De Peculiares

¿Sabías que no siempre ha sido erótico tener la vulva rasurada?

Escultura de Niki de Saint Phalle

30 de noviembre 2017

Aritz Resines Ruíz

A la hora de hablar de genitales, en nuestro día a día ocurre algo notorio: en todos los niveles, ya sean grafitis, esculturas, cuadros, revistas, televisión o películas, hay mucha más presencia de los penes que de las vulvas. Tras analizar en profundidad el trasfondo histórico, al igual que se hizo con su homólogo masculino, se han podido apreciar ciertas claves para entenderlo.

De nuevo, nuestro recorrido empieza por la Antigua Grecia, poniéndonos en la piel de esas mujeres. Si nos diéramos un paseo por las calles de alguna de las polis y pudiéramos colarnos en cierto ritual de adoración divina, estaríamos entre mujeres enseñando sus vulvas para homenajear a los dioses. En concreto, se veneraba así a Deméter, diosa de la agricultura que recuperó la alegría al ver la vulva de Baubo, una mujer que se la enseñó con tal fin. Ahora bien, esa costumbre fue denigrada, dejando las vulvas ocultas a nivel oficial. La excepción son algunas representaciones consideradas pornográficas que huían de ese control social, como las vasijas de heteras (las escort del momento).

Debemos saber que la propia vulva ha sido fruto de un gran desconocimiento médico desde el principio. En la propia Roma, si un tal Galeno hablara con una mujer actual, se sorprendería. La visión central del hombre de la época llevaba a pensar en un útero flotante que provocaba alteraciones histéricas (justificación para el control sobre ellas). Además, en la escultura oficial, seguía pasando lo mismo que en Grecia: casi todas las figuras femeninas se tapaban su vulva. A pesar de todo, algunas tradiciones la mantenían como fuente de abundancia como podemos ver en los frescos de Pompeya.

Una época donde pocas mujeres querrían estar es en la siguiente, la Edad Media. Incluso la mujer central de la religión imperante, María, trataba su vulva con tanto cuidado que nunca apareció en ninguna obra artística. Con el poder de la sexualidad que ejercían, lo más erótico que se representó de ella a ojos de un occidental fue la lactancia de Jesús. Recordemos que lo contrario era pecado; de hecho, ella fue embarazada sin ningún tipo de contacto con el otro genital a ocultar, el pene. Aún así, siempre se les escaparon algunas obras como las sheela-na-nig, que mostraban vulvas como posible parte de un ritual de la Iglesia donde las mujeres las tocaban para lograr buena suerte.

 

En el Renacimiento, ya en la Edad Moderna, la vulva ganó espacio en el arte. Ahora bien, si una mujer de hoy en día quisiera ser modelo, no sería aceptada pesar a haber sido seguidora de la estética occidental. ¿El motivo? Ya en esos años se distinguió entre el desnudo artístico y el erótico. Este último era en virtud de una vulva adulta, con vello y con los labios marcados. Ante el deseo de ocultar esto último, las representaciones se hacían sin esos detalles. Por ello, una mujer depilada tal y como marcan nuestros cánones actuales, resultaría obscena por sus labios marcados. En todo esto, Vesalio, discípulo de Galeno, seguía con los errores médicos acerca de la vulva (muy seguidos en la época).

Si avanzamos a la Edad Contemporánea, tras la Revolución Francesa, podemos apreciar cómo, pese a la nueva técnica fotográfica, las vulvas con vello siguen siendo ocultadas por su componente erótico. No siendo la depilación algo habitual, los artistas disfrazaban la realidad de sus primeras modelos fotografiadas difuminando las vulvas resultantes en sus obras. Tal es el caso de Friné ante el aerógrafo con gran contraste entre el pre y el post en este sentido. Otro cuadro relevante fue El origen del mundo de Courbet, el cual no vio la luz hasta el 1995. Fue escondido frente a la segura censura desde su creación, 1866, pasando por multitud de manos. Ni siquiera hoy se libra de polémica, vista la performance que realizó la artista Deborah de Robertis.

