COVID19: Obedientemente solidarias

20 de marzo de 2020

Maitena Usabiaga Sarasua

Quiero vomitar. Estoy hasta el coño de leer y escuchar: “no es pa tanto esto de estar 15 días en casa.” Aprovecha, es una oportunidad que te cagas para cuidarte, estar con lxs tuyxs, hacer aquellas cosas que normalmente no tienes tiempo de hacer...” ¡Una  maravilla joder! ¿Por qué no lo hemos hecho antes si es tan guay?

Y además parece que ha sido una decisión nuestra, hemos decidido parar y cuidar el planeta, limpiar el aire, darnos tiempo para cuidarnos, de ser de repente una sociedad súper solidaria, de valorar el trabajo de las aquellas que cuidan de nosotras... Me da asco tanta hipocresía, porque para empezar quedarnos en casa es lo más individualista y egoísta que podemos hacer. 

Lo que pasa de puertas adentro, nos importa una mierda, ¡apañatelas! No es casualidad que esta Europa reaccione de esta manera y no de otra, porque sí amigas, se puede hacer algo diferente con lo que está pasando, siempre se puede. Pero como no creo en las casualidades y sí en las causalidades, me cuestiono la eficacia de estas medidas, desconfío de aquellos que toman las decisiones por mí, desconfío de este sistema que ahora es la hostia de majo y sólo pretende cuidarnos, nada más. El capitalismo se ha pintado la cara de buena gente y nos lo hemos comido con patatas.

 No vayamos de tan guays y aceptemos que esta decisión no la hemos tomado nosotras. Los que supuestamente nos representan son los que lo han tomado por ti y lo han hecho de manera que tú sigas pensando que lo has hecho tú porque eres una ciudadana ejemplar y solidaria. Y no digo que no lo seas, pero quedarte en casa por miedo a enfermar y morir, no te hace solidaria de un día a otro. 

Lo que pasa es que tenemos al puto ejército controlando las calles, a policías poniendo multas estratosféricas a aquellas que son rebeldes y salen a la calle a tomar el aire, hemos cerrado fronteras, hemos paralizado a todo un estado sin dejar que las trabajadoras podamos tener dinero para sobrevivir, tenemos a toda una ciudadanía haciendo de policías y jueces por nosotras y entre nosotras. 

De un día a otro nos dicen que hay un enemigo acechando por las calles y es muuuy peligroso, el más peligroso de los últimos tiempos. Tiene tanto poder que es capaz de encerrar a toda una población, pero tranqui, es por tu seguridad. ¡Ah! Pero puedes ir a comprar y a trabajar, que ahí el enemigo no ataca al parecer. 

Es curioso cómo nos estamos tratando entre nosotras. Gritamos a aquella que ha salido a correr ¡Insolidaria! ¡Infectada! ¡Vete a tu casa! Cuánto potencial interno nos saca a la policía que llevamos dentro… ¡eh! Somos grandes juezas y represoras, eso se está demostrando. Pero con los que están tomando decisiones que afectan directamente en nuestras vidas, nadie les dice nada y nadie se cuestiona nada, son los que nos van a salvar de esta gran epidemia. 

El éxito reside justo en esta sensación que tenemos de controlar la situación: si me quedo en casa, me salvo. Si voy a la calle: muero. Es como si por un proceso interno largo y profundo, hubiéramos decidido por solidaridad cuidarnos entre nosotras y parar. No ha sido así y hemos reaccionado obedientemente a sus mandatos. Han dicho en la radio que tenemos que ser una sociedad disciplinada para hacer frente a este gran enemigo en forma de virus. 

Yo no quiero vivir en una sociedad obediente, quiero vivir en una que sea crítica, que piense y cuestione. Me atrevo a decir que las consecuencias de este encerramiento van a ser más graves que las consecuencias del coronavirus: pobreza, conflictos relacionales, daños emocionales, nuevos métodos de control, precariedad, desigualdad, miedo, desconfianza... 

Tener un pensamiento crítico no te convierte en insolidaria, no somos malas personas. Han conseguido que lo sintamos así, si tenemos preguntas y dudas con lo que estamos haciendo nos tachan de irresponsables, dicen que no nos tomamos en serio la salud... en fin. Y tenemos razones para estar enfadadas. 

Están restringiendo nuestros derechos en nombre de la salud y ante esto tenemos que reaccionar ejemplarmente: calladas y obedientes. Y además, tienes la responsabilidad individual de llevarlo bien porque ¡puedes aprovechar esta gran oportunidad para estar contigo misma y con la familia! ¡¡Yupi!!! 

Eso sólo podemos hacerlo las más privilegiadas. Aquellas que viven en una casa de mierda no pueden hacerlo, las que viven con sus agresores, las que no tienen más remedio de compartir casa con peña que ni siquiera mira, aquellas que sufren de ansiedad, miedo, tristeza, pánico, aquellas que necesitan trabajar porque si no, no van a poder dar de comer a sus criaturas. Y no, no todo el mundo puede trabajar desde casa. 

Desde mi casa privilegiada no quiero acabar sin nombrar a todas las iniciativas populares de cuidados que han surgido estos días. Movimientos que en muchos lugares no están siendo apoyados por las instituciones. Y movimientos que sí se han creado desde la solidaridad buscando llegar a aquellas que no lo tienen nada fácil para sobrevivir a estas medidas, movimientos que buscan el cuidado y hacen porque su pueblo esté lo mejor posible a cambio de 0 euros, no ingresando y gastando. Gracias. Tomate un ratito para pensar y cuestionar lo que pasa, ¿tienes tiempo de sobra verdad?