¿Qué es el Tantra y cuál es su origen?

15 de noviembre de 2019

Dhyan Rafik, www.bloombarcelona.com

Una de las cosas más difíciles que existen es definir las cosas sin que por ello se pierda su esencia, pues definir es acotar, colocar límites, transformándolo en algo que no es, en palabras. La traducción en palabras, especialmente de una vivencia, nunca termina de recoger en toda su complejidad la misma vivencia. Es, en el mejor de los casos, una traducción de una interpretación. Muchas cosas se pierden por el camino en este proceso, pues el Tantra es por encima de cualquier cosa: experiencia.

Existen diferentes maestros y escuelas de Tantra y por ello mismo, nuestra aproximación a él puede variar en gran modo en función de con quien se ha vivido una experiencia tántrica. Tenemos que entender que el Tantra se originó en el antiguo valle del Indo, actualmente la región del Pakistán, hace unos 6000 años, por lo que además de no tener textos escritos de la época, podemos imaginarnos lo mucho que ha ido evolucionando y transformándose desde sus inicios.

Tales modificaciones se han producido en sus expansiones por diferentes estados de la región, así como por el Tíbet y toda Asia, que al entrar en contacto con otras formas de pensamientos lo incorporaron, fusionaron o reinterpretaron, dando origen a nuevas visiones y prácticas. Si estas transformaciones se han dado a lo largo de la historia, mucho más rápido han ocurrido cuando el Tantra llegó a Occidente, sesgándolo en gran medida y reduciéndolo muchas veces a unas meras prácticas sexuales normalmente asociadas a la no eyaculación y al Kamasutra.

Nuestra religión católica que ha asociado el sexo con algo pecaminoso, prohibido fuera del matrimonio y reducido a un acto de procreación dentro de él, colocó nuestra relación con nuestro cuerpo y el placer como un tabú, algo que no podíamos estudiar, ni saber, ni hablar. Es normal que, frente a tanta prohibición, conocer otra cultura que no veía a las personas como una conjunción de cuerpo (transitorio y corrupto) y alma (inmortal y bondadosa), sino que entendía las personas como un ser holístico, donde incluso la conexión espiritual pasaba por el cuerpo despertase tanto interés.

Así, nuestro foco de interés respecto al Tantra se centró en esa laguna que nosotros teníamos en relación al sexo y al arte amatorio, a pesar de que el Tantra sea mucho más que eso y mucho más profundo de lo que se ha popularizado. En el sexo, por ejemplo, la unión entre shiva y shakti, entre hombre y mujer, no es más que la fusión en la unidad, dos siendo uno, yo fusionándome con el otro y sintiendo como mis límites se disuelven, entrando en esa percepción universal de que todos somos uno, que yo soy uno con el todo. Lo profano y lo sagrado unidos en una misma experiencia, en un mismo camino.

El Tantra es mucho más que sexo. He aquí esas capsulas exprés del conocimiento sobre las prácticas tántricas:

– El Tantra es sensorial: No pienses, siente. Escucha tu cuerpo y tu corazón, ellos están en lo cierto.

– El Tantra es presencia: Vive el momento presente. Vive un tiempo sin tiempo.

– El Tantra es consciencia: Date cuenta de lo que haces y porqué lo haces.

– El Tantra es equilibrio: No separes, integra y armoniza. Existe el día y la noche, la emoción y la razón, la vida y la muerte, el ying y el yang. Todo el mundo tiene un lado interior masculino y un lado femenino.

– El Tantra es aceptación: No juzgues, acepta, resignifica y transmuta. Eres perfecto como eres, las cosas son perfectas como son.

– El Tantra es libertad: Libérate de las convenciones sociales y actúa a partir de tu yo interior.

– El Tantra es libertador: Permítete, confía, entrégate a los otros y a la vida.

– El Tantra es conexión y escucha: Coloca ojo en el ojo, percibe la esencia, mis límites están en el otro.

– El Tantra es energía: Respira, respira, respira.

– El Tantra es salud: Entrena tu cuerpo, cuídalo, respétalo, tu cuerpo es un templo, el canal para tu conexión contigo mismo, con los otros, con el mundo, con el todo.

– El Tantra es holístico: Trabaja tu cuerpo, tus emociones, tus pensamientos, tus instintos, tus conexiones.

– El Tantra es movimiento: Danza, salta, corre, sacude, vibra.

– El Tantra es diversión: Déjate llevar, fluye, ríe.

– El Tantra es placer: Disfruta, siente, relaja, goza.

– El Tantra es ritual: Coloca flores, enciendo incienso, prepara frutas, viste ropas de seda, elige música agradable. El Tantra es celebrar la belleza de los pequeños detalles. Detalles, preparación, preliminares. - Respira, siente, conecta, percibe, observa, contempla. El Tantra es meditación.

– El Tantra es amor: Ámate incondicionalmente, ama a los otros de forma universal.

– El Tantra es femenino: Venera a las mujeres porque ellas son unas diosas, son amor, energía y fuente de vida.

– El Tantra es espiritualidad: Observa la belleza que hay en ti, en el otro, en todas las cosas, siente la presencia divina en ti, en el otro, en todas las cosas. Percibe la totalidad en ti, siente tu yo siendo uno con el todo.

Juntando todos estos principios podríamos decir que el Tantra es expansión de la consciencia, un camino de autoconocimiento, un conjunto de técnicas que tienen como objetivo deshacer la mente, desmostar el ego. Es acceder a una comprensión y comunión con el todo que no pasa por la comprensión intelectual, sino por la vivencia que tenemos a partir del cuerpo, de nuestra sensorialidad, por la transmutación y sublimación de nuestros instintos primarios en amor y aceptación. El propósito último del Tantra es acercarnos a nuestra verdadera esencia, rindiéndonos plenamente a la vida, confiados y alegres, siendo conscientes de todo nuestro potencial y divinidad internos. Es entrar en una nueva visión sobre nosotros mismos, las relaciones con los demás, con el placer, con la sexualidad, con la vida.

Tantra es experiencia, y la magia de las experiencias es que no son, están siendo, por lo que su sentido puede ir variando y no tiene porque ser lo mismo para ti que será para otra persona. Lo bonito es vivirlo en propia piel, y así quebrar muchas de las ideas preconcebidas creadas a partir de lo que otras personas han contado y construyendo nuestro propio significado de lo vivido.