Y et voilà, llegamos a los siglos XX-XXI, vividos por la mayoría de nosotros. Quizás algunas sentirán alivio, pero nada más lejos de la realidad. Las vulvas siguen ocultas, denigradas y ensuciadas. En lo artístico, por ejemplo, que le pregunten a Dorothy Iannone o a Niki de Saint Phalle, que desde la pintura y la escultura mostraron vulvas en todo su esplendor pero que fueron rápidamente censuradas. De hecho, esta censura no está presente únicamente en el mundo del arte, se explicita en la propia educación. En los colegios no se enseña la vulva ni se explica y eso es, sencillamente, criminal.

Pintura de Dorothy Iannone

Si nos quedáramos ahí, podría parecer que no hemos caído en la cuenta de que hoy en día pueden contemplarse vulvas de forma ágil y gratuita mediante Internet. La pornografía nos ofrece diverso material para ello, pero debemos tener en cuenta que sigue siendo desde un modelo que pone al hombre como centro. Apenas se le da espacio al genital femenino para contemplarlo o estimularlo y se queda en una abertura vaginal que penetrar. Su influencia no es menor, ya que esta industria ha sido capaz de cambiar nuestros gustos en lo que a vulvas se refiere.

Precisamente, han hecho erótica la falta de pelo cuando en la Historia era precisamente lo contrario. Con el pene pasó lo mismo, lo cual nos lleva a una reflexión más amplia que se recogerá a principios de año en la sección Opinión. Ahora bien, por no quedarnos así, recordemos: la vulva es una parte más de nuestro cuerpo y como tal hay que conocerla, quererla e incluso mostrarla. Solo con una buena relación con nosotras mismas vamos a lograr tenerla con los demás.

De Peculiares

¿Sabías que el ‘free bleeding’ es una opción cada vez más recurrida por las mujeres cuando tienen el periodo?

23 de noviembre de 2017

Melanie Quintana

Kiran Gandhi y Rupi Kaur son dos de las mujeres que han iniciado parte de esta oleada. En 2014, durante la maratón de Londres, Kiran decidió no utilizar método alguno para absorber o recoger la sangre de su menstruación, lo que hoy conocemos como sangrado libre o free bleeding en inglés.

Dijo no sentirse cómoda con ningún método para realizar dicha carrera y, lo que en un principio iba a ser un acto simbólico para intentar visibilizar y normalizar en la sociedad occidental algo tan femenino como la regla, se llegó a convertir en un boom mediático y en uno de los símbolos más realzados y aclamados por el movimiento feminista.

"Una maratón es un acto simbólico. ¿Por qué no usarlo para crear conciencia sobre mis hermanas que no tienen acceso a tampones y deben ocultar su periodo como si no existiera?”, explicó Kiran, en un artículo sobre su participación en la carrera.

¿Y qué usuario habitual de Instagram no recuerda a Rupi Kaur? Esa mujer que decidió subir una foto de espaldas en el 2015, tumbada en la cama, mostrando y apoyando el sangrado libre. Una foto que dio la vuelta al mundo por el simple hecho de que Instagram decidió borrarla de inmediato, por no considerarla apropiada. Hecho que volvió a revolucionar el movimiento feminista.

Tras el revuelo de tal censura la poeta paquistaní, junto a su hermana Prabh, decidió mostrar al mundo este momento tan nuestro con una serie de fotos a las que tituló Period, dando la vuelta a la idea que antes se tenía con todo lo que rodeaba al periodo femenino.

Aunque a simple vista el sangrado libre pudiera no parecer cómodo para el día a día, quienes lo practican aseguran que nunca antes se habían sentido tan empoderadas con este gesto tan natural como es el mostrar al mundo que una vez al mes sangramos. De ahí que cada vez más mujeres opten por utilizar el free bleeding en su día a día o en un momento concreto.

De Peculiares

¿Sabías que hay fans que se ‘casan’ con sus personajes de ficción favoritos?

Foto: Mireia Iriondo

16 de noviembre de 2017

Sara Enjuto

Curioso, pero cierto. Concretamente estamos hablando de los fenómenos llamados waifu y husbando. Muchos no sabréis qué sigifican estas dos palabras y otros tantos las conoceréis a la perfección. Todo depende del nivel de entendimiento sobre la ficción japonesa que se tenga, ya que lo que se está poniendo sobre la mesa tiene como protagonistas a los personajes manga de videojuegos y series de animación nipona.

