la serie de Netflix que estrenó su segunda temporada el 26 de diciembre es poner en imágenes literalmente esta creencia.

Para aquello/as que todavía no saben de qué va esta serie o la tienen en la lista de pendientes, os hacemos un breve resumen sin destripar mucho toda la trama. Joe Goldberg (Penn Badgley), es un joven neoyorquino obsesivo compulsivo, adicto a los libros y con una mente retorcida y oscura, pero brillante, que se obsesiona (aunque él os diría que se enamora) de Beck (Elizabeth Lail) una joven escritora que está en Nueva York con la intención de ver cumplidos sus sueños. Su conquista se basa en perseguir a Beck, investigarla, seguir a sus amistades y descubrir sus detalles más íntimos hasta que consigue pasar de acosador a novio. Y lo que crees al principio de la serie que empieza como un flechazo, se convierte en una obsesión, en la que él de forma estratégica se deshace de todos los obstáculos y personas que se crucen entre Beck y él, entre su relación, entre lo que les impide estar juntos, o, dicho de otra manera: entre lo que Joe piensa que es estar juntos.

Parece que a simple vista es una serie donde puedes ver todo lo que está mal en las conductas de Joe, una trama donde acabas odiando al acosador, piensas que lo que está haciendo es injustificable y que deberían de llevarle a la cárcel. Pero una de las cosas que más asusta de esta serie de Netflix es cómo te lleva a justificar, inconscientemente, todos los actos de Joe, hasta el punto en el que lo ves como una víctima y no como un agresor, cosa que inevitablemente nos conecta con aquellas personas que han sufrido y que están sufriendo tanto acoso como maltrato (el que más reflejado se puede ver es el psicológico). ¿Será así como lo ven quienes lo viven desde dentro? ¿Será así como nos hace ver y justificar nuestra mente las conductas del otro cuando estamos enamorado/as?

Y es que la serie está grabada de tal manera que lleva al espectador a ponerse en el lugar del asesino. Te seduce tanto su personalidad, como sus pensamientos en voz en off, hasta el punto que te crees lo que él mismo se cree de algún modo: que es un justiciero.

Ambas temporadas están basadas en las novelas de Caroline Kepnes, aunque con grandes adaptaciones y con personajes nuevos que hacen que la serie tenga más trama que el propio libro. Personajes que despiertan nuestra curiosidad y nos llevan a preguntarnos: ¿cómo va a reaccionar Joe?, ¿qué es lo va a hacer ahora? Y aunque juegan con la idea de una posible redención en la segunda parte, definitivamente hay muchos puntos en común con la primera temporada.

Lo que sí os podemos decir, sin destriparos lo que pasa en la primera temporada, es que el final ya nos sugería que iba a haber un cambio, un camino sin retorno para el personaje que llegamos a ver en un principio como un acosador encantador, por ponerle términos a su personalidad, aunque no son exactamente quizás esas palabras las correctas…; para dejarnos claro que Joe es simplemente un criminal con una visión del amor de lo más retorcida.

Por eso, por ese cambio que él mismo busca, en esta segunda entrega empieza intentando dejar de comportarse como lo hacía en el pasado, pero vuelve a recaer, una y otra vez. Eso sí, los guionistas esta vez han intentado de algún modo llevarnos al pasado del personaje, dándoles una justificación a sus actos, llevándonos a su niñez, a un origen.

Nuevos personajes, nuevas obsesiones, nuevas mujeres, que se cuelan en su vida nos dejan claro que este tipo de conductas no tienen sexo, es decir, que se pueden llegar a dar tanto por un hombre, como por una mujer (y hasta aquí podemos leer sin desvelar mucho más). Lo curioso es que la serie abraza los excesos, maquillándolos de “normalidad” y llevándonos a los inevitable: el caos. Una obra de arte que nos lleva a poder sentir y reflexionar sobre cómo funciona la mente cuando se convence de algo, cómo es capaz de justificar y cómo si algo no se trata, no se arregla, si nos creemos que lo que hacemos está bien, es imposible darnos cuenta de las consecuencias de nuestros actos.

