La cadera de Eva: el viaje de la mujer en la civilización

21 de febrero de 2020

Juncal Altzugarai

Hay libros que a lo mejor escoges un poco por casualidad… o por intuición. A mí me pasó con “La cadera de Eva”. Lo vi y me lo tuve que comprar, casi sin mirar de qué rollo iba. El libro me eligió.

He de decir que es un libro de antropología, un libro que, a priori, es un pelín denso, pero que tiene tanta miga y está tan bien contado que te atrapa como si fuera una novela de ficción de las buenas.

Ha sido revelador. He encontrado montones de respuestas para las que aún no había ni siquiera formulado la pregunta. Me he encontrado con Lucy y me he enamorado de ella. Lucy es un esqueleto de homínida que encontraron en los años 70 en Etiopía y que se llama así porque en aquel momento sonaba en la radio Lucy in the sky with diamonds de los Beatles. Lucy es la primera Australopithecus Afarensis que apareció y que comenzó a dar pistas de cómo éramos hace cuatro millones de años. Ella, Lucy, fue quien comenzó la revolución de los afectos (o así me gusta sentirlo a mí).

¿Y te preguntarás por qué es Lucy tan importante? ¿En qué se diferenciaba ella del resto de homínidos encontrados hasta el momento? ¿Por qué vieron que ella era diferente? Pues bien, Lucy tenía una pelvis que difería bastante de los primates y primeros homínidos. Tenía una pelvis parecida a la nuestra. Esa pelvis es el eslabón entre la cuadrupedia de los primeros primates a la bipedestación. Y así es como Lucy lo cambió todo.

Cuando llegó la deforestación a la zona de Etiopía, los homínidos cuadrúpedos tuvieron que “reinventarse”, porque ya no podían ir de árbol en árbol y necesitaban otra manera de protegerse de los depredadores que no fuera subiéndose a lo más alto de las copas de los árboles. Ya no podían divisar desde lo alto para ver más allá. Así que, poco a poco, fueron tomando la posición erguida y utilizando las manos para desarrollar utensilios sencillos. Esto también favoreció que su cerebro fuera haciéndose cada vez más complejo.

¿Y qué pasó con la reproducción humana? ¿Por qué fue Lucy una revolucionaria de los afectos? Daos cuenta que, mientras los homínidos eran cuadrúpedos, sus atributos sexuales estaban al descubierto totalmente. La vulva de las hembras estaba siempre en posición receptiva. Cuando estaba en celo, los machos enseguida lo distinguían, ya que los labios vulvares se volvían más carnosos, más húmedos, más rosáceos. El homínido macho sabía que la hembra estaba preparada para ser fecundada. La penetración se hacía sin darse la cara. El coito era rápido, sin prolegómenos. Era funcional.

El macho penetraba a la hembra, eyaculaba y cada cual seguía con su tarea (por ejemplo, cascar una nuez con una piedra). Ya está. Hembra fecundada. Qué fácil todo. Pero llegó la bipedestación… y con ella los atributos sexuales de la hembra se escondieron. El macho ya no lo tenía tan fácil. Es cierto que en este momento (hace ya cuatro millones de años, recordad), las hembras comienzan a tener otros “distintivos” de que están receptivas a la fecundación: labios más carnosos, unos pechos más redondeados… aunque, y ahora llega lo bueno, ¿cómo se lo montaban para la penetración si las homínidas tenían la vulva oculta?

Creo que aquí, la naturaleza lo hizo muy bien, la verdad. Se salió. Lo bordó. Pensemos en la homínida cuadrúpeda partiendo una nuez con una piedra. Y que está fértil y receptiva. Llega el macho por detrás, la penetra, eyacula y ya. Ni se han mirado a la cara. La hembra ni se ha enterado, sigue con su tarea, que tiene hambre y quiere comer.

El semen del macho baja como por un tobogán hasta el útero, donde el óvulo espera a ser fecundado y ya está (es importante visualizar a la hembra a cuatro patas y el tobogán por el que se desliza el semen). Y aquí llega Lucy, que va a dos patas… y que, si el macho eyacula y ella se levanta como si nada, su semen chorrea por sus piernas y amenaza la extinción homínida.

Aquí es donde la evolución viene al rescate. Yo creo que la naturaleza pensó: “¿qué puedo hacer para que esta Lucy se aturda un poco y tenga que quedarse unos segundos tumbadita?”. Y, sí. Le dio el poder del placer. EL PLACER. El clítoris. El orgasmo femenino. Casi nada. Y poder mirarse a los ojos. Sentir. Sentir afecto. Sentir amor (u odio, claro). Empezar a acariciarse. La ternura. El coito cara a cara.  Eso lo cambió TODO. Ponernos de pie lo cambió todo. La evolución de nuestra pelvis los cambió todo.