Las waifus son las que más interés despiertan. Al usar esta palabra –que proviene de la vocablo anglosajón wifenos referimos al apego y a la atracción que se pueda sentir por estos personajes femeninos. Tan intenso pueden llegar a ser los sentimientos por estas mujeres en 2D que los fans llegan a considerarlas incluso como sus esposas. Este sentir es tan real que incluso hay quien organiza cenas con sus respectivas waifus. ¿Cómo? Es muy sencillo: colocan una pantalla al otro lado de la mesa o también ponen una almohada con la imagen de dicha mujer sobre la silla. ¡Y a disfrutar de una velada romántica a luz de las velas junto a tu personaje favorito!

Esto nos lleva a la siguiente cuestión: la dakimakura. Se trata de una almohada hecha con el propósito de ser abrazada. Aquí, en Occidente, la palabra se usa para hablar de las que tienen dibujado algún personaje en ella. Muchas cuentan con ilustraciones de personajes masculinos o femeninos de animes, manga o videojuegos japoneses de cuerpo entero; las hay incluso con fundas donde al retirarlas muestran un mayor grado de desnudez. También se coleccionan simplemente por puro fanatismo, como adorno y otras personas las adquieren para hacer más real a su waifu o husbando.

Y aunque tener un husbando no es tan popular como tener una waifu, también tienen su público. Su definición es la misma, pero esta vez se trata de un personaje masculino y no de uno femenino. Al igual que su congénere, la palabra viene del inglés husband, que significa marido. Peculiaridades que no dejan de sorprender y nos enseñan lo amplía y diversa que puede llegar a ser la erótica o, más concretamente, el amor, en este caso.

De Peculiares

¿Sabías que los gays la tienen más grande?

Los penes de los gays son más grandes

09 de noviembre de 2017

Rubén Olveira Araujo

Tras muchos años de (in)discretas comparaciones en las duchas y alguna que otra fanfarronada entre amigos, la ciencia confirma lo que muchos ya sabían: los hombres andrerastas –gays– la tienen más grande que los ginerastas –heteros–. Tanto en longitud como en diámetro. Ya sea en estado de flacidez o de erección. Concretamente, de media gozan de un pene un 6% más largo y un 3% más ancho. ¿En qué se traduce todo esto? En un centímetro más, arriba o abajo.

Al menos, esos son los resultados de un estudio publicado por Anthony F. Bogaerty y Scott Hershberger en la revista Archives of Sexual Behavior. Para ello, los investigadores recurrieron a una muestra de 5.122 hombres recopilada por el sexólogo Aldred Kinsey y, a falta de una, utilizaron cinco maneras de medir el pene. Es más, los científicos se aseguraron de que este resultado no estuviera afectado por posibles factores incidentales, como el peso, la estatura o la educación.

Si bien a día de hoy todavía se desconoce a qué se debe esta correlación entre la orientación sexual del deseo erótico y el tamaño del pene, lo que no cabe duda es de la importancia de la influencia hormonal durante el periodo de gestación y, sobre todo, durante la octava semana de embarazo, momento en el cual se desarrolla el aparato genital externo.

 

De Peculiares

¿Sabías que a los caracolillos de mar hembra les está saliendo falo a causa de la contaminación?

02 de noviembre de 2017

Rubén Olveira Araujo

El tamaño del pene es algo que desde tiempos inmemoriales ha preocupado a los hombres, aunque no siempre por la misma razón ni en la misma medida. A día de hoy, hay incluso quienes se obcecan en alargarlo. Pero definitivamente ese no es el caso de los caracolillos de mar hembra, que a causa de la contaminación química están sufriendo un efecto cuanto menos curioso: les está saliendo falo.

Aunque la mayor parte de los efectos sobre la diferenciación sexual descritos en casos de contaminación ambiental en los animales vertebrados tienen efectos feminizantes en tanto que devienen de compuestos químicos estructuralmente similares al estradiol, en ocasiones sucede a la inversa: sustancias parecidas a la testosterona ponen en marcha procesos de masculinización. Asimismo, también se han descubierto efectos masculinizantes no ligados a estos compuestos. Tal sería el caso, por ejemplo, del Tributilo de Estaño (TBT), un aditivo que se ha usado en las pinturas antiincrustantes.