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El emocionómetro del inspector Drilo, de Susanna Isern

Sinopsis

Este libro no es un cuento. O al menos no es solo un cuento, es mucho más. Es todo un manual de trabajo sobre las emociones, sobre cómo las sentimos, cómo las reconocemos, cómo las expresamos, qué funciones tienen… Cada emoción está representada por un personaje diferente, un poco al estilo de la película “Del revés” (de hecho son dos materiales que se complementan perfectamente). Mimo, Asustín, Yupi, Topami, Ceñuda, Puaj, Ojiplática, Pelusa y Mr. Sad nos acompañan por este viaje de descubrimiento de las emociones, cargado de actividades, de reflexiones, de manualidades, de recetas… Como dije, no es un libro para leer, es un libro para trabajar(nos). Se podría hacer un artículo entero sobre esta obra y posiblemente quedarían muchas cosas en el tintero todavía, así que me voy a limitar a recomendarlo encarecidamente para que cada familia o cada clase pueda descubrirlo a su propio ritmo sin demasiados spoilers. Es un libro un poco más caro que el resto de esta lista (tampoco ninguna locura), pero merece cada céntimo y ofrece muchas horas de crecimiento personal. Además, en la página web del libro podemos encontrar aún más materiales extras para seguir profundizando. No tiene ningún desperdicio.

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Cuando las niñas vuelan alto, de Raquel Díaz Reguera

Sinopsis

En este caso, Adriana, Jimena y Martina son tres amigas con grandes sueños. Sin embargo, poco a poco, la banda de Noloconseguirás se interpone en el camino de sus metas. Con personajes como “Don Quenadacambie”, el “Señor Inseguridad”, la “Señorita ideal” o “Doña Fragilidad”, las metáforas están servidas en bandeja. Estos villanos les van llenando de piedras los bolsillos, los zapatos y las mochilas, para que no puedan volar alto. Por suerte, al final del cuento, una nueva amiga más joven les recuerda que una niña puede ser todo lo que ella quiera y, tras descubrir las piedras que les impedían alzar el vuelo, ya no hay nada que les impida volar bien alto. De nuevo, esta historia no tiene edad.

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Yo voy conmigo, de Raquel Díaz Reguera

Sinopsis

La protagonista del libro no tiene nombre, lo que en realidad facilita que entendamos que esta situación podría pasarle a cualquiera. Pero lo que sí sabemos es que a nuestra joven amiga le gusta Martín. Le gusta muchísimo Martín. Le gusta tanto que está dispuesta a seguir todos los consejos que pueda para conseguir que Martín se fije en ella. Primero se cambia el peinado, luego se quita las gafas. En algún momento deja de canturrear canciones y hasta de hablar o sonreír, todo para obtener una mirada fugaz de Martín. Y sí, al final Martín la mira. Y sí, todos podemos caer en el error de creer que, para gustar a alguien, tenemos que dejar de ser nosotros mismos. Por suerte, al final de la historia, la protagonista entiende que es mucho más feliz siendo ella misma y recupera sus canciones, sus sonrisas, sus coletas, sus pájaros en la cabeza… “Yo voy conmigo” es un libro muy conmovedor sobre la importancia del amor propio y no me cansaré jamás de recomendarlo para absolutamente todas las edades (se puede trabajar también con adolescentes).

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¡Vivan las uñas de colores!, de Alicia Acosta y Luis Amavisca

