Mujeres que han tenido que firmar sus libros bajo: Anónimo

16 de octubre de 2019

Monica Leiva, Hablandodesexo

En la historia de la literatura nos encontramos a numerosas mujeres que tuvieron y tienen que usar seudónimos o publicar su obra de forma anónima para ocultar su género y así poder hacerse un hueco entre sus compañeros masculinos, hagamos un pequeño viaje por la historia de la literatura y veamos algunos ejemplos.

En el pasado

Se cree que la primera escritora fue una mujer, la sacerdotisa sumeria Enheduanna allá por el siglo III antes de Cristo y que la primera gran novela fue escrita por una japonesa llamada Murasaki Shikibu en el siglo XI.

Hay más ejemplos, entre ellos podemos encontrar a las hermanas Brönte, que usaron los seudónimos de Currer, Bell y Acton Bell para poder publicar, en un mundo dominado por la literatura masculina, algunas novelas que se convirtieron en clásicos de la literatura, Jane Eyre de Charlotte, Cumbres borrascosas de Emily y Agnes Grey de Anne respectivamente.

Otra autora muy conocida que se ocultó bajo nombre masculino para poder publicar fue Aurore Dupin más conocida como George Sand. Aurore además se vestía con ropa de género masculino para tener acceso a lugares a los que solo tenían acceso los hombres

Otro caso conocido fue el de la española Cecilia Böhl de Fabe más conocida como Fernán Caballero, la cual también necesitó un nombre masculino para poder tener un hueco entre los autores de su época.

En el presente

Pero no tenemos que ir tan lejos en el tiempo, hay escritoras actuales que todavía utilizan pseudónimos masculinos o iníciales, para ocultar su condición de mujeres, casos más que famosos como la autora de Harry Potter, J.R. Rowling o J.D, James, la autora de Cincuenta Sombras de Grey (sí, fue escrita por una mujer).

¿Por qué hay tantas mujeres que ocultan su género femenino para escribir?

La razón de ello es que todavía hay editoriales que piensan que si los lectores creen que el libro está escrito por una mujer, este se venderá menos. Hay roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que la sociedad considera más apropiados para hombres o mujeres y uno de ellos es la creación de obras literarias.

De hecho, la misma autora de Harry Potter, Rowling, también escribe novela negra bajo el pseudónimo de Robert Galbraith. ¿Por qué escribe bajo pseudónimo masculino y no femenino, es para alejarse de la sombra alargada de Harry Potter o porque se considera la novela negra un género masculino? A mí me da la sensación que la respuesta de Rowling sería la segunda.

El mundo editorial es muy competitivo incluso para los hombres, es por eso que muchas mujeres prefieren hacer más fácil el camino, que no es nada fácil, ocultando su condición femenina. Lo cierto es que se reseñan y se destacan más los libros escritos por hombres que escritos por mujeres y también en los premios literarios vemos una predominancia masculina.

¿Significa que los hombres escriben mejor que las mujeres?

La razón parece que deberíamos buscarla es el establecimiento de una sociedad centrada en la figura masculina y que (todavía) relega a la mujer escritora a un segundo plano. Las editoriales apuestan más por los nombres masculinos, la respuesta está en la sociedad en la que vivimos ya que muchxs delante de un libro aún se decantarán más si este es escrito por un hombre que por una mujer.

¿Y las obras anónimas?

La literatura está plagada de obras anónimas. ¿Qué motivos tuvieron sus autores para ocultar su nombre?, ¿quizás muchas de estas obras fueron escritas por mujeres? Ya lo decía Virginia Wolf en su ensayo “Una habitación propia” que defendía la hipótesis que la mayor parte de las obras llamadas Anónimas, eran en realidad escritas por mujeres. El motivo es muy claro, era la manera de conseguir que sus obras artísticas tuvieran el reconocimiento merecido.

Aunque muchas obras sin nombre nunca sabremos quién las escribió. También hay anónimas que se conocen, ocurre con frecuencia en ciertos géneros literarios en los cuales una autora femenina sería como mínimo motivo de escándalo, como la literatura erótica, un ejemplo seria la obra La pasión de Mademoisselle S. Esta obra es una recopilación de cartas eróticas encontradas de forma casual en un desván parisino en los años veinte escritas por una mujer de la que nunca se hizo público su nombre para “preservar su intimidad”.