Utilizado principalmente en las embarcaciones marinas para evitar que diferentes organismos se adhieran al casco, este compuesto ha causado uno de los fenómenos de masculinización por influencia externa más conocidos en más de cien especies de gastrópodos (un tipo de moluscos), según un estudio de 1997 del Instituto de Investigaciones Marinas de Noruega.

Concretamente, los efectos más evidentes han sido descritos en los magurios o caracolillos de mar, cuyas hembras desarrollan un falo que, dependiendo de la concentración de TBT y del tiempo de exposición al mismo, puede crecer hasta taponar la apertura vaginal. “Esto ha llevado a la pérdida parcial y, a veces, incluso completa de poblaciones de caracolillos de mar en zonas portuarias”, denuncia Ibon Cancio, codirecto del Máster Universitario en Contaminación y Toxicología Ambientales de la UPV/EHU. Este fenómeno de que las hembras desarrollen gónadas y genitales masculinos es denominado por los biólogos como imposex. Algo de lo que las aguas vascas tampoco se libran.

Según el Estudio de la contaminación por TBT en la costa vasca, desarrollado por Azti-Teknalia, entre los años 2006 y 2007 los mayores desarrollos de imposex se han observado en los puertos de Pasaia, Getaria, Hondarribia, Mundaka y Ondarroa, siendo el puerto de Pasaia el que presenta mayores concentraciones de este compuesto químico en sus sedimentos. “La prevalencia de imposex en los caracolillos de mar de estas zonas portuarias es del 100%, aunque el falo en pocos casos llega a taponar la vagina de las hembras, siendo la reproducción posible”, asegura Cancio. 

Por todo ello, la Organización Marítima Internacional (IMO) decidió en Octubre de 2001 prohibir la aplicación de TBT a partir de 2003 y eliminar completamente su uso a partir de 2008. Sin embargo, Cancio asegura que estas pinturas están siendo sustituidas por otras cuyos efectos biológicos todavía son incapaces de entender. Además, el TBT y sus metabolitos son bastante persistentes y la herencia de años de usar este compuesto aún se concentra en los sedimentos de las portuarias.

 

De Peculiares

¿Sabías que históricamente el color de los niños ha sido el rosa y el de las niñas el azul?

Madame de Pompadour, de François Boucher (1756)

19 de octubre de 2017

Rubén Olveira Araujo

Si nos ponemos a hablar de colores y sexo, no hace falta más que ir a una juguetería para darse cuenta de algo que todos tenemos metido hasta el tuétano: el rosa es un color de chica y el azul, de chico. Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Es más, solo ha sido así de la II Guerra Mundial en adelante.

A lo largo de la historia, en Occidente el azul ha sido el color femenino por excelencia. El motivo es que en su día se decidió pintar a la supuesta virgen María vestida de azul. Y digo que “se decidió” porque lo más probable es que fuera con algún atuendo tirando hacia la gama de los tonos crema. No obstante, el añil tuvo tan buena acogida que, desde entonces, princesas y toda dama de la nobleza se vistieron de azul para emular las políticamente deseadas virtudes de aquella madre virgen –es decir, para aspirar a un ideal imposible de lograr en el mundo terrenal–.

¿Pero si las mujeres de la alta alcurnia vestían de azul, de qué tono estaba repleto entonces el armario masculino? De rojo, en este caso. Encumbrado por los romanos, el carmesí pasó a simbolizar el poder, la fuerza y la magnificencia, de ahí que nobles, reyes y emperadores hayan sido tradicionalmente representados con ropajes de dicha tonalidad. Y claro, como los niños eran hombres en potencia, se les vestía de rosa, una tonalidad de la misma gama cromática, pero menos definida.