Sinopsis

De las muchas cosas bonitas de este libro, una de las más significativa es que está basada en hechos reales, lo cual siempre es un plus para que los niños y niñas entiendan que esto no es solo una ficción, que estas cosas pasan de verdad. A Juan le encanta pintarse las uñas de colores, pero sus compañeros de clase se ríen de él. A pesar de que su amiga, su madre y su padre le apoyan, Juan solo se pinta las uñas los fines de semana, para que nadie le vea. El final feliz, por supuesto, acaba con muchos niños y niñas con muchas uñas pintadas de colores. Jugar con los niños a los que les leamos este cuento a pintarnos las uñas puede ser un buen ejercicio para llevar la igualdad más allá de las páginas del libro. Por supuesto, habrá niños que no quieran pintárselas y esto debemos respetarlo, pero siempre lo podemos acompañar de una reflexión al respecto. ¿Por qué no se quieren pintar las uñas? ¿Pensamos que el maquillaje es solo de niñas? Pintarse la cara de Spiderman en carnavales también es un tipo de maquillaje. Vayamos poco a poco deconstruyendo las ideas estereotipadas sobre qué cosas son “de niños” y cuales son “de niñas”. También nos encontraremos con niños que, tras negarse rotundamente a pintarse las uñas (“porque es algo de chicas”), al final quieran apuntarse a la actividad tras ver que otros compañeros lo hacen y que en el fondo es divertido y no pasa nada. Un cuento muy colorido y alegre, que además pone el foco en la necesidad de que todos y todas pongamos nuestro granito de arena para conseguir una igualdad real.

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Daniela Pirata, de Susanna Isern

Sinopsis

En este cuento nos presentan a Daniela, cuyo mayor sueño es ser pirata. Además de un canto a la igualdad de oportunidades lo cierto es que la historia del libro es realmente entretenida. Se le van planteando a la joven protagonista una serie de retos que supera con soltura. Si nos gusta involucrar a los niños en la lectura, se les puede pedir que representen las mismas pruebas por las que pasa Daniela (hacer sentadillas, pegarse una carrera, andar en silencio por la habitación). Por su puesto mi consejo sería no hacerlo de esta manera si lo estamos leyendo como cuento de buenas noches, ya que entonces solo conseguiremos espabilarles. Cuando a pesar de haber demostrado ser una magnífica pirata, a Daniela le niegan un puesto en la tripulación, la respuesta unánime suele ser indignación ante tamaña injusticia: “¿qué más da que sea chica? Las chicas también pueden ser piratas”. Es un cuento divertido, simpático que refleja una desigualdad real que aún existe (quizá no en la piratería, pero sí en otros muchos ámbitos). Por tanto, ofrece una buena oportunidad para reflexionar sobre por qué a las chicas se nos ponen más trabas para hacer algunas cosas.

También he descubierto recientemente que este libro tiene una secuela (“Daniela y las chicas piratas”) y, aunque no lo he leído, me atrevo a aventurar que puede ser un pack de lo más interesante para regalar en conjunto.

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Las cosas que le gustan a Fran, de Antonia Santolaya y Berta Piñán

Sinopsis

¿Sabéis esas adivinanzas cuyas respuestas son tan sencillas que muchos adultos las pasamos por alto mientras que los niños y niñas las encuentran obvias? Pues algo así pasa con este cuento. Fran es la nueva pareja de mamá. Todo el rato, en el cuento, se nos habla de Fran. Podría parecer un libro más para ayudar a superar a los niños una ruptura de los padres o un divorcio que vengan seguidos de una nueva pareja. Pero no. El mensaje es otro. Solo al final del libro (atención, que vienen spoilers) nos damos cuenta, después de tanto y tanto hablar de Fran, de que la nueva pareja de mamá es una mujer: Francisca. Seguramente este final sea un giro de guion que sorprenda a algunos adultos más que a muchos niños. De hecho, tras varias lecturas dramatizadas esperando que los niños y niñas de la clase se quedasen pasmados con esta revelación, me he dado cuenta de que la persona más asombrada del aula suele ser la profesora. También hay niños y niñas que hacen preguntas (por supuesto, pero no más con este libro que con cualquier otro). Después de explorar qué piensan sobre que dos mujeres estén juntas y explicarles que hay gente a la que le resulta “extraño” que Fran sea mujer y tenga novia, a menudo las preguntas son tan inocentes como “¿y por qué no se cambia el nombre para que nadie más se piense que es un chico?”. Ojalá se pudiera enseñar a las personas mayores a seguir viendo el mundo con los ojos con que solíamos hacerlo a esas edades.

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