¿Cómo puedo aprender a gestionar mis emociones?

¿Por qué tenemos emociones?

Hablar de emociones, aunque todo/as las sentimos inevitablemente, a veces puede ser un poco como un paseo por la jungla: territorio inexplorado y que depende y cómo, aterra. Antes de entrar en materia nos gustaría decir que los humanos, somos seres emocionales para bien y para no tan bien, a juicio de algunos.

Cuando decimos seres emocionales nos referimos a que  todos sentimos y expresamos lo que estamos sintiendo de una u otra manera. Las emociones son una de las herramientas de las que disponemos para expresar eso que sentimos, ya sea algo agradable o desagradable. 

Podríamos decir que son parte del lenguaje que usa nuestro cerebro para darnos señales de cómo reacciona a ciertos estímulos o situaciones en las que nos encontramos en un momento determinado.

¿Cómo se clasifican las emociones?

Hay quienes clasifican las emociones en primarias y secundarias y según esta clasificación, también podemos observar que el número de emociones primarias varía según quien las esté clasificando.

Nosotras no queremos entrar en hacer una nueva lista ya que, dependiendo de la persona valorará más unas u otras. Preferimos hablar de las emociones como una especie de universo en el que conviven y se entremezclan diferentes sensaciones dando lugar a emociones que pueden tener distintas caras. 

Así por ejemplo, si hablamos de la emoción sorpresa, así de buenas a primeras, no podemos catalogar si esta emoción es agradable o desagradable, si no que dependerá de la situación en la que nos encontremos y de los inputs que tengamos en referencia a dicha situación el clasificarla hacia un lado o hacia el otro.

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Emociones buenas y malas

Dicho esto, nos gustaría hacer mención especial a un asunto: Normalmente hacemos distinción dentro de las emociones entre “buenas o malas”. Esta manera de decirlo, es errónea, inexacta y nos lleva a la dicotomía del bien y  del mal.

De lo que aceptamos y de lo que no, y de esta manera, catalogamos una serie de emociones como no deseadas y solemos rechazarlas cuando aparecen perdiéndonos así una gran parte de información sobre nosotro/as mismo/as. De este modo, nos quedamos muy posiblemente encallados en situaciones que nos resultan desagradables por el mero hecho de no entender qué es lo que está pasando.

Por lo tanto, es importante remarcar llegados a este punto, que no hay emociones buenas ni malas, simplemente emociones. En todo caso, y si queremos catalogarlas, podemos hacerlo en agradables y menos agradables pero todas ellas son buenas desde el punto de vista de que todas nos aportan información sobre nosotrxs mismxs y cómo nos relacionamos con el mundo y nuestro alrededor.

¿Para qué sirven las emociones?

Las emociones nos ayudan a poner límites en nuestra vida y a establecer que sí nos beneficia y qué no. Ahí va un ejemplo.

Si nos comemos un helado y sentimos placer, el mensaje que esa emoción nos está dando es: ¡Oye, esto me gusta, dame más! Es importante reconocer esa emoción para delimitar nuestros gustos y cómo  satisfacerlos.

Por otro lado, si alguien tiene un comportamiento agresivo y siento miedo, lo que esa emoción me está diciendo es: ¡Eh, ten cuidado, debes protegerte porque esto no es bueno para ti! Este mensaje también me sirve para delimitar mis necesidades y tener claro cómo cuidarme de posibles riesgos.

¿Qué pasa si no atiendo a mis emociones?

Cuando sentimos emociones y no les prestamos atención, nos estamos perdiendo una información muy importante sobre cómo gestionar infinidad de situaciones ya que, depende de cómo reaccionemos en esas circunstancias y de la observación y lectura que hagamos de ellas, dependerá el cómo afrontemos situaciones similares en el futuro. 

Existen en ese caso dos opciones: seguir en modo autómata, es decir, sin prestarles atención y tener la sensación de tropezar siempre con la misma piedra o entrar en bucle y quedarnos atascadxs en un punto, o prestar atención, aprender de ello y poder avanzar.

¿Cómo puedo aprender a gestionar mis emociones?

Resulta difícil gestionar nuestras propias emociones si nunca nos han explicado qué son, por qué están ahí o para qué sirven, así que es muy probable que para aprender a convivir sanamente con ellas, necesites acudir a un profesional para que te guíen en este camino.

Afortunadamente como sociedad cada vez estamos apostando más por este aprendizaje y vemos como, sobretodo los más peques, ya están recibiendo esta formación tanto desde casa como desde la escuela. Pero para los que no habéis tenido tanta suerte, siempre podéis contar con servicios de terapia como el que ofrecemos desde Somos Peculiares y trabajar en vuestro crecimiento personal.

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