Así transcurrieron los años, siglos y milenios con contadas excepciones a la norma, como la de Madame Pompadour en el siglo XVIII, amante oficial del Rey Luis XV y a quien a menudo se atribuye como una de las primeras referencias al rosa como color femenino, o la de la diseñadora Elsa Schiaparelli a principios del siglo XX. Hasta que, con el comienzo de los grandes conflictos bélicos, los soldados de la marina y el aire se uniformaron de azul, pasando a representar las virtudes atribuidas a la masculinidad hegemónica: valor, fuerza y heroísmo. Y por arte de birlibirloque, la masculinidad y la feminidad se intercambiaron unos colores con 2.000 años de historia.

De Peculiares

¿Sabías que a los culturistas que toman esteroides les pueden crecer las tetas?

12 de octubre de 2017

Rubén Olveira Araujo

En una sociedad donde la cultura se ha hecho deporte y el deporte, cultura, para muchos el éxito en la vida pasa por el culto al cuerpo. Pero no a cualquier cuerpo, sino a uno hipermusculado. Esto, por supuesto, tiene sus consecuencias. Una de ellas son las infinitas horas de gimnasio: ¡No pain, no gain, brother! Otra, parecer un pez globo a punto de explotar. Pero lo que ya no hace tanta gracia a los culturistas –y que a muchos, incluso, les pilla de sorpresa– es la ginecomasia. ¿Que qué ovarios es eso? El crecimiento de los pechotes.

Este curioso hecho se da debido a que algunos incrementos hormonales masculinizantes –en este caso, mediante la injerencia de esteroides anabolizantes sin bloqueadores de la aromatasa– pueden producir efectos, digamos, antagónicos. En este caso, desarrollar más tetamen. ¿Por qué? Porque las mamas masculinas  poseen grandes cantidades de aromatasa, una enzima que convierte andrógenos como la testosterona en ginógenos como el estrógeno. Por tanto, cuanta más testosterona llega a los pechotes mayor es la  cantidad de estrógenos; y los estrógenos son los grandes desarrolladores de senos.

Además, a esto hay que sumarle que el uso de estos anabolizantes también produce una reducción de la propia producción de testosterona, dado que el mecanismo de regulación hormonal usa un método de retroalimentación negativo: si el cuerpo nota que hay mucha testosterona, deja de producirla.

Resumiendo: el uso de anabolizanates produce un efecto de demasculinización –reducción de la propia producción de andrógenos– y un efecto de ginización –incremento de estrógenos–, sucediendo así una notable ginización pectoral. O dicho de otra manera: sin tetas no hay musculitos.

De Peculiares

¿Sabías que el término ‘luna de miel’ viene de la cultura vikinga?

23 de septiembre de 2017

Melanie Quintana

Los vikingos fueron una de las pocas culturas en la que tanto hombres como mujeres se entrenaban para defender las aldeas. Aún así, deseaban que los dioses les bendijeran con un primer hijo varón. Es por ello por lo que las parejas que se casaban, en la primera lunación antes de la boda –es decir, durante 28 días antes de mantener relaciones–, bebían hidromiel, que para el común de los mortales no deja de ser cerveza de miel.

Por entonces se creía que gracias a los ancestros y a los componentes de esta bebida, el PH de la mujer se cambiaba favorablemente para que tuviera un varón, por el nivel de azúcar en sangre. Los orígenes de este ritual afrodisíaco, sin embargo, se sospecha que provienen de la antigua Babilonia.

La historia del hidromiel ha pasado por muchas culturas, desde la griega hasta la romana o la celta. Sin ir más lejos, en la Grecia clásica le llamaban melikraton, los romanos aqua mulsum y los mayas balché.​ En los países nórdicos, donde la producción de miel era mayor, los vikingos la producían con cornezuelo de centeno, que contiene altas dosis de ácido lisérgico –que también es la base de la droga sintética LSD–. Para ellos, esta era la que producía este milagro. Y aquí es donde se cree que se acuñó el término luna de miel. En esta tradición.

La hidromiel también se ha utilizado en otras culturas como bebida para ceremonias religiosas e incluso creían que tenían propiedades medicinales. Con el tiempo, esta fue siendo sustituida por el vino y la cerveza, hasta llegar a día de hoy, en la que no resulta un caldo tan conocido.

