Complejo de Edipo: tener fantasías eróticas con tu madre

3 de mayo de 2020

Monica Leiva

Hace más de cien años, un médico neurólogo llamado Sigmund Freud que se centró en investigar los procesos psicosexuales infantiles se inspiró en un mito griego para crear uno de los conceptos centrales de su teoría. En dicho mito un rey llamado Edipo mata sin saberlo a su padre y se casa con su madre. Con esta historia Freud nos explicó que en las personas existe el deseo inconsciente de mantener relaciones sexuales con nuestro progenitor de sexo opuesto y a la vez de eliminar al progenitor de nuestro mismo sexo. A esto lo denominó complejo de Edipo.

En qué consiste el complejo de Edipo

Freud definió en el niño (y la niña) tres etapas principales en su evolución psicosexual; la oral (de los 0 a 1 año) la anal (del año a los 3) y la fálica (que dura hasta los 6). El complejo de Edipo coincidirá con la etapa fálica y acaba en la que denominó periodo de latencia, que ocurre a partir de los 7 años, en el cual desaparece el interés por los genitales, este interés no volverá a emerger hasta la pubertad.

Para el psicoanálisis el término complejo hace en verdad referencia a conflicto, en este caso al conflicto inconsciente por desear tener relaciones sexuales con la madre a la vez que se desea la muerte del padre (en el caso de las niñas sería al revés, desear daño a la madre y tener sexo con el padre).

Freud definió este conflicto como la representación inconsciente a través de la que se expresa el deseo sexual o amoroso del niño y de la niña en la edad de 3 a 6 años. Este complejo es una etapa más del desarrollo del infante, pero, Freud nos advierte que, si esta fase no se soluciona se convertirá a un problema en la persona adulta.

Dice la teoría que ante esto la persona desarrollará unos mecanismos de defensa que serán diferentes en función de la personalidad emergente de cada individuo. Así, los mecanismos de defensa utilizados determinarán la estructura de personalidad y condicionarán la manera que cada persona se enfrenta tanto al mundo interior como al exterior.

Una de las afirmaciones de Freud es que los niños y niñas desarrollan la noción de que todo el mundo tiene pene. En los niños varones y poseedores de pene la esperanza es poder estar con su madre, eso es eliminar al padre que lo ven como rival para quedarse con su madre en exclusiva para ellos.

Pero la norma social no permitirá que ocurra ningún parricidio, para eso se articula el complejo de Edipo con el de castración. La amenaza de castración o lo que es lo mismo, el miedo del niño varón a perder el pene como castigo a sus deseos incestuosos, producirá el mecanismo de represión de la sexualidad en la primera infancia, mecanismo que se superará durante la adolescencia. Al final el niño dejará de pretender deshacerse de su padre para identificarse con él y de este modo tener a su madre en su fantasía.

El complejo de Edipo se presenta de forma diferente en niños y niñas. Para la niña la madre será una seductora porque le hará creer que tiene un pene por lo que la niña fantaseará que el futuro ella también lo tendrá. Las niñas en sus primeros años tomarán su clítoris como pene, pero cuando puedan comparar sus genitales con los de un niño con pene real se sentirán frustradas.

Durante tiempo pensará que el pene les debe de crecer, pero al darse cuenta que nunca le crecerá un falo y que su madre tampoco lo tiene, descubrirán que tienen que renunciar a este órgano para siempre, esto provocará el abandono de la masturbación del clítoris desplazándose el interés hacia el cuidado del rostro y el cuerpo entero con el fin de atraer a los hombres y a sus falos.

El falocentrismo de Freud

La obra de Freud es ante todo un gran ejemplo de falocentrismo. Para este señor, el falo es el referente de la sexualidad y del poder, y todo se orienta y gira sobre él. La existencia o no de pene es lo que diferencia a hombres y mujeres y define la relación asimétrica entre ellos. El mismo defendió que la inferioridad femenina era provocada por la ausencia del pene, o como lo llamó “envidia de pene”, base según Freud de toda neurosis histérica tan propia de las féminas de la época.

Bueno, realmente, Freud no estudió la sexualidad femenina, ya que era muy compleja para él. La época en la cual vivió tampoco ayudaba mucho ya que reinaban el patriarcado y el machismo brutal por doquier. Freud incluso se cuestiona la existencia del sexo femenino. La mujer en realidad es un varón castrado. Y claro, las mujeres a no tener ese falo, que es símbolo de poder, sufrían de envidia y esto, justificaba su inferioridad respecto al hombre.

Ha pasado más de un siglo de estas ideas de Freud y hace tiempo que su paradigma fue rechazado por la psicología. Aún así debemos de reconocer su aportación ya que fue uno de los primeros investigadores en reconocer la existencia de la sexualidad infantil y en afirmar que los niños y las niñas no son asexuales.