La doncella – The handmaiden

17 de enero de 2020

Yaiza Morales

The Handmaiden es un thriller psicológico y erótico coreano del año 2016. La película fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2016. En España la conocemos como La Doncella y es la adaptación cinematográfica  que hizo el director Park Chan-wook de la novela Fingersmith de Sarah Waters.

El libro trata sobre un affair lésbico en la Inglaterra Victoriana y pese a que el director de la película trasladó la escena a la Corea de los años 30; la escritora asegura que el retrato ha sido  fiel al libro. En palabras de la misma autora: “The Handmaiden convierte la pornografía en un espectáculo”.

La historia empieza como hemos dicho en los años 30, durante la colonización japonesa de Corea. Nos encontramos a una joven ladrona japonesa llamada Sookee,  que es enviada como criada a casa de una rica mujer japonesa, Hideko. Ésta, vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano; el marido de su tía ya fallecida. Sin destripar mucho la trama diremos que Sookee llega allí de la mano de un un estafador que se hace pasar por un conde japonés; el conde Fujiwara, que planea enamorar a la joven con la ayuda de Sookee (que a partir de ahora será la doncella privada de la chica) para más tarde encerrarla en un psiquiátrico haciéndola pasar por loca y así conseguir quedarse con toda su fortuna.

La película mezcla el gusto por lo estético, los libros y el arte con una sensual historia que se desarrolla de forma majestuosa en tres partes. Es de esas películas de doble visionado necesario para apreciar la sutilidad de los detalles estudiados al milímetro y que fácilmente pueden pasar de largo la primera vez. Está muy bien editada y los planos son muy estéticos y expresivos. Gran parte de la riqueza de esta película reside en el uso de los planos detalle, en los silencios, las miradas, los gestos, las respiraciones que dicen más que las propias palabras.

Ahora sí, una de las grandes cosas de estar editada en tres partes es que los giros de guión cobran un significado importante. Logran introducirlos y explicarlos con unos saltos en el tiempo muy bien escogidos y combinados con los pensamientos en voz alta de los protagonistas que hilan al más delicado y puro estilo asiático. Eso sí, es de esas películas en las que debes estar súper atento porque si no, en cualquier momento te puedes perder; así que si lo que queréis es una película para echar la siesta el domingo por la tarde, olvidaros.

A lo largo de la película se va desarrollando entre las dos protagonistas una relación que va del cuidado más maternal al deseo más pasional e inocente que hace que el juego de tensión entre el supuesto conde, la doncella y la señora nos haga meternos de lleno en la trama sin apenas darnos cuenta en un in crescendo muy elaborado.

Con frases como: “Las señoras son las muñequitas de las doncellas. Todos esos botones son para divertirme. Si desabrocho los botones y deshago los lazos, la dulzura que envuelven; esas cosas dulces y suaves… Si aún fuera carterista, deslizaría mi mano dentro…” evidencia un erotismo muy dulce y natural.

Pero lo más interesante de la película es el relato que hace de sexualidades diversas entrando por ejemplo en el mundo del BDSM con frases como “El dolor es un adorno”; y tocando temas como la dominación y la sumisión, el bondage, el voyeurismo, los fetiches y el spanking entre otros. Incluso tienen una palabra de seguridad: Maduro.

En el tema de los fetiches, resulta interesante las referencias tan bien escogidas que hace a lecturas como “La piel del lagarto”, libro de Junichiro Tanizaki que fue un autor de principios del siglo XX censurado por hablar de fetichismo, sadomasoquismo, travestismo, relaciones crueles y destructivas todo un aire muy erótico y sensual. La manera en la que la película crea prácticamente un paralelismo entre las lecturas que se van haciendo y lo que acontece en la escena por otro lado es magnífica. También cabe resaltar la cantidad de ilustraciones y obras de arte que aparecen, además de los libros y la biblioteca del tío que harían las delicias de cualquier adicto lector y de cualquier mente perversa.

Como broche final y tratando de no desvelar nada más, hacer especial mención al hecho de cómo el director consigue mostrarnos dos caras de una misma moneda de un modo tan perfectamente ligado y cómo el uso de elementos unificadores como unas bolas o unos cascabeles nos puedes llevar del momento más doloroso al más placentero con el simple sonido de un cling.