Existen métodos para prepararla en casa, aunque si no disponéis de los utensilios necesarios para su fabricación siempre os queda la opción de comprarla. Os dejamos el enlace a dos empresas que se dedican a su fabricación Valhalla y La Fragua

Fuente: @peiobarondelabirra

 

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¿Sabías que tenerla grande no ha sido siempre lo deseable?

23 de septiembre 2017

Aritz Resines Ruíz

Ande o no ande, caballo grande. Así reza el refrán y así tiende a pensar la mayor parte de la gente. Aunque eso sí, si habláramos del tamaño del pene, al menos de boquilla, la cosa cambiaría: es posible que muchos respondieran aquello de que más vale pequeña y juguetona que grande, que todo depende de cómo lo hagas y, sobre todo, el tan manido el tamaño no importa. Eso es lo que dice el discurso políticamente correcto, pero las tripas no siempre están de acuerdo. Sin embargo, es curioso observar cómo, a lo largo de la Historia, el tamaño deseable –y el indeseable– han ido variando.

Por ejemplo, si preguntáramos en la Grecia clásica, la cuna de nuestra cultura, ¿qué nos dirían? Lo más probable es que confesasen que también les importaba, ante lo cual nosotros exhibiríamos con orgullo a alguno nuestros actores porno más cotizados. Sin embargo, ahí vendría la sorpresa, ya que el querido griego se reiría de nuestro actor tratándole de paria. Es más, él nos enseñaría alguna de sus pinturas en las que aparece Priapo con un miembro considerable a causa del castigo que Hera, la esposa de Zeus, impuso a su madre, Afrodita.

Algunos podrían decir: ¡Eso es una bendición! Pero los griegos no lo veían así. De hecho, para ellos un falo grande era un símbolo de falta de razón y control de impulsos, algo así como una potencia sexual que nubla la mente. Es por todo ello que las personas respetadas, como los dioses, los gobernantes o los filósofos, eran representadas con penes pequeños, signo de temple y gobierno de sí mismos.

A nuestro actor porno tampoco le iría mucho mejor en la época romana, dado que fue una continuación de la cultura griega. Tanto es así que copiaron, con poco disimulo, a sus dioses cambiándoles de nombre. Efectivamente, Priapo tiene su alter ego romano en Mutuno Tutuno. Representado con un pene igualmente desproporcionado, era venerado para ahuyentar el mal de ojo de los envidiosos. De ahí que estuviera presente en las casas de los ricos, puesto que relacionaban abundancia peneana con monetaria. Lo cual no tiene mucho sentido, pero allá cada uno con sus supersticiones.

La etapa posterior, ya con la Iglesia Cristiana cortando el bacalao, supuso incluso un retroceso. Para investigar esta época nos podemos fijar en Jesús de Nazaret. ¿Quién mejor? Pues resulta que el profeta donde más ha sido representado es en la cruz, en la cual, posiblemente, murió desnudo. Ahora bien, debe ser que su pene no era digno de contemplar, ya que se han empeñado en taparlo cuidadosamente. Si bien podría resultar una pena, hemos conseguido encontrar alguna representación donde si aparece –aunque sea a medias–. De nuevo, vemos como el hijo de Dios la tenía pequeña, signo de que permanecían inmutables los antiguos cánones.

Una referencia indiscutible en esto de los cuerpos masculinos y sus atributos en el arte es el posterior David de Miguel Ángel. La gente se sorprende al apreciar su pene, pequeño en contraste con su escultural figura. Sin embargo, nuestro actor porno estaría tranquilo porque ya sabría un poco por dónde van los tiros. Al fin y al cabo, en la época del David lo que se propugnaba era una vuelta a lo griego clásico frente a la oscura Edad Media Cristiana.

¿Cuándo empieza a cambiar el cuento? Hay que esperar a la época contemporánea a cuenta de la Revolución Francesa y la apertura cultural y política que supuso. Ello ayudó a que se hicieran paso nuevas expresiones artísticas donde los penes ya empezaron a crecer un poquito –los de las esculturas y pinturas, no nos emocionemos–. A eso ayudó el Impresionismo por un lado y, por otro, las primeras fotografías. Mientras muchas personas solo habían visto de refilón el pene de su pareja durante toda la vida, algunos atrevidos se animaron a hacer fotos de hombres totalmente desnudos. Resultando hasta repugnante aún, estos valientes ayudaron a que poco a poco llegáramos a la situación actual de una mayor libertad.

