¿Estamos preparado/as para el día que nos digan: puedes salir de casa?

Todos y todas estamos esperando como agua de mayo la noticia que nos diga que la pandemia que estamos viviendo está controlada y que se nos permite volver a la vida que teníamos antes de que empezara esta crisis.

Pero me temo que esa vida anterior no se recuperará con un chasquido de dedos. Ha sido muy fácil arrebatárnosla, pero no será tan fácil que nos la devuelvan. No hay que ser muy observadora para intuir que el coronavirus nos dejará de regalo una crisis económica como nunca se ha conocido, con una desigualdad social y desempleo brutal en el cual las personas con menores ingresos serán las más afectadas.

Además, esto lo que hará es precarizar todavía más a los sectores laborales donde trabajan más mujeres; cuidadoras, cajeras, limpiadoras, y que, irónicamente, ahora son las que más se exponen ya son las que no se pueden quedar en casa, al ser trabajos imprescindibles, imprescindibles pero precarios en muchos casos.

Pero aparte de los efectos negativos sobre la economía y el empleo, lo que me temo son otro tipo de repercusiones en la vida de la gente. Aunque todavía es un poco precipitado para hablar de las consecuencias que va a tener el coronavirus en las personas, parece que la pandemia del Cov-19 dejará paso a otra pandemia, más grave si cabe, una pandemia de personas con problemas de salud mental.

Porque estar en casa sin poder salir durante semanas, en un estado de intranquilidad y malestar, en la mayoría de casos, con la incertidumbre de qué pasará con nuestras vidas y con las vidas de las personas que queremos, sin abrazos, con el contacto físico limitado a aquellas personas que viven con nosotrxs, eso si somos afortunadas y afortunados de vivir con alguien, dejará secuelas en mucha gente.

No pretendamos que después de habernos metido miedo con los contagios, un día salgamos a la calle y, de buenas a primeras, nos empecemos a abrazar y besar como si no hubiese un mañana con todo el mundo. El miedo no se irá nada más salir a la calle. Es posible que se instale en nuestras vidas y nuestros cuerpos durante más tiempo del que quisiéramos.

Las relaciones sociales no serán iguales a los días previos a la pandemia, mucha gente saldrá con miedo, a pesar de que digan por los medios que el virus está controlado. ¿Y si hay otro repunte y si después es peor y si volvemos a confinarnos pero más tiempo? No es tan fácil volver a la tranquilidad.

Eso sin contar que la situación de alerta nos está llegando a provocar una gran culpabilidad. El miedo a que se propague la enfermedad nos lleva a aislarnos, a no socializar, ¡quédate en casa!  La responsabilidad, y la culpa, recaen en las y los ciudadanos.

Se habla que el confinamiento es para proteger la salud de la población, pero son estas medidas severas para interrumpir la trasmisión del virus las que acaban de verdad afectando la salud y bienestar de muchas personas; ansiedad, sedentarismo, falta de cuidados, soledad. Se nos ha puesto el foco en el miedo y no en la salud.

Pero no se nos hace cuestionar de qué manera nos afecta la precariedad, los ritmos rápidos de vida, la mala alimentación y todos aquellos factores que nos impide desarrollar una salud de manera integral y que nos debilitan ante enfermedades y virus. Salud debería de ser mucho más que luchar contra un virus.

¿Cómo vivíamos antes de la crisis?, ¿nos cuidábamos? Ahora no se para de hablar de protección de la salud cuando en nuestra sociedad nunca se ha promocionado la salud, venimos de una sociedad que no ha promovido los estilos de vida saludables, y ahora de pronto, debemos de quedarnos en casa por salud.

Muchas personas viven desconectadas de sí mismas, procurándose todo tipo de distracciones superficiales para no estar con ellos y con ellas mismas y esto no parece que vaya a cambiar, siguen desconectadas en confinamiento y esto seguirá igual cuando salgamos. Y esta falta de conciencia de cuidar un cuerpo y una mente que son nuestros y que nos acompañan toda nuestra vida debilita la salud colectiva más que cualquier virus.

Después de la crisis sería importante cambiar este enfoque y tejer redes de cuidados mutuos y poner el bienestar y la salud en el centro. Pero mientras que no pongamos el foco en la salud y el cuidado, no aprenderemos nada de esta crisis, me temo.

Psicóloga, sexóloga y escritora.
Autora del blog Educandosobresexo y del libro Vaginismo, conócelo, conócete. Me apasiona la Educación sexual y acompañar a las personas en la mejora de su bienestar físico y psicológico.
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