Y así alcanzamos el siglo XX y el aún iniciado XXI. Nuestro actor estaría aliviado de volver a la época donde realmente se le valora. Además, vería como su industria es tan potente en la rueda del consumo que es la principal influencia para adolescentes y jóvenes. Sin embargo, la imagen transmitida es bastante irreal. Después de todo, durante la Historia la percepción ha ido cambiando y si ahora lo guay es tener un pene grande es, simplemente, porque esa industria ha decidido que es lo espectacular.

Hasta ahí no nos metemos, pero sí cuando se termina relacionando el tamaño con el  rendimiento, lo cual no puede estar más lejos de la realidad. La dimensión de nuestro pene es relativamente insignificante cara a obtener y dar placer, ya que él por sí solo no va a hacer disfrutar más ni a un chico ni a una chica. Otra cosa es que atraiga a nivel estético –aunque tampoco sea un fetiche muy común–. De ahí que os animemos a indagar en vuestro repertorio y no tanto en vuestro envoltorio. Al final, ese actor porno anda algo escaso y no queremos que sea vuestro caso.

De Peculiares

¿Sabías que los jíbaros descubrieron el sexo observando a los monos?

23 de septiembre de 2017

Oihane Iturbe Ansa

El Amazonas siempre ha sido un lugar misterioso, pero aún más lo son los pueblos indígenas que viven en él. Por ejemplo, entre los jíbaros existen varias leyendas que explican el descubrimiento de las medicinas o de los entresijos de la pareja, donde en muchos de sus relatos hay un marido ausente, una esposa insatisfecha y un amante animal. Estas historias están repletas de pasión, seducción y muerte. Pero entre ellas destaca cómo estos humanos descubrieron las relaciones eróticas. La leyenda dice así:

«En un tiempo remoto, nuestros antepasados ignoraban el uso del sexo. Había mujeres pero nadie les prestaba atención, al menos en lo que las diferencia de los hombres. Sin embargo, un día, un joven más curioso que los demás, mientras conversaba con una muchacha, se fijó en su entrepierna y lo que vio sí le llamo la atención.

—¿Qué tienes ahí? –le preguntó.

—No sé –contestó–, siempre he sido así.

Él lo miró más de cerca y concluyó que debía ser una llaga, así que más valía curarla lo antes posible.

—Ponte a dieta –recomendó a la joven–. Acuéstate y ayuna hasta que encontremos el remedio para curar esa fea llaga.

La muchacha cogió su hamaca y se puso a dieta. Le prohibieron todo lo que al madurar o al ser cocinado pudiese rajarse o abrirse. Entonces, todos los hombres dotados de razón se reunieron para examinar la llaga, pero vieron que no había sanado, así que uno a uno se adentraron en el bosque para poder encontrar plantas, hojas, raíces y conseguir sanar aquello. Pero por mucho que intentasen, no conseguían que la llaga desapareciese.

El muchacho curioso, el descubridor de la llaga, era el único que no había probado un remedio. Se adentró en el bosque y, mientras lo recorría, escuchó el alboroto de unos monos. Enseguida aparecieron dos de ellos persiguiéndose. De repente, uno de ellos se puso encima del otro y empezaron a copular.

¡Caray!, pensó el joven. Entonces, no es una llaga! Es un…. Y en ese momento inventó el término sexo de mujer [lo que nosotros llamamos vulva].

Asombrado por su descubrimiento, reunió a todos los curanderos y les contó la historia. Ellos, deslumbrados, le dijeron que si los animales lo hacían así, los humanos también debían practicarlo y le pidieron que lo ensayase. Entonces, el muchacho se reunió con la joven en su hamaca. La acomodó tal como la mona se había dispuesto y repitió punto por punto la actitud del macho. Este acontecimiento tuvo tal éxito, sobre todo entre las mujeres, que todas ellas quisieron probarlo».

Así fue como los jíbaros descubrieron el sexo.